Conversación con Valeria Sarmiento

UNA CINEASTA QUE NO QUIERE SER TRANSPARENTE
Conversación con Valeria Sarmiento

Jacqueline Mouesca

Araucaria de Chile. Nº 31. Madrid 1985.

Jacqueline Mouesca es documentalista en audiovisual y diplomada en cine por la Universidad de París-I y X (Sorbonne y Nanterre). Vive en Madrid.

Ella no es la única chilena que hace cine en el exilio, pero es, seguramente, la que muestra una labor más continua y coherente. Vive en Francia, pero sus películas las ha hecho con capitales y en paisajes muy diferentes: el suburbio parisino. Bélgica. Alemania Federal, Costa Rica, Portugal. En sus films hay un tema dominante, casi obsesivo: el de la condición de la mujer. El último. Mi boda contigo (Premio Donostiarra a los Nuevos Realizadores, Festival de San Sebastián, 1984) es un cáustico peregrinaje al universo de la novela rosa y de uno de sus santones indiscutidos: Corín Tellado.

No le falta razón a Valeria Sarmiento para mostrarse susceptible y celosa cuando se trata de la identidad femenina. Casada con Raúl Ruiz, de trayectoria bien conocida como cineasta, ocurre que muchos prefieren soslayar el conocimiento de lo que es ella y de lo que es su obra, limitándose a una fácil clasificación: "la mujer de... " Etc. Otros van más lejos. Como ese crítico de cine parisino que quiso, tal vez, únicamente hacer un chiste maligno y consiguió plenamente poner de manifiesto su misoginia (tan francesa) cuando afirmó que Mi boda contigo "es la mejor película de Raúl Ruiz".

Esta conversación es sólo una versión fragmentaria de una larga charla sostenida recientemente en París con la cineasta, en el mismo departamento (Nº 5, bulevar de Belleville, en el populoso, pero sobre todo popular París-XVIII), que ellos se han obstinado en no querer abandonar en once años, a pesar del trabajo ahora sostenido y estable, a pesar de la notoriedad y el éxito.

-Alguien autorizado dice que en toda la historia del cine -menos de un siglo- hay, al lado de varios miles de realizadores varones, apenas un centenar de mujeres cineastas. ¿Tú, que estás entre ellas, qué opinas de esta situación tan desigual? A lo mejor nuestra conversación podría partir de esto.

-Voy a hablar de mi historia personal. En Chile era dificilísimo hacer cine, y el que yo pude hacer fue posible sólo gracias a las latas de película virgen con que Raúl me pagaba el trabajo que yo hacía para él, y al dinero que fui juntando con los montajes hechos para otros cineastas. Claro, es comprensible, quizás, porque en Chile el problema económico era muy grande -en Chile y en los otros países latinoamericanos- y el poco dinero disponible se daba de preferencia al realizador, varón en todos los casos. Después estuve algún tiempo en Alemania, y luego me instalé en Francia, país este lo suficientemente rico como para que a uno le digan ¡pruebe! con lo cual le dan la posibilidad de hacer cine. Pero hay que ser tozudo, obsesivo para lograrlo, para desarrollar el cine que uno quiere hacer.

-Aquel mismo historiador sostiene que cuando un hombre hace cine se piensa que es un hecho normal, pero que si es una mujer es "el triunfo de la voluntad", y que si llegó a eso es porque se trata de una mujer muy excepcional.

-Bueno, el cine es un trabajo de equipo y generalmente se estima que las mujeres no pueden trabajar con un equipo muy grande de gente...

- No pueden dirigirlo...

- Sí, no pueden dirigirlo, eso se piensa.

- Las mujeres que trabajan en el cine (dejando de lado, claro está, la actuación) se ocupan, por lo general, de labores consideradas menores, como script, auxiliar de producción, montaje, etc. Tú has hecho montaje, y alguna vez creo que dijiste que eso era muy importante en tu formación.

-Yo estudié en la Escuela de cine de la Universidad de Chile de Valparaíso. El primer año eran estudios teóricos; en el segundo empezó la formación práctica. Había que formarse principalmente en el trabajo y yo no podía empezar inmediatamente a dirigir. Me puse a hacer montaje, con Raúl, desde luego, y con Carlos Piaggio. Más tarde, ya fuera de Chile, he seguido haciendo montaje, tanto para Raúl como para otros realizadores. La verdad es que yo no quiero abandonarlo; no puedo dirigir una película tras otra, a mí me gusta ir combinando las cosas, alternándolas, así me doy tiempo para reflexionar, para preparar la realización de la película siguiente. El montaje es otra forma de acercarse al cine, y a mí me permite relajarme, es como un instrumento de espera. Si tuviera que aguardar la realización de una película quedándome con los brazos cruzados me desesperaría, porque no me gusta alejarme del cine.

-Entiendo que en Chile tu trabajo principal fue el montaje...

-Sí, aunque también trabajé como realizadora en un documental sobre las mujeres que hacen strip-tease. Como montajista trabajé con Raúl en Palomita blanca, en películas de propaganda del Partido Socialista y en spots de televisión sobre las diversas campañas de la época. Hice montaje pero también un poco de todo. En cuanto al film sobre las "estriptiseras", que se llamaba Un sueño como de colores, debo decir que no fue muy alabado, porque no se entendió mucho que yo hiciera una película sobre las bailarinas del Bim-Bam-Bum cuando había tantas cosas importantes que hacer y cuando todos los cineastas estaban volcados haciendo films sobre el proceso político. Lo cierto es que yo tenia un móvil claro: hacer algo sobre la condición de la mujer...

-¿Y dónde está ahora ese film? ¿Se proyectó alguna vez?

-Está en Chile, no lo he podido sacar. Tampoco pude proyectarlo nunca, públicamente, quiero decir, porque lo terminé poco antes del golpe. Sólo pude mostrárselo a gente del oficio.

-En el extranjero también has seguido haciendo montaje.

-Sí. Cuando salí de Chile, llegué primero a Alemania, a Berlín occidental. Allí me contrataron en una escuela de cine para ayudar a un grupo que estaba haciendo una película sobre Chile. Les enseñé a utilizar los equipos, a elaborar el guión y, por supuesto, a hacer el montaje. Después me vine a Francia, a París, y me puse a trabajar en montaje. Al principio sólo con Raúl, pero cuando ya tuvieron confianza en mi, también trabajé con otros realizadores.

-¿Cuál fue tu primer film como realizadora, fuera de Chile?

-"La femme au foyer"...

-O sea. La dueña de casa.

-Si. Fue una película que hice con Carla Cristi en torno a un tema que me obsesionaba. Yo no quería olvidarme del período de "las cacerolas", de ese fenómeno de la mujer burguesa instalada en el interior de su casa y sosteniendo un diálogo: ella reclamaba por las cosas que pasaban sin entender realmente lo que ocurría en el mundo exterior. El film duraba veintitrés minutos y para hacerlo tuve que reconstituir un departamento típico de Providencia.

-¿Quién produjo el film?

-Una institución que da dinero a los cineastas que comienzan:

Groupe de Recherche et Essais Cinématographiques. Me dieron diez mil francos; es decir, que tuve que hacer la película prácticamente a pulso. Todo eso fue en 1976. La película fue premiada en Belfort y me sirvió para demostrar que yo era capaz de hacer cine fuera de Chile.

-¿Y después qué vino?

-Un documental sobre la emigración financiado por el Centre Bruxellois de l'Audiovisuel. Costó quince mil francos y lo realicé con Leo de la Barra y Claudio Martínez. Está hecho en forma abstracta aunque realizado en la "banlieue" parisina. No filmé nunca en plano general, los emigrados y los exiliados no muestran nunca la cara: filmé sólo sus cuerpos sin cabeza, mientras comían o trabajaban como bestias. Prácticamente no tiene diálogos, no tiene textos. Para mi era importante mostrar que todos los cuerpos sufren lo mismo en las mismas condiciones de vida. Era un film bastante angustiante. A los belgas no les gustó para nada. No entendieron que pudiera hacerse cine de vanguardia con un tema político-social. No entendieron que yo filmara a la gente sin cabeza. Creyeron que si yo lo hacía así era porque no sabia filmar, que eso no era "vanguardia". Para mí, sin embargo, es la película más válida que he hecho, la más linda, pero lógicamente, ya no he podido seguir haciendo ese tipo de cine, porque nadie aceptaría producir otro film como ése.

-¿Nunca lo pudiste mostrar?

-Nunca. Los del Centre Bruxellois estaban francamente furiosos conmigo. Ellos hubieran querido una película más formal. Como la que hice después para las Naciones Unidas sobre los niños de los exiliados.

-¿Los exiliados chilenos?

-Si, unos grupos familiares que vivían en una "banlieue" del sur de París. Ocupaban unos departamentos H.L.M. (1) en edificios desmesurados, con unos parques en que se veía a unos hipopótamos gigantes. Aunque en sus departamentos tenían comodidades modernas: refrigerador, lavadora, los niños echaban de menos la vida en Chile al aire libre, los columpios, los amigos. Había uno que venia de Valparaíso, donde vivía en una "mediagua", pero que decía: "Yo quiero volver a Chile a la misma casa que tenía".

-Recuerdo bien esa película, porque me tocó llevarla al Festival de Tashkent. Gente de todas partes, gente de ninguna parte. Tenía una música de Hindemith, digamos, muy claustrofóbica.

-Esa película data de 1980 y después estuve casi dos años sin poder realizar otra. Me dediqué a hacer montaje, y mientras tanto bombardeaba a la Televisión alemana con un proyecto tras otro, que eran sistemáticamente rechazados. Hasta que se me ocurrió un proyecto sobre el machismo latinoamericano. Se lo propuse a los alemanes tres veces y a la tercera lo aceptaron.

-¿Te dieron mucho dinero?

-Doscientos mil francos. Tuve que trabajar con un presupuesto muy ajustado, pero me alcanzó. Yo hice la realización. Leo de la Barra la cámara; Joaquín Pinto, un portugués, el sonido, y el montaje lo trabajamos con Claudio Martínez.

-El hombre cuando es hombre. ¿Y por qué elegiste Costa Rica para filmarla?

-Porque era el único país latinoamericano que me daba visa. En esos años era muy difícil, prácticamente imposible, conseguir autorización de entrada viniendo de Europa. Todo el mundo me preguntaba: "¿A qué país vas a ir?" y cuando yo les contaba que a Costa Rica, me decían: "Pero si ese es un país de maricones, no de machistas".

-¿Tú habías pensado en algún país en particular?

-No, porque la verdad es que cualquier país latinoamericano habría sido igual. Fue Costa Rica sólo porque me dieron visa, y una vez acordada ésta, pensé que estaba bien, en fin, porque allá vivía Marcelo Gaete, a quien conocía, y supuse que podía ayudarme.

-¿ Y cómo se desarrolló la filmación?

-Yo tenia la sospecha de que si confesaba de antemano que iba a hacer una película sobre el machismo, me iba a enfrentar a algunas dificultades. De modo que dije que se trataba de mostrarle a los europeos el "romanticismo latinoamericano", y a mis entrevistados les insistíamos en que debían aparecer "románticos", a diferencia de los europeos, y ellos se sentían de verdad románticos, hablaban como tales, y se ponían "gallitos". Y cuando quisimos saber si habría algún caso de "amor loco", de algún hombre que mata a su mujer por amor, nos dijeron que si, que había alguien así, y nos llevaron a la cárcel, donde entrevistamos a un hombre que efectivamente había asesinado por amor a su mujer.

»Por otra parte, yo tuve que aparecer como productora, por un problema de credibilidad no podía presentarme como la realizadora. Me facilitaron las cosas los prejuicios latinoamericanos, porque allá se piensa que el realizador es el que manipula la cámara, y yo dejé que lo creyeran así, de manera que yo le daba previamente todas las instrucciones al camarógrafo y era él el que llevaba en seguida las conversaciones.

"Tendrás que saber, también, que después hubo líos, cuando la película se proyectó en la televisión francesa. Le Monde publicó una carta de la Embajada de Costa Rica en que se protestaba por la exhibición de una película que, decían, desprestigiaba al país. Llevaron la protesta incluso hasta el propio Quai d'0rsay. Por supuesto, yo no puedo, por el momento, ir más a Costa Rica.

-Este problema del machismo parece que es una preocupación tuya bastante persistente.

-Lo que pasa es que yo siento que en Latinoamérica la mujer tiene pocas posibilidades de desarrollarse. Algunos sostienen, por ejemplo, que en Chile no hay machismo y eso no es cierto. Lo constato cuando llegan los chilenos a Francia, la mayoría de ellos profesionales. Para ellos yo, simplemente, no existo, soy un ser transparente, son incapaces de conversar conmigo, como que les molesto. En Chile, las realizadoras teníamos muchos problemas para que nos financiaran nuestros proyectos; bastaba que se supiera que detrás de un proyecto estaba una mujer para que no se le otorgara un presupuesto. Aquí mismo en Francia hay también machismo. En el Instituto Nacional del Audiovisual, por ejemplo, rechazan mis proyectos, pretextando que soy la mujer de Raúl Ruiz, porque, según dicen, ellos no aceptan "financiar proyectos familiares", lo que es absurdo, porque se trata de mis proyectos, elaborados y presentados en forma totalmente separada. Cuando yo comentaba esto con la gente de la televisión alemana, ellos me decían que allá la situación no es demasiado diferente, y que si me aceptaron fue sólo porque fue tal mi insistencia que ellos llegaron a la conclusión de que efectivamente yo quería "hacer algo".

»En mi última película tuve también problemas. Trabajé con un equipo portugués, y fue necesario que yo demostrara a los técnicos que yo sabía el oficio, que era capaz de colocar la cámara. Todos tenían los ojos fijos en mi y tuve que mostrarme muy segura de mí misma, no tenía derecho a aparecer en ningún momento con la menor inseguridad.

-Tú sabes que a El hombre cuando es hombre se le han hecho muchos reproches. Produjo polémicas, y algunos dijeron que no era afortunado mostrar a la mujer en Centroamérica enfrentada a problemas que carecen de verdadera importancia en momentos en que allí pasan cosas tan terribles.

-Yo no puedo hacer una película sobre el mundo, yo hice simplemente una película sobre un tema preciso, el machismo, que a mí me parece muy importante, porque el machismo impide que la mujer participe políticamente, pone obstáculos insalvables para que la mujer se integre de verdad a un proceso político. Yo misma lo viví como experiencia cuando milité: la mujer no tiene acceso verdadero al mundo y por eso no milita. No se puede decir: hagamos la revolución y así solucionaremos el problema del machismo. Se trata de hacer exactamente al revés: ¡solucionemos el problema del machismo y las mujeres participaremos en la revolución! No puedo aceptar eso de que las cosas se posterguen y de que las mujeres se queden, mientras tanto, tranquilas esperando en su casa la solución del problema.

-Pero la revolución libera a las mujeres...

-Eso no es verdad, y la prueba está en que los problemas del machismo no están resueltos en los países que han hecho la revolución. En Argelia, por ejemplo, después que la revolución triunfó, a las mujeres, que habían participado activamente en ella, se las mandó tranquilamente de vuelta a sus casas.

-¿Tú te sientes feminista?

-Uno no puede no serlo, es la única manera de desarrollarse. Cuando la mujer quiere tener un rol activo en la sociedad tiene que ser feminista...

-¿Y no crees que estás sencillamente cayendo en una moda?

-No, el feminismo era una moda. La verdad es que más bien está pasado de moda.

-Volviendo a El hombre cuando es hombre: está realizado como una comedia, es un film liviano, uno no puede dejar de reírse mucho.

-Yo creo que la mejor manera de hacer cine político es ironizar sobre el tema. Yo no podía hablar de la mujer sólo para compadecerla y decir ¡pobrecita la mujer, tan abandonada que está, tan explotada en el trabajo!, etc. Habría sido algo completamente negativo, tristón; en cambio, con la ironía, con el humor, hay más posibilidades de hacer reaccionar a los espectadores. Es mi opinión.

-Perdona la pregunta, si es que la juzgas impertinente, pero ¿qué ha significado para ti, realizadora cinematográfica, estar casada con Raúl Ruiz, realizador cinematográfico, y por añadidura no poco importante? ¿Esto te ha ayudado o te ha perjudicado?

-Me ha ayudado, pero también me ha perjudicado. Me ha ayudado, porque he trabajado en el montaje de películas suyas que considero importantes, y eso me ha permitido formarme, es parte de mi desarrollo. Pero es perjudicial la asociación sistemática que se hace entre los dos por el hecho de estar casados. Esto me ha significado -ya lo he dicho- que proyectos míos hayan sido rechazados; ahora mismo hay un problema con la salida de mi última película, que ocurrirá con sólo quince días de diferencia en relación con el último film de Raúl. Ya hay periodistas que han anunciado su propósito de escribir un articulo en que se analicen conjuntamente las dos películas. Y, claro, eso no puede ser conveniente para mí.

-Pero desde el punto de vista estricto del oficio, el trabajar al lado de él tiene que haberle significado una posibilidad de maduración más rápida...

-Si, me he formado como con cualquier otro cineasta que te forma.

-¿El es machista contigo?

-Es una pregunta harto personal.

-Hablo de la relación entre ustedes como cineastas...

-Sí y no. Por un lado, a él le gustaría que yo me dedicara más a sus películas, pero por otro lado él se siente orgulloso de que yo haga cine, y de que mi cine sea diferente del suyo.

-¿Y no crees que en tu trabajo hay influencia de sus películas?

-Yo creo que no, porque a mi me interesa, por una parte, el melodrama, y volcarme, además, en el mundo latinoamericano; retomar mis raíces latinoamericanas y desarrollarlas.

"Claro, puntos de contacto es inevitable que existan, elementos de enlace. Quizás recuerdes, por ejemplo, la prostituta medio infantil, la que mascaba chicle, que aparecía en Las tres coronas del marinero. Allí se la ve mientras sostiene en una mano una novela de Corín Tellado. Bueno, la actriz se llama Nadéche Clair, la misma que yo contraté para que protagonizara mi película Mi boda contigo, que está basada, como sabes, en una novela de Corín Tellado.

-O sea, que la idea te surgió, de algún modo, entonces. Bueno, esto nos lleva a hablar ya derechamente de este film tuyo. que, aunque está basado en una novela de la folletinista española, es en verdad una sátira de sus melodramas. Porque en la película se siente que se ha lomado una distancia con el género: en el melodrama el lector (o el espectador). sufre, llora, y aquí uno se ríe.

-Sí, hay un artículo en que se ha aludido a esa característica de la película. Se dice algo que equivale a esa expresión francesa de tener "el culo sobre dos sillas". En realidad se trata de algo deliberado que tiene que ver con mis sensaciones de lectora a los quince años, en que me dejaba llevar por la emoción cuando leía una novela, pero después me reía, diciéndome que llorar era completamente ridículo.

-En el film está toda la perversión de las novelas de Corín Tellado.

-Eso es en efecto Corín Tellado, en principio. En sus novelas el erotismo es siempre una trasgresión constantemente oculta. En esta novela, por ejemplo, el problema es el del incesto; aparentemente no pasa nada, y todo está en la emoción malsana de saber si la muchacha se va a acostar con su padre, de si él es efectivamente o no su padre, Es una trasgresión siempre latente. En otras novelas de la autora, el problema es el incesto entre hermanos. Y así, sucesivamente. Se puede jugar mucho con todo eso.

-A pesar de que la autora es española, la película podría "no ser española".

-No lo es, efectivamente, porque no se sabe en qué país sucede. Puede ser España, Portugal o América Latina. Está hecha así para dar la sensación de novela rosa, y como tal, es por cierto completamente ahistórica. Basta con fijarse en los modelos de los autos, de los vestidos...

-Es cierto, el film se siente de verdad intemporal... Ahora, cuéntame algunos detalles sobre la producción: ¿Dónde filmaste la película? ¿Cuál fue su costo?

-Se filmó en la isla portuguesa de Madeira. El presupuesto era de un millón quinientos mil francés franceses, pero en verdad el costo llegó a los tres millones. Es muy barato, y eso gracias a todo lo que obtuvimos, como por ejemplo, las casas en que se desarrolla la acción, que nos fueron prestadas por sus propietarios, burgueses de Madeira.

-¿Y ese cementerio tan lleno de fantasía es una reconstrucción hecha en estudio?

-No, no, es el cementerio de la isla. Es cierto, es bastante fantástico...

-¿Cómo ves las perspectivas de la distribución del film?

-Mientras no salga en Francia, los demás países no la proyectaran. Me han escrito de Estados Unidos, incluso hay interés en Chile.

-O sea, que París sigue siendo un centro de decisión cultural del que no se puede prescindir. Y eso que yo diría que los franceses probablemente no van a entender la película.

-A los que la han visto les ha gustado, aunque la toman como un melodrama exótico. Pero no se trata de eso. Aunque en Francia no haya un peso de ingreso, es decir, que nadie la vea o que la vea sólo un grupo minúsculo, el sólo hecho de que se proyecte en París es suficiente para abrirle las puertas de la distribución en otros países. Esto es como una torre de control necesaria para que uno aterrice...

-Vuelvo un poco atrás para retomar una frase que dijiste: la de tus raíces latinoamericanas y tu deseo de desarrollarlas. ¿No podrías extenderte un poco más sobre esto?

-Es algo muy importante para mí. El hecho de que haya hecho un film basado en una novela de Corín Tellado y de que lo haya filmado en francés tiene una significación precisa: mezclo todo lo que representa mi mundo. Las mujeres latinoamericanas nos criábamos leyendo a Corín Tellado, es decir, que estoy trabajando con un pasado emocional que me es propio. Como ocurre, también, en mi próxima película, que será una película musical latinoamericana. Voy a crear una Latinoamérica imaginaria, en la cual tomo la música de Ernesto Lecuona, que es un poco la música que Hollywood sentía como quintaesencia de lo latinoamericano. Para ellos, así como para los europeos, Lecuona fue en alguna época lo latinoamericano. Piénsese en "Siboney", por ejemplo. Con dos o tres canciones de Lecuona quiero hacer un melodrama en torno a los amores de una mujer con un muchacho, un hombre joven. No es un film realista, es como un sueño en el que persigo mis propias obsesiones, tratando de recrear mi mundo, mi moda. que no tiene nada que ver con la moda que se cultiva en Europa. Yo procuro reconstruir mis recuerdos más antiguos, sin pasar por el documental, porque lo cierto es que no todos tenemos una América Latina precisa; para mi América Latina representa una experiencia lejana.

-¿Cómo viviste tu regreso a Chile, después de casi diez años de exilio?

-Para ser sincera: fue espantoso. No reconocí a Chile. Yo no podía saber antes lo que era la vida cotidiana en Chile bajo la dictadura militar, de modo que estaba espantada cuando leía en El Mercurio por la mañana: "Anoche, en la población La Victoria, todos los hombres fueron sacados...". Era una cuestión de todos los días. La gente habla en dólares, antes eso no existía. En todo tratan de parecerse a los Estados Unidos, hasta en lo de los subempleos: el tipo que te abre la puerta del auto, que te ayuda a estacionarte, todo eso corresponde a una realidad norteamericana, desconocida en Europa.

«Valparaíso, mi ciudad, es irreconocible. Es una ciudad muerta, los obreros portuarios están cesantes. Lo único humano que encontré fue una tanguería en la calle 0'Higgins. Los chilenos son bastante feos (yo como que lo había olvidado), pero hay en ellos mucha gracia y picardía; fue como un "flash" comprobarlo, pero eso fue lo único que encontré en mi puerto.

-¿Te gustaría, en todo caso, filmar en Valparaíso?

-Es muy difícil filmar en Chile, así como, en general, en Latinoamérica, donde viven obsesionados por la censura. Hay que hacerlo con plata de afuera, para tener libertad. En Costa Rica, por ejemplo, no acepté el ofrecimiento de coproducción, y fue una gran suerte porque El hombre cuando es hombre fue prohibida, y yo no habría podido sacarla.

-¿Pero te seduce la idea de volver a Chile?

-No, si para ganarme la vida tengo que hacer cine publicitario. Tal vez, si pudiera realizar una película con La amortajada, de María Luisa Bombal, o con Este domingo, de José Donoso. Pero no me quedaría.

-¿ Y un film sobre Valparaíso?

-En mi nueva película voy a poner muchos elementos de Valparaíso...

-Una última pregunta: ¿cómo asumes el exilio, en tanto cineasta?

-Yo creo que el cine chileno se ha enriquecido mucho en el exilio con el contacto con otras culturas, como el cine de Raúl, por ejemplo. Hay cosas que te resulta muy difícil o no puedes desarrollar en el interior de tu propia cultura, y a las que sólo accedes después, en que eres, además, capaz de darte cuenta de verdad de lo que tenias antes. Para mi ha sido importante el exilio: me ha enriquecido espiritualmente.

La conversación ha llegado a su fin. Al menos, la parte que he decidido registrar en la grabadora. Después hemos hablado de muchas cosas, y Valeria ha querido subrayar lo que para ella significa la música popular latinoamericana, haciéndome escuchar diversos discos. En un momento, se levanta para cerrar las ventanas que dan al bullicioso bulevar. Se trata de escuchar lo mejor posible un disco con canciones de Jorge Negrete. Ella trae lo necesario para armar unas ensaladas, que prepararemos juntas mientras el "charro inmortal" canta, uno detrás de otra, sus corridos y rancheras. "De modo -le digo a Valeria- que tú eres una feminista amante de Jorge Negrete." "Así es", me responde.

1. H.L.M., "habitation a loyer moderé", vivienda de alquiler barato.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03