Encuentro de Neruda con la "Metrópoli"

ENCUENTRO DE NERUDA CON LA "METRÓPOLI":
TRES DÍAS EN MADRID (JULIO 1927)

Pedro Gutiérrez Revuelta
Profesor en el Departamento de Lenguas Hispánicas en la Universidad de Houston (University Park), Houston, Texas. Estados Unidos. El presente trabajo es un extracto de una extensa Tesis Doctoral sobre la relación de Pablo Neruda con España.

Araucaria de Chile. N 29. Madrid 1984

En julio de 1927. de paso hacia su puesto consular en las lejanas tierras de Asia, llegó Neruda por primera vez a España, permaneciendo tres días en Madrid. Neruda era consciente de la importancia que para su futura carrera literaria tenía este primer contacto con la "metrópoli". La preocupación de darse a conocer en España seguirá todavía presente dos años después, estando ya en Ceilán y habiendo dado por terminado el primer manuscrito de Residencia en la tierra. "Voy a decirle -le escribe el 24 de octubre de 1929 a su amigo epistolar, el escritor argentino Eandi-, mi mayor deseo es editar en España; Argentina me parece aún provincial, Madrid es bien diferente. Pero cómo? He escrito a uno de mis compatriotas -Alfredo Cóndon-, ha pasado el tiempo de la respuesta, y nada. Sin embargo, me parece posible tener allí cierta gota de éxito, cierta débil aprobación que me bastaría" (Aguirre, 182).

En sus Memorias, recordando aquellos años, Neruda será mucho más exacto en lo que entiende por "provinciano" y por la "aprobación" necesaria para su éxito al referirse, concretamente, a las condiciones impuestas a los escritores latinoamericanos por los lastres del colonialismo: la vida cultural de nuestros países en los años 20 dependía exclusivamente de Europa, salvo contadas y heroicas excepciones. En cada una de nuestras repúblicas actuaba una élite cosmopolita, y en cuanto a los escritores de la oligarquía -se refiere sin duda a Huidobro como uno de ellos-, ellos vivían en París (...), apenas tuve un rudimento de fama juvenil, todo el mundo me preguntaba en la calle: "Pero, qué hace usted aquí? Usted debe irse a París (Neruda, 1980, 75). Lo cierto es que la idea de "universalidad", tan en boga en aquellos años, venía filtrada por la aprobación de la metrópoli ya fuera París o Madrid (1). Así se explica que un par de meses antes de la llegada de Neruda La Gaceta Literaria (15-IV-27) publicara un artículo titulado "Madrid, meridiano intelectual de Hispanoamérica", donde se reclamaba para esta ciudad la capitanía intelectual del mundo de habla española; motivando, con razón, una protesta acalorada de varias revistas americanas, como Martín Fierro y Revista de Avance entre otras (Mainer. 261).

La primera impresión que recibe Neruda al llegar a Madrid en 1927 es "de que sus libros habían tenido escaso eco en España" (Pérez Ferrero, 1936, 41). Se podría especificar que, salvo contadísimas personas que mantenían contacto y se preocupaban por las nuevas publicaciones provenientes "del otro lado del océano", Neruda era entonces totalmente desconocido en España.

Para el joven Neruda, lo más valioso que contiene su equipaje son algunos ejemplares de sus últimos libros recién publicados: Tentativa del hombre infinito. El habitante y su esperanza, y Anillos, obras todas ellas publicadas en 1926 (2). Nada más llegar a Madrid se dirigirá a Guillermo de Torre, entonces secretario de la revista La Gaceta Literaria, de tendencia vanguardista (aunque incluyera colaboraciones de diferentes tendencias), dirigida por Giménez Caballero, y cuyo primer número había aparecido en enero de ese mismo año. En unas declaraciones hechas muy posteriormente, en 1950, a Alfredo Cardona Peña le comenta Neruda: "Cuando llegué a España, por primera vez en 1927, era lo más importante, en aquel momento, La Gaceta Literaria (...). Me encontré con Guillermo de Torre, que era el crítico literario de las tendencias modernas, y le mostré los primeros originales del primer volumen de Residencia en la tierra. El leyó los primeros poemas y al final me dijo (...) que no veía ni entendía nada. y que no sabía lo que me proponía con ellos" (Cardona, 30).

Guillermo de Torre respondió a estas acusaciones con una "Carta abierta a Pablo Neruda" en la que pretende, según sus palabras, aclarar ciertas "flagrantes inexactitudes": "entre aquellos libros, de formatos singulares (Crepusculario. Veinte poemas. Tentativa del hombre infinito...), se me antoja imposible que figurase Residencia en la Tierra, aunque fuera manuscrito o en pañales. De ese libro yo no tuve ninguna noticia hasta que apareció seis años más tarde, en 1933, y diversos testimonios tuyos, y de tus críticos más adictos, nos habían hecho creer que fue escrito (al menos en su mayor parte o en su versión definitiva) durante tu permanencia en la India y residencias posteriores" (Torre, 1951, 278).

Dejando al margen de si Neruda le enseñó o no algunos poemas del libro en el que entonces estaba trabajando (se sabe con seguridad que para 1927 tenía escritos, y algunos publicados, varios poemas que luego formarán parte de la primera sección del primer volumen de Residencia en la tierra, como "Galope muerto", "Madrigal escrito en invierno", "Serenata", "Fantasma"...), Guillermo de Torre comete también ciertas "flagrantes inexactitudes" o medias verdades, que es lo mismo, que quiero comentar.

Señala Guillermo de Torre cómo en el número del 1 de agosto de 1927 de La Gaceta Literaria, es decir, a las dos semanas del encuentro con Neruda, publicó un artículo titulado "Esquema panorámico de la poesía chilena", en el que había un "tono comprensivo, simpático, al margen de ciertas reservas", hacia la poesía de Neruda y transcribe unas breves frases: "A la cabeza de la actual promoción lírica figura hoy Pablo Neruda..."; y: "la poesía de Pablo Neruda marca una estela profunda que siguen sus jóvenes colegas, etc.". Pero en ese etc. se deja Guillermo de Torre en el tintero las "reservas" que están muy lejos del tono "comprensivo" o "simpático" mencionado. Completemos el etc. con lo dicho por Guillermo de Torre en 1927 y que no incluía en su "Carta abierta" de 1951.

A la cabeza de la actual promoción lírica figura hoy, sin duda. Pablo Neruda. Revelado en 1923 con su libro Crepusculario, de inmediato éxito. El subsiguiente. Veinte poemas de amor y una canción desesperada, representa un punto de perfección y equilibrio. Sin embargo, el poeta, insatisfecho, pretende superarse y, rebasando los límites de la poesía huidobriana. se lanza a un lirismo abstracto y desnudo, proscribiendo toda norma coercitiva y prolongando hasta sus últimas consecuencias la sintaxis disociadora de Dada: De ahí su libro Tentativa del hombre infinito y sus prosas poemáticas de El habitante y su esperanza y de Anillos (oct. 1. 1927-A).

Y el siguiente: "La poesía de Neruda marca una estela profunda que siguen actualmente, con obstinado ahínco, sus jóvenes colegas, intrincándose más y más en este voluntario laberinto ariádnico. Descomponen, desintegran, pero en pocas ocasiones llegan a atisbar una nueva ley organizadora" (Ibíd.).

No negamos la posible buena intención de Guillermo de Torre en dar a conocer su "simpatía" por dicha poesía, pero lo que se da a entender es que, al situar el "punto de perfección y equilibrio" en Veinte poemas (1924), las obras posteriores (que eran las que Guillermo de Torre no conocía hasta la llegada de Neruda) representan el punto de imperfección y desequilibrio. En otras palabras, el poeta ha entrado en un laberinto sin salida.

Además, el articulo comenzaba con unas palabras de "comprensión" y "simpatía" dirigidas no sólo a la poesía de Neruda, sino a la poesía chilena y peruana en general:

Chile y Perú marcan, sin duda, en el momento actual, los dos puntos más extremos y avanzados (ya que no los más ricos o perfectos. Estas últimas cualidades quedan reservadas a la Argentina y Uruguay...). Especialmente en Chile, los poetas de la última promoción caen de bruces, sin reservas, en el torbellino innovador, llegando a las más abstrusas concepciones líricas, sin arredrarse ante toda clase de violentísimas descoyuntaciones verbales (Ibid.).

El interés de sacar a relucir estas "inexactitudes" ha sido motivado más que nada por las posibles repercusiones que los artículos de Guillermo de Torre tendrán posteriormente (en 1930) en la publicación (mejor dicho, en la no-publicación) del primer volumen de Residencia en la tierra en la Revista de Occidente. He dicho artículos porque, además del citado, Guillermo de Torre escribirá ese mismo año otro titulado "Indice de la nueva poesía americana" (3) y publicado en la Revista de Occidente. En este artículo vuelve a repetir las mismas palabras dichas en La Gaceta Literaria sobre la poesía chilena en general y la de Neruda en particular:

Los poetas de Chile son quizá los más extremistas en la forma. Prolongan hasta sus últimas consecuencias la sintaxis disociadora del dadaísmo. Se pierden en el dédalo de las palabras sin dogal y de las imágenes remotas. Descomponen, desintegran, pero no llegan a encontrar todavía la nueva ley armonizadora. Buena prueba de esta corriente la tenemos en los versos de Pablo Neruda, que, a partir de su libro Tentativa del hombre infinito, se intrinca, delante de los demás, en este voluntario laberinto ariádnico (1927-B. 271).

Cuando a comienzos de 1930 Alberti reciba, por medio de Alfredo Cóndon, el manuscrito de Residencia en la tierra, enviado por Neruda desde Ceilán, intentará por todos los medios que se publique en España. Alberti se lo propondrá a los editores amigos: fracaso. Hará entonces un nuevo intento, esta vez en la Revista de Occidente, enviando el manuscrito para su publicación por medio de Pedro Salinas, ya que desde la conferencia que había dado en el Liceo Femenino de Madrid, Alberti tenía cerradas las puertas de dicha revista (4). "Salinas también fracasó, logrando solamente, menos mal -exclama Alberti-, que la revista publicase varios poemas". Tres, exactamente. Y con la marca del editor que incluye los signos iniciales de exclamación e interrogación que Neruda hacía años había eliminado. En la Revista de Occidente, "muy científica", deberían sonar todavía los ecos, no muy lejanos, de las palabras de Torre: "laberinto ariádnico", "sintaxis disociadora", "descomposición", "desintegración", "dédalos de las palabras", "extremismos de forma"...

Pero el primer encuentro de Neruda con el ambiente literario de Madrid tuvo también su anverso. Pérez Perrero lo expresa así: "Un día de julio Pablo Neruda llega a Madrid y visita el periódico literario de los escritores nuevos. La Gaceta Literaria. La visita es rápida y encuentra en la redacción a pocos de sus redactores (...). Sin embargo, a alguno de sus redactores -se refiere a él mismo- que no ha estado presente le ha conmovido El habitante y su esperanza, y en octubre, cuando ya está lejos el poeta, publica sobre el libro un artículo entusiasta" (Pérez Ferrero. 1936, 41-42).

Cinco días antes, exactamente el 25 de septiembre de 1927, en el diario El Sol, Salazar Chapela había elogiado la misma obra, y un poco después, en La Gaceta Literaria -diciembre 1927-Alfredo Cóndon hizo una favorable reseña de Anillos. "Son las tres primeras voces -continúa Pérez Ferrero- que se alzan aquí en alabanza de la obra del incipiente viajero".

Pérez Ferrero se guarda muy bien en señalar el artículo de Guillermo de Torre (conociéndolo, sin lugar a dudas, ya que también éste era redactor de La Gaceta Literaria) entre una de las primeras voces que se "alzan en alabanza".

Si revisamos los dos artículos mencionados por Pérez Ferrero sobre El habitante y su esperanza, el de Salazar Chapela y el suyo propio (más ecuánime y positivo, con menos "reservas" que el de Salazar Chapela), vemos que los dos resaltan las características con las que el propio Neruda se había definido en el prólogo a El habitante y su esperanza: "dramático" y "romántico". Basándose en esto, Pérez Ferrero crea una acertada imagen para explicar la poesía de Neruda. Define el siglo XIX como el viejo león del romanticismo que "tira un peligroso golpe a Neruda, que lo burla (...) escudándose con el biombo de las nuevas imágenes". "Sin embargo -sigue Pérez Ferrero-, el poeta se queja como si hubiese salido malparado. No siente alegría del triunfo (...). Pero su quejido es otro, sin el llanto fácil de las bisabuelas. Su quejido es otro. Tiene nobleza de grito desnudo" (1927).

Salazar Chapela, en cambio, aunque destacando las cualidades indiscutibles de la poesía de Neruda ("genuino poeta", "frondoso, exhuberante, de acusada y originalísima personalidad"), señala el peligro que corre la poesía de Neruda debido a la posible "supervivencia (...) del siglo XIX". Contra ese peligro Salazar Chapela opone la necesidad en el tiempo actual del "pudor, por decoro, por buen gusto, humor y sonrisas, bajo una finísima capa de hielo (5). Ahora no tragamos el suspiro -afirma Salazar Chapela-. Hacemos bien. Ahora hemos llegado al otro lado del dramatismo desbocado de Neruda". Es debido a esto que el artículo (6) termina en un tono marcadamente paternalista: "Ciertamente, no hay que quejarse tanto, compañero Neruda. La imagen que todo lo puede, que todo lo justifica, que todo lo salva, no nos absuelve, empero, del impudor del lamento".

Hay en las palabras de Salazar Chapela afirmaciones de las estéticas al uso en esos años. Por un lado, la precisión, la palabra exacta, el no desbordamiento de las imágenes que proponía la "poesía pura". Por el otro, las sonrisas, la ironía, el arte como juego de elegidos, como ya en 1925 había propuesto Ortega y, en ese mismo año de 1927, Fernando Vela, declarándose apasionadamente, en su artículo "El arte al cubo", en contra de la sensibilidad de la "masa", del "vulgo", y a favor de la ironía "selecta", más exactamente, de la ironía de la ironía de la ironía, de ahí el título de su artículo.

Sonrisas, hielo, ironía, todo antes que la comezón de la pasión, de lo que pudiese arrastrar reminiscencias del "dramatismo desbocado" del romanticismo. Era el momento en que el artista había puesto en duda su propio sentimiento, buscando una objetividad que pensaba ya no le podía dar el corazón, sino el intelecto. Únicamente una voz solitaria, dejándose escuchar muy levemente entre las ruidosas "programáticas" de la vanguardia, apuntaba que "El intelecto no ha cantado nunca". Machado, que también buscaba afanosamente la objetividad, comprendía que el frío intelecto no era la salida para la objetividad de la lírica, pero tampoco, naturalmente, el subjetivismo romántico del siglo XIX. De este dilema nacerá su Juan de Mairena. Aunque la puerta que abría el intelecto no era la acertada, si supuso el preámbulo hacia la nueva objetividad, que no se alcanzaría hasta que ésta perdiera su frialdad al calor del "nuevo romanticismo", consigna en unos años de la poesía comprometida, y presentido ya por Neruda en 1926. Adelantándose a su tiempo, en una entrevista con Silva Castro publicada ese mismo año, ya se quejaba Neruda de "esta moda estúpida" del arte como diversión: "Ahora, a algunos (...) les ha dado por fingir que escriben por pura diversión, y que no les cuesta escribir. Por eso, como una reacción contra esta moda estúpida, escribí mi prólogo de El habitante y su esperanza" (Silva Castro, 1926). Este mismo prólogo le había servido a Huidobro para propagar entre su círculo literario de amistades en París y en Madrid la figura de un Neruda "perdidamente romántico". (7)

Es debido a esto que, en ese año de 1927, de contención del sentimiento en favor del pudor y la ironía, de señorío de la poesía pura y su palabra exacta, de la concepción del arte como juego (8), muy disonantes debieron sonar en los oídos del ambiente literario de Madrid el necesario dramatismo y romanticismo que en la poesía y en la vida proponía Neruda. El tiempo, como ya se sabe, le dará la razón a Neruda. Para ello, como dijo en sus declaraciones a Cardona Peña, tendría "que esperar a una nueva generación (...), la generación de Lorca y Alberti, que no era conocida aún" (Cardona. 30).

Habría que matizar estas palabras. La generación de Lorca y Alberti sí era ya bastante conocida. Y quién sabe, si se hubieran dado entonces las circunstancias necesarias para producirse el encuentro entre ellos, a lo mejor hubiese encontrado Neruda en los miembros del 27 cierta "impermeabilidad" parecida (y digo parecida) a la que Neruda achacó a Guillermo de Torre. Las preocupaciones e inquietudes que en 1934 compartirán los miembros del 27 con Neruda no eran las mismas en aquel año "variado, fecundo, feliz, divertido, contradictorio" de 1927, como lo describe Alberti en su Arboleda perdida. Pero sobre todo contradictorio.

A lo que había que esperar, más que a una nueva generación que ya había producido y publicado varias de sus importantes obras, era a un nuevo momento histórico: la segunda República, que, según palabras posteriores del propio Neruda, "había hecho desaparecer a los escarabajos de la monarquía y traía consigo (...) una nueva conciencia" (Cardona, 31).

El germen ideológico de la "nueva conciencia", significativamente, se encontraba también en ese contradictorio año de 1927, en el que en torno a la revista Postguerra, por ejemplo, se agrupó la que Víctor Fuentes ha denominado la "otra" generación del 27: Arderíus, Balbontín, Díaz Fernández, Graco Marsa, Maroto, Rejano, Roces y otros que "orientando su trabajo en la línea de los tres principios de acción postulados por Barbusse (...), denuncian el carácter reaccionario, política y socialmente, de la poesía pura" (52, 152). (9)

Prados y Alberti son los primeros representantes de la generación del 27 en adentrarse en la "nueva conciencia". Refiriéndose a estos años en la vida de Prados, Blanco Aguinaga señala 1929 como el año en que Prados rompe con su sueño y su generación: Después de un retiro de la sociedad queriendo encontrar en la religión, sin conseguirlo, la idea que ordene su mundo, vuelve su mirada hacia el hombre, comenzando entonces una incesante actividad: creación del Sindicato de Artes Gráficas de Málaga, cursillos de marxismo, primeros poemas políticos... Ya no es liberar el alma o liberar la "imagen" su preocupación, sino la libertad y la dignidad del hombre. "Por estas fechas (1929-1931) -continúa unas líneas más abajo- Neruda y Vallejo, cada uno a su manera, están recorriendo el mismo camino. Entre los españoles de la generación de Prados, lo mismo empieza a hacer Alberti" (XXXVIII-XXXIX).

Por eso tampoco es de extrañar que cuando, a comienzos de 1930, Alberti recibe de manos de Alfredo Condón el manuscrito de Residencia en la tierra, acababa de escribir (1 de enero de 1930) su "Elegía cívica", que se viene considerando como uno de los primeros ejemplos de la "nueva conciencia". Con dicha elegía Alberti no sólo abre un nuevo camino a su poesía, sino a una nueva década en la que se pondrán en cuestionamiento muchos de los postulados aceptados hasta entonces como eternos e inmanentes al arte.

Cuando en mayo de 1934 llegue de nuevo Neruda a España, quedando afirmada su amistad con los poetas españoles (no sólo con los del 27, sino con poetas más jóvenes como Miguel Hernández, Serrano Plaja, etc., que formaban parte del florecimiento científico, artístico y literario de los años de la segunda República), ya no encontrará las críticas "comprensivas" y los consejos paternalistas de aquel año, ya lejano y contradictorio, de 1927, sino un campo abonado donde cultivar su semilla dramática y romántica, y en cuyo fruto confesará Neruda haber encontrado también, en la doble función de emisor-receptor, la necesaria contención a su "romanticismo americano" (Neruda, 1939, 38) y la necesaria maduración política, que de un "radicalismo de izquierda anarcoizante" (10) le llevará, desde el comienzo de la guerra civil, a un marxismo militante.

Obras Citadas

Aguirre, Margarita, Las vidas de Pablo Neruda. Buenos Aires, Editorial Grijalbo, 1973.

Alberti. Rafael. La arboleda perdida. Buenos Aires. Compañía General Fabril Editora, 1959.

Blanco Aguinaga. Carlos. "Prólogo" a Poesías Completas de Emilio Prado. México. Aguilar, 1975.

Cardona Peña. Alfredo. Pablo Neruda y otros ensayos. México. Ediciones de Andrea. 1955.

Fuentes. Víctor. La marcha al pueblo en las letras españolas (1917-1936). Ediciones de la Torre. 1980.

Larrea. Juan. "Carta a un escritor chileno interesado por la 'Oda a Juan Tarrea', de Pablo Neruda", en Del surrealismo a Machu Picchu, México, Joaquín Mortiz, 1967.

Loveluck. Juan. "Una carta desconocida de Pablo Neruda". en Hispania 66 (sep. 1983). 420-422.

Mainer. José Carlos. La edad de plata. Barcelona. Ediciones Asenet. 1975

Neruda, Pablo. Confieso que he vivido. Barcelona, Editorial Argos Vergara. 1980.
- "España no ha muerto", en Neruda entre nosotros. Montevideo, Ediciones A1APE. 1939.

Pérez Ferrero. Miguel. "Dos poetas españoles en América y un americano en España", en Tierra firme. Madrid. I (1936). 23-45.
- "El habitante y su libro", en La Gaceta Literaria. Madrid (oct. 1. 1927), 4-5.

Salazar Chapela. E, "Pablo Neruda; El habitante y su esperanza", en El Sol. Madrid (sep. 25. 1927).

Silva Castro. Raúl. "Una hora de charla con Pablo Neruda". en El Mercurio. Santiago de Chile (oct. 10. 1926).

De Torre. Guillermo. "Esquema panorámico de la nueva poesía chilena", en La Gaceta Literaria. Madrid (oct. 1. 1927A).
- "Indice de la nueva poesía americana", en Revista de Occidente. Madrid, 44 (1927B), 269-273.
- "Carta abierta a Pablo Neruda". en Cuadernos Americanos. México (mayo-junio 1951). 277-282.


Notas:

1. Eterno dilema de la mayoría (salvo "heroicas excepciones") de los escritores latinoamericanos. Baste recordar en nuestros días el caso de la generación de escritores inmediatamente posterior a la de Neruda, la llamada generación del "realismo mágico". Aunque también ésta tuviera que contar (como en los "heroicos" casos de Paz, Fuentes, Borges...) con la aprobación de "la otra metrópoli": la América del Norte

2. Tentativa lleva dos fechas: 1925, fecha de impresión, y 1926, fecha de edición.

3. Sobre la antología titulada Indice de la poesía americana, con prólogos de Alberto Hidalgo, Vicente Huidobro y Jorge Luis Borges. recopilada por el propio Hidalgo y publicada en Buenos Aires. 1926.

4. La conferencia en el Liceo Femenino, que terminó en un gran escándalo, conmocionó al ambiente literario de Madrid, siendo comentada por mucho tiempo. Ante un público muy respetable, entre el que se encontraban las esposas de distinguidos intelectuales, como la esposa de Ortega y Gasset, se presentó Alberti, al estilo Charlie Chaplin, vestido con una levita desproporcionadamente grande, unos pantalones muy cortos y un sombrero de copa muy pequeño que no le cabía en la cabeza. Empieza la conferencia (con cierta conmoción por parte del público, que no entiende a qué se debe aquella aparición) con la lectura del titulo: "Palomita y galápago (no más artríticos)" (artríticos era una palabra usada por algunos miembros del 27 para expresar todo lo que para ellos estaba pasado de moda). Sigue con la recitación (dirigiéndose a una palomita que había traído en una jaula) de unos poemas compuestos para la ocasión con el nombre de "iloteces poéticas", y. ante la sorpresa del público, que parte de él había empezado a aplaudir y parte a silbar frenéticamente, suelta una gran rata que tenía metida en una caja. Pero todo terminó cuando Alberti. nada más y nada menos, y esto fue lo que causó más alboroto, lanzó unos insultos contra algunos intelectuales, entre los que nombra a Ortega y Gasset. El enfrentamiento con las ideas elitistas de la Revista de Occidente lo compartirá también Neruda con los miembros del 27. En una carta de Neruda. fechada el 19 de septiembre de 1934. dirigida a "la Rubia" (Sara Tornú) y publicada recientemente por Juan Loveluck. Neruda deforma, "con picardía", según palabras de Loveluck, el nombre de la revista de Ortega: "La Revista de Occipucio, que es muy científica", la llama. Pero ya anteriormente, en una carta dirigida a Eandi desde Java en septiembre de 1931, había dirigido Neruda duras críticas contra Ortega (ver Loveluck. 421

5. No serán, acaso, los "galopes" del futuro Caballo verde: "quien huye del mal gusto cae en el hielo", una respuesta a esa concepción de la poesía

6. Elogioso a medias: "Mucho podríamos decir, pues. en contra de la actitud de Neruda. Mucho también en su favor", Salazar Chapela todavía parece escuchar el llanto de las "bisabuelas" en la poesía de Neruda.

7. En su polémica "Carta a un escritor chileno interesado por la Oda a Juan Tarrea, de Pablo Neruda". dice Larrea: "A mediados de 1926, estando a punto de publicar el número 2 de la "casi" revista Favorables-París-Poema, que hice en París en compañía de César Vallejo. cayó en mis manos por causalidad Tentativa del hombre infinito. Nunca había oído el nombre de su autor. Me bastaron diez versos leídos al azar para percatarme de que expresábase allí una imaginación verbal y gravitada. Desoyendo los consejos de mi muy amigo Vicente Huidobro, para quien. no sin razón. Neruda era un romántico perdido, decidí, en cuanto supe su juventud. publicar el trozo de ese libro que dice: "admitiendo el cielo profundamente mirando el cielo estoy pensando"... Por Neruda mismo me enteré, bastantes años más tarde, de que éste fue el primer texto suyo publicado en Europa" (Larrea. 104).

8. "La literatura es ocio, fantasía, inutilidad (...). la literatura es deporte, juego. prestidigitación. magia", se podía leer en ese año en La Gacela Literaria. Las palabras provienen de César Arconada. Respuesta de éste a la encuesta hecha por dicha revista sobre las relaciones entre política y literatura (cito por Mainer: 262-263).

9. Los tres principios de acción eran: "1) aproximar a los trabajadores manuales y a los intelectuales: 2) luchar contra la propaganda reaccionaria y arcaica de la ideología y la cultura burguesa: 3) abrir paso y ayudar a la eclosión de un arte colectivo", "Manifiesto a los intelectuales". 1927. Postguerra (Fuentes. 52).

10. Declaraciones de Serrano Plaja recogidas por Víctor Fuentes. Serrano Plaja comenta que cuando Neruda "llegó a España con unas ideas políticas de un radicalismo de izquierda anarcoizante" él, que ya llevaba varios años "de estudio del marxismo (iniciados, con César Vallejo de maestro, en el invierno del 30 en las tabernas del Madrid galdosiano)", ejerció cierta "influencia política sobre el gran poeta chileno" (Fuentes. 159). Neruda ha reconocido la misma influencia de Alberti. con quien (y otros muchos!) mantuvo muchas conversaciones sobre poesía v política en las numerosas tertulias del Madrid de los 30.


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