Recado a Neruda

Gabriela Mistral
Literatura Chilena en el Exilio
Enero, Invierno de 1977. Ediciones de la Frontera. Los Angeles, California

"Quiero agregar, por último, que una entrevista como ésta debió haberse mantenido en lo posible, y esencialmente, como una conversación espiritual sobre las perspectivas y las derivaciones de la cultura. Pero quiero decir a los lectores de Crisis que la vida política de mi país, no me ha permitido limitarme de una manera idílica a temas que tanto me interesan. Qué vamos a hacer. Mi posición es conocida y mucho me hubiera gustado hablar largamente de tantos temas que son esenciales para nuestra vida cultural. Pero el momento de Chile es desgarrador y pasa a las puertas de mi casa, invade el recinto de mi trabajo y no me queda más remedio que participar en esta gran lucha. Mucha gente pensara hasta cuando, por qué sigo hablando de política, ahora que debería estarme tranquilo. Posiblemente tengan razón. No conservo ningún sentimiento de orgullo como para decir: ya basta. He adquirido el derecho de retirarme a mis cuarteles de invierno. Pero yo no tengo cuarteles de invierno, sólo tengo cuarteles de primavera."

Pablo Neruda

" No creo en la mano militar para cosa alguna. Ni el escritor ni el artista, ni el sabio ni el estudiante, pueden cumplir su misión de ensanchar las fronteras del espíritu, si sobre ellos pesan las fuerzas armadas de un Estado Gendarme que pretende dirigirlos. El trabajador manual y el trabajador intelectual, no pueden permanecer indiferentes a la suerte del pueblo chileno y al derecho que éste tiene de expresar sus anhelos. América en su historia no representa sino la lucha pasada y presente de un mundo que busca en la libertad el triunfo del espíritu. Nuestro siglo no puede rebajarse de la libertad a la servidumbre. Se sirve mejor al campesino, al obrero, a la mujer y al estudiante, enseñándoles a ser libres, porque se les respeta su dignidad ".

Gabriela Mistral


RECADO A NERUDA

Gabriela Mistral

Pablo Neruda, a quien llamamos en el escalafón consular de Chile Ricardo Reyes, nos nació en la tierra de Parral, a medio Llano Central, en el año de 1904, al que siempre contaremos como de Natividades verídicas. La ciudad de Temuco le tiene por suyo y alega el derecho de haberle dado las infancias que "Imprimen carácter" en la criatura poética. Estudió Letras en nuestro Instituto Pedagógico de Santiago y no se convenció de la vocación docente, común en los chilenos. Algún Ministro que apenas sospechaba la cosa óptima que hacia, lo mandó en misión consular al Oriente a los 23 años, poniendo mucha confianza en esta buena mocedad. Vivió entre la India Holandesa y Ceilán y el Océano Indico que es una zona muy especial de los trópicos, tomó 5 años de su juventud, trabajando su sensibilidad como lo hubiesen hecho 20 años. Posiblemente las influencias mayores caídas sobre su temperamento sean esas tierras oceánicas y super cálidas y la literatura inglesa, que él conoce y traduce con capacidad prócer.

Antes de dejar Chile, su libro 'Crepusculario' le había hecho cabeza de su generación. A su llegada de provinciano a la capital, él encontró un grupo alerta, vuelto hacia la liberación de la poesía por la reforma poética, de anchas consecuencias de Vicente Huidobro, el inventor del Creacionismo.

La obra de los años siguientes de Neruda acaba de ser reunida con un precioso esmero por la editorial española Cruz y Raya en dos muy dignos volúmenes que se llaman 'Residencia en la Tierra'. La obra del capitán de los jóvenes ofrece, desde la cobertura, la gracia no pequeña de un titulo agudo. 'Residencia en la tierra' dará todo gusto a los estudiosos presentándoles una ligazón de documentos donde seguir, anillo por anillo, el desarrollo del formidable poeta. Con una actitud de lealtad a si' mismo y de entrega entera a los extraños, él ofrece en un orden escrupuloso, desde los poemas amorfos e iniciales de su segunda manera hasta la pulpa madura de los temas de la Madera, el Vino, el Apio. Se llega por jalones lentos hasta las tres piezas andadamente magistrales del trío de las materias. Recompensa cumplida: los poemas mencionados valen no sólo por una obra individual; podrían también cumplir por la poesía entera de un pueblo joven.

Un espíritu de la más subida originalidad hace su camino buscando eso que llamamos 'la expresión', y el logro de una lengua poética personal. Rehúsa las próximas, es decir, las nacionales: Pablo Neruda de esta obra no tiene relación alguna con la lírica chilena. Rehúsa también la mayor parte de los comercios extranjeros: algunos contactos con Blake, Whitman, Milosz, parecen coincidencias temperamentales.

La originalidad del léxico en Neruda, su adopción del vocablo violento y crudo corresponde en primer 'lugar a una naturaleza que por ser rica desbordante y desnuda, corresponde en segundo lugar a cierta profesión de fe anti-preciosista. Neruda suele asegurar que su generación de Chile se ha liberado gracias a él del neo-gongorismo del tiempo. No se si la defensa del contagio ha sido un bien o un mal; en todo caso la celebraremos por habernos guardado el magnifico vigor del propio Neruda.

Imaginamos que el lenguaje poético de Neruda debe hacer el escándalo de quienes hacen poesía o crítica a lo 'peluquero de señora'.

La expresividad contumaz de Neruda es una marca de idiosincracia chilena genuina. Nuestro pueblo está distante de su grandísimo poeta y sin embargo, él tiene la misma repulsión de su artista respecto a la lengua manida y barbilinda. Es preciso recordar el empalagoso almacén lingüístico de 'Bulbules', 'Cendales' y 'Rosas' en que nos dejó atollados el modernismo segundón, para entender esta ráfaga marina asalmuerada con que Pablo Neruda limpia su atmósfera propia y quiere despejar la general.

Otro costado de la originalidad de Neruda es la de los temas. Ha despedido las empalagosas circunstancias poéticas nuestras: Crepúsculo, estaciones, idilios de balcón o de jardín, etc. También eso era un atascamiento en la costumbre empedernida, es decir, en la inercia y su naturaleza de creador quema cuanto encuentra en estado de leño y cascarones. Sus asuntos deben parecer antipáticos a los trotadores de senderitos familiares: son las ciudades modernas en sus muecas de monstruosas criaturas: es la vida cotidiana en su grotesco o su mísero o su tierno de cosa parada o de cosa usual; son unas elegías en que la muerte, por novedosa, parece un hecho no palpado antes; son las materias, tratadas por unos sentidos inéditos que sacan de ellas resultados asombrosos y es el acabamiento, por putrefacción, de lo animado y lo inanimado. La muerte es referencia insistente y casi obsesionante en la obra de Neruda, el cual nos descubre y nos entrega las formas más insospechadas de la ruina, la agonía y la corrupción.

Pocos sabores españoles se sacarán de la obra de Neruda, pero hay en ella esta vena castellanísima de la obsesión morbosa de la muerte. El lector atropellado llamarla a Neruda un anti-místico español. Tengamos cuidado con la palabra mística que sobajeamos demasiado y que nos lleva frecuentemente a juicios primarios. Pudiese ser Neruda un místico de la materia. Aunque se trata de el poeta más corporal que pueda darse (por algo es chileno) siguiéndole paso a paso, se sabe de él esta novedad que alegraría a San Juan de la Cruz: la materia en la que se sumerge voluntariamente, le repugna de pronto y de una repugnancia que llega hasta las náuseas; Neruda no es un adulador de la materia, aunque tanto se restrega en ella; de pronto la puñetea y la abre en res como para odiarla mejor... Y aquí se desnuda un germen eterno de Castilla.

Su aventura con las Materias me parece un milagro. El monje hindú lo mismo que M. Bergson, quieren que para conocer veamos por instalarnos realmente dentro del objeto. Neruda, el hombre de operaciones poéticas inefables, ha logrado en el canto de la Madera este curioso extrañamiento en la región inhumana y secreta.

El clima donde el poeta vive la mayor parte del tiempo con sus fantasmas habrá que llamarlo caliginoso y también palúdico. El poeta, eterno ángel abortado, busca la fiebre para suplirse su elemento original. Ha de haber también unos espíritus angélicos de la profundidad, como quien dice unos ángeles de caverna o de fondo marino porque los planos de la frecuentación de Neruda parecen ser más subterráneos que atmosféricos, a pesar de la pasión oceánica del poeta.

Viva donde viva y de la manera que sea su mensaje, el hecho de contemplar y respetar en Pablo Neruda es el de la personalidad. Neruda significa un hombre nuevo en la América, una sensibilidad con la cual abre otro capítulo emocional americano. Su alta categoría arranca de su rotunda diferenciación.

Varias imágenes me levanta la poesía de Neruda cuando dejo de leerla para sedimentarla en mi' y verla tomar en el reposo una existencia casi orgánica. Esta es una de esas imágenes: un árbol adosado de lianas y musgos, a la vez quicio y trepidante de vitalidad, dentro de forro de vidas adscriptas. Algunos poemas suyos me dan un estruendo tumultuoso y un pasmo tic nirvana que sirve de extraño sostén a ese hervor.

Las facultades opuestas y los rumbos contrastados de la criatura americana se explican siempre por el mestizaje; aquí anda como en cualquier cosa un hecho de sangre. Neruda se estima blanco puro, al igual del mestizo común que, por su cultura europea, olvida fabulosamente su doble manadero. Los amigos españoles de Neruda sonríen cariñosamente a su convicción ingenua. Aunque su cuerpo no dijese lo suficiente el 'mestizaje, en ojo y mirada, en la languidez de la manera y especialmente del habla, la poesía suya llena de dejos orientales confesaría el conflicto, esta vez bienaventurado, de las sangres. Porque el mestizaje, que tiene varios aspectos de tragedia pura, tal vez sólo en las artes entraña una ventaja y da una seguridad de enriquecimiento.

La riqueza que forma el aluvión emotivo y lingüístico de Neruda. La confluencia de un sarcasmo un poco brutal con una gravedad casi religiosa y muchas cosas más, se las miramos como la consecuencia evidente de su trama de sangres española e indígena. En cualquier poeta el Oriente hubiese echado su garra, pero el Oriente ayuda solo a medias y más desorienta que favorece al occidental. La arcilla indígena de Neruda se puso a hervir el primer contacto con el Asia. 'Residencia en la Tierra' cuenta tácitamente este profundo encuentro. Y revela también el secreto de que, cuando el mestizo abre sin miedo su presa de aguas se produce un torrente de originalidad liberada. Nuestra imitación americana es dolorosa; nuestra devolución a nosotros mismos es operación feliz.

Ahora digamos la buena palabra: americanidad. Neruda recuerda constantemente a Whitman mucho más que por su verso de vértebras desmedidas por un resuello largo y un desenfado de hombre americano sin trabas ni atajos. La americanidad se resuelve en esta obra en vigor suelto, en audacia dichosa y en ácida fertilidad.

La poesía última (ya no se puede decir ni moderna ni ultraista) de la América debe a Neruda cosa tan importante como una justificación de sus hazañas parciales. Neruda viene detrás de varios oleajes poéticos de ensayo, como una marejada mayor que arroja en la costa la entraña entera del mar que las otras dieron en brazada pequeña o resaca incompleta.

Mi país le debe favor extraordinario: Chile ha sido país fermental y fuerte. Pero su literatura, muchos años regida por una especie de Senado remolón que fue clásico con Bello y pseudo clásico después, apenas si en uno u otro trozo ha dejado ver las entrañas ígneas de la raza, por lo que la chilenidad aparece en las Antologías seca, lerda y pesada. Neruda hace estallar en 'Residencia' unas tremendas levaduras chilenas, que nos aseguran porvenir poético muy ancho y feraz.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03