Nacionalismo literario, realismo y novela en chile (1850-1860)

Nacionalismo literario, realismo y novela en chile (1850-1860)

Bernardo Subercaseaux

Literatura Chilena. Creación y crítica. N 15 Marzo 1981

Orientación de una literatura nacional: Según Lastarria, luego de haberse creado en 1848-1849 con la Revista de Santiago los cimientos de una literatura nacional, durante el decenio siguiente, 1850-1860, el desarrollo literario se habría paralizado (especialmente en el primer quinquenio), a causa de la política retrógrada del gobierno de Montt.

'Todo lo ha dominado -señala en 'Recuerdos literarios'- la política conservadora...y su sello aparece estampado en todas las manifestaciones del desarrollo social... esta reacción (anuló) el trabajo regenerador que tanto había avanzado en los catorce años transcurridos desde 1837 a 1850, (e hizo) revivir vigorosamente las ideas, el sentimiento. las preocupaciones y los hábitos antidemocráticos de la vieja civilización española'. (1)

Lastarria apoya este juicio con cifras: entre 1855 y 1859 se editan 164 publicaciones eclesiásticas y sólo 63 de carácter profano. Quien examine, sin embargo, las alternativas del proceso literario entre 1850 y 1861 encontrará, en vez de un estancamiento, un período en que circulan y se desarrollan algunas ideas y principios que tendrán una considerable influencia en la literatura chilena de la segunda mitad del siglo XIX.

En su intento por fundar una literatura, Lastarria había sentado en 1842 las bases para una concepción sociológica de la crítica literaria: 'la verdadera crítica -decía- confrontará continuamente la literatura y la historia, comentará la una por la otra, y comprobará las producciones de las artes por el estado de la sociedad'. (2)

Hacia 1848, pasados algunos años desde que se había dado el primer impulso a la literatura nacional, se hacía necesario orientarla. Este anhelo orientador será el que aliente la actividad crítica de Joaquín Blest Gana en sus artículos de la Revista de Santiago, así como los discursos y ensayos sobre literatura difundidos entre 1850 y 1861 por los representantes más destacados de la intelectualidad liberal del medio siglo, por los hermanos Amunátegui, Francisco Bilbao, Demetrio Rodríguez Peña, los hermanos Arteaga Alemparte y por el propio Lastarria.

Algunas ideas matrices esgrimidas por estos autores - la originalidad literaria, la exigencia de una literatura nacional y por extensión de una literatura americana y la postura anti-romántica - habían sido ya planteadas en 1842. En la década del 50, empero, estas ideas son ampliadas y profundizadas, añadiéndoseles aquella de que la novela es la forma más adecuada para fijar el perfil de la literatura chilena y cumplir ia función que le asigna el nacionalismo de cuño liberal.

Durante la primera etapa de la Revista de Santiago. en 1848, cuando Lastarria es todavía editor, Joaquín Blest Gana publica tres ensayos: 'Walter Scott'; 'Tendencia del romance contemporáneo y estado de esta composición en Chile' y 'Causas de la poca originalidad de la literatura chilena'. En el primero, Blest Gana señala el valor de la obra de Scott como apéndice de la historia, por su realismo y porque pinta la sociedad tal como es, sin idealizarla. Resalta luego el papel de Scott como innovador de un género al que llama novela político-histórica.

'Waverley y Quijote -dice- deben colocarse juntos. No son simples libros, sino caudillos de un movimiento grandioso; ambos efectúan una revolución admirable, ambos representan una nueva concepción, concepción gigantesca, profunda... Cervantes y Walter Scott, al producir a Quijote y Waverley, 'hacen lo que Júpiter arrojando de su cráneo a Minerva armada de punta en blanco'. (3)

Walter Scott proporciona, entonces, el modelo más adecuado para que la literatura refleje y consigne en sus páginas la sociedad en que se engendra. En su ensayo sobre el romance contemporáneo Blest Gana amplifica esta idea, señalando que el género iniciado por Scott, además de pintar la sociedad en que vivimos, permite analizar y descomponer 'hasta las más ocultas fibras del cuerpo social'. Según Blest Gana lo que él llama romance o novela contemporánea (para diferenciarlo de los romances medievales o de aventuras inverosímiles) tiende, por un lado, a consignar el estado moral y material de la sociedad; y por otro, a servir como instrumento de regeneración social. Advierte, sin embargo, en relación a este último propósito, un peligro: el de descuidar la verosimilitud y exagerar el colorido filosófico de los caracteres. (4)

Haciendo el diagnóstico del estado de la novela en el país, dice:

'Nuestra sociedad... ha mirado el romance como el frívolo patrimonio de una ardiente cabeza de 18 años, como una creación indigna de surgir de entre unos cabellos grises por la meditación o de una frente plegada por el pensamiento. Apenas el romance se alzaba entre nosotros... murió ahogado bajo la mano de plomo del ridículo. Mas no nos debemos extrañar: muchos de nuestros compatriotas están firmemente persuadidos que una plumada dada al acaso, que una mal construida aventurilla, producen el más complejo romance y llevando por divisa este necio principio se han arrojado en una senda difícil, resbalando siempre, arrancando del bello árbol de la novela no una hermosa flor, sino una rama seca y deshojada. Esto es lastimoso en verdad!'. (5)

Blest Gana indaga las razones de este panorama sombrío en el más importante de sus artículos: 'Causas de la poca originalidad de la literatura chilena'. Las causales que señala son de orden sociológico, histórico y literario. Entre las primeras advierte una falta de identidad y de espíritu nacional en los chilenos:

'no somos -dice- ni un pueblo comerciante, ni un pueblo guerrero, ni un pueblo filósofo, ni un pueblo artista, ni un pueblo industrial, ni un pueblo salvaje; sino un compuesto de todos ellos, un ropaje formado de diversos girones, pero zurcidos con tal arte, que el uno no resalta del otro, de modo que su color es equívoco'. (6)

Esta falta de idiosincrasia llevaría a la dependencia cultural, al menosprecio por los valores nacionales, 'no escribimos (7) - dice Blest Gana - sino europeamente'. (59) 'Esta es quizás -añade- una de las más influyentes causas de la poca originalidad de nuestra literatura y que no sólo encadena su ensanche actual, ...sino que también mata en cierto modo su porvenir, puesto que la hace desempeñar el mezquino papel de segundón, sujetándola a un desenvolvimiento extranjero' (61)

Blest Gana vincula, desde un punto de vista histórico, la novela y la estética realista a la República y la estética de lo inverosímil y los romances que idealizan el pasado, a la Monarquía. Por las condiciones sociales del país, la literatura chilena corresponde entonces a la 'de un pueblo republicano de antecedentes monárquicos' (65). La necesidad de constituir la república fue también -dice- un impedimento para el desarrollo de la literatura, debido a que la generación de la Independencia debió dedicarse a las armas antes que a las letras y luego, la generación que siguió, al progreso material antes que al intelectual. Partiendo de estas razones sociológicas e históricas Blest Gana examina su incidencia en la literatura, llevando a cabo uno de los primeros atisbos más o menos orgánicos de las letras chilenas. Distingue una etapa inicial que gira alrededor de la Independencia y que tiene a Camilo Henríquez como figura descollante. En esta etapa los Principios republicanos se imponen sobre los monárquicos, lo que se traduce en una literatura 'ardiente como el sentimiento que la produce, (e) impetuosa como los cerebros de fuego que la elaboran' (65). En este punto, sin embargo, Blest Gana hace un reparo que resulta interesante:

'El amor a la libertad fascina y deslumbra, atando a su carro de triunfo el pensamiento, que nada crea, sino al empuje que él le imprime; que nada produce, sino bajo la inspiración que de él recibe. Ahora bien, este reducido exclusivismo en que se encierra el desarrollo intelectual, da un golpe de muerte a la literatura entera, cuyo efecto, aunque inapercibido en su principio, es harto notorio y pronunciado después. Las producciones literarias... vaciadas en un mismo molde, manifestaciones de un espíritu exclusivo, sin variedad, necesariamente uniformes, se debilita su interés, porque no siendo sino el grito arrancado a una sola pasión que ahoga el eco de los demás efectos, mal pueden existir por largo tiempo sin que la monotonía y la languidez vengan a suplantar a la fuerza y brillo que campeaban en ellas. Además, cuando la reacción republicana hase completamente realizado, cuando el estampido del cañón cesa de resonar y falta a esta literatura la atmósfera de agitación o de pólvora que la rodeaba, dejará de presentar el interés puramente momentáneo que antes ofrecía en fuerza de tas circunstancias. La posteridad, rehabilitada ya de la situación especial que la produjo, no la mirará sino como el entusiasta arranque de sus padres, sin creer jamás que ella pueda servir de cimiento a su edificio literario.... (65-66)

Advierte así el peligro que entraña la literatura de ideas cara a los ilustrados hispanoamericanos y a sus propósitos generacionistas, peligro que significó - dice - que gran parte de tas creaciones de esa época no fuesen 'más que una rama, arrancada del árbol que plantará en Europa la filosofía del siglo XVIII' (66).

La segunda etapa de la literatura chilena corresponde según Blest Gana al movimiento de 1842. Pensando fundamentalmente en la poesía y en el romanticismo de cáscara, señala que el gran error de esta generación fue haber escogido la escuela romántica europea como modelo para el desarrollo literario; dice que los jóvenes se doblegaron a la inspiración momentánea y superficial, empeñándose en consagrar sus liras a la mujer 'en un insípido y eterno yo te amo'.

'Las cabezas de veinte años edificaron así -señala -el templo de la imaginación sobre las ruinas mismas de la razón y del juicio... con lo que la nacionalidad moría, ocupando su lugar afectadas imitaciones de una escuela, que sobre ser extranjera, apostataba de su primitivo giro' (69). Las únicas figuras que rescata de esta segunda etapa son Salvador Sanfuentes y José Joaquín Vallejo. No menciona a Lastarria, lo que se comprende porque éste era el editor de la revista y escribir en esos años 'en la Revista de Santiago era - como recuerdan los hermanos Arteaga Alemparte - tener ya un girón de aureola' (8). Sin embargo, aunque no los nombra, hace una clara alusión a Francisco Bilbao y a Lastarria cuando crítica a la juventud de 1842 por haberse lanzado en sus creaciones intempestivamente contra ciertos principios que tenían todavía un gran peso en la sociedad, Blest Gana insinúa así que el ideologismo de estos autores perjudicó el desarrollo literario, puesto que las obras que adolecían de este defecto tenían que ser rechazadas por una sociedad que no estaba preparada para ellas. Siendo liberal, Blest Gana no discrepa de los principios regeneracionistas que informan aquellas obras, apunta más bien a un error de orden estético y táctico, 'esta juventud - dice -principió por donde debía haber terminado' (70).

Finalmente da Blest Gana otra razón de índole literaria que incide en la escasa originalidad de la literatura chilena: la inexistencia de la crítica. Señala que el círculo de aficionados es tan estrecho, todos se conocen y por lo tanto la crítica de autores nativos se ha tornado 'Personal y no literaria, superficial y ardidosa, en vez de sabia, imparcial y franca que debía ser'; y éste es también el modo de erosionar 'el edificio literario, que se derrumbará falto de apoyo... puesto que en un país donde no existe... esta crítica le faltará a la literatura su más poderoso apoyo, su brújula de dirección' (67-68). Además de su interés intrínseco, lo sorprendente en este conjunto de ideas, es que Joaquín Blest Gana tiene sólo 16 años cuando las escribe (9). Se trata, por lo tanto, de ideas que están en circulación, que las comparten o las discuten sus hermanos mayores Guillermo y Alberto, y sus amigos y correligionarios Eusebio Lillo, Manuel Antonio Matta, Jacinto Chacón, Vicuña Mackenna y los hermanos Amunátegui, el círculo, en fin, de jóvenes literatos liberales de Santiago, que tienen como maestro a Lastarria y que colaboran con él en la Revista de la capital.

Esta línea de reflexión, que busca implementar la independencia cultural, que abre el camino del realismo y que cree llegado el momento de consolidar una literatura propia, se prolonga y perfecciona durante el decenio siguiente. El triunfo de la restauración monárquica en Francia (1851), fomenta el afán por desligarse de la tutela europea y contribuye a vigorizar el nacionalismo literario. En 1852, Miguel Luis Amunátegui, al incorporarse a la Universidad de Chile, diserta sobre si '¿Será posible una literatura americana? '. Liberal, discípulo predilecto de Andrés Bello, y discípulo también de Lastarria, el joven Amunátegui acarrea la inquietud por la originalidad de la literatura al plano continental y a un esquema en tomo al americanismo literario. Fundándose en el historicismo distingue tres períodos recurrentes en la literatura de todos los siglos y de todos los países. Un primer período de aprendizaje que sería el del plagio, en que se copia la forma y el fondo. Un segundo periodo de imitación, en que se piden prestados el pensamiento pero no las expresiones, en que se copia el fondo y no la forma. En este período aparecen algunos elementos originales y se engendra una literatura que se distingue de aquellas que han contribuido a su nacimiento. El tercer período sería el de la originalidad, período que según Amunátegui no se ha dado todavía en Hispanoamérica. lo que plantea una serie de interrogantes: '¿La naturaleza de las cosas -se pregunta -condena (acaso) a los americanos a ser para siempre meros imitadores de los europeos? ¿Nuestro movimiento intelectual no será nunca más que un pulido reflejo del movimiento intelectual del antiguo mundo? ¡O bien la América suministrará también su contingente a los progresos del espíritu humano? ¡Llegará un día en qm haya una literatura propiamente americana, como hay una francesa o una inglesa? ' (10)

Según Amunátegui la respuesta que en uno u otro sentido se dé a estas interrogantes tendrá importancia fundamental para el desarrollo de la literatura chilena. Aunque advierte que hay razones históricas que han obstaculizado el florecimiento de la etapa de originalidad durante la Colonia -dice- en lugar de vida propia hubo sólo inercia y en la República 'vivimos con la vida de los europeos; seguimos todos sus movimientos. Ciencias, artes, industria, nada es nuestro, todo es suyo' (11) confía en que esa literatura llegara en la medida en que se estudien otras tradiciones y se abran los ojos a la realidad nativa. Enfatiza entonces el papel del conocimiento y de la conciencia crítica, como armas que permitirán imponerse a las causas históricas o sociológicas que han trabado al americanismo literario. Sigue a Bello y a Lastarria cuando señala que la contemplación de la naturaleza americana constituye una fuente para la originalidad literaria, y sobre todo a Bello, cuando dice que el surgimiento de una literatura propia sólo es posible mediante el estudio y la asimilación de las literaturas europeas. Hay, como se habrá notado, entre las ideas de Joaquín Blest Gana y de Amunátegui un foco similar de preocupaciones y un diálogo que se continúa.

Otro interlocutor, que se inmiscuye en el coloquio desde Buenos Aires, es Francisco Bilbao, quién señala en 1857 que la literatura europea responde a las circunstancias histérico-sociales de Europa y que por lo tanto no pueden aplicarse los cañones de esa literatura a la realidad americana.

'Querer reproducir a Balzac - dice - es querer aplicar el bisturí que destroza el cadáver del corazón de la vieja Europa a nuestras sociedades infantiles'. (12)

Se burla también, como los críticos anteriores, del lirismo romántico, de los imitadores de Byron, Zorrilla y Espronceda, 'orquesta de saudades -dice- que nos tienen atosigados'.

'Byron desleído por Espronceda y éste a su vez desleído en las aguas del Magdalena, del Guayas, del Rymac, del Mapocho y del Plata, ha sido el colorido empleado, repetido, ensalzado hasta quedar incoloro'. (13)

Respecto a la novela señala que los creadores harían bien en prestar atención a lo que se escribe en Estados Unidos, puesto que allí se estaría formando una literatura autóctona y original; recomienda además la necesidad de introducir el humor y de lograr mayor audacia en los planteamientos narrativos.

En 1858 justo Arteaga Alemparte se lamenta de que las novelas que se escriben en el país no cumplan con el propósito de retratar a la sociedad chilena, 'pertenecen -dice- al campo de nuestra literatura por que han sido escritas en Chile, y nada más' (14). Aboga por una literatura que sea expresión de la sociedad chilena, pero expresión directa y no pasada por los ojos de Sand, Soulie, Sue, Dumas o Balzac. La inclinación por la observación y por las preferencias realistas va acompañada por un fuerte rechazo a la literatura del desengaño y del hastío amoroso, a la que Arteaga llama - retomando la tendencia anti-romántica - 'un absurdo, una aberración y un verdadero contrasentido social'. En 1859, el mismo Arteaga Alemparte, comentando la novela Juan de Aria de Alberto Blest Gana, señala que uno de los escollos del progreso y de la emancipación literaria en Chile, ha sido el snobismo por todo lo que viene de Europa y el desprecio por lo nacional. La novela - advierte - es en este sentido el género más perjudicado:

'Leemos -dice- las mal traducidas y muchas veces insípidas novelas que, por conducto del Correo de Ultramar, nos envían los traditores españoles. Esas novelas vienen firmadas Dumas, Sue, Jorge Sand, Feval, Emmanuel... y esto nos basta. Sobre iodo si su acción pasa en París en Londres o en Marruecos, y no en Chile'. (15)

En 1859 Demetrio Rodríguez Peña lee en el Circulo de Amigos de las Letras un ensayo de título largo y decidor: 'De la literatura chilena, su nacionalidad considerada en su fuente, y en el carácter social y original que debe revestir para llenar las condiciones de su nacionalidad e influir en el progreso v felicidad del país'. (16)

Además de formar parte de la élite ilustrada, de la filiación liberal que comparten, y de la estrecha relación con Lastarria, a quien consideran su maestro, estos autores van cambiando con sus planteamientos el centro de gravedad de las reflexiones sobre literatura, ya no se trata - como parecía plantear el discurso de 1842- de una literatura para regenerar y emancipar a la sociedad, sino más bien de la emancipación de la propia literatura, la exigencia de una literatura que sea expresión de la sociedad se combina entonces con demandas estéticas, se trata por lo tanto de promover no sólo obras nacionales, sino nacionales y además bien hechas. Esta variación en la perspectiva se observa también en el Propio Lastarria; el publicista, entregado en 1849 a la actividad política, parece ignorar el llamado de Joaquín Blest Gana a la moderación ideológica en literatura, , hasta podría decirse que con sus excesos contribuye a la toma de conciencia del problema. Sin embargo, una vez que regresa del breve exilio limeño, se perciben en su obra y en sus reflexiones (1850-1860), atisbos en que combina la visión sociológica de la literatura con una mayor atención a su especificidad estética. En 1858 escribe Peregrinación de una vinchuca y en 1859 (10 años después del Manuscrito del diablo), organiza en Santiago el Círculo de Amigos de las Letras, con el interés de que se discutan allí problemas artísticos y se aúnen voluntades en pro de la literatura nacional.

'Se trataba -dice en sus Recuerdos literarios- de asociar, sin distinción de antecedentes, de condiciones, ni de colores políticos, y sólo a interés de la literatura nacional, a cuantos se sintieran inspirados por el amor al estudio, para comunicarnos en una amigable tertulia doméstica nuestros trabajos, nuestras ideas, nuestras elucubraciones científicas y literarias... (era necesario) que la asociación de los hombres de letras de distintos principios que se reunión por un interés puramente literario tuviera por base la tolerancia para mantener una libre discusión (y) ...ejercitar prácticamente la independencia de espíritu'. (17)

En junio de 1860, Lastarria y Joaquín Blest Gana emiten un informe sobre la obra de los hermanos Amunátegui titulada Juicio crítico sobre los principales poetas hispanoamericanos, repiten la censura a la poesía extranjerizante del romanticismo hispanoamericano, y alaban, en cambio, a 'La agricultura de la zona tórrida' de Bello, a 'La cautiva' de Echeverría, a ' El campanario' de Sanfuentes y a Facundo de Sarmiento, obras todas que ejemplifican -dicen- el americanismo literario.

El propósito de orientar la literatura en sentido nacional y la idea de que era necesario impulsar -ante, el exceso de poesía romanticoide- el género novelesco llevó en 1860 a la Universidad de Chile a convocar a un concurso de 'novela en prosa, histórica o de costumbres, al arbitrio del autor, pero cuyo asunto fuese precisamente chileno'. (18)

El jurado que premia Aritmética en el amor, novela de Alberto Blest Gana, está integrado por Lastarria y Miguel Luis Amunátegui. En el informe señalan que la novela como género ha sido hasta ahora hermana menor de la historia, a pesar de que constituye el mejor medio para presentar un cuadro mas o menos completo de la sociedad. Descalifican a Judith. la otra novela presentada al concurso, porque el asunto escogido por su autor (una joven de 16 años casada con un hombre vulgar, al que por más que se empeña no puede amar ni respetar) es el mismo que han expuesto otros autores europeos, la fábula -dicen- no es esencialmente chilena. Se percibe ya en 1860 una profundización en las exigencias nacionalistas que se le hace a la literatura. La novela que Lastarria y Amunátegui descalifican está ambientada en Chile, hay en ella descripciones de la fiesta de los difuntos, del movimiento portuario, del paisaje de Peñalolen y de trillas campesinas. Pero no basta con el dato topográfico o la caracterización pintoresca; el paisajismo literario resulta por si solo insuficiente, es necesario que además esté dispuesto en forma artística e integrado orgánicamente a la trama, de otro modo se convierte en un nacionalismo superficial y pegadizo: 'esas descripciones -dice el jurado- están superpuestas a la narración y (son) fáciles de ser cambiadas sin inconvenientes por otras relativas a países distintos del nuestro, no constituyen lo que se llama una novela de costumbres chilenas'. (19)

Lastarria y Amunátegui, al justificar el fallo en favor de la novela de Blest Gana, la destacan por la elaboración del argumento y de la peripecia, por la ágil disposición narrativa en que se alternan escenas y se mantiene vivo el suspenso, y sobre todo porque el asunto narrado es verosímilmente chileno, se trata -dicen- 'de sucesos que pasan entre nosotros...que hemos presenciado o hemos oído'. (20) Aparece todavía la idea de la utilidad política y edificante de la novela, pero mezclada ahora con razones que revelan madurez literaria, con juicios en que convergen las demandas de nacionalismo y realismo con exigencias estéticas relativas a la arquitectura de la obra y al tratamiento del tema.

Tal vez el punto más alto en esta década de maduración literaria lo encarne el propio Alberto Blest Gana, quien al incorporarse a la Facultad de Humanidades en enero de 1861, en su discurso sobre la literatura chilena, incluye casi todas las ideas que hemos venido reseñando, pero integradas con una mejor fundada visión del género novelesco y con una perspectiva más amplia y rica sobre las posibilidades de la literatura nacional. Blest Gana personaliza a la literatura chilena, y dice que en 1861 ésta se encuentra en los comienzos de su vida adulta, en una etapa en que ya puede sentir y guiarse con los ojos de su propio criterio. El camino de esta mayoría de edad le parece ser, como a todos los autores citados, el de la novela. Además de criticar a la poesía chilena por europeizante y sentimental, Blest Gana añade que el género lírico presenta ciertas limitaciones: mientras la poesía -dice- está casi obligada a permanecer en el marco de la autocontemplacíón y a utilizar un lenguaje de iniciados, la novela en cambio habla el lenguaje de todos y tiene un horizonte sin limites. Entre las causas que según Blest Gana han obstaculizado el desarrollo del género, se cuenta la muchedumbre de novelas europeas puestas a muy bajo precio en manos de los lectores. Reconoce, sin embargo, que esta avalancha trae también consigo un estímulo y un desafío.

La idea de que la narrativa comparada con la poesía tiene una ventaja de índole epistemológica, es una idea que ya había insinuado Joaquín Blest Gana en sus artículos de 1848, que recoge Lastarria en su 'Carta sobre Lima' de 1851 y que está, en fin, presente de uno u otro modo en casi todos los textos que hemos señalado. Alberto Blest Gana sigue también este criterio al justificar su predilección por la novela de costumbres frente a la novela histórica y a la novela fantástica. Ve en la novela de costumbres, por una parte, el medio más adecuado para lo que él llama 'la investigación artística de los hechos sociales' (21) y por otra el tipo de obra que ofrece mejores perspectivas para interesar a nuevos lectores y ampliar el mercado literario.

Autores como Balzac influyen sin duda en las preferencias realistas del grupo de literatos liberales (22), en el interés por describir la vida cotidiana, en la renuncia al culto del Yo y a lo inverosímil; sin embargo, estas inclinaciones obedecen sobre todo a una convicción que no se encuentra en los escritores europeos: aquella de que el realismo y la preeminencia de lo contemplado por sobre el contemplador son las vías más seguras para consolidar una literatura nacional que sea independiente de la del viejo mundo. Más que a una voluntad estética, el -realismo responde, entonces, al propósito (liberal) de contar con una literatura propia y a la necesidad de distanciarse de la Francia de la Restauración.

El conjunto de preocupaciones y posturas críticas mencionadas, tienen en la década del 50 una notable continuidad; la élite ilustrada que las promueve es la misma que reinstala la Revista de Santiago en 1855, que funda en 1858 la Revista del Pacifico, que se congrega en el Círculo de Amigos de las Letras, y en el periódico La semana de 1860. Miembros del mismo grupo son los que integran los jurados y los que ganan los premios en los certámenes literarios de la Universidad y en los tres concursos convocados por el Círculo de Amigos de las Letras.

Entre 1850 y 1860, a juzgar por los discursos de incorporación a la Universidad de Chile, la literatura pasa a tener la misma importancia que había tenido la historia en la década anterior. Al esfuerzo de aquel decenio por promover una historia de Chile corresponde el de éste por orientar y darle solidez a una tradición literaria. Las ideas de Lastarria sobre literatura no son ni con mucho las más significativas del decenio, su voz es sólo una en medio del coro. Pero en la medida que el liberalismo significó un impulso hacia lo propio, hacia el autogobierno en el plano político-ideológico (pero no en el económico) del individuo, de la nación y de la cultura, y en la medida en que Lastarria fue para los jóvenes maestro indiscutido de esas ideas, su papel fue no sólo el de una voz, sino el del director que guía y marca las pautas del coro.

Las concepciones de la élite ilustrada que hemos señalado perfilan una tradición crítica de índole sociológica y una visión con fines programáticos de la literatura chilena, pero hacia fines de la década empiezan también a plasmarse en obras concretas: Alberto Blest Gana publica en 1860 y 1862 La aritmética en el amor y Martín Rivas, y Lastarria en 1860, Don Guillermo, considerada (erróneamente, a nuestro juicio) la más importante de sus novelas. A Blest Gana se le ha llamado el Galdós chileno, por el modo en que a partir de él se expandió la novela; habría que añadir, empero, que esta expansión se debió también al nacionalismo literario, a un conjunto de ideas que fue promoviendo una clientela propicia para el reconocimiento de Blest Gana y para el interés creciente por el género.

En la década del gobierno de Montt, el intento de los literatos' liberales por orientar la literatura significa una ampliación de la conciencia estética -siempre, claro, en el marco de una concepción utilitaria- y una redefinición de los cañones genéricos y de las preferencias literarias; significa también el darse cuenta que así 'como no puede haber buen sistema parlamentario sin oposición tampoco puede haber buena literatura sin la intervención de la critica'. (23)

Importa, por último, señalar que el nacionalismo a que nos hemos referido fue un nacionalismo literalmente literario. La concepción liberal (ideología, a fin de cuentas de un sector social) tendía a disociar lo político-cultural de lo económico, ignorando los nexos entre ambas esferas. Al mismo tiempo que Lastarria y sus discípulos batallaban por emancipar la cultura chilena, mostraban -amparados en el laissez faire y en el librecambismo- una actitud pasiva y más bien favorable a la entrega del cabotaje, del comercio y de los recursos básicos del país a manos y capitales extranjeros, fundamentalmente ingleses. (24)

El liberalismo, entonces, vino, por un lado, a estimular el afán de independencia cultural, y por otro, se convirtió en un puente para la dependencia económica (y social) del país. Tal vez sea esta contradicción la que, en última instancia, explique el desfase que media entre los tan valiosos (y aun vigentes) propósitos liberales y los logros concretos que en tal sentido se alcanzaron; y explique también el hecho que una obra como La historia de Sebastián Cangalla (1856) (25), que fue el primer intento por darle un tratamiento literario a los problemas de los trabajadores chilenos, haya quedado completamente marginada del canon (liberal) de las letras nacionales.


APÉNDICE

HISTORIA DE SEBASTIÁN CANGALLA
Por Pedro Díaz Gana

Primeramente campesino, después fraile, en seguida lírico i poeta i últimamente apir en las sierras de Copiapó. Escrito en prosa i verso de su puño i letra desde que acabó de mamar hasta estos picaros tiempos. En el año bisiesto del señor.-1856. (1)

PRIMERA ÉPOCA, EL CAMPO
Dedicatoria al pueblo de Copiapó

Imbécil i estúpido pueblo (2): yo te saludo con el debido respeto i te dedico la historia de mi vida, sin tratarle de respetable ni ilustrado: porque me he propuesto narrar la pura verdad en el hilo de mi historia, i no quiero mofarme de tí, como lo hacen frecuentemente algunos llamándote ilustrado i respetable, que, al hacerlo yo, sería echarme a mí mismo la pajuela, tirarme un escupo a la cara o engañarme miserablemente: porque soi una parte tuya, i aunque historiador, i que he desempeñado destino de la mas alta categoría, como lo verás mas adelante tengo la honra de calificarme de imbécil, porque así es la pura verdad i así me parió mi madre. Hermano pueblo: eres por acaso ilustrado? No: porque mal i por mal cabo sólo una parte tuya sabe leer i escribir, incluyendo en el resto ricos mineros, glotones hacendados, comerciantes envejecidos i muchos que visten de levita i calzan guantes de cabritilla.

Hermano pueblo: eres por ventura respetable? No: porque hasta los pacos te gobiernan a palos.

Eres imbécil? Sí: porque te hacen creer i comulgar las mayores mentiras i juegan diariamente contigo a la pelota. La primera comunión es hacerte creer que todos somos iguales ante la lei. Solemne mentira, porque nosotros no somos ¡guales, ni ante Heredes, ni ante Pilatos, ni ante los hombres, ni ante la justicia que ellos ejercen. Nosotros siempre somos los perros, ellos los amos: nosotros sólo comemos los huesos, i ellos las perdices que nosotros cazamos.

La segunda comunión es hacerte consentir, bribones! que la soberanía de la nación reside en nosotros que componemos el pueblo. Mentira todavía mas solemne que la primera; porque en nosotros sólo dejan residir el desprecio, el embrutecimiento, la miseria, la infamia, i desde tiempo inmemorial la soberanía de la nación ha residido i reside en la boca de los cañones, i en las puntas de las bayonetas que sostienen i engordan la insaciable panza de la oligarquía. I sin embargo, hasta hoi dia quedan algunos bienaventurados, que se pasean por las calles inflados como pavos reales, creyendo que llevan encima un trozo o una tira de la soberanía nacional; bobos! i a ia noche duermen en un calabozo de la policía por falta de papeleta, i para salir tienen que pagar cuatro pesos de multa por no haber andado de frac o de levita.

¡Igualdad ante la lei! ¡Soberanía de la nación en el pueblo! A la verdad que, aunque yo he pertenecido siempre a la congregación de los Bobadillas, a fuerza de golpes me he ido poco a poco desasnando i maldito lo que creo en esas paparruchas que me atoran de tal modo que no me dejan seguir adelante. Basta, pues, de rodeos, insoberano pueblo: recibe la historia de mi vida que te dedico como hermano que somos, suplicándote que no te fastidies de ella, i la aguantes hasta el fin, asi como aguantamos a una mala mujer, o a un gobierno indolente i jesuita; i te prometo que has de encontrar en ella algunos ejemplos saludables i algunas verdades positivas.

Sebastián Cangalla
Copiapó, 1856

1. De El Huasquino, de Vallenar, de 1856. Imprenta calle del Laberinto, casa de doña Santos A de Zavala.
2. El autor se dirige al bajo pueblo


Notas ed. dig.: se ha omitido el uso de cursivas para facilitar la lectura.

Notas:

1. J. V. Lastarria, Recuerdos Literarios, p 263.

2. J. V. Lastarria, Recuerdos Literarios, p 104

3. Joaquín Blest Gana, 'Walter Scott', Revista de Santiago, T I, abril 1848, p .154.

4. Joaquín Blest Gana, Tendencia del romance contemporáneo y estado de esta composición en Chile'. Revista de Santiago, T. I, julio 1848, p. 246.

5. Joaquín Blest Gana, ' Tendencia del romance...', op. cit., p. 248.

6. Joaquín Blest Gana, 'Tendencia del romance...', op. cit., 250.

7. Joaquín Blest Gana, 'Causas de la poca originalidad de la literatura chilena', Revista de Santiago, T.II, 1948, p. 59. Citas siguientes en el texto.

8. Justo y Domingo Arteaga Alemparte, Los constituyentes de 1870, (Barcelona), Santiago, 1910, p. 166

9. Nació en 1832. el menor de lo que Arteaga Alemparte llama 'trípode de oro sobre el cual descansa la intelectualidad chilena de la última mitad del siglo XIX'. Guillermo Blest Gana, el poeta, nació en 1829, y Alberto, el novelista, en 1830. Joaquín se dedica después a la política y a la diplomacia, dejando de lado sus intereses literarios. Véase justo y Domingo Arteaga Alemparte, Los constituyentes de 1870, op. cit., p. 226; Milton Rossel, 'J. Blest Gana. Un crítico de nuestro amanecer literario' Atenea, 203, mayo, Concepción, 1942, 202 - 213.

10. M. L. Amunátegui. ¿Seré posible una literatura americana? ', Anales Universidad de Chile, Santiago, 1852, 461 - 462.

11. M. L. Amunátegui op. cit. p. 462.

12. Francisco Bilbao, 'Un ángel y un demonio', en José Promis, Testimonios y documentos de la literatura chilena. Nascimiento, Santiago, 1977, p. 103.

13. Francisco Bilbao, 'Un ángel y un demonio', op. cit., p.105.

14. Justo Arteaga Alemparte, 'Tendencia literario', El correo literario, 22, diciembre, Santiago, 1858, 256 - 257.

15. Luis Ignacio Silva, La novela en Chile, (Barcelona), Santiago, 1910, 37 . 38.

16. Demetrio Rodríguez Peña, 'De la literatura chilena...', La semana, T. I Santiago, 1859, p. 395 y T. II, Santiago 1860, 10-13; 19 .22; 33-36.

17. J. V. Lastarria. Recuerdos literarios, op. cit., p. 299

18. 'Literatura chilena. Novela de don Alberto Blest Gana titulada Aritmética en el amor', Anales U. de Chile, T. XVII, Santiago, 1860, p. 999.

19. 'Literatura chilena. Novela de don Alberto Blest Gana...'. op. cit., p. 1002.

20. 'Literatura chilena. Novela de don Alberto Blest Gana...', op. cit., p. 1006.

21. Alberto Blest Gana, 'Literatura chilena. Algunas consideraciones sobre ella. Discurso leído en la sesión del 3 de enero de 1861', Anales U. de Chile, V. 18, Santiago, 1861, p. 92.

22. En 1864 A. Blest Gana escribe una carta a Vicuña Mackenna; 'Tienes razón -le dice- desde un día en que, leyendo a Balzac, hice un auto de fe en mi chimenea, condenando a las llamas las impresiones rimadas de mi adolescencia, juré ser novelista y abandonar el campo literario si las fuerzas no me alcanzaban para hacer algo que no fuesen triviales y pasajeras composiciones', citado por Maurice Fraysse, 'Alberto Blest Gana et Balzac', Cahiers du monde hispanique et Luso Bresilien, 20, Tolouse, 1973, p. 117. En 1861 Montegut escribe: 'lo que domina (en Francia) es la literatura de imaginación, como en la crítica moderna, como en ciencia e historia, es el amor a los hechos, a la realidad, a la experiencia', citado por Bédier et Hazard, Histoire de la litterature francaise illustree. II, París, 1923, p. 268.

23. Alberto Blest Gana, 'Literatura chilena., p. 93.

24. Michael Monteón 'The Bristish in the Atacama Desert: the Cultural Bases of Economic Imperialism', Journal of Economic History, 35, New York. 1975, 117-133.

25. Combinación de prosa y verso, de novela picaresca y de fábula, cuyo autor fue el poeta-minero Pedro Díaz Gana. Originalmente apareció en El Huasquino, de Vallenar (1856). Reeditada en 1900 por Pedro Pablo Figueroa.


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