Juan Radrigán. Teatro

TEATRO

(Fragmentos)

JUAN RADRIGAN

Araucaria de Chile. Nº 31. Madrid 1985.

El loco y la triste

Huinca: Se va, claro que se va. ¿No festoy hablando de cosas que se quedaron muv lejos? Por ser, mi'acuerdo que mi viejo era como hacha pa los charchazos, y tenía la costumbre de peliar con un cigarro prendió en la boca; sobrao total.

Eva: O sea que encima de loco era rosquero.

Huinca: No, si no era rosquero. Lo que pasaba era que como los quería mucho, caá vez que llegáamos a alguna parte, le metía boche y le sacaba la cresta al huasteco más capo pa los combos que hubiera, porque decía que así no los ía a molestar nadie cuando él no'stuviera... Y partía quien sabe Dios pa onde; algunas veces llegaba después de dos o tres días con un quintal de harina y una cacha de dulces, otras veces llegaba pato, pero siempre alegre y lleno de grasa... Le decían el "Mucha gente", porque no paraba nunca de hablar y de reírse. El jue el que me'enseñó a tocar la armónica.

Eva: Y a ser irresponsable también.

Huinca: No, si hubiera sío irresponsable me habría casao; pero tenia metía aentro esa cuestión de no poer tar nunca quieto... Ella lo esperaba muda, siempre lo esperaba muda, pero él no llegaba, nunca llegaba...

Eva: ¿Y por qué no lo dejaba botao? Chis, yo ía a aguantar a un gallo asi.

Huinca: Es que lo quería, y el que quiere a una persona se las aguanta toas. Cuando mi taita se reía y la abrazaba era pior qu'el vino pa ella. Además qu'era como tonto pal chamullo, nunca le faltaba una disculpa pa cuando desaparecía: "Pucha, fíjate que venia en lo mejor p'acá, vieja, cuando de repente se me subió la Viuda al camión y m'empezó a decir que juéramos a buscar las moneas d'oro que había enterrado el marío antes que lo atropellaran. Pero como yo sabia qu'eran puras barretas pa matarme, me tapé los oídos asi. (Lo hace) ¡Y ahí jué aonde me mandé contra un árbol! Por eso túe que quearme arreglar el camión".

Eva: ¿Y ella creía esas mansas mentiras? Era harto agua e boldo entonces po.

Huinca: Yo no sé si le creía, pero eso era más bonito que creer cualquier otra cosa. Otras veces le salía conque se había topao con el Trauco, con el Invunche o con cualquier demonio. Nosotros nunca vimos na d'eso; lo único que vimos en patota jué cuando el camión queó preso en el monte de la esperanza.

Eva: ¿Preso en la esperanza?

Huinca: Claro, detenío; o sea que no quiso andar más. Jué por allá por Cauquenes, justo a la hora de la oración, cuando la tierra ta tibia y dora igual que una presa de pescao frito. lamos saliendo del monte cuando empezó a toser y se chantó. "Bájate a ver que pasa, Pedro", le dijo mi taita a mi hermano. "No -le dijo mi mamá-; esto tenis que verlo voh". Entonces mi taita se baja y pega el tremendo grito: "¡Al camión l'están saliendo raíces, al camión l'están saliendo raíces!" ¿Qué te parece?

Eva: Te pasaste, ahí si que te pasaste.

Huinca: No, si era cierto, toos vimos la cuestión. Y mi mamá se reia nomás. Entonces llegó un huaso con una yunta e güeyes y empezó a tirar; después llegó otro y otro, pero no había caso, mientras más tiraban, más raíces le salían al camión. Y mi mamá se reía nomás. Empezó a llegar gente de los pueblos que había cerca de ahí, Huechehue, Tutuben, y hasta de Chegua. El sol se escondió y volvió a salir; y seguía llegando gente a mirar y a tirar de las cuerdas, pero el camión no se movía ni media pulga. Y en eso le empezaron a brotar alas por toas partes; y las alas lo tiraban p'arriba y las raices lo sujetaban, asi qu'el pobre camión empezó a crujir como loco. Menos mal que en eso bajó del monte un viejo más viejo que toos y les dijo como era la cuestión: o sea que por ahí por el monte de la esperanza no podía pasar nadie que no'stuviera di'acuerdo, asi que si el viejo quería tener alas y mi mamá soñaba con raíces, el camión no iba a salir nunca más de ahi; cáchate el problemita.

Eva: ¿Y qué pasó?

Huinca: Mi taita y mi mamá se corrieron pa un lao a conversar; yo me acerqué al viejo, porque me tenia muy intrigao y le pregunté que como podía vivir tan solo por ahí. "El hombre es un desierto poblao por la esperanza", me dijo.

Eva: Pero de qué hablaron tu mamá con tu papá, po.

Huinca: Ah, ella le dijo que le iba a dar la mita de las raíces que soñaba, y él le dijo que le iba a dar la mita de la alas que tenia. Entonces el camión queó libre y puimos seguir; pero no sé si cumplieron, porque yo me bajé al poco tiempo... ¿Por dónde andarán ahora?

Eva: Por ninguna parte po; d'eltos ya no tienen que quear ni la sombra de los güesos.

Huinca: La gente no se muere, se cambia de casa: asi como lo voy hacer yo.

Eva: ¿Y los gusanos? ¿Qué me decís de los gusanos? A ellos no les venís na con barretas, ellos te pillan tieso y comen nomás.

Huinca: (Molesto) Gusano...

Eva: Claro que te van a comer los gusanos po, ¿o tenis rompe filas voh?

Huinca: No te cuento ni'una cosa más. Habla voh ahora.

Eva: Yo no tengo na que contar.

Huinca: Habla nomás, si aquí tamos entre amigos.

Eva: Es que es cierto. Cuando a una no la ha querío nadie es igual que si no hubiera vivió; o sea que se levanta y se acuesta y esa es toa la vía. Yo me queé con too lo que tenía aentro, o sea eso que se les da a los hijos y al mario... ¿No habis visto voh que algunas mujeres cantan mientras hacen las cosas en la casa? Es por eso, porque han encontrao a quien darle lo que tenían aentro, pero a mí no me quiso recibir nadie el cariño. Es igual que si la vía hubiera sío un río y yo me hubiera quedao sentá en la orilla viendo pasar el agua.

Huinca: Chora la cuestión: yo no me quise amarrar nunca y voh llorai porque no te amarraste. (Suspira) Güeno, así es la vía po.


Isabel desterrada en Isabel

Isabel: Nosotros siempre tuvimos hambre; hambre de comía, de ropa, de alegría y de too y esa hambre que teníamos desde que nacimos, se los agrandó más toavia cuando mi mamá se chorió con mi taita porque no encontraa pega y le dijo que s'echara el pollo. "¿Y los cabros?", le dijo él. "Se quean conmigo, yo voy a trabajar pa alimentarlos", le dijo ella. (Al tarro). Yo no te pueo decirte na, pero si una persona olvía a otra de repente, es porque tiene algo nueo en el corazón, ¿no cierto? (Pausa). ¿Por qué una se queará siempre con la mamá? Yo conocí la desesperación mirándole los ojos a mi taita; mirándole los ojos se llegaa a un patio oscuro, a un patio aonde too taba muerto; mi madre tenía pena en la cara, pero mi padre tenía pena en el corazón, tenía pena ahí aonde ya no sale más, aonde quea la mancha pa siempre... ¿Por qué una se queará toa la vía con la madre?... (saca la botella). D'entonces que la empezamos a pasar pior, porque al fin y al cabo él agarraba algún pololo por ahí, pero mi mamá no puo agarrar pega casi nunca. (Pausa). L'hambre, compadre, es larga y negra, es como un hoyo aonde una no termina nunca de caer. Pero no cais na por el medio, asi librecita, no: te vai pegando por los laos, te vai sacando peazos caá vez más grandes: esa es la vía pa nosotros, caer y pegarse por aentro y por ajuera; pero sobre too por aentro. En la tarde jui a buscar fruta pica a la vega; como a las seí llegan los camiones de la basura, y entonces empiezan a sacar los tarros de las pilastras. Antes era re güeña esa papa, pero ahora llega mucha gente y se apelotona detrás de los vaciaeros de los camiones. Viejos, jóvenes, niños, de too; hasta mujeres embarazas y mujeres con guagua llegan a rastrojiar... Se güelven como fieras, gritan, s'empujan, pelean; y como toos meten las manos hasta el coo buscando las menos podrías, ligerito la fruta se muele, quea hecha una pura mazamorra del color de la tierra, y así mismo se le van comiendo o la echan en una bolsa naylon pa repartirla en la casa... No púe agarrar na. O sea que había pescao una manzana, la pesqué en el airecito, cuando recién ía cayendo del tarro al camión. Pero llegó una cabra como de ocho años que no había poio meterse al vaciaero y m'empezó a mirar: era flaca y larga, los güesos le salían por toas partes... Pero pior eran los ojos que tenia:'ojos de animal atropellao, ojos de tísica, me queó mirando nomá, no me dijo na. Y pa que quería hablar si con los ojos taba gritando too lo que le pasáa... Cuando le di la manzana, la agarró con las dos manos y le dio una masca con un'ansia tan grande, que me dieron ganas de llorar... No se dio ni cuenta que s'estaba comiendo la parte podría, esa parte blanda, color café, que se güelve barro aentro de la boca; yo sabia que s'iba a poner a vomitar, asi que me jui... Pobre cabra, ¿cuánto más ira durar? (Pausa). Pucha, si yo juera la mujer de Dio, le diría: "Oye, viejo, tú que le pegai a la cuestión de los milagros, ábreles los ojos a los giles de allá abajo. Tan haciendo puras cabezas de pescao con la via que les diste. O sea que repartieron la risa y el billete pa unos y a los otros les dieron el silencio y las patas. Yo sé que voh no te queris meter en na, que queris que aprendan solos; pero no aprenden po, y no te pois quear cruzao de brazos. ¿Cómo queris que te agarren güeña, si comen en los basurales y duermen botaos en las calles?, eso es mucho peírles po. Y a los otros también es mucho peirles que se acuerden de voh, porque están muy ocupaos pasiando y comiendo; es grave el problema, viejo: si no te mandai un milagrito luego, los vamos a quear más solos que la soledá; y pa más recacha los mataron al hijo: ¡Dispierta, dispierta, viejo, que allá abajo los tamos muriendo!". (Se ríe). Mujer de Dio, las cuestiones que se li'ocurren a una cuando no tiene con quien hablar... (Saca la botella, bebe).


El invitado

El invitado o la tranquilidad no se paga con nada.

Después que la tranquila noche
da paso al tranquilo día.
tranquilo me levanto.
Me pongo los tranquilos pantalones,
miro de reojo tu tranquila tristeza
y tranquilo voy a lavarme.
Después me dirijo a la tranquila cocina;
tranquila me decís lo mismo que ayer:
-No busquís, no hay na.
Tranquilo salgo y me hundo
en la tranquila duda.
Tranquilos perros mean tranquilos árboles
bajo un cielo con ritmo de ternura.
mientras tranquilos cesantes, como yo.
envidian a los tranquilos pordioseros
que escarban en los tranquilos tarros.
Tranquila pasa la mañana.
tranquila la hermosa tarde:
(tranquila quiero encontrarte, Sara
cuando llegue sin na).
Tranquilo sigo buscando
hasta que llega la tibia noche;
tranquilo vuelvo a la casa,
tranquilo me siento en la banca
y ti'oigo decir tranquila: "Yo tampoco encontré na'
Tranquilos los acostamos
a soñar con tranquilidá.
Tranquilos los despertamos,
te ponís a llorar tranquila
y tranquilo salgo andar.
¡Felicidá pa grande esta
d'estarse muriendo en tranquilidá!

Época actual.
Lo único que hav sobre el escenario es una banca negra.
Entra Sara, mira al público. Se devuelve.

Sara: (Llamando). Ya po, entra. (Entra Pedro, forzado, intranquilo). Habla (señala al público) ahí'stán.

Pedro: (Tratando de ver). ¿Qué'stán haciendo?

Sara: Na, tan sentaos. Hicieron sus cosas y ahora'stán sentaos.

Pedro: (Siempre tratando de ganar tiempo). No los veo bien.

Sara: No importa; habla juerte pa que te puean oír y listo.

Pedro: ¿Por qué yo no los veo y voh si?

Sara: (Se encoge de hombros). Dará la luz pa mi lao. O puee ser porque los hombres siempre han visto menos que las mujeres. Y pa que quieren ver más también, si agachan la cabeza y cargan p'adelante nomás; como los que pagan el pato no son ustedes...

Pedro: ¿Cómo que no? ¿Asi que a nosotros los dan los pasteles?

Sara: Los boches los empiezan ustedes y los perdimos las mujeres y los cabros, siempre ha sío asi. Pero no quiero hablar más d'eso; pregunta cómo lo hicieron y los vamos.

Pedro: Primero teñimos que decirles quiénes somos y too eso, igual que cuando una va al doctor. (Oteando). ¿Cómo se ven?

Sara: Como siempre: tranquilos.

Pedro: Entonces tienen qu'estar endeudados hasta las masas, porque la tranquilidá no se paga con na. ¿No habís oído?

Sara: No hablis de masa, mira qu'el horno no'stá pa bollos.

Pedro: No te preocupís, que siempre los va quear el consuelo del buho: hicimos lo que se púo. (Pausa) ¿Lo hicimos?

Sara: Te dije que no quiero hablar más d'eso. Ya pasó; hablando d'eso las palabras sirven de cuchillos nomá. Lo que teñimos que hacer ahora es olvíar; olvíar, pa poder empezar a vivir.

Pedro: ¿Cómo esclavos?

Sara: Pa empezar a vivir.

Pedro: ¿Cómo animales?

Sara: Pa empezar a vivir.

Pedro: ¿Cómo idiotas?

Sara: ¡Pa empezar a vivir!

Pedro: (Después de una pausa). Pa empezar a vivir... A veces mi'alegro cuando no los contestan; hay algo en mí que no se quiere caer, yo nunca he querio morirme.

Sara: Yo tampoco: por eso'stamos aquí.

Pedro: No po, no m'entendis: aquí vinimos a suicidarlos, venimos a matar too lo que los quea de güeno adentro, mejor dicho a asesinarlo.

Sara: Güeno, ándate po.

Pedro: ¿Y voh?

Sara: Yo me queo, tengo que saber; me quea vía y tengo que vivirla como tóos, es la única manera... No seai tonto, yo no entiendo y voh tampoco, pero teñimos que hacerlo. ¡Tábamos de acuerdo, no te podis echar p'atrás!

Pedro: ¿Creís que los van a decir?

Sara: Si, toi segura.

Pedro: ¿Por qué?

Sara: Tincas po.

Pedro: Hasta ahora nadie los quiere decir, toos niegan. "Noo, yo no; yo soy igual que antes nomá" dicen. ¿Por qué niegan lo que son?

Sara: Si no ho, si lo que pasa es que hemos tenio mala suerte, l'hemos preguntao a pura gente que es muy nuea en la cuestión. Pero ahora en la mañana entró un mosco verde a la pieza y empezó a dar güeltas, eso quiere decir güeñas noticias.

Pedro: Los moscos verdes quieren decir que va llegar carta.

Sara: Son güeñas noticias, voh no sabís na d'esas cosas. Ya, no te hagai más el leso y pregunta.

Pedro: Pero como digo yo, no en seco; o sea del principio, de que nacimos.

Sara: Si'stamos aquí es porque nacimos, pa que vai a decir eso. Desde que llegó el Invitao nomás, si ahí empezó too.

Pedro: Eso lo saben mejor que nosotros po.

Sara: (Aburrida). Güeno, hácelo como querai.

Pedro: (Terco). D'el principio. (Toma posición. Cuenta al público). Un dia un hombre que trabajaba en una construcción s'encontró con una mujer que trabajaba en una fábrica: ahí nací yo. Me llamo Pedro, como mi padre; pero si voy pasando por cualquier parte y alguien dice José, Mario, Guillermo, Pancho, Tito o Antonio, doy güelta la cara y miro, porque es a mí al que llaman. Soy el que nunca jue a la escuela, y el que apenas llegó hasta sesto nomás, porque túo que salir a ganarse los porotos; soy el que se cae de arriba de los andamies y el que lo recoge, el que atropellan en la calle, porque va pensando cómo se las va arreglar la vieja en la casa pa hacer comía, el que gasta lo que no tiene, el lleno de deudas; el a veces alegre y el casi siempre triste. Soy desabollaor, pintor, mueblista, mecánico, cargaor de la vega, lustraor, prensista, y too lo que se puee ser pa asegurarse un lao pa vivir, un pan p'al hambre y una mujer p'al corazón. (A Sara). Ahora voh, d'el principio.

Sara: Yo me llamo Sara, pero es lo mismo que si me llamara Carmen, Rosa o María, y es lo mismo que si juera más chica, más grande, más negra o más blanca; es lo mismo nomás, porque aentro de los güesos tengo pegas las mismas risas y los mismos llantos. D'el principio no digo na, porque ya se murió. Pero hace años que lloro y hecho de menos el tiempo en que era pobre, no porque ahora me vaya bien, sino porque me he convenio en miserable. Quedé así después de un milagro; milagro económico he oio que le llaman. D'entonces que ya no soy modista, cocinera, fabricana o empliá doméstica; d'entonces que mendigo en los concursos de la radio y de la tele. Cosas del corazón no hablo, porque me caigo al llanto; no es que haya dejao de querer o que él Pedro ya no me quiera: es qu'el amor se queó enterrao entre un letrero que dice "No hay vacantes" y otro que dice "No se fia"... Déjemelo asi nomás; cosas d'el corazón no hablo, porque me caigo al llanto.

Pedro: ¿Qué dijiste?

Sara: Que de tanto hacer puras papas cocías, se me olvidó cocinar; y de tanto ver gente apena se me olvidó cómo hay que poner la boca pa reírse, asi que cuando me rio parece que un aire me hubiera enchuecao la cara, y la gente me dice: ¿Qué le pasa, le duelen las muelas?

Pedro: Pero antes no éramos asi; too empezó cuando llegó el Invitao.

Sara: Invitao no; invitao es cuando uno convia a alguien: y a ése yo no lo invité.

Pedro: Yo tampoco: llegó solo.

Sara: Ni el viento llega solo, pero póngamele que si.

Pedro: ¿Cómo que póngamele? ¿Vai empezar? ¿M'estai echando la culpa a mí?

Sara: Ya te dije que no quiero hablar más d'eso (Contando). La cuestión es que llegó, y nosotros teñimos too junto.

Pedro: (Contando). O sea que ahora vivimos en una sola pieza. Ahí teñimos el comeor y el dormitorio.

Sara: Y la cocina también po.

Pedro: Claro, la cocina también. Siempre se me olvida, como no teñimos na que hacer ahí...

Sara: (Moviéndose y señalando). Aquí en este lao teñimos la cama de nosotros, la d'el Invitao ta allá en esa otra punta. (Señala). En la cabecera de la cama d'el hay un poster del Colo Colo, en la de nosotros, uno con tres marraquetas.

Pedro: O sea que en eso tamos a la moa, pan y circo.

Sara: A mí me carga el Colo Colo, le agarré mala porque sirve de pura tapaera. Una no puee saber ninguna de las cuestiones que pasan por culpa d'él.

Pedro: Claro, eso es cierto: si no existiera el Colo Colo los diarios tendrían que salir con la mita de las páginas en blanco ¡Y son baisúos con ropa y too! Por ser, mi'acuerdo d'esa vez que un terremoto mató a quinientas personas y en toos los diarios salió al otro dia en primera página: "Heroica hazaña del Colo Colo ganó con quinientos socios menos".

Sara: Menos mal que hicieron el equipo después de la guerra, si no no hubiéramos sabio na de Arturo Prá tampoco.

Pedro: No po, antes nuera así la cuestión, no'stis hablando de más. No hay que olviarse nunca de lo güeno, porque uno se puee acostumbrar a lo malo.


Hechos consumados

Emilio: ¿Y qué'stabai haciendo que la agarraron con voh?

Marta: Vivir nomás po, eso'staba haciendo. Pero me tocó la mala suerte de pasar por una calle aonde tres gallos taban sacando un bulto a la rastra di'ún pasaje y me quedé hela; me dio la garrotera. (Pausa). ¿Sabis lo qu'es la garrotera?

Emilio: No.

Marta: La misma custión que le daba al Chavo del ocho po.

Emilio: ¿Quién es ése?

Marta:El hermano del Chavo del siete po. (Ríe.)

Emilio: Ah, m'estai güeviando.

Marta: No. Era una serial que daban en la tele, yo la veia cuando andaba arreglando jardines con el Mario. Se trataba de un asopao que cuando le daba mieo quedaba too chueco y tieso, así (lo hace). Así mismo quedé yo cuando vi a los gallos. Entonces al tiro uno d'ellos se me acercó y me dijo: «¿Y voh, qué hacís para aquí? ¿Tai sapiando?

-No pos, mi caballero -le dije-; yo ía pasando nomá.

-¿Aónde vivís?

-No, yo no tengo na casa -le dije-. De qu'el Mario me dejó que ando sola por toas partes.

-¡Ya, ya -me dijo-, márchate di'aquí, te corriste! Me había empezao a ir, re contenta, cuando otro que parecía que mandaba más, le dijo: "No po; no poimos arriesgarlos".

-Pero es que esta gilucha no tiene idea de na -le dijo él.

-No, háceme caso, no poimos arriesgarlos a que ande abriendo el hocico por ahí: arriba con ella.

Y entonces me agarraron y me subieron al auto también. Ahí jue aonde se me ocurrió ponerme a llorar po. "¿Cómo te llamai? ¿Por qué clu jugai? ¿De cuando que te andai metiendo en forros?", me decían. Y yo metan llorar y llorar».

Emilio: ¿Qué bulto era el que habían echao al auto?

Marta: Se movía, pero no lo vi bien, ¿no te digo que me pasé too el rato llorando? Hasta su pata me tiraron pa que me queara calla, pero no le aflojé. Habíamos andao un güen rato ya, cuando uno d'ellos le dijo a los otros: "Pucha, esta infeliz ya me tiene loco con su llantería, qué pedimos hacer con ella". Entonces el que mandaba, me agarró del pelo y me dijo: "Oye, desgracia, si no callai el hocico, te vamo a matar y te vamos a tirar a ese canal". Pero yo las pinzas que le ía aflojar, ¿no vis que si no lloraba me podían hacer decir cualquier lesera, y ahí sí que una'stá frita? Pero yo, mucho iuque en este buque, a mí no m'iban a... (Calla. Prestan atención). ¿Sentís?

Emilio: Claro, sirenas. (Se paran. Otean.)

Marta: (Medrosa.) Y no son na de bomberos, esas suenan di'otra manera.

Emilio: ¿Qué habrá pasao ahora?

Marta: ¡Teñimos que correrlos!

Emilio: No. espérate (Señala). El cagüín tiene que ser con ellos.

Marta: ¡Pero van a cargar con nosotros también!

Emilio: ¿Y qué?

Marta: ¡Yo no quiero que me maten!... ¡Ya aparecieron, vámolos! (Lo toma de un brazo, jala).

Emilio: (Mirando atentamente). No corren, no se asustan: parece que no oyeran.

Marta: ¡Pasaron de largo!... No era na con ellos... ¿Pa dónde van entonces?

Emilio: ¡Qué va saber uno!

Marta: ¿Por qué no corrieron, por qué no se asustaron?

Emilio: No sé po. A lo mejor tan cabriáos de correr v de asustarse. a lo mejor sabían que no era con ellos. (Interesado). Lorea...

Marta: (Tratando de ver). ¿Qué?

Emilio: Allá lejos. El gallo de palo.

Marta: ¡Claro, ta alegando con ellos!

Emilio: (Impulsivo). Voy a ir a ver.

Marta: (Tomándolo). ¡No. no vai!... Me dan mieo. no quiero quedarme sola.

Emilio: ¡Suéltame, yo no tengo na que ver con voh!

Marta: Y yo tampoco con voh po, que me vení a gritoniar.

Emilio: (Extrañado). Pucha, tampoco le hacen ni caso al gallo del palo...

Marta: Verdá po... ¿Quiénes son? ¿Quiénes son?

Emilio: Pueen ser cualquier cosa: pero sean quienes sean. agarraron un camino... Y algún día, andando y andando, tienen que llegar a alguna parte. A lo mejor asi tiene que ser uno, a lo mejor no hay más meta que la que uno se puea poner.

Marta: Pero no le dan bola a nadie.

Emilio: Me gustan... M'están gustando...

Marta: Güeno, ándate con ellos si te gustan tanto po.

Emilio: ¿Por qué al que le pregunté endenantes me dio a entender que yo sabía lo que Restaba preguntando? Cuando a uno le dicen: "No se haga el leso. po iñor", lo'stán acusando de algo...

Marta: ¿Qué me decís a mi po?

Emilio: ¿Tenojaste?

Marta: No, por qué me voy a enojar; voh soy dueño de hacer lo que querai. (Se sienta en el lugar de Emilio. Busca en el saco).

Emilio: ¿Queris comer algo? Ahí en el otro saco tengo algunas cuestiones... (Meditabundo). Lo que tiene una puerta de entra tiene que tener una puerta de salía...

Marta: (Deja de hurgar en el saco). ¿De qué'stai hablando ahora?

Emilio: (Yendo hacia el fondo). De lo mismo de siempre. D'esa obligación inevitable de tener que buscar y buscar.

Marta: ¿Soy raro voh, ah?

Emilio: ¿Cómo raro?

Marta: (Queda pensando). No sé po.

Emilio: No me hagai caso (Rehaciéndose) Güeno, no terminaste de contarme lo que te pasó.

Marta: No me quiero acordar. Te conté pa que no creyera; que me había tirao yo nomá.

Emilio: O sea qu'iban pasando, les molestastes en algo, te metieron al auto y te vinieron a tirar al canal, asi nomás, como quien prende un cigarro o sale a botar basura.

Marta: Claro, así nomás. Pero lo que pasó pasó; toi viva toavía: eso es lo qu'importa. (Emilio va a alegar, se para, se acerca a él). No, no me discutai: voh soy como atracarse al juego, quemai. Yo no quiero aprender a tener mieo, no quiero aprender a llorar... Es bonito vivir, la tierra no tiene la culpa de na; es como una casa sin murallas, donde hay de too lo que una necesita, de too lo que a una le gusta, so!, plantas, agua, frutas, pájaros, de too; ella no tiene la culpa que...


El toro por las astas

Milagrero: ¡Apártense, apártense! ¡Lo que vengo a decirles es pa tóos!; (Pausa) ¡Tan perdiendo el tiempo, se les está yendo de las manos como aceite por el vidrio: tan perdiendo la vía! Antonio: (Cansino). Esa es la cosa po, tan puro escapando.

Víctor: ¡Voh cállate, infeliz, cállate!

Jaque: ¡Dígalos, dígalos lo que teñimos que hacer!

Milagrero: ¡Yo no pueo decirle a nadie lo que tiene que hacer, señora; too lo que se hace pa vivir es güeno, ¡pero lo que se hace pa vivir! El que tiene una hería llora una vez, y después aprieta los dientes, porque si llora dos veces se convierte en muerto. Escondíos aquí como ratas asustas, no tienen salvación, podrían tar llorando y esperando cien años, doscientos, pero no sacarían na; porque la via'stá aentro de ustedes, así que sino la viven ustedes, ¿quién puee vivirla?

Made: ¡Nosotros no querimos palabras: querimos ayúa!

Milagrero: No hay nadie en el cielo ni en la tierra que puea ayudarlos; porque la vía está aentro de ustedes.

Víctor: ¡Eso ya los dijo!

Milagrero: ¡Pero entiendan, po, entiendan lo que les quiero decir: no hay milagros! ¡Eso es lo que vengo a decirles: no hay milagros!

(El grupo -excepto Antonio, que mantiene su lejanidad- se echa hacia atrás, como ante un apestado, como ante un blasfemo terrible. Aturdidos, sobrecogidos. "No hay Milagros" representa para ellos el desamparo, la desnudez profunda y completa. La primera en reaccionar. tímida, asustada, es Lucía)

Lucía: ¿Y...? ¿Y... Dios?

Milagrero: Dios no es de los muertos, es de los vivos, señora, ¡de los vivos! Mientras a ustedes les crece l'hambre, mientras se les pudre la vía encerraos aquí...

Made: (En llanto, en angustia). ¡Cállese, cállese, nosotros no lo'stábamos esperando pa eso... no lo esperábamos pa eso...

Milagrero: Claro que no po; creían que ía a llegar con un saco de milagros al hombro. ¡Creían que otra vez ia a morir, solo como un perro...!

Jaque: Por favor... por favor...

Milagrero: ¡No hay favor, no hay milagros!

Jaque: ¡No puee ser!... Si El los parió... ¿por qué los trata mal? ¿Por qué dejó que me arrancaran el pecho?... ¡Un padre no puee hacer eso!

Lucía: ¡Si hay guerra tenía que darlos las armas pa defenderlos!

Víctor: El no lo puee haber mandao a decirlos que no los va ayuar; lo que no pedimos hacer nosotros con la juerza que los dio, tiene que hacerlo El, en la de no, ¿cómo íamos a saber que existe?

Antonio: Guarde, gancho; lo que quieren escuchar es que no'stá too perdió pa ellos; y aunque sea la mentira más grande del mundo. aunque pal fondo del corazón ellos sepan eso, en vez de decirles la verdá, tiene que decirles que algún día les va dar lo que le piden; porque a eso le llaman esperanza... Tenga cuidao, que con tal de no tocar el fondo de ellos, pueen fregarlo. Échese el pollo, mejor, vayase.

Milagrero: No puedo... Toi como cayendo, pero no pueo parar. Toi ciego, toi como si hubiera tomao fuego... ¿Por qué dije toas esas cosas? ¡Por qué tengo tanta rabia! ¡Los mataría a patas pa que m'entendieran!... Pero... ¿por qué me va condenar a mi? ¿Por qué me va condenar?... Maiga. Maiga... (Pausa. Furiosamente) ¡Entiendan, entiendan, desgraciaos! (Busca, acosado) ¡Espérense, espérense aqui!

(Sale. Ruido de golpes sobre tablas, crujir, estruendo.)

Lucía: ¿Qué'stá haciendo? ¡Qué hizo!

(Quiere ir a ver, la rodean, la atajan.)

Jaque: ¡Déjalo, El sabe!

Made: (Deslumbrada). ¡Los vino ayuar, los vino ayuar...

(Una claridad viene de afuera. Es una claridad recia, dura.)

Made y Jaque: (Asustadas, emocionadas) ¡La puerta, abrió la puerta.

Milagrero: (Entrando). No jui yo: jue la mano de Dios, la mano enoja. Pero no la abrió na: ¡la echó abajo! (Señala). El que quiera vivir, salga. ¡Salgan como salieron del vientre de su madre; como salen las piedras de las manos, como sale el fuego de los palos! ¡Salgan los presos por ellos mismos, los presos por los demás: los temerosos, los escondios! (Enajenado). Lloren los salvajes matadores, los falsos adivinos que reparten consuelos mentirosos: lloren, porque han sio derribas las puertas! ¡Estalle la gran indignación de las viudas, de los hambrientos, de los sin pega! ¡Escúchense lamentos de saquiaores; aullios de fieras resuenen por el fin de la gloria de su poder!

Lucía: (Desesperada). ¡No. no; no queríamos eso, no lo esperábamos pa eso!...

Milagrero: ¡Salgan, salgan! Lleven la vía por las calles, como lleva el padre al hijo, vayanse por las tremendas, por las anchas alameas! ¡No hay na escondió: el árbol del bien y del mal, el árbol de la via: es la via! ¡Coman, coman d'ella! ¡Coman, co... (Queda inmóvil, perplejo).

Jaque: ¿Qué le pasa! ¡Qué le pasa!

(El Milagrero siente que se le acaba la vida: pero no experimenta dolor, sólo ira y estupefacción.)

Milagrero: ¡No, no. compadre, no me haga esto!... Usté es el rey de los reyes, no puee echar su fuerza contra mi. yo soy un pobre gallo, no es justo... ¡Pa qué me echó al medio de los afligios entonces!, ¡tenía que contarles la firme! No me pare el corazón, iñor, no sea asi... Puta. ¡pero si jue usté el que me hizo decirles eso!... ¡No sea así. no sea así. iñor!...

(Habla, apostrofa, pero no se escucha. Es una muerte blanca, una muerte sin dolor físico. Pero el Milagrero se ve hasta el último lleno de cólera y terror. Víctor y las tres mujeres, que inconscientemente dan al hecho una connotación sobrenatural, no intentan intervenir: antes bien. retroceden, no quisieran ni siquiera mirar: es como si viesen a Dios apretándole el cuello al Milagrero. Antonio, iras una breve indecisión, va hacia él y trata de ayudarle. Pero ya nada se puede hacer.)

Antonio: No hay caso: le falló la cuchara. (lientamente, el peso de lo perdido, va rompiendo el temor supersticioso dentro de ellos.)

Made: ¿Qué hacimos?... ¿Qué vamo hacer ahora?

Antonio: (Tras una breve pausa) Ustedes, no sé po: lo qu'es yo. tengo qu'irme.

Lucía: (Al Milagrero. Lenta) Levántate...

Víctor: (A Antonio, que se va) ¡No te podís ir...!

Antonio: Tengo qu'irme. Siempre que alguien abre una puerta, yo salgo... Chao Jaque, chao Made.

(Sale. Víctor hace amago de seguirlo; se detiene. Queda mirando hacia afuera.)

Lucía: ¡Levántate, levántate!

(Mecánicamente, Jaque prende la radio. Baila su disco, ahora al son de las balas, gritos, carreras, etc.. que brotan de la radio. Made, en actitud de absoluto desamparo, rompe el delantal.)

Lucía: (Absurda, loca) El Oscar quiere ver la Luz, quiere que lo dejen ver la luz no más, levántate, levántate...

(Queda sólo el sonido de las balas, las órdenes y los gritos.)


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03