La Mujer "Comida"

LA MUJER "COMIDA"

Edmundo Magaña

Literatura Chilena, creación y crítica. N 20 Junio 1982

Nada más inútil que creer que el poema no obedece a ley alguna.
(Rosamel del Valle).

Quiero agradecer a Guillermo Araya y Fernando Polle por sus amables comentarios y sugerencias.

La mujer "comida" es un tema frecuente en la poesía chilena. En ésta, las mujeres son evocadas por y/o asociadas a una gran variedad de especies vegetales y animales, no siempre edibles, sin embargo, e incluso a utensilios de cocina y a diferentes tipos de comidas. Frutas como sandías, duraznos, manzanas, etc., son destinadas a evocar una mujer o partes de su cuerpo, lo mismo que aves como gallinas, palomas, etc., peces, y animales de granja como cabras, etc. En algunos lugares, la mujer aparece como olla y, en otros, asociada a varios tipos de alimentos elaborados jamón, pantrucas, chunchules, etc., todos característicos de la cocina chilena. La mujer-comida sugiere, naturalmente, una mujer que puede ser "comida", i.e. poseída sexualmente. La mujer es también frecuentemente asociada a especies vegetales y animales no usadas en la cocina. Las flores, en este caso, ocupan el lugar de más importancia - lirios, rosas, etc., - y, en seguida, las aves - palomas, golondrinas, etc. La mujer también aparece como paisaje en muchos poemas. En algunos casos, la mujer-paisaje ayuda a destacar sus evidentes colinas y llanos, etc.; en otros, la mujer-paisaje se confunde con la mujer como madre. En ambos casos, sin embargo, la mujer debe ser "cultivada".

La significación de las asociaciones y evocaciones depende, naturalmente, del contexto del poema mismo y del registro sensorial en que aparecen inscritas. El valor de cada elemento incorporado en los materiales poéticos es siempre un valor de posición y relación, de modo que un mismo término puede conllevar, dependiendo de su contexto, significaciones opuestas. La paloma, por ejemplo, puede ser comida y por esta razón usada para evocar a una mujer; en otros casos, la paloma, desprovista de su valor como alimento, es usada para indicar la "castidad", "fidelidad" u otras cualidades de la mujer amada de acuerdo a una tabla simbólica popular común. De la misma manera, una mujer puede ser asociada a un fruto por su olor (en el código olfativo), por su piel (en el código del tacto), etc., dependiendo del registro sensorial usado por el escritor, por su forma, etc.

La tesis de este trabajo es que el uso de metáforas inspiradas en especies vegetales y animales que son destinadas o no al consumo, para sugerir o evocar a la mujer, está íntimamente conectado a áreas especificas de la estructura social chilena, especialmente a los patrones de residencia marital, y que las dos grandes tendencias que es posible advertir en la poesía chilena en lo que atañe al uso de estas metáforas parecen indicar la presencia de dos sentimientos amorosos, pensados o no como irreconciliables, en la sociedad chilena. Un amor más bien "casto", "espiritual", pero también "romántico" recurre preferentemente a especies vegetales y animales no consumidas o no recurre en absoluto a elementos naturales para hablar de la mujer. En el otro amor, "erótico" y "sexual", al contrario, la incorporación en el discurso poético de especies vegetales y animales consumidas es el recurso fundamental para evocar a la mujer. Sin embargo las dos direcciones que pueden observarse en el uso de estas metáforas son parte de un mismo sistema simbólico. Finalmente, pareciera que cambios en el sentimiento del amor también se derivan de cambios en la estructura social. Debe considerarse este trabajo como una primera aproximación etnológica al estudio del sentimiento del amor en Chile. Tiene, en consecuencia, un carácter tentativo. No es un trabajo exhaustivo y sólo algunos de los poetas chilenos más importantes de este siglo han sido tratados. El propósito primero aquí es explorar la posibilidad de una aproximación etnológica a la poesía y al sentimiento del amor en Chile. (1)

En la primera parte revisaremos brevemente algunas obras de poetas chilenos de este siglo: Pablo de Rokha, Nicanor Parra, Pablo Neruda, Rosamel del Valle y Vicente Huidobro. En la segunda parte analizaremos estos materiales.

Pablo de Rokha es uno de los poetas que ha hecho un uso extensivo de las metáforas inspiradas en comidas para hablar de la mujer. Los fragmentos citados abajo provienen todos de su poema Epopeya de las Comidas y Bebidas de Chile, (1949). (2)

A.- La alto manta doñiguana es más preciosa que la pierna de la señora más preciosa, la más preciosa que existe, para embarcarse en un curanto bien servido (v. 2)

B.- Los pavos grandazos que huelen a verano y son otoños de nogal o de castaño casi humanos, los como en todo el país, y en Santiago los beso, como a las tinajas en donde suspira la chicha como la niña más linda de Rancagua levantándose los vestidos debajo del manzano parroquial (vv. 9-10)

C.- sí... en Gualleco las pancutras se parecen a las señoritos del lugar: son acinturadas y tienen los ojos dormidos, pues, cosquillosas y regalonas, quitan la carita para dejarse besar en la boca, interminablemente (v. 35)

D.- Cuando el jamón está maduro en sal, a la soledad fluvial de Valdivia, y está dorado y precioso como un potro percherón o una hermosa teta de monja que parece novia (w. 40)

E.- Ah! felices quienes conocen lo que son caricias de mujer morena y lo que son rellenos de erizos de Antofagasta y charqui de guanaco de Vallenar o de Chañaral, paladeándolo y saboreándolo como a una chicuela de quince abriles (v. 53)

F.- Será el chunchul trenzado, como cabellera de señorita, oloroso y confortable a la manera de un muslo de viuda tierno como leche de virgen, lo cosecharemos de vaquilla o novillo o ternera joven, soltera la cual, si estando enamorada ríe y come ruidosamente, elegid la melancólica, sirvámoslo con buendoso puré de papas, en mangas de camisa, por Renca o Lampa, acompañados de señoras condescendientes y mucho vino tinto (vv. 83-86)

G.- (...) y la caricia de las vendimiadoras le revienta uvas chilenas en la barba (v. 151)

H.- comienza la vendimia, la cual se produce reventando pámpanos agarrados al sol encima de los pechos, del vientre, de los muslos de las muchachas, que habrán de estar de espaldas, con las piernas abiertas, riéndose (v. 168)

I.- Primero nos elaboramos una como olla en la tierra sagrada del patio de los naranjos, la recalentamos con incendio de canelos y piedras ardientes, embelleciéndola con hojas de nalca como a una desnuda y feliz muchacha a la cual cantando le echamos choros, perdices, locos, cabezas de chancho, malayas de buey y ternera, patos, pavos, gansos, longanizas, queso, criadillas, corvinas y sardinas, sellándola y besándola como una tinaja de mosto, colocándole una gran centolla en la boca (vv. 206-208)

J.- Echada, medio a medio del verano, hinchada de enorme leche verde, estará abierta la sandía, como huasa sin calzones, a fin de que nosotros, la comamos a la sombra de las pataguas de Chimbarongo (vv. 235-237) (Toda cursiva es mía) (3).

También, una "gran botella definitiva y redonda" sobre la mesa en tiempos de "abundancia familiar", le recuerda "los cuarenta embarazos de la señora" (v. 216).

Así, la mujer se encuentra en de Rokha como un alimento elaborado, cocido, como en c) (pancutras; "cinturas de señorita"), d) (jamón; "hermosa teta de monja"), f) (chunchul trenzado; "cabellera de señorita", "muslo de viuda", "tierno como leche de virgen"); como fruta o asociada a ella en g) y h) pero especialmente en j) (sandía; "abierta... como guasa sin calzones"); como una olla en i) y como una tinaja en b). A veces recurre de Rokha a un procedimiento inverso y termina besando un pavo cebado. Este amor puramente erótico y sexual de de Rokha es naturalmente, un amor no sujeto a convenciones sociales ni fijado en un solo objeto sexual, como se advierte en el poema, y tiene como trasfondo, más incluso que el amor de la vida, el terror a la decadencia del cuerpo y el temor a la muerte. así, dice: "Y nosotros nos acordaremos de todo lo que no hicimos y pudimos y debimos y quisimos hacer, como un loco / asomado a la noria vacía de la aldea, / mirando, con desesperado volumen, los caballos de la juventud en la ancha ráfaga del crespúsculo, / que se derrumba como un recuerdo en un abismo" (vv, 20-24), y, luego: "Y vayase a echar esa última cana al aire mucho antes de que la pelada (la muerte) le coloque la espalda contra la eternidad y el pecho frente al cielo" (v. 117). Este amor, al menos en la Epopeya..., no tiene un fundamento independiente. También en su Escritura de Raimundo Contreras 1929) (4) es el amor erótico el que sostiene el poema. La asociación entre mujer y especies vegetales y animales y comidas, es frecuente. Los fragmentos que siguen provienen de este poema.

A.- y él la pilló sólita a la Rosita agarrándole la rosita a la Rosita que tiene calzones que huelen a durazno pelado la desvestiría despacio oliéndola las tetitas la boquita las patitas los labios de la camisa rubia adentro de la zarzamora más caldeada de Pelarco ay! pequeña como muñeca de invierno sí como botella de incienso campestre como la mosquita que anda jugando a la canción (pp. 22-23)

B.- por eso Raimundo nada entre las sábanas los abiertos contentamientos del sportman y bajan cantando las huasitas los pollos negros los cabros negros los quesos regüenos la vaca morena con el vestido a la rodilla que se parece a Suzette Drelieux el ambiente de toronjil que echan debajo las tetas que parecen tacitas de leche florida y aquellos dientes de ternera o de potranca oliendo a sol entre las piernas estrujando laureles apretados y hacen cosquillas (p. 25)

C.- Corina González rajada culo de potranca azul con los pechazos libres cimbrando carcajadas de material caliente como dos insultos o dos zapallos de substancia tremenda y un sexo pujante y oceánico que arrastra retrotrayendo bielas de suplicio a horcajadas encima de Raimundo hilando sus ganas enajenándolo aún a setenta leguas con tanta evidente forma turbia montada en Raimundo tendida en Raimundo desde los lenocinios talquinos (pp. 33-34)

D.- diariamente le corresponde la niña cartucha del establo el mate de vino que tiene el vientre agreste entusiasma la situación subterránea de Raimundo Contreras concursos de huasitas que desgarran los potitos de olla o de fruta (p. 50)

E.- (...) y Raimundo arremangándoles tas polleras a las lechugas besándole las tetas a /-. tarde mordiéndole los pechos a la muerte y de vez en vez durmiendo en la guatita de las cabritas lamiendo duraznitos que parecen meloncitos que parecen es que parecen montoncitos de miel hojuelas la vida ay! Rosa gritazos de animal satisfecho y vagabundo flojera de gañán bostezo de peón hartura de gañán desvergonzado como los zapallos y la Julieta y la María que imponen sus potos calientes y muy buenos en las arenas tan maduras por debajo del fruto de sombra del sauce humilde y la Carmen Gómez que parece lloica y tiene gruesas y negras las trenzas sobre la pechuga de diamante y oloroso y jarcia naviera el melón de las berijas y la rubia Lucía lánguida como yegua gorda y Rosalía la colorina la que es semejante a una frutilla de julio la pequeñita que se esconde en Raimundo desnuda y mimosa y la negra Marina pálida como mula nueva y la bruta rabona de la Pancha arruinándole a culazos revolcándose lo mismo que golondrina salvaje en los cementerios de la porquería hermosa y babosa como dios borracho hasta la cacha (...) y todavía la putita fina de "las parralinas" la de los senos chiquitos y parados campanas del mundo hablando en el jardín amoral sus luces ingenuas e ingenuas la de los ojos honrados arriba de las proxenetas la flaquita que maneja un pescado rubí y es como gata de invierno (pp. 52-53

F.- el olor de los astros casados enormemente toda la perfuma iluminada por la antigua flor del mar demuestra un nido de guitarras en la melena embanderada de alegres vientos negros marinera gitanilla del occidente danzadora que tiene ilustre pecho de violeta y un árbol de azúcar a la orilla guinda semi-desnuda guinda cutis de ajo a mujer infantil oliendo (p. 74)

G.- Raimundo la quiere y la huele como a una naranja pero la aprieta mucho y ella llora sola haciendo pucheros de uva entonces él le corta rosas de risa y amapolas (p. 73)

H.- sí pero ya algo enorme la rodea algo de sol de miel de luz madura sandía madura guitarra madura corazón de santidad (P. 73)

I.- hay que ver a Raimundo libre grande fuerte en pelotas desensillando estrellas desnudas y soles chúcaros en este instante que huele a quillay y descuerado mierda enderezando la berija como toro oliendo las montañas sudorosas porque empuña la vida y los cuchillos de la vida en majestad de guaripola único (p. 94)

La amada de Raimundo, Lucinda, es "pequeña como niebla", tiene "corpiño de golondrina" y parece "pollito de mar" (p. 69). El mes de agosto tiene, para de Rokha, olor "a sexo caliente" (que explica algunas imágenes en e ). La tierra, finalmente, aparece como "rodilla de mujer" ("ingenua como rodilla de mujer") (p. 107).

En la Escritura..., la mujer aparece como animal doméstico de granja en a) como teniendo "dientes de ternera o de potranca", en c) con "culo de potranca", en e) como "yegua gorda", "muía nueva", "gata"), como vegetal en a) "rosita", "calzones que huelen a durazno", en c) senos "de zapallos", en e) "lechugas", "duraznitos", "meloncitos", "montoncitos de miel", "melón", "frutilla", en f) "guinda", "ajo", en g) "naranja", "uva"), como producto elaborado en a) "tetas que parecen tacitas de leche florida") y como objeto en d) "potitos de olla" . Raimundo mismo es un "toro" en i ) y un "animal divino" en j).

Hay diferencias enormes entre la Epopeya..., y la Escritura de Raimundo Contreras. En ésta última, el temor de la muerte es un tema de menor importancia que en la Epopeya donde aparece, como ya vimos, muy explícitamente. El amor erótico de la Epopeya es también un amor sin convenciones y sin dedicación a un solo objeto amoroso, pero todo parece indicar que se trata de un amor "maduro". Aquí, las mujeres que él menciona son "señoras", "viudas", "señoras condescendientes" y hasta "monjas" Podemos avanzar también que se trata de un amor adúltero.

El amor de la Escritura es un amor también sin mesura pero sus objetos son, sobre lodo, mujeres campesinas jóvenes. La misma distinción está presente en las metáforas que inspira el discurso sobre las mujeres. El amor "juvenil" de la Escritura..., usa, para describir a las mujeres de Raimundo, de metáforas inspiradas en frutos - melones, frutillas, guindas, etc., - que son y que deben ser comidos crudos y enteros. Las metáforas de la Epopeya se inspiran en alimentos elaborados, cocidos o hervidos, acecinados. Pareciera, pues, que los productos elaborados y las comidas cocidas se prestan mejor para describir el amor maduro de "señoras" y "viudas" que es un amor con experiencia, mientras que las frutas, que deben comerse crudas y sin mayor elaboración, se prestan mejor para denotar un amor "salvaje" o "silvestre", "joven", y sin experiencia. Volveremos sobre esto.

En Nicanor Parra también se encuentran a menudo metáforas inspiradas en especies vegetales y animales para hablar de la mujer y del amor, aunque no siempre para sugerir una mujer "comida". Siguen aquí fragmentos de La Cueca Larga (1958). (5)

Son unos linces, mi alma
Mueven los brazos
Y a la mejor potranca
L'echan el lazo.

En otro lugar:

En la calle San Pablo
pica la cosa
andan como sardinas
las mariposas.
Tienen unas sandías
y unos melones
con que cautivan todos
los corazones.

Y:

En la punta de un cerro
De mil pendientes
Dos bailarines daban
Diente con diente.
Diente con diente, sí
Papas con luche
Dos pajarillos daban
Buche con buche.
Buche con buche, sí
Abrazo y beso
Dos esqueletos daban
Hueso con hueso.

En su poema Atención (Canciones Rusas, 1964-1967), escribe:

Totalmente de acuerdo
Que el amor es más dulce que la miel.

Y en Canción (Poemas y Antipoemas, 1937-1954):

Quién eres tú repentina
Doncella que te desplomas
Como la araña que pende
Del pétalo de una rosa.
Tu cuerpo relampaguea
Entre las maduras pomas
Que el aire caliente arranca
Del árbol de la centolla.
Caes con el sol, esclava
Dorada de la amapola
Y lloras entre los brazos
Del hombre que te deshoja.
¿Eres mujer o eres dios
Muchacha que te incorporas
Como una nueva Afrodita
Del fondo de una corola.
Herida en lo más profundo
Del cáliz, te desenrollas,
Gimes de placer, te estiras,
Te rompes como una copa.
Mujer parecida al mar,
-Violada entre ola y ola-
Eres más ardiente aún
Que un cielo de nubes rojas.
La mesa está puesta, muerde
La uva que te trastorna
Y besa con ira el duro
Cristal que te vuelve loca.

En estos fragmentos, la mujer aparece como "potranca", "pajarillo" y como flor; el hombre también se incorpora como "lince". Pero la mujer-flor de Canción es una que puede ser "deshojada" y que, por el placer, se rompe "como una copa". El amor, finalmente, aparece como una "mesa puesta". Los "melones" y "sandías" de La Cueca Larga no requieren comentarios. El amor que se trata aquí es indudablemente un amor erótico, muy explícito en La Cueca Larga, pero que está presente en muchos otros poemas de Nicanor Parra. El amor adúltero se encuentra en otros poemas, como en Conversación Galante y en Mujeres, y los prostíbulos son el escenario de varios otros poemas. (6)

Sin embargo, en otros poemas, donde se trata de un amor más "puro", "platónico", Parra recurre a flores y aves para evocar a la mujer amada. Así ocurre en su poema El Olvido (Poemas y Antipoemas, 1954):

Nunca tuve con ella más que simples
relaciones de estricta cortesía,
nada más que palabras y palabras
y una que otra mención de golondrinas.

Y la evoca, a María, asociándola a "flores domésticas":

No negaré, eso sí, que me gustaba
su inmaterial y vaga compañía
que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.

En otros lugares del mismo poema, la describe como "múltiple rosa inmaculada", y al terminar, dice; "Sólo sé que pasó por este mundo / como una paloma fugitiva". El uso de metáforas inspiradas en flores y aves es aún más acentuado en su Defensa de Violeta Parra (Otros Poemas, 1964). Describe ahí a Violeta Parra como "árbol lleno de pájaros cantores", "charagüilla, gaviota de agua dulce", "flor de la cordillera de la costa", "ave del paraíso terrenal", "mujer árbol florido". De modo que, como ya habíamos supuesto, cuando se trata de un amor más "espiritual", sin sexo, o donde sólo las cualidades morales de la amada deben tener relieve, las flores y las aves inspiran muchos de los versos. Para dar expresión a un sentimiento amoroso enteramente desprovisto de bases sexuales, hace decir al Cristo de Elqui (Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui): (7)

Soy un convencido 100%
que el acto sexual enfría el espíritu (poema XXI),

y en el poema XLVI:

El amor platónico llega hasta el beso en la frente,
lo demás es trabajo del demonio.

Finalmente, hace decir al Cristo de Elqui, despotricando contra los sacerdotes (en el poema XVII):

Hay algunos sacerdotes descriteriados
que se presentan a decir misa
luciendo unas enormes ojeras artificiales
y por qué no decirlo francamente
con los cachetes y labios pintados.

En Nicanor Parra se encuentran así instancias de los dos tipos elementales de amor que hemos descrito, de un amor sexual y jovial, como en La Cueca Larga, y de un amor "puro", a-sexuado, expresado por este místico de Elqui, pero que se encuentra también en El Olvido. Se advertirá de inmediato que este amor "puro" tiene un doble carácter: puede ser un amor enteramente religioso y contemplativo, y puede también concentrarse en mujeres, lejanas o cercanas, destacando las cualidades espirituales de la mujer o simplemente para indicar una relación amistosa, "de beso en la frente".

Otro poeta chileno, Rosamel del Valle, también recurre a la asociación entre mujeres y flores y frutos. En su poema Posible luego de Dados Imposible (Adiós Enigma Tornasol, 1967) (8), dice de una mujer: "eres / el nardo lleno de escamas" (v. 2). Y prosigue: "Oh señora de todos los acontecimientos / con olor a pesebre / he muerto tantas veces por ti / siempre para siempre / viruta del tonelero al mediodía / con algunas golondrinas alrededor" (vv. 5-10). Y describe a una mujer como "oveja negra de la casa" (v. 18), "princesa cuello de garza" (v.21) "muslos de cerezos en flor" (v. 32). Finalmente: "Un día / en Marsella el mar se parecía a tus senos" (v. 54-55).

En Vicente Huidobro, la asociación entre mujer y comidas o entre mujer y frutos y animales se encuentra muy raras veces. En cambio, sise encuentra frecuentemente aquélla entre mujer y flor y también, muy especialmente, entre mujer y otros elementos naturales como estrellas, vientos, etc. El sentimiento del amor en Huidobro es de naturaleza "lírica", "espiritual", decantado de todo aspecto sexual, y, a veces, llevado al extremo del "amor imposible". La idea central parece ser que mientras más inaccesible el objeto de amor, más puro y noble prueba ser el sentimiento mismo del amor, y, en consecuencia, la nobleza y la bondad del amador (véase su poema Nada Imposible, de Ecos del Alma, 1911) (9). En el poema La violeta blanca (Ecos del Alma), una violeta "muere enamorada por un pajarillo errante", es "más que una flor". En El toque de ánimos (Ecos del Alma) una madre es "flor del hogar, flor bendecida". De las lágrimas de una niña "surge una flor" (en Una lágrima, id.) En Cantares (id.) escribe: "A una mujer que le toca / un hombre vicioso y malo, / a una flor la comparara / que se cae en un pantano", y "Cuando los pájaros cantan / y les contesta la brisa, / se me figura que escucho / el encanto de tu risa". "Ella era hermosa como una flor temprana" (en Flores Muertas, id.). En el Poema para mi hija (La Gruta del Silencio, 1913), ésta tiene "la dulzura de lirio / de tu madre". En el mismo volumen, en el poema Las flores del jarrón, encontramos: "Las blancas flores del jarrón me dicen / de la delicadeza de tus manos". En La Muy Amada (Canciones en la noche, 1913), la amada es "una porcelana fina", y en Era una visión, del mismo libro, "la más bella rosa del bello rosal". En Mi alma te bendice (Las Pagodas Ocultas, 1914), encontramos: 'Tus sonrisas abren una ternura de flor en medio de mis tardes y tienen una tenue inmaterialidad / Tu sonrisa es esquiva como la sombra de un ala en las aguas dormidas de los estanques / Tus sonrisas son variadas y distintas como las rosas a distintas luces".

La asociación entre mujeres y frutos se encuentra muy raras veces y siempre con una connotación negativa, a menos que se trate de la mujer como madre. Así, dice el Amigo Sátiro (Las Pagodas Ocultas): "Yo te juro mujer, que todos mis otros amores no han dejado en mi alma más huella que la del vino en las botellas vaciadas", idea muy asociada al amor adúltero: "Tu corazón necesitaba del otro para completarse. Los besos del esposo eran ya fríos". En la Segunda invitación a los amigos (id.), escribe; "Veremos las parejas que se pierden en los jardines y veremos pasar a las cortesanas de grandes ojeras y olor penetrante, buscando como buhoneros quién les compre sus gastados encantos y sus cuerpos saboreados". En Habla la primavera (id.), ésta es una "muchacha campesina de senos pródigos y cara aduraznada ". En Adán, el Primer amor (1916) "era el encanto de su cuerpo / resumen y compendio / de todo el universo". De Eva: "Su carne sonrosada y fresca / de fruta nueva parecía hecha / que él miraba rojos como gajos de naranja".

Sobre Pablo Neruda, sobre quien se ha escrito ya tanto, no necesitaremos extendernos demasiado. En sus Odas Elementales (1954) (10), desviste una alcachofa (en Oda a la alcachofa), una mujer que tuvo "fue un sabor de fruta vespertina" (en Oda al amor) el pan "crece como cintura, boca, senos, colinas de tierra" (en Oda al pan), y la tierra, la belleza, el amor, "todo esto / tiene sabor de pan" (ibid.), el pan aparece tibio "como un seno" (en Oda a la vida) En Oda al vino, escribe:

Amor mío, de pronto
tu cadera
es la curva colmada
de la copa,
tu pecho es el racimo,
la luz del alcohol tu cabellera,
las uvas tus pezones,
tu ombligo sello puro
estampado en tu vientre de vasija.

Guillermo Araya ya ha sistematizado las metáforas inspiradas en elementos naturales para describir a la mujer amada en los Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada de Pablo Neruda (11). "La amada está sometida", dice Araya, "a un proceso de naturalización que toma sus elementos de nueve sectores diferentes: 1) el tiempo concreto, 2) minerales, 3) accidentes geográficos, 4) cuerpos celestes, 5) fuego, 6) accidentes atmosféricos, 7) animales 8) agua, y 9) vegetales". De especial importancia para nuestro trabajo son los sectores 7) y 9). La mujer aparece aquí como "pez", "caracola", "pájaro", "abeja", y "mariposa". Entre los vegetales, sistematiza Araya: "9) Musgo, " (Tu cuerpo) es de musgo" (1,10); espiga, "Clara niña, pregunta de humo, espiga" (II, 14); "(Eres)... la fuerza de la espiga (19,12); trigal, "(Eres) como el trigal" (19,16); enredadera, "Apegada a mis brazos como una enredadera" (6, 5); pinos, "(Cantabas) como los pinos" (12,10); hojas, "Y las hojas caían en el agua de tu alma" (6,4); frutas, "tú fuiste la fruta" ("la canción desesperada", 27); "cabecita que aprieto como un racimo" (14,3-4), "mi alegría muerde tu boca de ciruela" (14,25), "tus manos suaves como las uvas" (5,6 y 27); flores, "llegas en la flor" (14,2), "Frescos brazos de flor" (8,11), "Dulce jacinto azul" (6,8), "(Eres) como... la amapola" (19,16), "blanco lirio de incendio" (11,16), "regazo de rosa" (8,11), "eres la última rosa" (8, 6), "Ah, las rosas del pubis" (1,12)."

Autores como Araya y Ferraresi (12) han destacado este aspecto de la poesía de Pablo Neruda. El primero escribe: "Amor y naturaleza se presentan en Veinte Poemas inextricablemente unidos (...) Pero normalmente el escenario natural está al servicio del tema amoroso" (13), y concluye: "He ordenado el material en un sentido ascendente. Que el jacinto, la amapola, el lirio y la rosa (...) se encuentren en la cumbre del mundo natural movilizado por el amador para cantar a la amada, no es un azar. Esta cima floral representa bien el sentido de la naturalización de la amada: en un sentido profundo tal proceso consiste en un embellecimiento reiterado de la mujer homenajeada y del sentimiento amoroso que tiene su origen y nacimiento en ella". (14)

Resumamos lo expuesto hasta aquí. Se puede decir de la poesía chilena en general o, en todo caso, de los poetas tratados aquí, que se observa en sus materiales un marcado uso de metáforas y asociaciones poéticas inspiradas por especies animales y vegetales para describir o evocar a las mujeres. Normalmente se trata de las mujeres amadas, pero no es necesariamente el caso. Algunas de las especies incorporadas en el discurso poético son edibles, otras no. Cuando se trata de especies edibles, la mujer descrita es tratada evidentemente, como "alimento" y la mirada que la describe es profundamente erótica. Esta mujer es una "uva", un "durazno", una "sandía" cuando se trata de metáforas inspiradas por especies vegetales edibles; una "potranca", "yegua", etc. cuando se trata de animales que no se comen o "ternera" cuando son edibles. Cuando especies vegetales no edibles son mencionadas se trata normalmente de evocar las cualidades espirituales o morales de la mujer. Una mujer, en este nivel, es "dulce como lirio" "delicada como flor", etc. La connotación de la mujer como especie edible es usualmente positiva, aunque puede ser negativa (15). La de la mujer como especie inedible es también usualmente positiva, pero hay también ocasiones en que es negativa. Aquí la mujer es una "araña", "víbora", etc. (16). Algunos autores se han referido a este fenómeno como al "proceso de naturalización de la mujer". ¿Podemos dar una explicación razonable de este proceso?.

Los antropólogos han observado, como dice Leach, la ocurrencia prácticamente universal de "asociaciones rituales y verbales entre el comer y el intercurso sexual" (17). En muchas culturas del mundo, en efecto, el verbo "comer" es sinónimo del acto sexual o de la posesión sexual y, en algunos casos, de "matrimonio". En el noroeste de Tailandia, "las palabras para la ceremonia de matrimonio (...) aluden explícitamente ala conexión entre "comer" e "intercurso sexual" en el sentido frecuentemente encontrado del hombre como "comedor" y la mujer como "comida" (18). Un aforismo arapesh dice: "No debes comer a tu propia madre / ni a tu propia hermana / ni tus propios cerdos / ni las batatas que tú mismo has acumulado / pero puedes comer a las madres de otros / a las hermanas de otros / los cerdos de otros / y las batatas de otros" (19). Este es también el caso en muchas lenguas indígenas de Sud-América. No será necesario extendernos sobre esto. Es una asociación muy conocida en la etnografía.

En Chile mismo, el verbo "comer" también se aplica al inter-curso sexual o, más exactamente, a la posesión sexual de una mujer por un hombre. Una mujer ha sido comida cuando ha sido poseída sexualmente. Otros términos usados, algunos de los cuales conllevan la misma significación, son "pisar", "tirar" (en el sentido de "coger"), "Pegar (se) un pato", "pegar (se) o tirar (se) un polvo", "mandar (se)", "montar (se)" y "matar la gallina". A los órganos sexuales mismos, femeninos y masculinos, se les aplican también varios nombres inspirados por especies animales y vegetales (20). Hombres y mujeres, además, son llamados de acuerdo a una gran variedad de nombres de animales: gallinas, cabras, caballos, pavos (as), gansos (as), patos, etc. La connotación es variable y algunos términos se aplican a hombres y mujeres por igual. Algunos nombres se aplican sólo a determinadas categorías de edad.

Ahora bien, ¿por qué deberían ser las mujeres comidas? ¿En qué se basa la equivalencia entre categorías de consumo gastronómico y sexual? (21). Las especies vegetales y animales pueden ser edibles y no edibles. Algunas especies son fuentes de alimentación y de placer gastronómico, otras son (reputadas) peligrosas y dañinas para el cuerpo. Es necesario, pues, clasificarlas y conocerlas. Algunas especies inedibles lo son intrínsecamente, otras por prescripción. Hay especies que son prohibidas para el consumo aún si tienen valor como alimento. La ingestión es un momento delicado y se ritualiza de muchas maneras. Hay alimentos más apropiados para hombres que para mujeres, para niños que para adultos, para la mañana que para la larde, etc. De un buen consumo depende, pues, la continuidad, aún si cotidiana, del grupo consumidor. Para un grupo de hombres, las mujeres son a la manera de los alimentos. Hay mujeres que no deben o pueden ser "consumidas", i.e. aproximadas sexualmente. Las mujeres, como los alimentos, deben ser "incorporadas" al menos, para el caso de las sociedades tradicionalmente virilocales, como la chilena, en que las mujeres son incorporadas al grupo social local (del hombre o de la familia del hombre). La mujer asegura la continuidad sociológica del grupo de hombres. Las mujeres, entonces, que pueden realizar esta función se comportan, simbólicamente, como alimentos.

Al contrario, las mujeres excluidas de esta función, aquellas que son prohibidas por las reglas de incesto, no son "alimentos". La sociedad chilena ha sido tradicionalmente virilocal. En la actualidad, los patrones de residencia marital han cambiado grandemente - al menos en la ciudad. La neo-localidad parece ser la práctica más común. La uxorilocalidad es también una solución a la que se recurre, pero menos fácilmente. La neo-localidad puede ser una exigencia masculina, como se advierte en un poema de Enrique Lihn: "Si una mujer se enternece contigo / le exigirás te siga hasta la tumba, / que abandone en el acto a los parientes, / que instale en otra parte su negocio" (22). La incorporación de las mujeres a las familias de los hombres es también un momento delicado de la vida social pues depende de esto la continuidad de grupo social. Del mismo modo que los alimentos median la relación entre el sujeto y el mundo físico, las mujeres median la relación entre los grupos sociales. Esta proposición se prueba también de un modo indirecto, coincidiendo con el debilitamiento de la estructura virilocal de la sociedad chilena hay también crecientemente un debilitamiento de los sistemas simbólicos don la mujer es incorporada como una especie edible o como alimento. En la poesía más reciente, el tema de la "mujer comida" no aparece sino muy raras veces (23).

Pero esto no dice todo. Aún si dejamos de lado la virilocalidad y el matrimonio, la mujer aparece también como "consumida". En este mismo modelo, la mujer media la relación entre el sujeto y el mundo social. Hay mujeres, como hemos dicho, que no pueden ser "consumidas". Estas mujeres son aquéllas clasificadas como "cercanas" - madres, hermanas, hijas, etc. Son las mujeres lejanas aquéllas que pueden ser consumidas. La cercanía o lejanía de las mujeres es metafórica y real, pues hablamos de mujeres cercanas o lejanas según se sitúen cerca o lejos en la estructura de parentesco y según vivan cerca o lejos de la casa del hombre. ¿No era un uso en Chile que dos personas de la misma comunidad o barrio no podían casarse? Las mujeres cercanas no pueden así ser aproximadas de la misma manera que las lejanas. Dice un personaje en un cuento de Ariel Dorfman: "Todas las mujeres son putas. Menos mi mamá y mi hermana" (24). En este sentido, la mujer "comida" metafóricamente es una mujer extraña. Los hombres extraños, comedores potenciales de las propias mujeres, pueden también ser "comidos", pero entonces en un sentido muy diferente. Así encontramos en de Rokha este fragmento significativo: "la adora" y quiere matarla establecer lo transitorio en lo absoluto (...) poseyéndola contra todas las cosas durar en ese instante definitivo comerle las entrañas a los que la miraron". (25)

En los materiales analizados, las mujeres "lejanas" son asimiladas a especies edibles, las mujeres "cercanas" a especies inedibles. La mujer cercana es un "lirio", "loto", "amapola", "golondrina", "ave del paraíso", "gaviota", etc., en oposición a la mujer lejana que es siempre una especie edible. De esta manera, mientras más cercana esté una mujer en el sistema sociológico, más alejada se la postulará en el sistema simbólico: aparecerá como flor, que nadie come, o como una especie animal inedible, o, también, absolutamente alejada - como estrella, etc. De modo que podemos formular esta regla de transformación: las mujeres cercanas son a las lejanas lo que las especies inedibles a las edibles. A veces, la mujer "lejana" es evocada por animales de granja que no se comen (Cuadro 1); pero el consumo es equivalente a la domesticación (como vimos, las mujeres son "comidas" y "montadas"). Sobre la relación formulada no necesitaremos extendernos demasiado pues ya lo hemos visto en la primera sección. En el Poema para mi hija Huidobro escribe: "Tienes (hija) la dulzura de lirio / de tu madre" y Parra, en su Defensa de Violeta Parra, describe a Violeta como "ave del paraíso", "gaviota", etc., lo que parece confirmar nuestra aserción. Pero las mujeres asimiladas a especies no edibles no son siempre mujeres "cercanas", ¿Cómo se explica esto? Pareciera que es el mismo sistema simbólico el que se encuentra en su raíz. Las mujeres son evocadas o descritas por metáforas inspiradas por especies no edibles cuando se quiere o se busca destacar sus cualidades morales o espirituales solamente. Las mujeres "cercanas" sociológicamente no tienen valor sexual para el hombre, no pueden ser consumidas y tienen, a causa de esto, solamente valores espirituales. En consecuencia, cuando se quiere hablar de las cualidades espirituales de mujeres "lejanas", amadas de alguna manera, la operación del mismo sistema lleva a la selección de las mismas imágenes que las usadas para describir a las mujeres "cercanas". Las mujeres amadas "castamente" no se distinguen, pues, de las mujeres amadas como madres y hermanas, hijas o primas, o de otro modo clasificadas o sentidas cercanas sociológicamente. Pero ahora debemos explorar otro tema también presente en los materiales poéticos.

Los alimentos pueden o deben ser comidos de acuerdo a ciertas prescripciones. Los alimentos deben ser comidos crudos o cocidos, en estado "salvaje" - simples - o elaborados, etc. Esta distinción elemental, entre lo crudo y lo cocido, pareciera también servir para expresar relaciones sociológicas y, al mismo tiempo, procesos biológicos (26). Como se observa muy especialmente en los textos citados de Pablo de Rokha, hay una asociación entre muchachas vírgenes o sin experiencia sexual, y jóvenes, y frutas. Las frutas, y, en este mismo sentido, las muchachas, se "comen" crudas, sin una elaboración culinaria previa y sin haber sido ya (semi) consumidas por otros.

Las frutas usualmente no se comparten. Las muchachas de de Rokha, de Neruda, y de otros poetas, son "uvas", "duraznos" y, también, "vasos de vino", etc. Este mismo sentido se advierte en poetas como Huidobro, pero esta vez con una connotación negativa. Una mujer, en uno de los fragmentos citados, es un "sabor a botella vaciada", en otro una mujer "saboreada", En Neruda y en otros poetas, la mujer es una "copa", una botella servida a la mesa, etc. Una muchacha poseída o a quien se quiere poseer es pues una muchacha "cruda" como fruta y una mujer ya poseída puede ser un vaso - del que se bebe sólo su contenido y que no tiene un uso exclusivo.

Las mujeres maduras, con experiencia sexual, y casadas o viudas, son asociadas, como se nota también en de Rokha, a alimentos preparados, a comidas. Recordemos, a riesgo de repetir, que un "chunchul trenzado" escomo "un muslo de viuda". El consumo de comidas sugiere así un amor maduro o refinado y, naturalmente, cocido. Así, las muchachas inexperenciadas son a las mujeres maduras lo que lo crudo a lo cocido. Aún más, para expresar la inexperiencia de una muchacha se recurre normalmente a términos como "fresca" y su amor es siempre sugerido por metáforas inspiradas por frutas u otros vegetales y el amor maduro puede ser expresado recurriendo a otros términos culinarios: un amor "de viejo" puede ser demasiado cocido o mal sazonado. "Los besos del viejo son como huevos sin sal" dice una canción chilena (27). Y el amor adúltero es un amor sazonado pues se dice de un hombre adúltero que "le come la color" a otro (28).

Tenemos así que el amor de las muchachas es "crudo", el de las mujeres casadas o viudas "cocido", el amor adúltero "muy sazonado" y el amor de un anciano por una muchacha "poco sazonado". A los otros términos del código culinario debieran también corresponder otros sentidos amorosos y otros tipos, de relaciones pero no contamos ahora con la documentación suficiente. (29)

Las especies animales que inspiran metáforas para describir a las mujeres amadas son casi siempre animales de granja: potrancas, muías, gallinas o palomas, y sólo en muy pocos casos animales no domésticos (como es el caso especialmente en Neruda) (30). Estos animales son todos de tierra y raras veces se encuentran peces entre las imágenes usadas. Las aves que vuelan son normalmente no comidas. De acuerdo al análisis anterior, los animales de granja son equivalentes a las frutas y las plantas cultivadas y, en consecuencia, no hay ninguna distinción de sentido entre las metáforas inspiradas por unos u otros. Los animales se domestican, las plantas se cultivan. Una mujer poseída es una mujer comida o bien, como adelantamos, "montada", i.e. "domada". Hemos postulado una relación entre la estructura virilocal - tradicional - de la sociedad chilena y una estructura simbólica que suponemos derivada de la primera y entre la relación del sujeto con el mundo físico y con el mundo social.

Descubríamos que de las mujeres casadas se puede decir que son "cocidas". ¿Por qué pues a diferencia de lo que ocurre en otras culturas del mundo no se observa en Chile una "cocción ritual" de las recién desposadas? En efecto, en varias sociedades indígenas sud-americanas, los recién desposados, hombres o mujeres que son incorporados a un grupo local, son cocidos ritualmente (31). ¿Por qué no es un requisito, en la estructura simbólica chilena, "la cocción de las novias"? Para explicar esto deben considerarse las especies que son consumidas realmente en las sociedades tribales y en la sociedad agraria chilena. En las primeras, las especies consumidas son animales del bosque, salvajes y no domesticados, que son cazados por los hombres. Los frutos que se recolectan son también silvestres y no requieren ni trabajo ni cultivo. En la sociedad chilena, los animales y frutos/ plantas consumidos son todos domesticados o cultivados y no provienen ni del bosque ni de la montaña sino de la granja o del huerto y no requieren, en consecuencia en el sistema simbólico, mayor elaboración. Las frutas se consumen crudas, pero han sido ya cultivadas. La sola ingestión de una fruta es ya suficiente pues ésta es ya un producto de la cultura. Sobre este lema, que ha llamado la atención de otros investigadores, Lévi Strauss ha escrito: "En electo, la cocina opera una mediación de primer ' orden entre la carne (natural) y el fuego (cultural), en tanto que las plantas cultivadas - que resultan ya, en estado crudo, de una mediación de la naturaleza y la cultura - no sufren, por el hecho de la cocción, sino una mediación parcial y derivada. Los antiguos concebían esta distinción, puesto que pensaban que la agricultura implicaba ya una cocina. Antes de sembrar había que cocer, terram excoquere. los terrones del campo laborado exponiéndolos a los ardores del sol (...) Así, la cocción propiamente dicha de los cereales tocaba a una cocina de segundo grado. Sin duda las plantas silvestres pueden servir también de alimentos, pero, a diferencia de la carne, muchas se pueden consumir crudas" (32).

También se encuentra a la mujer, especialmente en los poemas de de Rokha, como olla o tinaja. Esta asociación va en el sentido apuntado pues se puede decir que la olla es para la relación del sujeto con el mundo físico como la mujer para su relación con el mundo social: una mediación (33). Al mismo tiempo, la mujer puede ser el contenido de la cacerola: ¿no se dice de una mujer seducida que ha sido "cocinada"? La mujer-olla nos lleva, curiosamente, al tema de la mujer tratada como paisaje. En un cuento del escritor chileno Carlos Droguett, la tierra es descrita como "una enorme olla" (34) y para muchos poetas chilenos la tierra es una mujer - o la mujer la tierra o un paisaje. Araya y Ferraresi han llamado la atención sobre esto para el caso de Pablo Neruda. "El amador (de Veinte Poemas)", escribe Araya, "describe muy a menudo a su amada como si fuera un paisaje, como si fuera la tierra con sus diversos accidentes geográficos" (35) . Comentando algunas odas de Neruda, Alicia de Ferraresi observa lo siguiente:"Tierra, semilla y flor, más que nunca es el poeta fecundador fecundado. Este erotismo suyo no "solamente pasividad natural; pues ya no le basta ser surco y semilla, desea ahora poseer la tierra y sembrar en ella sus "más profundos besos" (36). La mujer como paisaje es una imagen muy común. Gabriela Mistral, en su poema Extasis (1922) escribe: "Recíbeme, voy plena, / Tan plena voy como tierra inundada! "

Evidentemente, y en muchos casos explícitamente, la mujer es vista como paisaje o tierra porque debe ser cultivada y el hombre es un labriego. La mujer es así una naturaleza "silvestre" que los hombres deben, en un doble significativo sentido, "cultivar". La imagen es también usada, empero, para sugerir la fecundidad de la mujer. En otros casos, la mujer aparece como mar. Del Valle dice de una mujer que sus senos "se parecían al mar" pero usualmente la idea de la mujer como mar soporta aquélla del hombre como pescador - especialmente en Neruda. El mar es también, como se ve, un terreno de cultivo para el hombre. (37)

Quiero mencionar aquí brevemente un tema cuya exploración dejamos para otra ocasión: el de las mujeres y las estaciones del año. Muy comúnmente las muchachas vírgenes o inexperenciadas sexualmente son comparadas a la primavera, la exaltación del amor erótico ocurre usualmente en un escenario de verano y teniendo como objetos a muchachas con experiencia (durante la vendimia de marzo), al invierno se recurre para significar la vejez y al otoño para significar la madurez. A la primavera corresponde la simplicidad o la rusticidad amorosa, al otoño el refinamiento, etc. Si sobre este modelo aplicamos las categorías de lo culinario de importancia para la vida amorosa se descubren relaciones antes no formuladas: entre la primavera y lo crudo, evidentemente, y entre el otoño o el invierno y lo cocido. Al mismo tiempo, lo lento parece corresponder al invierno y lo rápido al verano (38), y al uno y al otro el silencio y el ruido y, derivándose, la tristeza y la alegría (39). En el Diagrama 1 se muestran estas relaciones. La consideración de estas relaciones son de importancia para el conocimiento del sentimiento del amor en Chile. Si lo que hemos expuesto anteriormente es correcto, la selección de metáforas para describir a la mujer en la poesía no puede ser producto del azar -lo que no hace de esto una actividad consciente - y con el estudio de materiales poéticos y sus preferencias debemos poder determinar todo aquello que es historia y cultura en el sentimiento del amor. Este es un tema que debe ser aún investigado más profundamente desde un punto de vista antropológico pero yo quiero esbozar aquí las reflexiones que nos sugieren los textos analizados.

Muy evidentemente, como hemos ya adelantado, hay una asociación sorprendente entre un sentimiento del amor que podemos definir como "casto" o "cortés" y el privilegio de metáforas inspiradas por especies animales y vegetales inedibles - particularmente flores y aves voladoras. La definición del "amor cortés" occiíano de los siglos XII y XIII dada por Nelli bien puede aplicarse a nuestro caso incluso si hay diferencias históricas y culturales enormes. Nelli lo define así:."Nous appelons amour coutois l'espèce d'amitié amoureuse, platonique ou semi-platonique - mais de toute façon excluant le "fait" - que les troubadours, souvent de basse extraction, ont vouée, selon un rite poétique traditionnel, aux dames de haut rang, qu'ils célébraient lyriquement dans leur cansos" (40). Para nuestro caso, es importante destacar el carácter puramente "espiritual", amistoso, platónico, del amor casto. Aquí, solamente las cualidades espirituales de la mujer son evocadas en el discurso y la sola idea de un amor erótico le repugna.

Cuando se examina la poesía de Vicente Huidobro, a quien ponemos en este grupo del amor casto, se tiene fuertemente la impresión de que para este amor sólo la idea del amor importa. Mientras más inaccesible el objeto de amor cuanto más puro y sincero quiere ser este sentimiento. En las ironías de Nicanor Parra estos temas se expresan muy claramente: "el acto sexual enfría el espíritu", "el amor platónico llega hasta el beso en la frente" y, en dificultades para describir su amor con María (en Es Olvido), termina diciendo: "Puede ser que una vez la haya besado, / quién es el que no besa a sus amigas!".

No es necesario para este sentimiento que su objeto sea una mujer ni "una dama de alto rango". Puesto que es el sentimiento mismo el que se exalta, su objeto no tiene una importancia decisiva. Pero éste debe ser, de un modo o de otro, inaccesible para el amador. Puede ser una mujer de las clases aristocráticas para un amador de clase media, pero también puede ser una mujer de clase baja - lo que implica que debe estar sociológicamente lejos del sujeto, demasiado cerca, o de otra manera "alejado". ¿Cuáles pues son las mujeres de este amor decantado? Las mujeres más cercanas, para comenzar - madre, hermanas, hijas -, mujeres lejanas o que, en el discurso poético, son distanciadas (así, por ejemplo, la mujer amada deviene, como es frecuentemente el caso en Huidobro, princesa, noble, etc.) y, por la misma razón, mujeres aquejadas de algún mal físico. Estas mujeres son siempre tristes y silenciosas, melancólicas y lejanas, delicadas y dulces, etc.

El amor que se opone a éste es naturalmente el amor puramente erótico o más bien sexual y al que da expresión Pablo de Rokha. Aquí todas las mujeres son su objeto excepto las más cercanas sociológicamente, le interesa la mujer como cuerpo o como fuente de placer sexual. Puede ser un amor adúltero y las mujeres casadas son para el hombre una fuente de placer refinado en oposición al amor de las muchachas que ofrecen un amor simple y rústico. Es un amor fundamentalmente rural, colonial y, si juzgamos por ia experiencia sentimental de otros pueblos, "aristocrático". Para la primera caracterización las reflexiones de Nelli sobre el "amor caballeresco" deben mencionarse. Este amor caballeresco quiere hacer coincidir "l'unión animique avec l'union physique (pero) n'a jamáis réussir à faire accepter par les hommes la parfaite communion des coeurs: il demeurait trop charnel pour se complaire en cette rêverie mystique" (41). Y a propósito del amor adúltero, Elías ha escrito lo siguiente sobre las costumbres de la aristocracia europea; 'd'innombrables anecdotes prouvent que l'aristocratie de cour considérait la limitation des rapports sexuels au mariage comme "bourgeoise" et indigne de la condition de noble" (42). De la misma manera, para este sentimiento las prostitutas tienen un valor positivo - como es manifiesto en novelas chilenas como El Lugar sin Límites de José Donoso y en fragmentos de de Rokha y Parra .

Este amor es rural y "colonial", y, sociológicamente, el amor de las clases terratenientes. En la sociedad rural chilena sólo los terratenientes pueden tener a todas las mujeres como su objeto y es ya parte del folklore chileno que muchos de los hijos de los inquilinos de las grandes haciendas son en verdad hijos del hacendado. Era difícil, para las mujeres, rechazar el cortejo de un señor, escribe Nelli a propósito de las prácticas amorosas de los señores feudales europeos. Y, como hemos visto, es en la poesía que le acompaña donde la mujer es comparada a frutas y "comida".

Finalmente, encontramos un tipo de amor que se sitúa, por decirlo así, a mitad de camino entre el amor cortés y el señorial y que, bien que semejante al amor caballeresco de Nelli, es preferible llamarle romántico. En este sentimiento se quiere unir en una sola persona las cualidades que hacen deseable a una mujer en los amores cortés y señorial. En del Valle y en Neruda esto es patente. La ambigüedad de los Veinte Poemas debe entenderse en este sentido. Escribe Araya: "La vivencia de la amada por parte del yo progresa en dos direcciones divergentes; en una de estas direcciones la amada se espiritualiza cada vez más, es el tema de la ausencia que aparece reiteradamente en este poemario, y en la otra dirección la amada se hace cada vez más material, más externa, es el tema de la amada vista como la naturaleza también tan recurrente en esta obra". (43)

Frecuentemente la mujer de este amor es silenciosa, ausente -que es una forma del silencio -, lejana, como en el amor casto, y, al mismo tiempo, comparada a frutos cuando se evoca su cuerpo. El sujeto siempre oscila entre la expresión de una cosa u otra porque su anhelo parece ser el de sobrepasar una contradicción sentida entre la aspiración a "espiritualizar" la relación con la mujer y el placer sexual. Usualmente tiene una sola mujer como objeto en oposición al amor señorial - en Escritura..., de Pablo de Rokha, como se recordará, son varias mujeres las recordadas.

Podemos formular dos grandes correspondencias. Un amor puramente erótico, fuertemente sexual y sin objeto exclusivo parece expresar las estructuras de la sociedad rural señorial o feudal, marcadamente desigual y donde las mujeres son incorporadas a grupos locales de hombres. Las mujeres son simbólicamente "comidas" pues como los alimentos para la relación entre el sujeto y el mundo físico, son ellas un objeto de mediación entre grupos sociales. Estas mujeres deben ser fértiles pues su función es asegurar la continuidad sociológica de la familia del hombre y deben estar, naturalmente, "crudas". Son siempre sanas y ruidosas. De otro lado, el amor casto privilegia las muchachas enfermas o enfermizas y rechaza toda dedicación al amor sexual, junto con éste, el amor que hemos llamado "romántico" parece mejor expresar las estructuras urbanas, de residencia marital neolocal, y marcadamente modeladas por las clases medias. (44) Imposibilitado este amor de anhelar todas las mujeres - pues ésta sociedad es democrática y porque en el interior de las clases medias no hay grandes desigualdades de poder o riqueza - busca mirar a las mujeres como objetos sexuales y, al mismo tiempo, como dotadas de valores o cualidades espirituales y oscila siempre, en consecuencia, entre la exaltación de lo uno o lo otro. Las mujeres amadas son para este amor también enfermizas y lejanas como para el amante casto y, al mismo tiempo, como frutas que deben ser comidas. La mujer aparece tanto como flor (inedible) que como fruta (edible) y como paisaje - por sus formas y por su capacidad reproductora. Como el patrón de residencia marital urbano es neolocal, i.e. donde la mujer no se incorpora al grupo social del hombre, correspondientemente, las metáforas inspiradas por especies vegetales y animales edibles tienden a desaparecer del horizonte simbólico o a confundirse con aquéllas inspiradas por especies inedibles o por elementos naturales muy alejados metafórica o realmente. (45) (46)

El amor cortés y el amor colonial/señorial pertenecen a la misma estructura simbólica. Mientras el primero exalta las cualidades morales de la mujer recurriendo a metáforas inspiradas por especies animales y vegetales no edibles - pues, como vimos, para sugerir valores espirituales en una mujer debe previamente o al mismo tiempo dejarse en claro que no puede ser "comida" y, por la misma razón, es difícil distinguir en el amor casto entre una amada cercana (como una madre, hermana, etc.) y una lejana (no pariente, extraña) -, el segundo recurre justamente a metáforas inspiradas por especies vegetales edibles o por especies animales domesticables o domesticadas. Junto con esto, estos dos tipos de amor tienen un rasgo elemental en común que permite clasificarles como "míticos" en oposición a "históricos": en ambos, la amada es sólo un lugar, su objeto es indiferente, la individualidad de la mujer no cuenta - todos sus objetos son intercambiables y todos son siempre iguales. El amor urbano, para llamarle de algún modo, es un sentimiento que percibe y vive una contradicción entre la visión de la mujer como objeto sexual y al mismo tiempo como sujeto moral, e incapaz de superarla, no puede sino hacer historia; no puede generalizar su amor pues se desmentiría, y solamente puede apenas recurrir a una palabra generalizante.


Notas:

1. Jaime Concha ("Sexo y Pobreza", Revisto Iberoamericana XXXIX (82-83), 1973, pp. 135-157), ha expresado el anhelo de realizar un estudio de las "condiciones histórico-sociales" del erotismo (p. 138). Una aproximación etnológica al sentimiento del amor es el trabajo de René Nelli, L 'érotique des troubadours, 1,10/18,1974.

2. En Mis Grandes Poemas. Antología. Santiago, Ed. Nascimento, 1969. La versión originalmente consultada por mí es anterior. Véase nota 46.

3. De aquí en adelante las cursivas son mías.

4. Editorial Orbe, Santiago, 1966.

5. He consultado dos ediciones, La Cueca Larga y Otros Poemas, Buenos Aires, Editorial Universitaria, 1964 y Obra Gruesa, Editorial Universitaria, Santiago, 1969.

6. Cf. Obra Gruesa, op. cit., y el poema La mujer equis, en la revista Manuscritos I (1), Santiago, 1975.

7. Dos volúmenes, Valparaíso, Ediciones Ganymedes, 1977

8. Antología de Rosamel del Valle, Caracas, Monte Avila Editores, 1976.

9. Todas las citas provienen de Obras Completas de Vicente Huidobro, tomo I, Santiago, Ed. Zig-Zag, 1963.

10. Consulto la edición de Bruguera, Barcelona, 1980.

11. Guillermo Araya, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en Bulletin Hispanique, 1982, en prensa.

12. G. Araya, op. cit., y Alicia de Ferraresi, 'La Relación Yo-Tú en la Poesía de Pablo Neruda. Del Autoerotismo al Panerotismo' en Revista Iberoamericana, XXXIX (82-83), pp. 205-225.

13. op.cit.

14. op.cit.

15. Normalmente la connotación es positiva cuando se trata de especies vegetales edibles y negativa cuando se trata de especies animales no odibles pero de granja. "Yegua caliente", etc., como se encuentra frecuentemente en los cuentos de Pablo García, los Mejores Cuentos de Pablo García, Santiago, Editorial Zig-Zag, 1968.

16. Cf. La Víbora, de Nicanor Parra, op. cit., 1964, p. 27.

17. E. Leach, Anthropological Aspects of Language: Animal Categories and Verbal Abuse, New Directions in the Study of Language, (Ed.) Eric H. Lenneberg, 1964, pp 23-63.

18. S. J. Tambiah. Animals are good lo think and good to prohibit, en Ethnology VIII (8), 1969, p. 425 (pp. 423-459).

19. M. Mead. Sex and Temperament in Three Primitive Societies, New York, 1935.

20. A la vagina se la llama "zorra", "choro", "concha", y al pene "pico", "cabeza de ajo", "cabeza de haba", etc. Naturalmente, su uso no es universal en Chile.

21. Para estadiscusión me apoyo en Leach, op. cit., y en Mary Douglas, Purity and Danger: an Analysis of Concepts of Pollution and Taboo, Londres, 1966, y en su artículo Self-Evidence (1972) en Implicit Meanings, Londres, 1975, y en su Deciphering a Meal en el mismo libro. En estudios hechos sobre Tailandia y Karam, "the patterns of rules which categorize animals correspond in form to the patterns of rules governing human relations. Sexual and gastronomic consummation are made equivalents of une another by reasons of analogous restrictions applied to each", op. cit., 1975, p. 262.

22. Enrique Lihn, The Dark Room and other poems, New York, New Directions, 1978.

23. No puedo substantivar esto aquí, pero pienso sobre todo en poetas como Lihn, Lara, etc.

24. Ariel Dorfman, "Putamadre". Cría Ojos, México, Nueva Imagen, 1979, p 82.

25. Escritura..., op. cit., p. 73.

26. "Es indudable que semejantes contrastes (lo crudo y lo cocido, etc.,) son superponibles a otros muchos, cuya naturaleza no es alimenticia sino sociológica, económica, estética u religiosa: hombres y mujeres, familia y sociedad, pueblo y floresta, economía y progalidad, nobleza y plebeyez, sacro y profano..." (C. Lévi-Strauss, Mythologiques III. L 'Origine des manieres de table, Plon, París, 1968. Yo cito de la edición española de Siglo XXI, p 432.

27. "Para qué me casaría", en el disco Au Chili. Los Parra de Chillán, Paris, s. f.

28. Color es pimentón molido que se usa como condimento.

29. Me refiero a categorías como quemado, podrido, etc. Cf. Lévi-Strauss, op. cit. En Chile se llama a un prostíbulo - pero también a un bar o a otro lugar público - "una quemada".

30. Como se ha visto en el Cuadro I, los animales de granja más usados no se comen normalmente. Leach ha explorado este tema para el caso de Inglaterra. Su "conjunto de equivalencias" hace corresponder las categorías animales inedibles a las prohibiciones de incesto, la prohibición de matrimonio junto con relaciones sexuales premaritales a castración junto con edibilidad, la alianza matrimonial y la ambigüedad amigo-enemigo a la edibilidad sexual en forma intacta, y "no relaciones sexuales con extranjeros remotos" con "animales salvajes remotos inedibles" (op. cit., p. 54). Cuando se trata de especies vegetales esto cambia un poco, como hemos visto.

31. En sociedades tribales del Perú, por ejemplo -cf. F. Bruce Lamb, Wizard of the Upper Amazon. The story of Manuel Córdova-Rios, Boston, 1971, y entre los siriono (cf. J. M. Ingham, "Are the Sirionos Raw or Cooked? ", en American Anthropologist 73 (5), 1971, pp. 1092-1099.

32. C. Lévi-Strauss, Mythologiques II. Du Miel aux Cendres, Plon, París, 1966. Yo cito de la edición del Fondo de Cultura Económica, p. 252.

33. Cf. C. Lévi-Strauss, Mythologiques I. Le Cru et le Cuit, Plon, París, 1964. Cito de la edición del F.C.E., p. 329 ss.

34. En su cuento "Infancia" en Los Mejores Cuentos de Carlos Droguett, Ed. Zig-Zag, Santiago, 1966, p. 36.

35. G. Araya, op. cit. También en Huidobro se encuentra esta imagen (véase la primera parte).

36. Ferraresi, op. cit., p. 223.

37. Consulto la edición de la Ed.Porrúa, 1979.

38. "Largo invierno", "triste invierno", etc., son imágenes que no dependen estrictamente de la situación del personaje. "Habló muy rápido para estar tan triste..." leemos en un cuento de C. Droguett, op. cit., p. 186.

39. No es casi necesario profundizar esto. Revísense los fragmentos citados.

40. Nelli, op. cit., p. 110.

41. Nelli, op.cit., pp. 133-134.

42. N. Elías, La civilisation des moeurs, Pluriel, Paris, 1973 (196 p 309.

43. Araya, op. cit.

44. Concha, op. cit., dice del "amor nerudiano" que es un amo hecho a la medida de la clase media - pero por razones diferentes.

45. Un ejemplo de esta "confusión" se manifiesta en el anhelo de Neruda de "fecundar la luna" (cf. Ferraresi, op. cit., p. 223).

46. La edición que yo he consultado difiere bastante de la del 196? y es probablemente anterior - no he podido saber cuándo ni donde se imprimió. El cambio más importante se encuentra en el verso 8 en la edición de 1969 se ha agregado, después de "ternera joven", "soltera". Otros cambios son los siguientes: al verso 53 se ha agregado: "saboreándolo como a una chicuela de quince abriles" y "Tocopilla" ha devenido "Antofagasta": los "pavos cebados" del verso 9 han devenido "pavos grandazos". Hay otros cambios menores.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03