Cuentos de Comino y Pimienta

CUENTOS DE COMINO Y PIMIENTA

Julio Elqui

Araucaria de Chile. N 20, 1982.

Tic tac

En el basural de la ciudad. Comino y Pimienta encontraron un destartalado reloj despertador.

COMINO: Mira, Pimienta: ¡un reloj!

PIMIENTA: ¡Oh, qué grande! ¡Parece un sol arrugado!... ¿Por qué lo habrán tirado a la basura?

COMINO: Está malo..., ¿no ves? Tiene rotas las agujas.

PIMIENTA: ¿Démosle cuerda?

COMINO: No funciona. Pimienta. Siente: (Lo agita y...) ¡Suena como un tarro con piedras!

PIMIENTA: ¿Qué le habrá pasado?

COMINO: ¿Se habrá caído? El pobre está chueco como una pelota un poco desinflada.

PIMIENTA: A lo mejor se le cayó la casa encima.

COMINO: No. Se atascó y quiso a duras penas seguir funcionando, pero no pudo más porque se le había acabado la garantía.

PIMIENTA: Yo no creo. Parece que se paró porque se negó a hacer explotar una bomba.

COMINO: ¡Como en las películas!... No funcionó más porque se cansó. Quería dedicarse a otra cosa, pero era un reloj.

PIMIENTA: Era un reloj nuevo. Y no funcionó jamás porque no quería trabajar.

COMINO: No es cierto, era un buen reloj. Pero un día no llegó a la casa la persona que le daba cuerda. Así fue como acabó de ser un reloj.

PIMIENTA: Era un reloj viejo. Tosió, y mira; se le cortó la cuerda.

COMINO: Era un reloj que hacía "tic-tac" y se enfureció cuando le pusieron al lado un reloj que hacía "cú-cú".

PIMIENTA: ¡No, no! el reloj se enojó porque había uno más grande que él que lo comandaba, diciéndole: "Dong, dong".

COMINO: Yo creo que este reloj estaba siempre sobre la mesa y no paraba de hacer "tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac"... Todos los días lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado, a las seis de la mañana en punto hacía sonar furiosamente la campanilla: "rrrrrrrrrrrrr...".

PIMIENTA: ¡Ya! ¿Y cómo se echó a perder?

COMINO: Un domingo sonó más fuerte y más largo que nunca. El hombre, que estaba cansado y enojado como siempre, le tiró un zapato..., ¡y así mató al maldito reloj!

PIMIENTA: "¡Tic-tac, rrr, pum... crack!". Yo creo otra cosa: adentro de este reloj había un obrero prisionero.

COMINO: ¿Uno sólo?

PIMIENTA: Bueno, sí, condenado por toda la vida a hacer girar todas las piezas del reloj para que nunca acabara de hacer "tic-tac, tic-tac".

COMINO: Entonces eran muchos obreros, porque un reloj es una cosa complicada.

PIMIENTA: De acuerdo. Una mañana pasó el "superhombre" y sintiéndolos trabajar, entonces...

COMINO: ¡No, no, no! Por qué tiene que ser siempre el "superhombre". ¿Estás rayado, Pimienta?

PIMIENTA: (Enojado) ¿Y entonces, por qué no me dejas terminar?

COMINO: Porque a las seis de la mañana los obreros dijeron: "¡Basta!". ¡Abrieron el reloj y salieron como una catarata!

PIMIENTA: ¡Pero eso es una revolución. Comino!

COMINO: ¿Y qué?

PIMIENTA: Yo digo solamente... Mira, ¿mejor veamos qué hay dentro?

COMINO: Cierto. Abrámoslo, ¡Y ahí vemos cómo funciona!

PIMIENTA: Yo no he visto nunca cómo es un reloj por dentro.

COMINO: Yo, tampoco. (Con entusiasmo se ponen al trabajo.) Suelta ese tornillito...

Una cosa graciosa

PIMIENTA: ¿Te cuento una cosa, Comino?

COMINO: ¿De qué se trata?

PIMIENTA: Hoy día en la mañana, cuando iba a trabajar a la ferrovía, se acercó un cabrito y me dijo: "¡Eh!, ¿sabís que yo soy el más fuerte del barrio?". ¿Ah sí? ¿Y en qué se ve que eres el más fuerte? -le dije yo-. "Si quieres, hacemos la lucha al tiro y vai a ver enseguida que a mi no me gana nadie". Entonces yo le dije que bueno, y sanseacabó. Pero que primero fuera a ayudarme a cortar piedras a la ferrovía.

COMINO: ¿Y fue?

PIMIENTA: ¡Y fue, pues! ¿Sabís?, cortamos piedras toda la mañana.

COMINO: Pero, ¿y él sabía, acaso, cortar piedras?

PIMIENTA: ¡Chis! No sabía ni cómo se llamaban las herramientas. No las había visto nunca. Pero yo le expliqué. Al principio se pegaba en los dedos, entonces me preguntaba: "¿Y, a qué hora?".

COMINO: ¿A qué hora qué?

PIMIENTA: "¿Y a qué hora vamos a pelear?", de decía. No ves que eso quería él, porque decía que era el más fuerte del barrio. Y es un cabrito chico, ¿sabís? Apenas se ve. Bueno, te sigo contando. Al mediodía paramos. Y entonces yo le di la mitad de mi pan. ¡Chis!, no había traído ni una miguita pa'comer el pobre. Y después lo mandé al riachuelo a buscar un poco de agua. Es simpático el cabro, ¿sabís, Comino?

COMINO: ¿Quién será?

PIMIENTA: Hay retantos aquí, cómo me voy a acordar de cada uno. Y allí, parado, después que tomamos agua, me desafió de nuevo a pelear. "Ya, pues -me dijo-, no te corrái, ¿o eréis que te tengo miedo? ¡Peliemos al tiro!".

COMINO: ¿Y tú?

PIMIENTA: Yo le dije entonces: espérate un ratito, cabrito. Primero tenemos que cortar todas estas piedras. Si quieres te vas a la plaza, y a la tarde me esperas allá. Y no quiso, pues. "Ah, no -me dijo-. Chis, después no te encuentro más, y después, ¿cómo?". Y ahí estuvimos cortando las piedras hasta cerca de las seis, hasta que terminamos. Yo estaba recansado, ¿sabís? A esa hora ya no me decía nada, pues.

COMINO: ¿Por qué? ¿Qué le había pasado?

PIMIENTA: Yo le dije que teníamos que echar las piedras en la carretilla y llevarlas hasta la betonera. Y ahí las echamos. Y me ayudó a llevarlas también; cinco veces llevamos la carretilla pa'rriba.

COMINO: Bueno, ¿y después?

PIMIENTA: Cuando terminamos, ¡estaba más cansado el pobre! Y entonces yo le dije: ahora sí, pues, compañerito, ¡peliemos!

COMINO: (Ríe) ¿Y qué te dijo?

PIMIENTA: No quiso, pues. Dijo ¡chis! que cómo le iba a pegar a uno que había sido compañero suyo de trabajo. Que eso no se podía. Pero que yo había sido un tramposo, porque ni se había dado cuenta cómo había llegado a ser amigo mío. ¿Qué te parece?

COMINO: ¿Quién será? Me gustaría conocerlo.

PIMIENTA: ¡Chis! Es un cabrito chico no más. Apenas se

ve. Pero es simpático. Y, eso sí, trabaja firme el cabrito, pucha,

trabaja firme, ¿sabís qué más?

El violín mágico

COMINO: ¿Pimienta, te cuento un cuento?

PIMIENTA: Pero que sea corto, si no me aburro.

COMINO: Bueno... Hace mucho tiempo atrás, cuando las culebras usaban chaleco, en un país muy lejano, había una vez un rey muy poderoso llamado Grgrgrgrrrr.

PIMIENTA: ¿Cómo?

COMINO: Y le gustaba la guerra más que el fútbol

PIMIENTA: ¡Ah, se pasó!

COMINO: En realidad, el pobre no sabía hacer otra cosa. Lo que más amaba era su lanza y su caballo, y obligaba a todos los habitantes de su imperio a llevar unos cascos de fierro, con una ventanita y un timbre, que debían hacer sonar cuando querían saludarse o conversar.

PIMIENTA: ¡Schí!

COMINO: Pues bien. Un día el rey Grgrgrrrr sintió hablar de un país maravilloso, donde, según decían, había un violín mágico que sonaba maravillosamente..., y que tenía el poder de transformar y de hacer aparecer las cosas más extraordinarias.

PIMIENTA: ¿Qué cosas, por ejemplo?

COMINO: Por ejemplo, ¡alfombras voladoras'

PIMIENTA: ¡Ah!

COMINO: Que la gente de aquel lugar usaba como se usa el autobús ahora.

PIMIENTA: ¿Y qué más?

COMINO: Bueno. Cuando sonaba aquel violín, la alegre música podía hacer crecer las peinetas de un modo increíble, si la gente así lo quería.

PIMIENTA: ¿Y para qué?

COMINO: Para usarlas como tractores o arados, por ejemplo.

PIMIENTA: ¡ji, ji, jí!

COMINO: El violín tenía un sonido tan puro y tan alegre que la gente sentía un gran placer de trabajar y de cantar al compás de la música.

PIMIENTA: ¡Ah, bueno! ¿Pero era el rey de aquel lugar el único que podía tocar aquel violín?

COMINO: ¡Todos podían tocarlo!... Pero había uno, en especial, que lo sabía tocar mejor que nadie, y por esa razón, el pueblo lo había elegido el Rey de la música. Y, además, ése no era el único violín de aquel país. A los hombres y a las mujeres les gustaba reunirse en las plazas a conversar y a bailar, y entonces...

PIMIENTA: ¡Bueno, bueno! ¿Y qué pasó con el rey Grgrgrrrr?

COMINO: Pues bien... Un día inesperado, el rey que sólo amaba su lanza y su caballo llegó al país encantado de la música y, en un dos por tres, con sus soldados de cabeza de fierro, ocupó el país, tomó prisionero al rey músico, y secuestró su violín.

PIMIENTA: ¡Fuiiiu! ¿Viste?

COMINO: ¡Y de inmediato se puso a hacerlo sonar!... Pero de un modo tan horrible que hasta los espejos se rompieron... Probó entonces una segunda y una tercera vez, pero cada vez era peor. Acabó así con todas las cosas maravillosas que habían en aquel país. Las alfombras cayeron y se arrastraron lastimosamente por el suelo. Los tractores se volvieron simples peinetas, con algunos dientes rotos incluso. Toda la gente, hasta los propios soldados del rey Grgrgrrrr se pusieron espantosamente tristes dentro de sus cascos de fierro.

PIMIENTA: ¡Ya!

COMINO: Ante tal desastre, el rey guerrero no tuvo más remedio que mandar llamar al rey músico. Allí le mostró lo que había pasado y le ordenó, pues, que tomara el violín y tocara lo que fuera... El rey, entonces, lo primero, afinó el violín, y luego tocó una alegre, dulce, suave melodía, al ritmo de la cual, lentamente, todo se reanimó y se alegró de nuevo.

PIMIENTA: ¡Ji, ji, ji!

COMINO: Entonces, a lo lejos se sintieron sonar alegremente otros violines. El rey Grgrgrrrr vio con admiración que sus soldados, no pudiendo resistir el encanto de la música, se sacaban los duros cascos de fierro y escuchaban, por primera vez, la melodía maravillosa, que era, al fin y al cabo, una cosa bien distinta de los horribles timbres a que los pobres estaban acostumbrados. De modo que al rato después, no más, amigos y enemigos estaban todos cantando y bailando como si fueran viejos compadres y primos queridos.

PIMIENTA: ¿Pero?

COMINO: ¡Es claro! En vista de lo cual, el rey Grgrgrrrr le quitó bruscamente el violín al rey músico..., e intentó sonar de nuevo desesperadamente. Pero entonces, de inmediato, resonó por toda la tierra un inmenso griterío de protesta que hizo estremecer el duro corazón del rey guerrero, hasta casi romperlo, al punto que comprendió, en ese momento, que estaba vencido.

PIMIENTA: ¡Ji, ji, ji!

COMINO: Humildemente devolvió entonces el violín a su legítimo dueño..., y le suplicó que tocara algo..., porque se sentía tan triste que podía morir.

PIMIENTA: ¡Ji, ji, ji!

COMINO: De este modo, pues, en medio de la música, todo siguió moviéndose y transformándose como siempre, alegremente y en paz.

PIMIENTA: ¡Ji, ji!, ¡ja, ja!

COMINO: Aunque, aunque, algunos días después, el rey Grgrgrrrr se puso a tomar lecciones de música..., pero el pobre no tenía oído, así que, colorín, colorado, aprendieron todo lo pasado.

PIMIENTA: ¡Ja, ja, ja, ja!


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