El sentimiento antiyanqui en la literatura chilena

El sentimiento antiyanqui en la literatura chilena

Víctor M. Valenzuela
Literatura Chilena en el Exilio. N 3 Julio 1977

Un tema que no ha sido estudiado con detención pero que sin embargo tiene gran interés para quienes desean conocer algunos aspectos de las relaciones entre los Estados Unidos e Hispanoamérica es el sentimiento antiyanqui en la Literatura Hispanoamericana. Brevemente, examinaremos los factores que engendraron esta actitud que cada año se hace más peligrosa.

Durante el siglo diecinueve la rivalidad económica entre Inglaterra, Alemania y los Estados Unidos fue sentida especialmente en Hispanoamérica. Esta competencia tenia como propósito el control y explotación de los recursos naturales del Hemisferio Sur para incrementar el desarrollo económico-tecnológico de estas naciones. Cuando la demanda de las riquezas naturales, necesarias para el desarrollo industrial de estos países, llegó a ser mayor, el cobre y el salitre chileno, el petróleo venezolano, el estaño boliviano, etc., pasaron bajo el control extranjero. Lo mismo puede decirse del café, del azúcar o de los plátanos.

Después de la Primera Guerra Mundial el control económico en Hispanoamérica fue ejercido, en su mayor parte, por gigantescas empresas norteamericanas que por medio de la diplomacia del dólar y favores políticos podrán mantener y controlar gobiernos que protegiesen sus propios intereses y los de sus aliados.

La existencia de estas compañías multinacionales aliadas con gobiernos y políticos corrompidos dio nacimiento a un sentimiento antiyanqui que numerosos escritores hispanoamericanos han expresado por medio de novelas, poesías o ensayos. Fueron estos hombres responsables los que se dieron cuenta que estas alianzas económicas-políticas con empresas extranjeras implicaban pérdidas irremplazables de materias primas a la vez que se ignoraban los conceptos de libertad, soberanía y dignidad humana. De este sentimiento antiyanqui nació, pues, esta literatura de protesta contra la violación de la soberanía nacional, contra los abusos e injusticias de que eran victimas los trabajadores en las minas, en los pozos petroleros o en las plantaciones azucareras o bananera esta explotación humana la que reducía al hombre a un mero objeto. Era esta explotación de recursos naturales, respaldada por vendepatrias, la que reducía países soberanos a simples colonias económicas de las gigantes empresas norteamericanas siempre protegidas por las fuerzas armadas del Coloso del Norte.

Las obras que describen el sentimiento antiyanqui en la literatura hispanoamericana son numerosas. Bien conocida, por ejemplo, es la "Oda a Roosevelt" de Rubén Darío en la que el poeta de Nicaragua expresa un clamor continental, un grito de alarma, en el que preconiza la invasión y control del continente moreno por las fuerzas imperialistas de Los Estados Unidos. Dice:

Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.

Esta "Oda" es obviamente la reacción de Darío contra el país del Norte que por la fuerza había creado en 1903 Panamá, un nuevo protectorado para llevar a cabo, sin obstáculos, la construcción del Canal de Panamá.

De las muchas obras escritas para condenar los excesos del capitalismo yanqui solo citaremos las más conocidas: SANGRE DEL TRÓPICO del nicaragüense Hernán Robleto; PUERTO LIMÓN Y MANGLAR de Joaquín Gutiérrez y MAMITA YUNAI de Carlos Luis Fallas, ambos de Costa Rica; OVER del dominicano Ramón Marrero-Aristy; CANAL ZONE y DON GOYO ambas del ecuatoriano Demetrio Aguilera Malta; MENE del venezolano Ramón Díaz Sánchez; CUATRO AÑOS A BORDO DE MI MISMO del colombiano Eduardo Zalamea Borda; TUNGSTENO del peruano César Vallejo; LOS ETERNOS VAGABUNDOS del boliviano Roberto Leyton; LA FÁBULA DEL TIBURÓN Y LAS SARDINAS del guatemalteco Juan José Arévalo, etc. etc.

En Chile, por tener una economía directamente relacionada con sus recursos naturales, especialmente mineros, se han escrito un sinnúmero de obras cuyo tema central ha sido el sentimiento antiyanqui. Por falta de espacio me limitaré a comentar "a vuelo de pájaro" sólo las más conocidas. La masacre, en Iquique, del 21 de diciembre de 1907 contra los indefensos trabajadores de las salitreras que se habrán declarado en huelga para pedir mejores y más humanas condiciones de trabajo, afectó profundamente a Baldomero Lillo, el primer escritor en Chile que por medio de sus cuentos describió con autenticidad los abusos de que eran victimas los mineros en Chile. En 1910 dictó en la Universidad de Chile una conferencia intitulada: "El obrero chileno en la pampa salitrera" En esa ocasión leyó:

"A las tres o cuatro de la mañana el obrero está en la pampa ejecutando su pesada tarea. Y así trascurre un día y otro hasta que una enfermedad de las muchas que lo acechan o un accidente del trabajo, como ser la explosión prematura de un tiro o un trozo de costra que cae sobre él desde lo alto, o la inmersión en el caldo hirviente de un cartucho, concluyen con su mísera existencia. Para un observador superficial, para un moralista colocado fuera del medio donde actúan nuestros obreros, nada hay más censurable, extraño, e incomprendido que su conducta después del trabajo. En vez de ir a reponerse de sus fatigas al seno del hogar, rodeado de su mujer y de sus hijos, ese vicioso incorregible prefiere la fonda o un rincón cualquiera donde pueda beber y embriagarse. Pero para el que observa, tornando en cuenta todos los factores que determinan este estado de cosas, lo extraño y anormal sería que el trabajador de la pampa fuese temperante. Desde luego no hay nada, absolutamente nada, que lo induzca a la temperancia, ni siquiera el ejemplo de sus natrones, pues el obrero se embriaga con alcohol desnaturalizado, cuyo sabor disfraza un poco de anís o de menta, ellos lo hacen con whisky de veinte pesos la botella, Y si hombres relativamente cultos que disfrutan del más refinado confort, que no están sujetos a fatigas físicas, no pueden sustraerse al consumo inmoderado de bebidas espirituosas, mucho menos puede hacerlo el obrero ignorante y analfabeto que después del trabajo queda extenuado y aniquilado por el cansancio y cuya morada es una inmunda pocilga. .... Los patrones conocen perfectamente esta circunstancia y, como son en casi su totalidad extranjeros, para quienes la conservación de la raza y el porvenir de las clases obreras de este país, son tópicos que no les interesan, sólo atienden a que el capital que administran rinda las más altas utilidades. Consecuentes con este principio, en vez de dificultar el consumo de alcohol lo facilitan, expendiéndolo sin tasa en sus fondas y pulperías."

Estas palabras del conferenciante son, en verdad, un extracto fiel de las observaciones que Lillo personalmente hizo de las condiciones en que vivía el jornalero de la región salitrera. Ricardo A. Latcham, presentó a las autoridades chilenas un informe que lleva por título CHUQUICAMATA, ESTADO YANKEE (1926). El autor confirma lo dicho por Lillo cuando escribe: "El resultado final de las pulperías (de la "Chile Exploration Company") es estrujar a los obreros en vez de beneficiarlos. Su negocio principal es la fantástica venta de licor que nos tocó vigilar cuando se hizo allí la farsa de la ley seca de 1925." ( p. 70). Latcham, refiriéndose a las condiciones en que vivían los obreros de la ya mencionada compañía norteamericana dice: "los excusados continúan como focos de pestilencias y de corrupción. Hay muchas de las habitaciones que más parecen pocilgas que casas y en los Estados Unidos ni se mirarían como zahúrdas para los cerdos Ni el Presidente Alessandri ni los demás admiradores de Chuquicamata han visto estas cosas ni saben que existen. Es verdad que hay habitaciones de mejor clase, algunas de las cuales merecen elogios, pero éstas son las casas de los jefes y de los principales empleados, y aún algunas de las ocupadas por los empleados chilenos de la categoría superior; pero en cuanto a las destinadas a los obreros constituyen, en su mayor parte, una vergüenza y una calamidad." (p. 128). Cuando los obreros le reclamaron a Mr. Burr Wheeler, el gerente de la "Chile Exploration Company", para que hiciese mejoras en las viviendas de los trabajadores, éste les contestó: "Yo he venido aquí a conseguir el máximo de producción de cobre con el mínimo de costo. Lo demás no es de mi incumbencia." (p. 155).

Esta falta de consideración y respeto hacia los hispanoamericanos ( o hacia los chilenos ) de parte de los yanquis la expresa Andrés Garafulic en su novela CARNALAVACA (1932). Por medio del protagonista-ingeniero Pablo Duarte explica: "Para ellos (norteamericanos) en toda la América nuestra, en general, no existen más que dos categorías de hombres, perfectamente delimitadas y, por así decir, concretas: los native men, -los nativos, nosotros, los hombres americanos de piel más o menos blanca, la gente que piensa, por así decir, la peligrosa para sus negocios- y los black men, la negrada, el mestizaje, la carne de cañón de sus grandes empresas. .... Ante cualquiera de esos señores tu no pasas de ser un nativo, y como tal, no tienes derecho a otra curiosidad que la que ellos te permiten desde su encumbrado mirador de norteamericanos." (p. 101).

Por su poder económico y por sentirse un ser superior, el yanqui, amparado por las autoridades chilenas, explota al obrero y crea un estado de frustración sin importarle las angustias sufridas por los jornaleros. En efecto, "gran parte de ese descontento se debía casi exclusivamente a la forma torpe, desmedrada e injusta en que se trataba al nativo, y al sistema con que los explotaba la propia compañía, pasando por sobre las reglamentaciones y todas las prescripciones de las leyes chilenas." (p. 312). Según Duarte, las fuertes empresas norteamericanas explotan primero al hombre hispanoamericano y por medio de éste, las riquezas naturales. De esta manera "llegará el día en que así como vamos perdiendo el cobre, hemos de perder también el salitre, y perderemos el fierro." (p. 288). Otro personaje, Jorge Vergara agrega: "de tumbo en tumbo, arrastrados por el peso de nuestra imprevisión y de nuestra ceguera, vamos cayendo en manos de los Estados Unidos sin hacer el más leve esfuerzo por zafarnos ni escapar a su tremendo abrazo final " En efecto. continúa: "la mayor parte de los pueblos libres de América Hispana ya no son tal, que han dejado de ser libres; que son lisa y llanamente colonias del capital y gobierno norteamericanos." (p. 363).

De esta situación peligrosa y suicida no son sólo culpables las empresas yanquis, puesto que, agrega Vergara, "hemos tenido la desgracia de ser gobernados por hombres vende-patrias comerciando con ellas como hacen las prostitutas con su cuerpo." (p. 364).

En NORTE GRANDE, NOVELA DEL SALITRE (1939) de Andrés Sabella, uno de los personajes, Rosendo, afirma: "Chile no nos pertenece; lo pisamos; pero, no es nuestro: el salitre, el cobre, todo, está, acá, junto a nosotros; sin embargo, los que aprovechan nuestras riquezas viven distantes, sin idea de nuestras miserias. ... Ellos creen que Chile es la gallina de los huevos de oro ... .Y su amigo agrega: Claro ! Nos chupan a reventar los gringos ladrones ! " (P. 242).

De este estado de cosas también se han lamentado otros escritores chilenos tales como: Eduardo Barrios, Víctor Domingo Silva, Volodia Teitelboim, Nicomedes Guzmán, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, etc. Neruda, el defensor de los derechos humanos, el hombre comprometido con su pueblo, lamenta, critica y acusa a quienes sistemáticamente han convertido a Chile y a sus ciudadanos en esclavos, en despojos humanos. En su poema "La Anaconda Copper Mining Co." dice:

Yo he visto arder en la noche eterna
de Chuquicamata, en la altura,
el fuego de los sacrificios,
la crepitación desbordante
del cíclope que devoraba
la mano, el peso, la cintura
de los chilenos, enrollándolos
bajo sus vértebras de cobre,
vaciándoles la sangre tibia,
triturando los esqueletos
y escupiéndolos en los montes
de los desiertos desolados.
.........................................
la gran serpiente se los come,
los disminuye, los tritura,
los cubre de baba maligna,
los arroja por los caminos,
los mata con la policía,
los hace pudrir en Pisagua,
los encarcela, los escupe,
compra un Presidente traidor
que los insulta y los persigue,
los mata de hambre en las llanuras
de la inmensidad arenosa. ....

Toda esta destrucción humana no podría tener lugar sin la cooperación de los abogados del dólar o de quienes venden a sus hermanos o a su patria, por eso en "Reciben órdenes contra Chile" escribe:

Pero detrás de todos ellos hay que buscar,
hay algo detrás de los traidores y las ratas que roen,
hay un imperio que pone la mesa,
que sirve las comidas y las balas.
..................................................
No importa la agonía del pueblo, este martirio
necesitan los amos dueños del cobre: hay hechos:
los generales dejan el ejército y sirven
de asistentes al Staff en Chuquicamata,
y en el salitre el general "chileno"
manda con su charrasca cuánto deben pedir
como alza de salario los hijos de la pampa.
Así mandan de arriba, de la bolsa con dólares,
así recibe la orden el enano traidor,
así los generales hacen de policías,
así se pudre el tronco del árbol de la patria.

El grito de alarma de Darío no ha sido tomado en serio. El despojo de las materias primas continúa siendo un hecho, Y lo lamentable es que las futuras generaciones sufrirán debido a esta irresponsable explotación de hombres y de minerales. Y por eso, el sentimiento antiyanqui continuará apareciendo en la literatura hispanoamericana.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03