Cosas de niños

COSAS DE NIÑOS

Eugenia Echeverría

Araucaria de Chile. N 20, 1982.

1. Beto en Cartagena

Una vez fui a Cartagena con mi tía Adelina. Pero no nos bañamos. Dijo mi tía que la playa estaba llena de rotos, y almorzamos en un restaurante mirando el mar desde las ventanas, el mar como una plancha de acero, ondeadito como una calamina, con rachas de niebla y sol, y yo tenía unas ganas locas de salir corriendo hacia el lado donde los rotos se bañaban tan gozosos, pero no. Comimos almejas. Camino a la estación había un árbol que me gustó, visto desde mi panorámica me gustó horrores, desnudo el árbol, como quemado por un rayo pero muriendo de pie. Después, vi en una postal ese árbol con el mar detrás, deduje que yo tenía muy buen gusto al ver la postal, y también una tapa de libro para turistas con la foto del árbol en glorioso color.

Dormimos la siesta en una pieza de aquel hotel que en la planta baja tenía el restaurante con las grandes ventanas para mirar al mar. Dormimos hasta tarde y a las seis fuimos al cine, y a las nueve regresamos a Santiago; antes de regresar, paseamos por esa avenida Costanera que tiene Cartagena, vimos la gruta de una virgencita muerta de frío donde las olas rompen y asustan si uno se acerca, pero no nos acercamos, porque ya el bus iba a partir.

2. Lucía

Lo que a mí me gusta es columpiarme, porque desde la altura se ven las copas de los árboles por dentro, redondas como nidos, verdes, verdes, y el cielo entre medio, o el sol, o el viento, y en el momento de subir veo la calle y la gente que pasa, los micros y hasta las mariposas y las moscas; todo esto quise ponérselo en una carta a mi papá, quise ponérselo porque no estaría bien negarle que me he columpiado diariamente cuatro horas. Nunca sé cómo comenzar la carta y le pregunté a mi hermano si a él le había escrito algo especial, pero no, que él le va a mandar los recortes del diario con los detalles de su boda, mi papá se ha casado tres veces, tenemos fotos de tres bodas; también le voy a decir que pusimos su foto de su luna de miel en la pared del comedor para mirarla mientras almorzamos, y habrá que advertirle que el mar no es así tan verdoso como lo pusieron en esa foto, que al descender, abandono el cuerpo como si nadara, como si me fuera por una ola azul, azul, meciéndome en toda esa cantidad de arena que sale en su fotografía, que cierro los ojos y navego, y vuelvo a subir nada más para espantar tanta maravilla y portarme bien como le prometimos, mirar de nuevo nuestra calle y los micros que pasan, pero en el momento de ceder, en el regreso, no puedo evitar hacerlo nuevamente, cerrar los ojos y ver toda esa planicie arenosa, y después las dunas, los huiros secos, los picorocos quebrados que quedan desparramados al atardecer, los niños que se alejan con los quitasoles al hombro y los pies sucios de arena mojadita, y cuando uno toma sus onces tiene todavía un gusto a sal confundiéndose con la leche y el pan.

3. Un poeta

Azul es el cielo y azules son algunas mariposas. Azul es la casa de Alicia y azul el cuadro que más me gusta que está colgado en la pared del comedor, donde en general a la hora de comer sacan esos platos pintados con ramos de flores azules, y los vasos de vidrio soplado, y hay nomeolvides en el florero. En la tarde pasean nubes por el patio, las mujeres se levantan de la siesta y hace un poco de viento y tomamos té en la cocina. De nuevo alguien saca las tazas azules y el humo del té caliente asciende: ésa es la hora en que la tarde se va, la mejor hora del día, la que me encandila, puede pasar todo cuanto quiera durante el resto de la noche, pero esos minutos en que el día se va, son míos. En silencio, aparte, en punto aparte.

No hables, Alicia.

La ventana se empaña, hay ligeros arreboles, nubes que dejaron de viajar, el jardín pierde forma, los árboles se apelmazan en la rara atmósfera de niebla o despedida, como de pérdida, como de luna que viene. Es la mejor hora y nadie parece darse cuenta. Las mujeres se mueven adentro de la cocina como en la intrascendencia de un sueño, en el mismo vacío, no hay peso ni espesura, este paréntesis, esta escapatoria, tan breve, ¿por qué, en un segundo cuanto existe se ha borrado, por qué este día de cosas azules de azules bordes, se acabó?


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03