Tomar la vida y los sueños de la mano

TOMAR LA VIDA Y LOS SUEÑOS DE LA MANO

Guillermo Núñez

Araucaria de Chile. Nº 1, 1978.

Aquí yo soy invisible (un sueño de niño), en el metro, en el autobús, en la calle nadie me conoce ni yo conozco a nadie. Pero esta soledad me gusta, me pertenece, no la rechazo porque me ayuda a continuar en mi país del cual no termino de salir nunca, estoy siempre allá, con la ventaja que puedo mirar con más calma a pesar que dentro, lo único que ruge es la realidad de todos los días de Chile, el miedo a la noche, la elección obligada entre el amor y el odio, la verdad desgarradora que hace de la belleza y el éxtasis un lujo que a los artistas ya no les está permitido concederse.

Sigo viviendo en el cajón de madera de Grimaldi, en la obscuridad de la celda solitaria, en los gritos de dolor que me llegan a través de las paredes y que traspasan la venda y se me clavan y se me quedan atascados dentro, pero más aún en la solidaridad de los campos de concentración llenos de nuestros cantos y de manos tomadas, un rayito de sol que entra por la ventana de la celda y que se desplaza lentamente y yo lo sigo durante horas sin cansarme, el vuelo milagroso de las moscas o un gato cazando dos gorriones al vuelo que desprevenidamente se disputan a su hembra en el patio estrecho, lleno de miguitas para las palomas, frente a mi ventana de Cuatro Alamos.

Con los araucanos (¿o los argelinos?) silenciosos en la Quinta Normal de los días domingos.

O más aún en la alegría de las marchas, las calles llenas de banderas. Anónimo entre multitudes. En los hombres que vuelan llevando las carretelas cargadas de cajones llenos o vacíos, los que volaban colgados en las góndolas entre las ventanillas para cobrar los pasajes, en los que pasaban volando como un susurro a mi lado, imperceptiblemente en Puchuncaví y Tres Alamos, en la alegría de los que partían y en la alegría de los que los despedíamos cantando se va el barco de papel, se va al mar de la esperanza, en la alegría, en la alegría, en la alegría. O también sólo un número sentado, ciego por meses en un colchón en el suelo. En ese anonimato y soledad se siente la importancia del yo colectivo, porque la única manera de conectarme con los demás era a través de mis sueños, de entrar en mi mismo y de allí salir volando para no enloquecer.

Doparse de uno mismo, lo que no significa que yo tenga que hacerme monje y mirar la pintura y hacer de la pintura un objeto de meditación, todo lo contrario: tiene que ser un arma con silenciador que actúe despacito y que los vaya envenenando o que también pueda largar cañonazos (pero eso es más difícil), lo que importa es que de algún modo sea un arma y mientras más perturbadora, tanto mejor y ahí está eso del "misterio", cuando un cuadro o una novela, o un film o lo que sea no te deja dormir después de haberla vivido, encontrado, palpado entrado en ella como por el interior del alambre o dentro de nosotros, es decir, no tener miedo de hablar por uno.

Y yo mismo me pregunto, ¿por qué esta obsesión del exilio y los lenguajes, los modos de abordar, los misterios, importancia o no de la belleza para llegar con más amplitud al diálogo o decirlo así lisa y llanamente?

¿Por qué crear imágenes?

¿Sacarlas de la nada, arrancarlas a la noche o a la realidad?

¿O sonarlas de la realidad?

¿O vivirlas soñadas y devolverlas a la realidad?

Cuando ando por las calles, salgo o entro en los hoyos del metro, cuando veo la tele, cuando escucho la radio o leo los diarios, o voy al supermarket, o escucho sin oír nada a mi alrededor, cuando compro en las tiendas o voy a las galerías y museos, uno se da cuenta que lo que le bulle y le revuelve por dentro, no tiene nada que ver con el decorado en el cual lo han metido, a pesar que las noticias de masacres y dictaduras nos tendrían que ser un tanto familiares y no resultan así porque aparecen a la vista de la gente como lo que quieren hacerlas, sólo "noticias", es decir, algo que resbala y no le concierne a nadie, que no le sucede sino a otros y que nunca serán vividos o a lo más, como un pasado (pasado, que según Sartre, no existe).

Te das cuenta que has caído en un mundo en el cual todos están separados de los otros, con una venda invisible, sutilmente deslizada, que son meros receptores de órdenes que emanan de aparatos que nadie quiere ver y se mueven de acuerdo a señales dictadas desde arriba, creyendo que actúan libremente, sin presiones y que los sueños son sólo de ellos e inocentemente creen que nadie puede penetrar en el caracol que les han construido. Esto no es ningún descubrimiento ni nada novedoso, es una plaga maligna que se extiende por muchas partes, sólo que aquí es más descarada y uno se percata que la batalla en este terreno es más difícil que la guerrilla en la sierra o en la pampa abierta, porque se corre el riesgo de pegarle la mascadita a la linda, roja y reluciente manzana envenenada que el imperialismo y la burguesía nos regala con el atractivo de los métodos novedosos de "contacto" y entonces Blanca Nieves no se da cuenta y se queda dormidita, esperando los besitos del Príncipe que venga a buscarla, y... buenas noches los pastores.

Se trata entonces de tirarse a nado en la niebla, mojarse entero por supuesto, buscar la traducción o las llaves sin miedo, sin mirar para atrás (que el que pestañea pierde) porque lo importante es llegar a la otra orilla, llegar a establecer su cabeza de puente esperando al grueso del ejército, no porque uno sea el jovencito de la película, sino porque a uno le tocó en suerte esa tarea, por eso no más. Ni por choro, ni por capo, ni porque los artistas son los únicos que pueden darle vida a un árbol, todo to contrario, porque no somos nosotros los que les daremos los besitos salvadores a la buena princesita.

Sabemos muy bien quienes son.

Cuando en Chile mostré mis jaulas tenían un sentido preciso, nadie se equivocó y de allí la prisión posterior. Aquí no serian nada. Allá las claves funcionaban, las guiñadas de ojos, tenían valor y los signos ocultos hablaban. Las obras de arte no funcionan sin las circunstancias concretas, sin el entorno preciso, sin su realidad cotidiana, sin eso son meros conceptos y el problema que les dio nacimiento no tiene sentido y se transforma sólo en un vacío misterioso.

No podemos soñar con trasladar nuestra experiencia de la clandestinidad, ni mucho menos aún la de los días del Gobierno Popular, eso se nos terminó y cuando volvamos, habrá que continuar desde un abismo muy hondo. Lo queramos o no, habrá separaciones de lenguaje.

No podemos seguir pintando los muros de las calles porque aquí no tienen sentido, separados del verdadero contexto se transforman en objetos. Pero también debemos cuidar que nuestra traducción actual, este lenguaje europeo no acreciente esta separación. Seguir invisibles, seguir paseando por las calles aterrorizadas de Santiago, con el helicóptero dando vuelta en nuestros sueños, con la cordillera y el mar, con los rostros y las risas, las manos y pañuelos saludando al nuevo día, llamando a gritos a la primavera que no llegó, tomamos aquí una buena trinchera para disparar mejor sobre los pianistas del Diego Portales en Santiago (¿y quién les pasó la guitarra?).

La meta está en Chile, aquí no tenemos nada que conquistar.

Lo que me importa es que todas estas cosas que me mueven: el espectáculo de los seres humanos, la imaginación, la angustia, el dolor agazapado, el vuelo y el misterio, el bien hacer, la cocina y los trinos O el huracán rabioso no nos deben apartar del constante análisis del discurso elocuente en la pintura. El lenguaje debe ser claro y su significado más aún, aunque tenga que cargarse a veces de subjetivismo, lirismo, discurso oblicuo o demasiada poesía. Lo que importa es que el arte, sea como sea, sirva para defender a ese Hombre que amamos cuando todo le es negado, y allí, todo nos está permitido.

Incluso creo, que a riesgo de cualquier interpretación errónea o malintencionada, es importante una pregunta constante, un planteo y replanteo de las situaciones sin ningún temor de ir solo o no, porque no hay modo de equivocarse puesto que ese yo no es egoísta, es un yo que transforma, crea, recrea la realidad, saca a los sueños de las cajas, de los envases de colores falsos y no viene como una imposición de las alturas (todo esto, en el bien entendido que andemos con las antenas paradas y los ojos bien abiertos). El asunto es (y confieso que aquí no dejo de aterrarme y trato de ahuyentar esto como una pesadilla), el asunto es que no se nos vaya todo por los lados y los cambios no coincidan, cuestión de luces o de colores o de puertas o ventanas mal ajustadas ¿o cerraduras sin llaves? Que la vida y los sueños vayan por caminos diferentes, que la luz y la sombra no se encuentren y que al final no estemos ni aquí ni allá.

Lo que estoy tratando de hacer es volar lo más alto que pueda, agarrarme de las patas del águila e ir volando así, a la maleta, para empezar a pintar, tratando de pintar lo mejor que pueda o lo peor si se da el caso, no me importa, lo que quiero es ir como una gaviota volando y cagando sin concesiones ni a mí mismo, obligar al espectador a una reflexión atenta, a buscar las causas de los hechos, pues yo no se las quiero dar de ninguna manera hechitas, que las investigue, las descubra, las diseque y se le formen en el coco de una manera consciente no como un aviso o una "noticia", sino como una cicatriz.

No salgo del dolor silencioso o del grito, de la tortura y cada vez es más siniestra porque tiene un alucinógeno incluido y tengo que emplearme a fondo para que el volantín no se me empine demasiado y sólo llegue a adivinarlo al final del hilo nada más que yo.

¿Busco en la muerte un terror, un exorcizamiento, o es una atracción? Yo no lo sé, sólo sé que debo cortarme cada día una oreja para no "cocinar" y rascarme y rascarme o embriagarme de colores luminescentes, y no olvidar que las ropas colgando en los alambres de púa, eran verdaderamente mis hermanos que estaban allí conmigo, por eso estoy aprendiendo a cocinar a 160 kilómetros por hora, estoy aprendiendo a luchar fríamente para que aparezca la ambivalencia del torturador y su relación con el torturado, fríamente para que el pulso no me tirite y la indignación no me impida ver el blanco de modo que no se pierda ninguna bala.

¿Y lo que vendrá?

Bacon al hablar del problema de la posteridad, dice algo así como que la única manera de saber si uno es bueno o malo es esperar unos 300 años para saber el juicio de la historia y como evidentemente nosotros no estaremos, nada importa saber si se es bueno o no. El busca expresarse, vivir bien y sentarse en el diálogo. Para mi, partiendo de esta misma enmendad, lo que me importa es justamente el diálogo actual y en último caso para que los arqueólogos del futuro encuentren en medio de los restos, este grito (aunque yo no lo pueda oír) pero que por lo menos se sepa que existió este dolor o que en último término ellos lo escuchen como un silencio. El pasado enterrado y sin vuelta.

Para no nacer de la historia de la pintura sino de mi propia historia, la realidad, la realidad de la historia en todo caso, me voy dando entero en mis propias utopias o en el hábito de mis irrealidades concretas como ese montón de ropa colgando de los alambres de púa en Puchuncavi, los hilitos colgando del catre en Tres Alamos, un Cristo o nosotros mismos sin saberlo, las mantas que ahorcamos en una velada en e! campo de concentración, que pudiendo justificarlas como simples mantas colgando, todos sabíamos lo que eran, o los atardeceres que el Greco pintaba para nosotros en Puchuncavi detrás de las alambradas, en medio de nubes, pedacitos de cielo y el sol enredándose entre nosotros, mientras toda esta belleza nos entraba sin ninguna explicación, el goce absolutamente crudo.

Los símbolos, ¿o hacer que el hombre piense, se reconstruya el rompecabezas solo? Así querrían seguir, cantando, con amigos y camaradas repartidos como yo por todas las angustias, por muchas calles que no conozco, con el amor de mis hermanos y de mi compañera, con algunos cuantos enemigos cuyo odio aprecio, la valentía y la dulzura de los que conmigo vivieron en mi pintura de hoy, los que quieren estar verdaderamente concernidos desde la médula porque lo vivieron o quieren vivirlo alguna vez, el susurro del dolor que no tiene sonido ni forma y que es sólo tiempo acumulado, la primera parte de la Novena de Beethoven y también tomados de la mano todos cantando en el grito final del vuelo a las estrellas o bien seguir marchando invisibles, codo a codo, junto a las banderas y las risas por la Alameda llena de los que nunca vi, de los que estuvieron conmigo, de los que se fueron, de los que siguen luchando, de los que vendrán y de los que nunca sabrán de todo esto y para los cuales pinto, para que no lo olviden, para que puedan verlo como una pesadilla que felizmente no vivieron y que sólo quedará en unos cuantos cuadros repartidos por el mundo pero que nos pertenecen a todos nosotros porque todo esto no salió de un éxtasis de belleza sino del dolor acumulado de todo un pueblo, con el cual iré mañana riéndome como loco todo el día.

PINTORES CHILENOS PARTICIPANTES EN LA EXPOSICIÓN DE REIMS

(16 de abril - 26 de junio 1977)

"Los artistas y los intelectuales tienen un gran papel que jugar en esta lucha. Ellos saben que no hay lugar para la cultura cuando la clase dominante y el imperialismo se vengan haciendo de los militares su instrumento. El grado de oscurantismo impuesto por la Junta Militar chilena es vergonzoso: universidades intervenidas, discriminación ideológica de los estudiantes, disciplinas científicas controladas por sus contenidos sociales, la educación primaria distorsionada para impedir que los niños luchen un día contra el orden impuesto por los ricos; los libros, revistas y publicaciones censuradas."

"Debemos denunciar todos estos hechos. Solamente la solidaridad internacional y nuestra propia acción permitirán que el mundo tome conciencia que la lucha contra el fascismo es la lucha de todos. Es por esto que nosotros apreciamos este acto de solidaridad que se celebra hoy en Reims y es por esto, también, que reitero, a nombre de Chile, mis agradecimientos."

(Extracto del discurso inaugural pronunciado por Rafael Agustín Gumucio)

Miguel ANÍBAL
Nemesio ANTUNEZ
Germán AREZTIZABAL
Francisco ARIZTIA
Jaime AZOCAR
José BALMES
Gracia BARRIOS
Cecilia BOISIER
Eduardo BONATI
Mónica BUNSTER
Antonio CASTELL
Sergio CASTILLO
Mario CASTRO-HANSE
Camilo CONDOR
Guillermo DEISLER
Irene DOMÍNGUEZ
Pilar DOMÍNGUEZ
Julio ESCAMEZ
Antonia FERREIRO
Jorge FLORES
José GARCÍA
Patricia ISRAEL
Fernando KRAHN
Helga KREBS
Hernando LEÓN
Humberto LOREDO
José Mario MARTÍNEZ
Sebastián MATTA
Emilio MIGUEL
Alejandro MOREL
Magali MENESES
Ricardo MESA
Guillermo NUÑEZ
Gastón ORELLANA
Carlos ORTUZAR
Margarita PELLEGRIN
Marie-Therese PINTO
Juan BERNAL PONCE
René CASTRO RUIZ
Vivian SCHEIHING
Paul SCHNEIDER
Hugo RIVERA SCOTT
Carmen SILVA
Carlos SOLANO SOTELO
Ana TEJEROS
Eugenio TELLEZ
Mario TORAL
Pedro UHART
Fernando URREJOLA
Carlos VÁZQUEZ
Iván VIAL
Dolores WALKER
ZAMORA
ZAÑARTU


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03