El Descubridor

VARIACIONES SOBRE GARCIA MARQUEZ

El Descubridor

Carlos Cerda

Araucaria de Chile. N 21, 1983.

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El Descubridor

Siempre he pensado que la soñada perfección del mundo se parece mucho a ese capítulo final de América en el cual todos, sin excepción ninguna y por un número igualmente interminable de razones, tienen la posibilidad de entrar al gran circo feliz de Oklahoma. El sentido de la metáfora kafkiana se hace hoy patente frente a los peligros de un desastre descomunal. Porque si la calamidad puede ser unánime, también es pensable la felicidad sin exclusiones. Supongo que en ese mundo en que haya un lugar y una alegría para todos habrá un Premio Nobel para cada escritor y habrá premios para todos los peluqueros, para todos los maquinistas, para todos los ministros. Habrá premios para las bailarinas y para las cocineras e incluso los chóferes de taxi recibirán también el suyo. Mientras esto no ocurra, tenemos buenas razones para alegrarnos cuando los escasos premios disponibles recompensan realmente a los mejores.

Nos alegra que Gabriel García Márquez haya recibido el Premio Nobel de Literatura no sólo porque es uno de los mejores, sino también porque es el más nuestro. La universalidad de su mundo tiene sus raíces en la acabada expresión de un continente, pues lo que vive en su obra es el hombre de América Latina, sumido aún en un sueño de imágenes míticas y al mismo tiempo maravillado por los portentos de la técnica; lo que en sus páginas adquiere una dimensión bíblica es la historia incomprendida de un continente en el que la coexistencia de culturas rudimentarias con la irrupción de maquinarias modernas y rascacielos babilónicos sugiere erróneamente el puro caos, la absoluta ahistoricidad, el imperio fatal de un tiempo cíclico; lo que resulta fascinante en su mundo tan personal es el corazón poético que siente latir en el centro de la vida y esa vitalidad avasalladora que palpita aceleradamente en su literatura.

Esta visión poética de la vida y esta visión vital de la literatura es, a mi juicio, lo más característico de García Márquez. En su obra el mundo está visto con ojos en que aún es posible el asombro originario. Son ojos más interesados en la realidad de las cosas que en las cosas de la realidad. Por eso puede escribir en una carta que Aracataca, su aldea natal, "sigue siendo una aldea polvorienta, llena de silencio y de muertos. Con sus viejos coroneles muriéndose en el traspatio, bajo la última mata de banano, y una impresionante cantidad de vírgenes de sesenta años, oxidadas, sudando los últimos vestigios del sexo bajo el sopor de las dos de la tarde". Por eso puede transformar Aracataca en Macondo, la gran metáfora de un continente que se descubre a sí mismo con asombro y en el que la mayoría de sus más auténticas realidades aún carece de nombre. Es esta capacidad poética de asombrarse, este mirar descubriendo, esta obsesiva determinación de contarlo todo, porque todo está por ser contado desde sus orígenes, esta sensación de que por primera vez hay que nombrar la piedra y el árbol, el amor y la muerte, lo que da su sentido epopéyico y bíblico a Cien años de soledad y lo hermana con el otro gran intento fundamentador y la otra gran mirada adánica al continente, el Canto General de Neruda.

Descubrir no es un mero encontrarse de pronto con lo inesperado. Descubrir es des-cubrir, liberar a la realidad del velo de ideas preconcebidas y lugares comunes para ver en ella lo que ella nos muestra. Yo creo que ninguna obra merece el calificativo de realista si no descubre algo en la realidad, si no nos muestra una dimensión nueva, no vista de ésta. En ese sentido, puede decirse que García Márquez es un gran realista, porque es un gran explorador y des-cubridor de realidades. Y entre las tantas realidades que descubre, descubre a mi juicio a la novela misma. La des-cubre de intelectualizaciones que en los años sesenta, mientras escribe Cien años de soledad, le auguraban a la novela un funeral de tercera clase. Algunos ya habían firmado el acta de defunción del género y concedido la extremaunción al personaje cuando aparece, en 1967, esta novela que no quiere ser antinovela ni nueva-novela, sino simplemente novela, poblada por un centenar de personajes que realmente viven en la ficción y que si han de morir mueren también en ella. Lo que ocurre es que se piensa que un género está agotado cuando se considera que algo se ha agotado en la realidad. Pero la realidad es inextinguible; lo que pierde vigencia es una determinada idea de la realidad, una mirada que ya no es capaz de descubrir. Se agota también una determinada concepción del realismo, pero la capacidad del lenguaje poético de descubrir y nombrar realidades es infinita. La obra de Gabriel García Márquez, precisamente porque es una gran empresa de descubrimiento y conquista literaria de un continente, es la demostración más concluyente de que la novela está viva y de que el realismo seguirá diciendo una palabra vital y verdadera sobre la realidad en la medida que sea capaz de renovarse para conservar el asombro en su mirada.

Nos sentimos felices por este premio que ha recibido nuestro gran hermano mayor; el escritor que ha creado una obra monumental sobreponiéndose a penurias que nos son familiares; el descubridor no descubierto que hasta los cuarenta años debe escribir artículos de prensa para sobrevivir y poder escribir novelas; el autor exiliado que en París se alimenta con una sopa escuálida (preparada con un hueso que, de olla en olla, construye una cadena solidaria) mientras trabaja día y noche en La Mala Hora; el creador consagrado que, conciente del peso que ha adquirido su palabra, sigue escribiendo en los periódicos la historia cotidiana del continente, el paisaje de ese otro Macondo que dibuja con la valiente acusación a las dictaduras, la denuncia de las difamaciones contra Cuba y Nicaragua y la solidaridad con los combates que se libran en Salvador y Guatemala, en Bolivia y en Chile, en Argentina y en Colombia, para que entren por fin a la historia esas mil Aracatacas polvorientas, llenas de silencio y de muertos.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03