Las Ciencias Sociales


Las Ciencias Sociales

Algunos aspectos de su desarrollo

Después del Capítulo de la Cultura Chilena denominado restrictivamente -y con injusticia ya explicada- La Ciencia, (1) se vislumbraba la necesidad de abordar temas relacionados con el campo y evolución de las ciencias sociales en Chile. La materia ofrece un perfil accidentado habida cuenta de ser uno de los sectores de la producción cultural que más ha sufrido la hostilidad y desmantelamiento de parte de los dirigentes militares del país. Las estadísticas reunidas por organismos competentes demuestran con elocuencia, el abrumador porcentaje de personalidades vinculadas a las ciencias sociales que, después del 11 de septiembre de 1973, han sido acogidas por centros académicos del mundo dada la imposibilidad de ejercer normalmente sus labores en Chile (2). La reciente desaparición del historiador Hernán Ramírez, después de seis años de alejamiento obligado del país, evidenció una vez más la magnitud de la sangría infligida a la producción cultural. Si consideramos que, como en el resto de América Latina, un punto nodal de la política científica reposa en el intento de limitar los efectos del "drenaje de cerebros" hacia los centros de decisión cultural, el porvenir de la infraestructura científica de Chile aparece gravemente comprometido por esta pérdida gigantesca en la dotación de recursos humanos. En un mundo que, con creciente inquietud, busca un equilibrio en el flujo cultural -ciencia, tecnología e información- entre naciones desarrolladas y los países que Sauvy bautizó como del "Tercer Mundo", los observadores comentan con asombro la existencia de este país que practica una transferencia tecnológica de signo inverso al surtir con sus científicos a los países desarrollados.

Y, sin embargo, cuando se conocen las lineas evolutivas de las diversas disciplinas que trazan los científicos congregados en este Capítulo, se explica la furia destructora que devastó a esta área de estudios. Las ciencias sociales en un esfuerzo paciente y tenaz han bosquejado con exactitud el retrato de una formación social dependiente en "el sistema internacional de división del trabajo". Una vez superada la visión eufórica del país, prohijada por la historiografía liberal del siglo XIX, cuyos mitos según Marcello Carmagnani operan en la conciencia nacional hasta nuestros días, la profundización en el análisis de la estructura económica y social acentuó los rasgos menos agraciados y, a menudo, caricaturescos del subdesarrollo. Los años posteriores al 50 fueron particularmente despiadados en el descubrimiento de esta fisonomía. Balmaceda y la contrarrevolución del 91, por ejemplo, no sólo exaltó la figura política del presidente mártir; destruyó también falsos pedestales y anunció cambios imprescindibles en la nomenclatura de muchas calles y avenidas. Pero, sobre todo, en conjunto con otras obras, enseñó a mirar con cabeza fría -condición sine qua non del rigor científico- la mano monstruosa extranjera modelando las zonas más íntimas de la política republicana. Después de estos umbrales, hubo laberintos que conducían a recintos inaccesibles y misteriosos donde el investigador era recibido, pese a su carga documental, con un coro de acusaciones acerca del "perjuicio político" o con el más espeso silencio. Pese a todo, cada año disciplina tras disciplina entregaban su aporte a esta reproducción del vero rostro del país. Así, para el cuadro fiel de la realidad chilena, el investigador no puede prescindir de libros de un economista como La concentración del poder económico (1960), de Ricardo Lagos, o de sociólogos como La estructura social de Chile (1971), de Hernán Godoy (3) . Es posible que los estudios filosóficos en la Universidad hayan esquivado, durante un largo período, la responsabilidad de escudriñar en el desarrollo de un pensamiento chileno y latinoamericano. Hoy es visible, según sugieren las observaciones de Osvaldo Fernández, su reorientación de modo de suministrar marcos de referencia al trabajo pluridisciplinario y explorar la naturaleza y funcionamiento de la ideología en una formación social dependiente.

Más aún, los avances en el conocimiento de la formación económico-social chilena han tenido consecuencias que desbordan los marcos académicos. En los países latinoamericanos la investigación seria sitúa bajo una luz directa y cruda los imperativos del cambio social y las características de las fuerzas que lo obstaculizan o favorecen. Ha sido uno de los aspectos que han contribuido a que las fuerzas políticas que luchan por la superación de las condiciones de dependencia y de subdesarrollo puedan madurar sus conceptos y definir sus opciones con menos riesgos de errores.

Las apreciaciones de los científicos interrogados convergen a un punto común: la evolución de sus disciplinas en la producción cultural chilena ha estado íntimamente asociada a las transformaciones de la estructura social. El ámbito de su temática exigía como condición imprescindible para sus posibilidades de progreso, una libertad académica asentada en el proceso democrático de la sociedad global. En el pasado, la democracia chilena en constante ampliación permitió a la ciencia enriquecerse con nuevos contingentes que se beneficiaban con la expansión del sistema de enseñanza. Pero también es digno de observar que permitió a la producción cultural chilena absorber el valioso aporte de múltiples intelectuales latinoamericanos que encontraron refugio en las instituciones chilenas. Peruanos, en los años 30; brasileños, después del derriba-miento del gobierno de Goulart, ejercieron su notable influencia en la problemática particular de las ciencias sociales. Con la perspectiva del tiempo, resulta innegable que uno de los presagios más lúgubres oscureció el horizonte de la cultura chilena el día en que las autoridades militares, invocando la seguridad del país, presionaron al gobierno de Eduardo Frei para obtener la expulsión de un grupo de profesores universitarios argentinos que habían buscado asilo en Chile. La creación de organismos internacionales dedicados al estudio de las ciencias sociales ┐tuvo importancia para su desarrollo en el país? Alberto Martínez estima que sí y señala el papel importante que habría tenido la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, cuya sede funcionaba en Santiago, y en cuya planta figuraban personalidades de renombre internacional. Los sociólogos agregan la influencia que tuvo la creación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, a través de la cual llegaron a Chile científicos como Georges Friedman y Alain Touraine. En este plano institucional, junto con la aparición de organismos universitarios chilenos, se señala el surgimiento de medios de comunicación como los "Cuadernos de la Realidad Nacional", editados por el CEREN de la Universidad Católica, y la "Revista de la Universidad Técnica del Estado".

La preocupación por los problemas de Latinoamérica reflejada en las instituciones internacionales de ciencias sociales invita a pensar sobre el lugar y la extensión que ocupaban estos temas en los currículos de la vida académica de Chile. Dicho de otro modo, ┐cuánta extensión se asignaba al estudio de la historia, economía, sociología, evolución de las ideas de Latinoamérica en los programas escolares y universitarios? Forzoso es admitir que la porción congrua. Aunque entre los antecedentes lejanos es conocida la vocación americanista de los grandes historiadores del siglo xIX, en la primera mitad del siglo XX la problemática latinoamericana quedó prácticamente reducida a la imagen ofrecida por los estudios acerca de su literatura. De los trabajos reunidos puede deducirse que el momento de inflexión hacia una mayor presencia de los problemas regionales en la vida académica, se produce con posterioridad al triunfo de la Revolución Cubana. Sólo en los años sesenta se comienza a pensar seriamente en la creación de instituciones de rango universitario que convoquen a las diversas ciencias sociales en tomo al estudio de los asuntos regionales, pero aún hoy es decidor que múltiples chilenos reconozcan que el exilio los despertó a una conciencia de Latinoamérica.

Se trataba, entonces, de estimular una reflexión acerca de la temática más general de las ciencias sociales en Chile a través de representantes de algunas de sus disciplinas más notorias. Al igual que en capítulos anteriores, interesaba conocer su reacción frente a tres problemas de historia cultural: la evolución de su disciplina, sus principales temas y su futuro en la producción cultural del país. Es útil advertir que los especialistas invitados aceptaron situar su meditación contra el telón de fondo de las relaciones entre su especialidad y la formación social chilena -"con los pies en la Geografía" dice significativamente uno de ellos-, pero fueron menos flexibles en su adhesión a un cuestionario elaborado desde el exterior de su campo de preocupaciones. Puesto que se corría el riesgo, por esta vía, de oscilar pendularmente hacia una apertura que redundara en el monólogo del especialista consigo mismo, se acogió la idea de una Mesa Redonda. Dos sesiones de ella entregaron una primera aproximación a algunas zonas de contacto. Luego .cada uno de los participantes utilizó la transcripción de sus intervenciones verbales para reelaborar un texto que es el recogido en el presente Capítulo. De allí las características formales dispares que presentan cada uno de ellos.

El artículo de Marcello Carmagnani no atravesó estas mediaciones, y fue escrito directamente ante un único requerimiento por escrito.

En el centro de esta conversación con las Ciencias Sociales hemos querido escuchar a la Economía. ┐Las razones? Son muchas. Todo invitaría a pensar que después de la crisis del 30 sus temas ganan en Chile el privilegio de la institucionalización académica -creación de la Escuela de Economía- y al mismo tiempo invaden muchos rincones de la psicología nacional. Salidos del campo de la economía, los problemas reales del desarrollo de la formación social se entrecruzan, en el campo cultural, con la ideología desarrollista hasta años recientes sin haber llegado al límite de la elucidación. Basta pensar, además, que hay quienes sostienen como causa de la caída del régimen de la U.P. errores esencialmente económicos.

Para incursionar con autoridad en estos interrogantes, Alberto Martínez une a su calidad científica su experiencia de trabajo como economista en los primeros años de la Revolución Cubana. La ancha perspectiva latinoamericana y el paso histórico de la critica a la construcción concreta de una nueva sociedad suministran al ex profesor de Escolatina el marco de referencia para evaluar logros y fracasos del período 1970-73, en Chile, y proponer algunas de las líneas de reflexión más importantes para los momentos actuales.

Dos palabras, para terminar, sobre los antecedentes de cada uno de los participantes.

Martínez tiene título de Ingeniero Civil (1956), pero después de breves años de ejercicio en este campo, se dedicó íntegramente a los problemas económicos. Trabajó varios años en Cuba como Director Nacional de la Coordinación del Plan en la Junta Central de Planificación y como Vice-Ministro de Planificación Global. En el mismo período, fue profesor de "Economía Política del Socialismo en la Universidad de La Habana. De vuelta en Chile fue, en 1969, profesor en la Escuela de Sociología (Sede Oriente) de la Universidad de Chile, y en Escolatina, donde tuvo a su cargo, hasta 1973, el curso sobre Teoría del Valor y los Precios. Durante el gobierno de la UP fue, primero. Director de DIRINCO y luego Responsable de Planificación de la CORFO. En la actualidad es Maître des Conférences Associé en la Universidad de París-IX (Dauphine).

Marcello Carmagnani es en la actualidad Profesor de Historia de América Latina en la Universidad de Tormo (Italia). Es italiano, aunque hizo sus estudios en la Universidad de Chile. Ha publicado numerosas obras; entre ellas: Salario minero en Chile colonial (1690-1800), Santiago, 1963; Desarrollo industrial y subdesarrollo económico. El caso chileno (1860-1920), Turín, 1971; América Latina desde 1880 a nuestros días, Florencia, 1973; Los mecanismos de la vida económica en una sociedad colonial: Chile (1680-1830), París, 1973. Es Director de una Historia de América Latina, cuyo primer volumen se publicó en Roma en 1979.

Osvaldo Fernández es profesor de Filosofía, titulado en la Universidad de Chile de Valparaíso. Fue, allí mismo. Director del Departamento respectivo, en 1971. Ha publicado Teoría de ambigüedad (Santiago, 1965), conjuntamente con Sergio Vuskovic, y una selección de textos de Gramsci: Maquiavelo y Lenin (Santiago, 1971). Es Doctor en Filosofía por la Universidad de París-I (Sorbonne) con la tesis El concepto de ideología en El Capital de Marx. Trabaja como profesor en la Universidad de París-VII (Nanterre).

Cecilia Montero es socióloga, titulada en la Universidad Católica de Chile (1969), en la cual con posterioridad fue profesora de Sociología y Psicología Social (1970-73). En la actualidad trabaja en la Universidad de Paris-VII (Nanterre) donde tiene un curso sobre "Las relaciones de Trabajo en el Tercer Mundo". Es, además, investigadora del Ministerio de Trabajo de Francia. Es autora de numerosos artículos y monografías sobre temas de su especialidad.

Juan Arriet es el seudónimo de un geógrafo chileno que vive y trabaja en la actualidad en Francia.

Luis Bocaz


Notas:

1. Ver Araucaria, núm. 5, 1979, pp. 129-169.

2. Esta situación es hoy más grave aún, debido a los recientes despidos masivos en todas las universidades chilenas (fines de 1979 y comienzos de 1980).

3. Se cita esta obra por sus méritos científicos objetivos, al margen de las discrepancias que tengamos con su autor por las posiciones políticas e ideológicas que él sostiene.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03