La Economía Chilena


LA ECONOMÍA CHILENA ENTRE EL DESARROLLISMO Y LA ESCUELA DE CHICAGO

Entrevista a Alberto Martínez

-Empecemos, si te parece, por tratar de fijar las etapas fundamentales que ha vivido en Chile el pensamiento económico.

-No me detengo mucho a examinar el pasado, porque es una materia que no conozco suficientemente. A mí me parece que un pensamiento, económico sistemático sólo empezó a desarrollarse en Chile con las primeras generaciones de egresados de la Escuela de Economía de la Universidad de Chile, fundada por los años 39 ó 40. O sea, durante los años del Frente Popular. Claro que antes hubo en el país economistas y hubo, por lo tanto, pensamiento económico, pero, insistimos, no un pensamiento sistemático. La economía, además, no constituía una actividad profesional permanente; estuvo abierta casi exclusivamente a los políticos y a las personas que participaban en las tareas de dirección económica en el gobierno.

La primera base importante, entonces, del desarrollo de un pensamiento económico sistemático es la fundación de la Escuela de Economía. Al mismo tiempo, debe tenerse en cuenta que las primeras promociones empezaron a actuar al término de la Segunda Guerra Mundial, época en que fueron creados un conjunto de organismos internacionales, en particular uno, la CEPAL, Comisión Económica para América Latina, cuyas primeras publicaciones aparecieron justamente a fines de los años 40.

La importancia especial de CEPAL, sobre todo en su primera época, consistió en haber llevado al centro de las preocupaciones del pensamiento económico dominante la especificidad del desarrollo económico de los países latinoamericanos. En esa época, además, logró crear un equipo de trabajo de excepcional calidad, compuesto por investigadores -hoy personalidades conocidas- que tuvieron trayectorias muy diferentes. Se pueden mencionar, entre otros, a Celso Furtado, Juan Noyola (menos conocido pero de mucha importancia; murió al servicio de la Revolución Cubana), Regino Botti, que fue ministro de Economía en Cuba hasta 1964. En ese mismo equipo, aunque es un poco posterior, estuvo Pedro Vuskovic. Otro nombre importante es el de Mayobre, que fue ministro de Economía en Venezuela. Hay otros más que he olvidado. En conjunto, todos ellos constituyeron de hecho un equipo cuyo trabajo fue decisivo para darle un perfil a un pensamiento económico latinoamericano y, por cierto, a un pensamiento económico en Chile. El contenido principal de ese pensamiento -para resumirlo en una frase- fue la idea del desarrollo de un capitalismo nacional. Hay que recordar que este equipo se inspiraba en las tesis de Raúl Prebisch sobre los problemas que creaba el tipo tradicional de división internacional del trabajo y en la necesidad que tenían los países de América Latina de industrializarse. En otras palabras, según Prebisch, el factor decisivo del retraso en los países latinoamericanos era su carácter de países exportadores de productos básicos e importadores de productos manufacturados, hacia y desde los países desarrollados. Esta situación asimétrica, dominada por las economías centrales, implicaba un lento crecimiento del factor más dinámico de los países de América Latina, las exportaciones, y una pérdida de recursos externos por una tendencia persistente al deterioro de los términos de intercambio, encarecimiento relativo de las importaciones con respecto a las exportaciones. La dirección fundamental de la solución del problema debía ser, en consecuencia, el desarrollo de una industrialización propia basada en la sustitución progresiva de importaciones mediante la protección del mercado interno, en una política de fomento deliberada, y en el aprovechamiento de los capitales extranjeros. De este conjunto de proposiciones, la idea matriz y generalmente aceptada era la de la industrialización, que para todo ese grupo -aunque se discrepara en otros aspectos, por ejemplo, sobre el rol de los capitales extranjeros- constituía el vehículo privilegiado de la transformación de nuestros países y de su desarrollo hacia un capitalismo maduro, acercándose en alguna medida al capitalismo de los países avanzados. Esta industrialización debía permitir el desarrollo de nuevas ramas, aumentar la ocupación a niveles de productividad considerablemente más elevados que los de las actividades tradicionales, artesanales o agrarias, mejorar la distribución del ingreso, y a la larga modificar el patrón del comercio internacional y, con ello, los efectos regresivos existentes. Se podría decir que ésta es la base común de todos los desarrollismos, cualquiera que sea su matiz político.

Naturalmente, todas estas ideas se insertaban dentro del pensamiento económico dominante, donde prevalecían las formulaciones convencionales de la economía, particularmente las posiciones keynesianas.

-¿Quién fue keynesiano en esa época?

- No puedo decirte de alguien en particular que fuera keynesiano. El pensamiento de la mayoría de los economistas estaba inspirado por el sistema de pensamiento keynesiano, vale decir, considerar que el mercado de por sí es incapaz de asegurar en forma estable una situación de pleno empleo de los recursos; que por ello la política económica del Estado debe jugar un rol eminente en empujar la economía hacia esa posición a través de sus diferentes instrumentos, especialmente a través del manejo del presupuesto fiscal. De ahí provenía la idea -que no podría decirse que sea estrictamente keynesiana, aunque sí puede considerarse como una derivación- que esta industrialización no podía hacerse en forma autónoma, sino que el Estado tema que jugar un papel fundamental.

En eso del papel del Estado era evidente la influencia nacida de la existencia de la Unión Soviética. La planificación en ese país pesaba considerablemente en la concepción de los instrumentos que debían utilizarse para desarrollar el capitalismo en nuestros países.

En este contexto, debe señalarse como un sistema de pensamiento diferente -que tiene que ver, en particular, con el marxismo- el conjunto de formulaciones de los partidos de izquierda -socialistas y comunistas- que incluían en sus programas, antes de 1940 y con posterioridad, una serie de ideas económicas vinculadas al socialismo, con diferentes grados de desarrollo conceptual y de profundización de la realidad económica, pero que constituían de hecho una visión crítica de lo que podríamos llamar pensamiento oficial. En lo esencial, esta crítica estaba dirigida a poner de relieve el papel dominante y retardatario del imperialismo y de la oligarquía terrateniente, semifeudal, como se decía en aquella época. Sólo en el marco de la eliminación de esas relaciones -nacionalización y reforma agraria- y en la constitución de una nueva alianza de clases encabezada por el proletariado, era posible que se llevara a cabo una verdadera industrialización.

Este pensamiento vinculado al socialismo, es decir, al marxismo, tuvo relaciones de alianza y crítica con lo que enuncié precedentemente como el desarrollismo de la CEPAL. La posición de la CEPAL correspondía a una situación histórica precisa: la emergencia, y en varios países la consolidación, de una burguesía con una fuerte base industrial que buscaba ampliar los horizontes de su desarrollo. En esta situación, las posiciones de la clase obrera eran efectivamente de alianza y de crítica con la burguesía desarrollista, en la política práctica, y en el combate de sectores importantes de las burguesías nacionales y de diversos sectores del pueblo por lograr este tipo de transformaciones. Ciertamente la clase obrera se interesaba en este tipo de transformaciones y en la industrialización, pero difería en un punto fundamental: no aceptaba la idea de un desarrollo capitalista concebido sin ruptura con el imperialismo y la oligarquía.

-Este pensamiento crítico de los partidos de izquierda, ¿tuvo de algún modo una expresión institucional como la que tenía el desarrollismo? ¿Se manifestó en la universidad, por ejemplo?

-No, a la universidad no llegó. En ella existía una corriente de pensamiento, mezcla de keynesianismo con las ideas de planificación inspiradas en los éxitos que en ese terreno había tenido la URSS. Pero una actividad académica precisa que tuviera que ver con el marxismo, no existió. Los economistas profesionales en su gran mayoría no eran marxistas. Lo cual no quiere decir que el marxismo no influyera en muchos de sus planteamientos.

-¿Cómo se manifestaba esa influencia? O dicho de otro modo, ¿cuál era el punto de conjunción entre el marxismo y la formación keynesiana?

-Se podría decir que el keynesianismo es, en lo esencial, una teoría sobre el nivel de la actividad económica en el corto plazo, aunque posteriormente se haya desarrollado una teoría del crecimiento a partir de esas ideas. Por su parte, el marxismo se remitía en lo esencial a la crítica de las estructuras socio-económicas vigentes, y ahondó muy poco en los fenómenos del corto plazo y en las formas externas de funcionamiento de estas economías. Así pues, no era muy difícil que se llegara a un cierto maridaje entre la crítica de las estructuras socioeconómicas y un keynesianismo cotidiano. Además, estas posiciones estaban, como dijimos antes, influidas por la realidad social chilena, y algunos de los economistas más sensibles a esta realidad desembocaban inevitablemente en una militancia partidaria de izquierda.

Estos economistas de izquierda -comunistas, socialistas- se empeñaban en repensar esa realidad y en las transformaciones que el país necesitaba, en términos de los conceptos fundamentales del marxismo. En sus discusiones, en su estudio personal y, a veces, en centros de estudio, buscaban, por otra parte, una aproximación crítica al pensamiento económico dominante en la formación universitaria y en los organismos internacionales. Fue un proceso largo, parcial, no suficientemente articulado, en el que las posiciones marxistas sufrían a menudo la influencia de aquellas ideas predominantes.

Es un proceso que se desarrolla durante los años 50, y que se profundiza a partir de 1959.

-Tú tocas con eso, justamente, una cuestión del más alto interés en la historia política y cultural de Chile., porque al mencionar 1959 estás aludiendo a la Revolución Cubana. ¿Qué influencia tuvo ella en ti en cuanto representante del pensamiento económico, qué influencia tuvo en tu generación?

-En esto se juntan dos cosas. Por una parte, el año 58 es el año de la primera gran derrota de Allende (porque el 52 sólo fue el inicio de la unidad de la izquierda). Está entonces esta derrota, el reflujo de la lucha popular que luego se produjo, la depresión en el estado de ánimo de los militantes; y el otro hecho, en cierta medida compensatorio, del acontecimiento fundamental en la historia contemporánea de América Latina, que fue la Revolución Cubana. Ella atrajo, como se sabe (y no aludo sino a ese hecho), a grandes grupos de profesionales de todas las disciplinas, economistas entre ellos, naturalmente. En los primeros cinco o diez años de la Revolución participaron directamente en Cuba un conglomerado muy grande de profesionales. El más grande en relación con cualquier otro grupo latinoamericano.

-¿A quiénes recuerdas entre los economistas?

-El grupo era muy numeroso, pero puedo nombrar entre los que pudieran ser más significativos para nuestra conversación, a Jaime Barrios, economista formado en la Universidad Católica, que derivó, muy temprano, hacia posiciones de izquierda; fue comunista gran parte de su vida, y como tú sabes, fue hecho prisionero y asesinado por la Junta por su calidad de consejero del Presidente Allende durante los años de la Unidad Popular. Menciono también a Rodrigo Cabello, que murió en los años 60 en un accidente aéreo, mientras cumplía una misión del gobierno cubano; era secretario de Carlos Rafael Rodríguez. Hay otros más como Sergio Aranda, Alban Lataste, Carlos Romero, Vladimir Arellano, Germán Aranda y algunos más jóvenes que llegaron a Cuba a lo largo de los años sesenta. Hay que mencionar aparte a Jacques Chonchol, que fue enviado en una misión de la FAO, es decir, no a través de un compromiso con el gobierno cubano sino por cuenta de un organismo internacional. Su participación, sin embargo, fue ejemplar, a pesar de haber tenido algunas discrepancias con aspectos del análisis de los problemas agrícolas de Cuba.

Allá estuvieron también Regino Botti y Juan Noyola, que ya he mencionado, y con ellos vivimos una experiencia fundamental: personas de diferentes horizontes políticos y de formación económica distinta, que se reunían para poner en práctica, por primera vez en América, su anhelo de toda la vida de participar en una transformación económica de acuerdo a los principios del socialismo.

-Ahora bien, hay dos aspectos que sería bueno que nos ilustraras: la significación concreta de todos ustedes en cuanto inserción en la vida misma de trabajo en Cuba, por una parte, y las repercusiones que esa experiencia tuvo en el nivel teórico del pensamiento económico.

Bueno, el problema es bastante complejo, y yo creo que sólo puedo abordar algunos de sus aspectos. En primer lugar, hay un hecho capital ya enunciado al final de la respuesta anterior: la tentativa de aplicación en América Latina, por primera vez, de los principios de construcción del socialismo; en un país de capitalismo dependiente (en la época, por cierto, no utilizábamos ese lenguaje). Una experiencia excepcional, privilegiada desde todos los puntos de vista. Ella enfrentó a los cubanos, y por lo tanto a los chilenos que estaban allá, al problema de encontrar los caminos concretos de la transformación de un capitalismo dependiente, subdesarrollado, de fuerzas productivas por lo tanto relativamente débiles y necesariamente deformadas, con grandes dificultades de dirección, con polarizaciones de progreso y retraso, con todos los rasgos, en fin, propios de una sociedad y una economía que avanzan en la construcción del socialismo. Y todo esto, además, con las características de gran originalidad que presentaba la Revolución Cubana en relación con las transformaciones socialistas en Europa. El cuadro era, entonces, extraordinariamente novedoso. Aparte de que ya es una gran experiencia el sólo pasar de una actividad centrada en la pura crítica de una sociedad, a otra en que el desafío es la reflexión y la acción en tomo a la transformación real.

-¿Cuál era concretamente tu trabajo?

-Yo trabajaba en la dirección económica, en particular en la Junta Central de Planificación.

Pero vuelvo a lo anterior. Lo importante era entonces la formación de un pensamiento basado en una experiencia en que la crítica se expresa de una manera positiva, puesto que de lo que se trata es de sacar conclusiones positivas para la transformación social. Como diríamos coloquialmente: "Otra cosa es con guitarra."

Ahora bien, ¿a qué conclusiones llegamos al final de este proceso? En primer lugar, que la formación crítica, puramente crítica, aunque ciertamente necesaria, no es suficiente. Por el contrario, es insuficiente desde muchos ángulos. La crítica, en efecto, se desarrolla en niveles de abstracción elevados, mientras que la construcción opera con exigencias de concreción en el pensamiento y en las decisiones. Porque existe justamente ese pequeño problema último: hay que tomar decisiones. Esto se expresa en particular en la planificación, donde no basta decir: vamos a desarrollar la agricultura con una cierta prioridad en relación a la industria, y dentro de ésta vamos a desarrollar tales y tales ramas. La vida cotidiana de la dirección económica comprende problemas de un grado de complejidad y concreción mayores. Hay, por ejemplo, una cantidad determinada de dólares (pocos, dadas las premisas mismas de la situación política y económica), y hay que decidir en qué se gastan. Y no basta decir, "mire, gaste pocos dólares", sin precisar la cantidad. Hay que decir qué cantidad, porque se dispone de una cantidad determinada. Además, esas cantidades de que se dispone hay que precisarlas en relación con lo que se compra, con las líneas de producción a que deben aplicarse. Esto, a su vez, está inmerso en un campo económico, político y social preciso. Este paso del nivel abstracto general, puramente cualitativo, a las decisiones concretas cuantitativas sin perder de vista su alcance económico-social, implica un largo recorrido intelectual y la experiencia de haber tenido que enfrentar tales situaciones.

Fueron los mismos problemas que después revivimos durante los años de la Unidad Popular, a pesar de que en Chile el número de cuadros con experiencia de gobierno y dirección era bastante mayor que en Cuba en los momentos de su triunfo.

Este primer eje, digamos, de la experiencia se tradujo para todos nosotros, creo, en un respeto considerable y en un interés muy grande por el análisis de las formas externas del proceso económico y de los instrumentos de dirección y de planificación de la economía. Lo pongo de relieve, porque en general en la crítica de izquierda este aspecto es subestimado como formación; incluso hay toda una forma peyorativa de referirse a él -sea a su enseñanza o sea a su pensamiento- como "instrumental". Me parece que en el fondo no es más que eludir la exigencia del pensamiento científico de explicar las formas externas del movimiento real. Creo, por lo demás, que en esto todavía estamos muy atrasados, en especial en lo que se refiere a los problemas financieros y monetarios.

Aquél es entonces un primer eje importante. Otro aspecto y posiblemente el de mayor influencia en nuestro pensamiento y posición ulteriores, corresponde a un hecho que no sé si calificar exactamente de experiencia original: la forma en que dentro de la Revolución Cubana se abordaban los problemas de la construcción del socialismo. Es algo que tal vez no fue entonces percibido en toda su importancia porque no tenía que ver con los problemas más candentes que se vivían en América Latina.

La trayectoria política anterior que todo el mundo conoce, el desarrollo y la constitución de un partido comunista después de la derrota de las fuerzas reaccionarias y toma del poder por las fuerzas populares, la unidad de grupos políticos venidos de horizontes muy diferentes (el movimiento 26 de Julio -eje central- dirigido por Fidel y que tenía sus raíces en una pequeña burguesía completamente radicalizada por la lucha armada; el PSP -partido comunista de ese período-, y el movimiento 13 de Marzo, movimiento estudiantil con influencias cristianas apreciables). Todo esto daba a la construcción del socialismo en Cuba durante los años sesenta una originalidad muy especial en cuanto a la búsqueda de nuevas formas de esa construcción, en particular la importancia dada a los estímulos morales, cuestión, como se sabe, ligada a las concepciones del Che sobre el Hombre Nuevo. Ciertamente, con la perspectiva de hoy podemos decir que estas concepciones eran exageradas -y de hecho llevaron a cometer errores en cuanto a la apreciación de la importancia relativa de muchos métodos, todo lo cual hoy ha sido rectificado- pero en la época, al calor de lo que entonces se vivía, eran una fuente de exaltación y fuerza enormes.

-Bien. Retomo los hilos de tu relato. Tú regresas a Chile a fines del año 1968. Fines del gobierno de Frei; ya se preludiaba gran parte de lo que vendría más tarde. Años de la Reforma Universitaria, del acuerdo en la izquierda en torno al programa de la UP. Cuéntanos -siempre en tu calidad de economista- el impacto que significó para ti esta realidad que encontrabas a tu regreso.

-En primer lugar, hay que decir que uno puede percibir más cosas cuando ha estado alejado de una determinada realidad. En 1969 se advertía, a simple vista, un mejoramiento del nivel de vida de determinadas capas sociales. No había por entonces casi un profesional joven que no tuviera al menos una citroneta, cosa que no ocurría diez años antes. Naturalmente, la situación general de bajos salarios y de bajo nivel de vida de la mayoría de la población trabajadora continuaba siendo la característica dominante. Pero yo hablo del nivel de vida de las capas medias, particularmente de los profesionales.

En la Universidad había estallado la Reforma y ya había una cantidad considerable de modificaciones en las estructuras académicas. El proceso político que yo había dejado a fines de 1959, se había profundizado en el sentido de que la reflexión, el pensamiento revolucionario, el pensamiento que tenía como centro la crítica de la sociedad capitalista chilena y la necesidad de transformaciones radicales, se había desembarazado considerablemente de la influencia a que aludimos al principio de esta conversación. Se había adquirido una fisonomía mucho más definida, tanto en el campo estrictamente intelectual como en el campo de los partidos políticos. Esto debe ser interpretado a la luz del desarrollo que habían tenido la clase obrera y el movimiento popular en los años sesenta. Este desarrollo recibió, ciertamente, un impulso importante de las transformaciones realizadas por la Democracia Cristiana. Sin embargo, su carácter limitado frustró una parte importante de las expectativas que había creado. Por otra parte, a pesar de lo limitado de estas acciones, ellas fueron suficientes para producir una grieta profunda en el bloque de dominación existente en Chile. La izquierda, por su lado, logró impulsar de una manera sustancial el movimiento popular. Todo esto, a mi juicio, cristalizó en esa época en la constitución de la Unidad Popular y en su programa, que con todos sus defectos, era considerablemente más desarrollado y avanzado que los programas de las candidaturas de izquierda anteriores.

Por otra parte, proseguía la modernización de la Universidad. Esto significó un incremento del trabajo de investigación en Institutos en torno a diferentes aspectos de la realidad nacional, con lo cual se ampliaban en una medida considerable las líneas de pensamiento sobre los problemas chilenos desarrolladas en los años cincuenta: Entre ellos, los trabajos de Hernán Ramírez, los desarrollos de la CEPAL, los análisis de los partidos de izquierda y de economistas e investigadores como Aníbal Pinto, Jorge Ahumada, Alberto Baltra, José Cademártori, para no nombrar sino a los representantes de las corrientes principales. Un comentario especial merecen los trabajos realizados por Theotonio dos Santos y el equipo de investigadores del CESO en relación con la teoría de la dependencia, así como los aportes de Falleto y Cardoso. No es que esté haciendo un balance, sino que me limito a destacar la significación de todo eso en ese momento preciso. En mi opinión, los trabajos de los últimos mencionados tuvieron el mérito principal -cualesquiera que sean las limitaciones y críticas que se puedan formular- de aproximarse a un análisis más profundo de la especificidad de las contradicciones del desarrollo capitalista en los países "subdesarrollados". Con ello se dio un impulso considerable al estudio de estos problemas en el ámbito universitario y académico, desde un punto de vista totalmente diferente al que se había sostenido hasta entonces. Influyó, además, para que las propias organizaciones políticas de izquierda mejoraran sus formulaciones sobre estas materias.

-Tocamos en nuestra conversación un problema que me parece crucial. Tú hablaste al principio de las teorías de Prebisch y de la influencia que tuvieron sus tesis desarrollistas. Enseguida abordaste, a partir de tu propia experiencia vivida en Cuba, una reflexión sobre lo que la Revolución Cubana significó para América Latina. Llegamos ahora a la UP, y creo que cabe la pregunta: ¿Era pasible, desde la perspectiva económica, la vía de superación de la dependencia que se planteaba la UP?, ¿eran viables sus soluciones? Más concreto todavía: Dadas las características de lo que Furtado llama la "división internacional del trabajo" -a la que tú aludiste en alguna parte de nuestra conversación-, ¿podría sostenerse que la salida planteada por la Unidad Popular era fatalmente imposible?

- Creo que hay que aclarar primero que, a diferencia del desarrollismo, que apuntaba a la posibilidad de un desarrollo capitalista próximo al de los países capitalistas avanzados, la Unidad Popular propendía a una transformación radical de la estructura económica y social chilena. A pesar de lo que sostienen algunos, la UP nunca se propuso la continuación de un desarrollo capitalista.

Ahora bien, ¿era viable esa transformación radical sin una toma previa del poder político, como fue el caso de la Revolución Cubana? Yo creo que sí y que no es cierto que estuviéramos condenados irremediablemente al fracaso. Lo que ocurre, eso sí, es que la situación histórica de dependencia, la división internacional del trabajo y la inserción de Chile en ella, la fuerza misma del imperialismo y la correlación de fuerzas internas en Chile, entre otros factores, hacían extraordinariamente difícil la tarea, estrechaban enormemente las posibilidades de éxito. Necesitábamos afinar mucho más el análisis económico y político, ajustarlo más a esa realidad. ¿A qué me refiero? Creo que lo mejor es dar un ejemplo. Recordemos el planteamiento de la UP en torno a la constitución del área de propiedad social. Esta idea, correcta en lo esencial, partía de un análisis en el cual la estructura productiva del sector industrial, era caracterizada por dos polos: por un lado los monopolios y por otro la clase obrera y el pueblo, víctima de la política de esos monopolios. De allí la tesis de la nacionalización de los monopolios, cuestión en la que se operó con bastante coherencia. El problema, sin embargo, es que esa bipolarización tan tajante nos hizo descuidar el análisis y las políticas destinadas a ganar para las transformaciones a los sectores que no correspondían a esos dos polos. Los pequeños y medianos comerciantes, los pequeños y medianos industriales, fueron marginados del proceso de nacionalizaciones y de la estructura de dirección del Área de Propiedad Social, y el resultado fue que esos sectores sintieron el proceso no sólo extraño y ajeno, sino incluso hostil. Nuestra respuesta a los ataques era eminentemente ideológica. Hablábamos del nuevo contenido del Estado y de los problemas y derechos de las capas intermedias. Pero en la práctica no implementamos nada concreto, y nuestra acción en este terreno tan capital fue, insistimos, un hecho particularmente ajeno a esas capas sociales y, más aún, para su representación política.

Este es para mí un ejemplo elocuente que muestra la falta de afinamiento de ciertos análisis. Las premisas eran correctas pero su desarrollo era absolutamente insuficiente.

- Como economista, ¿piensas que efectivamente fueron los problemas económicos -como muchos afirman- los factores determinantes de la caída del régimen popular?

-La cuestión es complicada, por la relación inevitable que hay siempre entre los planos económico y político. Teniendo esto presente, yo quisiera empezar por distinguir en nuestro proceso dos períodos: uno que empieza con la subida al gobierno de la UP y que se prolonga hasta, digamos, más o menos el primer semestre del año 72, y el otro que va desde esos meses hasta septiembre del 73. ¿Por qué esta diferenciación? Todo el mundo está más o menos de acuerdo que la clave, lo medular del proceso es el problema de la correlación de fuerzas políticas, y que ésta, que aparecía con un signo más o menos positivo al momento de la ascensión de Allende al gobierno, se ha deteriorado hacia mediados del 72. Este cambio de signo, este deterioro va acelerándose, como se sabe, hasta el momento mismo del golpe. De allí esta periodización, que tiene su correlato en el terreno económico.

El primer período es de éxitos económicos, aunque contradictorios. El ritmo de inflación disminuye, la producción crece, la desocupación se reduce y todos los indicadores característicos de la coyuntura económica mejoran considerablemente. Entre los factores negativos: un déficit considerable del área de las finanzas públicas. Pero el desequilibrio financiero (que corresponde, al menos en parte, a errores efectivos de dirección) va a traducirse en dificultades económicas sólo hacia el final del período, o incluso en el periodo siguiente, cosa que pongo de relieve para subrayar un hecho un tanto extraño, que consiste en que la degradación de la correlación de fuerzas políticas se produce antes de que algunos graves problemas económicos (como el desabastecimiento generalizado, por ejemplo) se presenten. Más aún, aparecen en un período de mejoramiento general de la coyuntura económica.

A partir de mediados del 72 la situación es diferente. El conjunto de los problemas económicos se degrada sistemáticamente, cosa que a mi juicio se debe, ante todo, a que la correlación de fuerzas que entonces prevalece, es absolutamente insuficiente para controlar el proceso y éste se va realimentando de sus propias dificultades políticas y económicas y va nutriendo, naturalmente, a las fuerzas de los enemigos de las transformaciones.

En resumen, quiero decir que si bien hubo errores económicos, lo esencial parece radicar en los problemas políticos. Los errores económicos principales, en efecto, cobran relieve sobre todo a partir de la forma política que asumen las realizaciones económicas.

- En nuestra conversación, al mostrar la evolución del pensamiento económico de Chile, ha quedado de relieve una actividad, con una producción nada desdeñable. La pregunta que surge entonces casi de inmediato es ¿cómo incidió la, ciencia económica en la actividad de la UP?, ¿cuál fue su presencia en el proceso?

- Bueno, el problema es complicado. Yo sólo quisiera destacar -y en verdad lo estoy haciendo de nuevo- que el desarrollo del pensamiento económico hasta 1970, que es básicamente un desarrollo de la crítica del capitalismo dependiente en Chile y en América Latina, tenía debilidades que sólo advertimos cuando se aplicó a un programa concreto de transformaciones económicas. Su aspecto eminentemente crítico no había sido suficientemente profundizado como para llegar a las conclusiones necesarias para la transformación y desarrollo de nuestra sociedad.

Por cierto que los errores que se cometen en la práctica política y en la práctica económica, no derivan sólo de las insuficiencias de la elaboración teórica. Pero esta falla juega, sin duda, un papel importante en esos errores.

- Son interesantes tus reflexiones en tomo a la relación que se establece -a tu juicio- entre la ciencia económica y sus condiciones de aplicabilidad, según sean los agentes sociales, y según sea la voluntad de éstos para llevar a cabo modelos teóricos preestablecidos. Lo digo pensando, además, en el golpe de estado chileno, y en quienes están detrás de la realización de las teorías de la Escuela de Chicago. ¿Qué puedes decirnos sobre este particular?

- Para meterse en el tema, tal vez valga la pena hablar antes un poco del papel que juegan las ideas del señor Friedmann, no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo, en la discusión económica actual. Para decirlo del modo más simple posible: Friedmann reivindica las propiedades y las bondades del mercado como regulador fundamental de toda la actividad económica. Esto, en el plano teórico, está basado en una crítica de algunos aspectos centrales del keynesianismo y en una revalorización de todo el pensamiento neoclásico elaborado en su forma más terminada a fines del siglo pasado y comienzos de éste. De su concepción del mercado como regulador fundamental del desarrollo y de la dinámica económica, deriva su crítica a la intervención del Estado en la economía, intervención que sólo se estima legítima referida al control de las variables monetarias.

- Hay que decir que estas ideas, que empezaron a ganar audiencia en los medios académicos en la década del sesenta, en los años setenta pasaron a tener una gran influencia en los medios de dirección de la política económica. No sólo en Chile, después del golpe. En muchos otros países; en Francia, por ejemplo.

Ahora bien, las ideas de Friedmann -que podríamos llamar neo-liberalismo- están íntimamente asociadas a otros dos factores esenciales de la vida política y social contemporánea: Uno, son las conclusiones de la Trilateral en tomo a la idea de la democracia fuerte, de la democracia restringida, o sea, el freno, la restricción al movimiento popular; y Dos, el papel cada vez más relevante que juegan en nuestro tiempo las empresas transnacionales.

Casi no necesita explicarse lo bien que le vienen a las multinacionales las tesis sobre supresión de los controles estatales.

La llamada "reconstrucción" o "reestructuración" industrial, que los países capitalistas estiman indispensable para poder enfrentar la crisis económica, se apoya fundamentalmente en estas políticas de liberalización del mercado. De aquí sale la llamada política de "austeridad", que no es otra cosa, como se sabe, que descargar el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y las capas más desfavorecidas. Dentro de este contexto, el problema de la "democracia restringida" no es otra cosa que la postulación de un poder político que permita la puesta en práctica de las ideas anteriores.

Ahora bien, ¿qué significa todo esto para Chile, para los países subdesarrollados en general? En estos últimos, debido a las contradicciones que supone el capitalismo subdesarrollado -particularmente en América Latina, donde sus contradicciones alcanzan una agudeza extrema- la política de liberalización y austeridad exige que las formas propiamente políticas vayan mucho más lejos. Dicho de otro modo: la "democracia restringida" se convierte en dictadura policial. Esto permite que la liberalización de la economía se plantee de modo que los mecanismos de mercado, tanto internamente como en el ámbito internacional, jueguen su papel con entera prescindencia de lo que eufemísticamente se llama hoy, en Chile, el "costo social" de la política de la Junta.

Hay que decir, eso sí, que no todas las formas de liberalización y no todas las formas de dictadura se dan, en América Latina, con características idénticas. Es pertinente, por ejemplo, oponer la situación de Chile y la de Brasil. En ambos países se produjo una crisis de lo que se llamó proceso de industrialización por "sustitución de importaciones", que no es otra cosa que la forma que adquirió la política desarrollista de que ya hablamos. En Brasil, el proceso de sustitución de importaciones. había alcanzado un grado de profundidad mayor y más complejo que en Chile; el golpe -año 1964- se daba, por una parte, en una época de expansión todavía sostenida del capitalismo mundial y, por otra, en condiciones políticas diferentes. No quiero entrar en detalles, sino sólo señalar que en Brasil la liberalización no ha tomado las formas extremas que ha tenido en Chile. Las multinacionales parecen interesadas en desarrollar allí, junto con el aparato del Estado, el inmenso mercado interno que hoy día significa Brasil. El Producto Interno Bruto brasileño alcanza a unos 180 mil millones de dólares, lo cual sitúa al país entre los diez primeros del mundo por la dimensión absoluta de su economía. En Chile, en cambio, que es apenas un país mediano, más bien pequeño, con una economía no muy desarrollada, la política se aplica en forma integral, lo que se traduce en lo que todo el mundo más o menos conoce: liberalización interna del sistema de precios, de los controles del sistema estatal, reducción del aparato del Estado (por la vía de la venta, de la cesión o incluso el regalo de empresas); liberalización completa del comercio exterior y en particular la eliminación de las barreras aduaneras. Una política de "austeridad" a una escala grotesca, y un "costo social" tan elevado, que sólo pueden imaginarse dentro del marco de una extrema dictadura.

Y, en fin, para terminar de responder tu pregunta. Detrás de la política de la Junta aparecen agentes sociales muy específicos: grupos de la oligarquía financiera articulados con el capital financiero internacional. (Hablo de oligarquía financiera en su sentido de vinculación y fusión del capital bancario y de otros organismos financieros propiamente dichos, con el capital industrial, comercial y de otras actividades). Grupos que, por cierto, no son exactamente los mismos que al principio de los años 70 enfrentaban a la UP. Los de hoy son el producto de un reacondicionamiento interno en función de las exigencias de la liberalización; es decir, algunos de los antiguos permanecen; otros, para subsistir, han debido modificarse completamente, y otros simplemente han desaparecido.

A las dos grandes fuerzas económico-sociales que se expresan directamente en la dictadura -las empresas multinacionales y los grupos financieros del capitalismo mundial- se unen otras, aunque sus intereses no estén directamente representados en la política de la Junta, y aunque a veces sean contradictorios con ella en lo inmediato. Su delimitación con las primeras es ciertamente difícil, son muy diferentes los planos, muy distintos los grados en que ellas se vinculan. Me parece que al calor de las actividades tanto productivas como financieras y comerciales que se llevan a cabo en Chile, algunos de los sectores de lo que se llama la burguesía no monopólica se han reubicado en el sistema y otros esperan poder hacerlo. Estos grupos burgueses que no corresponden estrictamente a los grupos oligárquicos, presentan un abanico de posiciones bastante amplio, bastante complejo y matizado, difíciles de precisar sin un conocimiento muy pormenorizado de la realidad.

-Dentro de tu exposición ha surgido en repetidas oportunidades el término desarrollismo. Tú has explicado el papel jugado por esta posición en determinados períodos de la evolución del pensamiento económico en Chile. La pregunta que surge es la siguiente: frente a la situación nueva que vive el país ¿puede considerarse el desarrollismo como una posición definitivamente superada?

-El desarrollismo y su comparación con la situación actual plantea varias dificultades. Como todos los conceptos, éste tampoco ha permanecido inmutable. Con el tiempo los contenidos se van haciendo diferentes. Desde luego, hay una gran variedad de matices del desarrollismo -más a la izquierda o más a la derecha- que corresponden a las diferentes capas sociales, y la evolución del concepto está inevitablemente relacionada con la evolución de la capa social que lo sostiene.

Yo quiero referirme al desarrollismo tal como me parece que ha sido entendido y aplicado por las fuerzas sociales dominantes.

El contenido común a las diferentes variantes del concepto consiste, a mi juicio -por lo menos en lo esencial, como dije al comienzo-, en la idea de que en los llamados países semiindustrializados de América Latina, un conjunto de fuerzas sociales encabezadas por la burguesía urbano-industrial tenían la posibilidad de llevar a cabo determinadas políticas capaces de modificar o de crear estructuras económicas capitalistas. Estructuras más y más complejas, hasta llegar a una situación de desarrollo autosostenido que les permitiera acercarse o asemejarse a las economías de los países capitalistas desarrollados.

Este contenido sufrió varias modificaciones, una de las cuales me parece muy importante. Podríamos afirmar que el desarrollismo envolvía, en sus inicios, una cierta idea de desarrollo nacional y de independencia relativa de alguna importancia. Aún si esta noción no era igualmente clara para todos sus partidarios, lo cierto es que existía en una buena medida. Ahora bien, en el período 1955-1960 se advierte en los países semiindustrializados de América Latina una política destinada a crear un sistema institucional atractivo para las inversiones extranjeras, y que nace de la constatación de que las inversiones estatales y privadas internas en la industria no son suficientes para darle el impulso deseado al desarrollo capitalista. De lo que se trata entonces es de atraer el capital de las empresas multinacionales, en un momento en que, en el mundo, se asiste a un auge extraordinario de la internacionalización del capital en los países capitalistas desarrollados, particularmente en el sector de la industria. Se produce entonces una suerte de coincidencia entre los intereses de las multinacionales con los intereses de una serie de sectores desarrollistas y de allí nacen esas políticas destinadas a atraer los capitales extranjeros. Sin embargo, hay un aspecto muy importante y es que, en alguna medida, la situación que se procura crear limita parcialmente y trata de orientar las inversiones en ciertas direcciones que interesan a los capitales locales. Es cierto que esta vía no prospera, porque las multinacionales se proponen otra cosa, pero no se puede dejar de constatar la existencia de aquellas intenciones. Aún más importante tal vez que ese intento de administrar, por así decirlo, el flujo de las inversiones extranjeras, es la idea de incorporarlas sin modificar la estructura existente anteriormente. Vale decir, sin alterar la estructura industrial, ni lo esencial de las políticas que lo sostenían, tales como la protección del mercado interno, el estímulo al desarrollo de nuevas ramas, un importante rol del Estado, etc.

En Chile esta política se empieza a aplicar al filo del 60, bajo el gobierno de Alessandri, y se va profundizando conforme avanza la década. En este período es cuando se advierte cómo va cambiando el concepto de desarrollismo. Los capitales extranjeros -a los que en la etapa inicial se les atribuía un papel que podríamos llamar "subsidiario"- deben pasar a un plano de primera importancia en el proceso de acumulación capitalista interno. A esta modificación sustancial hay que agregar otro aspecto: La modernización de las estructuras capitalistas en el campo, fruto de la influencia de la Revolución Cubana y de un cambio importante de la posición norteamericana en esta materia.

Ahora bien, se sabe que con esta incorporación de capitales de las multinacionales, no se resuelven, ni mucho menos, las contradicciones y los problemas a los que se ha visto abocado el desarrollo del capitalismo dependiente en los países semiindustrializados de América Latina, en particular en Chile. Por el contrario, agudiza estas contradicciones y las profundiza: se concentra el ingreso, crece la cesantía, se polariza la riqueza. En Chile, en particular, se estancan la tasa de acumulación y el ritmo de crecimiento, tanto en términos cuantitativos como en la calidad de la estructura económica que se quiere establecer. Paralelamente, las fuerzas sociales que se han ido desarrollando durante este período adquieren un peso social y político cada vez mayor, culminando en 1970 con el triunfo de la Unidad Popular.

Después del golpe, el desarrollismo ha perdido en Chile todo significado real. No es que el concepto haya evolucionado, simplemente ha caído en un abandono total. Lo que han cambiado son las ideas sobre el papel de las multinacionales, del capital extranjero. En su incorporación al país no se contempla la menor restricción, no se pretende ningún tipo de orientación, no hay límites a su acción. Estos capitales tienen una garantía clave -aparte de la que representa la sola existencia de la Junta- que es su igualdad de trato, más bien su privilegio con respecto al capital nacional. Por otra parte, ni siquiera se pretende, como es bien sabido, mantener las estructuras anteriores al año 70. Pretenden modificarlas y modificarlas drásticamente por la vía de la liberalización del mercado.

Por último, aquella idea esencial del desarrollismo, según la cual la burguesía interna puede jugar un rol importante en la ampliación de las relaciones capitalistas y de las fuerzas productivas que las sostienen. Esta idea es reemplazada por la noción de que en nuestro país la única manera de continuar desarrollando las relaciones capitalistas -base, naturalmente, de todo el asunto- es que la economía del país se abra al conjunto de las relaciones económicas internacionales y que sean el mercado mundial más la acción de las multinacionales y de todos los demás agentes internacionales, las fuerzas que tomen a su cargo el desarrollo de las relaciones capitalistas en Chile.

En la nueva situación, por lo tanto, creo que la idea del desarrollismo ha perdido toda su vigencia en los sectores dominantes y también en una parte importante de otros sectores de la burguesía.

-En estas nuevas condiciones que tú nos describes, ¿cuáles pueden ser, según tu opinión, las tareas de la ciencia económica?

-Ciertamente, el objetivo último de toda la actividad científica en esta etapa que vive nuestro país es contribuir a la derrota de la dictadura y al establecimiento y el desarrollo de una nueva democracia en Chile. Pero, claro, se trata de ir más allá de la simple formulación de esta frase, y en este sentido yo creo que en el campo de las ciencias sociales hay que actuar en dos direcciones principales. La primera es el análisis de las modificaciones que ha sufrido la estructura económico-social; la dinámica, en cualquier sentido que esto sea, que en el país se ha ido estableciendo con la implantación de las medidas de la Junta. Todo esto, para tratar de comprender cuáles son las contradicciones fundamentales, cuáles son los conflictos, y establecer, en síntesis -y esta es la segunda cuestión-, cuáles son las fuerzas sociales que deben en un cierto plazo crear la correlación de fuerzas que permita derrotar al fascismo y establecer una nueva democracia en Chile. Teniendo clara esta dirección en el análisis, yo creo que, en primer lugar, es necesario tener en cuenta que en Chile el mundo no dejó de girar con el golpe, la realidad no se detuvo sino que siguió modificándose, en un sentido por cierto desfavorable para la inmensa mayoría del país, pero modificándose. Lo que ha vivido y vive Chile es una crisis, pero no debe confundirse crisis con impasse, con camino cerrado, con bloqueo. En nuestro país lo que se produce, me parece a mí, es un proceso de modificación sustancial de las estructuras económicas, sociales y políticas, con lo que se crean nuevos problemas, se profundiza mucho más una serie de contradicciones ya existentes y muchas de ellas se manifiestan en una forma diferente.

En mi opinión, hay cuestiones que debieran estar en el centro de interés de los investigadores sociales y económicos. Creo, por ejemplo, que hay que investigar cuál es la dirección en que se han ido reestructurando y modificando las ramas industriales en el país. A la luz de los cuadros estadísticos, unas ramas crecen, otras se estancan, otras decrecen y aún, algunas desaparecen. La actividad industrial continúa, en suma, aunque cada vez va cambiando más y más de forma. Porque continúa, a pesar de que con la virtual eliminación de los aranceles aduaneros que la protegían, todos pensábamos que estaba condenada a desaparecer. Pero la industria no ha desaparecido, simplemente se está estructurando de otra manera, inarmónica, deformada, y resulta entonces indispensable saber a qué lógica corresponde esta nueva estructura, cuáles son las tendencias en las principales ramas industriales, qué consecuencias son previsibles, etc.

Hay que reexaminar, por otra parte, el problema de los grupos oligárquicos, por qué se refunden, se recomponen, se reestructuran, cambian de fuerza relativa y de ubicación, cuáles son sus intereses básicos, y cuál es la lógica de su modificación.

Está, en fin, el problema de los capitales extranjeros. Según lo que se conoce hasta este momento, éstos parecen orientarse de preferencia hacia las inversiones en minería, contrariando las expectativas de no pocos personeros de la Junta y de círculos allegados a ella, conforme a las cuales debería producirse un enorme flujo de capitales hacia la industria. Al parecer, a las multinacionales les resultan más interesantes para la inversión en la industria -sobre todo en la producción de bienes manufacturados exportables- países como Taiwán, Corea, Indonesia, "plataformas de exportación" aparentemente más ventajosas, a pesar de las brutales rebajas de salarios practicadas por la Junta.

¿Qué se proponen entonces exactamente los capitales extranjeros en Chile? Aparentemente, crear un modelo que se ha designado como modelo "neoprimario-exportador"; vale decir, un esquema en que el eje dinámico de la economía está constituido por exportaciones de productos básicos, como minerales, madera, productos del mar y otros, pero que hoy tienen un grado de elaboración mayor que en el pasado. El caso más desarrollado es el de la madera y sus derivados, la celulosa y el papel. A éstos se agrega un conjunto de productos de la agroindustria. Como se sabe, en este esquema la industria para el mercado interno juega un papel subsidiario.

En fin, todo esto hay que examinarlo. Hay una nueva realidad, y para poder combatir mejor hay necesidad de estudiarla en profundidad.

-¿Y frente a este modelo existente cuál es, a tu juicio, el modelo de desarrollo alternativo posible?

-Bueno, no es algo que pueda contestarse como cosa personal. La verdad es que en el exterior, y seguramente también en el interior, un conjunto de economistas de la Unidad Popular están empeñados en desarrollar las líneas de una modalidad de desarrollo alternativo para nuestro país. Tal vez valga la pena destacar algunos puntos que, a mi juicio, deben estar presentes en la elaboración y desarrollo de ese esquema.

En primer lugar, hay que decir que es necesario reexaminar el análisis que se hizo del período anterior a 1970 y a las deficiencias que ese análisis mostró durante el gobierno de la UP. Hay que aplicar nuestro juicio crítico al modelo de desarrollo existente entonces, teniendo presente, tanto las transformaciones positivas que produjo (desarrollo de la clase obrera y de un conjunto de instituciones políticas y sociales que correspondían, al menos parcialmente, a los intereses de la mayoría de la sociedad) como el reforzamiento continuo de la polarización de que ya hemos hablado (concentración del poder económico, concentración de la riqueza, debilidad del crecimiento, deformación de la producción, etc.).

Es necesario concebir, en segundo lugar, un proceso de industrialización diferente, independiente y que se encamine efectivamente hacia el grado de autonomía a que un país como el nuestro, por su dimensión y recursos, puede aspirar, y que no puede ser similar al de países-continentes o semicontinentes, como Brasil. Algunos economistas de la UP han considerado que el eje del problema consiste en desarrollar en Chile un núcleo de producción de bienes de capital, de aquellos que son relevantes para el desarrollo y el aprovechamiento de las riquezas del país, es decir, la minería, la madera y sus derivados, la agroindustria y otros. No se trata de revivir la idea del desarrollo de la llamada industria pesada, que normalmente comprende no sólo los bienes de capital sino también una serie de materias primas básicas, el departamento I en términos de Marx. El desarrollo de este núcleo permitiría someter al control nacional una parte significativa de la reproducción ampliada de nuestra economía; la formación de una enorme cantidad de personal calificado en todos los niveles, desde el obrero hasta el técnico superior, dar una base material cada vez más amplia a la investigación técnico-científica, aprovechar internamente una gran parte de los efectos multiplicadores que implica la inversión, y otros efectos de importancia. Por otra parte, ellos no son excesivamente exigentes en inversión directa por hombre ocupado ni en las escalas mínimas de producción.

Un segundo aspecto importante es el de la consolidación y desarrollo de una gran área de producción que esté puesta al servicio de la satisfacción de las necesidades del grueso de los chilenos. Esto quiere decir, en primer término, la satisfacción de las necesidades esenciales: alimentación, vivienda, vestuario, que constituyen la base de las posibilidades de un ascenso cultural en todos los planos de la gran mayoría de la población de nuestro país.

Se plantea, por otra parte, el de la existencia de un sector de exportación importante. Es necesario que esta área crezca a una velocidad que sea coherente con las necesidades del desarrollo interno de este núcleo dinámico de bienes de capital y del desarrollo de las necesidades de la población. Los contornos, la dimensión y la forma de desarrollar este sector son problemas insuficientemente dilucidados.

Un tipo de desarrollo de las fuerzas productivas como el que planteamos, supone una serie de exigencias en un segundo plano: el de las fuerzas sociales que deben llevarlo a cabo. Es necesario evidentemente que el dominio que ejercen las fuerzas sociales hoy día dominantes en Chile sobre el aparato productivo, social y político, debe ser derrotado. Estas fuerzas, en seguida, deben ser despojadas de su poder económico, es decir, hay que eliminar el poder económico de los monopolios, tarea empezada por la UP y brutalmente interrumpida y prácticamente deshecha por la Junta.

Hay otro aspecto que creo necesario mencionar, y es el que se refiere a los sectores sociales que deben coexistir en Chile en la construcción de una nueva democracia. Pienso que todos los sectores existentes, con la sola exclusión de los grupos de la oligarquía financiera. Las formas que adopte la propiedad en Chile deben, entonces, ser extremadamente variadas: desde la empresa estatal más tradicional hasta la propiedad privada, pasando por las formas intermedias de los diferentes tipos de cooperativas, propiedad mixta y de trabajadores. El problema de las relaciones entre estas áreas y el de su reproducción, plantea problemas bastante complejos que sería necesario abordar desde ya. En cualquier caso, parece importante adelantar que un criterio general debería ser el principio de la democratización de la vida económica. Esto es, que ninguna de las formas de propiedad, en particular la estatal, pueda desarrollarse o manejarse, con relación a sus problemas más importantes, al margen de la opinión de los demás sectores sociales de la economía. Esto es especialmente importante para los sujetos afectados directamente por esas decisiones: trabajadores, consumidores, proveedores, agentes financieros, y otros.

Hay finalmente un último plano en el cual la investigación debe ser desarrollada. Me refiero al problema de la constitución de una dirección económica única y la caracterización de los instrumentos de esa dirección, cuestiones en las cuales las ideas son todavía muy incipientes. Todo esto está muy estrechamente vinculado a los papeles y las formas en que deben estar imbricados por una parte el plan y la planificación, y por otra el mercado. Es evidente que entre ellos no puede plantearse una posición metafísica, como se ha pretendido hacer algunas veces. El mercado, en una situación como la que imaginamos, debe jugar un papel, y dentro de éste, sus leyes deben ser respetadas. No se trata, por cierto, de cualquier mercado, puesto que éste no es una entidad unívoca, que funciona siempre o en todos los casos de la misma manera. Por ejemplo, el mercado que ha constituido la Junta -que bajo la apariencia de un liberalismo extremo es dominado por los monopolios internos y extranjeros- es muy diferente del que existió en Chile hasta los años setenta. Es otro mercado. Para ir más lejos: el mercado de los pequeños productores tampoco es el mismo que el mercado capitalista dominado por la ley de la plusvalía. Las condiciones de funcionamiento de un mercado son establecidas por el sistema de fuerzas sociales y políticas que buscan una cierta modalidad de producción y reproducción de la economía. El mercado de que hablamos, por tanto, debe responder a las necesidades que hemos mencionado. Es en ese contexto que sus leyes deben ser respetadas.

Como puede verse, diversos problemas se plantean en la actual coyuntura política a las ciencias sociales en general, y a la economía en particular.

Insisto: en primer lugar, hay que conocer a fondo la realidad que ha impuesto la Junta. En segundo término: hay que elaborar una concepción clara y coherente de lo que debe ser el funcionamiento de la estructura económica-social chilena, cuando emprendamos la tarea de construir una nueva democracia.

Estos problemas suponen ahondar tanto en las cuestiones más inmediatas de nuestra realidad, como en temas aparentemente alejados de ella. Para sólo mencionar algunas: Es necesario profundizar en la teoría marxista del comercio exterior, especialmente en relación con los países subdesarrollados; en la teoría del Estado y de la juricidad en las condiciones democráticas que se busca crear; profundizar, asimismo, en los problemas de la ideología y de la metodología de la investigación científica.

Ciertamente, estas tareas no conciernen sólo a los economistas, afectan al conjunto de las ciencias sociales, cualquiera sea su campo: la filosofía, la sociología, la historia, la psicología. El trabajo de los especialistas en cada una de estas disciplinas es lo que permitirá realmente dilucidar las líneas fundamentales del análisis de la realidad actual y de las formas alternativas de superación que deben ser propuestas frente a ella.

Entrevista realizada por Luis Bocaz


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03