Volodia Teitelboim

SANTA FE Y LOS INTELECTUALES DE AMÉRICA LATINA (1)

Como se sabe, el 6 de agosto, aniversario del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima, el Presidente Reagan ordenó la fabricación de la bomba de neutrones. Los que la recomiendan la llaman "bomba limpia". Porque no deja escombros; sólo deja cadáveres. Es conmovedora y cualitativamente discriminativa. Alguien la apodó también la "bomba capitalista". Pues se detiene, tímida y pudorosa, ante los bienes patrimoniales. Aniquila a los hombres; pero deja intactas las cosas. Elimina la población, pero las ciudades siguen de pie, como grandes cementerios, de una misteriosa realidad, extrañamente silenciosa, infinitamente escalofriante, donde el tiempo se ha detenido y todos los seres humanos son muertos sin derecho a sepultura porque todo es una gigantesca sepultura. O un mundo que de repente se durmió. Empleándola a la perfección, se podría llegar a una meta original: a un mundo vacío de hombres, pero repleto de objetos que nadie podrá usar. Las cosas habrán destruido y sobrevivido al hombre que las inventó.

Egon Bahr considera esta bomba capaz de limpiar el planeta de esa basura llamada hombre, "el mayor símbolo de la perversión del pensamiento humano".

"Los escritores de ciencia-ficción pudieran imaginar cómo viviría la humanidad después de esos acontecimientos", de la tercera guerra mundial -decía Fidel Castro-, "con su secuela previsible de aniquilamiento de miles de millones de habitantes del globo terráqueo...".

No sé si hay aquí escritores de ciencia-ficción. Pero sí hay escritores para todas las dimensiones del hombre, para todos sus sentimientos y melodías interiores, inquietudes, esperanzas y temores. Ellos pueden observar que la bomba de neutrones pasa de la fantasía y de la teoría a la realidad de la vida, o más bien a la realidad de la muerte generalizada.

Estamos advertidos. La "bomba limpia" puede ser una escoba efectiva que barra al ser humano de cualquier país o continente. Sus fabricantes conciben la guerra como "higiene del mundo", lema que ya algún futurista italiano gritó enardecido a principios de siglo.

Se ha dicho que la decisión de Washington deja a Europa en las primeras filas del apocalipsis. Pero América Latina también tiene reservado un lugar en el juego.

¿Resultará superfluo y descaminado entonces que una Reunión de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de nuestra América tome en cuenta ciertas premisas y proposiciones que les conciernen directamente, contenidas en el documento reservado, escrita por el Comité de Santa Fe para el Consejo Interamericano de Seguridad de los Estados Unidos y propuesto como nuevo evangelio inspirador de la política latinoamericana de la Administración Reagan?

La divisa introductoria al texto suena desapacible. Dentro del plan global la guerra también se libra por las mentes. En la batalla por América Latina, un elemento decisivo reside en lo ideológico político. Estados Unidos -subraya- debe retomar la iniciativa para demostrar que, si bien las dos partes de América aparecen diferentes, no lo son tanto. Al fin y al cabo, según su argumentación, los ideales de iniciativa privada, libertad política, patriotismo moderado, heredados de la cultura griega, del Derecho Romano y la ética judeo-cristiana, son comunes tanto a la América Inglesa como Latina. Juzga conveniente aplicar sordina por momentos al pragmatismo anglosajón para que los habitantes del continente se formulen dos grandes preguntas existenciales de todos los tiempos, que seguramente no tienen por interlocutor la bomba de neutrones: "¿Quién soy? ¿Que estoy haciendo aquí?". Los sabios de Santa Fe abogan por una "educación filosófica", unificadora para todo el hemisferio que posibilite respuestas idénticas.

La cultura es una vaga y prestigiosa palabra en razón de la cual, a su juicio, los pueblos y las naciones conservan, continúan y hasta superan su pasado. Pero quien controle la cultura y su base imprescindible, la educación, podrá no sólo definir retrospectivamente lo acontecido en América, sino también controlar su futuro. El mañana -añade el aquelarre de eminencias grises del Presidente- se encuentra en las manos y en el cerebro de aquellos que están siendo educados hoy. De allí que los Estados Unidos no deben tardar en asumir la iniciativa ideológica. Es esencial -insisten- estimular en América Latina una educación que enfatice la común herencia cultural de todo el continente. "Inculcará el idealismo que sirva de instrumento para la supervivencia". Enigmática expresión, que se hace más clara cuando se toma en cuenta la bomba neutrónica y el hecho que el mismo texto sostiene toda su estructura en una columna sagrada: la guerra es inherente a la humanidad. Programa el "shock", la limpieza atómica a escala planetaria, el gran Reino de los Muertos. El grupo de Santa Fe cultiva la estrategia de Eróstrato. Esta vez, sin embargo, no propone quemar el templo de Artemisa en Efeso, sino incendiar el globo con el fuego nuclear de la tercera guerra. El hombre es el Minotauro en un atroz Laberinto dentro de cuyo dédalo el mundo actual efectivamente está perdido y no tiene otro destino que saltar hecho pedazos por la bomba. Moriría el hombre; pero quedaría el Laberinto. ¿El artista en esta emergencia desempeña algún papel? ¡Tocar la música final! Hacer arte sobre las ruinas del mundo. (Pereit mundus et fiat ars.)

El documento de Santa Fe da una impresión de fría impasibilidad. Encierra una ambiciosa contribución a la política de fin de siglo y de fin de mundo, donde también el intelectual, ruedecilla en el mecanismo de los fines, es una cifra letal escrita en la programación de la próxima guerra.

Por supuesto, ese complejo de salvadores del mundo, que un titán sin complacencias de la literatura norteamericana, Theodore Dreiser, desenmascaró a través de todo un libro, los obliga al salvataje de América Latina, a pesar de sí misma, empresa que acometen envuelto en los velos de santurronería puritana. Por favor, seamos espirituales en el tratamiento del problema. No nos refiramos al dinero ni recordemos palabras feas como intereses, minas, Exxon, United Fruit, desestabilización, invasiones de México, Nicaragua, Playa Girón y Santo Domingo. Súbitamente se vuelven delicados de vocablo. No discutamos sobre exportación de capitales -tema vulgarísimo-, sino de "exportar ideas e imágenes que fomenten la libertad individual, la responsabilidad política y el respeto por la propiedad privada".

Los especialistas de Santa Fe reconocen que les sería imposible dominar las mentes latinoamericanas si no contaran con intelectuales de nuestros países que actúen a su servicio. Lo que les proponen es un nuevo pacto Fausto-Mefistófeles, redactado con mucho menor elocuencia y belleza que la versión original; pero conforme a aquella pregunta que en la obra de Thomas Mann se hace a Adrián Leverkühn, "¿qué cosa. Adrián, no debe ser? Aquello que es bueno y noble...".

¿Cuál es el intelectual que andan buscando los expertos de Santa Fe? Aunque éste hable y escriba, tenga voz en apariencia, buscan el hombre mudo de un país mudo. Un hombre vendido, desmoralizado, convencido del fracaso de la historia, irreductible al devenir. Un hombre como mineral de un mundo selenita, que ha renunciado a toda idea de desarrollo y progreso como algo trágicamente fútil. Es decir, busca un tipo de hombre que acepte lo que Hegel denominaba "pútrida existencia", al referirse a todo cuanto está al margen del proceso dialéctico. Es ese el intelectual que andan buscando los expertos de Santa Fe.

¿Cuál es el intelectual que ellos no necesitan? ¿Y cuál requiere América Latina?

El intelectual responsable. El valor de un intelectual responsable en América Latina es generalmente modesto y problemático; pero forma parte de la conciencia de la nación y representa en ella un espacio espiritual.

¿Cuál es? Aquel que no aplaudirá jamás las bondades de la bomba de neutrones. Que no sucumbirá a las tentaciones ideológicas del imperialismo. Aquel que no caerá en la desolación del Segismundo calderoniano preso en la Torre. Aquel que no sigue el camino oscuro de la deserción. Aquel que no profesa la utopía desarmada de los que se sienten socialmente impotentes, la utopía de una política sin poder, porque nuestra política, nuestra causa tiene un poder y grande, aunque nosotros no tengamos personalmente ninguno.

Decimos no a las doctrinas de Santa Fe. Decimos sí a la Revolución, embarcados para toda la vida en una lucha en que se puede unir la verdad con la pasión, el arte con el amor por la humanidad, el respeto por uno mismo con el respeto por los demás.

Los poderes celestes e imperiales hace milenios que temen el intelectual indiscreto. A Zeus le desagrada Efesto, extraño dios, enfermo de curiosidad y rebeldía, que, según los himnos homéricos, mete el pie estropeado en el Banquete de los Inmortales, no se contenta con la estática tradicional, y conoce, como Prometeo, el peligroso arte del fuego. Desconfían de esa fábrica de imaginación, del artífice insaciable, del experimentador y el buscador de las verdades más profundas.

Pero, sobre todo, abominan los doctores de Santa Fe de los que trabajan con el humanismo. De los que se suman a la liberación de los pueblos. Recelan ante su temible escritura. Temen esa obra literaria y artística que encierra como el átomo una energía explosiva. Desconfían de las tempestades magnéticas que pueden desatar un libro o una obra de arte.

Proponen la doctrina del soborno: "Los Dioses se van, pero el capital queda". Tendrán que conquistar, neutralizar a los que puedan. Organizar el silencio y el vacío respecto de los que no acepten el Pacto.

Dentro de su diagrama y de su cálculo de posibilidades, intentarán la caza del intelectual latinoamericano. Le interesa que se mistifique, se niegue a sí mismo y desconozca su contexto y su ubicación histórica. Tendrá libertad entre comillas. Podrá encapsularse en la frase esotérica; pero deberá definirse por el mundo "libre" cuyo padre es el imperialismo.

El imperialismo crea, hereda y recrea el fascismo. Toma de Nietzche la misógina idea: "El hombre es algo que debe ser superado".

"Debe ser iniciada -dicen a la letra las recomendaciones de Santa Fe- una campaña para capturar la 'élite' intelectual iberoamericana mediante radio, televisión, libros, artículos y folletos, más donaciones, becas y premios". Si Fausto vende su alma a trueque de conservar por un .tiempo más su juventud, aquí los modernos demonios simplemente proponen un contrato de compra y venta. No reconocen la literatura como una modalidad recreadora de la praxis, como una producción de significados entrañables; para ellos es un objeto puramente instrumental.

Es necesario adquirir intelectuales en el mercado. Antes que sean tripulantes o pasajeros en la nave de los locos subversivos, es mejor rescatarlos de la perdición, mediante transacciones en dólares y halagos en la feria de vanidades. Juzgan que conocen la tela, a su juicio barata, de que están hechos los intelectuales latinoamericanos. Lo dicen sin remilgos ni pudibundeces: "Consideración y reconocimiento es lo que más apetecen los intelectuales, y tal programa puede atraerlos". Los convierten en una operación financiera donde se paga el precio del extrañamiento del hombre, en este caso del intelectual respecto de sí mismo y de la sociedad. Los tratan como una mercancía. Lo que pretende el sistema es expropiar al intelectual, vale decir, quitarle sus valores de hombre. Lo que propone es lisa y llanamente su alienación total. Como decía Rimbaud: "Se trata de hacer el alma monstruosa".

En el breviario de Santa Fe se subraya la importancia de los buenos modales. Recordando algo que allá por 1914 dijo el peruano Francisco García Calderón, advirtiéndoles que los latinoamericanos tienen sensibilidad por la forma y nada los eriza más que la rudeza de los políticos de Washington, los lobos grises de Santa Fe recomiendan usar los encantos de la diplomacia y de la abstracción trascendental, no limitarse a ponderar "el estrecho aspecto de Nueva York y Hollywood", sino hablar de convicciones y de filosofía, porque por otro camino las Américas, entendidas como abrazo del Norte y del Sur, no podrían sobrevivir ni prosperar.

¿Para qué más quieren los sabios de Santa Fe el apoyo de los intelectuales latinoamericanos?

No precisamente para prolongar su juventud y gozar del amor de Margarita.

El texto habla mondo y lirondo de ciertos propósitos y finalidades y los expresan en un prólogo de notas espeluznantes. El prefacio catastrofista sostiene que "la guerra y no la paz es la norma que rige los asuntos internacionales". Tan explícito resulta su pensamiento que si hace treinta años, en la otra guerra fría, Gabriela Mistral, saliendo al encuentro de ideas parecidas, defendiendo la paz, denunció a los que la consideraban "la palabra maldita", ahora este lugar de estigma en el diccionario político contemporáneo lo ocupa el vocablo distensión. "Detente is death".

El dilema: "Estados Unidos debe tomar la iniciativa o perecer". Delinea también la teoría de la inminencia: "Estamos casi sobre la tercera guerra mundial".

Tres países de América Latina preocupan especialmente a los doctores de Santa Fe: Brasil, México y Cuba.

Para el primero no ahorra los superlativos, físicamente reales: gigante de América del Sur; territorio más vasto que el de EE.UU. continental, fabulosos recursos naturales, y, ¡ojo!: a fines de siglo será una de las máximas potencias a nivel mundial. Todo lo primero es verdad y lo último dependerá de lo que pase en el mundo y, en particular, de lo que suceda en Brasil en los próximos veinte años. Su sueño es que sea, si no una especie de subimperialismo por cuenta de la metrópolis, como se sostiene por algunos, al menos la potencia conservadora que mantenga sumisos y en silencio no sólo a su pueblo, sino a sus vecinos.

México es hoy por hoy la otra esquiva niña de los ojos del Comité de Santa Fe. "México, tradicionalmente hijastro de la política exterior de Estados Unidos -según el Business Week- de improviso se trasladó a uno de los primeros lugares en la agenda de Washington". Su atractivo irresistible se llama petróleo y el propósito es importar alrededor de dos millones de barriles diarios en los primeros años del 80.

Aquí un tirón de orejas a los intelectuales. Un novelista mexicano critica -según el documento reservado- a Estados Unidos porque sólo percibe a México como un bien petrolero ignorando su antigua civilización. La ácida respuesta va dirigida no sólo al novelista, sino a todos los hombres de letras, seres lunares que "a menudo olvidan que los gobiernos están forzados a tratar con problemas mundanos como el precio del gas, del petróleo y del tomate".

Pero en este caso que los intelectuales se comporten como habitantes de estrellas lejanas no importa mucho; sí resulta grave que, conforme al análisis, en dicho aspecto insatisfecho de los expertos, Estados Unidos -especie de nación poética perdida en un ambiente prosaico- ha fracasado en su trato con lo mundano. Esto quiere decir que ha fracasado en evitar la revolución. De todos modos, sepan los entes de otro planeta que se dedican a las especulaciones artísticas o literarias que lo mundano es lo fundamental.

Y ahora vamos al motivo básico del insomnio: Cuba, que "a despecho de su pequeño tamaño y recursos insignificantes, se ha convertido en nuestro más formidable adversario en el hemisferio". Llegando a estas alturas, la expresión del rostro cambia. Se pasa del lenguaje zalamero y de la sonrisa meliflua hacia Brasil o México al gran garrote. Frente a Cuba, Estados Unidos sólo puede tomar acciones inmediatas. "Los primeros pasos deben ser francamente punitivos. Los diplomáticos cubanos deben abandonar Washington. El reconocimiento aéreo debe ser recomenzado...". Como si las amenazas fueran pocas, se agregan algunas más, expresadas con análoga delicadeza. "Si Cuba no enmienda su conducta, se emprenderán pasos apropiados". ¿Cuáles, por ejemplo? Crear una llamada Radio Cuba Libre, bajo abierta responsabilidad del gobierno de Estados Unidos, lo cual, desde luego, no encierra mucha novedad respecto a la propaganda ya existente. Pero este prólogo innecesario es la introducción o cortina de humo hacia un paso ulterior harto más brutal. "Si la propaganda falla, debe ser lanzada una guerra de liberación contra Castro". Lo dicen así, sin más ni más. Todo el mundo sabe, y Estados Unidos no lo ignora, especialmente después del fracaso en Girón, que. Cuba es un hueso duro de roer. Y, como Fidel lo dijo una vez más el último 26 de julio en Las Tunas, "¡Este país podrá ser borrado de la faz de la Tierra, pero jamás podrá ser intimidado ni doblegado!"

Muchas de las recomendaciones del grupo de Santa Fe al Consejo Interamericano de Seguridad de los Estados Unidos, definiendo la política latinoamericana de Reagan, al parecer están en marcha, incluso en aquellos anexos que no se han hecho públicos.

¿Pueden acaso a la luz de su texto, de sus entrelineas y de los complementos que se mantienen en la tiniebla, extrañar tanto ciertas muertes de personalidades antiimperialistas latinoamericanas acaecidas en el último tiempo, en circunstancias, digámoslo eufemísticamente, "misteriosas", o calamidades, epidemias, que puedan ser no tan ajenas a las consecuencias de una guerra bacteriológica?

De allí que América y el mundo tengan que escuchar con necesaria atención aquello que Fidel también dijo en el acto central por el 28 aniversario de la hazaña del Moneada: "Compartimos las convicciones del pueblo y albergamos la profunda sospecha de que las plagas que han azotado a nuestros países y especialmente el dengue hemorrágico, pueden haber sido introducidos en nuestro país por la CIA... Emplazamos al Gobierno de Estados Unidos a que defina su política en este terreno, a que diga si la CIA será autorizada de nuevo o no, o está siendo autorizada ya, a organizar atentados a los dirigentes de la Revolución y a utilizar plagas contra nuestras plantas, nuestros animales y nuestra población...".

Cuando se emprenden políticas y acciones demasiado siniestras, el Manual del Príncipe aconseja taparlas con palabras sublimes; pasar, por ejemplo, al sutil tratamiento de la filosofía de la Historia, barajar la idea de la predestinación del Nuevo Mundo, del Hemisferio Occidental concebido como un espacio político particularísimo, distinto, y por qué no decirlo, superior al del Viejo Mundo, la trasnochada Europa, tan caduca que hasta el marxismo gobierna en buena parte de ella. Nos recomienda que acariciemos, pues, la quimera continental; que aceptemos como verdad la mentira que nos comunica la inexistente unidad del hemisferio, la consabida unidad entre jinete y caballo, conjunción maravillosa del centauro, donde el caballero es el imperialismo norteamericano e Iberoamérica la cabalgadura. Los doctores de Santa Fe proponen adoptar ese monstruo como un dechado representativo de la naturaleza americana.

No se les escapa que tal proposición es escuchada con escepticismo. Entonces reprocharán no a los Estados Unidos sino a América Latina, de perseguir ciertos mezquinos intereses particulares. No se entienda tampoco mal al colegio de los doctores. Por supuesto, el espíritu nacional no es de por sí una conducta patológica, pero debe rechazarse si se contrapone a una idea superior, la idea hemisférica, que, manejada desde Washington, resulta si no perfecta, al menos perfeccionable, mediante el ensayo y el error por cerca de dos siglos. Hay que reconocer que el concepto hemisférico aún no ha llegado al desiderátum. Pero entendámoslo filosóficamente como proceso, o sea, como un propósito eternamente imperfecto, aunque insustituible.

Se intenta también el rapto de Bolívar, pese a que el Libertador fuera enfático en definir su idea unificadora como la articulación política de la antigua América española, que debía cuidarse de la expansión norteamericana hacia sus territorios. Más de algún historiador señala el reproche de Bolívar contra el gobierno de Washington por su falta de apoyo a las causas de la independencia hispanoamericana. En la Carta de Jamaica subraya que se mantuvieron como "inmóviles espectadores de esta contienda, que por su esencia es la más justa".

Tampoco descuidan el intento de incorporar a su sombra el que emite la primera proclama de la Independencia Intelectual de nuestra América. Martí en una crónica sobre Andrés Bello escribía: "Yo le miro como quien doma águila, enseñar a Bolívar; y como quien oye a profeta, aprender de Humboldt". Aprende de Europa para enseñar a América a ser ella misma, o sea distinta. Y en 1823, antes que Ayacucho selle la emancipación sudamericana, desde Londres envía el mensaje liberador de los espíritus, en los versos neoclásicos de su "Alocución a la Poesía". Tratan de reinvertir la dirección del proceso que Bello perfiló. Quieren que la nuestra deje de ser una cultura con caracteres propios.

Los analistas de Santa Fe están llanos a reconocer, en el papel, las que denominan Américas plurales en cuanto a instituciones políticas, historia y cultura. Pero ponen por encima de su diversidad la fuerza integradora de la geografía, de la experiencia histórica y de aspiraciones similares; necesidades comunes, iguales peligros y oportunidades.

Tal vez podría decirse con mayor veracidad que América, empezando por Cuba, Nicaragua, Granada, no cree en el fatalismo geográfico. Y su cultura, su historia, sus necesidades comunes, los grandes peligros, y estos últimos casi siempre vienen precisamente empujados por el viento del Norte, recomiendan la soberanía, la independencia, la asociación latinoamericana y no hemisférica.

Para celebrar la fiesta de las apariencias maquillan el rostro de los gobiernos cómplices, presentándolos casi siempre como representativos y democráticos, aunque no todos -agregan con timidez-, respondan a la maravilla a ese "test". Todos sabemos, sin embargo, cuál es la verdadera alianza hemisférica: la de los gobiernos dictatoriales regresivos de América Latina con el Pentágono.

Todo está en este orden tan diabólicamente planificado que, falseando la Conferencia de Panamá, ideada por Bolívar, se propone aquí que el Estado Mayor de la OEA sea trasladada de Washington a Panamá a fines del siglo. ¿Para qué? En medio de la oscuridad de las palabras de cobertura una luz se filtra: interamericanizar el Canal, o sea, renorteamericanizarlo y poder contar con lo que llama fuerzas de defensa y protección.

El epílogo del Documento de Santa Fe asume tonalidades épicas. "... En la guerra -precisa- no hay sustitutivos de la victoria y Estados Unidos está comprometido en la tercera guerra mundial... América Latina es vital para Estados Unidos: la proyección del poder global de Estados Unidos siempre ha descansado sobre un Caribe cooperador y una América del Sur que nos apoye". Repite, como una síntesis, el principio fatídico: la distensión es la muerte.

Se autoproclama socio protector de las naciones de América Latina y lo que es más conmovedor, declara, sin perderse en consideraciones eruditas, que sólo él puede "ayudar a preservar la cultura hispanoamericana de su esterilización por el materialismo marxista internacional". Estados Unidos debe tomar la dirección en dicha área.

Los hombres de la cultura hispanoamericana están, pues, advertidos. Las intenciones son claras, el plan exhaustivo. Y la respuesta ha de ser neta, así como el trabajo de réplica de los intelectuales de América Latina y del Caribe, como una parte de sus pueblos. Debe guardar relación con la magnitud de la amenaza, del proyecto y de los hechos a través de los cuales se ponen en práctica las proposiciones del Comité de Santa Fe, convertidas en parte esencial de la política latinoamericana de Reagan.

El Secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, explicó que el cambio de la política hacia varios regímenes militares de Sudamérica, entre ellos Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, responde a los avances de dichos gobiernos en el campo de los derechos humanos. La administración de Reagan ordenó a sus representantes en el Banco Mundial y el BID votar préstamos para ellos por un total de 433 millones de dólares.

Tal mejoramiento en la situación de los derechos humanos no existe, en absoluto. Hoy en Chile se reprime más que en años pasados. La propia prensa norteamericana divulgó hace poco, como un botón de muestra, el crimen de Calama, comentado por Gabriel García Márquez, en su artículo "En Chile como en Chicago"*, que ha dado la vuelta al mundo, como imagen espectral del régimen. La todopoderosa policía secreta de Pinochet, so pretexto de aplicar una legislación antiterrorista, anunció al gerente y al cajero del Banco del Estado, en esa localidad del Norte desértico de Chile, que realizaría un simulacro de asalto contra la institución. La ficción se convirtió en realidad. Los agentes del gobierno mataron en despoblado a los dos empleados bancarios, pulverizando sus cuerpos con una explosión de dinamita; robaron una cantidad equivalente a más de un millón de dólares depositados en cajas de manzanas y luego echaron a correr la versión que los ladrones eran los dos hombres que ellos mismos asesinaron y despedazaron. El crimen lo cometieron jefes y funcionarios de la tenebrosa DINA-CNI, que ha hecho desaparecer a varios millares de chilenos y ha torturado a más de cien mil. Dos por lo menos de los implicados en los homicidios son altos jefes del Ejército.

El general Haig miente, pues, cuando sostiene que la situación de los derechos humanos ha mejorado en Chile, como tampoco es verdad respecto de los otros países a que se refiere. Una estadística reciente demuestra que, por el contrario, los atentados y crímenes de la dictadura van in crescendo.

Otro general se manifiesta tan satisfecho como el general Haig, es el general Pinochet. "La institución está limpia", declara aludiendo a la DINA-CNI, a raíz del crimen de Calama. Por esos mismos días, eufórico, condecora con la "Gran Cruz al Mérito Militar" al general Wallace Nutting, Jefe del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos. Luego recibe a Jeanne Kirkpatrick, representante permanente de los Estados Unidos ante la ONU, la cual lo señale como modelo y ejemplo para otros gobernantes del hemisferio. Pinochet es garantía para el imperialismo. Y el imperialismo garantiza a Pinochet. Todo esto sella la alianza íntima de Washington con los regímenes dictatoriales más crueles de América Latina. En las propias comisiones del Congreso norteamericano se demostró que en Chile, Uruguay y otros países latinoamericanos se intensifican las represiones políticas, las detenciones, torturas y represalias y que la situación en la esfera de los derechos humanos no mejoró sino que ha empeorado gravemente.

Represión, consumismo, agresión anticultural, se amplifican y complementan. Los bancos y el capital monopolista se ofrecen como mecenas del arte acondicionado.

Desde el punto de vista ideológico, como lo subraya Gyorgy Lukács, el presupuesto histórico del fascismo se basa en el irracionalismo militante, con su bagaje de mitos concretos, a través de un baño mortal de acción y de sangre. No surge de un vacío; absorbe todas las pseudofilosofías reaccionarias extremas.

Estados Unidos trabaja con los elementos más regresivos de las sociedades latinoamericanas, económica, social y políticamente hablando. Privilegia sobre todo a las Fuerzas Armadas locales como el "gendarme necesario" que cautelará sus intereses. Es el principal sostén externo del neofascismo sui generis instalado en vastas zonas de América Latina, especialmente del Cono Sur. El papel que en el fascismo alemán e italiano jugaron el partido nazi o fascista lo desempeñan en esta región las Fuerzas Armadas.

El gobierno de Reagan hoy no hace protocolares venias a los derechos humanos ni al consenso democrático liberal. Prefiere la fuerza bruta. Legitima la dictadura castrense, porque sirve mejor a su proyecto global diseñado por los expertos del Comité de Santa Fe. Su modelo ideal es aquel que universaliza la represión y militariza el poder. Representa una forma de neofascismo dependiente y tardío que abusa del autoritarismo, del nacionalismo agresivo, el militarismo (como guerra contra su propio pueblo) y proclama el mito del Führer criollo.

Pinochet sigue con las danzas rituales de las prisiones, torturas y exilio, invocando su filosofía de la Seguridad Nacional. No podría reclamar respecto de ella derechos de autor. Hace más de treinta años que Washington registró esa patente. El 16 de julio pasado el Secretario de Defensa de Estados Unidos Caspar Weinberger convocó a una Conferencia sobre Seguridad Nacional. En su caso ella responde a la idea del hegemonismo universal, alcanzado a través de una Guerra Nuclear. Alguien ha dicho que se trata de una idea terrible, pero irreal, vano, fatal sueño-pesadilla para miles de millones de hombres. Entre otras cosas porque una guerra nuclear no se puede ganar. Pinochet y los pequeños sátrapas de localidad latinoamericana también profesan su filosofía de la Seguridad Nacional. Inscriben su parcela represiva en los dominios del amo que juega a los cohetes.

Ni los intelectuales ni los pueblos latinoamericanos aceptarán como ineluctable el maligno plan de Santa Fe. El hombre vino al mundo para conquistarlo, no para autodestruirse. Contesta no a la muerte en grande.

Es verdad que la literatura nunca dice la última palabra; pero ésta es una emergencia en que debe decir la palabra no y murmurar o exclamar como Neruda: "Que nada de esto pase. Que despierte el leñador".

Nos acercamos al año 2000. Quizá en una reunión como ésta no sea impropio intentar una mirada de largo plazo a América Latina, superando las miopías de la visión inmediatista. Hacerlo sería una prueba de sentido de responsabilidad y de discernimiento. Demostremos contra el escepticismo de La Bruyere que esa cualidad no es más rara que los diamantes y las perlas, sino una necesidad contra lo aterrador.

No como futurólogos, pero sí en nuestra condición de simples ciudadanos, nos correspondería aquí, ante el proyecto delineado por los hombres de Santa Fe y ante el aluvión de hechos que comprueban de que no se trata meramente de un asombroso o más bien diabólico experimento de laboratorio sino de un plan político calculado que ahora está en las manos trágicamente acogedoras de la primera potencia capitalista, diseñar ideas en nuestro limitado dominio y adelantar proposiciones para una respuesta, digamos, posible y sensata. Desde luego ella no puede ser asunto exclusivo de un simposium de intelectuales, sino articulación del pensamiento y la acción sumada y unificada de todos nuestros pueblos. Pero nosotros podríamos aquí responder, por ejemplo, a aquel párrafo, que, más allá de parábolas, apólogos, reflexiones morales, trata sobre la compraventa de intelectuales latinoamericanos.

El continente que se extiende desde México a la Antártida tiene que pensar hoy el problema de mañana, o sea, del siglo XXI. No podrá afrontarlo a espaldas del mundo. Ni divorciado de los movimientos revolucionarios de la Tierra.

Durante el transcurso del siglo XX la Revolución se ha abierto paso sobre una buena parte del planeta. Incluso vive y se desarrolla en países del hemisferio. El proceso proseguirá en este último quinto de la centuria y continuará en la que viene. Es a la Revolución a quien tratan de detener los alquimistas neutrónicos de Santa Fe.

En once años más se cumplirán quinientos años del descubrimiento de América. Durante estos cinco siglos nuestros pueblos han sido yunque donde cada hora ha golpeado el martillo del opresor extranjero y local. ¿Medio milenio no es suficiente?

El pueblo cubano pensó que sí, que casi cinco siglos eran bastante. En los últimos tiempos otros pueblos del continente también han dicho basta. De alguna manera los pueblos de América Latina echan a andar por el camino tan complejo y difícil que va a la libertad, hacia la soberanía. Circe, la hechicera de la isla Ea, para retener a Ulises, transformó en unos cerdos a los compañeros del héroe. La gran mayoría de los intelectuales latinoamericanos rechaza el destino deshonroso que les propone el llamado corruptor de Santa Fe. Honestamente van del brazo con sus pueblos.

V.TEITELBOIM


PRIMER ENCUENTRO DE INTELECTUALES POR LA SOBERANÍA DE LOS PUEBLOS DE NUESTRA AMÉRICA

DECLARACIÓN FINAL

Los participantes en el Primer Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, convocado por la Casa de las Américas y celebrado en La Habana del 4 al 17 de septiembre de 1981, hemos reafirmado el carácter indispensable de nuestra unidad y precisado el sentido de nuestras responsabilidades en estos momentos difíciles. A fin de darle continuidad a esta acción hemos considerado necesario crear un Comité Permanente integrado por personalidades representativas de nuestra cultura.

Ahora, cuando el gobierno de los Estados Unidos amenaza no sólo con reimplantar en nuestro continente la política anacrónica del garrote, sipo que prepara sus armas para una nueva guerra de devastación mundial, los intelectuales de Nuestra América estamos obligados a extremar el compromiso con nuestros pueblos, y en especial con los que se están enfrentando con más heroísmo que recursos a la opresión inmemorial.

Hace tiempo que la nuestra dejó de ser una comarca abierta a los desafueros de los imperios metropolitanos. Los pueblos están conquistando ahora su derecho a la palabra, y a nosotros nos corresponde la muy alta responsabilidad de articularlo y defenderlo. El enemigo también lo sabe, y por ello ha puesto todo el poder de su imaginación represiva al servicio de una desalmada operación de genocidio cultural. Es éste el sentido de la sistemática campaña de tergiversaciones con que los monopolios imperiales, con el concurso de las oligarquías locales y sus propios medios de imposición informativa, están tratando de desnaturalizar la identidad cultural de nuestros países para facilitar su dominio. Frente a esta conjura, defenderemos la verdad, la justicia y la belleza, y no de un modo abstracto, sino con la decisión y la lucidez con que lo exige y lo merece la personalidad original de nuestras naciones. Sólo el pleno ejercicio de su soberanía, que les permitirá por fin usar en su provecho propio sus riquezas inmensas y su potencialidad cultural, dará una base sólida y una válida razón de ser a nuestra vida.

Con este espíritu creador saludamos la inminente soberanía de Belice, y nos comprometemos a que los intereses populares que la hicieron posible no sean desvirtuados por otros ajenos a su destino. También con este espíritu repudiamos del modo más enérgico el apoyo que la administración de los Estados Unidos está prestando a los regímenes más bárbaros del continente, y denunciamos con indignación que los autores de los actos de terrorismo más atroces que se cometen en el mundo pretenden acusar de terroristas a los patriotas que luchan por la felicidad de sus pueblos, y por su identidad y su cultura, como es el caso en El Salvador y Guatemala, cuyos mejores hijos se han propuesto, al precio de muy duros sacrificios, conquistar para siempre su derecho a ser ellos mismos.

No son los designios de una maquinación internacional, como se trata de hacer creer, sino las condiciones internas de oscuridad y miserias a que los ha sometido durante años la opresión imperialista, lo que explica el incontenible aliento de liberación que hoy recorre a Nuestra América. La tramposa acusas aliento de liberación que hoy recorre a Nuestra América. La tramposa acusación de terroristas a los patriotas de estos pueblos tiene entre otros propósitos el de sancionar la intervención de los Estados Unidos, y preparar los espíritus, mediante el aparato de propaganda más diabólico de la historia humana, para una agresión abierta contra Cuba, Nicaragua y Granada, e inclusive contra México, cuya política exterior independiente merece nuestro reconocimiento.

El imperialismo no es un hecho externo, ajeno a la esencia del subdesarrollo. Es explotación de nuestros recursos y de nuestros pueblos, intervención ilegal en nuestros asuntos internos, deudas exteriores enormes que hipotecan la soberanía nacional, inflación, control monopolista de la producción de los mercados y los medios de información e intentos de dividirnos en un momento en que nuestra unidad es condición indispensable para hacer valer nuestros derechos fundamentales y para hacerlos respetar. Eso lo saben desde la colonizada Puerto Rico hasta Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay, Haití, cuyos pueblos padecen el genocidio bajo tiranías militares, y lo saben también en los últimos enclaves coloniales que aún nos quedan en el Caribe.

Pero la actual política agresiva del imperio revela su debilidad y no su fuerza. El mundo de hoy no es el que ellos quisieran y por esto han fracasado en su intento de impedir por la fuerza que los pueblos se liberen, como lo demuestran las guerras que en los últimos tiempos el imperio ha desatado y perdido. Los pueblos empiezan a abrirse nuevos caminos y a reescribir su propia historia. La represión y la violencia no los detendrán.

Hemos venido de tierras muy diversas y nuestros puntos de vista no son unánimes. Pero estas diferencias están muy lejos de ser antagónicas, y son en cambio una prueba más de nuestra riqueza de creación. Prescindimos de nuestras divergencias secundarias, y proclamamos lo que tiene que unirnos en favor de los pueblos de Nuestra América.

Y no sólo de ellos. Desde nuestra trinchera de ideas, a la que dan carne y sangre millones de hombres y mujeres que aún no tienen acceso a la cultura, condenamos con energía la pavorosa carrera armamentista que está alcanzando límites de delirio, y en el rechazo a ella nos sumamos a todos los pueblos del planeta, incluyendo, por supuesto, al de los Estados Unidos, que dio pruebas tan admirables de valor y solidaridad cuando se opuso a la criminal agresión de su propio gobierno contra Viet Nam.

La decisión de fabricar la bomba de neutrones, significativamente anunciada el mismo día en que se conmemoraba un nuevo aniversario de Hiroshima, ha recrudecido el pesimismo de muchos sectores de la opinión pública internacional, no sólo en cuanto a las perspectivas de paz, sino en cuanto al destino mismo de la humanidad entera. Los intelectuales, los escritores, los artistas de Nuestra América, frente a este grave riesgo de holocausto, asumimos a plena conciencia nuestra opción por la vida. No la abandonaremos al azar, sino que lucharemos con todas nuestras convicciones, con todas nuestra fuerzas, con las mejores reservas del espíritu para que la paz se imponga como la única victoria posible contra la muerte.

Ni la bomba de neutrones ni otro artefacto de aniquilación colectivo se disparan solos. Son los hombres quienes deciden su misión de muerte. Pero esos hombres, aun los que disponen de una posibilidad totalitaria de destrucción, pueden también ser contrariados por el clamor de los pueblos. Es ahora, pues, cuando la palabra y la imagen deben extremar su capacidad de persuasión, su poder de reclutamiento de las fuerzas creadoras, su lucidez para convencer y convencernos de que el exterminio del ser humano es evitable, y que puede y debe ser evitado con el poder invencible de la inteligencia.


Notas:

1. El presente trabajo fue leído en el Encuentro de Intelectuales de Nuestra América por la Soberanía de los Pueblos, realizado en La Habana en el mes de septiembre de 1981. Editamos además la Declaración final.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03