Edgardo Enríquez Frödden

Edgardo Enríquez Frödden. Médico, ex-rector de la Universidad de Concepción, ex-ministro de Educación del gobierno Salvador Allende.

1. No me cabe duda de que la Universidad chilena ha sido poderosamente afectada por la cultura de otros países, especialmente europeos en el siglo pasado, y por Norteamérica en el presente. El propio Andrés Bello era venezolano. También fueron extranjeros muchos de sus mejores profesores, y era norma que la mayor parte de los catedráticos chilenos hicieran cursos de perfeccionamiento en Europa o Estados Unidos. Esa costumbre se había mantenido, y aun intensificado, en los últimos tiempos, debido a las facilidades de becas que existían.

2. Por varios decenios Chile fue como una isla democrática en un continente de golpes militares y dictaduras. Bien conocida es la animadversión de los dictadores por los intelectuales y artistas, en general, y por todo lo que se relacione con las universidades en particular.

Las universidades chilenas han recibido siempre a profesores, investigadores y alumnos perseguidos por la incomprensión, imperfecciones y pasiones de hombres que, en todos los tiempos, se han creído llamados a imponer su voluntad sobre sus conciudadanos. El prestigio de nuestras universidades hizo además que muchos perseguidos llegaran a ellas en busca de apoyo. Fue así como se formó una verdadera legión de profesionales agregados de universidades chilenas que, cuando pudieron, después, regresar a sus respectivos países, llevaron muchas de las mejores tradiciones y costumbres chilenas. Hace años tuve el agrado, por ejemplo, de conocer a un ex Rector de la Universidad de San Marcos, Perú, que había sido alumno de la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción.

3. Con el respeto por las ideas ajenas que era la regla entre los chilenos, y al que asignábamos tanta importancia para una sana y armónica convivencia, tradicionalmente se enviaba al extranjero a perfeccionar conocimientos a los profesores y profesionales jóvenes más distinguidos. Interesaban la capacidad técnica del candidato, el provecho que en esos centros iba a obtener, la excelencia de las enseñanzas que, a su regreso, iba a impartir. Nadie le preguntaba por sus ideas políticas, filosóficas o religiosas.

Tampoco, en general, hubo preocupación por la ideología imperante en los centros, escuelas o institutos a que esos jóvenes eran enviados. Por largo tiempo se evitó, es cierto, enviarlos a Rusia o a otros países socialistas, pero, en cambio, no se objetó nunca a la Alemania nazi, por el contrario, se respetaba mucho la calidad de la ciencia y la técnica alemanas.

Chile, en especial sus clases populares, han tenido que sufrir las consecuencias de esta política. Recordemos a los llamados «Chicago boys», y a la aplicación sobre la economía chilena de las enseñanzas que en Estados Unidos recibieron. Y ya que de cursos de perfeccionamiento estamos hablando, recordemos también, aunque no sean de carácter universitario, lo ocurrido con los oficiales y miembros de las Fuerzas Armadas que fueron a seguir estudios especiales en Estados Unidos y la zona del Canal de Panamá. Regresaron con el falso concepto de que su papel profesional no eran la defensa de las fronteras o del respeto a la ley y la Constitución Política del Estado, sino la represión de sus propios conciudadanos que pasaron a ser llamados «enemigos internos».

Pienso que, en el futuro, habrá que ser muy cuidadosos en la selección de los candidatos a cursos de perfeccionamiento en el exterior, en la de los centros a los cuales se les va a enviar y también en las responsabilidades e influencias que se les van a asignar cuando regresen.

Nada más lejos de mi ánimo que el comienzo de una persecución ideológica. Sería negar mi pasado democrático, universitario y masónico. No acepto el adoctrinamiento político de los alumnos en ningún nivel y, precisamente por ello no debemos permitir que otros, en el extranjero, para defender causas ajenas al régimen democrático de que Chile tanto se enorgullecía, puedan adoctrinar, fanatizar, a nuestros jóvenes y transformarlos en enemigos de sus compatriotas, de las leyes y de la Constitución que las mayorías nacionales se han dado y perfeccionado a lo largo de los años.

4. Siempre he pensado que, entre las principales obligaciones de la Universidad, debe figurar su misión de servir al cambio social.

Si bien es efectivo que durante los años 1967-69, al discutirse democráticamente el proceso de Reforma, todas las Comunidades Universitarias de Chile coincidieron sobre este punto, no es menos cierto que, ya en 1919, los fundadores de la Universidad de Concepción lo habían planteado en forma clara y precisa. No queremos que la Casa de Estudios Superiores que estamos creando sea solamente una nueva Universidad; queremos --explicaron-- que sea, en verdad, una Universidad nueva. No una más en el país, sino una de tipo especial, consagrada a la investigación científica, al estudio y solución de problemas regionales y nacionales. En esta forma --agregaron-- se promoverá el progreso y desarrollo del país en su totalidad y, con ello, el bienestar físico y espiritual de las mayorías nacionales.

5. Por ser la que mejor conozco, y en atención además a que también responderán este cuestionario ex rectores y ex vice-rectores de las demás universidades, me referiré en particular a lo ocurrido con la Reforma en la Universidad de Concepción.

A principios de diciembre de 1968, el Presidente, Eduardo Frei, y su ministro de Educación promulgaron los nuevos Estatutos de la Universidad de Concepción. En ellos estaban contenidos los principios fundamentales de su Reforma.

Pocos días después, el 19 y 27 de ese mismo mes, se hizo la elección de rector y vice-rector de la Universidad por votación ponderada de toda la Comunidad Universitaria. Me correspondió el honor de ser elegido Rector. Mi amigo Galo Gómez fue el nuevo Vice-rector.

Nos correspondió, por tanto, la difícil tarea de aplicar, de hacer realidad la Reforma.

No puedo ser, en consecuencia, absolutamente imparcial en un balance crítico sobre sus resultados. En buenas cuentas, aparecería juzgando mi propia gestión. No obstante, voy a señalar algunos hechos fundamentales.

Antes debo hacer presente que recibí a la Universidad con un fuerte déficit de arrastre de años anteriores y con un presupuesto desfinanciado que muchos llamaban el «sietemesino», porque solamente alcanzaba para cubrir los gastos de los siete primeros meses del año 1969.

Elementos reaccionarios anti-reformistas emboscados en el cuerpo docente y administrativo de la Universidad, apoyados por periódicos de Concepción y Santiago, iniciaron de inmediato fuerte y sincronizada campaña en contra de la Universidad y sus nuevas autoridades. Era evidente que deseaban producir el fracaso total de la Reforma.

Si lograban que ésta fracasara en la primera universidad chilena que la había puesto en práctica, era muy posible que se entorpeciera su aprobación por las demás universidades.

El Gobierno demócrata cristiano fue también enemigo de nuestra Reforma. No es difícil demostrarlo. No nos dio un sólo escudo extra para resolver el problema presupuestario y, mucho menos, para aplicar la Reforma. Su prensa nos atacó en forma despiadada e injusta, sin disimulo ni escrúpulo alguno. Por ser tan graves estas afirmaciones debo demostrarlas. Lo haré en forma objetiva, sin comentarios.

A raíz de un hecho policial intrascendente que, a lo más, pudiera haber sido considerado una estúpida broma de estudiantes (aunque nunca quedó demostrado que los estudiantes hubieran sido sus autores), el Gobierno demócrata cristiano perdió totalmente el sentido de las proporciones. Dispuso que fuerzas policiales allanaran la Universidad de Concepción, violando no sólo la tradicional autonomía universitaria, sino también preceptos claramente establecidos en los Códigos de Procedimiento. Una treintena de estudiantes fueron detenidos durante el allanamiento mismo. La policía asaltó el local de la Federación de Estudiantes de Concepción, destruyendo puertas, muebles, estantes, documentación; incautó máquinas de escribir, mimeógrafo, archivos y hasta libros de estudio. Inició de inmediato la persecución de los dirigentes estudiantiles y, en general, de todos los estudiantes opositores al Gobierno. La prensa demócrata cristiana y la perteneciente a los partidos reaccionarios, redobló sus ataques en contra de la Universidad y de la Reforma, que como es fácil comprender, nada tenían que ver con el mentado e hipertrofiado hecho policial.

¿Qué había ocurrido para que el Gobierno tomara medidas tan extremas y hasta ilegales?

Pues, sencillamente, que dos días antes, el director de un periódico vespertino de Concepción, dedicado al sensacionalismo y crónica roja, y perteneciente al partido demócrata cristiano, había sido tomado por desconocidos que lo desnudaron y lo dejaron desnudo, pero con las ropas en la mano, en el barrio universitario.

Relato estos penosos hechos sin otro ánimo que demostrar cómo la Reforma tuvo que vencer no solamente las lógicas dificultades y resistencias que significaba poner en marcha modificaciones tan profundas en la organización, funcionamiento y objetivos de la Universidad, sino, además, limitaciones económicas y ataques de enemigos poderosos.

Pese a estos problemas de 1969, que subsistieron en 1970, aunque con menor intensidad, y gracias al decidido apoyo que, desde noviembre de 1970. nos prestó el Gobierno del Presidente Allende, la Reforma universitaria pudo ser aplicada en la Universidad de Concepción.

Daré algunas cifras estadísticas:

Año 1968 Enero 1973
Número de alumnos 5800 17200
Número de carreras enseñadas 30 66
Número de horas docentes contratadas 31836 38188
Número de metros cuadrados en edificios 100.000 138.000
Número de estudiantes con ayuda económica de la Universidad o del Estado 464 5270
Número de docentes perfeccionándose en universidades extranjeras 56 89
Número de residentes en hogares estudiantiles de la universidad . 394 1437
Número de cunas y plazas en salas cunas y jardines infantiles para hijos de profesores, empleados y estudiantes de la Universidad 86 500
Porcentaje de alumnos por área de enseñanza:
-- de la Salud (%) 25 25,81
-- científica, tecnológica y económica. (%) 35 7,12
-- letras y ciencias sociales (%) 40 27,07

Año 1968 Enero 1973
Sedes Universitarias: Chillan
Talcahuano
Los Angeles
Chillan
Talcahuano
Los Angeles
Zona Minera del Carbón
Hospitales en los cuales los alumnos de Medicina, Enfermería y Obstetricia, recibían docencia y hacían sus prácticas Concepción
Talcahuano
Arauco
Santa Juana
Concepción
Talcahuano
Arauco
Santa Juana
Chillan
Lota
Coronel
Los Angeles
Victoria
Nuevos Institutos - El de Arte
Pinacoteca Sus colecciones enriquecidas en un 21 por 100.
Situación Económica Fuerte déficit de arrastre al final del ejercicio anual. Déficit saneado por ley especial.

Presupuesto equilibrado.

Expansión y construcciones universitarias Financiadas por ley especial que vencía en 1970. Aseguradas por prórroga de la ley por otros 10 años.
Escuela de Post-grado Creada la de Química, cuyos cursos comenzarían en 1974.
Investigación científica Bastante intensa e importante. Intensa e importante. Gracias a la nueva organización, se inicia la investigación interdisciplinaria.
Extensión universitaria Bastante intensa y efectiva. Muy intensa y muy efectiva; alcanza extensa zona del país.
Convenios Con la Universidad de Minesota y con el Servicio Nacional de Salud de Chile. Con las Universidades de
La Habana,
de Mainz,
de Lieja.

Nuevo convenio con el Servicio Nacional de Salud, con la Corporación de fomento, con la Empresa Nacional del Carbón

Organizaciones de trabajadores.

Nuevos Estatutos El Estatuto General de la Universidad con la Reforma. Además del Estatuto General, el Estatuto del Docente aprobado por el Claustro Pleno.

A estos datos del cuadro anterior debemos agregar que la democracia universitaria funcionó en forma muy satisfactoria.

Las autoridades fueron todas elegidas democráticamente, las resoluciones y el manejo interno de la Universidad se tomaron todas por las autoridades correspondientes, y también en forma democrática. El Consejo Superior estuvo constituido por representantes de los docentes (72 por 100), de los alumnos (25 por 100), de los empleados y obreros no docentes (3 por 100). El Claustro Pleno, formado por unas 1.500 personas, se reunió, de acuerdo a los Estatutos, cada vez que fue necesario, y aunque en él se trataron problemas candentes, reinó siempre en sus reuniones el mayor orden y respeto.

Durante los cuatro años de mi mandato reglamentario ningún miembro de la Comunidad Universitaria de Concepción recibió sanción alguna sin que se hubiera instruido el Sumario respectivo, en el cual el afectado hubiera podido exponer sus razones y defenderse incluso con abogados. Esto del Sumario obligatorio previo a cualquier sanción, fue aprobado por el Consejo Superior, a petición mía, a comienzos de 1969.

Finalmente, la administración y manejo económico de la Universidad fueron llevados en forma tan correcta que la Contraloría general de la República no tuvo una sola observación que hacer a sus observaciones de cuentas.

Después del golpe militar, la Junta y sus representantes, deseosos de encontrar algo censurable, hicieron nuevas y prolijas revisiones, que les tomaron largo tiempo y tampoco encontraron nada que objetar.

6. Pienso que esa tríada conserva todavía validez, pero creo que, en su aplicación deben tenerse presentes algunas consideraciones.

Algo ha estado funcionando mal en Latinoamérica. No se explica en otra forma que, un siglo y medio después de que sus diferentes repúblicas, tras sangrientas guerras, obtuvieron la independencia política para dar a sus pueblos Libertad, igualdad, justicia y, en general, derechos democráticos y humanos, prácticamente todas ellas, con tres o cuatro honrosas excepciones, están hoy día regidas por regímenes dictatoriales más crueles y absolutos que las monarquías de la cuales se independizaron.

Considero que en esto tienen responsabilidad la educación que se ha estado dando al pueblo, las universidades que, en general, han formado a las clases dirigentes, las escuelas donde se forman los oficiales de las fuerzas armadas y la propia prensa escrita y hablada.

No me cabe duda de que se han descuidado aspectos importantes en la formación de la personalidad de gobernados y gobernantes.

Cada uno de nuestros ciudadanos debiera haber sido un verdadero baluarte, una fortaleza, en la defensa de ciertos principios.

La Universidad futura va a tener que encontrar la solución para la parte de responsabilidad que a ella le cabe en este problema, uno de los más graves de los múltiples que están afectando a nuestros pueblos.

7. Creo que solamente la vigencia plena y simultánea de la autonomía --en sus diferentes aspectos-- del pluralismo ideológico y de la participación de los componentes de toda la Comunidad Universitaria, permite la existencia de una verdadera Universidad.

Cualquier interpretación que quiera darse a estos principios, destinada a limitarlos o condicionarlos, entraba el libre, armónico y buen funcionamiento del quehacer universitario. En casos extremos puede llegarse incluso a anularlo, o a hacerlo inútil o totalmente inoperante. Esto no quiere decir que deje de haber un edificio con profesores y alumnos al que pretenciosamente se siga llamando Universidad.

8. Lo considero impracticable en Chile.

El simple funcionamiento de una Universidad exige mucho dinero. Las inversiones que, constantemente, deben hacerse en ella para mantenerla al día en laboratorios, equipos, instrumentos, computadoras, biblioteca, edificios, etc., etc., son sumamente elevadas. La formación, conservación y perfeccionamiento de su personal que, por razones obvias, debe ser de primera calidad y muy especializado, exige también mucho dinero.

Ninguna de las Universidades chilenas dispone de fuentes de entrada que les permitan financiar estos gastos. Pretender financiarlos con derechos pagados por los alumnos es un absurdo y una injusticia. Significa dejar a la mayoría de los jóvenes al margen de toda posibilidad de estudiar en la Universidad. El país no puede cometer el error de renunciar, rechazar el aporte intelectual que representa más de la mitad de su juventud.

Consciente de esta situación, el Gobierno de la Unidad Popular estableció, como derecho constitucional, el financiamiento obligatorio de todas las Universidades, incluso las privadas, por el Estado.

9. Efectivamente, la fuga de cerebros se ha agravado en forma realmente alarmante en los últimos años. Las causas de este aumento son, sin duda, las condiciones existentes en Chile bajo la Junta.

En cuanto a las posibles soluciones pueden resumirse en pocas líneas: devolver a los chilenos sus derechos humanos y democráticos; a las Universidades las garantías que permitan su trabajo y su progreso; a los científicos posibilidades de hacer investigación, para lo cual deben disponer de libertad para informarse mediante libros y revistas no sujetos a la censura del Bando Militar número 107. del 11 de marzo de 1977; deben además poder reunirse, discutir, formar equipos de trabajo que puedan actuar libremente y no bajo la permanente vigilancia de la policía secreta; viajar y visitar centros extranjeros donde se los reciba sin sospecha y sin el lastre que significa venir de un país sometido a un régimen dictatorial, etc.

10. Para formular los principios básicos de una política universitaria adecuada al momento en que se restablezca la convivencia democrática en Chile, sería necesario conocer primero el diagnóstico de la situación en que se va a encontrar la Universidad en ese momento. Nadie sabe qué supresiones van a acordar los rectores delegados, a qué profesores van a eliminar, qué ítems del presupuesto van a ser reducidos o eliminados. En otras palabras, debemos saber con qué elementos vamos a contar para cumplir los objetivos de la Universidad.

No obstante, creo que, desde ya, los chilenos debemos ir formando los equipos de profesores, técnicos e investigadores que. cuando corresponda. van a tomar los cargos que dejó vacantes la administración anterior o servidos por elementos carentes de antecedentes y preparación académica. Facilita la formación de estos equipos el hecho de que hay actualmente muchos miles de chilenos exiliados estudiando y perfeccionándose en prestigiosas universidades extranjeras.

Conocemos el estado lamentable en que, por desgracia, se encuentran muchos Institutos, Facultades y Escuelas. También sabemos que, con ese amor de las dictaduras por las apariencias y exterioridades, la fachada del edificio central de la Universidad de Chile, en Santiago, ha sido cuidadosamente pintada e iluminada por potentes focos exteriores.

Cuando vuelva la democracia a Chile, la política universitaria va a estar orientada en otro sentido: a hacer que la Universidad irradie luz desde el interior hacia el mundo que la rodea.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03