La poesía chilena actual

LA POESÍA CHILENA ACTUAL

Jaime Concha
Literatura Chilena en el Exilio. N 4 Octubre 1977

Es bueno partir de ciertas fechas: 1931: Altazor, de Vicente Huidobro; 1935: Residencia en la tierra, de Pablo Neruda, 1938: Tala, de Gabriela Mistral. Es decir en la década del: 30 y en el umbral de la victoria del Frente Popular, se publican tres de las obras más significativas de la lírica chilena en el presente siglo. Son libros que sacan definitivamente a nuestra poesía de su marco provinciano, otorgándole una indudable resonancia internacional. Huidobro es un poeta bastante conocido en España, un poco menos en Francia, la obra de Mistral hará que muy pronto, en 1945, se le conceda el Premio Nobel de Literatura, la poesía de Neruda es recibida por los mejores poetas españoles de la época como una de las más altas expresiones del idioma.

Estos poetas definían ya, a la altura de esas obras, tres orientaciones sensibles y espirituales en la lírica chilena. Mistral con su mensaje del Norte, de una zona rural y camina, traía a la poesía chilena un sentimiento arcaico sin duda, pero dotado a la vez de fuerza y vitalidad La poesía mistraliana es por ello muy ambigua o, mejor, fecundamente contradictoria. Pues si por un lado aporta una repristinación de viejas ceremonias precolombinas o coloniales, cual cristianismo conservado en su pasión primitiva, por otro posee una atención casi religiosa a las cosas humildes. En la Mistral la vida productiva y familiar del pueblo se esencializa, adquiriendo, así, una suerte de rotundo platonismo. El pan, la sal de sus "Materias", por ejemplo, no son sólo alimentos y substancias de vida, sino formas santificadas de un reino absoluto. Huidobro, nacido en Santiago, en el seno de la clase alta,.se liga desde muy joven a la vanguardia europea. Su poesía estará caracterizada por un gran dinamismo, por una especie de activismo en que el supremo valor será la velocidad de las máquinas o las golondrinas, no importa. Y Neruda proyecta su experiencia del Sur, una región nada eglógica en ese tiempo, sino laboriosa y progresista, frente a la cual contrasta aún más el subdesarrollo nacional o de otras partes del planeta (el Asia de sus años residenciarlos). La sombra de estos poetas gravitará marcadamente en el decurso de la nueva poesía chilena. Entre 1938 y 1973 estos poetas irán desapareciendo- su sombra se irá deshaciendo en sombras. En 1948 muere Huidobro, dejando tras sí un círculo de seguidores que practicará un culto secreto y exhibicionista a la vez. Ellos convierten lo que para el maestro era el poeta, un "pequeño dios", en simplemente un pequeño...burgués. La influencia de Mistral, muerta en 1957, será por el contrario de otra índole. Su ausencia completa de Chile en los últimos años -salvo esa tournée infame a que la condenó el gobierno de Ibáñez- posiblemente explique esta situación. Gabriela Mistral, como se sabe, se desterró voluntariamente de un país cuya clase alta jamás le perdonó sus orígenes humildes. Hay hartas pruebas de esto en su epistolario, muy duro contra el mundo diplomático oficial y la clase ociosa chilena. Desde lejos -en la costa soleada de California o en el frío solitario de Nueva York- su poesía alimenta formas populares, (rondas, poemas infantiles, oficios artesanales), pero dará lugar también a versos "esencialistas" que delatan con facilidad el sello del parasitismo. Gran parte de la poesía femenina más reciente, signada por las huellas de la Mistral, lleva a caricatura la voz de la poetisa. Es una "poesía" superfina, excrecencia del confort, baratillo estético del lujo. El caso de Neruda es más complejo. Después del Canto general (1950), el poeta escribe torrencialmente, fundando de manera definitiva un territorio poético que aparecerá en adelante ligado a su nombre ya su obra. Desde su regreso a Chile, en agosto de 1952, se propaga en el país un tipo de crítica que entraña un fuerte, antagonismo político. La actitud surge ya a causa de la publicación de Las uvas y el viento y las Odas elementales, en 1954. Más sutilmente después, este punto de vista se va a disfrazar como preocupación por la cantidad. Neruda, según estos apóstoles de la calidad, escribe demasiado, lo cual va en detrimento del valor estético de su poesía. Un poeta debe escribir poco y quintaesenciado.- Tal argumentación se advierte en el Encuentro de Escritores realizado en Concepción, en 1958, y representa principalmente la posición ideológica de los sectores más conservadores de la Democracia Cristiana que, habiéndose apoderado prácticamente del aparato cultural del país (gracias a la inercia y haraganería de los grupos más tradicionales) arremete ahora contra una de las figuras más sólidas de la izquierda chilena. Más adelante, en la década del 60, esta actitud se continuará en él ataque sostenido a cada nueva obra de Neruda por parte de los críticos oficiales del diario "El Mercurio". Igual que en otros planos de la vida nacional, no hay diferencia sensible, en lo que a Neruda respecta, entre los portavoces ideológicos de la oligarquía y de la Democracia Cristiana. En este punto de la vida cultural, la derecha oligárquica y la derecha burguesa se revelan como igualmente desnacionalizadas.

Como en todo periodo cultural, coexisten en los últimos decenios de la poesía chilena varios momentos, varias fases de desenvolvimiento histórico. Hay superposiciones, los entrecruzamientos diacrónicos se imponen. A la vigencia de las grandes figuras mencionadas, deben agregarse los nombres de otros poetas, significativos en el cuadro de la literatura nacional. Pablo de Rokha (1894-1968), Ángel Cruchaga (1893-1964), Humberto Díaz-Casanueva ( 1904), Rosamel del Valle (1900-1965) no dejan de escribir y publicar con intensidad en estos últimos años. Su presencia no da sólo variedad temática y estilística al panorama literario, sino que dinamiza el paisaje cultural de Chile. Es un dinamismo que va desde la pugna feroz de actitudes y orientaciones espirituales a la degradación anecdótica y a la rivalidad personalista. ( Hado y desgracia de la vida intelectual en todas las latitudes). Pero lo que define con mayor firmeza a la vida cultural de Chile y que da incluso relieve e interés a rencillas que de otro modo serian meramente folklóricas, es la profunda politización de sus escritores y de la actividad literaria en general.

En efecto, desde 1933, año de la fundación del Partido Socialista y de la III Conferencia del Partido Comunista, se producirá una gradual pero sustantiva incorporación de los elementos intelectuales a las posiciones de la clase obrera. La critica anarquista, empecinada en mantener en su pureza un "proletarismo" platónico, no deja de señalar el fenómeno.

El novelista Carlos Sepúlveda Leyton, en sus valiosas narra clones subproletarias del periodo, expresa bien este punto de vista. Lo más creador de la intelectualidad chilena empieza a participar activamente en las luchas populares de este tiempo. De ahí que la relación entre la vida política y la vida cultural sea algo muy profundo en Chile, casi natural, en la medida en que se responde a circunstancias históricas y a bases sociales muy sólidas. Curiosamente -y en esto es bueno, aunque sea retrospectivamente, deshacer ilusiones-no ocurre lo mismo en los claustros universitarios. Las universidades chilenas permanecen hasta muy tarde como reducto directo o indirecto de las clases dominantes. El desarrollo democrático de la vida universitaria es muy escaso, comparado con la totalidad del país, y, lo que es peor, es sobre todo superficial. Engañoso, por lo tanto. El hecho mismo de que el estallido de la Reforma Universitaria fuera tan eficazmente utilizado en su propaganda por la derecha política, muestra bien que se trataba de un fenómeno sin raíces verdaderas. Mientras el socialismo científico era un ingrediente decisivo de la ideología de las clases trabajadoras chilenas desde comienzos de siglo, los "templos del saber" se abren al marxismo sólo alrededor de 1960. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las agrupaciones de derecha, en el seno y fuera de la universidad, fueron un factor importantísimo en la preparación psicológica del golpe militar de 1973. Pues así como hubo un teólogo del golpe, el cura Hasbún, quien por cadena de Televisión universitaria remozó la metáfora clásica de la nave del Estado (que, según él, iba con Allende a la deriva), así también las constantes campañas de catedráticos en la "prensa libre" crearon objetivamente un ambiente pre - fascista. En la práctica de los hechos, la Democracia Cristiana tuvo, dentro de la Universidad, un decidido comportamiento fascistoide. El Rector Boeninger fue uno de los precursores de las marchas contra - revolucionarias, al movilizar contra la Moneda a grupos de profesores en defensa de una "amenazada" autonomía universitaria, Por supuesto que, luego del golpe, cuando la autonomía universitaria dejó de estar "amenazada" y fue protegida por las botas militares, el Rector Boeninger ya no pudo marchar...sino que tuvo que marcharse del país. Y William Thayer, Rector de la Universidad Austral -Ministro del Trabajo ya manchado, durante el gobierno de Frei, con la sangre de los mineros de El Salvador- encabezó una vez más, directamente, la represión contra los profesores de su Universidad. Actualmente, es un lacayo obsecuente de la junta, representándola como Embajador cultural (sic) en la Unesco. Así, pues, ninguna agitación, ninguna vocería ni estridencia izquierdistas podían borrar el hecho cuantitativo y cualitativo de que las fuerzas progresistas eran Ínfima minoría en la universidad. (No, desde luego, en las universidades técnicas donde, por la composición social del alumnado y de los profesores, la situación era muy distinta). A cada momento, en cualquier votación, para las huelgas patronales de octubre y de abril, por ejemplo, quedaba al desnudo que la izquierda era un ghetto en la universidad. De este modo, el craso voluntarismo, los gritos de guerra y un ciego activismo sin plan ni sentido impidieron consolidar alianzas que eran necesarias para corregir una correlación de fuerzas tan desfavorable.

Había, pues, en el desarrollo cultural del país, una desigualdad entre creadores y universitarios que, a veces, se manifestaba en la instintiva desconfianza de los primeros frente a los segundos. El grado de conciencia nacional de poetas o novelistas en su mayoría contrastaba con la alienación intelectual de los catedráticos. La guerrilla entre escritores, por un lado, y profesores, por otro -larvada u declarada de múltiples maneras - expresaba en realidad un desfase en la evolución cultural del país, divergentes tendencias de polarización en las capas medias intelectuales de Chile. Pocos espíritus y, lo que es más grave, ningún dirigente, advirtió la situación. Caben al Rector Eugenio González, durante su mandato en la Universidad de Chile, varias medidas destinadas a relacionar en forma más orgánica a los escritores con la vida universitaria. Y en esto como en tantas cosas, la sensibilidad político-cultural de Neruda se reveló también muy lúcida. A contracorriente de los embates constantes y, en gran parte fundados, que sufría la universidad por parte de los creadores, trató de vincular a unos y a otra, integrándolos, desarrollando los gérmenes positivos que existían en la vida académica. Su actitud de respeto ante la universidad como institución y como frente de trabajo cultural se destaca frente al desprecio más o menos ostensible de otros escritores. Su esfuerzo fue algo aislado, lamentablemente, y no tuvo eco ni continuidad.

EL DECENIO 1938 -1948

El decenio 1938-1948 refleja bien, en la lírica lo que está ocurriendo en la realidad del país. Abiertas en grado máximo las puertas de la esperanza en 1938, éstas se cierran bruscamente con la represión iniciada en 1947. El mismo partido hegemónico del Frente Popular es el autor, no sin divisiones, de la traición de 1947. El Canto general, testimonio combativo de este periodo, revela a las claras el umbral de libertad y el colofón de tiranía que enmarcan este breve ciclo de la vida chilena.

En los términos de la sensibilidad poética se trata, pues, en este periodo, de un desencantamiento progresivo. La vida se va opacando, estrechando más y más. La vibración internacional del Frente Popular -nacido en la lucha mundial contra el fascismo, en el apoyo a la República española, en simpatía por la Unión Soviética asediada por el invasor hitleriano- se apaga en campos de concentración situados en el extremo del mundo (en el desierto, en las islas), alejados implacablemente de "la mano de Dios". Era la expresión antártica, en nuestro país, de una política de Guerra Fría que en otras partes sembraba la destrucción violenta (Grecia, más tarde Corea). El populismo inicial del periodo y la temprana poesía de Gonzalo Rojas pueden ser considerados como los hitos extremos de ese lapso histórico.

Al calor de la solidaridad con la República española y sobre la base de la unificación de las energías colectivas posibilitada por el Frente Popular, se desarrolla en Chile un tipo de poesía menor aunque no exenta de significación, que se expresa en motivos y formas populares. El ejemplo y la imagen de Federico García Lorca, con su doble aureola de mártir y de autor del Romancero gitano, reina emocionalmente en esos años. .Poetas pertenecientes a la pequeña burguesía más modesta o de franca extracción proletaria son los que cultivan principalmente esta vena lírica. Casi todos ellos son narradores y serán fundamentalmente eso; pero empiezan como poetas o despliegan una línea secundaria o marginal de creación lírica. Así, Nicomedes Guzmán, autor de varias novelas que describen las condiciones de vida de las masas trabajadoras en la ciudad, se inicia como poeta, con La ceniza y el sueño (1938), presentada por Neruda. Fernando Alegría, conocido ante todo como narrador y ensayista, escribe también el poema Viva Chile.. M. .. muy escuchado por el pueblo durante la campaña presidencial de 1964. Pero es sin disputa Oscar Castro (1910-1947) el autor más representativo de esta tendencia. Nacido en Rancagua, militante del partido Radical, es el que mejor expresa, social y poéticamente, este momento de la poesía chilena. Aunque externo y cayendo muchas veces en el facilismo, cultiva estrofas populares (romance), populariza otras (soneto), dando el sesgo estilístico que caracteriza a esta orientación poética: la mezcla de motivos populares de pirotecnia metafórica, la coexistencia de una realidad deficiente con una bella superestructura compensatoria.

Otro escritor, cuya real importancia se vendrá a aquilatar más tarde, ya entrados los años 60, es Alfonso Alcalde (1923). Su primer libro de poesía, también prologado por Neruda, es Balada para una ciudad muerta (1947). Con posterioridad, luego de un largo silencio, publicará El panorama ante nosotros (1969), vasto friso épico lírico de la historia de Chile tras el cual están, sin duda, los modelos del Canto general y del muralismo mexicano, pero más que nada una visión rokhiana de la realidad y del lenguaje.

Y un nombre lejano -vive en California hace años- pero firmemente enraizado en la generación del 38: David Valjalo, nacido en Iquique, (1924), autor de Los momentos sin números (1948) y El otro fuego (1960), de quien dijera Ricardo Latcham: "es quizás uno de los poetas de su generación mejor dotados".

El relativo optimismo en los inicios del decenio da lugar, en su extremo terminal, a una poesía muy diferente, la de Gonzalo Rojas (1917). Con una obra muy concentrada, tendida como un arco entre La miseria del hombre (1948) y Contra la muerte (1964), este poeta resulta ser una de las figuras mayores en la poesía chilena contemporánea.

Nacido en Arauco en 1917; ligado en su adolescencia al grupo "Mandrágora", de devoción huidobriana, aprendiendo muy pronto la lección de Bretón y del surrealismo, Rojas alcanza un poderoso nivel de expresión en La miseria del hombre. El sabor medieval del título implicaba, más que un conciente arcaísmo, otras cosas. Formado el autor en una espiritualidad de cuño católico, vemos aún en su poesía la condenación a una naturaleza humana caída. Las implicaciones contra el dinero como "encarnación de la muerte en la tierra" son afines a la sensibilidad de la crítica pre-capitalista al atesoramiento, a la usura y al capital monetario, tal como es posible seguirla en los grandes clásicos de la Edad Media española y, sobre todo, en Quevedo. Sin embargo, desde muy temprano y a la altura ya de su primer libro, exhibe Rojas un temperamento volcado hacia lo material, un gusto por la intensidad sensible de las cosas, que entra en pugna con su tendencia espiritualista. Su infancia en la zona del carbón, a través de un padre vinculado, como mando medio, a la producción minera, moldea y fragua otras virtualidades de su comportamiento estético. Trabajo y religión hacen cortocircuito, no hay duda. De ahí que la primera poesía de Rojas, en su turbión emocional, postule una fusión de cielo e infierno, de suciedad y purificación v sea, entre otras cosas, una experiencia de la lujuria sentida a la vez como pecado y como vitalidad corpórea;. Su poesía nace, entonces, regida por valores de intensidad. El gran fruto posterior de esta tensión será Contra la muerte, que se inicia con el bello poema metafísico "Al silencio", abriéndose inmediatamente a la experiencia erótica \ a una loma de conciencia de la historia. Esta entra de golpe, aireando para siempre esta poesía, que deja de ser, así, una Danza de la Muerte medieval hasta llegar a un pleno reconocimiento) de la faz de la historia contemporánea.

EL DECENIO 1947-1957

El lapso que transcurre entre 1947 y 1957 está dominado por la represión y la dictadura en su primera parte y, en su segunda mitad, por la mantención en la ilegalidad política del Partido Comunista, que sólo vendrá a conquistar garantías democráticas con la derogación de la llamada "Ley Maldita" por el pueblo, en 1957, poco antes del cambio de gobierno. Cambio de gobierno que es, en los hechos, continuación y empeoramiento de la dirección política del país. Un caudillo caduco, Ibáñez, entrega el mando a Alessandri, caduco representante de la oligarquía. Es como si la vieja clase hubiera sacado, y no por última vez, su viejo rostro en la figura senil de "Don jorge", el caballero chileno por antonomasia.

En esas condiciones objetivas de la vida política viven su adolescencia o su primera juventud los poetas más importantes que surgen en estos años. El desencanto progresivo de la etapa anterior se vuelve ahora, por una parte, servilización, apatronamiento, miseria chilena en general; pero, por otra, nuevas fuerzas emergen que dejan ya vislumbrar una salida para esta deprimente situación. El 2 de abril de 1957, en que cientos de compatriotas son masacrados en las calles de Santiago, muestra bien la doble cara del momento histórico que vive Chile, la combinación de inmovilismo y combatividad que está en su base. Cerca de esa fecha comienzan a publicar su obra Enrique Lihn (1929), Jorge Teillier (1935), Efrain Barquero (1931), y Armando Uribe (1933).

El rasgo diferencial de la poesía de Lihn es su tenacidad evolutiva. Menos quizá que creadora de nuevas formas, esta poesía va deshaciendo sus propias fórmulas, sometiendolas a un proceso de pertinaz auto-destrucción. Desde sus primeros libros, publicados alrededor de 1950, esta obra pretende luchar contra su propia fijeza, rehaciéndose una y otra vez. La imagen de viejo Narciso que atenacea sus poemas iniciales es, en este aspecto, reveladora. Y tas más altas cimas de su creación: La pieza oscura (1963), Poesía de paso (1967), Escrito en Cuba (1968) son también saboteadas en La musiquilla de las pobres esferas, libro posterior, de 1969. Cada vez el poeta va quedando más solitario ("Rilke, el solterín" es otro de sus símbolos preferidos), en un solipsismo que sin romper amarras con la realidad histórica, enarbola como única herramienta, como única bandera, como única consigna una máquina de escribir -abuela de dientes viejos y marchitos. Ahí hunde sus dedos con tesón, escarbando la chirriante música de esas pobres teclas-

Para captar la existencia de las diferencias sociales, y de la lucha de clases, el poeta va a un rincón alejado de Chile y a un espacio mortuorio. Escribe, entonces, "Cementerio de Punta Arenas", donde contempla con solemne ironía el espectáculo del mármol y cipreses levantado por los ilustres pioneros de la ciudad magallánica. No alude ni habla Lihn de cómo hicieron su fortuna esos degolladores de indios, culpables de un brutal y casi desconocido genocidio. No necesita hacerlo, pues recorta su espacio en una escena funeral de lápidas, en el orgullo póstumo de las familias. Allí "reina. ... la paz". Pero esta calma de los muertos no es un reposo definitivo, sino que fomenta desde las tumbas su movimiento explosivo:

la paz, pero una paz que lucha por trizarse,
hasta romper en mil pedazos los pergaminos fúnebres
para asomar la cara de una antigua soberbia y reírse del polvo.

Con rasgos casi goyescos, con una visión grotesca que une la rigidez funeraria a la vitalidad desbordante de la risa ("Reírse del polvo"), sorprende Lihn, desde dentro, la trizadura y grieta de ese orden estable de los muertos. El peso de la tradición, la pesadilla de la historia se burlan de nosotros, allá en esas frías regiones magallánicas, oprimiendo y dominando con su poder de ultra-tumba; pero en ellos habita ya su propio fermento destructivo, el factor desencadenante de la risa. Su propia bufonería es la enterradora de esta clase, que sepulta en pleno día y ahora sobre la tierra el vacuo hieratismo, su imponente insustancialidad.

Educado en su infancia y pubertad en colegios católicos; conociendo por experiencia un país capitalista dependiente como es Chile y una sociedad, como la de Cuba, que constituye el socialismo, Lihn expresa en su poesía todas estas contradicciones que son, a escala mayúscula, las de varias épocas y edades histérico-sociales. Remanencias feudales, pobreza capitalista y la presencia de otro mundo, todo ello se junta en la experiencia del poeta, en su misma poesía. El futuro está allí, visible y a la mano; pero el poeta sigue enfatizando los órdenes del deseo, la dialéctica corrosiva y estéril de la transgresión.

Jorge Teillier describe así sus orígenes familiares y las raíces de su poesía: "Hijo de comunista, descendiente de agricultores medianos o pobres y de artesanos, yo, sentimentalmente, sabia que la poesía debía ser un instrumento de lucha y liberación y mis primeros amigos fueron poetas que en ese entonces seguían el ejemplo de Neruda y luchaban por la Paz y escribían poesía social o de 'realismo socialista'. Pero yo era incapaz de escribirla, y eso me creaba un sentimiento de culpa que aún ahora suele perseguirme" (Sobre el mundo donde verdaderamente habito).

Desde sus primeros poemas, Teillier irá excavando en el territorio de la Frontera como en una patria propia. No hay territorio mejor reconocido, habitado y decantado dentro de la poesía nacional, que éste suyo, de Lautaro y de Victoria. Quizás únicamente el valle de Elqui o algunos hielos y nieves australes en la poesía de Mistral alcancen esta trasmutación de una región concreta en zona simbólica, en espacio soberano de maravilla y reverencia. El espacio se convierte en alma, 'las estrellas y el día vienen a habitar el tiempo del poeta que los recibe en un ritual de sacrificio'. Es la poesía que Teillier ha llamado "lárica", de los lares, poesía de aldea y de la comunidad, que trata de recrear el fuego y la tibieza de la fraternidad destruida.

Para Teillier, toda la realidad está poblada por huellas y signos de esa Arcadia dolorosa, atravesada, en la infancia misma, por el conflicto y la contradicción. Cae, por ejemplo, en un poema suyo una "Nieve nocturna", como potencia leve y absoluta ante la cual el poeta sólo puede reclinar la cabeza, para recibir esa ceniza de un cielo exterminado o, mejor, exterminándose. Y apenas puede contemplar, en "Los dominios perdidos", la emoción horadada en su alma por la lluvia, pero ya el alma está seca y ya nada gotea, sino una infinita desconsolación. Así, la poesía de Teillier emigra de la tristeza a un pleno desconsuelo, en que toda la realidad está traicionándose a sí misma.

La visión de Teillier es siempre la de una belleza que se escurre. Pero en esto no hay nostalgia, pues ella es el presente. Y en esta herida que mana consiste precisamente la poesía. Es realidad que se desangra. El árbol derrotado que está en el límite del bosque ha dejado de ser un individuo viviente entre sus hermanos, es un miembro mutilado que simboliza al poeta.

Ningún escritor como Teillier ha expresado en su existencia y en su obra este sentimiento romántico de la poesía. En nadie como en él la bohemia -que ya cumplía un papel progresista en Pezoa Veliz, al ser antídoto contra el arribismo- llega a ser un oficio sagrado donde la poesía brota como un herido esplendor. Para él la poesía sigue siendo un suicidio cotidiano o, mejor, es en su cuerpo la cotidianidad que se suicida para transfigurarse en fruto incandescente: la ofrenda ardiente de esa "nieve nocturna".

Efrain Barquero no procede de un ambiente urbano, como Lihn, ni de la zona de la Frontera, como Teillier, sino de una localidad campesina enclavada en el interior del Valle Central. Mientras Lihn y Teillier son poetas de la escisión y el desgarramiento, Barquero intenta aprehender en su poesía -y cantar- más bien núcleos o centros de permanencia. En La piedra del pueblo (1954), su primer libro, halla esa veta en la fuerza granítica de las masas. La obra es amplia sucesión de poemas, divididos en dos territorios mayores: "La tierra" y "El fuego". Y es precisamente de la unión de estas dos substancias elementales que, como emanación volcánica, nace y surge la piedra popular del poeta:

la embriagada de muerte y azufre, la necesaria
piedra de las erupciones,
la piedra del pueblo !

Posteriormente, en La compañera (1956), descubrirá un núcleo de permanencia semejante en el vínculo amoroso, vínculo activo y abierto que comunica al poeta con el mundo y con la especie, Este ánimo de fundamentación se prolonga aún más en su poesía del ancestro, expresión privilegiada de la cual son sus libros El pan del hombre (1960) y El regreso (1961). En ellos la familia, concebida como continuidad de los muertos y los vivos, adquiere una poderosa revelación que comunica ahora al poeta con la unidad de la tierra. Tierra, mundo y especie fundan así, en la obra de este poeta, una morada permanente.

Esta es la vena de mayor densidad en la poesía de Barquero. Hay otra, más frágil tal vez pero muy sugestiva, que nos habla de las actividades y los oficios sencillos del pueblo. El arte doméstico lleno de picardía, en Maule (1962) y las artesanías aldeanas o rurales en sus Poemas infantiles (1965), representan esta otra orientación. Es una faceta más de su poesía en pleno desarrollo.

Si es que hay realmente un antipoeta en la poesía chilena, él no puede ser otro que Armando Uribe Arce. Poeta culto, que usa su cultura para promover asociaciones humorísticas o irónicas, hay en Uribe un tesonero ir en pos del nervio de la poesía. La sucesión de sus libros revelan un proceso de marcado despojamiento. Sus primeros libros, muy influidos por la poesía inglesa contemporánea, son sobre todo situacionales. Transeúnte pálido (1954) y El engañoso laúd (1956) están llenos de escenas familiares, vistas por el ojo distorsionador de un adolescente; escenas de colegio o de salón inglés. En No hay lugar, su último libro, casi todo esto ha desaparecido por un arte, más que de concentración, de excoriación. La experiencia ha sido pelada, como una fruta, y queda sólo el nervio. ... de la experiencia. Por ello el lazo común que conservan sus nuevos poemas con los anteriores es un cierto trazo epigramático. Pero ahora son los fragmentos líricos griegos y la poesía de Ezra Pound los que más se dejan ver en las líneas buriladas y percutientes de Uribe. El poeta trata de captar, en un mínimo haz de palabras, el máximo fulgor. De ahí que en ellos se junten -puntos como son y emanaciones a la vez- nitidez y sugerencia, perfil e irradiación, esencialismo y vitalidad.

LOS NUEVOS

La Revolución Cubana triunfante, capaz de derrotar al invasor de Playa Girón y de superar la crisis internacional de 1962, pone en marcha un despliegue considerable de energías históricas en todo el continente. El canal más poderoso de comunicación popular no fue', sin embargo, la nueva poesía, sino la canción popular chilena, un fenómeno de extraordinaria valía y repercusión que habría que justipreciar alguna vez. Las voces de Violeta Parra, de Ángel e Isabel Parra, de Patricio Manns, de Rolando Alarcón, de Víctor Jara, Charo Cofre y conjuntos artísticos como el "Quilapayún" y el "Inti-Illimani" propagan y difunden el sentimiento que experimentan las masas de participar en un proceso de liberación a escala continental.

Los poetas empiezan más atrás, con una subjetividad más replegada en sí misma. Es como si la poesía debiera reandar cada vez el camino y todo poeta tuviera que pasar nuevamente por el túnel de su propia interioridad. Pero ello ocurre ahora en un punto más alto de la espiral histórica. Por eso todos ellos luchan por acercarse más y más a la actividad popular, por absorber y revelar el momento histórico que vive el país. Juzgarlos, a esta altura de su producción, sería prematuro. Dejo aquí simplemente sus nombres: Oscar Hahn, Waldo Rojas, Omar Lara, Gonzalo Millán, Hernán Lavín, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Sergio Hernández, Jaime Giordano, Osvaldo Rodríguez...Varios de ellos fueron hechos prisioneros en el instante del golpe militar v conocieron las cárceles o los campos de concentración. Unos pocos quedan en Chile. Casi todos están exiliados, en una diáspora sin cuento. Todos sin excepción continúan escribiendo, denunciando la situación de opresión que vive Chile bajo la junta Militar.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03