La sociología


CECILIA MONTERO

La sociología:
De la teoría social al análisis empírico de las transformaciones sociales

-La sociología es difícil de situar. Hay quienes piensan que es una "ciencia maldita", quizás porque al igual que los poetas los sociólogos se sitúan en la "exterioridad" de la práctica social, o quizás porque irrumpen en las áreas de otras disciplinas. También es posible que esta imagen se deba a que los sociólogos no han conquistado aún una imagen estrictamente profesional. ¿Qué opinión tienes tú de esa relación entre la actividad del sociólogo y la imagen que de él existe?

-Pienso que es necesario desmistificar la imagen que muchos tienen, yo diría "vulgar" (y no "popular") de la sociología. La palabra sociólogo evoca, en efecto, términos peyorativos: para algunos es, en cierto modo, sinónimo de agitador, de izquierdista; otros tienen la impresión de que el sociólogo no hace nada, es un profesional que sólo sabe hablar en forma complicada, difícil.

No siempre ha sido así, y estos estereotipos no se presentan tampoco de la misma manera en todos los países. Para mostrarlo habría que analizar la historia de su desarrollo, el retraso con que se introduce como disciplina académica en algunos países, las épocas de esplendor en que la demanda institucional se intensifica, y también las coyunturas económicas y políticas en que decae el interés por ella o en que se suprime sin más como actividad profesional legítima. Es revelador, por ejemplo, el caso de América Latina.

Ahora bien, en relación con la pregunta: Aquellos que piensan en la sociología como actividad "maldita" querrían quizás suprimir- la. No lo logran sin embargo, y esto por dos razones: Primero, por el hecho de que la sociología es una actividad necesaria. No se pueden suprimir por decreto la existencia de problemas sociales, la necesidad de comprender, de conocer mejor los cambios que se van produciendo en un país. Y segundo, porque la sociología no es siempre sinónimo de crítica social. De la misma manera que existen economistas más o menos liberales, existen sociólogos más o menos críticos. Esto quiere decir, en otras palabras, que no existe una sociología, como un conjunto único de teorías, conceptos y métodos, sino varias escuelas, que se basan en sistema filosóficos diferentes, que utilizan distintas formas de interpretar la historia y que ofrecen, por lo tanto, formas alternativas de interpretación de la sociedad.

La sociedad se ha esforzado siempre por comprenderse a sí misma y, como producto de esto, el pensamiento social nunca ha dejado de existir. Desde Platón, pasando por Agustín de Hipona (o San Agustín, según sea el cristal con que se lo mire), hasta Rousseau. Pero hay un momento en que se pasa de la teoría social a la necesidad de una ciencia sobre la sociedad, una disciplina científica con un objeto y una metodología propios. Ese momento se produce con la irrupción de las nuevas relaciones de producción que se desarrollan con el capitalismo.

La sociología nace, en suma, con las transformaciones sociales que acompañaron el desarrollo capitalista, transformaciones violentas que marcan un quiebre, una ruptura respecto al orden social anterior. Es fácil dar una idea más clara del fenómeno, remitiéndose al tipo de interrogantes que se formulan los fundadores de la disciplina. Durkheim, por ejemplo, que estudia el debilitamiento de los grupos tradicionales, la "anemia" del individuo que no tiene reglas sociales, un modelo al cual referirse; es decir, Durkheim busca las nuevas bases en que descansan las relaciones sociales, que han perdido el carácter de relaciones comunitarias. O Max Weber, quien en su obra principal La ética protestante y el espíritu del capitalismo, procura responder a preguntas tales como ¿por qué se desarrolla el capitalismo?, ¿de dónde viene este espíritu de lucro, este afán de acumulación? (Preguntas, entre paréntesis, que hoy día parecen anacrónicas, tan acostumbrados estamos a escuchar que el dinero es el móvil último del comportamiento.)

Está, en fin, el marxismo, que aborda con anterioridad temas similares, aunque sus conclusiones son diferentes. El problema de la división del trabajo, por ejemplo, que hoy nos parece tan evidente, tan "natural".

-Esa época corresponde al período en que se desarrollan las principales teorías sobre la sociedad contemporánea, ¿pero en qué momento surge el sociólogo-encuestador?

- Ustedes se refieren a la actividad empírica, a una forma de recolección de datos que es la encuesta. La necesidad de una sociología empírica coincide con el desarrollo de la demanda institucional y por lo tanto con la profesionalización de la sociología. La sociología como profesión se desarrolla en forma acelerada a partir de la crisis de 1929: la necesidad de una ciencia aplicada que recoja datos, información sobre las distintas categorías sociales surge en casi todos los estados capitalistas que vienen saliendo de la crisis. Esto coincide también con el rol creciente que comienza a tener el Estado en la economía y con el aumento de la inversión estatal orientada a la reproducción de la fuerza de trabajo. Yo quisiera insistir sin embargo en el hecho de que no es toda la sociología como un bloque la que se desarrolla, sino un cierto tipo de actividad sociológica. Tomemos el caso de los Estados Unidos, puesto que hay consenso en considerar que la sociología como ciencia empírica se desarrolla primero en ese país. La sociología norteamericana es una sociología del consenso social, y la metodología que utiliza está orientada a recoger la información necesaria para responder a una pregunta: ¿cómo asegurar la integración social? Esta preocupación se comprende si se piensa en las características de una formación social compuesta de poblaciones provenientes de una diversidad de culturas, y que se incorporan en distintos momentos a una sociedad en estructuración. Es una explicación, sin embargo, que me parece insuficiente. Como en toda ciencia, quizás si es con la cita de ejemplos como se visualiza mejor su carácter histórico. Veamos entonces: ¿De dónde viene el interés por estudiar las relaciones laborales, la industria, las organizaciones? Todos estos problemas, que en conjunto conforman lo que se llama sociología industrial, se estudiaron sistemáticamente por primera vez a fines de los años treinta en las fábricas de la Western Electric de Chicago. El objetivo inicial de esos estudios, realizados por un investigador de Harvard, Elton Mayo, era explicar las variables que incidían en el rendimiento de las obreras. Recordemos que en esa época estaba en su apogeo la llamada "organización científica del trabajo", es decir el taylorismo, que planteaba que tanto los conflictos entre obreros y patrones como los problemas de la baja de la productividad y del rendimiento se podían resolver racionalmente con una buena organización, es decir, estableciendo los tiempos y los modos operatorios normativos (de ahí viene la costumbre de cronometrar el trabajo de los obreros). Mayo comprobó que el taylorismo no funcionaba porque no tomaba en cuenta la condición de las obreras en tanto personas con sentimientos, con relaciones sociales entre sí, etc. Así nació entonces la nueva especialidad: sociología de la industria, y luego la llamada sociología de las organizaciones.

Otra gran área de investigación, la psicología social o sociología del comportamiento, también se desarrolló en Estados Unidos en condiciones históricas muy precisas: el estudio del comportamiento de los soldados en la época de la segunda guerra mundial.

Yo creo que estos dos ejemplos ilustran mi afirmación inicial, en el sentido de que no es por azar que se ha desarrollado un cierto tipo de sociología. Es decir, que también la sociología es histórica.

-¿Cómo refieres esas reflexiones al caso de América Latina? ¿Se puede hablar de una sociología latinoamericana, o no somos sino el reflejo de lo que ocurre en otras partes?

-Es difícil hacer una historia de la sociología en Latinoamérica.

En parte porque esta disciplina, como muchas otras, está marcada por ese complejo de la dependencia, de considerar que todo lo que se hace en nuestros países no tiene valor y el resultado es que se adoptan las teorías y los métodos elaborados en otras sociedades para analizar las nuestras. También es difícil trazar una trayectoria porque se trata de una historia muy reciente. En términos generales, yo pienso que en la historia del pensamiento social latinoamericano uno encuentra figuras importantes en la literatura, en el pensamiento político, en el periodismo, que en realidad desarrollan un pensamiento sociológico. En los escritos de Simón Bolívar hay sociología, en el Martín Fierro hay sociología, en Neruda...

El desarrollo de la sociología latinoamericana, entendida en términos institucionales, su creación como cátedra universitaria y como actividad de investigación científica, yo lo situaría en la época de la crisis del modelo de industrialización tradicional y que se formulaba en términos de una crisis de dependencia. No se trata todavía del desarrollo de un pensamiento original o típico latinoamericano, sino más bien de un cuestionamiento intenso sobre las características de las sociedades latinoamericanas.

En Chile la sociología se desarrolla a finales de los años cincuenta en la medida en que se crean las primeras escuelas de sociología. Pero no hay que olvidar que la influencia del pensamiento extranjero es la característica dominante. Los programas docentes que se utilizaban en la Universidad Católica, por ejemplo, estaban impregnados por la influencia de la doctrina del humanismo cristiano y en particular por la influencia de jesuitas como el belga Roger Vekemans. Esta influencia comienza a atenuarse hacia 1965, época en que comienzan a regresar las primeras promociones de sociólogos becados en Estados Unidos. Estos nuevos profesores introducen la sociología empírica americana. Tampoco esto ocurre por azar. Tú recordarás que durante los años sesenta las fundaciones americanas como la Ford y la Rockefeller desarrollan una política en América Latina, en Asia y en África orientada a un mayor conocimiento de los procesos sociales en las sociedades subdesarrolladas y a proyectar una imagen filantrópica o benefactora de la sociedad americana. En los consejos de administración de estas fundaciones figuraban prominentes políticos y hombres de negocios como Deán Rusk, McNamara, Rockefeller. ¿Curioso, no? Sobre todo si lo relacionamos con un hecho ocurrido poco antes, la Revolución Cubana.

Pero no todo era, por supuesto, influencia norteamericana. La creación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en cuyos orígenes encontramos a un grupo de sociólogos franceses, es reveladora de la reorientación de la sociología hacia los problemas latinoamericanos. Ahora bien; esta preocupación por caracterizar las formaciones sociales latinoamericanas, que se desarrolla en la década del sesenta, coincide con la búsqueda de nuevos modelos de desarrollo económico. Este es un fenómeno que a mi juicio se refleja en todas las ciencias sociales, y que hace evidente la necesidad de trabajos interdisciplinarios. Del interés por los problemas del desarrollo, incentivado por la actividad de la CEPAL en Santiago, se pasa a un interés ya no sólo académico sino también político...

-¿Interés político en qué sentido?

-Me refiero a la crisis que se produce durante los años sesenta entre un tipo de industrialización capitalista dependiente y el proceso de democratización; es decir, a la incapacidad del régimen político vigente para responder a las demandas de sectores de la población que habían sido excluidos de la vida política. La intensificación de los movimientos sociales, sector popular urbano y campesinado fundamentalmente, exigía no sólo su incorporación política al proceso democrático, sino un cambio radical en el esquema de desarrollo económico, de manera de poder responder a sus reivindicaciones económicas. Estamos ya en la época del período democratacristiano, que se caracteriza a mi juicio por una búsqueda de modelos alternativos de desarrollo. Es justamente durante ese período que se comienzan a dar las condiciones institucionales para un trabajo de sociología empírica. Las características del modelo político que se propone implementar el gobierno DC explican la necesidad creciente de información empírica sobre ciertas categorías sociales como el campesinado y las clases medias, por estudiar las condiciones de implementación de nuevas estructuras como la Reforma Agraria o iniciativas como la llamada Participación Popular... Las necesidades políticas de la época condujeron entonces al desarrollo de la sociología rural y de la sociología urbana.

Este auge de la investigación no es algo que se realice, entonces, en forma aislada de los procesos sociales y de las luchas políticas de la época. Ya a fines de la década del sesenta, digamos en los tres años previos a la elección de 1970, la sociología comienza a salir de las aulas académicas, de los centros de estudios, e irrumpe frontalmente en el debate nacional.

Esta tendencia a superar la ruptura entre teoría y práctica social que he esbozado rápidamente, se acentúa durante el gobierno de la Unidad Popular, período en el cual los sociólogos (profesores, investigadores), se incorporan a la práctica política propiamente tal. Por supuesto que esto no se limita a los militantes de los partidos de la Unidad Popular. Es en esta época que debutan públicamente sociólogos como Claudio Orrego, de la democracia cristiana. No se trata sin embargo de debates teóricos, puesto que las actividades "en el terreno" se desarrollan mucho en estos años. Los sociólogos trabajan con los economistas, con los dirigentes sindicales, con los agrónomos, con los educadores en los problemas de la Reforma Educacional, de la Reforma Universitaria, de la Reforma Agraria, en Capacitación Campesina, etc. Y esto se hace no como un trabajo empírico aislado, sino que se sistematiza a partir de la caracterización global del proyecto político, o si ustedes quieren, del nuevo modelo de desarrollo.

-¿Pero esa incorporación de los sociólogos a la práctica política, no acarreaba el riesgo de levantar una contradicción entre orientación profesional y prioridades políticas?

-Contradicción, no, puesto que al fin y al cabo se trata de una ciencia social en la cual están siempre presentes las opciones políticas e ideológicas del profesional. Por el contrario, creo que más que una oposición entre orientación técnica y orientación política lo que se produjo fue que el clima de confrontación, de debate público abierto y sin precedentes sobre las grandes opciones del desarrollo favorecieron el desarrollo de una teoría, de un pensamiento sociológico propio. Estoy pensando en los trabajos que se hicieron en torno al carácter de la transición al socialismo. Yo encuentro que es muy significativo que se haya creado en esa época el Centro de Estudios de la Realidad Nacional, y que la revista del CEREN fuera una revista fundamentalmente teórica en la cual se reflexionaba, por primera vez en forma sistemática, sobre la realidad chilena. Otro hecho importante fue la revista Chile-Hoy, que ofrecía una tribuna para los debates sobre este tema.

Esta preocupación por las características del "modelo chileno", se desarrolló también en el extranjero. Como ustedes saben, en los países europeos se siguió de cerca todo lo que iba ocurriendo en Chile y con un gran interés. En Estados Unidos también existía, por razones diferentes, una gran preocupación en las esferas del gobierno norteamericano, donde se simulaban situaciones hipotéticas para poder prefigurar el grado de estabilidad del régimen de la Unidad Popular.

-¿Cuál es el estado actual de la sociología en Chile? ¿Cómo son las condiciones de trabajo de los sociólogos en este momento?

-Como se sabe, la intervención de las Universidades por el régimen militar comenzó con una primera fase de "caza de brujas", cuyo objeto fue expulsar de sus cátedras a todos los profesores de izquierda. En Sociología no sólo se expulsó a los profesores de izquierda, sino que se suprimió la carrera y se eliminó la sociología de los programas docentes. Pero algo quedó, por lo que yo te decía al principio, que no hay una sociología sino varias escuelas y tradiciones. Se mantuvieron algunos centros de estudio, aunque se les redujo al mínimo el presupuesto. También hay uno que otro sociólogo trabajando en la administración pública por una razón muy simple, porque si bien se puede encontrar gente para que recoja datos y pase encuestas, esos datos requieren luego alguien que los interprete. El mismo Pinochet tuvo que recurrir a una encuesta Gallup en enero de 1977, en su afán de demostrar la popularidad con que contaba.

La profesión en Chile por supuesto que está reducida a su expresión mínima, a lo que es más recuperable. La demanda institucional es nula debido a que la Junta Militar no se interesa en lo "social" sino que su acción ha estado concentrada en asegurar las condiciones para la realización del modelo de libre mercado. Estas condiciones se aseguran con la coerción, con la fuerza, aunque en los dos últimos años esos métodos ya no les rinden como antes.

La Junta Militar es responsable de una ruptura brutal en la trayectoria de la sociedad chilena, los hechos que se han producido durante estos seis años no pueden ser analizados como intervenciones aisladas de un gobierno autoritario. La Junta Militar crea por la fuerza una situación de cambio en todas las esferas de la vida social, económica y política. Como decía al principio, es en estas situaciones de ruptura, de crisis, cuando aparece en forma más evidente la necesidad de una reflexión, de un análisis sociológico.

-¿Qué tipo de estudios crees tú que son hoy los más necesarios? ¿Qué temas habría que investigar para analizar las consecuencias del quiebre violento que representa el período de la Junta Militar en la historia de la sociedad chilena?

-Antes de responder yo quisiera señalar que no todo está por hacer, puesto que hay temas que están siendo trabajados, ya sea en forma privada o bien en centros de estudio de organismos internacionales. ¿Cuáles son algunos de los temas que se abordan? Temas como la extrema pobreza, el empleo femenino, el problema del subempleo y lo que se llama en forma global el "sector informal" de la economía, término que ha venido a reemplazar lo que hace diez años se llamaba "sectores marginales". Hay, por supuesto, muchas otras áreas de investigación, desde los problemas de salud mental hasta el de los araucanos... En fin, sería largo enumerar...

Con respecto a cuáles son los temas que me parece necesario abordar, diré más bien cuáles son las preguntas que yo me hago. Una de las cosas que más me preocupa son los cambios que se han operado en la estructura social, en la estructura de clases, a raíz de los cambios introducidos en las relaciones sociales de producción. ¿A qué me refiero? Fundamentalmente, a las consecuencias de lo que se ha llamado "el costo social" del modelo de la economía de mercado, que consiste en expulsar a grandes masas de la población hacia la periferia de la economía y de la sociedad. Me refiero al crecimiento del subproletariado urbano pero también rural, que está compuesto por un gran número de cesantes, de personas que tienen un empleo precario o inestable, que tienen que realizar varios trabajos al mismo tiempo; a los que viven de un artesanado o comercio de subsistencia. Esta población, que también puede provenir de sectores medios empobrecidos, no tiene los mismos lazos con la economía y con la vida social que caracterizan al proletariado industrial. Es una población que no tiene vinculaciones estables con el mundo del trabajo y, por lo tanto, con las organizaciones de la clase obrera. O dicho de otra manera, tiene vinculaciones que se establecen sobre otras bases, como son las organizaciones y las actividades de la población, del barrio.

Otro campo de preocupaciones son el nuevo tipo de relaciones laborales que se quiere establecer en las empresas. El Plan Laboral fija un procedimiento para las negociaciones, que da todas las garantías al empleador, pues despoja a los trabajadores de los medios de presión y de organización con que cuentan en la mayoría de los países. Asimismo, cambia radicalmente el rol del Estado en las negociaciones colectivas.

Pero la estructura social también ha cambiado "por arriba". Ha habido sectores de la burguesía industrial monopólica que se han consolidado debido a sus vínculos con el capital financiero, hay sectores de la burguesía industrial sin embargo que se van quedando por el camino. Lo mismo ocurre con la pequeña y mediana industria y el comercio. El caso más ilustrativo es el de los camioneros, que están hoy, por cierto, en una posición distinta a la que tuvieron durante los años 1972 y 1973.

Yo me pregunto además cuáles son las repercusiones de la polarización de la estructura social sobre la posición que históricamente han tenido los sectores medios. ¿Qué fue de ese sector de la función pública que se vio "pauperizado" de la noche a la mañana, que perdió las ventajas que había conquistado en previsión, salud, nivel educacional para sus hijos, etc.? Otro tema que es necesario analizar es el de la incorporación de los militares a la vida política, social y económica, que ocupan cargos públicos, dirigen empresas, etc., desplazando a otros sectores. Esto introduce una ruptura en las tradiciones de carrera, de promoción por antigüedad, de criterios de contratación en base a la formación o a la capacidad, es decir, una ruptura en lo que eran las normas sociales aceptadas. ¿Cuáles son las nuevas normas que se introducen? Por ejemplo, hoy día para entrar a trabajar a un banco hay que tener un título universitario, para conseguirse un trabajo como guardián es recomendable haber pasado por las Fuerzas Armadas..., etc.

En general, me parece que los primeros años de gobierno coercitivo de la Junta Militar produjeron una suerte de desagregación de la sociedad chilena, de ruptura de los mecanismos tradicionales de participación y de representación. Los grupos o personas que habían conquistado una cierta legitimidad no podían hacer uso de ella sin la venia de las autoridades, no podían organizar ni informar a la población. Una de las pocas instituciones que escapó a esta desagregación fue la Iglesia Católica. Afortunadamente, este período no dura mucho tiempo y la presión que ha venido ejerciendo en forma creciente la oposición al régimen de Pinochet lo ha obligado a buscar otras formas de ejercer el poder. Mientras se conquistan nuevos márgenes de tolerancia, se van desarrollando lentamente nuevas formas de acción social organizada, nuevas formas de generar consenso.

Otra área de análisis es lo que ocurre a nivel de la cultura, en el sentido más amplio; la crisis de los valores y los nuevos valores que se trata de introducir. Los últimos quince años, previos al gobierno de la Junta Militar, fueron años de recuperación de la identidad cultural, proceso largo y lento en el caso de una formación social dependiente. De la misma manera que se luchaba por una autonomía en lo económico y en lo político, se comenzaba a valorar la producción nacional: tanto la producción industrial como la producción artística, literaria, musical, etc. Se valoraban incluso los productos de la industria nacional, de fabricación chilena, por sobre los importados. Ahora estamos en la situación contraria, en la cual la economía se abre totalmente al exterior, y se elimina casi gran parte de la producción nacional. El hecho de que en Santiago se encuentren productos de todas partes del mundo se considera un gran mérito: no se piensa que esos artículos que se importan de Taiwán o de Hong-Kong le están quitando fuentes de trabajo a un gran número de chilenos. Más aún, lo que se valora no es la calidad sino el hecho de comprar mucho, es decir, lo que se llama el "consumismo". Esto es lo que se ve, pero hay procesos ideológicos más difíciles de percibir, como son la introducción de valores individualistas, de competencia y que son valores que tienen una funcionalidad económica clara.

Ahora bien, si en la economía, en el arte, en la ciencia, se niega o se imposibilita la producción nacional, por otro lado se trata de imponer a través de los programas docentes y de los medios de comunicación, una "cultura nacional" basada en valores militares, que pasan a ser los únicos valores nacionales. Hay que definir, entonces, un poco mejor, de qué nacionalismo se está hablando.

Para terminar, diría que me parece necesario estudiar lo que ha ocurrido en las relaciones sociales a raíz de la imposición no sólo de un modelo económico de concurrencia, sino también de ciertas prácticas de gobierno y, lo que no es menos importante, de prácticas ideológicas que conllevan nuevos contenidos. Una primera hipótesis que se puede avanzar es lo que yo llamaría la jerarquización de las relaciones sociales. ¿Cuáles son en este momento las bases de la nueva jerarquía social? El poder y el dinero. El poder de coerción aparece como la base de la autoridad y el dinero como base de prestigio social. La eliminación de todo el funcionamiento democrático, de los mecanismos de participación y de representación social, conduce al desarrollo de una jerarquía social que se basa sólo en el poder represivo y en el poder del dinero.


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