Andrés

ANDRÉS

Jorge Díaz

Andrés es la primera de tres obras breves agrupadas por su autor con el título conjunto de Los tiempos oscuros.

Araucaria de Chile. Nº 30. Madrid 1985.

A los que flaquearon por el miedo al miedo.

¿Sobre qué escribir en los tiempos oscuros?
Sólo cabe escribir en los tiempos oscuros.

Bertolt Brecht

Esta obra
quiere ser una crónica de urgencia
que puede representarse
en cualquier parte:
en una aula,
en el salón de reuniones
de una comunidad de vecinos,
al aire libre,
y también, por supuesto,
en un teatro.

No necesita vestuario especial
ni decorados.
Puede haber una banda de sonido,
pero puede prescindirse de ella.
Bastará un guitarrista,
tres actores
y una actriz.

Si un equipo numerosos quiere montar la obra
puede hacerlo
distribuyendo los papeles
entre numerosos actores.

Debe considerarse un texto abierto,
transformable
y ampliable.

Personajes

ANDRÉS, cesante de 35 años.
SARA, su esposa, 32 años.
LOCUTOR.

Canción

Esta es la historia
de los sin historia,
la voz triste y sorda
de los sin voz,
de gente sin color,
sin importancia.
Hablamos nosotros
por los que tienen miedo
de levantar la voz:
el prófugo, el cobarde,
el sucio delator.
Hablamos nosotros
por los que murieron
con la mano empuñada
y los que murieron
callando su traición:
víctimas ambos del engaño,
del doble juego del traidor.
Pueblo comprado con pueblo,
extorsión con extorsión.

La Actriz y el Actor 3 están al fondo, de espaldas al público.
El Actor 1 y el Actor 2, en primer plano, le hablan directamente al público.

ACTOR 1: Fue un viernes el día en que delataron a Andrés.

ACTOR 2: Y a tantos otros.

ACTOR 1: En el barrio de Pudahuel se desarrollaba ese día la Operación "Peine Fino".

ACTOR 2: Este operativo represivo de intimidación se venía realizando en todas las poblaciones marginales de la capital.

ACTOR 1: En varias oportunidades, las autoridades se dirigieron al país a través de todos los medios de comunicación. El Actor 2 se separa del Actor 1 y se convierte en la voz de la campaña de invitación a la delación.

Su tono no debe ser caricaturesco, al contrario, debe ser persuasivo, amable, convincente, susurrante a veces, y otras, enérgico, pero siempre ponderado.

LOCUTOR: ¡Sea patriota: denuncie a todo el que le parezca sospechoso de subversión!

¡Por Chile!

¡Por la convivencia pacifica!

¡ Por solidaridad con los verdaderos patriotas!

¡Denuncie a los sospechosos: entre sus vecinos puede haber un terrorista!

La Actriz se adelanta. Lleva un delantal. Se arrodilla y limpia el suelo con un estropajo.

El Actor 3 viene desde el fondo.

Una luz concentrada sobre ambos.

El actor 3 parece cansado, desanimado.

Es Andrés.

SARA: (Levanta la cabeza esperanzada.) ¿Y...? ¿Cómo te fue?

Andrés no contesta.

Se sienta y se saca los zapatos. Parece tener los pies hinchados y doloridos.

SARA: (Insistiendo.) ¿No conseguiste nada?

ANDRÉS: Nada.

Sara se pone de pie y se seca las manos en el delantal. Parece desilusionada.

SARA: ¡Pero si era casi seguro! Necesitaban mucha gente. Lo ponía el diario.

ANDRÉS: (Sin mirarla.) Si, necesitaban mucha gente. Escogieron a siete y éramos quinientos setenta cesantes. Sólo entrevistaron a doce.

SARA: (No puede reprimir su malhumor.) Pudiste estar entre esos siete.

ANDRÉS: Saben muy bien a quién tienen que meter: incondicionales, soplones, gente de ellos.

SARA: ¡Pero tú conoces tu trabajo! Además, nunca te metiste en política. No te pueden acusar de nada.

ANDRÉS: Somos pobres... y se nos nota. Es algo que no se puede disimular. ¿Te parece poco?

Un silencio.

La mujer se sienta cansadamente. Lo mira fijamente.

SARA: ¿Y entonces...?

ANDRÉS: ¿Entonces qué?

SARA: ¿Qué piensas hacer?

ANDRÉS: Me han dicho que en Conchalí puede haber trabajo, en los melonares. Iré la semana que viene.

SARA: (Nerviosa.) La semana que viene... ¿y hoy...? ¿y mañana?

ANDRÉS: Hoy haremos lo de ayer, lo de todos los días: meternos en la cama para dormir el hambre.

SARA: Ni eso. No se puede dormir con las sirenas.

Lejanas, se escuchan sirenas de la policía.

El Actor 1, que representa al locutor de la campaña gubernamental, habla en forma susurrada. LOCUTOR: ¡Denuncie a los sospechosos, sobre todo, a los que se esconden, a los que no trabajan!

Sara busca en alguna parte un plato y una cuchara.

SARA: Esta mañana los milicos acordonaron la población.

ANDRÉS: ¿Otra vez?

La mujer no contesta.

ANDRÉS: ¿Qué buscaban?

SARA: Sospechosos.

ANDRÉS: ¿Sospechosos de qué?

SARA: De cualquier cosa.

ANDRÉS: ¿Hubo enfrentamientos?

SARA: Como siempre.

ANDRÉS: ¿Se metieron contigo?

SARA: No. No alcanzaron a llegar aquí.

ANDRÉS: No salgas a la calle.

SARA: Tengo que salir. El pilón está en la esquina.

ANDRÉS: Nos arreglaremos sin agua.

Desde el fondo interviene el locutor.

LOCUTOR: (Susurrando.) ¡No se fíe de nadie! ¡Proteja a su familia! ¡Hágalo por Chile!

ANDRÉS: Aparte de agua... ¿Hay algo para comer?

Sara le pasa el plato y la cuchara.

No dice nada.

¿Qué es?

SARA: Sopa.

ANDRÉS: (Cansado.) Otra vez...

SARA: No, otra vez no. Sobró de ayer. No podemos botar nada.

Andrés coge el plato de mala gana pero, de repente, lo huele y sonríe. Hoy huele mejor que ayer.

SARA: Hoy tienes más hambre que ayer. No puede oler más que a pan añejo, ajo y aceite frito.

ANDRÉS: (Dejando de comer.) ¿Aceite?

SARA: Si. Me dio un poco la Leontina.

ANDRÉS: ¿Quién?

SARA: La Leontina, vive en el barrio.

ANDRÉS: No sé, no la recuerdo.

SARA: La coja, la que cuelga la ropa en los alambres del fondo.

ANDRÉS: Ah, sí.

Un silencio.

Andrés toma la sopa sin hablar.

Ahora deja de comer y se queda pensativo.

ANDRÉS: Sara...

SARA: (Que había vuelto a fregar el suelo.) Sí.

ANDRÉS: ¿Por qué?

SARA: ¿Por qué... qué?

ANDRÉS: ¿Por qué te dio aceite?

SARA: (Sin darle importancia.) Le cuidé al niño por la tarde.

Desde atrás, el Actor/Locutor lanza su mensaje susurrante.

LOCUTOR: ¡Desconfíe de sus vecinos! ¡El comunismo está infiltrado en todas partes! ¡Cualquiera puede ser sospechoso!

ANDRÉS: ¿Por qué te lo dio?

SARA: ¿El qué?

ANDRÉS: El aceite.

SARA: Le dije que no tenia con qué hacerte una sopa.

ANDRÉS: Entonces ya sabe que estoy cesante, que me echaron de la Maestranza.

SARA: Claro.

ANDRÉS: ¿Tú se lo dijiste?

SARA: Lo habría sabido de todas maneras.

ANDRÉS: (Inquieto.) Hablas demasiado. Sabes que es peligroso.

Sara deja de fregar el suelo. Está sorprendida.

SARA: ¿Peligroso?

ANDRÉS: Sí.

SARA: ¿Qué es peligroso?

ANDRÉS: Que se enteren que no tenemos nada para comer.

La mujer se pone en pie.

SARA: No digas leseras. El único peligro que corremos es el de morirnos de hambre si no encuentras trabajo.

ANDRÉS: No son leseras. Un cesante que pasa todo el día en su casa puede ser un emboscado o por lo menos alguien que no quiere que lo vean por la calle. Ayer detuvieron a más de sesenta en La Legua.

SARA: ¿Qué estás queriendo decir?

ANDRÉS: Está muy claro: ellos son los que no te dan trabajo y ellos

son los que te consideran sospechoso si no trabajas.

SARA: ¿Y qué tiene que ver todo eso con la Leontina? Sólo me dio un poco de aceite.

Andrés se pone de pie y le da la espalda a su mujer.

ANDRÉS: Nos puede denunciar.

Desde el fondo, el Actor/Locutor susurra su mensaje.

LOCUTOR: ¡Denuncie a los subversivos! Desconfíe de los que se reúnan con otros, los que no hablan con nadie, los que no trabajan...

SARA: ¿Qué dijiste?

ANDRÉS: (Hosco.) Nada.

SARA: Dijistes que la Leontina nos podía denunciar.

ANDRÉS: Sí.

SARA: ¿Te has vuelto loco? ¡La Leontina es como nosotros!

ANDRÉS: ¿Es cómo?

SARA: Pobre.

ANDRÉS: Eso no tiene nada que ver.

SARA: Tiene mucho que ver. La Leontina y su marido están mucho peor que nosotros. Muchas veces me ha pedido cosas.

ANDRÉS: Estará peor pero no lo va diciendo por ahí como tú... y su marido trabaja.

¿Te ha dicho ella que están tan mal?

SARA: No.

ANDRÉS: ¿Entonces...?

SARA: Lo dice su hijo, que es lo mismo.

ANDRÉS: ¿Su hijo?

SARA: Hablé con el niño toda la tarde. Me pidió una galleta que encontró en un cajón. Me dio pena. La Leontina lo dejó solo para ir a la reunión.

ANDRÉS: (Alerta.) ¿A la reunión?

SARA: Si, en la Vicaría de la Solidaridad.

ANDRÉS: ¿En la Vicaría...? ¿Y para qué?

SARA: ¡Qué sé yo!

ANDRÉS: Es sospechoso.

SARA: ¿Qué vaya a la Vicaria...? Andrés, por favor, la Vicaria la conoce todo el mundo.

Un silencio.

Andrés esta inquieto. Se mueve por el escenario.

ANDRÉS: Esas reuniones...

SARA: No son reuniones. Reparten leche, dan vales por comida.

ANDRÉS: Eso dice ella.

SARA: Ella no dice nada. Lo dijo el niño.

ANDRÉS: (En voz baja y muy tenso.) ¿Estás segura de que habló de reuniones?

SARA: (Cansada.) No lo sé. Me dijo que la madre iba a veces, por la tarde, a la Vicaria, que allí la ayudaban.

ANDRÉS: (Pensativo.) Por las tardes... es raro.

SARA: (Dura.) No es raro. Por las mañanas lava, como yo, para unos señores... y así y todo, pasan hambre.

ANDRÉS: ¿Te dijo el chico que pasaban hambre?

SARA: No, pero salta a la vista. Se comió las galletas con ansia.

Desde el fondo, la voz del Actor/Locutor susurra su mensaje.

LOCUTOR: ¡Proteja a su familia! ¡Denuncie a los que quieren atentar contra la Patria! Se recompensará cualquier información.

ANDRÉS: ¿No estará ocultando algo?

SARA: ¿Quién?

ANDRÉS: La Leontina. Esas reuniones...

SARA: Son en la Vicaria. Andrés. (Impaciente.) Me estás poniendo nerviosa.

ANDRÉS: Si pasan hambre y va a reuniones, está claro, ¿no?

SARA: ¿Qué quieres decir?

ANDRÉS: Si está mezclada en algo político es seguro que nos comprometerá a nosotros.

SARA: No creo. Apenas si nos conoce.

ANDRÉS: (Obsesionado.) ¡Y tú pidiéndole aceite! Eso ya es bastante para hacerse sospechoso.

SARA: ¡Me lo ofreció ella!

ANDRÉS: (Implacable.) Hace un momento me dijiste que tú se lo habías pedido. Te contradices.

SARA: (Nerviosa.) ¡Basta, Andrés! Me das miedo. Pareces un policía.

ANDRÉS: (Duro, cogiéndola de la muñeca.) ¿Te dijo el niño exactamente a dónde va su madre por las tardes?

SARA: Creo que es por Recoleta, cerca de la estación. Allí hay unos comedores de la Vicaria.

ANDRÉS: ¿La acompaña alguien?

SARA: Sí, la Rosario.

ANDRÉS: (Asustado.) ¿Dijistes la Rosario?

SARA: Sí, la he visto con ella.

ANDRÉS: Lo que yo pensaba. Está "comprometida".

SARA: ¿Por qué?

ANDRÉS: Ayer vi cómo los soldados subían al padre de la Rosario a los camiones con otros detenidos.

SARA: ¡Dios mío!

ANDRÉS: (Con pánico.) Es posible que ya sea demasiado tarde para hacer nada y nosotros también estemos envueltos en este asunto.

SARA: (Asustada pero sin comprender.) ¿En qué asunto? Andrés no responde a la pregunta. Le aprieta con violencia la muñeca, mientras la interroga.

ANDRÉS: ¿Va alguien más de por aquí a esas reuniones que dices?

SARA: (Sollozando.) ¡Yo no dije nada de eso! No sé a dónde va, creo que a buscar comida. ¡Me haces daño, Andrés!

ANDRÉS: (Crispado.) ¿Va alguien más?

SARA: Sí, un compañero ferroviario del marido.

ANDRÉS: (Pálido y tenso.) Dijiste... "compañero".

SARA: Sí, creo que eso dijo la Leontina.

ANDRÉS: ¿Estás segura que dijo... "compañero"?

SARA: (Asustada pero conteniéndose.) Si, estoy segura. Tranquilízate, Andrés, no ocurre nada.

ANDRÉS: (Estallando pero en voz baja.) ¡Pero es que no te das cuenta! ¡Ya no se puede llamar a nadie "compañero"! Y la Leontina lo sabe. Si dijo "compañero" delante de ti ha sido para comprometerte.

SARA: Eso es absurdo.

ANDRÉS: (Implacable.) ¿Cómo nos llama a nosotros?

SARA: ¿Quién?

ANDRÉS: La Leontina.

SARA: No sé, no me acuerdo.

ANDRÉS: ¿También nos llama "compañeros"?

SARA: Es posible, tú sabes que antes era una cosa muy corriente.

ANDRÉS: (Crispado, asustado.) ¡Antes, antes... el peligro es ahora! Andrés ha conseguido contagiar a su mujer el miedo, la inseguridad.

SARA: ¡Dios mío, yo no había pensado en eso! ¿Qué hacemos?

ANDRÉS: (Nervioso.) ¡Denunciarla! Podríamos poner como testigo al niño. Que la policía lo obligue a repetir todo lo que te dijo a ti. Podemos declarar que la Leontina quiso comprar nuestro silencio con el aceite, que nos regalaba cosas, pero que nosotros no conocemos a la Rosario ni a su padre, sobre todo a su padre... que la Leontina va a reuniones con un ferroviario sospechoso...

SARA: (Casi en un grito.) ¡No sabemos si es sospechoso! ¡Andrés, no sabemos nada!

ANDRÉS: (Enajenado.) El niño es el único testigo. Hay que denunciar al niño. ¡Qué lo hagan hablar sea como sea!

SARA: (En un grito.) ¡No! ¡El niño no!

ANDRÉS: Se trata de elegir entre ella o nosotros.

SARA: (Espantada.) ¿Pero de qué se le puede acusar?

ANDRÉS: ¡Nos llamó "compañeros"! ¡Parece que sigue teniendo "compañeros"! Nosotros no somos "compañeros" de nadie, ¿me entiendes?, ¡de nadie!

SARA: (Sollozando quedamente.) ¡Andrés, por favor, salgamos de aquí! Vámonos a Parral, a la casa de mi madre. En el campo no nos encontrarán.

Se escuchan las sirenas de la policía acercándose.

Andrés se queda rígido, quieto, sumido en una especie de fatalismo.

ANDRÉS: Ya es demasiado tarde.

SARA: ¡No, no es demasiado tarde!

ANDRÉS: Ya están aquí. Vienen por nosotros.

Las sirenas ya están muy próximas.

La pareja queda congelada, con la expresión tensa de terror.

Los otros dos actores que estaban en el fondo, se adelantan y hablan directamente al público.

ACTOR 1: No fue necesario que nadie delatara a nadie.

Continuando la operación de amedrentamiento, los militares bloquearon la población y detuvieron indiscriminadamente a algunos pobladores.

ACTOR 2: El operativo fue considerado un éxito. No hubo resistencia armada, aunque fue necesario disparar contra varios hombres que huían.

ACTOR 1: Entre ellos, Andrés.

ACTOR 2: A la mañana siguiente, los buenos ciudadanos se despertaron con la noticia de que...

ACTOR 1: "Las fuerzas militares han encontrado nuevos refugios de extremistas subversivos armados, gracias a la eficaz colaboración de los ciudadanos que denunciaron a sus vecinos sospechosos."

Oscuro rápido.


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