Rosa gentíl

ROSA GENTIL

Juan Armando Epple
Literatura Chilena, creación y crítica. N 16 Junio 1981

'Ahora, oh Musas, empecemos a cantar las hazañas de los más jóvenes'.
Certamen de Homero y Hesiodo, 265.

Intentó medir de un vistazo el resto de casas que se alineaban contra el sol. Luego se miró con cariño los zapatos gruesos, un poco grandes, lustrados a salivazo limpio. Calculó que le quedaba casi una cuadra por recorrer, y sopesó a la vez el hambre y la necesidad de asegurar el día terminando el recorrido casa por casa. Sostuvo una vez más el peso de la maleta y se metió al chalet próximo, reconociendo en las plantas faltas de riego y mal distribuidas el dominio de algún abogado o comerciante.

Se sobresaltó ligeramente al notar dos perros echados en la puerta, adormilados por el sol, pero al verlos levantarse con docilidad, moviendo halagadoramente la cola, les hizo un saludo amistoso golpeándose la pierna. Parecen perros encantados, se dijo.

Repasó maquinalmente el nudo de la corbata, como alguien dispuesto a ahogarse con elegancia durante los próximos minutos, y lanzó unos toques maestros a la puerta.

Del fondo del pasillo susurraron unas zapatillas similares a las que venia oyendo en casi todas las casas, pero esta vez venían acompañadas por una antigua canción española apenas musitada y luego unas trenzas sinuosas que aparecían en la puerta y que no correspondían a ese día gris y derrotado.

La mirada de la muchacha, entre intrigada y risueña, hizo retroceder el tiempo para enfrentarlo con todos los libros olvidados, con algunas de esas fiestas sabatinas que terminaban oscilando entre las exigencias de los trabajos voluntarios del domingo y el sueño reparador de malas trasnochadas, con las fogosas discusiones de asamblea y los preparativos apasionados y fanfarrones para parar el golpe militar que se veía venir, y sobre todo, oh pelotudo, se compadeció, con esas niñas de la escuela que fue grato enamorar como complemento necesario del viejo paraíso irresponsable, y qué se hizo todo aquello, se preguntó, lo único que falta es que ahora te me pongas sentimental.

Escamoteó la sorpresa y poniendo delante la maleta, sabiendo a quien le hablaba pero sin saber en qué pararían sus nuevos recursos, empezó a enumerar los artículos que tenía para ofrecer como oportunidad única y a precios módicos:

- ....juegos de cuchillería, manteles importados, la última moda en artefactos para pelar tubérculos, ralladores de uso múltiple y sobre todo este nuevo juego de loza americana de 24 piezas que entregamos en un plan a crédito y sin intereses adicionales.........

La muchacha lo estuvo observando un rato, buscando reconocer la antigua figura en esa traspiración de la frente, en los ojos cuyo brillo sugería una edad distinta, en el traje y la corbata que desmentían la imagen del estudiante rebelde de las concentraciones y los aplazamientos de pruebas, para terminar preguntando, estropeándole el discurso:

-Tú eres Mauricio ┐cierto? ┐No te ha pasado nada? Bueno, fuera de la expulsión de la Universidad ....

El titubeó un instante. Se sintió apabullado por las advertencias casi dogmáticas de Eulogio, y mucho cuidado con abrirse mucho hacia los demás, ┐ya? , miren que ahora no estamos para jugar al diálogo ┐y tú crees que vengo cayendo de la luna, Eulogio?, no, pero no está demás recalcar esto ┐ya? como medida de seguridad, hasta de las lolas de buen corazón hay que cuidarse, sobre todo ahora que andan deslumbradas con los uniformes, como que estás exagerando, Ulógico, además ya no somos cabros chicos. En todo caso creyó agarrar la onda justa:

- Bueno, son cosas que pasan. Tú estabas haciendo tu tesis en teatro, ┐cómo te ha ido?

- Qué quieres - suspiró ella, terminando de reconocerlo. Cuando echaron a Rojo, mira el nombrecito que se le ocurrió tener, la cosa capotó allá. Por suerte me admitieron en la Chile, así es que voy a tratar de terminar la carrera aquí. - y bajando la vista hacia la maleta, interpuesta allí como una barrera inusitada - además, como la vida es más cara en esta ciudad, algunas lardes trabajo como secretaria en una notaría.

- Tenías un buen tema. Si lo trabajaras bien, hasta podrías publicarlo...

- A tí no se te quita lo bromista. ┐Por qué no eres más serio ahora?

- No, si estoy hablando en serio. Los que han sido fieles a la literatura, pueden seguir realizándose en su trabajo. Depende de cómo la interpreten. Además, no tengo nada contra las notarías, sobre lodo si se rejuvenecen con estas flores valdivianas... nosotros, en cambio, ahora podremos realizarnos promoviendo los nuevos productos que harán la felicidad del hogar moderno, contribuyendo al bienestar de las buenas dueñas de casa que...

- No seas pelotudo. ┐Para quién estás trabajando?

- Aquí, donde me ves, soy el representante de Establecimientos Benjamín, calle San Diego, distribuidor de artículos para el hogar, y aunque el árabe que antes se quejaba del desabastecimiento ahora se queja porque nadie tiene dinero como para comprarle sus mercaderías, aquí estamos sus servidores para reactivar una campaña de promoción que despierte la confianza en el mercado por los productos chilenos con etiquetas importadas, ┐te parece poco el espíritu nacionalista?

Ella se puso seria. Bajó la cabeza, luego lo miró con rabia o ternura, y dijo casi para sí:

- Pudimos estar en el mismo lado, ┐que fue lo que pasó? Yo nunca pensé en esto... hasta mi viejo, con lo momio que es, ahora se siente estafado. Hoy mismo tuvo que irse a Valdivia para tratar de vender lo que le queda del almacén y ver si se puede instalar aquí. Pero ustedes siempre mantuvieron una actitud tan sectaria, fanfarroneando con eso de la vía violenta, que vinimos a parar en esto.

- No, com... coleguita, yo creo que fue al revés. La izquierda siempre estuvo apegada a la vía pacífica, siguiendo sus viejas tradiciones. Quienes imponen la vía violenta son los que usan ametralladoras, tanques, rockets cayendo sobre La Moneda, toque de queda, argumentos así la diferencia parece sencilla.

- Pero esta es una situación excepcional. No creo que se pueda hablar de...

- Bueno, hija mía - cortó la discusión con su mejor sonrisa - todos los momentos son excepcionales. Y como dijo Aristóteles, al mal tiempo buena cara...

La muchacha volvió a sonreír. Miró los retazos de sol que se deshacían hacia el lado de las poblaciones obreras, se envolvió en los brazos con un gesto de frió y coquetería, y cambió el tono de las preguntas:

- No imaginaba que te iba a ver en esto tan... tan distinto ┐es cierto que estás de vendedor ambulante? Bueno, quiero decir, vendedor viajero... ┐cómo te va en este trabajo? El sopesó, como otras veces, la monotonía y los riesgos de su tarea, esa sincronización del azar que lo obligaba a sobrevivir vendiendo artefactos atractivos e inútiles, arrastrando casa por casa un muestrario que muy raras veces lograba deslumbrar las caras hoscas que asomaban a las puertas, pero dándole la posibilidad de llegar sin problemas a algunas direcciones, recibir información, memorizar, entregar otras, maldecir y admirar a la vez la habilidad de los compañeros que le habían programado el nuevo oficio.

Recordó que unos días atrás se había hecho, en medio de la calle, la misma pregunta, y que se había sentido como un niño que recién se repone de un porrazo y echa a andar chorreando sangre de narices, con los pies muy firmes en el suelo pero con la sensación de estar participando en un viaje cuyos rumbos no terminan de aclararse, eligiendo recomponer la ruta a cada momento para no equivocarse. Buscó una respuesta adecuada a las circunstancias:

- Mira, para serte franco, la cosa apenas da para comer. Y a veces se pasa el día sin ganar ni una chaucha. Hoy mismo me encontré compitiendo con los cabros chicos, unos mocosos de ocho años que andaban vendiendo aspirinas y peinetas en la calle. Y como entre profesionales no nos vamos a regatear el porcentaje, al final tuve que comprarles sus aspirinas, pues no habían vendido ni para un pan, y de yapa tuve que repartirles mi sandwich. Pero la suerte va a mejorar, y quizás en poco tiempo más me nombren en un puesto de oficina, tu sabes, uno que demuestra iniciativa en la empresa privada, y hasta podría seguir estudiando, quien te dice. Porque como dijo Platón, no sólo de pan vive el hombre...

La muchacha se recostó contra una esquina de la puerta entrecerrada, recogiendo los últimos destellos de sol, que le acariciaron las mejillas y luego fueron deshaciéndole las trenzas. Su voz se hizo más delgada:

- Te compraría algo, pero en estas cosas la que tiene que ver es mi mamá. Y ella se fue al sur con el viejo.

El hizo un gesto que podía significar son gajes del oficio, no te preocupes, e inició una mirada sobrada al resto de las casas, dándole a entender que tenia un amplio campo de actividades por delante. Miró el reloj. Quedaba sólo una hora para el toque de queda, y mucho antes de que las patrullas comenzaran con su ronda acostumbrada debería estar de regreso. Sintió una puntada en el estómago, un pequeño escozor que se confundía con la nostalgia de los días amables. Miró a la calle, indeciso.

┐En qué estás pensando? le dijo ella.

El recorrido del bus vaciándose de pasajeros en cada esquina, pasajeros que volvían a sus casas con paquetes o con las manos vacías; una viejita vestida con una bata larga, de esas que aparecían en los catálogos de modas de los años cuarenta y volvían ahora en las revistas femeninas de USA, regando con cuidado unas violetas, abstraída del tiempo; la tarde cercándolo lentamente, oliendo a amor o trampas, o a simple cansancio. Oyó la pregunta como si viniera de otra época, y era como una voz que lo inducía a olvidar la derrota del día para imponerle un viejo juego: como un viajero que opta por acercar sus horizontes a guiños imprevistos, y mientras se sentía crecer fuerte y liviano, más allá del hambre y la sed, una magnífica partícula de aire capaz de recorrer Santiago entero antes de que las patrullas más avispadas notaran siquiera su presencia, decidió mirarla directamente a los ojos, inflar el pecho y recitarle:

- ' Coge la flor que hoy nace alegre ufana ┐ quién sabe si otra nacerá mañana ?

Entonces la muchacha le ofreció una antigua sonrisa, al tiempo que abría la puerta:

- Parece que se te hace tarde. Entra. Puedo preparar un poco de té.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03