Las varias caras en el cuento chileno del exilio

LAS VARIAS CARAS EN EL CUENTO CHILENO DEL EXILIO

Luis B. Eyzaguirre

Literatura Chilena. Creación y crítica. N 15 Marzo 1981
Trabajo del Panel de Narrativa, Congreso de Literatura Chileno en el Exilio,
Jornadas Culturales Chilenas, California State University at Los Angeles, Febrero de 1980.

Mi presencia en este Congreso de Literatura Chilena es para mí un emocionado re-encuentro con Chile y los chilenos después de una larga ausencia de más de veinte años. Es una experiencia que llega en momentos muy difíciles para todos y que este Congreso transforma de una experiencia muy intima y personal en una compartida por todos a quienes preocupa el futuro de Chile. Estamos aquí fuera de Chile, hablando del país que alentó nuestras ilusiones y nos hizo lo que somos. Hablamos de un Chile que dejamos atrás y que parece perdérsenos en el paso de los muchos años o en el trauma más reciente del exilio forzado por la infamia del golpe. Y mientras hablamos de lo perdido, nos acercamos ansiosamente a hechos de una cultura que, aunque trabajosamente, continúa expresándose. Las manifestaciones culturales que se han sucedido a lo largo de esta semana son signos de esperanza que nos aseguran que por entre el dolor, el horror y la miseria humana de los últimos años, se filtra la imagen de un Chile de siempre, de un Chile que es patria de los hombres y mujeres que la siguen recreando en la humanidad de sus obras y de sus vidas.

El tema de estas notas es: las varias caras del exilio en el cuento chileno. Al leer o releer los cuentos en que ellas están basadas, pude apreciar cuan cierta es la afirmación de Gabriel García Márquez en el prólogo del libro Exilio, prólogo reproducido en el número 11 de Literatura Chilena en el Exilio. Dice García Márquez: La función comienza cuando se llega al cuento. Y así es, porque resulta revelador comprobar cómo el testimonio doloroso del desastre de 1973 parece encontrar su expresión literaria más adecuada en la brevedad impactante del relato cuentístico. En los cuentos a que nos referimos no se diluye ni la fuerza denunciadora de la protesta, ni se pierde de vista (en gran parte de los casos) la función universalizadora de la buena literatura. Ni testimonio por el testimonio, ni literatura por literatura. Estos cuentos son documentos literarios cuyo conjunto representa maneras de recobrar, fortalecida y re-humanizada, una dignidad que se pretendió aniquilar y, con ella ya recuperada, permitir que el hombre se reintegre al curso de una historia ahora hecha más humana.

El 'corpus' del que arrancan estas notas lo constituyen los cuentos aparecidos en Literatura Chilena en el Exilio, números 1 al 12; la antología de Antonio Skármeta, joven narrativa chilena después del golpe; y algunas otras narraciones, entre ellas las encantatorias 'visiones' de Hernán Lavín Cerda en Los tormentos del hijo, visiones que serán materia de un estudio por separado más adelante. Es una literatura que viene de muy distintos puntos del planeta y que nos hace recordar una frase de García Márquez en ese prólogo ya citado : 'La patria del exilio borra sus fronteras'. De ahí que estas notas también estén inspiradas ' en obras de narradores que no son chilenos, pero que reaccionando a la condición de la represión y el exilio comunican mensajes similares.

Es asimismo una obra elaborada por hombres y mujeres que ocupan puestos en la literatura y fuera de ella, como sugiriendo una nueva apertura de la creación literaria a las varias actividades del ser humano.

La falta de perspectiva histórica hace aún muy difícil justipreciar esta producción cuentística, La urgencia con que se escribe convierte los intentos valorativos en juicios exploratorios sujetos a la revisión de análisis posteriores mejor mesurados y más meditados. Sin embargo, se puede adelantar que entre todo este 'corpus' de literatura emergen algunas características ya definidoras. Estos cuentos logran, en primer lugar, situarse en una línea que se remonta a la obra testimonial de Baldomero Lillo. En Antología del cuento chileno, de 1974, Alfonso Calderón , Pedro Lastra y Carlos Santander sostienen que en la obra de Lillo 'el cuento adquiere en Chile las dimensiones de una categoría independiente y lograda ', agregando más adelante que Baldomero Lillo es el 'precursor de nuestra literatura de protesta y denuncia' y que en ella su autor 'supo plasmar el documento y el arte'. El conjunto del nuevo cuento chileno accede ciertamente a este plano y se inscribe en esta tradición. La línea que nace en Lillo es también la de Luis Durand. La 'piedad humana legítima' y el 'sentido social firme' del autor de Tierra de pellines son también características definidoras de los nuevos cuentistas. Así como lo es esa perfecta sensación de autenticidad' (en palabras de los autores de la Antología ya citada) que se desprende de ambas obras.

La tradición en que se inserta el nuevo cuento chileno ha encontrado su expresión más acabada en la obra de Manuel Rojas. Las narraciones de Luis Domínguez, Poli Délano, Antonio Skármeta, Ariel Dorfman, Juan Armando Epple, y las de los tres Juan Rojas, el 'a secas' y los 'A' y 'B', entre varios otros, comunican tanto la soledad y la angustia como esos anhelos de comunicación y solidaridad humana tan característicos en la obra de Manuel Rojas. Al proceder más adelante a un análisis algo pormenorizado de los cuentos mismos, estas relaciones de parentesco intertextual debieran quedar en evidencia. Bella tradición: de Baldomero Lillo a Luis Durand; y de ahí a Manuel Rojas. Son los textos de estos autores los que aparecen actualizados en la narrativa muy propia y personal de los narradores después del golpe.

Como para destacar la relevancia paradigmática de Manuel Rojas, Fernando Alegría aporta en el número tres de Literatura Chilena en el Exilio un emotivo testimonio que simplemente titula Manuel. En él se recrean literariamente episodios que destacan aspectos y momentos de la vida de Manuel Rojas que podrían muy bien convertirlo en personaje de algunos de los cuentos de que nos ocupamos. De esta bella recreación se desprenden pensamientos y posiciones que son también los que se plantean en estos cuentos : la precariedad de la existencia humana, la entereza y el humor como antídotos del infortunio, la confianza en la humanidad del hombre, ¡unto a la necesidad de seguir persistiendo frente a la pasajera deshumanización de algunos seres que han sido degradados por la acción de mecanismos creados por otros seres. Porque, como Aniceto Hevia descubre en otras circunstancias, al salir de la cárcel en Hijo de ladrón, no es mucho lo que se puede hacer por el momento. Así como es difícil 'morir' dignamente, lo es también 'vivir' humanamente. Resta sólo el tener que persistir y tratar de ser, en la confianza que las situaciones negativas son transitorias y serán superadas. Pensamientos éstos que surgen de las sobrias páginas de Fernando Alegría en Manuel, páginas que en mucho se elevan por sobre lo que parecieran ser, pudiendo servir de prólogo a toda la producción cuentística chilena de los últimos años.

Determinado el entronque de estos cuentos con una tradición, surge el problema de encontrar algún tipo de clasificación que permita aproximarse con posibilidades de buen éxito a un material narrativo tan variado. De entre los diversos caminos considerados, me pareció más valedero y potencialmente fructífero el que conduce a un análisis que enfoca la obra teniendo como apoyatura la 'actitud narrativa' del autor y el 'discurso' que se emplea. La 'actitud narrativa' nos refiere a las relaciones del autor con su público y su material, lo que a su vez ha de definir la naturaleza del 'discurso' con que el autor trata de influenciar al lector al comunicarle la experiencia. Desde este punto de vista, podrían establecerse grados de cercanía o distanciamiento en el proceso de aprehensión de la experiencia generadora de la obra literaria : en este caso, los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973 con la secuela de bestialidad que los marca.

Los riesgos que corre el narrador al trabajar con este tipo de material tienen que ver en gran parte con el hecho de que el 'acaecimiento' (para usar un término de Julio Cortázar} es en sí mismo tan extraordinario que su elaboración literaria se hace cuesta arriba en sus esfuerzos por comunicar y universalizar la experiencia. En otras palabras, el impacto del acaecimiento amenaza ser mayor que el impacto del cuento mismo, De estas consideraciones se desprenderían dos grupos de narradores:

1. Los narradores que, impactados ellos mismos por la violencia del acaecimiento, no logran distanciarse de él, y en sus relatos prima, entonces,' un estilo directo y se observa una literalidad que a veces impide que el discurso literario remita a otra cosa que no sean los hechos mismos.

2. El segundo y más numeroso grupo de narradores, dentro y fuera de Chile, al elaborar sus obras, consiguen distanciarse del acaecimiento. Sitúan por lo general a sus personajes en un presente posterior al del golpe y desde ese presente tratan de re-componer sus vidas. Los recursos usados en esa labor de recuperación son : por una parte, una retrospección emotiva que les permite re-combinar las positividades de sus existencias : y por la otra, una introspección que resulta en toma de conciencia que supera el impacto del golpe. Los personajes asumen las consecuencias del acaecimiento y, con los ojos muy abiertos, confrontan la tarea de restauración de la personalidad individual, ahora en el contexto de un grupo social que ha sido despertado del sueño de la inocencia.

El espacio que estos narradores crean entre el acontecimiento y el relato hace posible que la narración conlleve una cargazón emotiva plurivalente que amplía los registros del discurso. La complejidad de las situaciones que se formulan en estos cuentos hace que la variedad de registros del discurso pueda ir de la denuncia más violenta (como en algunos momentos de Doce cinco, nubes grises, de Juan Rojas, A) a una introspección de tono poético que no desconoce la negatividad de los hechos (como sucede con Luis Domínguez en Suerte para los que se quedan, o Poli Délano En la misma esquina del mundo). Y aflorando de todos estos cuentos una firme esperanza de un presente que se empieza a vivir y de un futuro mejor que ya se hace discernible.

Esta primera tentativa de ordenación del material no supone de momento un juicio valorativo. Si algo sugiere puede ser asunto de preferencias personales. Lo que esta organización sí parece señalar es que los escritores con más oficio parecen encontrar sitio en el segundo grupo, los que se distancian del hecho generador. Esto sin desconocer en absoluto los notables logros de algunos cuentistas que narran al calor mismo de los acontecimientos. Aquí conviene recordar el breve relato de Juan Armando Epple, Monólogo de Segis, donde se entrelazan acertadamente la violencia popular del lenguaje con las sutiles resonancias textuales de la situación que se presenta. Del mismo Epple es De vuelos y permanencias, relato que elabora literariamente la experiencia concreta testimonial del funeral de Neruda. El poder de sugerencia del estilo de Epple logra que, de la desesperanza que pudiera haber simbolizado la muerte del poeta, surja poderosa, si bien penosamente, una nueva esperanza. En palabras del cuento mismo: Una esperanza que 'brotaba como una verdad pequeña y dura, igual a una semilla'.

Carlos Cerda por cierto sobresale en este grupo, con Melodrama, cuento que presenta a un viejo que con el fuelle de su asma perturba el 'orden' de la prisión. Los soldados que lo vigilan se conmueven frente a la fragilidad del prisionero. Pero tal vez más víctimas que el viejo mismo, no pueden permitir que aflore su humanidad y tienen que reprimir sus mejores impulsos. También Jorge Etcheberry y Ramón Sepúlveda, ambos exilados en Canadá, hablan de los que se quedaron en Chile. Sus cuentos exponen sus luchas por seguir siendo, por lograr controlar el miedo que bajo formas diversas los acecha en todo momento, por poder establecer contactos humanos que les confirmen su propia humanidad. Y tanto Etcheberry y Sepúlveda, como Epple y Cerda, comunican estas experiencias en un lenguaje muy ceñido que conmueve por su desnudez y que testimonia el heroísmo de nuevo cuño que representa seguir viviendo bajo esas condiciones.

Los narradores que establecen distancias entre sus narraciones y los acontecimientos son los que mejor consiguen universalizar la experiencia. La introspección ordenadora en medio de la cual los protagonistas se encuentran al entrar en las páginas del cuento posibilita la inserción de la experiencia en nuevos espacios que permiten que alguna positividad nazca de ella. De la obra de estos autores destacaremos sólo lo que sea necesario para subrayar algunas de las observaciones introductorias.

Los cuentos de Daniel Riquelme considerados en estas notas presentan a los protagonistas en momentos en que ellos ya han tomado una decisión que los libera de su dependencia de sus torturadores. No les importa ahora perder sus vidas si esto significa recobrar la dignidad y la continuación de la lucha. Como uno de ellos dice en La trampa : 'también cosas buenas han ocurrido... pronto no habrá terror en mi cuerpo'. Y habiendo comprobado esto, parte a consolar al padre de dos de sus amigos asesinados. Pone así en peligro su vida, pero sabe que tiene que hacerlo 'porque sé que ... en este momento se sentirá muy solo'. O también él viejo campesino indio que en Lagotería diez acepta las torturas de sus victimarios 'casi alegremente' porque sabe que así protege al hijo que lleva su mismo nombre y cuyo puesto ha tomado en la prisión. 'Mientras él estuviera allí permanecería libre y eso era para él lo más importante en ese momento. Casi alegremente entró al cuarto de torturas y estiró las muñecas.

En los cuentos de Ariel Dorfman examinados para este estudio, los hombres que se quedaron en Chile siguen en la lucha. A veces en el plano de la actividad política organizada, como en Travesía. En otras ocasiones es la lucha simbólica, muy modesta y personal, de esa madre que insiste en cierto nombre para su hijo recién nacido. Tal vez no consciente del alcance de su acto, insiste frente a la burocracia empequeñecedora en que su hijo se llame 'Luis Emilio', como su marido y como su otro hijo. Y si no 'Luis Emilio', por lo menos 'Emilio Luis'. Ante las negativas del funcionario, también disminuido por las restricciones que debe imponer a otros, surge explosiva una idea redentora: 'Póngale Salvador, entonces. Entonces a sus espaldas presintió, adivinó, supo que el empleado ... también se estaba sonriendo', que es como concluye este cuento titulado Y qué oficio le pondremos.

Las resonancias de los textos de Manuel Rojas, que no sería difícil señalar en este cuento, son claras y significativas también en varios otros. Como, por ejemplo, en Estoy seguro que es de día del no revelado Juan Rojas B. Aquí un nuevo Aniceto Hevia reflexiona: 'Yo no sé cómo puede acostumbrarse uno al dolor'. Y por primera vez se mira para adentro'. Luego de una alucinante carrera para escapar de las balas de 'la ley de fuga' a que parece lo han condenado, empieza a descubrir y re-componer su cuerpo: 'Tantos años he vivido dentro de mi cuerpo y hasta ahora nunca me había dado cuenta de él'. Al proceder al autoanálisis de su espíritu y su conciencia, el proceso se hace más complejo y doloroso y los resultados son perturbadores. Porque es característica de estos narradores el no revelar todo al lector. Los finales son siempre ambiguos. En este cuento, por ejemplo, cuando el protagonista se descubre vivo después de la carrera, se pregunta primero, '¿ Y las balas?'. Y luego, en vez de la alegría que fuera dable esperar al saberse libre y sin heridas, siente la 'amargura' que pudiera venir de haber fallado en algo muy grande. 'De a poco empiezo a comprender, y al entenderlo del todo, con toda la amargura del mundo, escondo la cara entre los brazos y me echo a llorar', ¿Es que fue todo una farsa y fue puesto en libertad porque delató a alguien? ¿Es que llora por la derrota de sus ilusiones? ¿ Es que podría interpretarse su llanto como un irreprimible mecanismo de desahogo liberador? No lo llegamos a saber. Lo que sí sabemos con certeza es que en este cuento de Juan Rojas B., estamos frente a un notable narrador, cuyo nombre algún día conoceremos.

Juicio que con igual justicia podemos aplicar a otro de los Rojas, el 'a secas', por sus cuentos Tripulantes de la niebla y El delator. En el primero, la acción avanza en varios tiempos y se sitúa en varios planos. El discurso narrativo se desdobla continuamente agilitándose para ajustarse a los diversos espacios y tiempos. Y siempre presente esa búsqueda renovada de espacios liberadores, como esa 'ansia de partir' de muchos de los relatos de Manuel Rojas. Así como también esa irreductible solidaridad humana entre los detenidos, aún en El delator, donde, como lo presenta el narrador, 'el delatado miró a su compañero de Pedro de Valdivia (el delator) más con compasión que con perdón'. No hay necesidad de perdón para el delator puesto que no hay culpa. Sólo compasión por quien ha sufrido por lo menos tanto como el delatado.

Estas sutilezas semánticas Que eligen un discurso portador de todas las posibilidades, son discernibles en todos los narradores de este segundo grupo. En Amores de tejado, de Osvaldo Ahumada el detenido 'vive' vicariamente un poco de 'vida' en los amores de un par de palomos, desde 'los delgados, silenciosos, duros y odiados barrotes', O lee y relee cartas que le recuerdan una vida mejor de hace cuatro años. O estudia para que las paredes no lo 'devoren', lo 'digieran' y luego lo 'escupan como deshecho hacia la calle', todo esto en La vida a través de una reja. Del cuento se desprende una infinita tristeza y una obstinada determinación por sobrevivir el presente, aunque sea apoyado en retazos de vidas ajenas.

Armando Cassigoli, en Día de Muertos, proyecta el acaecimiento a las zonas del mito. En el sacrificio ritual de los aztecas se trata de insertar el sacrificio del pueblo chileno el 11 de septiembre de 1973, y en la ceremonia del día de muertos (2 de noviembre), en la que todo el sufrido pueblo mexicano participa, se sugiere el sacrificio eternamente repetido de los pobres de América.

Miguel Donoso Pareja de Ecuador, en Tendrías que estar aquí, contribuye a definir la condición del exilio en varias poéticas imágenes: 'Hacer como que eres, como que sigues viviendo ... las cosas se le van diluyendo igual que el tañido de una campana lejana y con badajo ajeno' . Imágenes de ruptura y desgarro que traen a la memoria algunas imágenes de Neruda. en Galope muerto, por ejemplo, o esos versos inolvidables de Vallejo : 'dos badajos inocordes de tiempo / en una misma campana, de Trilce XXXIII.

Parecida tristeza rezuma el cuento del argentino Pedro Orgambide cuyo personaje en No hagas tango, le canta tangos a esa bailarina mulata de la Zona Rosa de México, mientras lloran de nostalgia y hacen el amor para sentirse vivir, Y en Fiesta en el jardín, con la corrida de toros como metáfora estructuradora, Orgambide nos hace preguntarnos : ¿Quienes son los verdugos? ¿Quiénes las víctimas? ¿Podemos ser lodos víctimas atrapados en un sistema injusto ? ¿ Son las experiencias del exilio -chileno, argentino, uruguayo, de la España de Franco- todos permutables?

Ya en estas páginas se había hecho mención a Doce cinco, nubes grises, del incógnito Juan Rojas A. Volvemos a él porque en el contexto de nuestra clasificación este cuento es de gran ejemplaridad. El espacio y el tiempo en que funciona son los enmarcados por la fecha de ese 11 de septiembre. El espacio literal se extiende entre la casa del protagonista y la fábrica donde trabaja. El tiempo cronológico avanza entre el momento en que sale de casa para llegar al turno de las nueve en la fábrica y las 12:15 cuando cae acribillado por las metralletas. El punto de vista de la narración es el de la tercera persona omnisciente. Todos elementos que apuntarían a un relato de factura realista tradicional. Sin embargo, no es éste el caso. Juan Rojas A., dispone sus materiales con tal arte que espacio y tiempo se flexibilizan y sus limites desaparecen haciendo que el lector pueda estar en todos los momentos y en todos los espacios simultáneamente. La voz del narrador se transforma en muchas otras voces que participan en la experiencia a la vez que la comunican desde sus propios tiempos y espacios. El efecto logrado es de una fuerza comunicativa totalizadora que, mejor que ningún otro relato, transmite la barbarie, desolación, angustia, la ira, indignación y obstinada esperanza de ese día. Desde el punto de vista del lenguaje, es todo el pueblo el que narra y siente, y la experiencia es de todos : los que la vivieron ese día y los que leen Doce cinco, nubes grises.

Este primer esbozo del cuento chileno en el exilio no estaría completo si no se otorgara lugar de privilegio en él a Luis Domínguez y Poli Délano. Suerte para los que quedan de Domínguez es modelo de sobriedad narrativa y de buen aprovechamiento de las posibilidades del lenguaje. El fluir de la conciencia del Pelao, el hermano menor, confunde el Estadio Nacional de sus tiempos de futbolista promisorio con el que ahora sirve de campo de concentración y tortura, y a su hermano el Flaco, lo sitúa en momentos diversos de sus vidas. Los planos se entrecruzan constantemente y el cuento comunica una sensación desoladora de ruptura, de alienación, de dolor y angustia desconcertantes. Especialmente conmovedor y totalizador de la experiencia es cuando el Pelao se pregunta: Flaco, Edgardo, ¿ por qué te dejaron aquí desnudo?'. Para decirle luego a su amiga: 'Es delicado el Flaco mi hermano mayor como una hoja de eucalipto. Gaby tú me tienes que ayudar.

Es este uno de los cuentos artísticamente mejor logrados, como lo es también el de Poli Délano En la misma esquina del mundo, que aparece en el mismo número 6 de Literatura Chilena en el Exilio, La alienación y la nostalgia inmensa del exilio expanden los límites del espacio y el protagonista puede así encontrar en la ciudad de México a su amada que está en Santiago de Chile. Tiene que recomponer toda su vida para explicarse a sí mismo y a su 'güerita' en Santiago cómo fue que no pudo vivir sin ella y por qué tuvo que encontrarla en otra. 'Entonces comencé a buscarte... Hasta que una tarde güerita de los ojos celestes, finalmente di contigo'. Los planos y los tiempos se confunden, y su vida, deshilachada por el desgarrón de la ruptura y el dolor del exilio, reempieza en ese nuevo encuentro : 'Sonreíste, güerita, como los ángeles, y nos alejamos de la esquina'.

Estas son algunas de las varias caras del exilio. Testimonios que mantienen viva una cultura a la que las generaciones futuras podrán aferrarse para comprender lo caro que puede ser el precio de la libertad del ser humano. La tenacidad inquebrantable con que los personajes de estos cuentos que se amarran a una vida precaria contribuirá, a su vez, a sacara las nuevas generaciones de una posible inocencia y lanzarlas al mundo de una realidad muchas veces brutal con la tarea de defender y humanizar sus existencias. Testimonios ejemplares de una buena literatura que, como dice García Márquez en ese prólogo varias veces citado, 'es la buena madre que ha de darnos de mamar otra vez a todos los hombres en la hora de la muerte' (y de la vida, hay que agregar), y que nos 'dice la verdad de que aún la poesía es posible y que la alegría y la esperanza, a la sombra de las bayonetas, no están perdidas para siempre'.


Fuentes:

Antología del cuento chileno, Santiago, Instituto de Literatura Chilena, 1963.

Calderón, A., Lastra, P., y Santander, C. Antología del cuento chileno, Santiago, Editorial Universitaria, 1974.

Collier, David. (Editor). The New Authoritorianism in Latin America. Princeton, University Press, 1979.

Eyzaguirre, Luis B. El héroe en la novela hispanoamericano del siglo XX. Santiago, Editorial Universitaria, 1973.

Lastra, Pedro, El cuento chileno del siglo XIX. Garden City, New York, 1972.

Lavín Cerda, Hernán. Los tormentos del hijo. México, Joaquín Mortiz, 1977.

Literatura Chilena en el Exilio. Hollywood, California. Números 1 al 12. (Enero 1977-Octubre 1979).

Propp, Vladimir, Morfología del cuento. Madrid, Editorial Fundamentos, 1974.

Skármeta, Antonio, Jóven narrativa chilena después del golpe. Indiana, 1976.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03