Teatro de creación colectiva

Teatro de creación colectiva

Araucaria de Chile. Nº 6, 1979.

EL ULTIMO TREN
Fragmento 1

(Marcial e Ismael entran a la oficina)

Marcial.-Así es que andamos con santitos tapados, ¿no?

Ismael.-¿Cómo?

Marcial.-Mire esto. (Le pasa un papel.) ¿Lo conoce?

Ismael.-Tendría que leerlo pues.

Marcial.-Vayase al final no más, donde están las firmas.

Ismael.-¡Ah!, sí, lo conozco.

Marcial.-Así que me querían amarrar, ¿no? De los otros lo hubiera pensado, pero de usted...

Ismael.-Pero señor, no lo tome así.

Marcial.-¿Y cómo quiere que lo tome? Así me paga, a mí que no he hecho otra cosa que ayudarlo todo este tiempo.

Ismael.-Pero esto también es ayudarlo a usted y al servicio. No lo tome así.

Marcial.-¿Que no lo tome así? ¿No sabe que yo con mi puño y letra firmé el informe que recomendaba la supresión del ramal? ¿Cómo no fueron capaces de hablar conmigo antes?

Ismael.-Es que a veces la gente se pega a sus ideas y es difícil de convencer.

Marcial.-No le he pedido consejo a usted.

Ismael.-Sí.

Marcial.-¿He dado motivo para que no confíen en mí?... ¡Contésteme'

Ismael.--No, señor

Marcial.-Siempre escucho a todo el mundo, ¿o no? Ismael.-Al menos yo no puedo decir lo contrario. Marcial.-¿Me podría decir entonces quién fue el maricón que me puso «el chancho encebado»?

Ismael.-Ni siquiera sabía que le habían puesto así.

Marcial.-¿Usted sabe que yo los puedo cortar a todos sin aviso previo?

Ismael.-Claro, está dentro de sus atribuciones.

Marcial.-Bien, entonces mañana mismo me retiran ese informe.

Ismael.-Señor, quiero que entienda que aquí no ha habido mala intención. Pensamos que el informe oficial fue apresurado. ¿Por qué no vemos entre todos, ahora, con calma el asunto? No ve que aquí (muestra el informe) damos ideas para un autofinanciamiento. Marcial.-Ideas impracticables, descabelladas. Ismael.-Se le puede dar crédito a los pequeños agricultores. Marcial.-Esto no es un Banco, sino un servicio de transporte. Ismael.-Ahí tiene, pues, como servicio de transporte también está desaprovechado. Por ejemplo: pueden ponerse trenes especiales para los turistas que van a las termas.

Marcial.-¿Pero no se da cuenta que las termas no necesitan del tren? Al contrario, el tren es un elemento negativo para el hotel.

Ismael.-¿Cómo? Por el tren puede llegar más gente ¿no? Y eso es lo que se necesita por aquí, pues.

Marcial.-¡No! No esa clase de gente. La que viene a hacer picnic a la orilla del lago, a llenarlo de papeles y latas de conserva. Sino gente que venga en auto y pague más.

Ismael.-¿Y entonces cómo su amigo Dávila, el del fundo El Membrillo, piensa instalar una línea de buses de lujo? Marcial.-¿De dónde sacó eso?

Ismael.-El selector es el mejor informador, dijo usted.

Marcial.-Mire, Maragaño, no voy a seguir discutiendo con usted. Lo que quiero advertirle es que las perdió todas conmigo y si sigue leseando se las va a ver muy mal. Que el ramal se va a suprimir es casi un hecho, les aconsejo que se dejen de armar líos.

Ismael.-¿Qué líos, si se puede saber?

Marcial.-Eso de estar hablando con la gente, esa huevada se llama boicot en todos los servicios.

Ismael.-Sígame un sumario entonces, pues. Nadie está hablando con la gente, son ellos mismos que se acercan a nosotros preocupados. Porque si suprimen el tren quedará todo el sector aislado, no tendrán por dónde sacar sus productos. En su gran mayoría son asentamientos que irían a una ruina segura.

Marcial.-En este país no hay cabida para los flojos y los ineficientes.

Ismael.-Yo los conozco, señor, no es que sean flojos ni ineficientes, lo que pasa es que están dejados, entregados a su propia suerte. Finalmente, van a ser comidos por los grandes.

Marcial.-Ese no es un asunto nuestro. Me parecen bastante raras sus ideas. No las repita porque puede ser mal interpretado y costarle caro.

Ismael.-Tal vez no sepa cómo expresarme, señor, pero yo siempre he pensado que esto ha sido siempre un servicio de utilidad pública.

Marcial.-Pero cuántas veces quiere que se lo repita. ¡No se financia!

Ismael.-Bueno, si es plata lo único que le importa al estado, que termine con todos los ferrocarriles y que ponga, en cambio, una gran casa de putas.

Marcial.-Perfecto... Ahí tendría un buen trabajo para su hija...

Ismael.-¿ Quéeee ?

Marcial.-Pregúntele, si no, qué es lo que va a hacer a las termas. (Apagón.)

Fragmento 2

(Se siente el ruido de la puerta. Meche y Viola se sobresaltan.
Meche trata de esconder la maleta. Entra Ismael)

Ismael.-¿Viene alguien?

Meche.-El inspector, vino... (No se atreve.)

Ismael.-Y se arrancó. Claro, ya debe conocer las denuncias que hice de su comportamiento moral y funcionario. Se darán cuenta que ha abusado de la confianza que depositaron en él las autoridades. Sobre todo ahora que hay orden en el Servicio. No se atreve a dar la cara el muy cobarde. Todos son unos cobardes. Recién hablé con Rodríguez: su hija trabaja en las termas.

Meche.-¡Ismael!, hasta cuándo sigues con eso!

Ismael.-Lo mismo me dijo él: «Que no ve que todas las niñas pueden perder el empleo si usted arma líos.» «Todo porque usted tiene una pega fija.» Ratones, sí, a él lo suprimieron por incapaz... Nadie tiene nada que decir de los Maragaño, nuestro nombre ha estado siempre libre de chismes y de sospechas, ¡y así seguirá mientras yo viva!

Meche.-Ismael, cálmate. Déjate de andar buscando líos.

Ismael.-¿Quién anda buscando líos? (Ve la maleta.) ¿Esa es tu maleta, Meche, no?

Meche.-Sí.

Ismael.-¿Te vas? (Meche calla.) Lamento que te haya tocado venir ahora, con todos estos problemas. Quédate, por favor, todo se aclarará muy pronto y volveremos a vivir como antes.

Viola.-Soy yo la que me voy, papá.

Ismael.-Tú no te mueves de aquí.

Meche.-Déjala, Ismael.

Ismael.-Ella no se va a ninguna parte.

Viola.-Estoy decidida, papá. Tengo un trabajo en otra ciudad.

Ismael.-No se mueve de aquí hasta que no quede bien aclarada la calumnia que nos levantó ese sinvergüenza.

Meche.-Ismael, por favor.

Ismael.-Por lo demás yo tengo un trabajo, siempre he sido capaz de mantener a mi familia. (Viola toma el sobre que dejó Marcial y se lo entrega.) ¿Qué es esto?

Meche.-Lo trajo Marcial.

Ismael.-(Lo lee rápidamente.) Falta mucho paño por cortar. Espérense que estudien nuestro informe, que lean mi denuncia, el respeto de la gente no se gana de la noche a la mañana, aquí siempre. ..

Viola.-No sigas, papá. Me voy. Me van a pasar a buscar de un momento a otro.

Ismael.-¡Ah!, sí. Tú que pones un pie fuera de esta casa y te tengo aquí de vuelta en dos horas. Me basta con hacer una denuncia a carabineros y asunto terminado. Se olvida la señorita de que es menor de edad.

Viola.-No puedes hacer eso.

Ismael.-Que no puedo. Es todo legal.

Viola.-¡No puedes! ¡No puedes!

Ismael.-¡Por qué, dime!

Viola.-¡Porque nada tendría sentido!

Meche.-¡Violeta!

Ismael.-¿Cómo?

Viola.-Sí. Nada tendría sentido. ¡Porque la mugre sería mugre y no otra cosa! Porque todo lo que parece noble se transformaría en una gran bolsa de inmundicias.

Meche.-¡Violeta! ¡No la escuches Ismael! Está alterada.

Ismael.-Que hable.

Viola.-¡Dile, tía, que no siga preguntando por qué, va nada tendrá sentido!

Ismael.-Qué quiere decir.

Meche.-Nada. Fue ella la que ha estado pagando las deudas que tenías. Con su trabajo, eso es todo.

Ismael.-¿Ella te contó eso? ¡Fantasiosa! La gente me ha dado plazos, prórrogas porque soy quien soy.

Viola.-Nadie te esperó, papá; ya nadie espera a nadie. Yo los pagué peso por peso y el próximo mes estará todo cancelado. ¡Ahora déjame ir!

Meche.-¡Déjala ir, Ismael!

Ismael.-¡No y no! ¡A ver, dime cómo pudiste pagar toda esa plata!

Viola.-Trabajando de puta, que es el único trabajo decente que queda para todos los Maragaños, porque ese respeto que ustedes conocieron alguien lo enterró en alguna parte. Porque un día me di cuenta que no vale el nombre o el oficio sino la plata. Porque un día tuve que acostarme con el tal Marcial para que no perdieras tu trabajo. Porque un día me di cuenta que ya no eras Maragaño, el jefe de estación, sino un perro guardián, y el día que el perro se enfermara lo matarían de un balazo y pondrían otro en la cadena.

Meche.-(Va hacia Viola y le da una cachetada.) ¡Cállate!

(Pausa larga.)

Viola.-Por eso hice todo. Y habría hecho lo que sé, fuera.

Por esta casa, por estos recuerdos. Por ustedes dos, porque para mí son los dos únicos seres humanos que quedan en la tierra.

PEDRO, JUAN Y DIEGO
(Fragmento)

(Los obreros están pintando la muralla. Aparece el inspector de obras en el pasillo
y llama con voz imperativa a don Carlos, el capataz)

Inspector.-¡Don Carlos! capataz .- ¿Mande ?

Inspector.-Venga para acá inmediatamente.

Capataz.-Voy, voy.

Juan.-Quizá qué cagada dejó este viejo ahora. Pedro.-Por los gritos del inspector debe ser una grande. Diego.-Seguro que el jovencito ese carga de nuevo conmigo. Pedro.-Fondéese para que no lo roche, entonces. Diego.-No; aquí me quedo.

Capataz.-(Bajando al pasillo.) ¿Y... qué le parece como quedó la pirca?

Inspector.-¡Cómo se le ocurre hacer semejante huevada, hombre, por Dios!

Capataz.-Si no le gusta la pintura se la borramos.

Inspector.-Lo que van a hacer es echar abajo la pirca.

Capataz.-¡Cómo se le ocurre! ¡Qué van a decir estos gallos después de todo lo que han trabajado!

Inspector.-¡Qué le importa a usted lo que digan! ¡Vaya y comuníqueselos!

Capataz.-Comuníqueselo usted, mejor, ¿quiere?

Inspector.-Bueno, ya. Acompáñeme.

Pedro.-¿Y? ¿Qué le parece el trabajito que le hicimos? Flor de pirca. Se va a lucir para la inauguración usted.

Inspector.-Muy bonita les quedó la pirca, pero van a tener que echarla abajo.

Pedro.-¿Cómo? Si la acabamos de terminar...

Inspector.-Quedó mal ubicada; hay un error.

Pedro.-Yo no he cometido ningún error, señor inspector.

Inspector.-Don Carlos lo cometería.

Capataz.-¡Écheme la culpa a mí no más! No ve que yo soy responsable de todas las cagadas que hacen en este país.

Pedro.-Aquí está el plano del señor Bezanilla. ¿Pa onde está el Norte aquí en el plano, señor inspector?

Inspector.-El Norte tiene que estar para allá.

Pedro.-Pa ese lado está el Sur. ¿Y qué es lo que dice el plano?

Inspector.-Sur dice.

Pedro.-Sur dice. Aquí había que poner la pirca según el plano, y aquí está puesta. Yo no he cometido ningún error, ni don Charlie tampoco.

Inspector.-¿Sabe lo que es esto? El plano regulador. Y según el plano regulador, por aquí va a pasar una pista de alta velocidad, con un flujo de diez mil automóviles diarios, del barrio precordillera hasta la estación del metro Portada de Vitacura. Y a ustedes no se les ocurre nada mejor que plantificarme la pirca justo en medio de la pista.

Capataz.-Y justo ahora que está terminada se viene a dar cuenta.

Pedro.-Y qué se preocupa, si los planos reguladores nunca se cumplen.

Capataz.-Esa es la pura verdad.

Inspector.-¡Este se va a cumplir! Cien metros a la izquierda debieron levantar la pirca para dejarle libre acceso a la pista.

Pedro.-Podría correr la pista cien metros a la izquierda pa que no atropelle a la pirca y se acabó el problema.

Inspector.-¡Cómo se le ocurre que voy a andar corriendo las pistas! Los planos reguladores no son chacota.

Pedro.-El trabajo de uno tampoco es chacota.

Inspector.-Nadie está diciendo que sea chacota. Hay que echar abajo la pirca antes de la inauguración, y ésa es la orden del día.

Capataz.-¿Y por qué no la inaugura primero y después la echa abajo?

Inspector.-¿Cómo se le ocurre que voy a estar inaugurando huevadas para echarlas abajo después?

Juan.-No crea, si eso se ha visto.

Inspector.-Capaz que me echen con viento fresco, por idiota.

Juan.-Eso también se ha visto.

Diego.-Usted sabía lo del plano regulador. ¿Por qué no avisó a tiempo?

Inspector.-Mire, señor: yo no estoy aquí para rendirle cuentas a usted. Tienen que echarme abajo la pirca; para eso se les paga.

Juan.-¡La media fortuna que pagan!

Inspector.-¿Ustedes creen que me cuesta mucho meterle otra cuadrilla y demolerla de una patada?

Pedro.-No crea que va a ser tan fácil. La pirca la construí entraba.

Capataz.-Las otras cuadrillas no las puede meter aquí; están todas ocupadas en la inauguración.

Inspector.-Le meto bulldozer, entonces.

Pedro.-Métale lo que quiera.

Inspector.-Por última vez, ¿van a hacer la demolición, sí o no? (No hay respuesta.) ¿Se niegan? Voy a dar aviso para que los despidan, entonces.

Juan.-¿Y el extra, no lo va a pagar?

Inspector.-Plata para extras no hay.

Capataz.-El bulldozer le va a salir recontra caro, oiga.

Inspector.-Una fortuna me va a salir. ¿Y quién lo va a pagar? ¡El medio forro en que me metió usted!... Oiga, maestro Pedro, venga para acá un momento, ¿quiere? (Pedro se acerca.) En realidad no era mi intención llegar a este punto.

Pedro.-La mía tampoco.

Inspector.-Usted es una persona inteligente; mano de obra calificada. Está a la vista el trabajo de la pirca.

Pedro.-Le gustó cómo quedó la pirca...

Inspector.-Estupenda quedó; pero si no la echamos abajo antes de la inauguración vamos a salir todos perjudicados, ¿me entiende? Yo también soy mandado aquí; recibo órdenes igual que usted.

Pedro.-Igual no, pues.

Inspector.-La verdad, maestro, para llamar las cosas por su nombre, es que yo quería hacerle un ofrecimiento.

Pedro.-¿Qué será, a ver?

Inspector.-En la empresa constructora donde trabajo -una cosa bastante grande-, estamos interesados en mejorar la mano de obra calificada. Yo me había fijado en usted la otra vez, ¿se acuerda?

Pedro.-Cómo no me voy a acordar.

Inspector.-Vamos a hacernos cargo de gran parte de la remodelación que el plano regulador contempla para este sector. Por eso necesitamos mano de obra calificada, ¿me entiende?

Pedro.-Cómo no le voy a entender.

Inspector.-¿Cuánto... cuánto cree usted que está ganando un maestro albañil primero, de primera eso sí, igual que usted?

Pedro.-Unos mil cien. Con los tratos y las regalías, unos mil ochocientos. Dos pepas.

Inspector.-¿Y usted cuánto saca aquí?

Pedro.-Usted sabe.

Inspector.-Claro que no podría pagarle los dos mil pesos.

Pedro.-¡Ah!

Inspector.-Multiplique por tres lo que saca aquí. Eso podría ser.

Pedro.-Eso no es ni la mitad de lo que corresponde.

Inspector.-Para empezar.

Pedro.-Ya hace añitos que empecé yo.

Inspector.-Piénselo. (Sale seguido del capataz.)

Pedro.-(Siguiéndolo.) ¡Oiga! Don...

Inspector.-Juan Eduardo.

Pedro.-Don Juan Eduardo. ¿Y qué pasa con estos gallos? Son buenos trabajadores. Podría tomarlos también.

Inspector.-Bueno; habría que verlo.

Pedro.-Déjeme palabriarlos. Son buenos trabajadores.

Inspector.-Hábleles. Pero si llegamos a un acuerdo, me tienen que demoler la pirca.

Pedro.-¿Cómo dice?

Inspector.-Esa sería la condición. Los negocios son los negocios.

Pedro.-Voy a consultarlo con ellos. (Corre al escenario, donde Juan ya se ha puesto la chaqueta para irse.)

Diego.-¿Y qué es lo que quería ahora?

Pedro.-Me ofreció pega en su empresa constructora. Maestro albañil primero.

Diego.-Primero amenaza con echarlo y después le ofrece trabajo. No entiendo.

Juan.-¿Y a usted no más le ofreció pega?

Pedro.-Por la especialidad mía, pero dice que podría colocarlos a ustedes también.

Juan.-Claro; dígale que yo he aprendido mucho haciendo pircas con usted. Un verdadero maestro ha sido para mí usted.

Pedro.-Habría que echar abajo la pirca primero, eso sí.

Diego.-¿Echar abajo la pirca?

Pedro.-Esa es la condición. Los negocios son los negocios, dice.

Juan.-Echémosla abajo altiro, entonces. ¡Total...!

Pedro.-¡Total!...

Diego.-Dígame una cosa, don Pedro: ¿quién es usted realmente?

Pedro.-Pedro Águila soy, pues.

Diego.-Primero me deja metido con la chiva de la gran pirca, y ahora por unas chauchas más, porque estoy seguro que le ofreció sólo unas chauchas más, está dispuesto a echar abajo la pirca.

Pedro.-Este futre está ofreciendo pega de verdad. Para hacer casas, edificios, cosas útiles.

Juan.-No como esta porquería de pirca.

Diego.-Conmigo no cuenten para echar abajo la pirca.

Pedro.-¿Está loco, iñor?

Inspector.-Bueno, ¿y? ¿Van a seguir toda la tarde con su conferencia en la cumbre?

Pedro.-(A Juan.) ¿Qué le contesto?

Juan.-Dígale que bueno; pero pídale algo por adelantado.

Pedro.-(Volviendo donde el inspector.) ¡Listo! Echamos abajo la pirca esta misma tarde y mañana nos presentamos a la obra. ¿Cuál es la dirección?

Inspector.-Momentito; no se apure tanto.

Pedro.-Usted es el que está apurado por echar abajo la pirca.

Inspector.-Me entendió mal, pues, maestro. El trabajo que le estoy ofreciendo no ha empezado todavía.

Pedro.-¡¿Cómo es la cosa?!

Inspector.-Nos acabamos de presentar a la propuesta, pero es seguro que la ganamos.

Pedro.-¿Como para cuándo sería eso?

Inspector.-Dos meses más.

Pedro.-Dos meses...

Inspector.-El tiempo se pasa volando.

Pedro.-Dígame una cosa, oiga: ¿se me ven las pelotas por debajo de los pantalones a mí. ¿Usted cree que lo pueden pasar a llevar a uno en su trabajo más encima, que es lo único que tiene?

Inspector.-Le estoy ofreciendo trabajo a cambio de botar una idiotez y se enoja más encima.

Pedro.-Necesito la pega ahora, me entiende. ¡No en dos meses más!

Inspector.-Hay que ver que es delicado de cutis usted.

Pedro.-Vaya a buscar su bulldozer; yo no boto ninguna huevada. (Se dirige al escenario.)

Diego.-¿Y qué le pasó ahora?

Pedro.-Me hicieron huevos de pato; eso es lo que pasó.

Inspector.-Le estoy ofreciendo trabajo para dos meses más. ¿Qué más quiere? ¿Convénzanlo ustedes! (No hay respuesta.) (Al capataz.) ¿Y usted, qué se queda mirando ahí? Métale picota y comience a echarla abajo... ¡Muévase, pues, hombre!

Capataz.-¿No oyó que la construyó entraba?

Inspector.-Muy bien. Voy a mandar el bulldozer entonces... ¡A quién se le ocurre meter a este viejo idiota a dirigir obras también! (Sale furioso.)

Los obreros deciden inaugurar la pirca y dignificar su trabajo. Compran una botella de vino, quiebran sobre la pirca la botella vacía y cantan una canción. La mujer muda -que cuida la construcción- recupera el habla (perdida por «un tremendo susto que pasó», presumiblemente una visita de la DINA) en medio de la solidaria amistad de estos obreros condenados a hacer trabajos inútiles por un salario miserable (el Mínimo).

LOS PAYASOS DE LA ESPERANZA

Fragmento I

(Jorge va a la ventana. Trata de abrirla. No lo logra. Manuel llega al baúl. Se pone los anteojos de Jorge. Sin que lo vean. Sonríe, feliz. Se los saca. Mira en el bolso de Jorge)

Manuel.-¿Te quean cigarros?

Jorge.-Claro, sírvete nomás.

Manuel.-(Sacando una cajetilla de «Liberty».) Quea uno...

Jorge.-¿Quean? (Va donde Manuel. Le quita el cigarrillo.) ¡Pasa p'acá!

(Jorge ve sus anteojos. Los toma. Se los guarda. Cruza. Saca una caja de fósforos. Enciende el cigarrillo. Deja que la llama consuma todo el fósforo. Aplica saliva al fósforo quemado. Va al centro de escena. Lanza violentamente el fósforo contra el techo. El fósforo cae. Jorge lo patea. Pasa, a llevar los pies de José. José se queja y alega en silencio. Jorge va a sentarse a la silla volcada. Tiempo. delación de miradas, entre los tres. Jorge se para. Va donde José. Le ofrece el cigarrillo, ¡osé aspira larga, profundamente el cigarrillo. Se lo devuelve a Jorge. Jorge vuelve a la silla)

Manuel.-Dame.

(Jorge le arroja la ceniza del cigarrillo. Manuel manipula el trozo de alambre. Hace una especie de óvalo. Golpea rítmicamente el baúl con el alambre. Tiempo)

Jorge.-(Señalando el alambre.) Una goota. Cacha. Así llueve p'al Sur, las medias gotas. Llueve de arría p'abajo y de abajo p'arría. ¡Super juerte! (A José.) ¿Hai estao por allá?

José.-No.

Jorge.-Hasta Rancagua no más... ¿Te acordái? P'aí podíamos ir... Pa Valdivia... Pa Puerto Montt...

Manuel.-Con el «Búfalo Bill».

Jorge.-Tienen que estar completos ya.

Manuel.-¿Y de carperos?

Jorge.-¿De carperos? ¿Tai loco, güeón?

José.-Taremos sin pega, pero somos artistas.

Jorge.-(A José.) Mejor a la americana, ¿no es cierto? (A Manuel.) ¿Tú iríai?

Manuel.-¿P'aónde?

Jorge.-P'al sur pus.

Manuel.-Claro.

Jorge.-Chis, agarrái al tiro. Tenis que llevar paraguas.

Manuel.-Si tengo.

Jorge.-Pero tenis que aprenderte algún número.

(Tiempo. Jorge se para bruscamente. Manuel se asusta. Jorge va donde José)

Jorge.-¿Sabís, guaso? Podíamos hacer un número con un paraguas. Un paraguas súper grande así... blanco... con lunares coloraos. Un paraguas con rueas... así con plataforma... ¡Toos deajo el paraguas, rajaos y lloviendo a chuzos...! ¿Ah?

Manuel.-Oye, ¿les cuento un chiste?

Jorge.-Listo pus.

Manuel.-¿Saben el del hombre más valiente del mundo?

Jorge.-No.

Manuel.-Eran tres gallos, un argentino, un peruano y un chileno metíos en un concurso pa ver cuál era el más capo. Con tres pruebas, tomarse una garrafa de vino, después meterse a una jaula con un león aentro y peinarlo, y la tercera prueba echarse a una vieja bien vieja. Pasa el peruano primero y dice aónde está la garrafa y se la pasan y p'aentro. Después se va a hacer la segunda prueba y cae lona, coció. Entonces le toca al argentino y llega, ¡che, aónde está la garrafa!, y se la pasan y listo, después, ¡che, aónde está el león! y agarra una peineta grande, de esas especiales pa peinar leones y llega a la puerta de la jaula... y se se le hace. Al final llega el chileno rajao, agarra la garrafa y ¡guá, al seco!, y agarra la misma peineta grande y se mete a la jaula, puuta y se escucha .una bulla, la jaula se movía pa toos laos, no se veía na p'aentro, pasa un güen rato y se abre la puerta de la jaula y sale el chileno too chascón y llega y pregunta: güeno y ahora ¿aónde está la agüelita que hay que peinar? (Ríe con ganas. Ni José ni Jorge celebran el chiste. Mientras lo contaba, José se tendió en el banco. Parece dormitar. Manuel va donde José, se inclina sobre él.) O sea, que se equivocó... ¿no vis que le hizo el amor al león?

Jorge.-Oye guaso, ¿vamos a ir el domingo?

José.-No puedo.

Jorge.-¿Y por qué?

José.-Tengo a la vieja enferma.

Jorge.-Chis, otra vez.

Manuel.-Pasa enferma tu mamá.

Jorge.-¿Y qué tiene ahora?

José.-Se le paralizó un lao.

Jorge.-¿Cómo?

José.-O sea, es una enfermedad... que le cuesta decir algunas palabras. Las piensa, pero cuando las va a decir no le salen.

Jorge.-Es de la mente esa cuestión.

José.-(Incorporándose. Ofendido.) No, no es de la mente. No es na mental, si ella piensa bien... Es pura custión de aquí. (Señala la boca.) Yo a veces le digo: oye viejita, anda a comprarme cigarrillos, y ella llega donde el almacenero y le dice: ¿me da una de esas güevás pa...? (gesto de fumar), y él ya sabe. O a veces le digo que me compre una «yilé», y ella indica no más, y él le entiende y se la pasa. Pero no es una custión de la mente.

Manuel.-¡Ah!, ¿no dice na «yilé»?

Jorge.-No pus loco. Hará así (gesto de afeitarse), ¿no es cierto?

José.-Y el caballero entiende.

Manuel.-¡Ah!, ¿y por qué no puede?

José.-Es una cuestión fisológica.

Jorge.-Es de la mente.

José.-No.

Jorge.-Es mental.

José.-¡Es del cerebro!

Jorge.-¿Y aónde eréis que quea la mente? En el cerebro pus.

(Jorge arroja a los pies de Manuel la colilla del cigarrillo. Se para. Va a la puerta. Mira haca afuera. Manuel recoge la colilla. Se quema. Tiempo)

José.-Cuando no estaba enferma iba a toas las partes aonde trabajaba... y se sentaba ahí cerca con un pañuelo...

Manuel.-Tu mamá que los ha ayudao.

Jorge.-Es fanatincha de nosotros.

José.-(Sacándose el impermeable y buscando en su maletín.) Una vez que tenía que salir de mujer me hizo un pantalón-vestío, o sea, uno podía pasar de mujer a hombre al tiro. ¿Y te acordái esa vez que le pedí que me hiciera el chaqué? Me lo hizo too de luces, con estrellitas y brillantes en la solapa. ¡Me queó re güeno! Claro que ahora lo tengo empeñao... Oye.

Jorge.-¿Ah?

José.-¿Trajiste el cuaderno de chistes?

Jorge.-¡Se me quedó en la casa!

José.-(Golpeando el banco.) Podíamos haber trabajao mientras esperábamos.

Jorge.-¡Qué tanto trabajar pa ni una güevá!

José.-Putas que soi irresponsable, güeón.

Jorge.-Vos, el más responsable, pus. De tres funciones te man-dai dos curao.

José.-¿Y vos, güeón? (Se sienta en el banco.)

Jorge.-¿Te acordái cuando entramos cocíos allá en el festival de Puentes?

José.-(A Manuel, que ha lanzado una risotada.) Vos no te riái tanto tampoco, pues güeón.

Manuel.-¿Te acordái? Ustedes estaban pintándose cuando nos dijeron, ¿quieren servirse un trago?

José.-Y un copete que nos echamos al cuerpo.

Manuel.-¿Uno no más?

Jorge.-(A José.) Chis, te poníai la nariz, champaña; te poníai el rojo, champaña; después no podíai salir...

José.-Este jué el que no salió.

Manuel.-¿Cómo que no salí? Salí igual no más.

José.-A puro entrar las sillas sí.

Jorge.-Te juiste de raja y la galla creía que era del número. ¡Súper loco!

José.-Yo llegué, entré y me agarré del primer poste que había, curao, curao... y como vos me hacíai las pasas, yo contestaba no más y salió el número.

Jorge.-Salió, pero nos reíamos nosotros más que el público... Yo estaba pa la caga, me quería morir con la champaña caliente... Entro... y te cacho agarrao al poste. ¡El único poste! Me senté al tiro pa poder hacerte las pasas...

(Tiempo)

José.-Puta la güevá, güeón.

(Tiempo) Botadoraza la champaña caliente, ¡ah!

(Tiempo) Manuel.-Sí, pero es rica...

(Jorge se para. Va a la puerta. Se queda mirando hacia afuera, ¡osé saca un papel del bolsillo de su impermeable. Lo lee. Jorge lo ve. Va hacia ¡osé. Se lo quita de las manos. José se lo quita a su vez. Lo dobla cuidadosamente. Se lo pasa a- Jorge)

José.-Así. (Jorge lo toma. Lo lee para sí.)

Jorge.-«Se cita al Taller de Tonis al Comedor Infantil Los Copihues para el día jueves, 25 del presente, a las doce.» (Devuelve la citación a José.) Estoy bien cachúo con estas güevás. Nos han llegado varios papelitos de ésos.

Manuel.-¿Pa qué lo que es?

Jorge.-Después vamos y no pasa na. Nos pasan plata pa la locomoción y con eso creen que está too arreglao.

Manuel.-¿Y quién tiene la plata?

Jorge.-Capaz que tengamos que volvernos a pie otra vez...

Manuel.-¿A pie?

José.-Hay que esperar a la señorita Sonia, porque ella...

Jorge.-¿Hasta cuándo, güeón?

Manuel.-Siempre pasa lo mismo.

José.-La última vez nos dieron cincuenta pesos a cada uno, pior es na.

Jorge.-¡Chis, cincuenta pesos!

Manuel.-¿Aónde?

José.-En el Comedor Infantil Las Campanas.

Jorge.-Y nos tuvimos que mandar dos funciones al hilo con toos los cabros chicos güeviando encima.

Manuel.-¿Eran muchos?

Jorge.-Cincuenta pesos no alcanza pa na, pus guaso. La locomoción, la pintura, el manyare, los vicios... se acaba al tiro, ¿veis?

Manuel.-No alcanza ni pa un copete.

José.-A ver si con la custión del proyecto agarramos un güen billetón, pus.

(Tiempo. Jorge mira a José)

Jorge.-Si es que sale. Manuel.-Plata asegurará.

José.-Y toos los meses (Jorge hace un gesto de mofa) pa los gastos de la casa, flor.

Manuel.-Pa la casa. ja.

(Jorge va a la ventana, [rata de abrirla. No lo logra. Mira hacia el exterior a través de los postigos)

José.-De los que vivimos en la casa soy el que más pone. La otra vez cuando nos entregaron trescientos pesos llevé tres kilos de azúcar, tres paquetes de té, arroz, fideos, papas, aceite, velas, fórforos, ají, caldos mayi, de too, hasta un lucki pa mi mamá. (Extendiendo el boleto del supermercado y mostrándoselo a Manuel.) ¿No vis?... doscientos setenta y tres pesos. (Dobla cuidadosamente el boleto y lo guarda.)

Manuel.-¡Pa too el mes!

José.-Pa veinte días no más. No, si yo llevo pa la casa. Ahí el que tiene lleva y yo cuando pueo, cumplo.

Manuel.-Comen harto.

José.-Somos cuatro, más mi mamá somos cinco.

Manuel.-Nosotros somos más.

José.-¿Cuántos?

Manuel.-Hermanos no más somos ocho.

José.-(A Jorge.) Chis, y vos que alegái tanto y soy solo.

Jorge.-(Violento.) Más o menos no más, pues güeón.

José.-Ah, verdá que estai en la vola del padre ahora...

Jorge.-¿Cuánto dijeron que nos iban a pagar?

Manuel.-¿Quién?

José.-¿Del proyecto?

Manuel.-Ah.

José.-Cuarenta pesos por función, no pagan más. Dicen que nos van a pagar contra-f unción. Yo prefiero mensual.

Manuel.-Contra-función es mejor, así comís toos los días.

José.-Hay que hacerlo como venga...

Jorge.-Manso futuro... ¡como las güevas!

(José hace un gesto de fastidio. Se acomoda en el banco, como disponiéndose a dormir. Jorge va a la ventana. Gira hacia el frente)

Jorge.-A la una de la mañana llegó la comadre a la casa con el cabro chico enfermo pa la caga. El sustito. Al hospital al tiro.

Manuel.-¿Y qué tenía?

Jorge.-Bronconeumonía, ¡cacha! Con la atención y los remedios se me jueron los trescientos pesos. ¡Y cómo no se va a enfermar si le falta el alimento! Mas encima la comadre le quitó la teta porque estaba enferma...

Manuel.-¿Y no come?

Jorge.-Claro que come, pero puro quita-hambre, na de vitaminas, ¿veis? Le quita el hambre pero no lo pone juerte. Ese es el problema. (Golpea con fuerza la silla contra el suelo.) Yo cuando pueo pasarle plata, le paso al tiro. Hacía tiempo que no lo veía, y el otro día en la mañana voy pa la esquina a buscar agua, pongo el balde en la llave... y de repente lo cacho. Venía de la mano de la comadre... caminando. Ya camina.

(Jorge se sienta en la silla. Manuel se le queda mirando. Se produce una larga pausa. José, que se había dormido, se desequilibra y cae del banco. Manuel se ríe)

José.-¿Qué hora es?

Jorge.-Tarde.

Fragmento 2

José.-Güeno ya, sigamos ensayando. Vos a salida de pista. Vos Jorge, a la silla. (Jorge se sienta.) Entonces yo le sirvo... «cuarta cuchará de porotos». (Le da la entrada a Manuel.)

Manuel.-¿Te cachái subir al cielo y pegarse una luquiá p'abajo?

Jorge.-Como de un trapecio que tuviera agarrao el Tata.

Manuel.-(Caminando.) Una escalera super larga. Subir, subir, subir...

Jorge.-No llegaría! nunca, pus.

Manuel.-¿Por qué?

Jorge.-¿No vis que el cielo quea super lejos?

Manuel.-Güeno y qué, pos. Nos vamos en avión.

José.-¡Más disciplina y menos leseo!

(Jorge vuelve a sentarse en la silla. Manuel se sienta en el baúl)

José.-(A Manuel.) «Primera cuchará de porotos»... (Le da la señal de entrada a Jorge)

Jorge.-¡En cuete!

Manuel.-¿Ah?

Jorge.-¡Nos vamos en cuete!

(José desiste de su intento de ensayar. Se va a sentar al banco, enojado. Jorge se para, aparta la silla y se saca la chaqueta. La deja en el piso)

Jorge.-¡Yo manejo primero!

Manuel.-Oye, Jorge, ¿invitemos al santo? Ja.

Jorge.-Y con anteojos, loco.

Manuel.-¿Te presto los zapatos?

Jorge.-¡Ya!

Manuel.-Pero te presto uno no más.

Jorge.-Flor, p'al aceleraor.

(Jorge se sienta en el suelo, delante del Banco. Manuel sube al banco. Jorge toma el plumero y lo usa durante el juego)

Jorge.-¿Tai listo?

Manuel.-Sí.

Jorge.-¿Bien listo?

Manuel.-Bien listo.

Jorge.-¿Completamente listo?

Manuel.-Completamente listo.

Jorge.-¡Nos vamos!

Manuel.-Abre bien los ojos, pos Jorge, no vai a chocar.

Jorge.-Si los que van p'al cielo no chocan, pus.

(Pantomima de vuelo. Bajan, suben)

Manuel.-Podíamos hacer un circo...

Jorge.-¿Aquí arría?

Manuel.-Claro, ¡un circo en el cielo!

Jorge.-¡Chúa!

José.-Para. (Jorge sigue acelerando.) ¡Para! (Jorge frena.) Pa los cabros chicos.

Jorge.-¿Cómo?

José.-Pa los Comedores Infantiles... Un número... ¡Los tonis astronautas!

Jorge.-¡Que soi loco, guaso!

Manuel.-Claro, vos le decís a tu mamá que nos haga los trajes de astronautas.

Jorge.-¡De veras! Y con unas solapas super grandes pa poder volar.

Manuel.-¡Y con harto brillo!

(José se para y va a sentarse al baúl)

Jorge.-Ya, maneja vos ahora.

(Jorge se para en el banco)

Manuel.-Ya.

Jorge.-¿Te presto los anteojos?

Manuel.-¡Ya, pos! (Se pasa un dedo por la pintura de su cara.) ¡Crucecitas pa la suerte! (Le hace una cruz a Jorge en la frente.)

Jorge.-¿Y en la nariz?

(Manuel le pinta la nariz a Jorge. José empieza a escribir)

José.-Voy a terminar la carta.

Jorge.-Flor, pus. (A Manuel.) ¿Tai listo?

Manuel.-Sí, espera. El acelerador. (Toma el zapato de jorge.) ¡Ah, ta toa rota tu güeva de zapato!

(Manuel escapa de Jorge. Jugando)

Jorge.-¡Échalo! manue l . - ¿ Cómo ?

Jorge.-¡Échalo, pus!

(Manuel tira el zapato al suelo. Juegan una pichanga de fútbol. El zapato a manera de pelota.)

José.-¡Ey, escuchen! (Manuel y Jorge se acercan a José.) Entonces, esto va después: «Pero una vez que usted nos dé alegría», entre paréntesis, «aprobado el proyecto, le colocaremos el mayor empeño posible para que ustedes se sientan orgullosos de nosotros como se sentían antes».

Jorge.-¿Antes?

José.-Antes, pos. Cuando íbamos pa los comedores infantiles.

Jorge.-Puta que se reían los cabros chicos. ¡La pasaban flor!

José.-¿Te acordái esa vez que no querían que nos juéramos? Les hicimos nueve números de una tira.

Jorge.-Claro. Y nos regalaron manzanas. Así un montón. Nos juimos comiendo manzanas hasta Puente.

José.-Claro. Yo le llevé una a mi mamá. La más grande que me tocó. Una colora.

Jorge.-Claro que cuando no llegábamos a actuar así, los cabros se ponían super tristes.

José.-Y la tía nos retaba firme.

Jorge.-Chis, agarraba así un cogote la vieja.

José.-Y una vez hasta mandó reclamos p'acá.

Jorge.-¿Reclamó?

José.-Claro. (Vuelve a escribir.)

Jorge.-¿Y qué más le estái poniendo?

José.-La despedida, pos. Jorge.-¿Y el poema?

José.-No sé. ¿Entero decís tú?

Jorge.-O una parte que sea.

José.-¿Cuál?

Jorge.-No sé.

José.-...Tal vez cuando el payaso muera de aquel que se han reído ni siquiera se acordarán. Cual música pasajera que lentamente se va, ni el recuerdo quedará. ¡Oh!, ingratitud de la vida, así como de todos se olvidan de estos payasos se olvidarán,

Manuel.-¡Puchas que es triste!

Jorge.-¡Triste, pus!

José.-...Tal vez cuando el payaso muera...

Jorge.-Ya pos.

Manuel.-No se lo pongamos mejor.

José.-Güeno, no se lo ponimos na.

Jorge.-¡Chis!

José.-(Escribiendo.) «Nos despedimos de usted y gracias por el apoyo que nos han brindado.» Punto.

Jorge.-¡Hasta la vista!

José.-No. Así está bien.

(José acomoda el baúl para firmar. Jorge va a la puerta y mira hacia afuera. Luego equilibra el plumero, en al mano.)

José.-(Escribiendo.) José Zabala... Toni Pelusita... Aquí firmo yo. (firma. Le pasa la carta a Jorge.)

Jorge.-(Toma la carta y se sienta en el banco.) Le pusiste dos veces José Zabala pus.

José.-No, pus. Si la de arriba es la firma y el otro es el nombre.

Jorge.-Pero son iguales, pus loco.

José.-No, pos. ¿No vis que el nombre dice José Zabala V corta, de Vásquez, y la firma José Zabala no más?

Jorge.-Chis, yo tengo una super firma. (Escribe.) Jorge Albert... Toni Cucharón... (firma.) ¿Cachái?

José.-Pero no se entiende na.

Jorge.-¡Pero es bonita!

José.-Ya, pos Manuel, firma. (Manuel toma sonriente la carta. Va al baúl.)

Manuel.-Puta, no veo na.

Jorge.-¡Sácate los anteojos, pus güeón!

Manuel.-(Mostrando la carta.) ¿Por aquí?

Jorge.-Ahí abajito.

Manuel.-(Escribiendo.) Manuel Garrido... Toni... ¿Toni?

(Manuel mira a Jorge. Jorge mira a José, éste asiente con la cabeza.)

José.-Toni. (Jorge da una patada a Manuel.)

Manuel.-¡El bautizo! Toni Liberty... (firma.)

Jorge.-¡Chis, la media firmita!

Manuel.-(Pasándole la carta a José.) ¿Y el Iván?

José.-(Guardándose la carta en su libreta y dejándola sobre el baúl.) Somos los mejores tonis de Puente Alto.

Jorge.-(Equilibrando el plumero.) ¿Te acordái p'ál festival grande, guaso? ¡Había cualquier cantidá de gente!

José.-(Le quita el plumero a Jorge y cruza la escena equilibrándolo.) Tres mil seiscientas personas. A nosotros nos habían aplaudido mil, mil doscientas... pero nunca tres mil seiscientas. Ahí jué cuando estrenó el chaqué. ( Deja de equilibrar el plumero.) Llegué a llorar.

(Jorge y Manuel se sientan en el baúl. Se ponen sus zapatos. José va a su maletín. Va a aguardar en el libro que leía Jorge. Jorge lo ve.)

Jorge.-¡Chis!

José.-¡Pa mi mamá, pos! (Lo guarda.)

(José camina lentamente hacia la puerta. Mira fijamente hacia afuera. Se saca la peluca de Toni. Manuel y Jorge miran a la puerta. Es otra fotografía. Pausa.)

José.-Güeno, ¿nos estaríamos yéndonos?

(Pausa. Silencio embarazoso. Nadie contesta. Tiempo.)

Manuel.-Total que no vino nadie.

(José y Jorge miran a Manuel. Tiempo. Jorge va a la ventana. Trata de abrirla. La abre. Manuel corre a mirar.)

Jorge.-Ya se jueron las viejas.

Manuel.-Podíamos hacer una vaca pa pasar a comprar pan.

José.-Si nos gastamos toa la plata, pos.

Manuel.-Ah, verdá.

José.-(Sacando la cajetilla de cigarrillos de su calcetín.) Pero los puchos son güenos pa matar el hambre.

Jorge.-¡Oye, loco, pero si yo tengo una hallulla!

(Jorge corre a su bolso. Lo toma y va a sentarse al banco, junto a José.)

José.-La teníai encálela, ¿ah?

Jorge.-Se me había olvidao, que soy tonto.

Manuel.-Siii...

Jorge.-Cuando venía p'acá entré a un supermercado ahí en Vicuña y me chorié una hallulla y una marraqueta. (Sacando la hallulla.) Taban calientitas.

Manuel.-¿Te la robaste?

Jorge.-Claro, ya me iba cortao de hambre.

(Es la repartición del pan. Jorge parte la hallulla en dos y cada parte en tres y reparte. Manuel corre el baúl hasta ubicarlo entre el santo y el banco. Comen con deleite. Como si fuera un banquete. Tiempo.)

José.-Está rica. (Tiempo.)

Jorge.-Aleluya, pan de hallulla. (Tiempo.)

Manuel.-(Está sentado sobre el baúl.) ¿Sabís que yo también he robao? ¿Conocís la Concha y Toro allá en Pirque? (José y Jorge se ríen. La conocen.) Ahí. Me iba en la noche con un canasto bien grande, que hacía como veinte, veinticinco kilos. Me pegaba tres pasas en la noche, y en la mañana tempranito salía a venderlas. Como a las diez o a las once ya las tenía toas vendías, íbamos un lote de cabros, robábamos uva de mesa. (Mira al santo.) Claro que lo hacíamos con todas las leyes de Dios. Antes de entrar así, decíamos... Señor, perdónanos pero lo hacemos por necesidá. Y nunca nos pasó na.

Jorge.-¡Soi harto loco! ¿Sabías? Una vez un compadre de la población me dijo: «Oye, Jorge», no vis que hablaba así el güeón, «oye, Jorge, ¿por qué no me acompañai a Concón a buscar unas güevás a la casa de mi tío?» ¡Listo!, le dije yo, Flor de paseo. Total que partimos pa Concón y llegamos a la casa. Era una media casita con tres chimenas. ¡Super tío!, pensé yo .Y el compadre se quea parao delante de la puerta así, y llega y me dice: «¿Sabís?, parece que vamos a tener que meternos por una ventana porque se me olvidó traer las llaves.» Entramos al tiro. Sacamos un televisor, una juguera, f razas... la pila de custiones. Total que no era na del tío la casa. Pero el compadre no me había dicho na. Después vendimos las custiones y sacamos así un billete. Yo me compré unos pantalones de cotelé y unos anteojos.

Manuel.-¿Estos?

Jorge.-No, los otros eran naranjas. ¡El sol se veía colorao! Se me perdieron las güevás. ¡Ah! ¿Y sabís lo que le compré a la comadre?

José.-¿Qué?

Jorge.-Pildoras. Una caja de pildoras anticonceptivas. «Toma, le dije, pa que no te hagái problemas.» Pa que no pasáramos julepe. ¿Sabís que se las quería tomar toas de un viaje? No, pus loca, le dije yo. Se toma una al día no más, menos los días que andís con la güevá.

José.-La comadre mía cacha toa la movía pa que no pase na. Si no, yo me pongo un peazo de mejoral antes de echar un violo. Claro que la otra vez no pasaba na y ella no me había dicho ni una cosa y pasaron como dos meses. Entonces un día yo le caché la guatita y le dije: ¿tai esperando guagua? Claro, me dijo, y la llevé al tiro donde un yerbatero. Le di una plisen hervía con hojas de quilo. El quilo hay que hervirlo con agua no más, pero yo pa asegurarme le eché el doble y además lo hice hervir con piísen. Se me pasó la mano. Botó too pero queó pa la caga.

Jorge.-Allá en la población pasan hartas güevás así. Hay parteras también. ¿Sabís que trabajan con yerba y con palillos?

Manuel.-Una partera le hizo un aborto a una comadre, de ocho meses.

Jorge.-¡Salta p'ál lao!

Manuel.-O sea que jué parto, si la guagua nació viva. La jue-ron a tirar a un baño por allá lejos. Duró como dos días no más. Todavía andan buscando a la comadre allá en la población. Era putita.

(Han terminado de comer. Manuel va a su maletín y saca un paño. Se desmaquilla.)

José.-Oye, Jorge, ¿cómo se llama tu hijo?

Jorge.-Deivis. Deivis Alexis Albert Urrutia. Albert. De Inglaterra, loco. Soy inglés. Pura herencia de apellío, porque soy más chileno que no sé qué. (Va donde Manuel con la intención de limpiarse la pintura.) Soy de allá de las cuevas. De las cuevas del cóndor. (Comienza a limpiarse junto con Manuel. Evidentemente el trapo es muy pequeño y la operación se hace difícil.) ¿Sabís que una sola vez en mi vida he visto un cóndor? Yo era bien cabro chico... (Raja un pedazo del trapo de Manuel y va hacia José.) Yo iba pa allá pa onde don Pedro. Don Pedro cuidaba ovejas en el cerro. A mí me mandaba la señora de él a llevarle la comía y él me regalaba leche y yo por el camino güéviaba cualquier cantidá. Entonces llego aonde don Pedro, y al ratito así, de improviso, don Pedro me dice: «¡Aguarda, esparrama las ovejas!» Y yo miro... y ahí lo veo que viene por el aire. Chis, las medias garras que tiene. Son así como el brazo de uno. Si es cierto. Y entonces se va tirando en pica... y nosotros dale con esparramar a las ovejas. Y agarra a una y se la lleva volando. A mí me dio susto. Y me dio pena también por la ovejita.

(Jorge se fue sumergiendo en el cuento hasta transformarse en una memoria sensorial y emotiva. Devuelve a Manuel el trozo de género. Queda pensativo. José va a la puerta y mira. Manuel arregla sus cosas. Tiempo.)

Jorge.-Como al Iván.

Manuel.-¿Ah?

Jorge.-Se lo llevó el cóndor.

(Tiempo. Disminuye la luz sobre el escenario. Jorge va donde José. Manuel va detrás, con la esperanza de que venga alguien. Tiempo. Se produce otra fotografía. Están parados, mirando hacia afuera. De perfil a público. Pausa.)

José.-Total que no hicimos na. (Tiempo.)

Jorge.-Ta casi oscuro.

Manuel.-Vamos a tener que volvernos a pie.

José.-A pie no más.

Manuel.-Vamos a llegar de noche.

Jorge.-Ta haciendo más frío.

José.-De noche.

Jorge.-(A Manuel.) Pónete los zapatos de Toni.

Manuel.-¿Pa qué?

Jorge.-Así llegái más rápido.

(José ua al baúl y toma su libreta. Saca la carta. La desdobla, i

Jorge.-¿Me los vai a prestar? Manuel.-Claro, los pudimos turnar.

(José relee la carta. Se relaciona con Manuel y jorge. Duda. ;\'o sabe qué hacer con la carta. Esta solo en medio del escenario con la carta en la mano. La dobla. La mete dentro de su libreta. Guarda la libreta en su impermeable. Se sienta en el banco. Toma su maletín y su paquete. Los pone sobre sus rodillas. Pausa. Manuel va a buscar sus cosas. Jorge mira por la ventana.)

Jorge.-¡Cacha! (Todos miran hacia el techo. Escuchan.)

José.-Ta lloviendo, pos.

(José saca la cajetilla de cigarrillos. Saca Jorge. Saca Manuel. Saca José. Jorge prende el cigarrillo de José. Luego el de Manuel. Después el suyo. Deja que la llama consuma casi todo el fósforo. Aplica saliva al fósforo quemado. Lenta, aplicadamente. Como si algo de él se jugara en ese gesto. Lanza con fuerza el fósforo al techo. Los tres miran hacia arriba.)

Manuel.-¡Ah! Se queó allá arría...

(Jorge toma su bolso y se sienta junto a José en el banco. Al pasar frente al santo, le hace un gesto casi imperceptible. Manuel mira el techo. Mira a José y a Jorge. José Mira a Manuel. Hay algo nuevo en esa relación. José le hace un lugar a Manuel en el banco. Manuel va y se sienta entre Jorge y José. Jorge casi se cae del banco. Empuja. José empuja del otro lado. Hasta que apenas se acomodan los tres en el banco. Muy juntos, Manuel y Jorge juegan con el humo de sus cigarrillos. Jorge saca su gorro de plástico y se lo pone. Dan una chupada a sus cigarrillos, los tres a un tiempo. José comienza a tararear la canción que Jorge cantó al comienzo de la obra. La luz ha disminuido más todavía. Es la misma o menor que la del comienzo, cuando entró José. Fuman.)

Jorge.-¿Te cachai, guaso, que nos pegáramos un viajecito p'al sur?

Manuel.-P'al verano podíamos ir.

(Manuel y Jorge miran a José.)

José.-Algún día...

(Pausa. Se miran los tres. Manuel y Jorge juegan con el humo. Hacen muecas. Tiempo largo. José tararea la canción, fuman. Muecas. José deja de tararear. Una última fotografía. Escuchan el ruido de la lluvia. Entra la música, la misma del comienzo de la obra. Termina la música. Apagón.)


Notas:

* Los payasos de la esperanza es una creación del Taller de Investigación Teatral, formado en 1976. Se inspira en la existencia de un grupo de tonies cesantes. Cuenta la historia de tres payasos que llegan a una oficina a recibir respuesta a un proyecto de trabajo que han presentado a un Comedor Popular sostenido por una Vicaría de la Solidaridad. Al comienzo vemos un universo desarticulado, marcado por la espera y la incertidumbre. Poco a poco van entrando en comunicación y hablan de sus vidas y sueños. Los dos mayores enseñan el oficio al más joven y lo incorporan al grupo. Comparten un pan y se hacen confidencias, a través de las cuales nos enteramos de múltiples miserias, heroísmos y esperanzas. Cuando, al final, se dan cuenta de que no hay respuesta a su proposición de trabajo, se marchan con un alma colectiva, nueva, unidos y siempre enteros.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03