Huidobro entre el y nosotros

HUIDOBRO ENTRE EL Y NOSOTROS

Jaime Concha
Literatura Chilena en el Exilio. N 10 abril 1979

Es difícil calibrar el coeficiente nacional de la poesía de Huidobro. Uno tiende inmediatamente a negarlo de plano c incluso a dudar del interés o de la validez del planteamiento. ┐Cómo relacionar, en efecto, a Vicente Huidobro (1893-1948) con Chile, de una manera que no empobrezca su poesía y no someta la significación de su obra a las restricciones de una provincia cultural? Y, sin embargo, un criterio imperioso para valorar una poesía -por lo menos mientras las patrias sigan siendo lo que son, con sus poderes y su impotencia- es el puesto que ella adquiere en un determinado sistema cultural. En este lazo orgánico, substancial, entre la obra creadora y el conjunto cultural al que pertenece. Podemos ampliar la región y no hablar de cultura nacional, sino latinoamericana, pero ello vuelve a exigir la presencia de un territorio, de una sede para el cántico. Todo universalismo es al principio cosa local, pues es siempre de una tierra determinada de donde levanta vuelo el cuerpo, con sus alas a cuesta. Cervantes es, ya lo sabemos, la Mancha y su más allá. Y, sobre todo, los múltiples poetas periféricos, olvidados o desconocidos, patentizan la misma experiencia. ┐Qué decir de Kalidasa, el 'esclavo de Kali', cuyo Sakuntala pudo enamorar a Goethe precisamente por sus colores hindúes y brahmánicos? (1). Es un clásico de otro tiempo, cuyo estudio enseña mucho sobre las funciones de la tradición cultural en una formación social tan diferente a la europea. Y Lucien Blaga, el admirable poeta rumano de este siglo, excluido hasta hace poco de las jerarquías artísticas de Occidente, muestra hasta qué punto los 'acentos rumanos' pueden ser potenciados líricamente y captados también con lucidez intelectual. (2)

En el caso de Huidobro, dos obstáculos se oponen ciertamente a la empresa de definir su sitio nacional. Primero, porque casi siempre se ha visto en él a un representante del costado cosmopolita de nuestra cultura. Es claro que el mismo poeta enfatizó conscientemente este aspecto de su personalidad intelectual, haciéndolo a veces en forma agresiva, no tanto contra la sociedad que le dio origen, sino contra la clase alta que lo parió. Lo demuestran muy bien las cartas a su madre, escritas en su mayor parte desde Paris, por los años 1930 y siguientes. Ellas revelan, a la ve;, a una madre muy posesionada de su rol de ama de clase, aunque lo suficientemente perspicaz para advertir lo que había de frágil en algunas actitudes de su hijo. Es muy curioso que algunas invectivas que se hallan en el poema 'Aquí estoy', de Neruda, guarden a veces similitud literal con vengativos reproches de la madre. Ello habla de lo extendido de una leyenda anti-huidobriana en el primer quinquenio de los 30. (3)

En lo anterior está de por medio la noción utilizada para dar cuenta del aspecto cosmopolita de su obra, la noción de vanguardia. Si bien como categoría histórico-artística, y especialmente para los movimientos estéticos de este siglo, ella conserva una validez firme aunque relativa, es evidente por otro lado que la articulación social del vanguardismo fue peculiar en cada país. El caso del futurismo en la Rusia leninista y en la Italia pre-fascista es el más conocido y dilucidado, por su vínculo con las opciones prácticas de aquellas sociedades (4). En América Latina, con todo, ello no resulta menos verificable. En cuanto a Chile, país que careció a comienzos de siglo de un modernismo propiamente tal, vemos también que su vanguardia confluye muy pronto hacia proyectos específicos correspondientes al momento histórico y a las coyunturas culturales. Es el delta en que desemboca el grupo formado en torno a las revistas Azul y Musa Joven, Progresiva criollización de la poesía de Pablo de Rokha, repliegue intimista de Ángel Cruchaga después de 1920: en estas inflexiones también hay lugar para Huidobro, cuya singularidad tratamos de aprehender. Opciones divergentes, por lo demás, que coexisten en un precursor como Pedro Prado, cuya relación con la vida nacional es muy clara, como lo es también su indudable contribución a la formación de una lírica nueva (5). Diferencias de peso cultural especifico se advierten comparando a Huidobro con Rosamel del Valle, por ejemplo (6). La distancia entre sus dos obras no radica únicamente en sus respectivas objetivaciones (temperamentos poéticos, estilo, temas, líneas estéticas que las influyen), sino en el nexo cultural que ellas establecen, presididas una por la ecuación y otra por el desequilibrio de las fuerzas centrípetas y centrífugas que las habitan. Con la excepción iluminadora de Rosamel del Valle, en todos los demás poetas vanguardistas lo nuevo es herramienta de averiguación de lo propio, excavación de vestigios, aventura de un orden arqueológico. Que Alsino (1920), el campesino jorobado, y que Altazor (1919 -1931), el profeta sin tierra, levanten vuelo al mismo tiempo, resulta más que una sugerente coincidencia en nuestra vida nacional (7).

Sus autores tratarán de integrarse en el curso de la historia -de aterrizar- cuando ésta se haga candente en el país alrededor del año 1925. (8)

Justamente de aquí deriva otra dificultad, pues el arranque y el crecimiento de la producción más importante de Huidobro se llevan a cabo en un período, indeciso primero, y luego turbulento y complejo, en el desarrollo de Chile. Es un lapso que va desde el umbral de la renovación política alessandrista, pasando por dictaduras militares (Carlos Ibáñez: 1927-1932) y por una lucha social todavía inorgánica (fugaz República Socialista, en 1932), hasta el triunfo de las fuerzas de centro - izquierda con el Frente Popular (1938). La muerte de Huidobro ocurre en un año en que reina la represión contra el pueblo de Chile (1948). Lo raro y lo característico de su figura cultural es que parece estar ausente, con su silencio y en su muerte, de las victorias y las tragedias de sus compatriotas. Hay índices sensibles, casi materiales, que ayudan a perfilar este orden de dificultades. A Neruda se lo conoce y se lo recuerda en fotografías precisas, desde ese adolescente de manos interminables hasta aquel rostro impresionante, ya carcomido por el tiempo, que nos mira desde el ataúd, desde el fondo de tinieblas del país. Estas fotos se imponen incluso al contacto personal que con él se pueda haber tenido. Huidobro, en cambio, para quienes nunca le vimos, no coincide con sus fotos, con ésa, por ejemplo, que circula en la sobrecubierta de sus Obras Completas y que sólo nos remite a la insigne insignificancia de la clase alta chilena. Por el contrario, él se nos revela más bien -y fue un acierto de Rene de Costa el habérmelo recordado- en el retrato leve y poderoso trazado por la mano de Picasso. Retrato que es en verdad máscara, una máscara hecha de aire y de frente deslumbrada. ┐Cabeza angélica, tal vez, o croquis solar de alguien liberado para siempre de su solar? ' Et ma tete s'éloigne de mon corps', escribiría el poeta en 1917, en el poema 'Rué'.

Por otra parte, si los viajes diseñan la biografía poética de Huidobro, lo hacen de un modo extraño; Gabriela Mistral fue también viajera -y mucho- pero sus movimientos tienen algo de soberana solidez. Son largas estancias, poderosas instalaciones bajo el sol del Mediterráneo, de Brasil o de California, o en parajes del frío, sean ellos la Patagonia o Nueva York. Allí se mudaba de valles, con majestad cordillerana. También los viajes de Neruda, más allá de su residencia asiática, poseen una límpida regularidad; son ' navegaciones y regresos', si se los compara con los desplazamientos nerviosos, vibrátiles, que caracterizan a Huidobro. El affaire de Irlanda (1923) , el rapto y la fuga con su amada desde Santiago (1928), su indesentrañable participación en la guerra civil española son hechos inaprehensibles, unidos sólo en la caprichosa geografía de sus viajes, cuya fórmula se nos escapa porque no pertenece a la esquiva realidad sino al reino de la leyenda. En Huidobro, el nomadismo es pulsión; sus trashumancias marinas proceden del fondo del deseo. Por eso, el símbolo armonioso de las golondrinas es más bien un ansia y un anhelo, y no la proyección de su .íntima verdad transatlántica. Es el vaivén, ése de las golondrinas, purificado de todo; sin mar, sin tierra, sístole y diástole de una circulación planetaria. Es el pulso, sin el lastre del cuerpo. Y es que para el Huidobro real el viaje siempre fue desgarramiento, tensión, encrucijada: conciencia corpórea de su situación cultural. Horizon carré (1917) y Poemas árticos (1918) meditan esencialmente esta circunstancia, que es la circunstancia de Huidobro. El tema se prolonga mucho más allá, cubriendo obsesivamente la totalidad de su poesía. En 1918, invirtiendo el asunto apollinairiano del 'Emigrante a América', escribe:

Ese emigrante que canta
Partirá mañana
Vivir     Buscar
Atado al barco
como a un horóscopo
Veinte días sobre el mar

En el poema ' Astro', también de Poemas árticos, el poeta se nos muestra inclinado sobre su página blanca, en una alcoba que comienza a navegar. El 'bateau ivre' de Huidobro no se detiene nunca; lo sabíamos ya desde 1916, con ' El espejo de agua', en que había definido su propia identidad como algo inquieto, para siempre móvil. Pero también mucho más tarde, en su gran poema Temblor de cielo (1931) , el poema rezará al 'azar', una plegaria que es casi una utopía existencial:

Así, esperando el gran azar
Que el polo norte se desprenda como el sombrero que saluda.
Que surja el continente que estamos aguardando desde hace tantos años, aquí sentados detrás de las rejas del horizonte

Jaula del destino, prisión tras el horizonte que se ha cerrado: así es como siente Huidobro, más acá de las golondrinas, la condición de su ser cultural.

NOMBRES, SÍMBOLOS, IMÁGENES

En la identidad de sus libros, en numerosos símbolos, en imágenes que afloran, se pierden y vuelven a encender su poesía, Huidobro nos comunica, con pena y a la distancia, el sentimiento de un país ausente, de una oquedad que polariza la selección de sus materiales poéticos. Selección antipódica, como veremos, operada en confines opuestos y remotos a la situación geográfica de su lugar original. Ello no impide que una silueta borrosa vaya esbozándose, a partir de esa meditación introspectiva que el poeta lleva a cabo de su situación cultural, de su origen y su destino como escritor periférico.

El título de Poemas árticos (1918) es ya revelador. Este conjunto poético, escrito por Huidobro durante los primeros años de su residencia en Francia, da a su mirada una orientación boreal. Que no hay sólo, en Sa elección del nombre, una señal de la consistencia transparente, cristalina, que el poeta atribuye a sus poemas, sino a la vez una denotación de fondo, se confirma en que el libro concluye precisamente con la pieza ' Mares árticos'. Hay, en esta obra, una geografía interiorizada. De todos modos, el primer hilván es importante, por cuanto, en io que toca al itinerario y a las transformaciones de los símbolos huidobrianos, nos hallamos ahora con una solidificación del mismo material, líquido y corriente, de El espejo de agua (1916) . El 'espejo' de su poesía, mágicamente convertido en arroyo, estanque y mar, se prolonga, por encima de sus versos y del pequeño libro, en este otro poemario, que representa un nuevo avatar del mismo elemento. Lo ártico, con todos los armónicos secundarios que rodean su zona poética (aurora boreal, polo, hielos, norte, témpanos, esquimales) es una fijación de la patria en las antípodas, en un polo espiritual que mantiene, allá, una relación magnética con el otro, el de su origen material. Y ello nos conduce inmediatamente a otra área muy nítida en su poesía, cual es la proyección que en ella adquiere el diagrama de los puntos cardinales.

Desde reveladoras boutades -como ésa del inicio de Altazor: 'Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte'- hasta la elección personal, o por adhesión, a un nombre de revista como el de Nord-Sud, esta polarización en el esquema cardinal resulta decisiva para la biografía poética, es decir, cultural de Vicente Huidobro. Veremos su desarrollo en Ecuatorial (1918), título que hace pendant con el de Poemas árticos y que recalca la incisión del planeta en dos mitades. Que la mente de Huidobro esté repartida, en 1918, entre lo ártico y lo ecuatorial, habla claramente de sus preferencias geográficas y de los exactos contornos de su ubicuidad. Así, Poemas árticos, Nord-Sud, Ecuatorial forman una serie coherente que tiende a estatuir un espacio poético cualitativo, no homogéneo, en que la superficie de la tierra parece poblarse de valencias culturales de signo contrapuesto. La espiritualidad, en esta visión, no se distribuye con equidad y propende a desposeer a uno de los hemisferios en beneficio del otro, ártico y transecuatorial. Por ello, el enigmático verso de Altazor: 'Dejé la ecuatorial recién cortada', alude, por lo menos en una de sus asociaciones más obvias, al cordón umbilical del planeta. El vínculo con la matriz de la tierra, por una pirueta típicamente huidobriana, deja de ser nexo de unión y se convierte en la línea separatriz por excelencia. La ecuatorial resulta ser, así, la frontera esencial de la actual humanidad -por lo menos en la conciencia poética de Huidobro- (9). Los del norte y los del sur, los árticos y los otros, los que viven debajo y los que viven más allá de la ecuatorial.

Todos estos signos -en los cuales sería redundante insistir, pues su poesía está llena de rastros para orientarse (brújulas, rosa de los vientos, vientos contrarios, cruz del sur y otras constelaciones, etc.)- nos conectan a la vez con el tiempo de las exploraciones, de los descubrimientos, de las travesías marítimas: todo lo cual se unificará magistralmente en el poema Ecuatorial.

ECUATORIAL

Antes de referirnos a este libro, es necesario puntualizar sus conexiones. Las hay tres principales. Primero, esta obra pertenece al mismo tipo de poemas que Tour Eiffel (1918) y Hallali, poéme de guerre (1918), escritos en francés, que comparten con la obra en español un diseño como de friso, en que se engarzan: a) la línea del yo creador, en una aventura que casi siempre esboza a un personaje poético; b) la elaboración de un clima que es mental y objetivo juntamente; c) imágenes de discontinuidad, especie de quanta líricos que dan a los versos dinamismo para captar el orden del azar, la gracia de lo imprevisible. Todas estas líneas confluyen a menudo en la celebración de un espacio ideal, centro que imanta la imaginación y el ánimo espiritual. Hallali, que prolonga Tour Eiffel y que probablemente fue concebido al mismo tiempo que éste, finaliza así, con una exacta localización del poeta:

Et aprés
Tout en haut de la Tour Eiffel
j' allume mort cigare
Pour les asires en danger
La-bas
Sur la borne du monde
Quelqu'un chante un hymne de triomphe.

El desenlace es significativo, pues vemos que el poeta ha triunfado en su esfuerzo por encaramarse en las alturas de una torre que es, verdaderamente, un obelisco cultural (10). Y también la configuración de un centro en torno al cual circulan figuras gigantes, se reiterará expresivamente en varios momentos de Ecuatorial (faros - aviones; serafín -corona de algas, etc.). Aquí el poeta exhibe su señal profesional, el cigarro; pues el cigarro, el cigarrillo, la pipa son los emblemas de su actividad. A través de ellos el poeta fuma el mundo, enciende el aire del cosmos con la palabra poética que habita en su pecho (11). Por otro lado, Ecuatorial guarda relación con los poemas breves contemporáneos, tanto con Horizon carré (1917) como con los Poemas árticos (1918), publicados en español. El primer libro es, como se sabe, una ampliación francesa de El espejo de agua, cuyas piezas en su mayoría se integran, debidamente traducidas, al nuevo poemario. Este es, entonces, la carta de presentación ante la cultura a que llega y constituye, por lo tanto, un significativo documento de transición. Su mismo título contiene, además de la nota cubista, una referencia a ese otro límite, el que existe entre el mar y el cielo, y que según nos dice en el primer poema, ' Nouvelle chanson ' :

L' HORIZON
S'EST FERME
Et il n'y a pas de sortie.

Justamente en Horizon carré -y para no retener sino un núcleo que ahora nos importa- vemos una imagen similar a la del fin de Hallali, aunque de tono y colores diferentes:

Les cloches du Sacre-Coeur
font tomber les feuilles
SUR LE SOMMET
UN A VEUGLE (....)
Il chante une mélodie
que personne
n'a comprise

En el mismo esquema espacial, de un poeta-vértice en un monumento cultural prestigioso, pero aquí con un signo triste y doloroso, como consciente del obstáculo cultural y lingüístico que habrá que vencer. Creemos que esta doble imagen, la del faro y la del ciego, postula un constante vaivén en la autoconciencia que el poeta desarrolla de su puesto cultural.

Poemas árticos desenvuelve al respecto toda la longitud de la aventura, y lo hace con sin par coherencia. Ya hemos dicho que el último poema es ' Mares árticos', remate de una intensa exploración geográfico - poética. Pues un poco antes, y para destacar sólo un nudo en un itinerario que habría que considerar morosamente, el poeta establece este contraste:

Levando las anclas
Las cuatro estaciones van a la isla de Pascua (...)
Y escucho graznar el águila en la roca natal (....)
En medio del Pacífico enmohecido
La isla de Pascua es un ramo
que muere todos los años

'Mares árticos' versus este 'Pacífico enmohecido '; ' isla de Pascua' que es como un desprendimiento flotante de su patria; 'roca natal' que es, en Ecuatorial, el 'arrecife' que el poeta abandona al partir: todo lleva a ver, en este viaje lírico, la encrucijada cultural que acucia incisivamente al poeta.

En tercer lugar, Ecuatorial se relaciona con Altazor, no sólo por la naturaleza de su proyecto poético, en cuanto ya insinúa el aliento amplio y abarcador que pondrá en práctica el gran poema posterior, sino también textualmente, porque Altazor recoge imágenes y hasta versos enteros de la conclusión de Ecuatorial. Volveremos en seguida a esto. Desde un punto de vista literal, pues, Ecuatorial es manifiestamente un pre-Altazor, ya que Ecuatorial se interrumpe donde Altazor despega, en una perfecta secuencia cronológica. Y esto tiene incidencia directa en la visión que ambas composiciones comparten. Es como si Altazor fuera la versión cósmica de algo que, en Ecuatorial, es marcado desgarramiento cultural.

Estas tres coordenadas permiten definir mejor el lugar del poema. Antes de analizarlo muy sumariamente, parece útil sintetizar la experiencia de Huidobro en el primer tiempo de su estancia parisina. Ello nos permitirá entrar con rapidez en el poema mismo.

Huidobro llega a Francia en plena guerra mundial. Lo que a él le interesa fundamentalmente -lo confesó muchas veces- es llevar adelante su vocación, realizarse como poeta de significación cada vez mayor. De ahí que su visión de la guerra sea más bien estética (: 'Le premier tué a été un poete', escribirá Huidobro en Hallali) y coincida en algún grado, aunque no en profundidad, con la experiencia apollinairiana de la guerra - fiesta - doloroso optimismo en que las nuevas armas de destrucción poseen todavía algo de fuegos artificiales. Su actitud es la de un pacifismo más o menos difuso que se da en esos anos y de cansancios ante los nacionalismos que han llevado a la debacle. Y es a partir de estas vagas motivaciones que se potenciará la captación de una época para la cual la coyuntura bélica significa hundimiento y fin.

Por otra parte, él se informa allí, en Paris, de que, en otro extremo de Europa, algo ha tenido lugar. Los años que resaltan en sus poemas van desde 1914 y 1916 hasta 1917 que aflora en Ecuatorial. Sería falso extremar la comprensión que Huidobro tiene, en esa ocasión, de la importancia histórica de los sucesos rusos. Su origen de clase, su formación mental, el proyecto unilateralmente artístico que lo guía constituyen una barrera, en gran medida infranqueable. Pero, al revés, tampoco sería exacto considerar su interés por la revolución bolchevique como exento absolutamente de significación. El poeta cantará el despertar de los obreros en el comienzo de Altazor, que escribirá más tarde la hermosa 'Elegía a la muerte de Lenin', que será autor de varios poemas cívicos durante la segunda guerra mundial y que escribirá también el 'Despertar de octubre de 1917', no ha debido ser totalmente sordo a la resonancia de la revolución soviética. Por supuesto, no es ello cosa central en su poesía; pero tampoco su llana omisión, como suele hacerse, ayuda a entender la dirección en que se mueve su conciencia. Digamos, para ser prudentes, que los acontecimientos del 17 son sentidos como algo 'nuevo' que coincide raigalmente con el impulso de renovación que inspira a su poesía. En este punto, es imprescindible no cometer el anacronismo de ver al Huidobro de 1917 con los ojos de ahora, obnubilados por el bombardeo ideológico que nos quiere hacer creer que no hay revolución política verdadera o, por lo menos, duradera. Por el contrario, estamos en una fecha en que la destrucción política de lo viejo y la afirmación estética de lo nuevo convergen fundamentalmente, en que todavía no se ha producido su ulterior y trágica bifurcación. En Ecuatorial, los versos finales son muy categóricos:

El niño sonrosado de las alas desnudas
Vendrá con el clarín entre los dedos
El clarín aún fresco que anuncia
El Fin del Universo

Entre el desastre apocalíptico que cierra una era y el germen de lo que empieza a nacer (Marte pasa a través de Sagitario nos dirá también, como si el flechero apuntara sus saetas hacia el futuro), se sitúa la visión de Huidobro. Es su tanteo incierto, lleno de dificultades, el que tratamos de sorprender en Ecuatorial.

'Siglo cortado en dos.....'

Hay varios ejes estructurales en el poema, los mismos que hemos señalado para las composiciones contemporáneas. La aventura personal, exclusivamente concentrada en la vocación poética del personaje, es fácil de delinear, ya que se mueve entre el despertar de la mirada antes del vuelo (' Era el tiempo en que se abrieron mis párpados sin alas') y la madura confrontación del poeta con los signos de la catástrofe:

Sigamos nuestra marcha
Llevando la cabeza madura entre las manos

Entre estos extremos inicial y terminal, las imágenes subjetivas más frecuentes trazan el surgimiento y el sitio del canto. La voz va constituyendo desde dentro, como si el alma modelara al cuerpo, las plumas de un ave que emigra y que navega:

Las plumas de mi garganta
se entibiaron al sol . . . .
Yo he embarcado también
Dejando el arrecife vine a veros
Las gaviotas volaban en torno a mi sombrero
Y heme aquí
de pie
en otras bahías .... Aquel piloto niño
que olvidó su pipa humeante junto al volcán extinto ....

El punto de partida, lo vemos, es el 'arrecife', ese "volcán extinto' que es otra metamorfosis de la isla de Pascua, ante la cual exhibe el poeta su don creador, esa ' pipa humeante' que es su propio, diminuto volcán encendido.

Cadena de imágenes que vuelve en estos bellos versos, fundiendo la exploración marina con el hallazgo de los tesoros en la visión poética:

Y los más viejos marineros
En el fondo dei humo de sus pipas
Habían encontrado perlas vivas

La otra linea consiste en la creación de un espacio personal, grávido de clima histórico. Es la experiencia de la guerra vista a ras de la piel física del planeta. Los símbolos de la división y de la enemistad (banderas, fronteras, trincheras) se oponen a la paz y a la neutralidad de la naturaleza (yerba, campo, tierra), pero, a la vez, a objetos que, porque son signos del futuro, se cargan y se hinchen de vida:

LOS HOMBRES
ENTRE LA HIERVA
BUSCARAN LAS FRONTERAS
Y en la trinchera ecuatorial
trizada o trechos
Bajo la sombra de aeroplanos vivos
Los soldados cantaban en las tardes duras

En esta primera visión de la guerra, cobra relieve la imagen de la linea ecuatorial ligada, con intensificación sonora, a la de las trincheras. La guerra, entonces, con sus exclusivismos destructores, le devuelve al poeta la conciencia de su frontera cultural, que comenzará ahora a ser su propia trinchera en la lucha por el predominio y la expansión de su poesía. Pero ello fija a la vez un sitio, una perspectiva determinada desde donde se puede contemplar el estado y el curso del mundo:

Sentados sobre el paralelo
miremos nuestro tiempo
SIGLO ENCADENADO EN UN ÁNGULO DEL MUNDO
Sobre el sendero equinoccial
Empecé a caminar

Estamos aquí en el comienzo de la aventura sideral del poeta, que será llevada a cabo con anchas magnitudes en Altazor. Vemos que ella surge como desprendimiento de la tierra, en una coyuntura particular de la historia del planeta. Lo más interesante aquí, y lleno de sentido, es esta reducción que se produce en una parte del planeta, este 'ángulo del mundo' en que la historia se ve como encadenada. Lo que antes era instalación centrípeta en un obelisco cultural, ahora es conciencia de confines; digamos que Huidobro percibe en este instante los límites interiores del centro, el que se vuelve, de este modo, rincón remoto. De ahí entonces el salto a la periferia, en un recorrido fugaz y sorpresivo, pero no menos coherente. Apenas dos aperçus:

Otros clavan frescas lanzas en el Congo
El corazón del Africa soleado ....
Y los negros
de divina raza
Esclavos en Europa
Limpiaban de su rostro
la nieve que los mancha (...)
La cordillera Andina
veloz como un convoy
Atraviesa la América Latina

Valores cinéticos, de poderoso dinamismo, que se vinculan a la imagen de la locomotora, ' Diógenes' encendido en la noche que no es más un faro vertical, en lo alto de una torre parisina, sino energía transversal que une e ilumina la tierra:

Entre la hierba
silba la locomotora en celo
Su ojo desnudo
cigarro del horizonte
danza entre los arboles
Ella es el Diógenes con la pipa encendida

Glosemos: no ya el poeta, en el centro de un humanismo tradicional, sino las locomotoras, junto a los aeroplanos, son las que potencian la imagen del hombre nuevo, el de la poesía y el de la vida en general. Igualmente, ante los negros africanos, la nieve pierde su privilegio de materia ártica y del norte, para convertirse en substancia que mancha, al compartir la mácula de la esclavización. Toda esta experiencia territorial, de centros que se hacen rincones y de márgenes que invaden el centro, se unifica bien en la visión del fin de las exploraciones del globo, revelándonos así la valencia histórica allí latente. Sólo algunos momentos:

Los más bravos capitanes
En un iceberg iban a los polos
Para dejar su pipa en labios
Esquimales
El capitán Cook
Caza auroras boreales
En el Polo Sur (...)
Hombres de alas cortas
han recorrido todo
Y un noble explorador de la Noruega
Como botín de guerra
Trajo a Europa
entre raros animales
Y arboles exóticos

Los cuatro puntos cardinales Los puntos cardinales entran al museo; las exploraciones han terminado; el globo está repartido. La distinción es muy clara entre el momento heroico y poético de las exploraciones, el del querido capitán Cook, y la etapa prosaica de los 'hombres de alas cortas'. Ello subraya que estamos ante el fin de la tierra; aspecto inicial y básico del ' Fin del Universo' que clausura el poema. Para decirlo con los mismos símbolos del poeta y para no traicionar su mensaje: Huidobro percibe, en Ecuatorial, que las fronteras nacionales se convierten en trincheras bélicas precisamente cuando desaparecen los puntos cardinales, cuando la tierra, hasta en sus lejanos confines, ha sido completamente explorada. Intuición poética muy densa, cuyo sentido se profundiza aún más en este otro pasaje, uno de los más fulgurantes y admirables del poema:

Allá lejos
Vienen pensativos
los buscadores de oro
Pasan cantando entre las hojas
Sobre sus hombros
Traen la California
Al fondo del crepúsculo
Venían los mendigos semimudos

Esos seres, en sus hombros sin alas, traen a cuestas la antigua tierra de promisión, i Muerta? ┐Como cruz? No importa, lo mismo da .... Lo fundamental es que el poeta percibe no sólo la relación entre el oro de California y los mendigos, sino que identifica también la miseria real con la mutilación de la voz y del órgano del canto. Sin alas, sin habla: la apropiación entera de la tierra se revela como un proceso de desposesión, como el dominio de la total inhumanidad.

Un poco más adelante, en un nuevo grado de conciencia poética, contemplamos esos mismos mendigos en la ciudad de Londres, es decir, en el corazón del colonialismo. Y sigue entonces una punzante imagen del dolor y la tristeza del mundo, la de una niña enferma que se despoja de sus atributos humanos -las alas- a las puertas de un hospital. Así como, recién, el oro sembraba la pobreza y la mudez, vuelve a engendrar ahora el sufrimiento y la humillación en general. Todo esto, engarzado en letras mayúsculas que rezan:

QUE DE COSAS HE VISTO,

como grandes ojos abiertos que miraran el estado del universo con sabiduría y conocimiento crecientes. La mezcla de lo que perece y de lo que nace se manifiesta en seriales explícitas e inmediatas (Alfa, y Omega, Diluvio y Arco Iris, el Rey en el exilio y Roma vencida), algunas de ellas de tono liberal o jacobino; pero también las hay más complejas. Por ejemplo: se hace difícil, a primera vista, entender lo que significa un verso ya citado, en que el corazón de África ' se abre como los higos pisoteados'. La alusión aquí encerrada se capta mejor si se la coordina con esta otra imagen edénica:

Una manzana y una estrella
picotean los búhos,

donde son estas aves crepusculares las que muerden el fruto del conocimiento y el astro paradisíaco. Imagen que, es fácil verlo, pertenece al mismo sistema de oposiciones dinámicas que 'clarín fresco - el Fin del Universo' y otras tantas análogas que abundan en Ecuatorial, justamente, por su carácter proféticamente lukacsiano (El asalto a la razón: parábola del 'gran hotel sobre el abismo'), vale la pena destacar una tan representativa como la de la ' casa que cuelga en el vacío', donde los Reyes Magos se duermen, Pero que, sin embargo, posee una ' puerta viva' que sólo los esclavos conocen (12). Idéntica coexistencia, se lo ve, entre una catástrofe universal y fuerzas nuevas que, a través de ella, buscan su camino.

En una magna y admirable ampliación de su experiencia, Huidobro Imagina la situación de caducidad como una vasta muerte cultural. La Torre Eiffel, de guitarra cantarina que era en el poema homónimo, se convierte en hierros rotos, en jeroglíficos. Ya no es más el centro de una tradición viva y prestigiosa, sino un obelisco plenamente muerto; la ruina cultural por antonomasia (13), Es un monumento, no en sentido cultural, sino puramente funerario. Y entonces la misma imagen, con un ritmo callado y de lejanías que avanzan :

Una tarde
en el fondo de la vida
Pasaba un horizonte de camellos
En sus espaldas mudas
Entre dos pirámides huesudas
Los hombres del Egipto
Lloran ....

En estas 'espaldas mudas' de los animales vemos, con poderosa imagen sintética, esos mismos hombros enmudecidos de los buscadores de oro y mendigos, pues el cuerpo sigue despojado de atributos angélicos, las alas y la voz; del alma humana, en suma. Todo es entonces desierto, muerte, en este rincón del pasado que, por supuesto, no pertenece al África en la geografía personal del poeta. Donde debía de haber alas, crecen jorobas, ' pirámides huesudas' que hay que incluir en el mismo sistema jeroglífico de la torre Eiffel. De ahí que, en razón de esta ruptura profunda instaurada en el tiempo, el poeta hable varias veces del ' siglo cortado en dos', de un ' planeta viejo' que hay que abandonar. Con este nuevo sentido se vincula ahora la ecuatorial, sentido renovado, pues ya no implica división artificial (trinchera cavada en la tierra de todos), sino real y decisivo corte histórico, frontera cronológica que separa lo caduco de lo que empieza a vivir. Estamos, así, ante la ' línea ecuatorial recién brotada' que articula las fulgurantes imágenes finales:

Aquella multitud de manos ásperas (. .)
Una mano cortada
Dejó sobre los mármoles
La línea ecuatorial recién brotada
Siglo
sumérgete en el sol (. . .)
Se alzará de los años
Una bandada de manos (14)

El paso de lo áspero al vuelo colectivo se refuerza con la imagen de la ' mano cortada', que se relaciona con la mutilación provocada por la guerra, pero que es también muñón de la escritura (' en mi dedo', terminaba el poemita ' El espejo de agua'). Es esta una imagen del mismo tipo que los mendigos semimudos, pues tiende a fusionar el arte con la realidad, como aquella unificaba la miseria con la ausencia de cántico. En su desenlace. Ecuatorial nos remite a la unión del trabajo y la poesía, a dos ramas de una misma fuente de creación. Además, mediante una alusión al arte quiromántico, se nos propone una suerte de adivinación del destino del planeta. En Altazor, apenas un poco antes de versos que constituyen un eco literal de los recién transcritos, Huidobro escribe:

'Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano.'

Esta línea ecuatorial, lo vemos aquí con claridad, pertenece juntamente a la tierra y al hombre, al planeta y a la poesía; a los cambios que se operan en el mundo, el de la imaginación pero también el de la historia.

JUNTO A LENIN Y MALLARME

Para concluir, quizá sea apropiado ensayar un pequeño juego, ya que la poesía de Huidobro estimula constantemente los encuentros del azar. ┐ Por qué no cotejar, ' a ver qué pasa', dos poemas tan significativos como los dedicados a Lenin y a Mallarmé, uno a un creador hondamente admirado por él y otro a la mayor figura política de la época contemporánea ? El Tríptico a Stephane Mallarmé y la Elegía a la muerte de Lenin son, sin duda, composiciones fuera de serie, que pueden valer por la obra entera de un poeta. El poema a Lenin celebra la dimensión cósmica que tienen la vida y la muerte del dirigente ruso. El poeta va marcando con insistencia, como en un canto reverencial, la proyección histórica del hombre que acaba de morir. Lenin, un poco como esta ecuatorial que hemos vislumbrado, corta tajantemente y unifica; corta el tiempo y unifica el mundo, por encima de las ' tribus" y las ' tierras hostiles':

Has abierto las puertas de la nueva era
Tu estatura se levanta
Como un cañonazo que parte en dos la historia humana (...)
No hay más distancia de una tribu a otra
Tu voz de semilla que traen los vientos venerables
Tu voz Lenin cambia la raza humana
Y hace una sola tierra de tantas tierras hostiles

Adviértase, como sutil inflexión, que es la voz de Lenin la que destaca en el homenaje del poeta. Y, como estribillo profundo, se modulará varias veces:

Contigo la muerte se hace más grande que la vida

Pues bien : es esa misma idea poética la que cerrará, cual magno epitafio, la entrada de Mallarmé en el aire de la muerte. He aquí este eco exacto:

Es la muerte que se hace mas grande que la vida
al llevarse un hombre de tan hondo universo

Que sepamos, nunca en otra ocasión, aparte de estos casos egregios, repitió Huidobro tan extremada reverencia. Fueron éstos posiblemente los únicos tributos de inmortalidad, de humanidad superior, que convocó su poesía. Y es harto decidor que su homenaje junte, en vivido monumento, los rostros de la poesía y de la historia, las transformaciones de la creación con la transformación del universo social en su conjunto.

Lo mismo que el desarrollo de la revolución francesa fue agrietando a los románticos ingleses, cuyo abanico de posiciones ante ella va desde Byron, pasando por Shelley y Keats, hasta Coleridge y la involución conservadora de Wordsworth y Southey, así también el surgimiento de los procesos revolucionarios en cuatro continentes ha ido diferenciando a la vanguardia poética entre los Byron y los Bob Southey de este tiempo ('Explaining metaphysics to the tories', como de éste dijera aquél, al inicio de Childe Harold). Digamos, para seguir con la analogía, que la actitud de Huidobro se parece mucho a las de un Shelley o de un Keats, distante y lejana de las luchas de su patria, pero en lo interno y en lo profundo lealmente comprometido con el espíritu de lo nuevo. Es lo máximo que le permitieron su origen de clase y la fase política de Chile en ese entonces. Es así, como, a través de una amplia parábola, Huidobro reencuentra a su patria, mediante la conversión de una geografía cultural pre-existente en una experiencia histórica cuyo sentido adivina, pues convoca en él la avidez por lo nuevo, por lo que funda radicalmente el futuro. Tal es la raíz legítima que está en la base de su vanguardismo.


Notas:

1. Walter Ruben : Kalidasa. The Human Meaning of his Works. Berlín, Akademie-Verlag, 1957.

2. Ver la reciente antología bilingüe, en rumano y francés: Lucían Blaga, Poeme-Poèmes, Bucarest, Editura Minerva, 1974. Blaga es también autor de un admirable ensayo: Trilogía culturii (Primera edición, 1935; Bucarest, EPLU, 1969), donde, entre otras consideraciones filosóficas sobre el tiempo, expone su idea del 'horizonte miorilico' como un rasgo de la cultura rumana.

3. Cartas cruzadas entre Huidobro y su madre, alrededor del año 1930. La mayor parte pertenecen a ella. La micro-copia, que no tengo a mano, me fue obsequiada por el Sr. Mauricio van de Maele, cónsul de Bélgica en la ciudad de Valdivia, Chile.

4. Simposio sobre el futurismo ruso, organizado por Jean Pérus, Director del Centre d'Etudes Eslaves de la Universidad de Clermont, a comienzos de enero de 1974.

5. Ver de Rene de Costa : ' Prólogo' a su edición de Pedro Prado: El llamado del mundo (Santiago, Editorial Universitaria, 1971, pp. 9-14).

6. Orfeo, primer libro de Rosamel del Valle, es de nombre revelador. Su leve diferencia, pero diferencia al fin, con un titulo como Adán, pone de relieve lo que decimos.

7. El tema del vuelo adquiere presencia y realce por estos años. En sus lecciones de la Universidad de Concepción, Gastón von dem Bussche dedicó acertadas observaciones a Los pájaros errantes, de Prado.

8. Ver Carlos Vicuña: La tiranía en Chile. Santiago, 1938

9. Veremos, si, que al final de Ecuatorial, su sentido cambia totalmente. De frontera geográfica que era y, por lo tanto, de algo limitativo, pasa a ser símbolo de discontinuidad histórica, cargándose con los valores positivos de lo nuevo y del futuro. Será, allí, 'la línea ecuatorial recién brotada'.

10. Cf. también ' Adiós', de Poemas árticos; passim.

11. Ver mi estudio: 'Altazor, de Vicente Huidobro'. Anales de la Universidad de Chile, 136, (1966), pp. 113-36.

12. El termino 'esclavos', de uso frecuente en Ecuatorial, no remite tanto a un determinado tipo de explotación, cuanto a los oprimidos en general. Su sentido parece encuadrarse en la propaganda pacifista de la época y corresponder al significado que tiene en los himnos anarquistas y socialistas. Es el sentido en que se habla de los 'esclavos sin pan' en los primeros versos de La Internacional, por ejemplo.

13. Cf., más tarde, este hermoso pasaje de Temblor de cielo : 'Que los mares se amontonen en una gran pirámide más altas que todas las torres de Babel soñadas por la ambición

14. En el primer Canto de Altazor, escribirá:

Hace seis meses solamente
Dejé la ecuatorial recién cortada
En la tumba guerrera del esclavo paciente (...)
Mirad esas estepas que sacuden las manos
Millones de obreros han comprendido al fin
Venid venid os esperamos porque sois la esperanza
La única esperanza
La última esperanza.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03