Dos novelas del golpe militar

Dos novelas del golpe militar

Víctor M. Valenzuela

Trabajos del Panel de Ensayo, Congreso de Literatura Chilena en el Exilio,
Jornadas Culturales Chilenas, California State University at Los Angeles, Febrero de 1980.
Literatura Chilena, creación y crítica. N 16 Junio 1981

El golpe de estado en Chile en 1973, el cobarde asesinato del presidente por las hordas fascistas, la destrucción de las instituciones democráticas del país, la matanza y el exilio de miles de chilenos obviamente no podía ser ignorada o relegada al olvido. Testimonio de esos fatídicos sucesos son por ejemplo varias novelas, todas escritas fuera de Chile, tales como: El Paso de los Gansos de Fernando Alegría publicada en 1975 (traducida al inglés con el título de Chile on Spring), Soñé que la nieve ardía de Antonio Skármeta de 1975, Begegnug mil der zeit de Carlos Cerda de 1976, En este lugar sagrado de Poli Délano de 1977, Le sang dans la rué de Guillermo Atías de 1978, Sweet Country de Caroline Richards de 1979, y otras.

No es mi propósito ahora comentarlas todas. Por lo tanto, he seleccionado para esta ocasión sólo dos: Sweet Country de " Richards y El paso de los Gansos de Alegría. Y debido a que en los Estados Unidos los relojes corren y no andan como en nuestros países, y como sólo dispongo de veinte minutos, entonces iniciaré de inmediato mis comentarios de estas dos obras.

Comenzaré con Sweet Country, (1) una novela que lleva como título la primera frase del himno nacional chileno "Dulce Patria" y en la que se documentan las condiciones en Chile entre el 15 de agosto de 1973 y diciembre del mismo año. La situación en el país durante las dos últimas semanas de agosto era extremadamente tensa y tensos también eran los nervios de Eva, la protagonista, tanto así que se vio forzada a consultar al Dr. Carvajal, un siquiatra quien le aconsejó, como remedio, que escribiese sus memorias ya que por ser la secretaria y fotógrafa personal de la esposa del presidente de Chile, sus notas podrían adquirir importancia histórica. En efecto, en breves párrafos, Eva comienza a describir sus problemas matrimoniales (estaba separada de su esposo), el asesinato de Enrique, Edecán Naval del presidente, a Helmut su amante alemán, a su tío Max, momio empedernido, y a otros miembros de su familia. Comenta la violencia e inestabilidad de un país que sufría todas las crisis, al rico sastre socialista don Néstor Salas, quien siempre tenía acertados comentarios de lo que pasaba y de lo que iba a pasar en Chile. Por ejemplo, don Néstor sabía que los momios recibían ayuda económica, armas, e instrucciones tácticas del Brasil, que a su vez las recibía de la CIA y de las corporaciones multinacionales norteamericanas. Tenía conocimiento y documentos de las actividades que se llevaban a cabo en la embajada norteamericana contra el gobierno de Chile y Por eso podía predecir "It will be the Fuerzas Armadas, not the extremist groups, who will determine the fate of this country " (p. 40). Y así pasó. En la mañana del 11 de septiembre a Eva le pareció que temblaba en Santiago. La radio pronto la ...sacó de las dudas y lo que escuchó fueron las palabras del presidente Allende que anunciaba la toma del palacio de la Moneda Por las Fuerzas Armadas, y su despedida al pueblo que horas más tarde supo que su presidente había sido asesinado, y que su puesto había sido ocupado por una junta militar con poderes ilimitados (ver pp. 65-71).

Estos acontecimientos alarmaron a Eva no sólo porque su país quedaba paralizado por el terror sino también porque sabía que por haber estado asociada con la esposa del presidente, iba a ser declarada enemiga y traidora a la patria por la junta militar. Lo que presentía y temía Eva tuvo lugar al siguiente día cuando escuchó su nombre en la radio ordenándole que se presentase ante la junta. Horas más tarde, los militares se la llevaron al Estadio Nacional donde de inmediato fue interrogada, humillada, torturada. Primero le quemaron los brazos con cigarrillos encendidos, luego le ordenaron que se desvistiera y una vez desnuda, le mojaron el cuerpo, le pusieron hilos eléctricos en los senos, en la vagina hasta que perdió el conocimiento. Al día siguiente continuaron las torturas-humillaciones. A Eva y a otras mujeres prisioneras, todas desnudas, las llevaron aun patio donde las forzaron a tener orgasmos sexuales, las forzaron a defecar, las forzaron a sufrir tormentos sicológicos "designados por expertos de la CIA" para destruir todo elemento humano. Así pasaron los días. Al quinto la dejaron libre para que regresara a su hogar. A Eva no le quedaba otra salvación que la de huir de su país. Ben y Anna Willing, otros norteamericanos simpatizantes de Allende y el sacerdote Jaime Venegas prometieron llevarla a la embajada de Italia desde donde podría salir finalmente de Chile. Su entrada a la embajada quedó fijada para una noche de diciembre. A las 9:30, con la ayuda de sus amigos, comenzó a escalar la muralla de la embajada pero las balas de un arma automática, que más tarde se supo fueron disparadas por un carabinero que la había forzado sexualmente, no le permitieron alcanzar la libertad. Sus memorias, que quedaron en manos de Felipe y quien luego se las dio a Helmut, son las bases de esta novela.

Sweet Country es una crónica de la desintegración de la familia de la protagonista; es el fracaso de Anna y Ben por no poder continuar viviendo en el país de su adopción porque fueron arrojados de Chile por ser considerados norteamericanos extremistas colaboradores con la izquierda chilena, en suma, Sweet Country es la historia de la destrucción sistemática de una nación.

Caroline Richards, que vivía en Chile cuando tuvo lugar el derrocamiento de Allende, ha captado con fidelidad los saqueos, los asesinatos, las desapariciones, las torturas de que fueron víctimas el presidente de la república, Víctor Jara, mujeres y niños, humildes obreros, intelectuales, es decir, miles de chilenos. Esta historiadora norteamericana valientemente expone la colaboración de su país para establecer la junta. Expone la complicidad de chilenos traidores que al apoyar la junta apoyaban el reino del terror, del miedo y de la infamia. Sweet Country es un documento humano de un momento vergonzante y trágico de la historia de Chile.

Quiero ahora comentar algunos aspectos sobresalientes de El paso de los Gansos (2) de Alegría, libro cuyo título está asociado con el militarismo fanático alemán tan bien imitado en Chile.

Se inicia esta magnífica crónica-novela con cuatro inolvidables páginas en las que el autor ha condensado la tragedia de un presidente, de un pueblo, por medio del uso de frases breves, intensas, angustiosas que parecen más bien describir una pesadilla que los funestos acontecimientos que tuvieron lugar en la realidad el 11 de septiembre de 1973. Esta obra, y que no quede ninguna duda, es complicada, compleja, porque Alegría emplea todos los puntos de vista posibles, lo cual le permite abarcar con profundidad la realidad histórica-humana del golpe de estado. Entre los narradores sobresalen: Cristian, Marcelo, Luz Marta, pero también encontramos los pensamientos de Allende, crónicas de revistas como "Ercilla", rumores, telegramas, y aún fotos del acontecimiento hechas por Cristian y Marcelo, Cabe destacar la mesurada actitud de Alegría, escritor comprometido, que en este libro explica: "Debo escribir estas líneas sin odio. Lo que ha sucedido es una tremenda desgracia, pero me resisto a juzgar a nadie " (p.145). Esto no significa, sin embargo, que calle su desilusión con la clase media cuando afirma; "La historia de Chile la han hecho los caballeros y los rotos. La clase media la escribe " (p.139). Y luego agrega: " Esto no me duele, pero me asombra. Porque yo esperaba la gran revolución en nombre de la gran clase media .... yo esperaba la mano fuerte pero tranquila de los buenos vecinos, de los ponderados jefes de familia, viejos sabios, maduros, tranquilos y decididos, los mismos que abrieron las puertas de La Moneda al León, los mismos que sacaron volando al general Ibáñez, que respetaron a don Tinto y a Juan Antonio Ríos, hasta a Videla, y que aguantaron a Freí. Pero los hombres buenos se encerraron en el baño, se sentaron y cagaron " (p.138). Su afecto y admiración lo ha reservado Alegría para Allende, Neruda, el roto chileno, Víctor Jara, el general Prats. Vivida es la descripción que hace de este general cuando en cierta ocasión su auto se detuvo en un semáforo. Una mujer le sacó la lengua, el general se bajó para pedir explicaciones, pero de pronto se vio rodeado de mujeres y hombres que abiertamente lo insultaban. "Nadie", comenta el narrador, "se habría imaginado en Chile a un general en semejante predicamento. Nadie. Generales van y generales vienen, ascienden, se retiran, se les olvida o se les recuerda. Pero ninguno jamás estuvo, que yo sepa, de pie en medio de la Costanera, morado de indignación, oyendo los improperios de gente que lo llamaban traidor a su clase " (p. 46) y agrega: "Yo pensaba: el General en jefe de las FF.AA. el hombre fuerte del Presidente, viaja solo en un auto, sin guardaespaldas ni escolta de ninguna clase, una vieja maceteada le saca la lengua, sus enemigos lo rodean en la calle, le dan un cuadrillazo y no hay nadie, nadie que acuda a defenderlo ...(p.48) En consecuencia, el incidente de Prats fue un indicio de lo que venía. Lo que vino " (p. 49). Y lo que vino en efecto fue el golpe de estado y con éste el odio, las torturas, las venganzas, los asesinatos. Se desató una lucha fratricida. De la muerte de Allende nos dice el autor: "... desde todos los ámbitos de la ciudad va cundiendo una voz sofocada por el miedo, colectiva, persistente, ancha y densa como una ola que no encuentra playa y esa voz invade hasta los últimos rincones de Chile y va y viene diciendo que Allende ha muerto, que murió con La Moneda, entre los muros de la Patria Vieja luchando por una Patria Nueva. En los patios destruidos, en la fuente de piedra, seca, llena de humo, entre los naranjos quemados se ha quedado Allende, solo " p. 17). Más larde, en el Estadio Nacional, "Víctor Jara cantil, pero le quiebran las manos y sigue cantando, pero le rompen la espalda y sigue cantando, al fin lo balean y la voz no termina, va sonando por las graderías hasta la calle, hasta la morgue, hasta las plazas y teatros del mundo. En los camarines, tartamudos encapuchados torturan en portugués, en inglés y en castellano " (p.17).

Se describe uno de los innumerables allanamientos hechos en poblaciones callampas. Un oficial, un sargento y dos soldados entran en una casucha donde encuentran a una mujer desgreñada y a un niñito de unos cuatro o cinco años que "tenía las rodillas pelas y los zapatos embarrados. Varias chombas puestas y todas rotas " (p. 66). Como no hallaron a nadie el oficial dio la orden de retirarse. En ese momento el niño dijo: "¿Que ya encontraron al papá en el entretecho? " (p.67). Los militares entran al rancho otra vez. El sargento grita: "¡Baja mierda, o fusilamos a tu mujer! " ( p. 67). Y apareció un hombre joven, flacuchento pero fortacho, con barba estilo Guevara. Le ordenaron salir "y sin vacilaciones ni nada y con movimientos bien medidos el sargento levantó el sable, gritó fuego y los soldados dispararon. Se dobló el huevón y medio que quiso afirmarse, pero las piernas no le dieron para más. Cayó fuerte." (p.67).

"Me espantaban la furia de esos días," comenta el narrador, "y la secreta crueldad de las noches. Por la mañana amanecían algunos cuerpos botados a mitad de cuadra, en algún alero, junto a la cuneta, por lo general en sitios donde se notaran bien ... Fuimos con Marcelo a la Morgue y tomamos algunas fotos, escenas violentas en su escalofriante brevedad. Llegaban los parientes de negro, miraban con terror las listas, entregaban papeles, llenaban su ataúd y se iban llorando." (p. 189). "Toda una nación se fugaba," explica, "y otra nación la perseguía, disparándole de cerca. Ponga el oído y oiga diálogos a la carrera entre encapuchados y verdugos, sienta la carga eléctrica elevada a la altura de los testículos y las vaginas, la corriente alterna entre brasileños y cías, el golpe de los dedos quebrados y las espaldas rotas; el país es un vecino atropellado nocturno, desangrándose de bruces en el suelo."

Conclusiones Generales. Puesto que el punto de partida de ambas novelas es el golpe de estado es lógico entonces que en ellas se mencionen algunas situaciones similares pero vistas de diferentes puntos de vista. Por ejemplo, tal es el caso del hombre escondido en el sobrelecho de su rancho y que fue fusilado frente a su hijito inocente, la muerte de Víctor jara, las acertadas semblanzas en que se describen la personalidad, el arrojo, la determinación del presidente Allende, etc. Una historiadora norteamericana y un chileno chilenazo son los autores de estas dos obras que en el futuro serán, desde el punto de vista humano-histórico, fuentes obligadas de consulta. La Richards y Alegría sintieron la obligación, como seres responsables y comprometidos, de presentar una visión clara, honda y realista de lo que pasó especialmente en Santiago antes, durante y después del 11 de septiembre de 1973. Y para terminar, estas conmovedoras novelas no se pueden olvidar porque los sucesos que en ellas se describen: la destrucción de la libertad y la implantación de una dictadura, tampoco se pueden olvidar.


Notas:

1. Caroline Richards, Sweet Country (New York and London: Harcourt Brace Jovanovich, 1979).

2. Fernando Alegría. El paso de los Gansos New York: Ediciones Puelche, 1975.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03