Poemas

POEMAS

Sergio Muñoz Riveros

Sergio Muñoz Riveros es un poeta y profesor de literatura. Vivió largos años de exilio en Holanda. Está ahora en Santiago, donde dirige la revista del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz. Los poemas que publicamos pertenecen al libro Mar de fondo, que debe aparecer durante el presente año.

Araucaria de Chile. N 34, 1986.

Ida y vuelta

Vuelvo sobre mis pasos
en la ciudad que me prestaron.
Caminata desde la Universidad
cruzando el puente sobre el Amstel,
para seguir hacia la Plaza Reembrandt
y luego la feria de las flores,
una pasada por las librerías,
errabundo por
estrechas calles de adoquín
casi siempre húmedas,
desemboco en el bulevar que
hormiguea de compradores
y continúo hasta
la Central Station y
los tranvías.

Yo no tenía intención de
encariñarme con lo ajeno;
Aquello debía ser
circunstancia pasajera,
exilio solamente.
Pero la nostalgia no hace caso.
Va y viene
como una sombra pegada a los talones.

Esquizoide

Me vigilo de cerca
sin perderme pisada.
Me pido cuentas.
Me apruebo/desapruebo.
Me miro en el arroyo.
Me doblo y desdoblo. Hago
juego diversionista.
Me simpatizo en algunas ocasiones.
Me agarro ojeriza frecuentemente.
Me soy indiferente más de
una vez por semana.
Me tomo en serio. Me
doy risa.
Me engaño a sabiendas.
Me doy explicaciones que no creo.
A mí no me vienes/vengo con
esos cuentos.
Me ataco por el lado flaco que
conozco bien.
Me saco de quicio.
Me condeno sin apelación.
Me perdono con indulgencia.
Yo soy tú soy yo.
Me recrimino ciertas conductas.
Me tiendo una mano en
situación desesperada.
Y sin más alternativa,
me quedo conmigo.

Sombras

A veces,
en la esquina menos pensada,
creo reconocer
al torturador que
aquella noche,
sin trascender a su faena,
cumpliendo solamente
los deberes cotidianos,
fue capaz de arrastrarme
hasta el borde
de la metafísica.

El lado de acá

El sol me da de lleno en el rostro
mientras paseo cerca de
los faldeos de la cordillera.
Parecen dilatarse mis sentidos.
Hay un aroma de malvas en la calle.
Suena la campana de una escuela,
voces de niños.
Desde el verdor intenso de su jardín
una linda muchacha me sonríe.

Entonces,
despierto entumecido,
con los pies amarrados al camastro,
teniendo que mirar sin querer mirar
la sucia cara de la realidad.
Un nuevo amanecer en la celda de Villa Grimaldi.
Es invierno.
Estoy solo.
Un temblor profundo me llega
hasta los huesos.

El mundo se ha vuelto al revés.
La vida estaba al otro lado.
Despertar es la pesadilla.

Tres Alamos

Lo difícil era
sobrellevar los atardeceres como
hombres solos.
caminábamos lentamente
los pocos metros del patio
conversando en voz baja,
hasta llegar al muro y
nos devolvíamos, una
y otra vez, sombríos.
Desde la caseta alta,
un carabinero nos vigilaba inútilmente.
De todos modos,
nos empeñábamos en sobrevivir.
Ya entrada la noche,
recordábamos a nuestras mujeres
y cantábamos tangos.

Aprendizaje

En los peores momentos,
cantábamos el Himno a la Alegría,

Derecho de propiedad

Existe constancia documental de que
importantes señores
han tratado de
inscribir el país a su nombre
en el Conservador de Bienes Raíces.

Gente distinguida

Dueños de sí mismos.

Dueños de los medios
para ser dueños de si mismos.

Dueños de la parte ancha del embudo.

Dueños de las páginas de
"Vida Social" de El Mercurio.

Dueños de los nueve décimos.

Dueños de la parte del león.

Dueños de Chile.

Y sin embargo,
ciertas noches despiertan asustados
después de soñar que han perdido
sus bienes muebles e inmuebles.
títulos bursátiles,
cuentas bancarias,
especies valoradas,
etc.,
y tienen que caminar por las calles
confundidos entre la multitud.
opacos,
insoportablemente iguales a los demás.

Estado de Sitio

Los pasajeros del Metro
miran con desconfianza hacia
los lados,
temerosos del puñal que
puede esconderse bajo cualquier poncho,
hablan bajito,
ponen cara de apolíticos.

Francamente

Si,
un sentimental es lo que soy,
y allí está la clave de
las razones que sigo considerando
valederas, los
motivos de fondo, algo
de filosofía,
allí están las
explicaciones aceptables, los
únicos argumentos que me convencen,
el impulso de todos los días,
allí radica mi debilidad,
pero también
mi fuerza.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03