Claves para un reconocimiento de chile

Claves para un reconocimiento de chile

Armando Cassigoli
Literatura Chilena. Creación y crítica. N 15 marzo 1981

En esta época en que pareciera que todos los gatos son pardos y en que es muy difícil distinguir a estos de una liebre; en este periodo en que es necesario volver a leer los signos de los tiempos; en estos momentos, en fin, en que estamos matando al beato maniqueísmo de muerte natural, es preciso replantearse no solamente ef futuro, los modelos del hombre, sino también la visión de los países.

Es común en las partes norteñas de la América tener una imagen del país llamado Chile que no va más allá de la calidad de ciertos vinos de exportación; del tarareo de 'Si vas para Chile' 'Yo vendo unos ojos negros' o 'Río río' , en las malas voces de boleristas y 'huasos' urbanos. A un nivel superior se identifica a nuestro país con el cobre, con Neruda apenas, y con el asesinato del presidente Allende más a menudo.

Yo quiero en este día, amigos solidarios de Estados Unidos de Norteamérica, dar algunos datos, presentar otras visiones, exhibir otras caras, usar distintas perspectivas para hablar de mi patria. Quizás la incoherencia camine con sus pies de alambre por el texto; tal vez la falta de estructura meta su dedo inarmonioso por las frases y las páginas. Yo simplemente los invito a penetrar en algunos ámbitos que posiblemente les son desconocidos.

Apenas en el año de 1520, más o menos en la misma época en que Macchiavelli termina de escribir su Arte de la Guerra, en que Hernán Cortés asalta a la gran Tenochtitlan y Martín Lutero desarrolla la Reforma en Alemania, un europeo llamado Hernando de Magallanes toca por primera vez las australes tierras de Chile. Estamos en los tiempos en que Moro publica su Utopía y Copérnico elabora su teoría heliocéntrica quitándole a la Tierra su cetro universal. Quince años más tarde, un enriquecido analfabeto, Diego de Almagro empieza desde el Norte, desde el Perú, el descubrimiento de Chile para la corona española. En 1541, el sanguinario letrado Pedro de Valdivia funda la ciudad de Santiago o de Sanct lague o ciudad de San Jacob donde hemos nacido los santiaguinos o jacobopolitanos.

Sin embargo, para algunos, Chile es un país inventado por un poeta madrileño, o como dijera Andrés Bello ( cuya gramática fue en nuestro país impuesta por ley ): 'Chile es el único de los pueblos modernos cuya fundación ha sido inmortalizada por un poema épico' . El vate hispano Alonso de Ercilla y Zúñiga, a raíz de un viaje por tierras chilenas que durara apenas dos años, entre 1557 y 1559 escribió, en muy medidas octavas reales, un poema heroico La Araucana por el cual Lope de Vega lo llamó ' Colón de las Indias del Parnaso ' y con el que entró por la ancha puerta del siglo de oro español a reunirse con sus interpares.

Recordaremos algo de su obra que así comienza:

No las damas, amor, no gentilezas
de caballeros canto enamorados,
ni las muestras, regalos y ternezas
de amorosos afectos y cuidados;
mas el valor, los hechos, las proezas
de aquellos españoles esforzados,
que a la cerviz de Arauco no domada
pusieron duro yugo por la espada.

Ya en esta primera estrofa ercillana nos topamos de bruces con el mito, la leyenda, la fábula y hasta con los errores de la crónica con que nos hemos solazado durante toda nuestra historia. No fueron los españoles de la conquista quienes pusieron duro yugo por la espada al pueblo araucano o pueblo mapuche, como se debiera decir correctamente. El aplastamiento de la guerra de liberación de este pueblo fue logrado a sangre y fuego por el ejército chileno mediante una violenta represión llamada eufemísticamente 'pacificación de la Araucanía ' recién en 1871. Y la leyenda prosigue en el poema ercillano. Más adelante, en la sexta estrofa del Canto Primero don Alonso nos describe a Chile de esta manera:

Chile, fértil provincia y señalada
en la región antárctica famosa,
de remotas naciones respetada
por fuerte, principal y poderosa,'
la gente que produce es tan granada,
tan soberbia, gallarda, y belicosa,
que no ha sido por rey jamás regida
ni a extranjero dominio sometida.

En tiempos de Ercilla esto pudo ser, hasta cierto punto, verdadero, pero nuestra fértil provincia ha sido regida por rey hasta el año de 1818, fecha de nuestra Independencia. Por otro lado, antes que el mencionado poeta pisara nuestra tierra, ésta ya había sido colonizada hasta el sureño río Maule por el Inca Tupac Yupanqui en 1460, colonización que prosiguió más tarde hasta el Bío-Bío, en 1485, merced a las tropas de Huaina Capac. Luego de la conquista peninsular, el país pasa a manos de Carlos Primero de España ( Carlos Quinto de Alemania ) . Al independizarse del trono español, Chile pasa a depender, según se daba el vaivén histórico, de los distintos imperios en rivalidad ; Alemania, Francia, Italia, e Inglaterra. Por último, y sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, nuestro país entra en la órbita imperialista de este bicentenario país que hoy gentilmente nos hospeda. Trataré de explicarles mediante dos ejemplos por qué llamo imperialista a la relación de EE.UU. con Chile. Las compañías del cobre, hasta su nacionalización, la Kennecott Corporation y la Anaconda Company, se llevaron de Chile, durante las décadas de su explotación minera una cifra cercana a DOS VECES EL PATRIMONIO de toda la Nación. Dos veces el país íntegro, con todo lo que contiene. El segundo ejemplo se refiere al papel de la International Telephone and Telegraph en el Golpe Militar de 1973, probado por documentos publicados en varios idiomas hasta la saciedad. Piensen ustedes, nacidos en este país de Lincoln, si podemos llamar de otra manera a estos hechos mencionados ?

En la actualidad nuestra dependencia tiene un sesgo diferente, ya que hemos pasado a manos de un super imperialismo mesiánico constituido por las grandes empresas transnacionales, de sello tri-lateralista, en crisis y cuya lógica imperial entibia la guerra fría y tensa la distensión. ¿Los empleados de última categoría de tal racionalidad imperial?: los soldaditos de turno con sus galones y charreteras de oropel.

El mito iniciado por Ercilla, la fábula enriquecida con el tiempo, la leyenda acrecentada con los años y repetida hasta la saciedad por la burguesía chilena -una de las más tontas y cursis del Continente, con sueños de grandeza y delirios racistas- ha hinchado la ideología chilena de manera alarmante. He dicho que nuestra burguesía, la menos nacionalista de América, por cierto, es necia y cursi. A esto agregaré: ignorante. Si no me creen ahí van algunos ejemplos al respecto.

Terminada la Guerra del Pacifico, se le encargó al gran escultor francés Auguste Rodin una estatua al héroe nacional, capitán de Navío Arturo Prat, derrotado en el combate naval de Iquique. Los representantes de la cultura oficial que fueron a buscar el monumento lo rechazaron porque el uniforme esculpido no era exactamente igual al de la Armada Nacional.

Para embellecer la capital, los urbanistas de la época mandaron a dinamitar el famoso puente de Calicanto, joya de la arquitectura colonial, para sustituirlo por uno de hierro, porque esa era la moda francesa de la época, inaugurada por Eiffel.

Un culto alcalde derechista de una municipalidad santiaguina de clase media alta, le puso a una calle el nombre de Los Talaveras, que era como se llamaba, durante la guerra de la Independencia, el órgano represivo del poder español, algo así como si los israelíes bautizaran una calle de Tel Aviv, con el nombre de los SS.

En otra ocasión, la intendencia de Valparaíso aceptó de un extranjero un regalo para adornar la ciudad. Cabe decir que la justicia chilena había cometido una arbitrariedad con aquel señor. Ese regalo, que hoy puede verse en la entrada de la Corte de Apelaciones de nuestro primer puerto, es una estatua alegórica de la Justicia: una mujer con una venda en la mano, una espada rota y una balanza bajo el brazo.

Además de su estulticia e ignorancia, la clase dominante chilena tiene otros ribetes. Hace algunos años perdonó al repugnante nazi Walter Rauff, requerido como criminal de guerra por la República Federal Alemana y confeso de genocidio, porque en la legislación chilena no existe el delito de genocidio, nulla lex, nulla pena. Paraíso de nazis hoy, el territorio de Chile alberga además, nada menos que al siniestro doctor Mengele, expulsado hace poco de Paraguay.

Chile, país inventado por un poeta como dicen algunos, sufre todos los riesgos de la imaginación artística del siglo de oro hispánico e inaugura una sarta de mitologías que su extranjerizante burguesía manejará, hasta el día de hoy, en su provecho y en el del yugo foráneo de turno.

La manida expresión que le atribuye a Chile un carácter insular no es demasiado aventurera. Por el norte un desierto donde la vida es totalmente inexistente debido a su contenido nitroso; con la excepción de algunos gambusinos solitarios, es el desierto más desierto del mundo y separa a nuestro país del Perú. Por el sur el polo, la blanca soledad de los hielos antárticos. Por el oriente la cordillera de Los Andes, con un promedio de seis mil metros de altura, la segunda más alta del planeta después del Himalaya, que los divide de Argentina y Bolivia. Y por el occidente el mayor de los océanos, el Pacífico.

Los límites no siempre fueron los actuales. En 1563 se le cercena el territorio de la Rioja, en 1778 las provincias de Cuyo y en 1879 la Patagonia, todo en beneficio de Argentina. Por otro lado, en la fraticida guerra del Pacifico, conquista la provincia de Tarapacá al Perú y la de Antofagasta a Bolivia, ¿Causas de la Guerra? El salitre, el nitrato de sodio -base, entre otros productos, de la pólvora- que después de la guerra quedó en gran medida en las manos del mercader inglés John North llamado 'el rey del salitre'. Sangre chilena, sangre peruana, sangre boliviana para colmar las faltriqueras de John North. Era el año de 1879.

La historia de los límites de Chile es la historia de sus limitaciones impuestas por las grandes potencias, de las amenazas de guerra entre hermanos, de temores, prepotencias y divisiones geográficas arbitrarias como sucede en todos los territorios que una vez fueron pasto del colonialismo europeo. El ideal anfictiónico de Simón Bolívar fracasó; el ideal unificador del panameño Justo Arosemena no tuvo éxito; la idea unitaria del general boliviano Santa Cruz de hacer de Chile, Bolivia y Perú una sola patria, fue bloqueada mediante una guerra iniciada por la burguesía chilena a pesar de que el padre de la patria Bernardo 0'Higgins era partidario de la idea de Santa Cruz.

Las limitaciones de Chile, sus límites reales más que geográficos, su destino, en fin, son la expresión de las geopolíticas de los imperialismos a través del tiempo. Hoy día por ejemplo, estamos inmersos en la estrategia de la guerra interna hemisférica, concebida por estos rumbos; guerra que nosotros jamás hemos declarado y en la cual nos tienen proyectados, sin que lo sepamos, como carne de cañón. Además a punta de bayonetas nos meten en los márgenes de las seguridades nacionales donde todo, hasta la inteligencia, el alma, el espíritu o los sueños, caen en los ámbitos de lo que es 'seguridad' , doctrina castrense frente a la cual la inquisición española era juego de niños. Por último en nuestra enajenada vida cotidiana penetra la estructura de un llamado mundo occidental aunque no muy cristiano, que nadie sabe donde comienza pero que sabemos donde está terminando.

Esos son nuestros límites, nuestras limitaciones, nuestras fronteras en este mundo moderno; estos son los confines que nos forman, que nos deforman, que nos conforman cercenando nuestra libertad y nuestras posibilidades de ser en la historia algo más que un trozo del patio trasero imperial: Chile, en fin. 'limita al centro de la injusticia', como dijo la poetisa Violeta Parra en un verso muy genuino. Nuevamente la poesía metiendo su cola para inventar, corregir, interpretar la historia chilena.

Sus setecientos cuarenta y dos mil kilómetros cuadrados actuales, sin contar sus islas y el territorio antártico, área equivalente más o menos a la doceava parte de EE.UU., se distribuyen en una 'loca geografía' como la llamara nuestro gran escritor Benjamín Subercaseaux. El país se ubica en toda su longura desde más al norte del Trópico de Capricornio hasta más al sur del Círculo Polar Antártico. Su clima es frío, continental, debido a la corriente de Humboldt que baña sus costas. Por ello no hay alimañas ni animales venenosos, excepto los militares.

Allá en los valles centrales de Chile se dan los mejores vinos del continente americano; cobre, azufre y bórax en la precordillera nortina; madera, fruta, hierro y carbón entre las humedades sureñas; energía eléctrica, textiles, pesca a lo largo de todo el país, plata, acero, azúcar, plomo y oro también; y hasta un poco de petróleo en la Tierra del Fuego. Además, por esas tierras se produce muy buena poesía y poetas al por mayor y de tono tan mayor que de tres premios Nobel de Literatura que tiene todo América Latina, dos de ellos han sido obtenidos por poetas chilenos: Gabriela Mistral en 1945 y Pablo Neruda en 1971.

Sin embargo su mayor riqueza son sus trabajadores, sus campesinos, sus intelectuales, los verdaderos hombres de Chile, los que siempre sacaron la cara por la patria, en las guerras, en el trabajo y en la realización de la ciencia y el arte. Porque supongo que a esta altura ustedes ya se habrán dado cuenta que en ese largo rincón sudoccidental de América del Sur hay dos países, dos Chiles, desgraciadamente irreconciliables, dos calidades de hombres diferentes, unos que viven del país como de un feudo y otros que han vivido para el país como quien se plantea una obra grandiosa. Por ello quiero denunciar acá que el diez por ciento de la población chilena se ha visto obligada a vivir en el destierro, en el forzado exilio debido a la persecución política, al terror, al atropello cínico de los derechos humanos más elementales y a la situación general de hambre, exceptuando una minoría muy exigua dentro de la cual se encuentran las Fuerzas Armadas, que viven del y no para el país.

Antes que ese millón de chilenos fuese compelido a abandonar su patria, el chileno era por tradición un trotamundo. Minero en la Argentina, cantante en México, profesor en Venezuela, periodista en Costa Rica, obrero en Alemania y hasta cubren la China prerrevolucionaria. Es conocida la anécdota de nuestro escritor Joaquín Edwards Bello, con cargo diplomático en el Oriente, quien una vez en Shanghai tomó un ricksaw jalado por un culi con su respectiva coleta. De pronto el chino tropezó y lanzó un denuesto muy chileno, Edwards Bello lo interpeló. En resumen el culi era un compatriota nacido en Tocopilla. ¿Y qué haces, hombre, por acá ?, preguntó el diplomático chileno. Aquí me tiene, señor, acarreando huevones.

Aquí mismo, en California, las gentes chilenas estuvieron muy vinculadas al desarrollo del Estado. En 1849 eran la primera minoría nacional después de los norteamericanos; en tercer lugar estaban los mexicanos, dueños del lugar hasta hacía apenas dos años, y en cuarto lugar los chinos. Era la época de la fiebre del oro, la época de los duros aventureros, la época en que los galgos -los greyhounds- armados de grandes pistolones se dedicaban a exterminar chilenos, por allá por los terrenos del Telegraph Hills donde hoy está la Colt Tower, barrio típicamente de chilenos, Chilecito, donde éstos se defendían con grandes navajas curvas -los célebres corvos-, los terribles ' corvos ' muy prácticos para cortar gargantas, creando la leyenda de la que Neruda extrajo su Joaquín Murieta. Mito de chilenos en San Francisco que nos legara Vicente Pérez Rosales y cuyos nombres deben ser pronunciados ante ustedes porque son parte de la historia de la nación norteamericana. José Manuel Ramírez, pariente lejano, fundó la ciudad de Marysville y edificó el 'castillo' con 'subterráneo de mármol y ventanas góticas 'como nos cuenta por ahí David Valjalo. Buenaventura Sánchez, planificó la ciudad de Washington -llamada actualmente Broderick- al otro lado del río, vecina a Sacramento y Benigno Gutiérrez abrió la primera 'botica' en California (Santa Bárbara 1855) que hasta la fecha ' lleva su nombre' recogiendo otras informaciones del mismo poeta.

Chilenos en tierra de Edison, en ese Menlo Park donde una vez Fernando Alegría me advirtió que estábamos nada menos que en la calle de Valparaíso esquina de Alameda de las Pulgas. Historia que comienza en el primer lanchón maulino zarpando de Cauquenes rumbo a San Francisco donde estaba, más que el oro, la aventura.

Interpretar nuestros países implica entenderlos en el proceso de expansión de la burguesía europea dando los primeros pasos en la acumulación capitalista. Aunque a los ojos del citado Almagro Chile apareciese como un lugar donde abundaba el oro, noticia relativamente verdadera, la conquista era algo más; la sed del metal dorado que se apoderaba de las mesnadas de aventureros era simplemente la expresión anecdótica de la acumulación en el comerciante y en el banquero renacentistas. Esta burguesía europea a que aludimos se hace reformista en Alemania, protectora de las arres en Italia y conquistadora de nuevos mundos en España, desarrollando solamente fases diversas de un mismo y único proceso. Esta burguesía, trescientos años más tarde se criolliza y despliega ideas independentistas, extraídas de las Cortes de Cádiz de 1812. Ahí, los peninsulares agitan la necesidad de independencia del trono napoleónico. Por acá, en las colonias, como un eco natural, hacemos nuestro el pensamiento emancipador.

A pesar de que San Agustín superó el maniqueísmo en el siglo IV, hemos hablado de dos Chiles, uno democrático conquistado por un gran movimiento obrero de recia raigambre minera y otro que, cierta vez para atender a la bella Otero que estuve de viaje por Santiago, sacrificó a todos los animales comestibles del Zoológico Nacional. Dos países, dos clases de personas, una elitista educada en colegios dizque aristócratas y confesionales y otra, producto del liceo chileno, forjador de la clase media intelectual y de la clase política, institución educacional de creación francmasónica, liberal, radical y socialista. Un Chile folklórico, por un lado, lleno de héroes plasmados en el bronce y otro bajo cuya superficie subyacen las muertes, las matanzas, los asesinatos masivos que se omiten por cierto en los libros de historia oficiales. El pueblo fueguino, por ejemplo, fue exterminado en las postrimerías del siglo XIX. Primero fueron los europeos, cazadores de cabezas quienes vendían los cráneos indígenas a comerciantes que a su vez los marcaban en el Museo Británico para estudios frenológicos. Luego fue la dinastía de los Menéndez que con el fin de conquistar esas tierras para su imperio ganadero se sumaron a la matanza. Permítanme aquí un paréntesis. Era tan prepotente y vanidoso el creador de esa dinastía, dueño en un momento de toda la punta chileno-argentina de América del Sur, que hizo forjar un monumento de bronce a Hernando de Magallanes en la austral ciudad de Punta Arenas en el cual hizo grabar la siguiente leyenda: 'A Magallanes, José Menéndez'. Corno los cazadores de cabezas y los agentes de Menéndez no pudieran acabar con los indígenas, la Compañía Explotadora de Tierra del Fuego, de la que era propietaria la mencionada dinastía, invitó a las tribus para hablar de la paz. Ahí se bebió mucha ginebra. Cuando los caciques y sus mujeres estuvieron embriagados se les masacró con armas de fuego. Pero como para desgracia de ellos aún quedaban algunos indígenas, en gesto de amistad se les regaló ovejas envenenadas con estricnina. Mucho de esto puede encontrarse en el libro del sacerdote alemán Martín Gusinde, Die Feuerland, y en la obra de Nicolás Borrero La Patagonia Trágica. Borrero fue encontrado muerto de muerte natural en una playa del Uruguay, curiosamente con varios balazos en la espalda.

Las matanzas de mapuches para robarles la tierra no son menos desconocidas, así como tampoco la masacre de la cueva de Quicaví con el pretexto de acabar con los brujos, que en verdad había,

Las muertes de chinos en el norte del país mas que asesinatos directos fueron suicidios provocados, ya que estos orientales que trabajaban en las salitreras prácticamente como esclavos, preferían quitarse la vida a los padecimientos infligidos por los amos del nitrato.

El señorito chileno se enorgullece de moais pascuenses, e inclusive ve con buenos ojos que sus hijas aprendan a bailar el sau-sau, pero ninguno sabe del exterminio de pascuenses en manos de piratas peruanos que se los raptaron para condenarlos a trabajar esclavizadamente en las islas guaneras. Se llevaron a toda la población masculina en edad de trabajar, entre ellos a los sabios y sacerdotes que sabían leer las famosas tablillas, hoy incomprensibles. así se perdió la cultura pascuense. El gobierno de Chile reclamó. El gobierno peruano ordenó repatriar a los sobrevivientes. Estos murieron en el camino de regreso.

Las matanzas obreras forman legión. Ahí están La Coruña, San Gregorio, Ranquil, Puerto Montt, herederas de la Escuela Santa María de Iquique hecha cantata por Luis Advis, y Marusia llevada al cine por Miguel Littin.

Por último, el régimen genocida de Augusto Pinochet, con cerca de cuarenta mil muertos en su conciencia, incluyendo al ex-canciller Orlando Leletier y su secretaria norteamericana Ronnie Moffit, ambos asesinados por encargo de la DINA en las calles de Washington.

Muertes, asesinatos masivos, matanzas por doquier. Esta ha sido la historia oculta, la otra cara, la soterrada crónica del país inventado por el poeta Ercilla. Matanza y bestialidad. Desde un comienzo, desde La Conquista y la Colonia. Pedro de Valdivia, por ejemplo, que mencionamos como fundador de la capital chilena, cierta vez, para escarmiento, a quinientos indígenas les mandó cortar las manos; a otros quinientos las orejas; la lengua a otros cinco centenales y a igual cantidad, los pies. La burguesía chilena ha elevado a Valdivia a la categoría de héroe y de hombre culto ya que escribió cartas al rey, una de las cuales está reproducida en una piedra sita en los faldeos del cerro Santa Lucía, ¡Que diferencia con México donde no hay, que sepamos, ningún monumento a Hernán Cortés; o Perú, donde reemplazaron el monumento a Francisco Pizarro por uno de Tupac Amaru! .

Es un lugar común decir que nuestra burguesía ha sido tan sanguinaria como cualquier otra, pero ha tenido la rara virtud del cinismo, de la hipocresía, del encubrimiento, tanto así que hasta la propia izquierda ha caído en su juego al pregonar el mito de la perfecta democracia, la leyenda del constitucionalismo militar y la fábula del país donde se lograría el socialismo por buena voluntad y competencia electoral.

La clase dominante chilena además ha desarrollado una suerte de idiosincracia, un tipo de índole netamente vernácula que consiste en una hipercursilería desnacionalizada, extranjerizante, vana y a la vez banal. Me refiero a la siutiquería o modales arribistas clase-medieros del que se escapan solamente los campesinos y parte importante de los obreros.

El siútico dice que los chilenos somos los ingleses de América y los prusianos del Pacifico, sin darse cuenta que apenas somos unos mestizos enfriados por la corriente de Humboldt.

El siútico dice que la expresión chilena es el huaso con espuelas de plata (sic), altas botas de fina piel, poncho de siete colores, caballo alazán y montura de excelsa talabartería, atuendo que sólo los dueños de grandes fundos, los latifundistas ricos, pueden darse el lujo de comprar. El campesino chileno viste con ojotas hechas de llantas viejas, pantalón a media pierna, un saco de los de harina como delantal, camisa y chaleco usados, heredados de algún patrón. Y la cursilería clasista llega hasta el folklore, idealizando la figura del terrateniente y la vida del latifundio. así un conjunto folklórico llamado 'Los de Ramón' canta una canción sobre la mamita vieja, la empleada doméstica, la niñera que permanece soltera cuidando los hijos y luego los nietos del patrón; que más tarde envejece y finalmente muere y que por fin se va al cielo a lavar ... los pañales del niño Dios. La servidumbre como valor, como expresión hegeliana del reconocerse amo frente a la conciencia servil. El esquema agrario no reformado como ideal de vida absoluto.

Hay otros que colocan como representante del pueblo de Chile, como su personaje simbólico urbano, al roto, especie de lumpen-proletario u obrero empobrecido, harapiento, semi-alcoholizado, medio delincuente y a veces, de trágico humor. La burguesía quiere al roto, pero con asco; repite sus tallas pero lo discrimina y margina de la sociedad. Mientras pueblos como el inglés se representan por el bien vestido y mejor alimentado John Bull; EE.UU., por el tío Sam ataviado de etiqueta; Argentina por el gaucho abrigado y bien comido, Bolivia por el cholo con su traje típico o México por el elegante charro, la burguesía siútica chilena exhibe a un tirillento, tirilludo, pililo, desdentado, haraposo, pati-pelado, vago, desempleado, borrachín y ladronzuelo que es como se imagina al proletariado que le da la riqueza, al que realmente desconoce y al que inventa tal como Ercilla inventó a Chile, y al que masacra cada vez. que osa decidir su dignidad.

Amigos de Norteamérica, el chileno no es ni el roto ni el huaso. El chileno es un hombre verdadero, protagonista de su historia, que ha levantado Chuquicamata, la Universidad de Chile, la acerería de Huachipato, los premios Nobel de Literatura, los viñedos, las fábricas, la inteligencia, los bosques y el espíritu; que no tiene uniforme ni traje típico, es un hombre como tú, tan respetable como cualquiera de nosotros.

Actualmente Chile es un país donde impera una tecnocracia castrense al servicio del poder transnacional y de un reducido grupo plutocrático. Gobierno de técnicos y especialistas subsidiarios de la escuela económica de Chicago. Tecnología y control desde una cúspide dictatorial y mal preparada. Cierta vez un general expresó lo que sigue con respecto al papel de las universidades: 'nosotros necesitamos formar solamente ingenieros de ejecución, técnicos, Ya que para pensar estamos nosotros' . La frase anterior podría pasar por más o menos inteligente si no tuviéramos un antecedente como el de Pinochet que una vez empezó un discurso de esta manera: 'señores, antes de hablar voy a decir algunas palabras... ' Alta tecnología en el control, en las muertes y sobre todo en la tortura. Ruego a ustedes un poco de paciencia para escuchar algunas de las técnicas usadas por las fuerzas represivas chilenas en contra de la oposición política, en contra del pueblo, casi siempre de manera indiscriminada. Las hemos extraído de un libro del ex-ministro Pedro Vuskovic. El por su parte las sacó de las denuncias de participantes directos en foros internacionales:

a) Violaciones colectivas de mujeres delante de familiares.
b) Quebraduras de miembros, cortaduras, punciones e incisiones.
c) Uso de drogas inyectables u orales para producir drogadicción.
d) Ratas infectadas colocadas en heridas y órganos genitales.
e) incrustaciones de bambú entre las uñas.
f) Obligación de ingerir excrementos y orines humanos.
g) Aplicación de electricidad en boca, ojos, sexo, ano y sienes.
h) Lanzamiento de prisioneros amarrados desde torres de telecomunicaciones,
i) Quemaduras con fuego, agua hirviendo y ácidos.
j) Marcas de símbolos políticos en la piel con hierros calentados al rojo.
k) Rupturas de vaginas con báculos y bayonetas, inyección de aire en los pechos.
l) Traslado de prisioneros colgando de helicópteros.
m) Asfixia introduciendo la cabeza en una bolsa de polietileno, o en tambores con agua o en el mar, desde grúas.
n) Pau de arara, de origen brasileño, que consiste en colgar al prisionero de una vara, amarrados juntos pies y manos.
o) Silla eléctrica de bajo voltaje.
p) Introducción, de agua por el ano.
q) Incomunicaciones por más de sesenta días; o por seis días sin comer, ni dormir y de pie.
r) Celda de castigo llena de excrementos donde el prisionero es mantenido en el suelo, amarrado y boca abajo
s) Simulacro de fusilamiento en presencia de familiares.
t) Introducción de cuellos de botella en vaginas.
u) Introducción del prisionero en un tambor vacío que se golpea hasta la ruptura de los tímpanos y locura temporal
v) inyección de aire en las venas para una muerte lenta.
w ) Cuerpos lanzados desde aviones sobre el Golfo de Arauco.
x) Prisioneros dejados en una jaula con un cóndor para que con sus garras el ave de rapiña destroce al Torturado.
y) Estiramiento de pies y manos por medio de cuerdas.
z) Extirpación de ojos mediante destornilladores.

Reduje la lista presentada por Vuskovic a la cantidad de letras de nuestro alfabeto para no agotarlos. ¿Cuál fue el delito del pueblo de Chile para merecer tal vesanía, tal odio, tal encono macabro de parte de las Fuerzas Armadas? Haber apoyado a un gobierno legítimo, constitucional y democrático que nacionalizó los minerales de cobre por la unanimidad del Congreso Nacional, que hizo obligatorio darle medio litro de leche diario a todos los niños de Chile, que estableció relaciones diplomáticas con todos los países de la tierra, que acabó con el latifundio y que dio dignidad a los trabajadores.

País de poetas pero también de uniformados asesinos. Y no es extraño. Alemania dio a Goethe, a Schiller, a Novalis, a Hoelderlin y a Brecht; pero también dio un Hitler, un Mengele, un Rauff, un Himmler y un Goebels.

Estimados amigos: solidarios representantes de la Associated Students, The Department of Foreign Languages & Literature, The Latin American Studies Center, Latin American Society, Sigma Delta Pi, Teatro Universitario en Español y Asociación Universitaria Hispanoamericana, de California State University at Los Angeles, y otros grupos y entidades progresistas de este pueblo de Jefferson, Whitman, Lincoln, Edison, Groucho Marx y Hemingway, yo sé que ustedes conocían mucho de mi patria sobre todo esa bella cara que mucho la tiene. Yo los he invitado a introducirnos a un nuevo conocimiento, a un reconocimiento de Chile, a ver una de esas ropas sucias que como dijo una vez Tales de Mileto, habría que lavar en casa.

Hoy, la casa donde debería lavarse esta ropa sucia es et mundo entero, sobre todo frente a hombres y mujeres solidarios y amigables como ustedes.

Para nuestra lucha por la libertad y la democracia sabemos que contamos con el generoso apoyo de los sectores progresistas del pueblo norteamericano, sobre todo de sus intelectuales y de su juventud innovadora. No se olviden, este presente nos encuentra y el futuro nos encontrará unidos por causas comunes frente a las grandes potencias cuyos hipertrofiados Estados implican controles verdaderamente inhumanos. De Cristo a Marx, la libertad es un valor intransable.

Creo que esta cara antioficialista, antisiútica y antiturística de Chile y su pueblo es necesario exhibirla, enseñarla ante el mundo entero. Ello, pienso, implica una manifestación cabal de genuino patriotismo, en el sentido que el patriotismo es una necesidad auténtica de identificación más que un elemento mítico al servicio de los grupos dominantes que siempre lo han esgrimido en contra del pueblo.

En este mundo transnacionalizado, pensamos que nuestra lucha común es, también transnacional, y que los principios del humanismo, la democracia y la libertad cada vez son más vigentes. Los pueblos latinoamericanos, los pueblos del Tercer Mundo, los pueblos de los países que quieren compartir la historia de pie y no de rodillas, no estamos dispuestos a seguir siendo solamente una cifra de alguna monoproducción. Tampoco queremos, como nos caracterizó Jean Paúl Sartre en el prólogo de Los condenados de la tierra de Franz Fanón, ser sólo un eco que, mientras los hombres de los países centrales y dominantes dicen Partenón, Fraternidad, nosotros apenas podemos repetir . . . tenón . . . nidad . . , Tenemos mucho interés en que ustedes nos entiendan, que se coloquen en la óptica del cuello y no de la cuerda, en el punto de vista de ia espalda y no del látigo, en la perspectiva del invadido y no del invasor. No solamente queremos, necesitamos la comprensión y la amistad de ustedes, por el bien de ambos.

La situación chilena después del Golpe Militar cruento y terrible, durante la dictadura genocida de Augusto Pinochet o Pinoshit como se describe el gran pintor chileno Roberto Matta, ha sido un duro aprendizaje y un acicate para replantearse el futuro. Sin voluntarismos y con toda objetividad tenemos fe en el porvenir de nuestro país, sin tiranía.

La esperanza en la libertad de nuestra tierra cunde a cada instante. La dictadura cree que puede permanecer fuera del alcance de la Justicia que conquistó el pueblo de Chile; fuera del alcance del veredicto del pueblo norteamericano que ha solicitado la extradicción de tres militares, probadamente implicados en et asesinato del ex-canciller Orlando Letelier en su propio territorio.

Ellos creen que vivirán en la eterna impunidad. Tenemos la fuerte esperanza que se equivocan. Tenemos una seguridad irredargüible. Y esta confianza fue expresada cabalmente por un cura, un sacerdote católico que era torturado por un grupo de oficiales. Mientras los militares vaciaban su sadismo en el tormento, el religioso les gritó :

... podrán cortar todas las flores,
pero no podrán impedir
que vuelva o renacer la primavera,
mierdas . . . .

Yo, socialista y democrático, militante de la misma agrupación política del presidente mártir Salvador Allende, creo y confío, usando sus palabras, que 'más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas' para que pase el pueblo victorioso. Espero que ese día estén ustedes con nosotros respirando el aire de la libertad. Este íntimo deseo de cada chileno obligado a sobrevivir fuera de la patria ya lo había expresado Pablo Neruda hace algún tiempo. Repitamos sus palabras, los dos tercetos de un soneto ya clásico:

Pero saldrás al aire, a la alegría,
saldrás del duelo de estas agonías,
y de esta sumergida primavera
libre en la dignidad de tu derecho
y cantará en la luz, y a pleno pecho,
tu dulce voz, oh, ¡ Patria prisionera !


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03