De la revista "Araucaria" a los "Libros del Meridión"

DE LA REVISTA "ARAUCARIA" A LOS "LIBROS DEL MERIDIÓN"

Araucaria de Chile. Nº 28. Madrid 1984

Después de siete años de labor, Ediciones Michay, productora de Araucaria, ha decidido ampliar su campo de trabajo, y empieza ahora la publicación de una serie denominada Libros del Meridión, con los cuales se propone ampliar la tarea cumplida por la revista, dando a conocer obras significativas en torno a cuestiones claves de la vida política, social y cultural de Chile y América Latina.

Con el sello del Meridión aparecerán en un período más o menos inmediato tres títulos. Uno de ellos es El Libro Mayor de Violeta Parra, obra preparada por Isabel Parra, que habla en ella de su madre, presentando un relato propio como hilo conductor de un extraordinario conjunto de testimonios y documentos sobre la vida y trayectoria de la ilustre artista nacional En el libro, además, se publica parte de la correspondencia amorosa de Violeta, se recoge una cincuentena de fotografías de diversas etapas de su vida, y se agregan letras de sus principales canciones, más completa discografía y bibliografía. Prólogo del musicólogo cubano Víctor Casaus.

Dawson es el título de otro Libro del Meridión. Escrito por Sergio Vuskovic Rojo, ex-alcalde de Valparaíso, profesor de Filosofía y uno de los que conoció como prisionero lo que fue el campo de concentración de Dawson. En él se relata minuciosamente aquella experiencia. A su propio testimonio, el autor sumó los de Orlando Letelier, Luis Corvalán, Pedro Felipe Ramírez, Moy de Tohá, Benjamín Teplisky y otros, realizando un montaje que proporciona la primera visión total de aquel negro episodio inaugural de la década de ignominia y sufrimiento vivida por el pueblo chileno desde septiembre de 1973. El primer título en aparecer ha sido la obra Neruda, escrita por Volodia Teitelboim.

El extenso volumen (426 páginas más 16 láminas fuera de texto con fotografías inéditas en blanco y negro) fue lanzado oficialmente en España en la primera semana del mes de noviembre. Primero en Barcelona, donde la presentación estuvo a cargo de la novelista Montserrat Roig, y luego en Madrid, el día jueves 8 de noviembre, en el Salón de Actos del Instituto de Cooperación Iberoamericana. La presentación la hizo el escritor español Manuel Vázquez Montalbán. Su texto no fue leído y no pudimos por eso, lamentablemente, conservarlo. En su reemplazo, sin embargo recogemos el artículo que dos días después publicara él en el diario El País, donde evoca el acontecimiento de aquella tarde.

La intervención de Vázquez Montalbán fue precedida por una breve alocución entregada a nombre de los editores, y cuyo texto es el siguiente:

Carlos Orellana:

Los chilenos que están aquí esta tarde recordarán, tal vez, que antes que nos cayera encima la plaga del general Pinochet, en un diario de Santiago de Chile un tipógrafo español refugiado -español republicano decíamos entonces- escribía todas las semanas con religiosa periodicidad, los días lunes, un articulo, ciertamente siempre optimista, sobre la situación política de España.

Hoy, entre nosotros, chilenos exiliados, suman legiones los José Moran que predicamos de mil modos diferentes ese necesario evangelio de la esperanza: también escribiendo artículos, o haciendo programas radiales, organizando debates, convocando a mítines, pintando cuadros, filmando películas, componiendo canciones, preparando libros.

A algunos nos ha tocado editar revistas, como Araucaria de Chile, que se ha propuesto una labor que no es tanto predicadora como conservadora y de defensa y desarrollo de una cultura chilena que no aceptó, no digamos su sentencia de muerte, sino ni siquiera la condena a la languidez.

Siete años después de venirla publicando, hemos decidido ampliar nuestro trabajo y editar libros, también en Madrid.

Esa es la razón, amigos, de haberlos congregado aquí esta tarde.

Queremos decir dos palabras sobre el nombre de nuestro sello editorial. Libros del Meridión se llamarán las obras que publiquemos. Del Meridión, es decir, del Sur; libros escritos y producidos por gente que viene del país austral por antonomasia. Meridión es un vocablo en desuso, olvidado. Es un hecho curioso, porque no ocurre lo mismo con Septentrión, como si también con esto quisiera aportarse una prueba más del trato desigual que nos reserva la Historia a los del Sur en relación con los del Norte.

Con Meridión -que fuimos a recoger en sus fuentes, en el Romancero- reemplazábamos una denominación que bien nos hubiera gustado hacer nuestra: Cruz del Sur. Pero un español, Arturo Soria, la había hecho ya suya, fundando en Chile una editorial que en la década del 40 realizó una labor de dignidad sobresaliente Cruz del Sur empezó su trabajo publicando entonces una edición primorosa de Residencia en la Tierra, de Pablo Neruda Como si hubiéramos querido subrayar que en casi cualquier proyecto cultural que un chileno conciba hoy, la presencia del poeta representa un referente virtualmente obligatorio, nosotros inauguramos nuestro trabajo publicando una obra que se ocupa también de él, sólo que contándonos su vida y habiéndonos de su obra.

Presentará este libro -que se llama, escuetamente, Neruda- y a su autor, Volodia Teitelboim, alguien que en España no necesita mayor presentación: Manuel Vázquez Montalbán Tampoco nos atreveríamos nosotros a hacerlo, por temor a no atinar a descubrir cuál de los varios Vázquez Montalbán existentes ha venido aquí esta tarde: ¿Acaso el polémico columnista del diario El País? ¿Tal vez Pepe Carvalho, del brazo con el novelista, en plan de socarronerías y digresión gastronómica? ¿O el autor de letras de canciones? ¿O quizá simplemente el duende que juega, burla burlando, a ser heraldo de gigantes y cabezudos?

Como quiera que sea, estamos seguros de no equivocarnos si afirmamos que el Vázquez Montalbán que nos acompaña es, de todos modos, el buen amigo de la buena causa del pueblo chileno.

Manuel Vázquez Montalbán:

Presento en Madrid la biografía de Neruda escrita por Volodia Teitelboim, poeta, ensayista, novelista chileno, alto dirigente del partido comunista cuyo nombre se quedó prendido en mi memoria cuando se produjo la riada humana de asesinados y exiliados provocada por la miseria histórica del general Pinocho;. Me quedó prendido el apellido sin duda por su eufonía y por el hecho de que el golpe sorprendió a Teitelboim en el seno de una delegación enviada por Allende para explicarnos a los europeos los riesgos de que en Chile se produjera un golpe militar Teitelboim es poeta y comunista desde que lo demostró en los años treinta, es decir, viene de lejos, y su biografía de Neruda complementa suficientemente el Confieso que he vivido, porque se trata de la conciencia externa de la vida y obra del poeta, aportada por un amigo entrañable y tan fiel que se permite una sonrisa en el epitafio: "...No es aventurado concluir que no necesitaba confesar que había vivido, porque éste era un secreto a voces'". Al acto asisten exiliados chilenos y veteranos comunistas españoles. Un joven médico chileno que me devuelve al aeropuerto a través de un Madrid colapsado por la lluvia me comenta: "Teitelboim, Corvalán, los viejos, han sabido estar a la altura de las circunstancias y dejan que la lucha en Chile la programen y la lleven adelante las nuevas promociones". Teitelboim me parece un excelente escritor y un dirigente inteligente. La inteligencia es a veces una forma superior de moralidad.

Habló en seguida el autor, quien agradeció en primer término las palabras del presentador, leyendo a continuación el texto que publicamos.

Volodia Teitelboim:

De entrada quiero confesar que éste es un libro de encargo. ¿Por qué avergonzarse si alguien tan grande como el Greco acepta sin asombro, de seguro hasta con agradecimiento, la encomienda de pintar el Entierro del Conde de Orgaz, de labios del vicario de Santo Tomé, quien con toda naturalidad le indica "no sólo las dimensiones de la totalidad de los personajes que deben figurar en ella, sino también tas figuras de cada uno y la disposición del lienzo en dos planos, es decir, lo que haya en el lado terrestre y lo que haya en el cielo, ampliamente abierto"?

Cuando recibí la proposición de escribir una biografía de Neruda, no se me dijo nada sobre lo que debería incluirse en el lado terrestre y aquello que correspondía al lado celeste en la vida del poeta. Porque el autor de Residencia en la Tierra, a pesar de todo, no fue tan extraño al cielo, tomado como sueño, anhelo y gran proyecto. Entendí que debía tratar al Neruda terrestre y celeste, carnal y espiritual, sanguíneo, instintivo y quimérico.

Sin embargo, los editores me dieron otras precisiones, referidas más que nada a la urgencia. La conversación sobre el encargo se hacía a principios de febrero de este año y yo debería entregar el libro antes de que se cumplieran ochenta años del nacimiento del poeta, o sea, el 12 de julio de 1984. Plazo reducido que lo hacía imposible. ¿Contentarse tal vez con una breve visión ensayística? No era lo que ellos querían ni tampoco lo que yo íntimamente deseaba. Alegué sobre lo corto del plazo. Me explicaron: se trata de una carrera contra el reloj. Los chilenos del exilio, que dieron vida a la revista Araucaria, convirtiéndola en la publicación cultural del Chile peregrino, querían ahora que le naciera una hermana con fecha fija, precisamente en esta capital.

No daban los nueve meses reglamentarios para que se gestara y emergiera de las entrañas normalmente. No fue ni siquiera sietemesina Nació de cinco o cuatro meses Fue hecha a marchas forzadas.

Sea como sea, la pobre tiene un buen padrino, Manuel Vázquez Montalbán, que dirige hoy en esta sala la plataforma de lanzamiento. El libro entra en órbita en España. Se dispara desde Madrid. Pero la fama de su blanco oblicuo está a miles de kilómetros. Allá en Santiago del Nuevo Extremo; o en una caleta que un conquistador llamó Valparaíso, con metáfora entre mística y poética; o en Parral, donde nació el poeta; o en el Temuco de la larga guerra de trescientos años entre las tropas del Rey de España y los indios araucanos, donde un tal Neftalí Ricardo Reyes Basoalto vivió la niñez y la adolescencia fugaces, criando alas para el vuelo En fin, el punto de la mira telescópica enfoca esa larga y delgada tierra, hecha de cordillera y litoral dentado que Neruda poetizó hasta lo indecible.

Este libro versa sobre la vida del Neruda conocido y del Neruda off the record. Cuenta su visión del personaje quien lo estuvo observando amistosamente durante cuarenta años. Este libro se alimenta, omnívoro, también con los descubrimientos de los demás. Habla del hombre un poco inaudito, inédito, el de las confesiones que no hizo en Confieso que he vivido, porque, en rigor, mantuvo guardados algunos enigmas, grandes y pequeños sigilos Porque este poeta es una mina pródiga de hallazgos. Se sale del marco de la foto vendida al público.

Los editores del los Libros del Meridión son testigos sufridores de los agregados de última hora. Se producen nuevos pequeños descubrimientos con una frecuencia que pone en aprietos a un libro que alienta la ambición imposible de ser completo. A veces ellos surgen de conversaciones con amigos íntimos, de recuerdos adormecidos que de repente despiertan en la noche o de una revelación inesperada hecha por la familia de Federico García Lorca, dando cuenta de un poema inédito que después de medio siglo abandona los herméticos cajones reservados y es publicado en el ABC.

Quiero incorporarlo, le digo al editor. "No se puede. El libro ya está compaginado y a punto de ir a las prensas."

Como no alcanzó a aparecer, salgo del empacho, me quedo más tranquilo y me saco un peso de encima leyendo los breves añadidos que esperan algún día incorporarse a la obra.

«El hecho produce revuelo entre los amigos. Es el acontecimiento esperado. ¡Ha nacido Malva Marina Trinidad' El más jubiloso. García Lorca. Jubiloso, apenado y secreto. Tan secreto que va a casa y escribe un poema que sólo va a ser conocido cincuenta años después, titulado "Versos en el nacimientos de Malva Marina Neruda". Poesía de blanco y negro. Pesarosa porque la muerte espió su alumbramiento y meció su cuna. Salió prematura y al nacer estuvo a punto de morir. Federico hace un conjuro para que viva, versos de magia blanca, invocación para la salvación del cuerpo y del alma de una recién nacida:

»Malva Marina, ¡quién pudiera verte
delfín de amor sobre las viejas olas,
cuando el vals de tu América destila
veneno y sangre de mortal paloma!

"¡Quién pudiera quebrar los pies oscuros
de la noche que ladra por las rocas
y detener al aire inmenso y triste
que lleva dalias y devuelve sombras!

»El poeta murió antes que la niña. Tal vez pensó que habían sido oídos los votos que formuló como mago benéfico. Para él era ella chilena de padre, javanesa de madre, española de nacimiento.

«El Elefante blanco está pensando
si te dará una espada o una rosa:
Java, llamas de acero y mano verde,
el mar de Chile, valses y coronas.
Niñita de Madrid, Malva Marina,
no quiero darte flor ni caracola:
ramo de sal y amor, celeste lumbre,
pongo pensando en ti sobre tu boca.

»El no pudo salvarse. Y no pudo salvarla. Esos versos manuscritos, que aguardaron medio siglo antes de emerger a la luz, no los conoció Neruda. Nadie quizá supo de su existencia hasta que la familia de Federico puso orden en sus papeles inéditos y descubrió esa poesía ignorada. El 1 2 de julio de 1984, rememorando los ochenta años del natalicio de Neruda, el ABC de Madrid publicó la primicia. Comentando el hallazgo, Luis Enrique Délano, pocos días antes de poner término a su largo segundo exilio -el primero lo compartió con Neruda-, evocó en México a Malva Marina. "La recuerdo como a una niña pálida, de cabellos y ojos oscuros, como los de Neruda. ¿Los rasgos nórdicos de su madre no se reflejaron en ella? Pensándolo bien, quizá la forma de la cara era la de Maruca La recuerdo en su cuna y en el cochecito en que su madre la llevaba al parque, el Parque del Oeste, que era el que quedaba más cerca de la Casa de las Flores -una especie de Edificio Condesa del Madrid de esa época-, donde vivía la familia Neruda. No hablaba, solamente miraba con sus ojos grandes y dulces, como asustados ¡Y cantaba! Su madre, que era muy entonada, le había enseñado a cantar y la niña seguía la melodía de las canciones también con muy buen oído"

»Como se ha dicho, hubo problemas desde el momento mismo del parto »

Vale decir, querámoslo o no, la nuestra es una obra abierta, pues vendrán nuevas revelaciones suficientes para componer un libro de nunca acabar. Jamás estará concluido Si este volumen algún día tuviera la fortuna de una nueva edición, tal vez irían, en la parte correspondiente, las líneas aquí expuestas. Si no, quede constancia que en la noche del lanzamiento del libro en Madrid se leyó el párrafo del descubrimiento tardío, en el Salón de Actos del Instituto de Cooperación Iberoamericana.

Aquella amistad entre los dos poetas fue una especie de cooperación del alma. Si el poema a Malva Marina se mantuvo guardado durante tanto tiempo, si algún familiar con sentido de la historia como propiedad pública del conocimiento puso fin al largo secreto, ¿acaso es ilusorio pensar que en días futuros asomen otros capítulos aún desconocidos? Agregados como éste - o ciertamente no tan notables, aunque ¿quién puede saberlo?- se seguirán produciendo. Crecerá la angustia de ver que el Tiempo (con mayúscula) vuelve la obra cada vez más inconclusa

Federico no era el único poeta español entristecido por la mala salud de la pequeña. Miguel Hernández escribió entonces a un amigo de su comarca que "Pablo tiene una niña de diez meses enferma y le agradeceré me diga si hay médicos buenos, especializados en enfermedades de niños".

España, para Neruda, no sólo fue el gran resplandor que le iluminó todo a la luz del fuego, el sentido de la vida y le cambió la poesía. Aquí conoció a fondo el sentimiento de la amistad. De esta tierra salió transfigurado para siempre.

Neruda empezó a torear a la española antes de llegar a España. La primera corrida la hizo en Buenos Aires, el año 1933, junto a un diestro andaluz de nombre Federico García Lorca. Ambos se juntaron para "una suerte llamada 'toreo al alimón , en que dos toreros hurtan su cuerpo al toro cogidos de la misma capa" Y lo hicieron para reclamar la plaza, el parque, la estatua, la tienda de rosas Rubén Darío, la unidad de las literaturas en español de aquí y de allá. Él bien sabía, por razón de sangre y de oficio, lo que todos sabemos desde la escuela: que ésta es la casa matriz de la lengua. Estuvo feliz cuando desembarcó en España hace cuarenta años. Desde el Oriente -Birmania, Ceilán, Java-, rodeado por la soledad y la incomunicación, lanzaba mensajes desesperados a Rafael Alberti, pidiendo sobre todo diccionarios, lengua española, que no hablaba con nadie durante años. Pero un día llega personalmente a su propia puerta. Un desconocido que subió "de prisa las escaleras de su casa en Madrid y un poco jadeante se presenta: -Soy Pablo Neruda. Acabo de llegar y he venido a saludarte". (Debo decir que Alberti anda por este libro como Rafael por su casa. Entra y sale a cada rato de la obra como el personaje de una pieza de teatro.)

Agradeció siempre la buena acogida en esta tierra. No olvidó nunca a ese Federico, con un ramo de rosas esperándolo en la Estación de Madrid, ni a esos poetas, la flor de entonces, saludándole como un "honor del idioma castellano". Tuvo aquí afinidades y polémicas -por ejemplo, el diferendo con Juan Ramón Jiménez-, pero en ninguna parte hasta entonces había vivido más intensamente.

Le hirió lo que sucedió después en este país. Sintió en su corazón los tiros de la ejecución en Víznar. Y aquí publicó, como consecuencia del terrible impacto de la guerra, un libro que pertenece a este pueblo, más que a ningún otro: España en el corazón.

Aquí el cónsul de Chile perdió la compostura debido a su cargo. Se abanderizó públicamente. Fue destituido. Esto, si no lo puso radiante, le dio la libertad de expresar todo su sentimiento.

Fue salvador de tres mil españoles republicanos, a quienes trasladó sanos y salvos, en 1939, a un Chile gobernado por el Frente Popular

Le dolieron los años de la incomunicación. Le hacía falta España. Lo manifestó en memorables entrevistas. Lástima grande que no pudiera retornar en vida. Esperaba esa hora Pero él murió antes que Franco.

¿Quién no sabe que Neruda ha vuelto a España? Es su centro editorial. Forma también parte del patrimonio cultural de España y del español como persona y como lengua.

Esta noche Neruda, que "había nacido para nacer", renace de nuevo un poco en este acto convocado en torno a su nombre, cuando aparece otro libro sobre su vida.

¿Por qué -se preguntarán- una biografía sobre Neruda si existen otras muy autorizadas, si se le han dedicado tantos estudios, ensayos, comentarios, que llenarían una biblioteca de gran tamaño, y por fin, si él mismo escribió un Confieso que he vivido insuperable?

Parafraseando la expresión nerudiana, quiero explicar esta cosa, que no tiene por qué registrarse en caracteres góticos. Pero para mí ese hombre fue amigo del alma, que sigo echando de menos en lo personal, que lo he necesitado en la vida privada y con el cual discutíamos todo sobre la vida pública y política. Alguna vez Neruda lo dijo en letra impresa cuando habló generosamente del autor de este libro como "un compañero que en la intimidad me ha prodigado la ayuda, el consejo, aclarándome situaciones y conflictos que a mí sólo pudieron naufragarme...". Separados en cuanto a estatura por años luz, más fraternidad del grande hacia el chico es raro encontrarla. Yo he querido evocar a mi amigo como lo conocí y lo sentí, arrancarlo al pedestal de la estatua. Neruda era demasiado, demasiado humano para ser un monumento. Este es el libro antimonumento. Un libro de pasiones, aventuras singulares, invenciones y diabluras, dramas, desencuentros, amores y desamores, individuo común e insólito, lleno de luchas, definiciones sociales, pesadillas, cuestionamientos, infidelidades respecto a mujeres, fidelidades políticas hasta la muerte y más allá de la muerte.

Neruda fue una especie de poeta de hoja perenne y de eterno masculino. Era un hombre que amó la vida y el mundo hasta el último día. Todo lo pasó por la poesía y por el amor. Lo perdimos en 1973 y tuvimos entonces la sensación de que no podríamos perderlo nunca. Está en su obra. Hemos querido reconstituir algo de lo que fue en sus actos, gestos, pensamientos, en su condición civil. Se sabe que ciertos muertos continúan viviendo. Entre otras cosas porque subsisten a la memoria de sus conocidos y contemporáneos. Pero los testimonios sobrevivientes tienen un plazo porque son ellos igualmente perecibles, mortales, como todo. Pensé que lo que me constaba tal vez debería estamparlo por escrito. Evocar lo que sabíamos, lo que nos tocó vivir a su lado, decir las escenas no recogidas, las conversaciones a dúo en un cuarto de Isla Negra o de La Chascona; lo que lo vimos hacer y decir en tantos lugares de recuerdo, lo que nos confió en sus cartas personales.

Poeta público y poeta secreto. Clásico, romántico, vanguardista incorregible, le gustaba vivir entre la realidad y la ficción Amaba la naturalidad y el espectáculo. Le gustaba disfrazar a sus amigos. Jugaba a las máscaras, y a las asociaciones de palabras. Pensaba en imágenes. Intentó todas las formas, incluso los textos narrativos.

Su poesía es descaradamente autobiografía. Este libro desenrolla el carretel del hilo de esa vida a través de su obra. Comienza por donde comienza la vida del hombre: el nacimiento difícil saliendo con fórceps del vientre de una madre tísica que muere poco después. Más tarde, cuadros de la infancia llovida; conflictos sentimentales del adolescente, emociones sutiles y pudorosas del primer amor que no se atreve a declararse; piruetas y disimulos del que tiene que ocultar a su padre ferroviario el feo vicio solitario de escribir versitos: aquel que tempranamente siente que su universo no cabe en la roma provincia del sur del mundo.

Viviendo quemó toda la pólvora de su santabárbara. Pero al morir estaba intacta la fuerza de su talento Lo demuestran sus libros póstumos, hondos, íntimos, con la psicología dramática del que sabe que pronto su cuerpo entrará en las tinieblas. Al divisar la muerte, la afronta sin una queja, con la dignidad del que al tocar ella su puerta, la recibirá con las botas puestas, aunque trate de hacerla esperar porque tiene que escribir unas cosas antes de partir, que no serán epitafios sino actos al servicio de la vida y de su Hija, la Poesía.

Pocas muertes más personales y más colectivas. Porque se fue en ese aberrante Septiembre de 1973, junto a millares de sus hermanos fusilados. Toda muerte deja al hombre solo. Pero ésta fue de acompañamiento sinfónico. El poeta cayó al abismo junto a todo su pueblo. El primero fue Salvador Allende. Vinieron después tantos, Víctor Jara, Neruda. Y siguen cayendo. Hace pocos días, en la undécima Protesta y en el Paro Nacional de actividades, fueron segadas otras nueve vidas. El mundo mira lo que sucede en Chile con las cejas levantadas en el circunflejo de la indignación y del asombro, porque la gente pelea en las calles todos los días, exigiendo la libertad perdida, con riesgo de muerte. Neruda tuvo los primeros funerales suicidas, a la altura de una de las mayores tragedias de nuestro siglo. Sus exequias no fueron la anémica y vergonzante despedida, un cortejo furtivo en los días de la gran masacre Aquel día se cumplían dos semanas del golpe arrasante y la sangre corría por las calles a borbotones. El primer heroísmo desorbitado se produjo ese día La policía que encañonaba se encontró ante lo inesperado La aventura del loco desafío la emprendió el pueblo, movido por una razón de fidelidad soberana. Ser o morir. Ante la amenaza mortal de las metrallas y cañones apuntándoles a los ojos, la multitud creciente surcó las calles, hasta ese momento despavoridos, para acompañar con un valor alucinante al camposanto a aquel que fuera para ellos más que un poeta, aquel que había dado forma a sus sueños, le había dicho quién era y qué debía ser, proyectándola al nivel de la mejor humanidad. Ese hombre yacente era un forjador de su conciencia y de la imagen del Chile ametrallado. Ellos no dejarían abandonado a su poeta Lo acompañarían en su último viaje aunque los mataran. Si no lo hicieran, no podrían vivir tranquilos. No habrían cumplido el deber a cualquier precio. No habrían estado a la altura del Hombre, del Poeta que lo inspiraba.

Si el libro comienza con su vida intrauterina, ¿concluye acaso con su muerte? No. Prosigue en su postvida, en ese capítulo abierto que esta noche agrega otro título a la evocación nerudiana, en la avenida de los Reyes Católicos, cerca del Metro Moncloa; pero sigue ejerciendo una fascinación transformada en acción de muchedumbres en la Alameda de Santiago, en las universidades, en las poblaciones marginales de su país natal, donde se levantan barricadas por el pan, la libertad, reclamando "Democracia Ahora". Son voces roncas, de ..[salto en el original]

Hay entre ese pueblo en lucha y su poeta una profunda familiaridad. La atmósfera general del Chile actual no puede prescindir de Allende ni de Neruda. Sopla un aire de legítima y necesaria revuelta, una protesta consciente total. El le enseñó a su gente una verdad estética, ética y social. Reconoció los fueros de su imaginación hasta en lo que Alejo Carpentier llamó "lo real maravilloso", pero Neruda subrayó también "lo real espantoso", como el fascismo del Cono Sur, que también infortunadamente forma parte de nuestra América. El país ha estado durante once años dominado por monstruos. Llegó la hora de los hornos y no está lejos la victoria. El pueblo ha vivido en el infierno. Hoy se alza hacia la libertad y lo ayuda el poeta visionario. Tendrá de nuevo el pobre una patria aceptable, humana, para todos. Terminará el paroxismo detestable de la muerte por ejecuciones en masa o por el hambre que atenaza a millones.

El combate continúa, con el Presidente inmolado, con el poeta, encabezándolo. La biografía de Neruda cuenta muchas cosas suyas, sin poder transmitirlas todas, si bien aporta datos desconocidos, alumbra el misterio de ciertos rincones, revela algunos electrocardiogramas de su espíritu, vislumbra y penetra en recovecos de su alma No puede conquistar -repito- toda su inasible verdad. Ella está en su poesía, más que nada. Nosotros nos hemos asomado, muertos de curiosidad, a la boca del pozo. Percibimos en el fondo dibujado su perfil, siempre huidizo, tembloroso. Hemos tratado de captarlo... Confío en que este libro, a pesar de su precariedad, nos dará una imagen del hombre que escribió en vida cien mil imágenes de su relación con el mundo, que fue poeta de su pueblo, de muchos pueblos, y llevó también a España dentro de sí, como parte de su ser.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03