Oski, Vero ciudadano de Indias

Oski, Vero ciudadano de Indias

Miguel Rojas Mix

Araucaria de Chile. Nº 10, 1980.

La verdad es que a Oski lo conocí en Chile cuando emprendíamos juntos la tarea de hacer una carpeta con grabados que él mismo bautizó Vera historia natural de Indias. Era una teratología bufa que ponía en imagen las más fantásticas narraciones de los Cronistas sobre la fauna de América. La idea era producir una obra de arte, un grabado, que fuese accesible a un gran público. Una de nuestras ambiciones durante la Unidad Popular fue la de popularizar y descolonizar el arte y Oski se prestaba mejor que nadie, pues por su actitud y por su imagen era un Vero artista popular de Indias.

«Oscar Conti, que firma Oski, nació en Buenos Aires en 1914, se diplomó en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Luego estudió escenografía en la Academia Superior de Bellas Artes... Desde 1942 ha publicado regularmente dibujos en publicaciones argentinas y de otros países, comenzando con Cascabel y prosiguiendo con otros diarios y revistas, entre los cuales Rico Tipo, Vea y Lea, Cabalgata, el Hogar, Revista de Aeronáutica y el cotidiano Clarín, Ja. Ja de Ciudad de México y Ultimas Noticias de Santiago de Chile. Desde 1943 a 1944 permanece por un año en el Perú, estudiando arqueología y folklore. Visitó Europa en 1948, 1951, 1958 y 1965, viviendo la mayor parte de su tiempo en Italia y en Francia, trabajando como ilustrador de libros y diseñador publicitario. En 1947 diseñó la escenografía para La putain respectuese de Sartre en Santiago de Chile, y en 1953 para Androcles and the Lion de Shaw en Buenos Aires.

«Entre 1945 y 1954 ilustró tres libros: uno hecho en colaboración con el escritor humorístico Carlos Warnes (con el que creó la imagen de César Bruto, aquel personaje que Cortázar evoca con la misma reverencia que tiene cuando cita a John Keats o Marcel Duchamp) y dos originales: Bruta Antología de Oski (1952) y Vera Historia de Indias (1958). Además los «cuadernos de medicina» Brutoski siempre con Warnes, para la sede argentina de una gran industria farmacéutica internacional, que terminará por convertirse en una verdadera enciclopedia satírica del argumento, el Medicinal Brutoski, adquirido luego también por una firma italiana de medicinas».

«En Italia en el año 50 hace muchos trabajos publicitarios entre los cuales la Tavole della Scuola di Salerno para la industria farmacéutica «Serono»; colaboró además en muchas revistas y especialmente en publicaciones de izquierda como la Unitá, Paese Sera y Vie Nouve...

«Después del período italiano, hubo también uno cubano. Había triunfado la Revolución y Oski marchó a Cuba a ver, a sentir, a trabajar...» (Marcello Ravoni Linus Anno VI - Giugno 1079, Nº 63, pp. 2-3).

Aggiunta: Al triunfar la Unidad Popular se trasladó a Chile, donde trabajó en la Televisión y en Editorial Quimantú para la Revista Cabro Chico. Fruto de esta estadía es la Vera Historia Natural de Indias. En 1972 volvió a Buenos Aires, donde permaneció hasta la muerte de J. D. Perón. Pasó entonces a Barcelona, donde ilustró varios libros para la Editorial Lumen; entre otros El Fantasma de Canterville de Oscar Wilde. En 1976 se fue a vivir a Roma, ciudad en la que permaneció hasta fines de 1979, cuando sintiéndose enfermo decidió volver a Buenos Aires. Allí en un hospital perdido murió como había vivido: solitario en una errata. Mucho más se podría decir de la vida de Osear Conti, que firmaba Oski y que había nacido en Buenos Aires en 1914: viajero sedentario, amante del vino y de los cuadrantes viejos de reloj... Pero eso le pertenece. Su obra, en cambio, es nuestra. Ella tiene una significación muy grande, en especial para América Latina.

Comienza dibujando bajo la influencia de Steinberg. Es curioso que éste que publica su primer libro sólo en 1945 (All in Line), sea conocido desde muy temprano en América Latina. En efecto, muy poco después que comienza a trabajar, en 1936, su obra se difunde en Brasil, a través de la revista Sombra y en Argentina con Cascabel. Cascabel será también de gran importancia para la formación de Oski. Su primer dibujo conocido es de 1942 y aparece precisamente en Cascabel, el 1º de abril. Refleja más o menos la prima manera de Steinberg, de líneas simples, con un pequeño texto donde todo lo accesorio se elimina en beneficio de la escena. El humor está esencialmente en el «argumento». El «mundo» y el «tiempo» (el desierto y la época de la guerra) se indican sólo con los elementos esenciales. Es un humor sin arraigo americano.

Pronto, sin embargo, Oski alcanza su estilo personal. El paso se advierte claramente al comparar los dos dibujos de su viaje al Cuzco, del año 44. En el primero «Los Turistas» todavía se advierte la línea steinbergniana también el «mundo» está reducido a una expresión elemental.

En la «Banda de Música» en cambio, ya todo es diferente. El «mundo» adquiere una importancia fundamental y comienza a desarrollar un estilo que podría denominarse «barroquista». El humor se encuentra entonces no en el argumento, sino en las «circunstancias» -en el mundo entorno- en que ocurre la escena. El hecho de que en un pueblo de la sierra toque una banda de músicos y que sea observada por un grupo de curiosos no tiene en sí mismo nada cómico. La comicidad está en las situaciones humanas que crea «el tocador» o en las escenas que se desarrollan paralelamente al argumento y en forma independiente de éste: en el músico que transpira y resuella tocando el trombón, en los niños que se persiguen tirándose el pelo y en los indios vestidos con sus trajes característicos que contemplan llenos de asombro esta «interpretación maestra» de los músicos, todos los cuales están uniformados como en las mejores ciudades europeas. Por último sobre la fuente, una extraordinaria «alegoría del indio» nos lo muestra bajo la forma de un piel roja. Una imagen que nada tiene que ver con los indios del Altiplano que aspira a representar. Consciente o inconsciente hay aquí un planteamiento americano. La contradicción existencial que existe en un mundo en que ni siquiera sus propios símbolos corresponden a su realidad.

A partir de ese momento el «mundo» y el «tiempo» comienzan a ser de extraordinaria significación para entender la obra de Oski.

El mundo lo utiliza como un «mundo-en-torno» que alude a la complejidad de las cosas, que existen paralelas y sin relación necesaria con la escena central. La dicotomía entre el «argumento» y las contingencias del «mundo» en que ese argumento se desarrolla constituye desde entonces una de las fuentes de su humorismo: el «tiempo» por su parte cumple un papel de primera importancia en todo lo que podríamos llamar «humorismo histórico».

Con un tal distanciamiento, Oski comienza a asomarse y a revisar el mundo, la historia y las tradiciones. Toma textos y documentos de la Conquista o de la Edad Media y sin apartarse de la descripción, juega sobre los equívocos que nacen del trasladar un texto a imágenes. Su humorismo surge de una especie de metaconciencia que al hacerle ver el revés humano de la fábula, pone a ésta en derrisión. Como en el juego de los dados, Oski «pide por abajo», diciéndonos que toda escena puesta en mármol por la historia es una imagen ideal, llena de resquicios, en donde se ocultan los accidentes de la vida, el absurdo y el caos. Así opera por ejemplo en la Vera Historia de Indias. Lo mismo hace cuando utiliza no un texto, sino una estampa como punto de partida; entonces da vida a esos personajes congelados por su documentalidad y genera el humor recreando las complejidades y llevando al absurdo las complicaciones que en el diario vivir provocaba la forma en que vestían, se movían o actuaban los personajes. Así en uno de sus más notables dibujos de la Vera Historia de Indias, «Los Peinetones» crea el «caos» exagerando hasta el absurdo la moda de los grandes peinetones de carey que se popularizaron en nuestro mundo a comienzos del siglo pasado.

Llevar la imagen al caos -dentro del cual por cierto hay un gran orden, el orden satírico-absurdo- es para el artista un elemento básico de su humorismo, incluso utiliza símbolos que aluden a este caos, como el calcetín rayado que aparece colgando de los lugares más inesperados.

En todas las grandes series que él emprende -Oski gustaba de abordar grandes ciclos: La Historia de la Medicina, El Kama Sutra, Los Cuadros famosos, El Manual de Carreño, La Vera Historia y la Historia Natural de Indias, El Fuero Juzgo, etc.), su humor consiste en dar vida a personajes congelados por la documentalidad e introduciéndoles en lo cotidiano, llevar al absurdo el sentencioso sentido de los textos.

¿Hay un sentido americano en su obra?

Pienso que aunque el propio artista crea que su humor es universal, es preciso reconocer en su obra una visión americana del mundo. En efecto, es indudable que hombres de Italia y Francia han reído y ríen con sus «dibujitos» (así los llamaba él mismo), pero muchos de ellos sólo alcanzan pleno sentido para quien está inserto en la realidad americana. Quién puede entender, por ejemplo, sus historias de tangos: «Farolito Viejo», «Julián», «Langosta», etc., sino aquél que entiende vitalmente lo que es «el compadrito», «el bacán» o «la percanta». Así pues, aun cuando sus dibujos pueden tener un público universal, no hay duda que en muchos de ellos es con el «interlocutor» latinoamericano con quien se establece una comunicación de primera mano y llena de sentido. Más aún, una importante parte de su temática es americana.

La forma de comunicar su visión del mundo significó, además, una trascendental transformación del dibujo humorístico en nuestro continente. Con Oski el dibujante se sitúa en intelectual, deja de ser ilustrador y entrega una visión personal y crítica y lúdica y amarga y absurda del mundo. Pero no sólo en el terreno de los comics o del dibujo de humor, se impone su actitud. Los «monitos» terminaron por abrirse camino en la llamada «pintura seria», e incluso artistas que iniciaron su experiencia estética con las más sofisticadas investigaciones visuales, cuando se plantearon el problema de la comunicación con el público, comenzaron a introducirlos claramente en su obra. Tal fue el caso de Le Pare, de Seguí o de Matta. Otros los han utilizado en sus trabajos neofigurativos camuflándolos un poco bajo el disfraz expresionista.

Oski mismo no apreciaba que lo llamaran humorista. El era artista, y punto. Y un día, con ese humor maldito que lo caracterizaba, respondió a un amigo común, pintor, quien manifestándole su admiración, con la mayor buena fe del mundo, le había llamado: «El gran humorista de América». -«Mira, humorista yo no soy. Vos sí, en cambio, sos un gran humorista». -«Pero, ¿cómo?», le dijo sorprendido el otro, que hacía un arte épico y serio. Y Oski respondió lapidario -«¿No ves que todo el mundo se caga de la risa mirando tus cuadros?». A la respuesta siguió una carcajada estrepitosa de mi amigo que no pudo dejar de apreciar su causticidad. Así era Oski y así los amigos que lo amaban.

Cuando recuerdo a Oski, no puedo dejar de pensar en José Guadalupe Posada. Ambos prefirieron la condición de artesanos a la de «artista». Ambos escaparon a la mistificación de sí mismos. Ambos fueron simples seres humanos, amigos simples y obreros de su pluma. Jamás el arte de ninguno de ellos fue destinado a las élites y ninguno de los dos pudo nunca ser rescatado por los abalorios de la sociedad de consumo.

Yo no conozco muy bien la influencia que «El viejo» ha podido tener en Europa, pero en América fue enorme. El vivió como un vero ciudadano de Indias, pasando largos períodos en diversas ciudades del Continente y dejando en cada una, una semilla que con el tiempo ha germinado en un estilo y en una mirada crítica que nació de la insolencia de una libertad irreductible.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03