Lenguaje, ideología y liberación

Lenguaje, Ideología y Liberación

Armando Cassigoli
Literatura Chilena en el Exilio. N 13 Enero 1980

Una advertencia preliminar: no soy especialista en la enseñanza de la lengua española ni de su literatura. Hago esta observación por respeto a mis colegas especialistas quienes, como sucedía en la Universidad de Chile, hoy bajo la incultura de la bota militar, debían seguir un mínimo de cinco años de estudios superiores para ser 'Profesores de Castellano'.

De la advertencia reciente extraigo como primera aproximación al tema, la denominación de nuestra lengua y por ende sus implicaciones ideológicas. De las lenguas de España: Euskera, catalán, gallego y la lengua de Castilla entre otras, esta última pasó desde el régimen instaurado por la 'Falange Española Tradicionalista de las juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista', a ser la lengua oficial del Estado hispánico. Lo anterior, se realizó posiblemente debido a un afán de unificación administrativa, a ello se agregó la prohibición expresa del uso de otras lenguas españolas muchas de ellas de rica literatura. Al castellano, así, por ukase franquista se le denominó español.

Cosa idéntica sucedió en la Italia mussoliniana donde el toscano pasa a llamarse Italiano, como si el véneto, el siciliano o el napolitano hubieran sido lenguas desarrolladas fuera de la península itálica.

Sin entrar a considerar aquí la justeza de las medidas tomadas por ambos gobiernos fascistas, lo cierto es que la actual denominación de nuestra lengua proviene de un discutible decreto del franquismo, lo que a su vez implica, además, otros aspectos ideológicos de lo que nos preocuparemos más adelante.

Sin embargo, la explicación que antecede no es la única. En mi país, por ejemplo, en los años sesenta, muchos académicos optaron por cambiar la denominación del departamento respectivo de la Facultad de Filosofía y Educación. El Departamento de Castellano pasó a llamarse, Departamento de Español.

En esa época triunfó la democracia electoral y el título académico respectivo pasó a ser el de: Profesor de Español.

Algunos de los electores apoyaron la moción por considerar digno de la mejor nota el decreto del franquismo. Otros, muchos de ellos ex-becarios en Estados Unidos de Norteamérica, consideraron que 'español' era la correcta traducción de spanish. Esta segunda corriente de opinión, a su vez, tampoco excluye, por supuesto, influencias teñidas de fuerte contenido ideológico.

A pesar de lo anterior, ambas posiciones, pueden englobarse en solamente una: el europeocentrismo, el metropolitano-centrismo que preside algo, al parecer, tan simple como lo es la mera denominación de esta, nuestra lengua.

Y el problema con respecto a qué lengua hablamos, no es simplemente un problema semántico, como tampoco es semántico el asunto de saber si somos hispanoamericanos, iberoamericanos, latinoamericanos o, como quisieran al norte del Río Bravo, panamericanos. Detrás de cada palabra, de cada giro idiomático están la vida, los pueblos, la economía, y la política. También están la sangre, la experiencia, la historia de cada comunidad en su ser más real, fino, tierno, cruel o conflictivo. De ahí que con gran razón el poeta hebreo Jaim Najman Bialick dijera que 'leer a un poeta en traducción es igual que besar a la novia a través del velo'.

El Castellano y no español, se nutre de raíces profundamente populares, creciendo, desarrollándose y llegando a su plena madurez en Hispanoamérica. En ese momento se elitiza y las clases dominantes dan su aporte y lo transforman en idioma culto, lo envasan en mamotretos, lo clavan en los insectarios académicos y lo transforman en idioma culto, es decir cultivado, cultivado como el maíz que después de producirse en tierra, con agua y sol, es envasado en una lata de marbete coloreado.

En nuestros países, a gran honor mestizos, nuestra lengua lo es también, y es por esa misma razón enriquecida, revivificada. Adopta así constantemente modalidades y particularidades nuevas que se dispersan por todos los ríos de la lengua desde la propia tierra madre de este nuestro hablar, España.

De esta suerte no es extraño que pensemos en latinoamericano, en vez de hacerlo en castellano o más aún, en español. Ello significa un reconocimiento, un tránsito hacia la identidad, que no es otra cosa que adoptar una posición que no excluye ni lo económico ni lo político. Por ello no es absurdo expresar hoy que la defensa de nuestra lengua castellana latinoamericana es también una defensa de nuestras materias primas, de nuestra independencia económica y política.

Gabriela, nuestra Gabriela Mistral de Chile, de América Latina y de toda nuestra lengua, imbuida de esa 'hispanidad' a la que la predispuso la guerra civil española, tuvo un acierto y otra ocurrencia que no fue tal, en una hoja publicada en la revista 'España Peregrina', (México, octubre de 1940), enviado desde Río de Janeiro en septiembre del mismo año. Esta poetisa Premio Nobel escribía así, y con mucha razón para ello: 'El menor decoro espiritual que puede poseer un pueblo, es el idioma. Nuestra gente habla mucho, pero habla mal; escribe también demasiado, pero con un abandono mayúsculo y al margen del clasicismo español tanto como del casticismo criollo. Es decir, gobierna la enseñanza del castellano un criterio de antojo, de mínimo esfuerzo, de relajo o lisa y llanamente de ignorancia monda y oronda'.

Sin embargo, poco más adelante de estas sabias y bellas palabras Gabriela .Mistral prosigue: ' ¡Qué linda sería una mocedad sudamericana que hablase, a lo menos, como el campesinado de Córdoba, de Toledo, o de Salamanca! Yo querría volver a vivir para oírla. Tendrá gracia, donaire, calor y sabor, agilidad y jocundidad en cada decir, en el preguntar y el responder; en el describir y el narrar, hasta en el enamorar y el pelear!'

Tal como los árboles a veces impiden ver el bosque, otras, el legítimo amor a España, a esa España por añadidura dolorida, le impidió a Gabriela ver Latinoamérica en su originalidad cultural.

El problema nuestro es, en estos tiempos, no el de castizar la lengua con que nos tratamos de comunicar sino que salvarla de esa contaminación a través de los medios masivos de la que nos habló con tanto acierto el investigador venezolano Antonio Pasquali, hace ya más de dos lustros, en una revista de aquel país.

¿Pero qué es esto de la 'dependencia' de una lengua? Hasta ahora hemos hablado de economías, políticas y hasta ejércitos dependientes, pero no de lenguas. Veamos, Louis Althusser que pese a su estructuralismo esquemático, tiene muchos aciertos, clasifica entre los aparatos ideológicos del estado (AIE) (1) a los escolares (el sistema de diferentes escuelas públicas y privadas), a los familiares, a los de la información (2) (prensa, radio, T.V., etc.). Lo anterior nos remite pues a las Teorías de la Información y de la Comunicación, al problema de los Medios Masivos y también al tema de la Ideología conexo a ellas. El problema de la información a nivel antropológico, mas no cibernético, nos lleva a la constatación de la existencia de grandes focos informativos institucionalizados que ejercen una fortísima influencia del último de los AIE mencionados sobre los dos primeros.

Un foco informativo en primer lugar no comunica. Simplemente informa, (o forma o deforma o conforma) en un sentido unívoco que va de sí mismo hasta una masa pasiva. No es el foco el que depende de la masa sino que todo lo contrario, la masa pasa a depender del foco. Por otra parte el foco es institucional por cuanto sólo una institución con poder, con solvencia económica y política puede, en el sofisticado desarrollo tecnológico actual, costear la instalación técnica especializada que tal foco demanda: Estado, Iniciativa Privada, o un fuerte grupo de presión distinto, aunque avalado por el Estado.

La presión de este foco institucionalizado (aparato ideológico del Estado que le sirve a este para ayudar a reproducir las relaciones de producción vigentes), en los últimos cincuenta años, y en progresión casi geométrica, ha desarrollado una realidad icónica. Esta realidad icónica nos convierte en una especia de 'voyeristas' de la cultura, con una nueva sintaxis propia. Si bien es cierto los medios son un aparato ideológico del Estado, lo son más bien en un sentido total, global y más internacional o trasnacional de Estado, que en el restringido de Estado nacional. Revistas femeninas como 'Kenna', 'Vanidades' o 'Cosmopolitan'; teleseries como 'Misión Imposible' o 'Plaza Sésamo', transmisiones como las radiales a través de disc-jockeys; o comías como los de los suplementos dominicales de los periódicos latinoamericanos, salvo rarísimas excepciones, no vehiculan específicamente la ideología de sus estados nacionales: nos presentan el sistema ideológico de lo establecido en el sistema global del capitalismo mundial, el establishment de toda el área.

(Resulta curioso que haya tenido que recurrir a vocablos como 'establishment', 'comics', 'disc-jockeys' para expresar conceptos de manera más clara que 'lo establecido', 'caricaturas o historietas' o 'promotores disqueros'). Esto pues nos conduce a interpretar el sentido de Estado de manera más amplia, tanto que englobaríase en él todo el mundo capitalista mundial, con su centro transnacional y su cadena periférica dependiente. En el modelo precedente, es Estados Unidos de Norteamérica quien lleva la parte más importante, de suerte que los términos a los que tuve que recurrir no son de origen inglés (inglés de América) por casualidad, sino que por toda una situación histórica de influencia sobre este subcontinente dominado.

Tenemos dificultades de expresión porque nuestra lengua es dependiente. No leemos sino que vemos, miramos. Leer es descifrar, interpretar signos. Así, el campesino lee su tierra y sus productos; el pescador lee la pesca y el mar. El mundo tecnológico moderno no es leído por nosotros sino que lo aceptamos viéndolo, sin descifrarlo, sin interpretarlo. Somos la masa pasiva del sistema donde, la opinión, ni siquiera inteligente, de un locutor de televisión es más escuchada y repercute más en la opinión que la de un ministro de estado, un premio Nobel o un obispo.

La lengua a través de la cual se expresa el mencionado ejemplo, es la de los traductores, familiarizados con el spangles, más cercanos a la jerga del consumismo que a las fuentes vernáculas de nuestra lengua.

¿Nacerá de aquí en adelante una lengua castellana, de ritmo anglosajón, según los modelos del latín vulgar en contacto con lenguas bárbaras devenidas luego en idiomas nacionales europeos? Como problema filológico esto podría ser aceptable, pero no satisface la conciencia de quienes damos un paso un poco más totalizador y que, en una perspectiva de objetividad más alta, vemos el subsumirse de toda una cultura en un único modelo ecuménico del capitalismo para toda su zona de influencia y dominio.

Hemos dicho 'modelo' y no mera ideología que se vierte así, simplemente, sin conciencia de verterla nosotros o de que se vierta sobre nosotros impulsada por motivaciones oscuras y subterráneas como es fundamentalmente la mecánica ideológica. Los modelos se organizan y se manipulan con un fin claro para quienes lo llevan a cabo, y con motivos muy precisos.

La no existencia de una lengua común para el sistema, entorpece sus direcciones y controlar, hace menos expedita la información centrífuga y centrípeta. Ante este hecho, todo el esfuerzo pedagógico o escolar choca contra la 'razón de estado' transnacional más poderosa y con finalidades más claras y determinadas.

El sistema ha unificado sus tecnologías, su industria cultural, sus instancias bélicas; intenta unificar sus escuelas. De ahí a la unificación de la lengua hay un paso corto y peligroso para nosotros, pero necesario, para que el propio sistema pueda desarrollarse mejor. De ahí su presión inevitable.

Las nuevas lenguas en ciernes, que pronosticamos, con una simplificada gramática, con una sintaxis verbal e ¡cónica comunes, no son expresión de un sensacionalismo cercano a la ficción científica, sino que un alerta ante el hecho, magníficamente demostrado por Armand Matterlart (3), de la matriz común transnacional de rubros tan disímiles como: hoteles, textos de estudio, ojivas nucleares, automóviles de renta, programas televisivos, explosivos, industria del disco, bancos, alcoholes, cinematografía, computación y etcétera; etcétera que trataría de abarcarlo todo, todas las mercancías, incluyendo, es obvio, la mercancía cultural y, por supuesto, el hombre mercancía.

Estamos en un coloquio sobre la enseñanza de la lengua castellana y su literatura. Su temario está bien diseñado y luego de su clausura, muchos de nosotros nos iremos con la conciencia un poco más tranquila por haber dicho lo que teníamos que decir y debíamos haber dicho. Sin embargo no por ello el mexicano por ejemplo, dejará de leer o ver y oír: novelillas de vaqueros norteamericanos; obrillas pornográficas escritas por escritores sin talento, estilo ni oficio; cuentecillos sentimentales; teleseries horrendamente traducidas y locutores y locutoras de TV con hermosos timbres de voz, inversamente proporcionales a su cultura y buen uso del idioma, En fin los abnegados maestros acudirán a nuevos métodos, a renovados programas y modernos planes, para apenas competir con una cultura envasada, ramplona y mediatizadora. Desgraciadamente los hechos nos lanzan, de los problemas de la lengua y su enseñanza, a los problemas de la sociedad y la política. Pero también al problema ético de adoptar una posición de alerta. Quien no piensa en una lengua liberada o en proceso de liberación no puede tener un pensamiento libre.

Y el problema de la lengua liberada o en proceso de liberación es también un problema escolar, un problema de especialistas en la enseñanza de la lengua, de periodistas, escritores y comunicólogos más que de leyes o decretos, aunque a veces la legislación en algo ayuda. Es parte del proceso general de un pueblo, como el latinoamericano, en busca de su identidad negada, tergiversada o en tránsito de diluirse. La inseguridad de nuestro hombre medio enfrentado al mundo es en mucho una inseguridad lingüística, y por lo tanto una inseguridad mental, una falta de instrumentos para apropiarse de su tiempo y de su espacio, de automanipular su realidad cotidiana. En otros términos la traslación al plano lingüístico de una cotidianidad que se escapa y a la cual nos vinculamos solamente a través de relaciones impersonales y circunstanciales.

El mundo icónico, de la imagen, no reemplaza al mundo de la ideación o de la fantasía, tal como las pancartas no reemplazan al poema. Este mundo está constituido por simples estímulos primarios, por mensajes monocomprensivos, estímulos-respuestas para hombres-masas que son 'masajeados' para usar la expresión de Mac Luchan, por otras manos poderosas que lo 'amasan'.

No es necesario caer en la disyuntiva de Eco entre Apocalípticos e Integrados y simplificar el asunto a un nivel maniqueo. Nuestras culturas son culturas agredidas desde todos los ángulos posibles, incluido el ámbito de la lengua. Y no se trata, volvemos a repetir, de un determinismo histórico o geopolítico del cual no podemos emanciparnos, ni de una simple aculturación a través de tres mil seiscientos kilómetros de fronteras, como sucede en el caso mexicano. Se trata de un modelo, expresión de un modo de producción determinado, dentro de una política que ellos denominan de 'guerra interna', interna al sistema, se comprende, o de 'seguridad hemisférica'. El 'hemisferio' occidental limita en Taiwán, Sudáfrica, dondequiera que haya capitalismo.

Esta guerra que nosotros no hemos declarado, por cierto, es un gran desafío para aquellos que tienen la noble tarea de enseñar nuestra lengua y nuestra literatura; tarea que comienza en la escuela primaria y que no termina en las puertas de la universidad, sino que prosigue o debiera proseguir en ella para no encontrarnos con el triste fenómeno de licenciados iletrados y premunidos de una superespecialización no integrada. El peligro de la tecnocracia no es la técnica en sí misma sino que la especialización no integradora o de los técnicos y tecnócratas militantes de la incultura, más fáciles de dirigir y de manipular que aquellos que, compenetrados profundamente de su lengua y de su historia, tienen desde la particularidad una visión más generalizadora de lo real, y una herramienta más genuina para enfrentarlo.

Lo anterior excluye por cierto la vuelta a la cultura libresca, a la retórica o a renovadas formas, de 'trivium'. Excluye el rimbombo del vocablo por el vocablo mismo o el retorno al literato, el jurisconsulto o el historiador como formas típicas del hombre 'culto' que representó etapas preindustriales de nuestros países. Eso fue tiempo pasado y no retornable. Lo que ahora necesitamos son personas que expresen lo que piensan y piensen lo que expresan y que rescaten a nuestra riquísima lengua del 'castellano básico', para defender nuestra identidad de pueblos y naciones en proceso de liberación. Y, lo anterior implica mucho compromiso con nuestra habla, análisis científico, diagnóstico serio, toma de partido, agitación, amor inclusive.

Cierta vez, leyendo una obra de teatro del poeta turco Naxim Hikmeth encontré la siguiente frase en boca del protagonista y dicha a su reina; 'Eres tan hermosa como la lengua turca'. La frase me extrañó. Había en ella algo de absurdo, de antipoético. Luego descubrí el mecanismo de mi asombro; yo sabía que la lengua más hermosa es sin duda el castellano.


Notas:

Ponencia presentada al Primer Coloquio sobre la enseñanza de la lengua española y literatura. Ciudad de México, 1976

1. Althusser, Louis, 'Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado'. México, ENAH, 1975.
2. Y no de la comunicación como erróneamente muchos dicen.
3. Matterlart, Armand. 'La cultura como empresa multinacional' México, Era, 1974


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03