Ciencia, tecnología y subdesarrollo

CIENCIA, TECNOLOGÍA Y SUBDESARROLLO
Sus manifestaciones en Chile

Felipe Cabello

Científico chileno radicado en los Estados Unidos. Profesor e investigador en el departamento
de Microbiología e Inmunología del New York Medical College del Estado de Nueva York.

Araucaria de Chile. Nº 42, Madrid 1988.

"Con todas estas ventajas (recursos naturales) los habitantes del país debieran ser mucho más prósperos de lo que son".

"Es muy extraño que, en un país donde la minería se ha practicado por muchos años, un proceso tan simple, como el de reducir las piritas para eliminar el azufre del mineral de cobre antes de fundirlo no haya sido descubierto". "Los mineros chilenos estaban convencidos que las piritas de cobre no contenían cobre, y se reían de los ingleses que decían lo contrario; a su vez, los ingleses se reían y compraban los minerales más caros por unos pocos pesos."

"A la pregunta de qué pensaban acerca del hecho de que el rey de Inglaterra mandara a una persona a Chile para coleccionar lagartijas, escarabajos y rocas, el abogado pensó seriamente por un momento, y dijo: Aquí hay gato encerrado, nadie es tan rico como para mandar gente a coleccionar basuras".

El contenido de estos párrafos traducidos del capítulo XII, "Chile Central, 1834" El viaje del Beagle, de Charles Darwin, publicado hace cerca de 150 años, podría ser nuevamente aplicado no sólo a Chile, sino que a la mayoría de los países en desarrollo. Por un lado, nos Presentan a Darwin como un observador metódico y sagaz no sólo de la naturaleza, sino que también de las estructuras políticas y sociales y de la cultura de los países que visitaba. Simultáneamente, estas observaciones y otras de la misma época establecen ya en forma clara las relaciones entre ciencia y tecnología, economía y sociedad.

Como ya lo observara Darwin, estas relaciones en los países en desarrollo se caracterizan por una economía dependiente, desarrollo científico y tecnológico rudimentario, explotación irracional de los recursos naturales cuyos frutos no benefician al país y una ausencia de conocimiento acerca del valor de la ciencia y tecnología, como herramientas necesarias para el desarrollo económico. Desgraciadamente, si bien es cierto que ha habido progresos en el desarrollo de la ciencia y la tecnología en países en desarrollo, las características observadas por Darwin hace más de un siglo aún persisten. El objetivo de este artículo es plantear y resumir algunos puntos de vista acerca de las causas de este fenómeno y a estimular el debate sobre sus posibles soluciones.

Ciencia, tecnología y política mundial

Durante los últimos años se ha suscitado un renovado interés en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, especialmente en lo que dice relación con su influencia en el ámbito económico y político. Los líderes políticos, industriales y militares de los países desarrollados han manifestado en diversas reuniones y documentos su esperanza de que la ciencia y la tecnología solucionen los problemas que enfrentan tanto sus sociedades como las sociedades de los países en desarrollo. Probablemente han contribuido a este interés renovado en la ciencia y la tecnología la esperanza de que ayuden a salir de la crisis económica por la cual atraviesa el mundo occidental industrializado y en desarrollo. Este interés también se ha reactivado a causa de los progresos sustanciales hechos en los últimos años en diversos campos científicos y tecnológicos tales como la biotecnología, la física de partículas y la computación.

Paradojalmente, este renovado interés en la ciencia y tecnología en los países desarrollados ha ido acompañado de una política de restricción del gasto público destinado a la investigación carente de potencial bélico o aquella no destinada a mantener la competitividad de los diversos países en el mercado mundial. Dentro de este panorama, las inversiones en investigación científica por contenido social, tales como las biomédicas o del ambiente, pasan a ocupar un plano subalterno. En algunos países estos cambios han estado acoplados a una tendencia creciente de transferir la investigación científica y tecnológica de laboratorios gubernamentales o estatales a manos privadas, a pesar que un buen porcentaje de ella es financiada con fondos públicos. Simultáneamente, cada vez se usa más la ciencia y la tecnología como un factor más de influencia en la política exterior de los países industrializados y se tiende a limitar la transferencia de tecnología a los países en desarrollo.

Este tipo de tendencias ha sido puesto en evidencia en las discusiones previas a la creación de uno o más centros internacionales de biotecnología destinados a entrenar científicos y desarrollar biotecnologías necesarias para los países en desarrollo. Esta iniciativa que contaba con el apoyo de UNIDO (United Nations Industrial Development Organization) y de numerosos países en desarrollo, no ha recibido el apoyo que se esperaba de los países industrializados. Similar suerte han corrido anteriores propuestas de los países en desarrollo que forman la UNCSTD (United Nation Conference on Science and Technology for Development), para la obtención de fondos para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y para la creación de un Centro de Ciencia y Tecnología dependiente de las Naciones Unidas con sede en Nueva York (3, 10, 12).

La aparición y exacerbación de estas tendencias proteccionistas en la política de la ciencia en los países desarrollados influyen negativamente la posibilidad de desarrollar ciencia y tecnología en los países en desarrollo, y tienen como objeto mantener la primacía económica de los países industrializados en el sistema económico mundial. Sin lugar a dudas, esta situación constituye un desafío a la comunidad científica, a los economistas y a los políticos de los países en desarrollo, para alcanzar un consenso con respecto a las medidas necesarias para desarrollar aquella ciencia y tecnología que sirva a los intereses de sus sociedades y, al mismo, tiempo contribuya a ello, y se enriquezca con los aportes de la ciencia y tecnología mundial.

Ciencia, tecnología y subdesarrollo

Nadie discute hoy en día que los países en desarrollo necesitan del desarrollo de la ciencia y la tecnología por razones económicas, educacionales, culturales y de identidad nacional. La solución de problemas autóctonos indudablemente son de poco interés para científicos y gobiernos de otros países y no se puede esperar que su solución provenga de transferencia de tecnología que, generalmente, cuesta cara, es muchas veces inadecuada para las condiciones locales y no estimula el desarrollo científico y tecnológico local. La creciente evidencia de que la ciencia y la tecnología se usan como arma política de presión, hace recaer en los gobiernos de los países en desarrollo la responsabilidad de promover y mantener una capacidad científica y tecnológica relativamente independiente que les permita resistir eventuales presiones de este tipo. Las necesidades de una política de desarrollo que atienda los requerimientos básicos en educación, salud, vivienda, recreación, alimentación y preservación del medio ambiente, hacen también necesaria la creación de un aparato científico-tecnológico que asegure la satisfacción de estas demandas en el contexto de un desarrollo económico armónico. Este aparato científico-tecnológico es también necesario para decidir cuál es la tecnología que los países necesitan y dónde puede obtenerse a precios adecuados, ya sea en países desarrollados, en países en desarrollo o a veces dentro del mismo país.

Esta capacidad es igualmente necesaria para cautelar los intereses nacionales cuando se introducen tecnologías al país por entidades que no son responsables ante las comunidades nacionales, como ocurre con las compañías transnacionales, con instituciones no gubernamentales o con individuos de otros países. Es necesario recalcar también que son los científicos nacionales los llamados a analizar y estimar el impacto social, ambiental y aún ético-moral que pueda tener la introducción de tecnología a un país. La introducción de tecnología a países en desarrollo sin un adecuado estudio de las capacidades locales para recibir esta tecnología y dirigida primariamente a la obtención de ganancias económicas a corto plazo, está creando una serie de desequilibrios que, paradojalmente, general mayores problemas que los que la introducción de dicha tecnología quería corregir, y cuyas soluciones se desconocen.

Desgraciadamente, esto ha sido ilustrado en forma cruenta con la explosión de isometiltiocianato en Bophal, India, y con la exposición de por lo menos tres mil personas a radiación debido a contaminación de una fundición de acero, en México, con material radiactivo. Para cumplir su rol cautelador de los intereses nacionales, esta capacidad científica tecnológica debe interactuar con la comunidad nacional y tener acceso a las esferas políticas de decisión.

El análisis de las causas del escaso desarrollo de la ciencia y la tecnología en los países en desarrollo en muchas ocasiones tiende, a nuestro juicio, a señalar más bien las manifestaciones del fenómeno que sus causas. Es así como se señalan la falta de dinero, la politización de las universidades e institutos, el consumismo, el elitismo, la falta de imaginación y disciplina, la democratización, el feudalismo y aún a veces ¡el clima y la raza! como responsables de la desmedrada situación de los planteles científicos y tecnológicos en los países en desarrollo. Estos análisis superficiales del problema llevan a plantear soluciones parciales, que generalmente funcionan como paliativos, por plazos cortos y que contribuyen a oscurecer el estudio de las verdaderas causas del mal.

Sin dejar de reconocer que en algunas ocasiones, y variando del país en país, algunas de las características arriba nombradas puedan haber influido negativamente en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, la característica común que une a todos los países en desarrollo es la presencia de una economía dependiente que generalmente no sirve los intereses de la mayoría de la población.

Las características propias de la dependencia económica no admiten o no necesitan inversiones nacionales de capital en ciencia y tecnología, ya que la falta de industrialización de estas economías no genera los incentivos (económicos o culturales) para el desarrollo de una ciencia y tecnología locales. La influencia de la industrialización y la expansión de la economía en la evolución de la ciencia en los países industrializados ha sido puesta de manifiesto durante los últimos siglos. En cambio, sistemas económicos como los dependientes que pueden funcionar con un gran porcentaje de analfabetos y que no invierten en la protección de la salud de la población y del ambiente, no necesitan de expertos en ciencias biomédicas, ecología, física de partículas o computación. Este tipo de sistemas, aún cuando logran crear cierta capacidad científico-tecnológica, son incapaces de sustentarla. Lo demuestran las cifras, que indican un aumento en el número de científicos en países en desarrollo a un 12,6% del total mundial. Sin embargo, estos científicos reciben solamente un 2,9% de la inversión mundial en investigación científica. En cambio, los países industrializados, que emplean el 70% de la fuerza de trabajo en ciencia y tecnología, invierten en este campo el 97% del gasto mundial en ciencia. Esta falta de apoyo se evidencia también en la llamada fuga de cerebros, sin menospreciar el importante papel que juega la dependencia cultural en este fenómeno, generada también por la dependencia económica. Otra manifestación de la incapacidad de los sistemas económicos de los países en desarrollo de utilizar ciencia y tecnología, es la imposibilidad de aplicar incluso técnicas y métodos que son desarrollados en esos mismos países, por ej.: los avances en la quimioterapia de la tuberculosis de los últimos años han sido hechos en países en desarrollo, donde la tuberculosis es frecuente causa de morbilidad y mortalidad. Sin embargo, esos avances benefician más a los enfermos de países industrializados, que tienen los recursos para ponerlos en práctica.

Además, la dependencia económica es muchas veces consustancial con una pérdida de la democracia que va acompañada de su secuela de retraso educacional, cierre de universidades e institutos, persecución y emigración de científicos y técnicos. Lo deletéreo de estos hechos para el desarrollo de la ciencia y la tecnología ha sido claramente demostrado en varios países del continente en los últimos quince años.

La ausencia de necesidad de ciencia y tecnología en el devenir económico de los países en desarrollo, acompañado de un estado embrionario de las mismas, que no guarda muchas veces relación con las necesidades de la gran mayoría de la población y que sigue las líneas de moda en los países industrializados, genera relaciones en las cuales los científicos y técnicos tienen escasa influencia y ascendencia sobre la sociedad. Esta situación conduce a veces a la desmoralización dentro de los cuadros científicos y tecnológicos, ya que esta falta de influencia en las instancias de decisión se la imputan a la sociedad misma, sin percatarse de que esta situación es una manifestación más de la dependencia económica y cultural. En muchas oportunidades los grupos científicos logran articular y presentar sus posiciones en diversas instancias de la sociedad, pero encuentran muy poco eco, lo cual es explicable dado su divorcio de las reales necesidades de la gran masa de la población y la falta de educación de la misma. No es difícil entender que alguien que no sepa leer y gaste enormes esfuerzos en procurarse alimentación, vivienda y atención médica no se emocione por la reacción atómica en cadena o el descubrimiento de un nuevo método de producir vacunas. Tampoco puede pedirse que un economista o político preocupado de crear un sistema económico que cubra necesidades humanas básicas como alimentación o vivienda vea un microscopio electrónico o un telescopio como necesarios para satisfacer esas necesidades a corto plazo.

Pareciera, entonces, importante que las comunidades científicas de los países en desarrollo tomaran conciencia del efecto deletéreo que sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnología tienen la dependencia económica y cultural y elaboren planes dentro de ese contexto para incrementar el desarrollo científico. Al mismo tiempo, debieran analizar y señalar aquellas situaciones en las cuales sus disciplinas pueden influir positivamente para disminuir la dependencia. Como medida a largo plazo es indudable que poderosas palancas para estimular el desarrollo de la ciencia y la tecnología son la presencia de una economía no dependiente y una población alfabeta, con una educación que ha estimulado el espíritu crítico, la capacidad de análisis y de pensar lógicamente, la disciplina y la curiosidad, la búsqueda de la verdad y la comprensión del entorno tanto social como biológico y físico. Es esperanzador notar cómo aquellos países que dan pasos para asegurar su independencia política y económica realizan al mismo tiempo esfuerzos para alfabetizar y elevar el nivel educacional de su población. Estas medidas generan, a largo plazo, las condiciones para el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Ciencia y economía en Chile

La evolución de la ciencia y la tecnología en Chile no ha escapado a los avalares de la ciencia en un país en desarrollo con una economía y cultura dependientes y un incipiente desarrollo industrial. Un análisis de la historia reciente indica que la industrialización del país, comenzada en las décadas del 30 y 40 y que fue acompañada de una expansión de los servicios de salud y educación, fue un factor importante en la consolidación y el desarrollo de la ciencia y la tecnología relacionadas con ingeniería, medicina y educación. La conversión del aparato productivo basado en la explotación del salitre y la agricultura a una industrialización diversificada, creó la necesidad de una población en relativo buen estado de salud, alfabeta y capaz de manejar en forma racional los elementos técnicos necesarios para la creación y mantención de una infraestructura capaz de sustentar la industrialización. Estos cambios condujeron a una democratización creciente de la sociedad y a una redistribución del ingreso. El desarrollo de las ciencias y tecnologías relacionadas con la salud y la ingeniería se puso de manifiesto en el creciente grado de profesionalización alcanzado por ellas, condujo a la organización de grupos científicos relativamente bien constituidos que compartían una misma cultura científica-tecnológica y que giraban en torno a objetivos comunes. Estos grupos técnicos comenzaron a influir en las decisiones políticas y a interactuar con la comunidad nacional en sus campos de competencia. En general, la primera generación de estos grupos científico-tecnológicos adquirió su entrenamiento en el extranjero e inevitablemente introdujeron al país las líneas de investigación científica traídas de Europa y Estados Unidos. En la década del 60 la industrialización creciente, la expansión de la economía, la incorporación a la vida política de nuevos grupos sociales, comienza a solicitar del aparato científico-tecnológico dedicación a la solución de los problemas nacionales. La aparición de generaciones de científicos y técnicos formados en el país y la expansión de la educación científica y tecnológica nacional hacen que las demandas de la sociedad encuentren un ambiente más receptivo. Es así como al final de la década del 60 y a comienzos de la del 70 aumenta el número de proyectos científico-tecnológicos dirigidos y aplicados a solucionar problemas nacionales. La expansión de los servicios de salud estimuló la creación de una industria farmacéutica y de compuestos biológicos necesarios para la atención médica. Además, provocó la expansión de la matrícula en escuelas profesionales tales como medicina, farmacia y enfermería y estimuló la creación de profesiones nuevas, como bioquímica y tecnología médica. La necesidad de contar con científicos y técnicos adecuados estimula la creación de la Facultad de Ciencias en la Universidad de Chile y de institutos tecnológicos como INTEC, en la Corfo. La demanda de ciencia y tecnología relacionada con la agricultura y ganadería obliga también a aumentar las matrículas en los institutos relacionados con el agro y se firma el Convenio Chile-California para adiestrar científicos y técnicos en disciplinas relacionadas. La demanda creciente para la formación de científicos y técnicos permitió incluso incorporar a ella a científicos y técnicos argentinos, quienes sufrían a fines de la década del 60 la intervención de sus universidades. La expulsión de Chile de algunos de ellos por causas nunca bien precisadas y, a raíz de ello, el retiro voluntario de muchos a comienzos del año 1969, debió haber hecho pensar acerca de la fragilidad e interacción del aparato científico-tecnológico frente a la política contingente.

Es indudable que, a pesar de sus altibajos, cuando se produjo la pérdida de la democracia en 1973, la sociedad chilena vivía una expansión de su capacidad científica y tecnológica que comenzaba a satisfacer las demandas creadas por una industrialización creciente.

Como en los períodos anteriores, desde el año 1973 en adelante, las demandas del sistema económico son las que han influido el devenir de la ciencia y la tecnología chilenas. La implantación del nuevo modelo económico fue acompañado de una campaña que hacía resaltar su racionalismo científico, basado en principios de eficiencia. Es probablemente un tributo al desarrollo de la ciencia y la tecnología en Chile el que se haya tenido que recurrir al vocabulario del discurso científico para justificar la implantación de un modelo económico que a todas luces es pseudo o anticientífico, ya que se basa en la premisa de que la economía es capaz de existir en el vacío, haciendo abstracción de las leyes sociales, biológicas, físicas y aún económicas.

El incipiente desarrollo de la industria privada chilena y su carácter dependiente había significado que fuera siempre el gobierno el que, a través de sus empresas, institutos o universidades, apareciera como la mayor fuente de financiamiento de la investigación científica y tecnológica. La reducción del gasto público producida por la nueva política económica, ha hecho que el dinero dedicado a ciencia y tecnología disminuya. Prueba de ello son la disminución del número de matrículas en las universidades, el desempleo creciente entre profesionales recién graduados dedicados a la ciencia y la tecnología, tales como bioquímicos e ingenieros, la pérdida de tecnologías como las empleadas en la producción de antibióticos y productos farmacéuticos y la marginalización de profesionales experimentados debido a despidos por razones políticas o por la llamada racionalización económica. Como apuntamos, la incipiente y dependiente industria privada nacional nunca se ha planteado financiar la investigación científica y tecnológica, por lo cual el financiamiento privado no reemplazó al gubernamental. Además, el hecho de que el modelo económico esté basado más bien en la inversión especulativa que en la inversión dirigida a fomentar la producción, hizo que la idea de la inversión privada en ciencia y tecnología fuera una quimera. Si a esto agregamos lo transnacional del modelo, caracterizado por una destrucción de la industria nacional y la apertura sin controles del mercado a la inversión extranjera, se explica aún más la falta de apoyo económico a la ciencia y tecnología nacionales. La restricción del gasto público en aquellos rubros destinados a satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de la población, tales como salud, vivienda y educación, hace innecesario el desarrollo de la investigación científica y tecnológica relacionada con esos rubros. La transnacionalización de la economía, acompañada de medidas dirigidas a fomentar las exportaciones, hace también redundante la tecnología destinada a crear y mantener una infraestructura en los transportes del país que no sirva a la exportación (carreteras o ferrocarriles, etc.). Por otro lado, el parcializado desarrollo de técnicas de cultivo, almacenamiento y conservación de artículos de exportación (productos agrícolas y del mar) y la introducción de técnicas de computación y de comunicación de masas, demuestran nuevamente la influencia del sistema económico sobre el desarrollo de tecnologías necesarias para su perpetuación.

El menor requerimiento de ciencia y tecnología, junto a la carencia de democracia, ha restado la contribución especializada de científicos y técnicos en muchas decisiones importantes para la comunidad nacional. Por ejemplo, es poco probable que planes destinados a la deforestación masiva, como el plan Astillas Chiloé, o la autorización concedida a compañías extranjeras para realizar pesca de arrastre en los mares del sur de Chile, podrían ser planteados o llevados a cabo si hubiera un adecuado análisis de las consecuencias ecológicas a futuro y a corto plazo de estas explotaciones guiadas sólo por el lucro inmediato. La ausencia de estudios sistemáticos acerca de problemas de salud como la epidemia de fiebre tifoidea en el gran Santiago, la contaminación fecal ambiental, y la búsqueda de soluciones a la transmisión por transfusión de la enfermedad de Chagras, probablemente se deba a este mismo estado de cosas.

La pérdida del capital humano adiestrado en la práctica científico-tecnológica por razones de desempleo, migración y exilio, y la apertura de la economía a compañías transnacionales, acompañada de la disminución del papel regulador del Estado, han permitido la comercialización descontrolada de productos de dudosa calidad o de venta restringida y controlada en otros países. Simultáneamente, se ha visto un aumento de investigaciones patrocinadas y ejecutadas por instituciones e investigadores extranjeros, con escasa o ninguna participación de la comunidad científica nacional.

Probablemente, entre los cambios producidos por el modelo, uno de los más dañinos para el futuro de la ciencia y la tecnología en Chile es aquel que se ha producido en el campo educacional. La atención de sólo el 52,5 % de la población escolar, acompañada de una educación que no estimula el espíritu crítico será, en el futuro, uno de los grandes frenos para el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

En resumen, la aplicación de un modelo económico pseudo-científico, acompañado de la falta .de democracia ha debilitado y, en muchas áreas, hecho desaparecer la capacidad científico-tecnológica chilena. Este daño ha tenido y tiene repercusiones en todas las esferas de la vida nacional y ha disminuido la independencia y soberanía nacionales, exponiendo al país y a su población a problemas derivados de la falta de tecnología para encarar diversos problemas nacionales y a la introducción de tecnologías y productos sin un análisis adecuado.

La formulación de planes de desarrollo en ciencia y tecnología deben comenzar con un análisis de la situación actual incorporando a este análisis el mayor número de expertos nacionales y representantes de la comunidad nacional. Este análisis debe considerar que el desarrollo de la ciencia y la tecnología están íntimamente ligados al porvenir económico y político del país. Además, en este análisis se deben tomar en cuenta las limitaciones generadas por una economía dependiente, en un contexto internacional que tiende a agudizar esta dependencia y a restringir el traspaso de tecnología necesaria para superar el subdesarrollo. La comunidad científica debe también educar a la comunidad nacional y a sus dirigentes políticos, en la conciencia del papel potencial de la ciencia y la tecnología para ayudar a crear los instrumentos necesarios que desarrollen un sistema económico y político que sirva a la mayoría del país.


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Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03