Testamento

TESTAMENTO

Orlando Letelier
Último artículo de Orlando Letelier, publicado en The New York Times, Sept. 27, 1976
Literatura Chilena en el Exilio. N 4 Octubre 1977

El día 10 de Septiembre el dictador chileno Augusto Pinochet dictó el decreto número 588, el cual me quitaba mi nacionalidad por "amenazar gravemente los intereses esenciales del estado". Esta medida es una más que se suma a la vergonzosa historia de la violación de los Derechos Humanos, cometidos por la Junta Militar.

En las crónicas de las dictaduras de América Latina; se ha observado con frecuencia como los derechos políticos han sido negados a los críticos y oponentes. La Junta Militar chilena para no desmerecer entre los líderes, en el campo de dichas violaciones, ha hecho víctima a la totalidad de la población chilena a través de un decreto que ordenó se quemaran todos los registros electorales del país. Aún más, todos los derechos civiles de la población han sido destruidos.

Hoy, habiendo agotado todos los mecanismos represivos, solamente pueden recurrir a la pretensión de que los opositores a sus designios, no son ya parte de la nación chilena.

Casi no es necesario, agregar que dicho decreto viola el intento de la Constitución que se aplicaba en Chile antes que la ley fuera destruida el 11 de Septiembre de 1973, y también con aquellas normas de las leyes internacionales, especialmente el artículo 15 de la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Esta acción no tiene precedente en nuestra historia, jamás los gobiernos intervinieron con autoridad de conferir o quitar la nacionalidad como les plazca.

Por haber sido Ministro de Estado y Embajador (en los Estados Unidos) del gobierno constitucional de Chile, fui encarcelado en el campo de concentración de la Isla Dawson, hasta que fuera expulsado del país sin cargos formales en contra de mi persona. No se me otorgó ninguno de los derechos básicos garantizados por la constitución ni por las leyes de mi país.

Entre otras violaciones, fui despojado de mi pasaporte y de mi condición de chileno en el exterior. Muchos de mis compatriotas han sido objeto de las mismas arbitrariedades.

Parece, obvio, entonces, que dicho decreto constituye un completo absurdo. Sin embargo, detrás uno puede ver la lógica de una mentalidad totalitaria que se proyecta a si mismo dentro de un sistema basado en el terror y la venganza. Su propósito principal es intimidar a aquellos quienes luchan desde el exterior, por la restauración de los derechos humanos, la libertad y la democracia en Chile. Se trata de borrar a un sector completo de chilenos de la historia de nuestro país y así eliminar a los protagonistas de los ideales sociales y políticos que en Chile tienen profundas raíces históricas. Este concepto que ha sobrevivido persecuciones y hoy día es el emblema de la lucha contra la tiranía. Lo que la Junta combate no es tanto a los hombres, que tres años atrás guiaron al gobierno democrático, sino a las ideas que representamos. Lo que niegan es la nacionalidad de valores, como la democracia chilena que, por 150 años, constituyó un ejemplo para América Latina y el mundo. Lo que tratan de destruir son los partidos políticos que dieron dirección a las aspiraciones del pueblo de Chile, sus organizaciones sindicales, su sistema de convivencia en el libre juego de ideas y respeto a los seres humanos.

De acuerdo a Pinochet, nada de eso tiene derecho a existir en la nacionalidad chilena. La ideología fascista que Pinochet profesa puede verse en la expresión delirante de su fanatismo, La obligación patriótica de cada chileno es contribuir a derrocar a la dictadura. Lo hacemos como miembros de una nación y como herederos de una tradición de libertad a la cual los Pinochets no pertenecen.

Lo que destruye nuestra nacionalidad son los campos de concentración, las torturas, la represión y el hambre. Lo que nos hace vulnerable como nación es la utilización de las fuerzas armadas en contra del pueblo de Chile. Son todas estas brutales medidas y no las acciones de aquellos que quieren poner fin a nuestra alineación en la comunidad de naciones civilizadas.

La imagen de Chile volverá a revivir, cuando se restablezca junto con los derechos humanos que han sido usurpados por los dictadores. En esos momentos nadie tendrá dudas de la nacionalidad chilena de aquellos quienes están en el poder hoy día. Al contrario, como tales deberán dar respuesta a los tribunales chilenos de acuerdo al sistema judicial chileno, por los crímenes cometidos en contra del país.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03