Manuel Silva. Lobos y ovejas

CON MOTIVO DE LA PUBLICACIÓN DE UN CELEBRE INÉDITO (1)

Grinor Rojo
Literatura Chilena en el Exilio. N 2 Abril 1977

"que la véritable bonheur n'est qu'au sein de la Vertu...."
Sade. Justine.

Curiosamente, uno de los libros de mayor importancia de la joven poesía chilena se mantuvo hasta hace poco siendo un célebre inédito. Inédito, porque, a pesar de haberse escrito hace ya unos ocho años, no había logrado aún ver la luz pública en su totalidad. Célebre, porque, en estos ocho años, quizás si la más perspicaz de las recopilaciones de la poesía actual de Chile publicó trozos de él (2) y porque, como si lo anterior fuera poco, en 1972, un jurado, compuesto por los escritores Enrique Lihn, Jaime Concha, Omar Lara, Waldo Rojas y Silverio Muñoz (esto es, un jurado en el que concurran quienes se contaban entonces y se cuentan ahora entre lo más solvente de la creación y la crítica poética chilenas), le concedió el Premio Luis Oyarzún de Poesía, uno de los que con más interés eran vistos por la comunidad literaria del país. Consecuencia de aquel premio debió ser en ese año o en el año siguiente la publicación del libro y, en efecto él llegó a estar a punto de entrar a la imprenta. El desenlace de esta historia es el de imaginar. El golpe de estado de septiembre de 1973, frustró en este caso, como en tantos otros, una publicación de sumo valor para el pleno despegue de una nueva, aunque todavía incipiente, literatura nacional.

Ahora, tres o cuatro años después, el libro aparece se diría que casi secretamente, en una pequeña edición que busca, con su cauta parvedad, la protección del sigilo, pero que, a pesar de si misma, no alcanza a evitar el notorio relance de una paradoja distinta: los poemas que el volumen incluye escritos a fines de la década del sesenta, devienen hoy todavía más que en esos años, de una vigencia inocultable. El libro al que me refiero es Lobos y Ovejas, colección de veintidós textos, pertenecientes al poeta Manuel Silva Acevedo, nacido en 1942.

No es éste el primer libro de Silva. En 1967, publicó Perturbaciones, un primer volumen del cual quedaron entonces abiertas diversas preguntas (3); posteriormente, en 1974, otro libro suyo, Mester de bastardía, obtuvo uno de los premios del Concurso Teófilo Cid, de la Sociedad de Escritores de Chile. En cuanto a Perturbaciones, su primera lectura puso en claro, y desde luego, que había allí una voz lírica de estimables condiciones; Habrá una sensibilidad alerta, inquisitiva, de una poderosa imaginería, a la vez que de un decir desparpajado y violento. Sin embargo, ciertos desequilibrios formales, consecuencia acaso de aquella misma extremosidad neorromántica. ( de "baudelaireana", la ha calificado Federico Schopf alguna vez), con la que Manuel Silva se hacía por primera vez oír en el ámbito de la joven poesía chilena, restaban buena parte de su eficacia a algunos de los mejores poemas del conjunto. En este sentido "Centuriones" y "Nocturno", segundo y cuarto poemas, del volumen respectivamente, y también dos de los más perdurables que dentro de él se reúnen, confirman nuestro juicio con ejemplos cuyos alcances devienen de algún modo sintomáticos: desarrollos de gran profundidad -vale la pena apuntar aquí, además, hacía esa afanosa búsqueda de explicaciones, de aprehensión del significado encubierto y en pugna del mundo real, como hacia otra dé las características sobresalientes de aquel libro-, aunque desarrollos que se ven entorpecidos a causa de la propensión, no por esporádica menos dañina, hacia el escándalo ("...Y se preguntó ¿cómo es que dormían los santos / con esa horrible sencillez entre las manos..." (4) visual y/o sonoro, por un lado; y, por otro, a causa de las lógicas insuficiencias provenientes de soluciones estructurales inmaduras. Si a esto se añade una actitud no exenta de anarquía en la disposición general del conjunto, se comprenderá por qué Perturbaciones, con todas sus cualidades de poesía genuina, imaginativa e indagatoria, dejó, sin embargo, entonces, en 1967, al publicarse, más de una pregunta por responder. Era otra vez la vieja anécdota del primer libro espontáneo, de un joven poeta espontáneo, con más precauciones en lo que respecta al impacto inmediato de su: palabra que en lo que atañe al castigo lúcido y severo de la misma.

Con Lobos y Ovejas todo aquello se ha revertido, sin embargo. Lo que va de Perturbaciones a este libro se mide así menos por la persistencia y el afianzamiento de los muchos méritos que desde ya eran aguardables, que por la novedad de un obstinado, casi maniático, rigor en el decir. Son varios años de silencio que se rompen con un grupo de poemas en los que la voluntad de perfección formal, que desde el comienzo explora y logra, una nitidez medievalizante, de pureza casi arcaica (Penúltimo texto: "El pastor y la loba buscaban la cordera...") (5), corre a parejas con una tentativa consistente de trabazón, de unidad, que no podemos menos que considerar sistemática, del total del poemario. Los veintidós poemas de Lobos y Ovejas conforman de este modo, en la opinión de quien redacta estas lineas, un ciclo indiviso. Cerrado y perfecto. Bastaría así con referirse a la simple presentación de sus varias secciones y a la ausencia, en frente de ellas, de un titulo, un número o cualquiera otra indicación de este tipo, para obtener un dato previo que se destaca en apoyo de la efectividad de esto que digo. El caso es que un tal modo de presentación no es azaroso; tampoco, gratuito. Porque la singularidad de cada poema -si es que esa singularidad existe, y a mí me parece que si existe- es menos, mucho menos definitiva, que su funcionalidad; que el despliegue del potencial poético en razón de la participación solidaria que a cada poema corresponde dentro del compacto ensamblaje del sistema completo. Pero no sólo eso. Pese a la señalada ausencia de indicaciones, es evidente que la localización de los textos dentro del grupo no pudo ser sino aquélla que en última instancia se les dio. En otras palabras, la plenitud del poema se cumple de lleno en la plenitud del sistema, pero también, y esto es fundamental, de acuerdo con la posición, obligada por tanto, que ese mismo poema ocupa al ubicársele en la línea que dibuja el progresar de la secuencia, O sea que Lobos y Ovejas no es un "libro de poemas". Para mí, se trata, más bien, de un poema solo; de una sola estructura;) de un solo sistema; de una caja de finas resonancias, en la que los ecos del principio se siguen oyendo hasta el final, en tanto que los del final se insinúan ya desde el principio. Corolario de todo esto viene a ser el imperativo de hacer claridad en lo que se relaciona con el plano todavía más abstracto de las significaciones. Poner de manifiesto ese núcleo significativo motriz en torno del cual el sistema concentra y regula los diversos estratos de su funcionamiento se convierte por ende en la tarea prioritaria del crítico. Me explico. Aquello que la crítica debe hallar, no inventar, hallar (la crítica como "lectura de palimpsestos", que dice (Jaime Concha), al ocuparse de un registro de las claves esenciales del libro que ahora comentamos, es el principio, el origen semántico, y es así como se le ha de designar isagógicamente, de la aglutinación de la diversidad, a la vez que , de la orientación, siempre expansiva, del flujo paulatino de la serie. Pienso que el mismo se constituye a partir de un acto de conocimiento intuitivo, a la vez que de reconocimiento fervoroso, de la complejidad y dinamicidad de lo real. Reacción contra la estratificación y el estatismo metafísicos -cualesquiera que ellos sean: el uso de la imaginería apocalíptica en el libro (6) es desde luego simbólico, pero también antinómico: los símbolos valen omnialusiva e irónicamente: en todas las direcciones análogas, pero siempre -contra sí mismos-, propios de una epistemología de raíces preburguesas o burguesas y que por eso mismo elude o se niega a la certeza que emana de un contacto inequívoco con el mundo real. Esto quiere decir que la sólo a primera vista insólita ley de transformaciones, con lo cual nos topamos a todo lo largo del discurso, ovejas en lobos, lobos en ovejas, hasta alcanzar incluso a instancias como aquella dariana del "nacimiento al revés", de la oveja en la loba (Cuarto texto) "...Pero un día la loba me tragó/ Y yo, la estúpida cordera,/ conocí entonces la noche/ la verdadera noche/ Y allí en la tiniebla/ de su entraña de loba/ me sentí lobo malo de repente"), no es otra cosa que el mecanismo, casi diríamos la herramienta dilecta, por medio de la cual el lenguaje lleva a cabo su tarea de desmantelamiento progresivo de la mediación ideológica. Prácticamente, no hay así poema en el cual esta riquísima ley de transformaciones, como causa de transformaciones presentidas, potenciales o realizadas, no se haga presente. El nacimiento, la muerte y el sexo ofrecerán a menudo el pie a propósito para su cabal ejercicio, contribuyendo con imágenes en las que el principio dialéctico y con él, el diestro recurso que lo asume, se actualizan en el plano de las objetividades concretas. Más aún, en el poema que cito más arriba, y que no es el único en el que ello acontece, estas tres posibilidades radicales confluyen todas juntas en un solo acto magnífico de subversión contra el Orden Ideal. La Virtud en el Vicio y el Vicio en la Virtud. La verdadera felicidad no reside ni en el seno del uno, como creyó Sade, cristiano a su modo, ni en el de la otra, sino entre los límites de una existencia concebida y vivida como descubrimiento y encuentro con la más pura realidad; a partir de las constantes señaladas por ella, constantes éstas que son las que al fin nos permiten sorprender, por debajo de la negra escopeta del Pastor, la garra infame y verdadera del Lobo.

Yo, la oveja soñadora,
pacía entre las nubes
Pero un día la loba me tragó
Y yo, la estúpida cordera,
conocí entonces la noche
la verdadera noche
Y allí en la tiniebla
de su entraña de loba
me sentí lobo malo de repente

No hay que confundir, sin embargo. Las contradicciones existen, a despecho de la conspicua neutralización hacia la que parecieran tender los poemas centrales (Vigésimo texto: "No seré nunca más prenda de nadie/ Mucho menos de tí/ pastor dormido contra el árbol.."), por lo que de ninguna manera se nos propone que hagamos caso omiso del influjo que ellas tienen en la configuración de la vida. En cambio, lo que de la conciencia esta poesía reclama es una actitud de desconfianza inicial con respecto a la infalibilidad, que ella proclama capciosa, de lo palmariamente dado; sospecha que se inaugura cuestionando su ortodoxia y que al fin es capaz de desplazarse hacia un discernimiento más seguro y más hondo de las auténticas fuerzas en conflicto. Invitación es ésta a calibrar o, mejor aún, a trascender, superándolo, el falaz repertorio de las contradicciones heredadas; de aquellas contradicciones que no arraigan en las condiciones mismas de la realidad, sino que se superponen a ellas, esquematizando y desviando al cabo la propia existencia del hombre.

La intuición del engaño se transforma con esto en el centro genético de la labor del poeta. Ponerlo en descubierto a través del lenguaje literario es, dentro de un abanico más amplio y el que sólo alcanzaremos a esbozar suscintamente, una de las funciones que de suyo definen su faena en el mundo. Función inseparable de las otras, por supuesto, pues ella no llegará a hacerse efectiva sino en la medida en que proceda simultáneamente a desmontar, y a desmontar con el firme propósito de demoler, de desintegrar hasta en sus más recónditos cimientos, todo un aparato institucional edificado a espaldas de las necesidades fundamentales de los hombres, de todos los hombres, e impuesto al mismo tiempo, como alienación social de sus vidas y con omnímodas pretensiones de universalidad, por obra de la acción fraudulenta del estraperlo ideológico. Por esto es que los veintidós poemas del libro constituyen un ciclo, lo que vale aquí tanto como decir un proceso. El proceso del desenmascaramiento y la destrucción poética de una imagen espuria de la realidad, la de lo dado y, más que dado, infligido en el hombre por quienes arbitrariamente usurpan la propiedad de la fuerza, a la vez que el proceso de la patentización de sus auténticos términos, que no son ni pueden ser sino términos históricos, y aquéllos por cuyo conducto la otra cara del ser, la de lo humano entendido en el seno de su complejidad y dinamismo, está llana a hacer hoy su entrada en la conciencia. Por lo mismo, por tratarse de un proceso que es intrínsecamente indivisible, e indivisible de facto, el libro que lo reproduce es un solo poema. Momentos suyos extremos son la aspiración y la decisión. Desde el esfuerzo introspectivo o, inclusive, desde el asalto interior y todavía en penumbras pecaminoso por ende, de la propia extrañeza (Los dos primeros textos: "Hay un lobo en mi entraña. . ." y "Por qué si soy oveja. . ."), seguido éste de una penosa búsqueda de orígenes (Tercer texto)

"Me parieron de mala manera...") y de una posterior muerte simbólica (Séptimo texto) "... Expreso aquí mis sinceros agradecimientos/ a la piadosa águila humana/ que me desgarró la yugular de un picotazo"), para reabrirse de nuevo, con las primicias de una concepción y un nacimiento, o más bien renacimiento (Décimo sexto y décimo octavo textos) ". . . la descastada oveja sintió la crispadura. . ." y "Déjenme a mí, la loba..."), conducentes ambos, actos el primero y postrero de la existencia del hombre, a la antesala inmediata de la rebeldía final.

El advenimiento de ésta se expresará, con claridad meridiana, en los poemas antepenúltimo y último del libro:

No seré nunca más prenda de nadie
Mucho menos de ti
pastor dormido contra el árbol
No debiste confiar en la oveja mendiga

No debiste confiar
en mis estúpidas pupilas aguachentas
Serás victima de la oveja belicosa
Ya no habrá paz entre pastor y oveja
Se engaña el pastor
Se engaña el propio lobo
No seré más la oveja en cautiverio
El sol de la llanura
calentó demasiado mi cabeza

Me convertí en la fiera milagrosa
Ya tengo mi lugar entre las fieras
Ampárate pastor, ampárate de mi
Lobo en acecho, ampárame

Del oleaje de las transformaciones, emerge así el Pastor con los atributos que reconocen en él al enemigo real. La actualidad de la pugna se representa por medio de la contraposición, de pertinaz recurrencia en el patrimonio de la moderna literatura burguesa, entre el Orden Natural y el Orden Social. El empleo de esta contraposición, sospechosa sin duda, en la urdimbre de los últimos poemas del libro (Cortázar ha dicho que no poco de lo que se escribe en estos tiempos padece, y es cierto, de nostalgias arcádicas) (7) no debe sorprendernos con todo, y menos todavía si remitimos su análisis al testimonio que aportan las obras hoy clásicas de literatura prerrevolucionaria francesa del siglo XVIII. Allí, ante el peso agobiante de una existencia individual y social inhumana, la continua apelación a una Naturaleza transgredida se constituye en el argumento rutinario del escritor que sanciona. La dicotomía adopta con ello una función de reemplazo, factor sustitutivo y, lo que es igualmente importante, representativo, de intuiciones correctas, aunque aún desprovistas de elaboración racional. Parecido es lo que ocurre con los poemas finales del libro de Silva, en los que el súbito estallido de una oposición rousseauniana -el desarrollo anterior obedecía, y lo hemos visto, a patrones de origen apocalíptico no tiene por qué resultarnos extraño. En rigor, este rousseaunianismo posee aquí sólo el carácter de un correlato objetivo formalizante. Es, apenas, un modo de representación. El antagonismo de fondo no es así metafisico, sino histórico. El enemigo lo es más por la fuerza irrecusable de determinadas circunstancias históricas, que por su ilusoria condición esencial. Coincidir en esto es participar de esta poesía. Es situarse en su centro. Es compartir su verdad.

Con lo que más arriba queda dicho, he tratado de establecer algunas de las que a mí me parecen claves esenciales para la comprensión y la crítica de este segundo libro de Silva. Tengo la certidumbre, espero, de que su discusión, que anticipo fecunda, apenas si ha comenzado con la sobradamente injusta precariedad de estas notas. Modesta andadura la mía en un libro que nos llega desde el fondo del silencio pero que a pesar de ese origen a pesar de las limitaciones que aquel silencio fuerza en él, se las arregla (¡en buena hora! ) para decir lo que quiere. (8)

Es más, se las arregla para ser, ocho años después de haberse escrito, un libro de impecable vigencia. Dos conclusiones podrían desprenderse de inmediato de la verificación que antecede. La primera, de naturaleza más bien contingente. Se refiere, y los escritores españoles contemporáneos saben mucho de esto, a la eventual prospección de una estética, de una imaginería y de un lenguaje, capaces de enfrentarse con éxito a ese muro de tinieblas que en nuestros países hoy día levantan la ignorancia y la estulticia. La segunda es de alcances más amplios. Afecta al ensayo de una apertura viable en lo que se relaciona con la habitualmente tan manoseada cuestión de las condiciones necesarias, y aún suficientes, de una poesía significativa desde el punto de vista social. Consistiría esta apertura en el hallazgo, nada accidental a mi juicio, de una estrategia de respeto y rompimiento. Respeto por la capacidad cognoscitiva de la palabra poética (Neruda), pero rompimiento, franco y declarado, con la tradición visionaria neorromántica, así como con su opuesta, la tradición tan a menos del realismo descriptivista y escéptico (Parra). Reinstalada en sus derechos, la poesía surge de este modo con toda la fuerza revelatoria que le es propia, pero con esta fuerza revelatoria orientada con vistas a la consumación de la más urgente y crucial de las tareas, la del descubrimiento de la realidad de verdad.


LOBOS Y OVEJAS
Manuel Silva

Hay un lobo en mi entraña
que pugna por nacer
Mi corazón de oveja,
lerda criatura
se desangra por él

Por qué si soy oveja
deploro mi ovina mansedumbre
Por qué maldigo mi pacífica cabeza
vuelta hacia el sol
Por qué deseo ahogarme
en la sangre de mis brutas hermanas
apacentadas

Me parieron de mala manera
Me parieron oveja.
Soy tan desgraciada y temerosa
No soy más que uno oveja pordiosera
Me desprecio a mí misma
cuando escucho a los lobos
que aúllan monte adentro
Yo, la oveja soñadora,
pacía entre las nubes
Pero un día la loba me tragó
Y yo, la estúpida cordera,
conocí entonces la noche
la verdadera noche
Y allí en la tiniebla
de su entraña de loba
me sentí lobo malo de repente

Si me dieran a optar
sería lobo
pero qué puedo hacer si esta pobre pelleja
no relumbra como la noche negra
y estos magros colmillos no muerden ni desgarran

Si me dieran a optar
sabría acometer como acometo ahora
esta mísera alfalfa, famélica, ovejuna

Si me dieran a optar
los bosques silenciosos serían mi guarida
y mi aullido ominoso haría temblar a los rebaños
Pero qué hacer con mis albos vellones
Cómo transfigurar mi condición ovina

Yo, la obtusa oveja,
huía tropezando con mis hermanastras
El lobo nos seguía acezando
Y entonces yo, la oveja prodiga,
me quedé a la zaga
El lobo bautista me dio alcance
Se me trepó al lomo derribándome
y enterró sus colmillos en mi cuello
Vieja loba, me dijo
Vieja loba piel de oveja
Quiero morir contigo
Esperaré a los perros
La sangre me manaba a borbotones
Parecíamos un sol enterrado de cabeza en el suelo

Yo era una oveja mansa
Siempre miré hacia el suelo
Yo era sólo una oveja rutinaria
Yo era un alma ovejuna
sedienta de aventuras
Yo era en el fondo
una oveja aventurera
Yo deseaba convertirme
en oveja descarriada

Expreso aquí mis sinceros agradecimientos
a la piadosa águila humana
que me desgarró la yugular de un picotazo

¡No es menester un amo!
Amor es menester, amor lobuno
El tobo más feroz ama a su loba
y escarba y huele y hurga
y le clava los ojos y la escucha
y la loba celeste de las constelaciones
mueve la cola y ríe y lo saluda

El lobo dió alcance a la loba
Yo lo estaba viendo
La cogió de los flancos con el hocico
Lamió su vientre y aulló
irguiendo la cabeza
Yo lo estaba viendo
Yo que no soy más que una oveja asustadiza
Y puedo afirmarlo nuevamente
El lobo y la loba lloraban
restregando sus cuellos
La oscuridad les caía encima
Había un gran silencio
No había más que piedras
y los astros rodaban por el cielo

Lobo a penalidad
lobo y a ciegas
lobo a fatalidad
lobo a porfía
lobo de natural
lobo de ovejas
pastor a dentelladas
aullador de estrellas

¡A la loba!
Gritaron los hombres ya bebidos
La bestia alzó las orejas
y corrió a refugiarse entre mis patas
Me miró a los ojos
y no había fiereza en su semblante
¡A la loba!
Volvió a escucharse el grito ya cercano
Ella agitó la cola dio
un lengüetazo en el agua
y vi sus ojos negros
recortados contra el azul del cielo
Después huyó hacia el monte
entonces yo, la oveja libre de sospecha,
me vi sola ante los hombres
y sus negras bocas de escopeta

Toda la tierra es tierra para el lobo
Si lluvias, lodo
Si soles, polvo
Y de rumbo los montes, las estepas
Y de casa el umbral, la roca viva
Y de pan el más duro de los panes

Yo, la tonta oveja,
nadie más ignorante que yo
me pregunto
quién tendrá piedad del lobo
y más todavía
quién dará sepultura al lobo
cuando muera de viejo
miope y lleno de piojos

Se te extraña
Se te busca
Se te indaga
Se te persigue en vano
tu oculto nombre en vano
No levantar falso testimonio
contra el lobo
contra el prójimo lobo
que aúlla por su prójima

Pasa el rebaño en fila funeraria
y atraviesa el pueblo con su fuente
Pasa el rebaño y pasa en seguimiento
de la oveja mayor, la más borrega
Pasa el rebaño en procesión sombría
y tras la huella los lobos cancerberos
van dejando un reguero de saliva
un rastro de sangre y poluciones
Pasa el rebaño y pasa por el puente
Pasan los vagabundos y los trenes
Pasa la loba amarga con sus tetas
Pasa el rebaño y pasa lentamente
Pasa la loba vieja, la más vieja
Pasa la oveja negra a guarecerse
Pasa la noche eterna, nunca aclara
Pasa el rebaño y bata hasta perderse

Cayó la noche de bruces sobre el rebaño
La descastada oveja sintió la crispadura
Fatalizada se apartó del corral
No deseó nada más en el mundo
que la roja vaharada de la loba

Se declaró la peste en mi familia
Vi a mis torpes madrastras
gimiendo con la lengua reseca
Murieron resignadas
arrimadas unas contra otras
Yo resistí la plaga
Ayuné, no bebí agua
Rechacé los cuidados
Y una noche a matarme
Vinieron los pastores armados de palos
A matar a la loba
La única en pie
en medio del rebaño diezmado
Déjenme a mí, la loba
Déjenme a mí, tu fiera solitaria
Déjenme a mí, la bestia asoladora
Déjenme la cordera
Déjenmela a la puritana
Yo soy su sacramento
A mí me espero

Mi palabra de honor, dijo el lobo
Tan sólo quiero amarte, no te haré ningún daño
Está bien, no hay más remedio
Arrímate a mi lado, contestó la borrega
El lobo la miró con los ojos ardiendo
La oveja le devolvió la ardiente mirada
Se estuvieron largo tiempo mirando
El lobo y la cordera tuvieron este sueño
Uno en el monte donde azota el viento
La otra en el corral
pisoteada por sus propias hermanas

No seré nunca más prenda de nadie
Mucho menos de tí pastor dormido contra el árbol
No debiste confiar en la oveja mendiga
No debiste confiar
en mis estúpidas pupilas aguachentas
Serás víctima de la oveja belicosa
Ya no habrá paz entre pastor y oveja

El pastor y la loba buscaban la cordera
Persiguiendo a la oculta treparon la ladera
Se encontraron los dos, báculo y zarpa
El pastor fue más hábil, la loba derrotada
Y a los pies del zagal, la cordera perdida
surgió de los despojos de la loba abatida

Se engaña el pastor
Se engaña el propio lobo
No seré más lo oveja en cautiverio
El sol de la llanura
calentó demasiado mi cabeza
Me convertí en la fiera milagrosa
Ya tengo mi lugar entre las fieras
Ampárate pastor, ampárate de mí
Lobo en acecho, ampárame.


Notas:

1. Manuel Silva. Lobos y Ovejas. La Florida. Ediciones Paulinas, 1976.

2. Aludo a la antología (selección y prólogo) de Jaime Quezada. Poesía joven de Chile. México. Siglo XXI Editores S.A., 1973. Vale la pena señalar que los textos de Silva que allí aparecen están en un orden que no corresponde al del libro, además de haber sido enumerados al parecer por un simple prurito diferenciador. Por ejemplo, en Poesía joven el poema "El lobo dio alcance a la loba..." (Noveno del libro) aparece antecediendo a "Yo, la obtusa oveja..." (Sexto del libro) en circunstancias que, como se ve, tal orden se corrige en la versión definitiva. También hay algunas variantes menores que por ahora no importa mucho precisar

3. Manuel Silva Acevedo. Perturbaciones. Santiago de Chile Ediciones Renovación, de Armando Menedín. 1967.

4. "Centuriones" en Ib.. 9.

5. Una remisión elementa! de los metros que Silva emplea determinará, quizás si como el más frecuente, el heptasílabo, en sus posibilidades rítmicas dactílica (Primer texto: "Hay un lobo en mi entraña , .'') y trocaica (Segundo libro) "Por qué si soy oveja...". La asociación del heptasílabo con los proverbios y, a través del alejandrino o cuadernavío (Penúltimo texto) "El pastor y la loba buscaban la cordera..."), con lo desnuda simplicidad de la poesía medieval, Berceo específicamente ("Demostróli la carta que en punto tenía,/ en que toda la fuerça del mal pleito yazía, ..."), es digna ciertamente de atención.

6. Hago uso en esto de la jerga de Frye:

The apocalyptic world, the heaven of religion, presents. in the first place, the categories of reality in the forms of human desire, as indicated by the forms they assume under the work of human civilization. The form imposed by human work and desire on the vegetable world, for instance, is that of the garden, the farm, the grave, or the park. The human form of the animal world is a world of domesticaled animals, of which the sheep has a traditional priority in both Classical and Christian metaphor. The human form of the mineral world, the form into which human work transforms stone, is the city. The city, the garden, and the sheepfold are the organizing metaphors of the Bible and of most Christian symbolims, and they are brought into complete metaphorical identification in the book explicitly called the Apocalypse or Revelation, which has been carefully designed to form an undisplaced mythical conclusion for the Bible as a whole. From our point of view this means that the Biblical Apocalypse is our grammar of apocalyplic imagery. Northrop Frye. Anatomy of Criticism. Four Essays. New York. Atheneum, 1970, p. 141.

7. En verdad, no es Cortázar quien lo dice, sino Morelli. Copio del Capítulo 71 de Rayuela: ¿Que es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un otro mundo?. Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno al gran útero, back to Adam, le bon sauvage (y van...), Paraíso perdido, perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre. . . Y dale con las islas (cf. Musil) o con los gurús ( si se tiene plata para el avión Paris-Bombay) o simplemente agarrado a una tacita de café y mirándola por todos lados, no ya como una taza sino como un testimonio de la inmensa burrada en que estamos metidos todos.

Julio Cortázar, Rayuela. Buenos Aires. Editorial Sudamericana, 1963, p. 432.

8. Para el anecdotario de la critica del libro, estas artificiosas vacilaciones del cura Ignacio Valente:

Si es siempre difícil o imposible explicar un poema, en este caso se torna difícil explicar incluso por qué nos impresiona tan hondamente esta ocurrencia peregrina de la oveja con nostalgias de lobo. ¿Significa acaso el deseo que todos tenemos de ser lo contrario que somos? ¿Significa el secreto deseo de bestialidad que late en nuestras civilizadas existencias? ¿Significa la. insatisfacción nativa del ser humano? Pero éstas son solamente explicaciones, y además derivadas y secundarias, que de ninguna manera dan cuenta de la sólida e inefable concreción del poema. Ignacio Valente. "Manuel Silva: 'Lobos y Ovejas' ". El Mercurio, 3 de Octubre de 1976, p. 3.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03