Jornadas Salvador Allende, México. Septiembre 1978

Jornadas Salvador Allende, México. Septiembre 1978
Literatura Chilena en el Exilio. N 8 Octubre 1978

Sala Torres Bodet Museo de Antropología.
Acto Inaugural de las jornadas.

Discurso Inaugural

Fernando Alegría

Al morir combatiendo el 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende, empezó, en verdad, a vivir y vencer. Eso que él mismo llamó sus ' últimas palabras' no es tanto un renacer desde el humo y las llamas de la patria vieja, como el comienzo de una etapa histórica en que el pueblo probará sus armas y el temple de su resistencia en la reafirmación de lo que ha sido, es y siempre será suyo: el derecho a la libertad.

Por eso celebramos los 70 años de vida del Presidente Allende en el tono y el sentido que alumbran su visión de las grandes alamedas: sin quejas y sin dudas, sin nostalgias vanas ni ensoñaciones remotas, mas bien con la tranquila alegría de las victorias logradas en la resistencia y el exilio, con la firme e implacable voluntad del regreso y la seguridad de un triunfo permanente.

En la pausa del destierro me he preguntado a veces en qué alamedas pensaba Salvador Allende esa mañana del septiembre chileno cuando escuchábamos los vuelos rasantes de los aviones traidores, los estampidos de cohetes, cañones y morteros, las voces metálicas de mercenarios armados de hilarantes micrófonos y metralletas.

¿ En la alameda de Bernardo 0'Higgins recorrida por lentas victorias y espirituosos jinetes, envuelta aún en el eco de una carga desenfrenada contra el cerco de Rancagua? ¿O en la alameda de Portales, el pálido alguacil y señor de colas y bastones, al paso de acequias peluconas, en los signos de su muerte, agujereado por balas de capitanes y cocheros? ¿O en la de Balmaceda, acaso, nocturna, incendiada, cayendo a lo largo de viejos balcones junto con arpas y pianos sobre versos patrióticos de Lillo y Dario?

Quizás no habrá pensado en ninguna de ellas. En esa mañana de cielos grises y cordillera cerrada Allende tal vez sintió que su alameda venta de otros rumbos a marcar senderos inesperados. La suya pudo ser dos hileras de árboles invisibles en la pampa que recorrió Recabarren, ascendente camino de arena roja iluminado por las banderas de los trabajadores de Chuqui, Antofagasta y Tocopilla, es decir, la alameda popular, rumbo de albahaca y clavel, avanzando hacia los álamos de Aguirre Cerda.

Nombre de camino abierto, nunca en tierras de la oligarquía, sino alamedas en campos proletarios.

Es de toda importancia insistir en la realidad fehaciente de esta voluntad creadora de Allende para contrastarla a la red de mentiras con que el fascismo pretende envolver mañosamente los mil días del gobierno de la Unidad Popular.

La verdad es que en su delirio y en su furia, ellos hablan de errores cuando se enfrentan al hecho de su propia bancarrota y sienten que deben negar el proceso revolucionario que, a partir de 1970, aplastaba al latifundio, expulsaba al imperialismo y ponía a funcionar la cultura como un arma de liberación social.

Rescatar el peso histórico de la avanzada cultural de Salvador Allende es, por supuesto, un deber que nos corresponde a los intelectuales y artistas más que a nadie. La proyección de esa avanzada crece día a día y se nos impone ahora corno una clara vía por completarse en la etapa del regreso.

Démosle, entonces, una rapidísima ojeada, refiriéndonos muy de paso al movimiento literario y artístico de esos años, para que nos sirva como antecedente a las jornadas que hoy iniciamos,

Durante el gobierno del Presidente Allende existían en Chile más de 600 grupos de teatro, de los cuales 400 estaban afiliados a la Asociación Nacional de Teatro Aficionado de Chile, organización vinculada a la CUT. De tales agrupaciones que llevaban su arte de uno al otro extremo del país, representando en escenarios y tabladillos de fábricas, sindicatos, colegios, estadios, cuarteles, surgió un movimiento de teatro colectivo en la línea de Recabarren, Acevedo Hernández y Pedro de la Barra, línea que aún no logra quebrar el oscurantismo fascista, puesto que, repentinamente, alienta en espectáculos como Pedro, Juan Diego y Hojas de parra, obra esta última que en 1977 desató la ira de censores militares y civiles en Santiago.

Quisieran que el teatro se les transformara de la noche a la mañana en una especie de monstruoso escenario operático para representar una Aída en medio de percherones aviones y helicópteros, presidida por un karatista enmedallado, y cuando levantan el telón se les llena de desaparecidos en una macabra danza de la muerte.

Y quisieran también que la gloriosa Quimantú continuase sacando libros de sus prensas, pero transmutada en morgue en sus manos, sólo produce tristes ladrillos envueltos en páginas y páginas de memorias fúnebres y cantos trasnochados.

¡Qué contraste con lo que fue la editorial del pueblo!

Un ejemplo bastará para dar una idea de su alcance.

La colección llamada 'Quimantú para todos' alcanzó a publicar catorce títulos en ediciones de cincuenta mil ejemplares cada una. ¡Setecientos mil libros! Estas y otras colecciones significaban literalmente poner el libro en manos del pueblo, sacarlo de la bibliotecas exclusivistas y llevarlos a los sindicatos en la ciudad y en el campo, a la calle, que es el medio donde vive verdaderamente una literatura.

Nuestro escritores jóvenes se enfrentaban ya a una circunstancia nueva; no era necesario empeñar la máquina de escribir para publicar un primer libro. De escritores de letras de cambio pasaban, por fin, a ser escritores de novelas, cuentos, poemas y ensayos.

Nacían revistas y editoriales. Prestigiosas instituciones como la Editorial Universitaria de Santiago y las Ediciones Universitarias de Valparaíso se abrían a los escritores jóvenes a conciencia de participar no sólo en una bella aventura, sino en un genuino proceso de culturización a nivel popular. Durante los mil días de Allende el libro dejó de ser un artículo de lujo para transformarse en instrumento de trabajo y de crítica creadora dentro de la dinámica del camino hacia el socialismo.

No olvidemos tampoco que en un momento de alarma y urgencia artistas plásticos de todo el mundo expresaron su adhesión al pueblo chileno donando sus obras para la creación de un Museo de la Solidaridad. La riquísima colección que se formó en 1972 bajo la égida de un comité internacional en que formaban parte Louis Aragón, Rafael Alberti, Dore Ashton, Carlos Levi, recibió donaciones de artistas como Picasso, Joan Miro, Alexander Calder, Cándido Portinari, Antonio Berni, Siqueiros y muchos otros.

En carta personal el director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, señor Waldo Rasmussen, expresaba a este respecto:

'Me sentí profundamente honrado al ser recibido por el Presidente Allende, y sus observaciones acerca del intercambio entre nuestro Museo y las instituciones culturales chilenas me parecieron de gran visión. No debo olvidarme tampoco de la gentileza de la señora Bussi de Allende, quien asistió al vernissage de nuestra exposición y se preocupó con especial interés de numerosos detalles. Tuve la gran fortuna de concurrir a la inauguración del Museo de la Solidaridad y quedé hondamente impresionado por la generosidad de los artistas participantes, y en particular por el magnífico cuadro enviado por Joan Miro'.

Ante el peligro inminente de un escamoteo en masa por parte de los discípulos de Goehring, ya sabemos cómo, en vez de retraerse desconfiados o dudosos, nuevos contingentes de artistas de igual fama han respondido en los dos últimos años con cuantiosas donaciones para simbolizar hoy en el Museo de la Resistencia Salvador Allende su fe inquebrantable en la victoria final del pueblo chileno.

Por otra parte, la crítica y el público de cine que celebran actualmente las realizaciones de directores como Miguel Littin y Patricio Guzmán han descubierto ya que obras de la calidad de 'Las actas de Marusia', 'El discurso del método' y 'La batalla de Chile' no son esporádicas floraciones del exilio, sino eslabones de un movimiento cinematográfico que en los años de la Unidad Popular alcanzó galardones consagratorios en festivales de Europa y América.

La revista Atlas de Montevideo decía en febrero de 1971: 'La corriente que algunos consideran nociva desde que Salvador Allende llegó a la Presidencia, no ha traído sino éxitos y alicientes para los jóvenes cinematografistas chilenos. Así lo prueba la entusiasta recepción que se ha dado a tres dramas realistas chilenos en el Festival de Cine del Tercer Mundo en Uruguay.

Pues bien, la prueba de fuego de un gobierno que proyecta hacia el futuro, una política cultural a nivel revolucionario se da indudablemente en su capacidad de promover nuevas expresiones de auténtica raíz popular y no tanto en la proliferación de medidas que salvaguardan una tradición. Es en este plano, a mi juicio, donde la misión cultural de Allende adquiere quizá su más profunda significación histórica.

Porque fué en esos días que encontró forma definida y sentido ideológico el movimiento de la nueva canción chilena, iniciado en la década del 60 por Violeta Parra. En esos días también la pintura chilena rompió los moldes estereotipados y saltó desde los paneles de academias y museos para florecer en los vibrantes colores de un arte muralista desconocido en Chile.

Hoy podemos decir que cuando el movimiento de la resistencia chilena escribe sus poemas en rocas y muros y deja los veloces rayados en los bastiones mismos de la dictadura, Pinta, escribe y canta con el impulso heroico que heredaron de la Violeta, de Neruda, de Víctor Jara y de la Brigada Ramona Parra.

Ha nacido un arte del pueblo que hoy canta en las guitarras de poetas como Ángel e Isabel Parra, Patricio Manns, Osvaldo Rodríguez, Rafael Manríquez, en los coros militantes de Quilapayún, Inti-Illimani y Aparcoa. Y ha nacido un arte mural comunitario que en manos de las Brigadas Venceremos, Pablo Neruda y Salvador Allende, ha llevado el mensaje de la resistencia a Creteil, Boston, Washington y otras ciudades. Enjundiosas obras de investigación examinan ya el círculo de acción creciente de este movimiento estético sin olvidar sus orígenes y ramificaciones. Buenos ejemplos son el libro de Bernardo Subercaseaux y Jaime Londoño Gracias a la vida, la recopilación antológica de Jean Clouzet titulada La nouvelle chanson chilienne, y la obra de Patricio Manns Violeta Parra, La guitare indocile. En cuanto al muralismo chileno en el exilio pueden consultarse los catálogos de Creteil y Washington.

Llega el momento de preguntarse ¿ qué ha sucedido y sucede desde 1973 a 1978?

Ha pasado que la cultura una vez más ha roto el hacha fascista que trató de derribarla. Como un árbol -araucaria potente o fino álamo-, nuestra cultura, año tras año, no deja de retoñar ni sacrifica sus primaveras. Quisieron implantar el peso de la noche sobre un país que empezaba a vivir los días de su emancipación. Llegaron con uniforme de campaña y sacando la pistola, como Goehring, y Millán Astray, al oír la palabra cultura.

Oigamos cómo ha respondido Chile.

Primero con la voz de Neruda:

' El momento de Chile es desgarrador y pasa a las puertas de mi casa, invade el recinto de mi trabajo y no me queda más remedio que participar en esta gran lucha. Mucha gente pensará hasta cuándo, por qué sigo hablando de política, ahora que debería estarme tranquilo. Posiblemente tengan razón. No conservo ningún sentimiento de orgullo como para decir: ya basta. He adquirido el derecho de retirarme a mis cuarteles de invierno. Pero yo no tengo cuartetes de invierno, sólo tengo cuarteles de primavera.'

Y, luego, en la voz de Gabriela Mistral:

' No creo en la mano militar para cosa alguna. Ni el escritor ni el artista, ni el sabio ni el estudiante, pueden cumplir su misión de ensanchar las fronteras del espíritu, si sobre ellos pesan las fuerzas armadas de un Estado Gendarme que pretende dirigirlos. El trabajador manual y el trabajador intelectual no pueden permanecer indiferentes a la suerte del pueblo chileno y al derecho que éste tiene de expresar sus anhelos. América en su historia no representa sino la lucha pasada y presente de un mundo que busca en la libertad el triunfo del espíritu. Nuestro siglo no puede rebajarse de la libertad a la servidumbre. Se sirve mejor al campesino, al obrero, a la mujer y al estudiante, enseñándoles a ser libres, porque se les respeta su dignidad.'

Y, finalmente, con el vibrante llamado de Vicente Huidobro:

' Una bandada de cuervos se cierne en los aires
y empesta nuestro cielo.
¿Acaso Chile será un inmenso animal muerto tendido
en las laderas de Los Andes?
sacúdete, patria mía, despierta de esa larga agonía.
Ruge, ruge de tal modo que los cuervos huyan despavoridos.'

¿Qué ha sucedido, entonces?

Nunca la literatura y el arte de Chile, fuera y dentro del país, en el exilio tanto como en la resistencia, han dado tan clara muestra como hoy de haber llegado al umbral de un poderoso y fecundo renacimiento. Nuestros pintores y escultores, novelistas y poetas, dramaturgos, cineastas y músicos, golpean a diario las puertas de la dictadura para recordarles a los esbirros que estamos vivos, que la voz de Chile no se ahoga, que el pueblo numera los días de la espera con valerosas y potentes creaciones.

Ellos dicen que Chile sufre hoy un apagón cultura!. Ese apagón no existe más que en los cerebros fascistas -perdón, dije cerebro, no lo tienen-, y creen comprobarlo en su propia esterilidad.

La poesía clandestina de Chile es planta de rara potencia, de voz directa y escueta, de belleza dura y sencilla. Pero, también es gran poesía la que llega desde adentro del abismo de ia represión firmada con seudónimo o nombre propio por escritores que respetamos y queremos.

Como una planta milagrosa, flor de nieve o flor del desierto, con la seca emoción y firmeza del cáñamo, los rojos, verdes, azules y blancos de nuestros barrios, puertos y aldeas, se levanta desde adentro de Chile también un arte que llaman menor pero que, de pronto, se torna épico en su ruda sencillez : es el arte de las arpilleras obreras y campesinas, nobles instantáneas de protesta revolucionaria. Son las imágenes que de la calle saltan al muro y gritan sin voz, pero graban con ternura y coraje, el temple de la familia proletaria.

Nada que merezca vivir ha muerto en Chile como consecuencia de la aberración criminal cometida contra nuestras universidades, nuestros escritores, artistas e intelectuales. El paréntesis que han levantado es de frágil consistencia: apenas las oxidadas mitades de una esposa carcelaria que no resiste ni resistirá el paso del tiempo. Todos vivimos dentro de ese paréntesis y todos lo hemos roto y lo romperemos cada vez que traten de cerrarlo. Nuestras universidades volverán a ser libres, nuestro arte y nuestra literatura serán una vez más el patrimonio del pueblo de Chile.

El exilio se ha convertido en eso que Máximo Gorki, llamaba concienzudamente sus 'universidades': escuela de reflexión y creación en el acto de resistir. Prosistas y poetas producen testimonios definitorios; teatro chileno hay en Madrid, Caracas y San José de Costa Rica; surgen editoriales en México, Ottawa, Los Angeles; revistas como Araucaria, de Madrid, y Literatura chilena en el exilio, de California, y Canto libre de Paris. Para el primero de mayo de este año, la comunidad chilena en el exilio envió un saludo a la clase obrera chilena con las firmas de doscientos artistas, escritores, y profesores, Esa lista la encabeza un hombre que, en la plenitud de su poder creativo, respetado en todo el mundo como uno de los más grandes artistas del siglo XX, no vacila en salir a la defensa de los derechos democráticos del pueblo de Chile: Claudio Arrau.

¿ Apagón cultural ? ¿A esto le llaman apagón cultural? Así brilla nuestra cultura en la lucha contra el fascismo.

Chile, dirán los cronistas refiriéndose a los años que vivimos, es un gran testimonio vertido en letras de fuego. Con toda razón. En lo que va desde 1973 a 1978 se han publicado libros que recuentan la experiencia de la tortura, el exilio y la muerte, en términos de un humanismo trágico no conocido antes en nuestra patria.

Estos libros tienen en común ciertos factores que es bueno señalar. La narrativa testimonial del propio sacrificio cede poco a poto a un balance entre líneas de las causas de la tragedia y a una constatación de un profundo cambio de conciencia. Ninguno de los autores cae en la ' literatura por la literatura'. La severidad espeluznante de los hechos contados es tan filosa que no admite regodeos retóricos de ninguna clase.

Permítaseme señalar con especial énfasis un testimonio de publicación reciente por considerarlo indicativo de la nueva actitud a que me refiero. Su autor es un hombre de 21 años, Ilario Da; el título: Relato en el frente chileno. De pronto pareciera que el círculo de tiza trazado por la reacción se rompe y que la aparente caída de 1973 se transformara en lo que siempre debió ser: un punto de partida, el comienzo de una resistencia deliberada y unitaria, recapitulación creadora, reconocimiento de nuevas fuentes de energía, voluntad y disciplina que abren camino a la reconquista de la democracia en Chile. La lección de este relato es clara; quienes trataron de cortar la cabeza del movimiento obrero y campesino chileno fallaron el golpe, olvidaron que una marcha de liberación es como el curso de un río : se afloja, se ensancha, se estrecha, puede interrumpirse pero nada la detiene, surge y resurge, avanza implacable hacia la realización victoriosa, Ilario Da lo dice con sencillez, con el arte de la naturalidad y todo el poder de resistencia de quien cayó a los 18 años, fue arrastrado de un campo a otro de torturas, hasta que los conoció todos, soportó cuanto suplicio físico y psicológico le aplicaron los expertos de la contrainsurgencia, y vivió y sobrevivió para contar el cuento con voz varonil, noble, plena de juventud y confianza en el triunfo final.

No contaron con esto los agentes de la muerte : atacaron a la juventud de Chile queriendo cortar el nervio de los cuadros obreros, campesinos e intelectuales como quien opera un 'cáncer'.

¡Pero, la juventud no es un cáncer, mi general! La revolución no es una enfermedad. Sólo están enfermos de un mal incurable los que torturan y matan por miedo.

En estos días en que nos reunimos para rendir homenaje al Presidente Salvador Allende con una magna jornada antifascista, acontecimientos de importancia decisiva indican que un período crucial se inicia en el destino de nuestra patria. Hoy más que nunca la causa de la libertad democrática y la defensa de los derechos humanos exigen de todos los chilenos conscientes una actitud unitaria y combativa. Como una vasta esperanza que toma cuerpo y nos enseña ya una victoria cercana, el movimiento solidario avanza, destruye obstáculos, borra prejuicios y dogmatismos, preparándonos para el día en que se abran las grandes alamedas por donde el hombre digno pase para construir una sociedad mejor'.

A esa unidad, firme y perdurable, dedicamos nuestra empresa de escritores en el exilio: la patria requiere el ímpetu máximo de lucha y la voluntad ferviente de sacrificar los intereses individuales para reforzar el gran frente antifascista.

Por el pueblo de Chile, por su clase trabajadora y campesina, con sus profesionales y estudiantes, con todos los hombres y mujeres que se juegan enteros en Centro y Sudamérica en lucha a muerte contra el imperialismo y las dictaduras gorilas, por el pueblo de México que hoy nos acoge, por el pueblo de Cuba que nos inspira y nos apoya, por el pueblo de Nicaragua en su heroica resistencia contra el despotismo de Somoza, hagamos de este homenaje a Salvador Allende una gran jornada victoriosa contra el fascismo.

¡ Volveremos!
¡ Venceremos!


Jornadas Salvador Allende, México. Septiembre 1978
Palacio de Bellas Artes, Coloquio sobre poesía.

MODOS DE VIVIR, MODOS DE MORIR.

VOLODIA TEITELBOIM

Bien se sabe que este mes de septiembre para los chilenos es mes de esplendores y mes de desastres. Como para México, es el mes de la independencia política de la nación. Y también el triunfo de la Unidad Popular. Es el mes de la mortandad, de la muerte grande. Es el mes en que mueren Allende y Neruda.

Salvador Allende pensó también su muerte como actitud. Previendo la posibilidad del golpe de Estado, así lo anunció públicamente en algún discurso y en conversaciones. Pero, a diferencia de tantos otros mandatarios latinoamericanos, no renunciaría a la responsabilidad suprema que en este caso el pueblo le habrá confiado. La defendería pagando hasta el precio de su vida. enfrentando cara a cara la muerte. Así lo habló con nosotros todos, incluso con los generales. Pinochet se lo escuchó más de una vez. Legaría el acervo de su vida y legaría la forma y la dignidad de su muerte no como un gesto claudicante y resignado, no como una bandera blanca de rendición, sino como una bandera encarnada de lucha hasta más allá de su fin, o sea, hasta el fin real, hasta la victoria.

Es otra actitud de una vida que define consecuentemente esa manera heroica de morir, que significa un término y también un principio, un entrar en la segunda vida. Ella determina que Salvador Allende hoy no sea un personaje de olvido sino una imagen que anda por el mundo llamando a la lucha contra el fascismo.

Todos saben que Neruda murió doce días después que Allende, hace cinco años. Ambas muertes están históricamente relacionadas entre sí y con el eclipse de la democracia chilena.

También Neruda tuvo, desde luego, un estilo de vivir y un estilo de morir.

Su estilo de vida era proverbial. Un niño grande, un poeta por los cuatro costados, un enamorado precoz y adulto de los caballos de juguetería, de las colecciones de mariposas, de los caracoles, de los moluscos irisados, de las copas coloreadas, de los mascarones de proa empapados por la sal de siete mares.

Nació niño de pueblo y luego se hizo hombre legendario de su pueblo. Fue un epicúreo de la amistad, de la fantasía del universo, del vino loco y a la vez centrado, de la mujer fea y hermosa. Un sibarita de los sueños, del amor, de las bromas, de los mercados, de las cerámicas, de los silbatos populares y las pinturas ingenuas, entre otras razones, por eso amó particularmente a México. Fue un visionario de América, en cuyas ubres bebió la inspiración de su obra como si fuera leche materna. Vio en Estados Unidos la Babilonia del capitalismo agresivo, A comienzos de 1973, apareció como el desafiante autor de un poema de titulo desapacible: 'Incitación al Nixonicidio Y Alabanza de la Revolución Chilena'. Disparó su libro al imperialismo y a la CIA como 'dura piedra araucana'.

Pero también lo vislumbró como el país donde un día despertará el leñador, donde Lincoln volverá a hablar.

Esa fue su manera de ser, -de existir, de concebir y de escribir. Le estaba reservada la prueba mortal en una hora asimismo mortal para Chile. La afrontó nerudianamente. Su modo de vivir fue su modo de morir. No lo mató propiamente el cáncer sino el fascismo.

Cuando de vuelta de Francia se recluyó en Isla Negra, íbamos periódicamente a verlo. En ese lecho, entre pájaros y perros, frente al gran ventanal que daba al mar, no se recostaba un hombre vencido. Trabajaba duro, como aquél que sabe que tiene un plazo tal vez breve para la magnitud gigantesca de sus proyectos literarios inconclusos. Convirtió el lecho en un escritorio y el dormitorio en una oficina o una pequeña fábrica. La cama era el taller donde funcionaba su máquina poética y era también su trinchera política. Sí, escribía como un escolar o un obrero de choque que debe terminar su tarea, cumplir su plan vital, antes de medianoche. Debía poner punto final a su trabajo.

Hablábamos de todos menos de la muerte. Nunca le escuché un lamento. Mientras conversábamos sobre algún tema cotidiano yo me preguntaba si él sabía la naturaleza de su mal. A veces un destello triste de los ojos, una palabra perdida, un ruego de volver pronto, me daban la sensación de que Neruda lo conocía todo sobre sí mismo. Tuve esa sospecha, pero no la certidumbre.

Hoy sé que lo sabrá. Sabía que sus días estaban contados, con un cálculo indeterminable, que los médicos podrán vaticinar, conjeturando, en un par de años. Que no lo ignoraba lo revela, entre otros, un poema póstumo, que no se llama 'Y sin embargo me muero' sino, recordando a Galileo Galilei, titulado con ansia 'Y sin embargo me muevo'.

Y con mi próstata melancólica
y los caprichos de mi uretra
me conducían sin apuro
a un analítico final. (1)

Escribe que pidió al médico que le 'dejara el placer -de ser amado y de querer:- me buscaría algún amor - por un mes o por una semana - o por un penúltimo día'. (2)

El quiere vivir. Todo ha florecido frente a la ventana. 'Sólo no hay primavera en mi recinto'. Varias veces a través de los años le oí recitar ese poema favorito, un melancólico poema de Quevedo, quien cuando tiene la cabeza cubierta de nieve, exclama: 'Siento la primavera en mis entrañas'. Al final de sus días retoma el tema en su poema 'Con Quevedo en Primavera'.

Primavera exterior, no me atormentes,
dame por hoy el sueño de las hojas
nocturnas, la noche en que se encuentran
los muertos, los metales, las raíces,
y tantas primaveras extinguidas
que despiertan en cada primavera. (3)

El tema de la muerte lo rodea. Su 'Elegía de Moscú' es la despedida de los amigos queridos que han muerto en la Unión Soviética, pero es también un anticipo de su propia despedida.

Neruda tuvo muchos amigos y millares de conocidos. Algunos se han sentido injustamente excluidos de sus Memorias. El poeta previo el reclamo: 'Alguien preguntará más tarde, alguna vez -buscando un nombre, el suyo o cualquier otro nombre- por que desestimé su amistad o su amor -o su razón o su delirio o sus trabajos; -tendrá razón: fué mi deber nombrarte, -a tí, al de más allá y al de más cerca . . . Pero no tuve tiempo ni tinta para todos'. (4)

Ay, para qué contamos tus verdades
si yo viví con ellas,
si yo soy cada uno y cada vez,
si yo me llamo siempre con tu nombre. (5)

El hombre escribe el último capítulo de su vida a conciencia. Estremecido, fluido y lúcido, sin sollozos. Recordando y mirando el futuro. Pidiendo que se le deje participar en las reuniones del año 2000.

Huele en el aire la inminencia de la tragedia: ' Estos meses - arrastran la estridencia - de una guerra civil no declarada'. (6)

Si sus memorias se llaman 'Confieso que he vivido', sus poemas póstumos podrían llamarse 'El arte de seguir viviendo' o de 'morir luchando'. De seguir viviendo, a pesar de todo, cuando se sabe que la muerte espera detrás de la puerta.

Encierra una declaración de amor a la vida, una reafirmación de principios. Son frascos de esencia poética que contienen el perfume concentrado de su filosofía vital. Son un testamento conmovedoramente sereno. Una confesión y una preparación ante la muerte que viene.

El golpe le acortó el plazo a menos de dos semanas. Abrevió sin duda su vida. En verdad la junta no lo mató de un disparo sino con cien mil disparos que perforaron su corazón al asesinar a multitud de sus compañeros, al destruir todo el Chile que él soñó, cantó y contribuyó a crear. El Chile nerudiano. El Chile del pueblo. El Chile Chile. El Chile verdadero. Sus últimos poemas son también el adiós de un combatiente que cae disparando. Y lo son, por cierto, sobre todo en las páginas escritas tres días después del golpe, nueve días antes de su muerte, en que enjuicia el crimen y clava el estigma sobre los que causaron la muerte de Allende:

'Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque jamás renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile'. (7)

La bandera solitaria flamea sobre la faz del planeta, como solía flamear al viento del Pacífico la bandera nerudiana del pez en su casa de Isla Negra. ¿ Acaso no es Neruda quien dice: ' Delgada es nuestra patria - y en su desnudo filo de cuchillo - arde nuestra bandera delicada'.? Sí, arde como una llama por toda la tierra. Lleva escrito en su estrella, manchada por hectolitros de sangre, el nombre de los mártires, como Salvador Allende o Víctor Jara. El nombre de los encarcelados. El nombre de los poetas-soldados como Pablo Neruda, Chile es una bandera. Y Neruda es una bandera fuerte y delicada.

Por persecución del fascismo, sus restos se transformaron en una cadáver errante. Su última morada no fue su última morada. Transferido del mausoleo de la familia Dittborn a un pobre nicho del Cementerio General, no duerme con los ricos. Reposa con los pobres, en el muro de los caídos de septiembre. Un muerto viviente en cuyos funerales resonó desafiante la Internacional, como un himno a la vida, al triunfo final.

Un muerto que anda vivo por Chile y por el mundo. Que se lee, se recita y canta en muchas lenguas del hombre. Un muerto que la junta teme como a cien tanques. Por eso, cuando el 12 de julio de 1975 en Santiago el pueblo quiso recordar a su poeta celebrando un acto en su memoria, lo prohibió pretextando que era ' inoportuno'.

Pero el pueblo siguió insistiendo. Este último 12 de julio se cumplieron 74 años de su nacimiento, concurrieron mil del pueblo. Cada uno llevaba un clavel.

Neruda importuna al fascismo. Pero sobrevivirá al fascismo. Derrotará al fascismo. A su país llegará un día no distante la paz, la libertad, la poesía.

Ya lo dijo en su libro de despedida:

Hoja por hoja subirán los días
y fruto a fruto llegará la paz;
el árbol de la dicha se prepara
desde la encarnizada raíz que sobrevive
buscando el agua, la verdad, la vida.

Por eso, querido Pablo, lograrás lo que en un poema pedías como un deseo: ser diputado de la poesía por todos nosotros para que nos representes en el año 2000, cuando se abran las puertas no sólo de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, sino también de una nueva vida. Recordando la imagen nerudiana, aunque el titular será otro, tú, querido Salvador Allende. también entonces serás el Presidente.

Ahora, querido Pablo, andas de nuevo por México, a pesar de todas las muertes de tu pueblo. Tú como él, como todos los pueblos, para nacer han nacido.


Jornadas Salvador Allende, México, Septiembre 1978
Palacio de Bellas Artes, Clausura del Coloquio Literario.

DISCURSO DE CLAUSURA
ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR

Compañeros:

En primer lugar, debo expresarles mi gratitud por la invitación para participar en este coloquio sobre literatura chilena de la resistencia y del exilio, cuyas fructíferas sesiones de trabajo concluyen hoy. Naturalmente que sé -y ello aumenta mi gratitud- que en mí se invitaba a una representación de los escritores cubanos, de la Casa de las Américas, del país cuya revolución va a cumplir, dentro de pocos meses, veinte años. De esta manera, se permite a Cuba proclamar, una vez más, nuestra absoluta identificación con el entrañable Chile: con la causa de su liberación, con su pueblo fraterno, con su cultura raigal que tanto ha nutrido y seguirá nutriendo a la nuestra, a la de nuestra América toda, y que incluso ha hecho y seguirá haciendo aportes significativos a la cultura universal. Glosando las palabras con las que el compañero Rubén Yáñez nos conmovió hace unos días, me enorgullece recordar que la solidaridad le es consustancial a la Revolución Cubana. Celebrar sus veinte años de vida será celebrar uno de los más hermosos triunfos de la solidaridad en la tierra. Sin ella, sin esa solidaridad constante, valiente, múltiple que le han prestado los pueblos del mundo entero, y en lugar destacadísimo los de la América Latina -y por supuesto los de los países socialistas-, no hubieran sido posible no ya los logros sino ni siquiera la sobrevivencia misma de la Revolución. ¿ Cómo no hemos pues de dar solidaridad los que existimos gracias a haberla recibido a manos llenas, a corazones llenos, en lodos los momentos, los del júbilo grande y los de la gran prueba? Amar de veras sin retórica ni gestos vanos a la patria (a la matria, como sugería Unamuno), es condición de toda criatura bien nacida: Pero ese amor sólo alcanza su nobleza mayor, limpia de todo egoísmo, cuando pueden hacer suya la sentencia martiana 'Patria es humanidad'.

En segundo lugar, quiero pedirles licencia para que estas Palabras no sean del todo 'resumen del coloquio'. Por una parte, el coloquio vamos a guardarlo en su rica totalidad: como el conjunto de las ponencias escritas con seriedad y honradez por los compañeros Fernando Alegría, Ariel Dorfman, Alejandro Sieveking, Antonio Skármeta y Jaime Concha, que tanto nos han enseñado, así como los comentarios con su perspectiva latinoamericana. Por otra parte, si lucremos realmente resumirlo, bastarán acaso unas pocas líneas: la literatura chilena, como su cultura, como su pueblo todo, vive, regresará, está regresando ya a la plena luz.

En la ponencia inicial del coloquio, Fernando Alegría lo dijo con claridad: ' Nada que merezca vivir ha muerto en Chile como consecuencia de la aberración criminal cometida contra nuestras universidades, nuestros escritores, artistas e intelectuales (...) Nuestras universidades volverán a ser libres, nuestro arte y nuestra literatura serán una vez más el patrimonio del pueblo de Chile'. Esas fueron las palabras con que comenzó el coloquio, bien pueden ser también las palabras con las que finalice. ¿ Y no es una conclusión más amplia la ponencia de Jaime Concha que acabamos de escuchar y comentar, ya que, saltando por encima de géneros, aborda la ' función testimonial' que es e) centro mismo de la mejor literatura chilena de estos años? Literatura de testigos que son también actores, por supuesto. En esta ocasión, compañeros, querría además compartir con ustedes algunos recuerdos, algunas experiencias, una certidumbre.

Pertenezco a una promoción que cuando estaba aún en la infancia, cuando apenas podía distinguir entre los juegos y los sueños, fue estremecida por un país de su idioma, a la vez lejano y cercano, donde estalló una guerra tremenda cuya imagen no nos abandonaría. Pocos años después, a esos primeros recuerdos se sumaron las ávidas lecturas de la poesía provocada por aquella infausta guerra: los versos entrañables de Antonio Machado y Rafael Alberti, de León Felipe y Miguel Hernández; y los que nacieron en gargantas americanas, conmovidas por el grandioso heroísmo popular: España en el corazón, España. Poema en cuatro angustias y una esperanza, España, aparta de mí este cáliz. Si aquellas memorias habían sido la niñez, estas lecturas iban a ser la adolescencia. Va no nos sería dable a muchos de nosotros ver y sentir el mundo sino con los ojos y el alma que nos había terminado de formar un país con el cual no habíamos estado, pero cuya trágica experiencia nos marcó a fuego. evoco lo anterior para explicar por qué renació en mí (como seguramente en tantos otros), con la fuerza de una savia que asciende hacia la luz, aquel mundo de extraños recuerdos, de vivencias de lo vivido sólo en la imaginación y la ansiedad, cuando en octubre de 1972, a diez años de otra 'Crisis de Octubre', tuve el privilegio de pisar tierra chilena, generosamente invitado por la Sociedad de Escritores de Chile, y acogido con la delicadeza y el espíritu fraternal que son prendas naturales del pueblo chileno. Allí me esperaban compañeros conocidos y queridos, y otros a los que pronto me uniría también la amistad verdadera que se forja en la comunidad de ideales y riesgos. Pues apenas unas horas antes de mi llegada, las fuerzas reaccionarias del país, en contubernio monstruoso pero natural con el imperio, habían iniciado un ensayo del golpe fascista que once meses después aplastaría en sangre, temporalmente, una de las más bellas esperanzas de estos años, el gobierno popular encabezado por el inolvidable compañero Salvador Allende, 'lleno de respeto, de mesura y tolerancia', cuyo único delito, a los ojos de los militares felones y sus amos, fue para seguir con las palabras de Antonio Machado, ' gobernar en un sentido de porvenir, que es el sentido esencial de la historia'. ¿ Cómo me sería posible siquiera nombrar a cuantos me acogieron como hermano en aquellos tensos, memorables días? Acaso es imprudente mencionar a los compañeros que aún permanecen en su patria. Más de uno de ellos ha muerto allá. Ignoro el destino de varios. Y algunos están hoy, felizmente, aquí. De unos y otros no olvidaré jamás la ternura de sus casas, la firmeza de sus convicciones, la limpieza de sus miradas, la calidad de sus obras. Con ellos vi a un pueblo trabajando y pintando en sus muros hermosas verdades, cuidando sus fábricas y cantando, repartiendo libros y esperanzas, ¿ Sabían ellos que aquella visita no sólo, desde luego, me traía al recuerdo los años difíciles de la Revolución Cubana, sino además me devolvía a una infancia y una juventud tan fantasiosas como definitivas ? Yo había conocido para entonces la Cuba de la tiranía y su derrocamiento, la de Playa de Girón y la Crisis de Octubre; el Vietnam dividido y bombardeado por los yanquis; países capitalistas y socialistas. Pero en Chile, como en pocas partes, vi la brusca lucha de clases en evidencia, la desfachatada hipocresía de las clases opresoras, que escandalosamente esgrimían cacerolas, urdían atentados e invocaban la libertad para cortar su cabeza fragante. Vi también una magnífica clase obrera que, caminando a veces kilómetros, mantuvo abiertos sus centros de trabajo e hizo fracasar el proyectado paro contrarrevolucionario; vi empeños culturales admirables, como el de la Editorial Quimantú, ejemplo para nuestra América toda; vi el entusiasmo de numerosos escritores, artistas y estudiosos que buscaban con afán cómo colaborar de la mejor manera con el proceso que avanzaba, impetuoso y amenazado. No podemos decir que todo ello pertenezca al ayer. Pertenece, más bien, al porvenir, como lo prueban estas Jornadas. No es polvo: es una de las semillas de las que ese porvenir ha de brotar, incontenible.

La forma como muchos de los mejores intelectuales chilenos prosiguen hoy, en su obligado exilio, desarrollando su obra de creadores e investigadores; las numerosas empresas culturales que promueven o en las que participan -incluso revistas de tanto rigor como Literatura Chilena en el Exilio y Araucaria de Chile, dirigidas por compañeros del prestigio de Fernando Alegría y Volodia Teitelboim-: todo ello ratifica que en el destierro, además de servir a los países en que se hallan, fortalecen sus herramientas para aportar al pueblo chileno sus necesarios hallazgos de verdad y belleza. Y en el interior de Chile, a pesar de condiciones terriblemente adversas, bien sabemos, que no se ha detenido ni se detendrá jamás la verdadera producción cultural. Hasta en los campos de concentración y en las cárceles surgen desafiantes tenaces, el testimonio de la prueba, la poesía del recuerdo y' la esperanza. Sus autores, como lo han señalado varios compañeros, con frecuencia no eran escritores ni habían soñado serlo: el rechazo al salvaje golpe fascista les encendió de pronto el arma de sus voces. Con cuánta emoción no leemos las livianas y ardientes hojas a menudo mimeografiadas o incluso manuscritas, provenientes de algún lugar de Chile, cuyas letras anónimas anuncian la victoria.

Y la victoria ha de ser, por supuesto, conquista del pueblo, es decir, derrota de los que una y otra vez lo han traicionado, burlado, esquilmado, torturado y aniquilado. Hace más de cuatro décadas, en el Primer Congreso Internacional de Escritores por la Defensa de la Cultura, Bertolt Brecht leyó estas conocidas palabras cuya simple verdad hemos comprobado sobradamente durante estos años; ' No hablemos sólo para la cultura! ' decía Brecht: ¡ Apiadémonos de la cultura, pero apiadémonos de los hombres! La cultura está salvada si los hombres están salvados, ¡ No nos dejemos arrastrar hacia la afirmación de que los hombres están para la cultura y no la cultura para los hombres!' Chile es hoy, para todos los hombres y mujeres de bien a lo largo del planeta, y de manera señalada para una juventud que se abrió a la conciencia con su nombre ensangrentado en los labios, una muestra implacable de cómo incluso el noble intento de marchar pacíficamente hacia la realización de cambios imprescindibles para la sobrevivencia misma de los pueblos, encuentra la más brutal reacción por parte de los explotadores nacionales y transnacionales. Pero es también una muestra de resistencia, tenacidad, creación. Los jóvenes de hoy no tendrán que esperar mucho antes de que Chile regrese a los caminos de la libertad por defender los cuales murió heroicamente, hace cinco años, el hombre enérgico, luminoso y cordial cuyo recuerdo de lucha nos ha congregado aquí. El fascismo no es el inicio de nada: es el último recurso desesperado para sostener un régimen de privilegio y crimen inexorablemente condenado por la historia. Y hoy vivimos en un mundo en que crecen aceleradamente y se arraigan las fuerzas de la paz y la justicia. Hoy vivimos en el tiempo de las victorias de Vietnam y Angola, de la inminente victoria de la Nicaragua de Sandino y Dario, del FSLN y Ernesto Cardenal. Más temprano que tarde, como dijo el compañero Presidente, se abrirán en Chile las grandes alamedas. Y los mejores intelectuales chilenos se han ganado el derecho a transitar por ellas junto a los obreros, los campesinos, los trabajadores todos de su tierra, bajo la sombra luminosa de sus grandes muertos. Este coloquio lo ratifica plenamente, y me complace proclamarlo en esta generosa y queridísima patria mexicana, que en alguna medida lo es de todos los latinoamericanos, hoy que nuevamente hermanos chilenos me hacen el alto honor de estar con ellos, con ustedes, en la hora del recuerdo y de la marcha unida.

¡ EL PUEBLO UNIDO JAMAS SERA VENCIDO!
¡ HASTA LA VICTORIA SIEMPRE !


Jornadas Salvador Allende, México. Septiembre 1978
presentación en el catálogo de la Exposición de Pintura Chilena,
realizada en el Museo de Arte Moderno.

PINTURA CHILENA

FERNANDO GAMBOA
Director del Museo de Arte Moderno, de México,

El Museo de Arte Moderno del instituto de Bellas Artes presenta con profunda solidaridad y fraternidad esta exposición de pintores chilenos en el exilio, importante por el espíritu que la anima y por la calidad artística de las obras que se exponen. El arte para producirse necesita un clima de libertad. Sus creadores hagan o no un arte comprometido social, requieren esa condición. Por eso un régimen en que está institucionalizado el terror los hiere, Procura destruirlos en su más intima esencia porque comprende que ellos, los más vulnerables, son también la conciencia de su tiempo y su espacio, de su hora y su continente. Son los creadores y los guardianes de la cultura y los que una y otra vez la renuevan.

Por eso es altamente meritorio que los pintores chilenos, no importa en qué latitud del mundo se encuentren, en qué tendencia artística están inscritos, se unan para presentar sus obras como un testimonio de adhesión a la lucha de su pueblo Para reconquistar la libertad.

Van a cumplirse 5 años desde que se consumó el 11 de septiembre el execrable golpe militar que victimó al pueblo chileno. Testigo personal que fui del asesinato del Presidente Allende, que entró a la historia de nuestro continente como mártir de la democracia, me aterró ver la brutalidad con que fueron aplastadas las instituciones culturales; las universidades, los partidos políticos, los sindicatos de obreros y campesinos, presenciar la saña con que fueron metidas a los estadios deportivos, convertidos en campos de concentración, millares de mujeres de todas las edades.

Está participando en esta exposición una pléyade de pintores, encabezada por Roberto Malta artista comprometido con la causa de la humanidad, y uno de los tres más grandes pintores de nuestro continente. Están además nombres de prestigio, como Mario Toral, Rene Castro, Braulio Barría, Eduardo León y Guillermo Núñez, éste último arrancado de las cárceles asesinas de su país gracias a la protesta internacional. Y figura también Nemesio Antúnez, el magnifico artista y ex director del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, que actualmente está comiendo el pan del auto-exilio en Barcelona, 'incapaz de vivir bajo un régimen fascista que violó la tradición chilena de libertad y democracia para establecer un régimen de violenta represión'. Todos ellos están presentando esta muestra itinerante que por su interés artístico, por su calidad y por el noble propósito que la impulsa será vista -estoy seguro de ello- por todos cuantos aman al arte y a la libertad.


Notas:

1. El Corazón Amarillo.

2. Ibid.

3. Jardín de Invierno.

4. Jardín de Invierno.

5. Jardín de Invierno.

6. Jardín de Invierno.

7. Neruda, Memorias, Confieso que he vivido.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03