La Ciencia


Antes de abrir este capítulo de la Cultura Chilena, se impone una explicación acerca del empleo de la palabra ciencia para congregar sólo a los cultores de disciplinas de base matemática, física o biológica. La presente documentación soslaya, pues, conscientemente los problemas relativos a las ciencias sociales o humanas. Al operar esta exclusión transitoria hemos querido concentrar la atención en un sector de la producción cultural que, por su objeto e infraestructuras necesarias haría más visibles los efectos de la brecha existente entre países desarrollados y países subdesarrollados. Evidentemente, al reflexionar sobre las condiciones y objetivos de su labor, el grupo de científicos que ha respondido al cuestionario discurre en un terreno colindante con el de las ciencias sociales. Valioso esfuerzo que revela la estrecha alianza entre el talento relativo a un campo específico, en el que han conquistado reputación en centros de renombre mundial, y la lucidez acerca de su inserción en la evolución cultural de la formación social chilena.

Sorprende al observador, en primer término, la fuerza que cobra en los actuales científicos chilenos el sentimiento de continuidad de una tradición que se remonta a la época de organización de la República. Son evocados con familiaridad apasionada los nombres de aquellos personajes, en su mayoría extranjeros, que contribuyeron a trasladar al país «el espíritu de la ciencia europea» que reclamaba don Andrés Bello. El geofísico Armando Cisternas llega aún más lejos al interrogar a la historia de la cultura acerca de las razones del florecimiento de la actividad científica de ese amanecer republicano y su declinación comprobada en épocas posteriores. El caso del eminente sabio Montessus de Ballore, al que ayudó a rescatar de un inexcusable olvido nacional, ilustra para él los altibajos de este proceso.

Las respuestas confirman el decisivo papel de la Universidad en el estímulo y desarrollo de la investigación científica. Desde sus documentos de fundación, el vínculo entre Universidad y ciencia ha hecho difícil concebir perspectivas de organización científicas diferentes. De este modo, el proceso de modernización que altera la fisonomía de la educación superior en los años cincuenta tiene también consecuencias apreciables para la ciencia en Chile. El remozamiento de las ideas y de los equipos, la apertura de nuevas áreas de investigación en Facultades e Institutos proponen el rostro académico de las optimistas teorías del desarrollo en boga en el terreno económico. Además, nuevos sectores sociales, en particular las capas medias, que se benefician con la ampliación y diversificación de la vida universitaria, suministran un importante contingente humano a la actividad científica.

Como en el resto de América Latina, los acontecimientos se precipitan en la década siguiente. La necesidad imperiosa de ordenar los elementos de un crecimiento hasta entonces signado por la espontaneidad introducen el tema del planeamiento del desarrollo científico. Surge, así, un organismo destinado a racionalizar los esfuerzos realizados en el campo científico y tecnológico: CONICYT. Los científicos que hablan en estas páginas señalan que los alcances de su acción se vieron limitados por una insuficiente definición de atribuciones y los recursos financieros restringidos. Sin embargo, se anota a su haber la realización de un encuentro de capital importancia: el llamado a un Congreso que reunió a varios centenares de especialistas para definir los rumbos de una política científica. La exacta influencia de la Reforma Universitaria 1967-69 para esta meditación acerca del sentido y fines de la ciencia en Chile es uno de los aspectos interesantes por dilucidar. Lo cierto es que la noción de una Universidad identificada con las necesidades fundamentales del país y con el cambio social parece aún prolongarse hasta los textos de los hombres de ciencia entrevistados.

Independientemente de sus edades, los científicos, cuyas opiniones integran el presente capítulo, pertenecen a promociones formadas con posterioridad a los años cincuenta. Al reunirlos se ha intentado escrutar una duda de fondo: żEs posible un desarrollo de la ciencia en una formación social dependiente y subdesarrollada? Con matices distintos, las respuestas son plenamente positivas y es decidor, que desde la perspectiva de centros de decisión cultural se subraye, con entusiasmo, como en los juicios del físico Claudio Teitelboim, el alto nivel de los trabajos de la más reciente promoción de especialistas chilenos.

Antes de terminar permítasenos una nota sobre la selección iconográfica.

Juan Ignacio Molina

Juan Ignacio Molina (Guaraculén, 1737 - Bolonia, 1829) es el antecedente más lejano del exilio de intelectuales chilenos. Obligado a abandonar el país debido a la expulsión de la orden de los jesuitas, fijó su residencia en Bolonia, en cuya Universidad profesó largos años. Su vastísima erudición y cultura llamaron la atención de su época. Su obra fundamental, entre sus muchas investigaciones. es el Saggio sulla Storia Naturale di Chile, publicada en Bolonia en 1782.


Ignacio Domeyko

Ignacio Domeyko (Niedzeriadka, Polonia, 1802 - Santiago. 1889). Estudió Filosofía y Ciencias en la Universidad de Vilna. En razón de las persecuciones sufridas como participante del movimiento revolucionario de 1830, hubo de exiliarse de su patria. Prosiguió estudios en la Escuela de Minas de París. En 1838 viajó a Chile, donde ocupó las cátedras de Mineralogía, Geología y Física en la Universidad de Chile. Más tarde llegó al cargo de rector. Su enorme actividad dejó valiosísimos elementos de investigación, especialmente en el campo de la Mineralogía.


Claudio Gay

Claudio Gay (Draguignan, Francia, 1800 - Flayosc, 1873). Contratado por el Gobierno chileno, sus investigaciones acerca del país fueron entregadas en su monumental obra acerca de la Historia Física y Política de Chile (París, Santiago, 1844-1854) en veinticuatro volúmenes. De ellos, seis están consagrados a la historia, dos a una recopilación de documentos históricos, ocho a la flora y ocho a la fauna.


Alejandro Lipschutz

Alejandro Lipschutz (Riga, 1883). En Chile, desde 1926, tiene la nacionalidad chilena. Estudios en Gottingen. Figura muy importante del desarrollo científico en Chile. Creador del Instituto de Fisiología de la U. de Concepción, fundador del Instituto de Medicina Experimental del Servicio Nacional de Salud. Ha sido objeto de innumerables distinciones honoríficas. Sus investigaciones acerca del cáncer le han dado notoriedad internacional. En el campo de las investigaciones acerca de América Latina sobresale su obra El problema racial en la conquista de América y el mestizaje (Santiago, 1963). Recibió el Premio Nacional de Ciencias en 1969.


Y una precisión final sobre el protagonista de este capítulo. Armando Cisternas es sismólogo, con títulos de ingeniero civil de Minas, Master of Science y Ph. D. en Geofísica y Matemáticas. Fue profesor de la Universidad de Chile, en la Facultad de Ciencias y en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. Con posterioridad al golpe, profesor en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, y en la actualidad Maitre de Conférences de la Universidad de París. Ha realizado trabajos en Teoría de Propagación de Ondas y Análisis de Mecanismos de Temblores.

Luis Bocaz


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03