Ejercicio del regreso

EJERCICIO DEL REGRESO

Patricio Bunster - Omar Lara - René Largo Farías

Araucaria de Chile. Nº 28. Madrid 1984

1.
LA ULTIMA AVENTURA DE PATRICIO BUNSTER

Recuerdo con toda precisión la primera obra de ballet que vi en vivo y en directo Fue desde lo alto de la galería del Teatro Municipal de Santiago, con la cabeza asomada sobre unas incómodas barandillas de hierro Ante mis deslumbrados ojos apareció una bella muñeca manipulada por un brujo diabólico, que lograba enamorar y engañar a un joven aldeano. Era Coppelia, de Leo Delibes, una obra que pertenece al silabario de los eruditos del género, pero desconocida y fascinante para mí, que entonces era un adolescente sólo con cierta curiosidad cultural.

El brujo malvado que construía perfectos juguetes mecánicos era un joven de piernas largas, parecido al demonio, que danzaba con un ritmo vertiginoso y que de pronto era una especie de serpiente, un fauno, un encantador con recursos infinitos de la mecánica moderna.

En el programa se decía que Coppelius, el brujo, era protagonizado por Patricio Bunster. No era un ruso de nombre exótico, como se acostumbra en el ballet, sino un chileno cuyo apellido nos recordaba unos textos escolares de las primeras letras.

Vi muchas veces Coppelia. Era la obra más socorrida y de mayor éxito del Ballet Nacional de la Universidad de Chile, cuyo director, Ernst Uthoff, estableció en Chile el arte del ballet luego de su deserción del conjunto de Kurt Jóos, uno de los memorables expresionistas alemanes en la danza. Después, el nombre de Patricio Bunster nos fue familiar. Sabíamos que cuando él aparecía en La Mesa Verde, La Gran Ciudad. Droselbart. La Leyenda de José, El hijo Pródigo, el nivel de la danza se elevaba hasta casi el asombro.

Luego de un exitoso período de formación y actuaciones en Inglaterra, se transformó en profesor y coreógrafo. Una de sus primeras creaciones fue estrenada en el ahora desaparecido Teatro Victoria y se llamaba Bastian y Bastiana. Era la misma historia y música de la encantadora ópera de Mozart.

El mundo de hadas, príncipes enamorados y brujos que pueblan el ballet clásico, fue sacudido en Chile por una coreografía que muy poco tenía que ver con los moldes europeos, que no le debía nada a Fokine o Diaguilev. En 1959 el conjunto de la Universidad de Chile estrenó Calaucán, con temática y magia latinoamericanas. Eran los dioses derribando a los indios, la lucha por la vida y contra los espectros. Su autor era el mismo Patricio Bunster, que le confería al ballet en Chile un nuevo sentido. Diseñaba una danza viril y poderosa que expresaba al hombre americano, sus orígenes, su medio telúrico, su identidad, su más profunda cultura. Eligió para la danza la "Tocata para percusión" de Carlos Chávez, que desafía las dulces armonías de Tchaikowski o Adam y que recuerda a La Consagración de la Primavera de Stravinski.

El gran éxito de Calaucán convirtió a Patricio Bunster en una figura notable y precursora del ballet latinoamericano. Continuó su trabajo con tenacidad. Fue el maestro de una generación de bailarines nacionales y se entregó con cuerpo y alma a un arte que en Chile no puede prescindir de su nombre.

La danza es una de las expresiones inherentes al ser humano. Apareció antes que los idiomas y la escritura como la respiración de cualquier civilización primaria o avanzada. Patricio Bunster se propuso que el ballet en Chile no fuera sólo imitación servil de otras realidades, de otras culturas. Escribió en su oportunidad: "Todos nos hemos detenido a constatar que la fuente de la danza está en nosotros mismos y frente a nuestros ojos, en cada segundo de existencia Conocemos el mundo, lo conquistamos y lo expresamos a través del movimiento y del sentido kinético. En la naturaleza todo fluye, todo se mueve impulsado por una razón: desde algo hacia algo, en distintas trayectorias, con mayor o menor ímpetu, con mayor o menor urgencia. Al moverse los seres humanos crean un tiempo y un espacio junto con establecer una intención. El movimiento es una forma de comunicación del hombre y con él exterioriza su mundo interior, creando las relaciones con el mundo exterior" (Revista Musical Chilena, enero-marzo de 1961).

Así, la estética propiciada por Patricio Bunster en el ballet no rinde tributo a la danza por la danza, pero no reniega del legado universal de tal arte, sin el cual no se podría construir nada nuevo. Es un decidido partidario de un ballet americano basado en el conocimiento y el compromiso profundo con las fuentes con las que se pretende actuar. Señala en el mismo artículo ya citado: "Una temática riquísima y variada es la que espera dormida como fuente generosa de inspiración, tan espléndida y múltiple como nuestro paisaje, nuestro folklore, nuestra poesía, nuestra historia, nuestra formación racial y cultural. Debemos volcar nuestros ojos y nuestro corazón en esas fuentes, pero nada haremos de valedero si ese interés no es genuino y no nos adentramos en nuestra América con un impulso realmente inquisitivo, amante y creador. Desde un comienzo tengamos conciencia clara de que necesitamos herramientas nuevas para cavar en ese suelo de América. Guardémonos de pensar que se trata sólo de renovar la temática del ballet, no creamos que para expresar este mundo diferente podremos usar el mismo lenguaje, aplicar las mismas fórmulas y soluciones que nacieron para otros fines. No caigamos en aquellos engaños y aberraciones estéticas -desgraciadamente tan frecuentes en la historia del ballet- que consisten en simular estilo o adoptar tendencias por la mera repetición o imitación de la apariencia de las formas, desconociendo su esencia originaria, su razón de ser".

Patricio Bunster era una de las primeras autoridades del Ballet de la Universidad de Chile cuando se produjo el golpe fascista. Nunca ocultó una activa militancia revolucionaria, que se expresó en su trabajo y en sus acciones a favor de la reforma universitaria en los años 60. Se vio obligado a emigrar al exilio. Encontró un nuevo lugar de trabajo en la República Democrática Alemana. Allí ha enseñado durante una década en la prestigiosa escuela de danza Palucca de Dresden. Ha interesado a sus numerosos alumnos en América Latina en sus danzas y en sus realidades esenciales. En muchas ocasiones hemos visto sus coreografías en los escenarios de la RDA. Las canciones de Víctor Jara -de quien fue amigo entrañable- y las de Violeta Parra, son parte de sus fuentes de inspiración. Le ha entregado a jóvenes bailarines de un país socialista una temática que no les era familiar. También ha trabajado para el teatro y se recuerda como memorable su aporte a Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, de Neruda, representada por un conjunto alemán.

Ha cumplido recién sesenta años. Es un hombre alejado, tal vez con exageración, de todo alarde publicitario. Se oculta siempre de las luces de la notoriedad y eso explica que muchos a menudo pregunten qué ha ocurrido con él.

Ahora ha decidido regresar a Chile. Asegura que es su última aventura. Que no es tal, porque nuevas coreografías, nuevos discípulos lo esperan.

MARTÍN RUÍZ

2
EL POETA VUELVE A SU LAR

De regreso al país, desde hace poco y después de una ausencia de diez años, Omar Lara escogió como morada Concepción. Fundador del Grupo Trilce, de Valdivia, en 1964, con ocho libros de poesía publicados, cinco de ellos en el extranjero, traducido a diversas lenguas -italiano, francés, inglés, sueco, holandés, alemán, ruso, checo, búlgaro, húngaro, rumano, árabe, servio, portugués- y traductor él mismo, se le conoce, además, por su labor al frente de la revista Lar -que creó en Madrid en 1983- y de las Ediciones Literatura Americana Reunida, que también nació en España y que ha dado a conocer hasta ahora una veintena de obras.

La siguiente entrevista fue realizada en Concepción, donde reside.

¿Por qué Concepción: no parece sorprendente la elección del sitio?

No, porque Concepción es para mí una ciudad conocida, ya que en la época de Arúspice y de Trilce, en varias oportunidades viajé hasta acá para participar en recitales y encuentros y se me viene a la memoria el memorable cincuentenario de Gonzalo Rojas, en 1967, en que editamos un bello folleto de la celebración, y recuerdo, además, un viaje a Coliumo, a la casa de Alfonso Alcalde, que fue muy hermoso La elección, entonces, no es tan rara. Por una parte estaba la añoranza de Valdivia, donde viví mi período más rico, más consistente, pero pensé que había lugares más adecuados. A lo mejor Santiago era lo ideal, por ese centralismo absurdo que se produce en nuestros países, pero nunca me he entendido bien con Santiago, soy un hombre de provincia...

Claro, pero no tendrás acceso a todo aquello que es común en Europa...

Sin duda, pero será más estimulante para mí. La verdad es que mi estada afuera fue siempre un tránsito, nunca me sentí partícipe de aquello, en un sentido profundo. Mi trabajo y mis aspiraciones últimas eran crear una relación lo más directa posible con Chile. La revista Lar y la editorial que fundé en Madrid, por ejemplo, estaban destinadas, primordialmente, a lograr un acercamiento entre lo que se hacía aquí y lo que se hace afuera.

Tú te has movido en varios frentes, como poeta, como editor, como traductor, como organizador de encuentros culturales. Insisto, ¿te será posible continuar con esa actividad?

Yo confío en una cuestión básica, que es la necesidad de algunas cosas. Cuando creamos Trilce, también hubo una actitud de mucho escepticismo, pero durante diez años realizamos una labor ininterrumpida en Valdivia, que se extendió al resto del país. Esto, dicho sin falsos elogios...

Que proseguiste en el extranjero, en forma casi compulsiva, como decías hace un instante, para escapar a la soledad.

Sí, porque hubo gente que se adaptó o asimiló a un medio con gran rapidez, pero yo al comienzo cumplí una labor muy solitaria. Poco a poco eso fue cambiando, a partir de una antología de la poesía chilena, que publicamos con Juan Epple.

Pero en el último tiempo viviste en España, que debe haberte resultado más próxima, al menos por el idioma...

Aparentemente, porque España creo que no me dejó huellas muy hondas. Allí, sin embargo, hice un trabajo que no podría haber realizado en otra parte.

Ahora inicias una nueva etapa...

Sí, se puede hablar de un ciclo ya casi redondeado en mí y en mis compañeros de Trilce. Ahora bien, pienso que mi generación rompió con una manera de ser de los escritores. Había una tendencia a "matar al padre", a negar a quienes nos precedieron, siempre hay una búsqueda lacerante del poeta que emerge, pero nosotros no lo entendimos así y eso no fue algo intencionado: surgió espontáneamente una relación muy rica entre nosotros y las figuras mayores. Se puede hablar de vínculo fraterno, en toda su cabalidad.

Mencionaste algunos proyectos...

Bueno, debo reconocer que el ámbito en que menos me he movido, últimamente, es en el de mi propia creación. Fugar con juego, de 1983, resume una producción que me parece escuálida, pero me interesaba publicarlo, porque cierra un período. Lo que viene después aún no lo tengo muy claro, pero hay un libro más ambicioso, cuyo título sería Vida probable. Espero terminarlo este año, aunque todavía está compuesto de bocetos, de poemas en gestación. Eso sería como proyecto personal, pero lo que más me preocupa es la publicación aquí de la revista Lar. Acabo de llegar, por lo que debo confesarte que no quiero apresurarme, así que tengo que conocer antes la realidad en que se insertaría esa revista. Su esquema primitivo tendrá que irse modificando, recibiendo las indicaciones, los consejos de los amigos que colaboren conmigo.

Tú organizaste el Segundo Congreso de Poesía Chilena en Rotterdam.

La idea del Primer Congreso surgió de unos talleres que se hacían en Rotterdam, en el marco de unas escuelas de verano. Hubo muchos participantes y algunos llegaron, incluso, desde Chile. Sus materiales están consignados, casi íntegramente, en el número 2-3 de Lar. Hay ponencias de Enrique Lihn, de Jaime Quezada, de Waldo Rojas, de Mariano Maturana. Posteriormente se proyectó, para abril del 84, el Segundo Congreso, y se pidió mi colaboración Se contó, también, con la presencia de muchos poetas y se elaboraron trabajos muy importantes, como uno de Luis Bocaz. Allí se eliminó, además, una falsa dicotomía entre los escritores que viven en Chile y los que están fuera. A mí me interesaba, entonces, y me interesa ahora, concebir eso como un todo. Considero que es puramente casual el que algunos residan en España, en Francia, en Holanda o en Italia. Por fortuna tenemos una raíz muy fuerte, de la que podemos absorber jugos muy vigorosos, por lo que hablar de poesía chilena significa algo lleno de substancia, ya no sólo respecto de los clásicos, sin también de los que se van redescubriendo, como Rosamel del Valle o Humberto Díaz Casanueva, que han estado menos en la vitrina, pero que figuran dentro de esa tradición. Eso no implica que no nos interesen otras poesías, pero lo grande de la nuestra es que podemos enfrentarnos a ellas, pero sin perder una identidad, que es fundamental.

Transculturación benéfica...

Si, y volviendo a tu pregunta, referente a las limitaciones de nuestro medio, reconozco que la repercusión es menor, pero, en mi caso, prefiero hacer aquí lo mío, aunque sea para un público más restringido.

Recuerdo haberle escuchado decir a Nemesio Antúnez que exponer para veinte personas en Chile le importaba más que ser visto en Europa por multitudes, y yo asumo esa afirmación.

PACIAL MARTÍNEZ

3
RENÉ LARGO FARÍAS RETORNA DOS VECES

Tres meses de relegación en Cochrane, una isla lluviosa y fría de Aysén, no le borraron la sonrisa a Rene Largo Farías. Allí fue arrojado con su corpulencia a cuestas en julio de 1984, por delitos que nadie le señaló jamás. Lo llevaron rigurosamente vigilado, sin dinero, ni equipaje. Durante noventa días debió presentarse en la mañana y en la tarde a la Comisaría de Carabineros para testimoniar que seguía preso, que no había huido de allí, "Fue emocionante la solidaridad de la gente de Cochrane", dijo cuando sus amigos y su hijo lo fueron a esperar. Y agregó: "Lo bueno es que estoy en mi país y no otra vez en el exilio".

El optimismo no lo abandonó jamás, ni siquiera en diez años de exilio en México. Regresó a su país apenas apareció en una lista. Se encontró en el aeropuerto con centenares de personas que lo conocían o que sólo sabían de él por referencias. De inmediato volvió a lo mismo: animación de peñas, difusión de las nuevas voces de la canción popular, locución en programas radiales y mítines populares.

Algunos meses después, lo arrancaron de su vida diaria en Santiago los tan conocidos agentes de la CNI, y lo instalaron en un avión junto a tres dirigentes de Movimiento Democrático Popular con destino a Buenos Aires Desde allí fueron devueltos a Santiago y desterrados de nuevo a Colombia. Expresaron que su voluntad era vivir en su país al precio que fuera. Y de nuevo regresaron a Chile para ser arrojados a lugares inhóspitos y perdidos en la dura geografía.

Oficialmente se dijo que Largo Farías era un especialista en "el área de la música en la acción revolucionaria" y se agregó como un estigma que era "miembro del Partido Comunista", y que en sus años de exilio en México había "emitido programas para distorsionar la realidad de Chile".

El "prontuario" de Largo Farías es en realidad frondoso y el régimen de Pinochet lo ha estimado de la mayor peligrosidad. ¿Quién no conoce sus actividades? Mucha gente muy seria de ahora concurrió alguna vez al auditorio de Radio Minería a las sabias audiencias de su "Tribunal Infantil". Allí los niños dilucidaban los más complejos conflictos con buen juicio y un sentido tan estricto y salomónico de la justicia que ojalá hubieran tenido los reaccionarios ministros de la Corte Suprema. El "tío Rene" sólo era el moderador de esos apasionantes debates; no ejercía ninguna presión sobre el tribunal, que no decretaba expulsiones ni destierros, ni condenaba los llamados delitos de opinión. El "tío Rene" agregaba un poco de humor y unos datos indispensables para que el tribunal fuera certero en sus decisiones.

Luego -en los años 60- estuvo de moda una negativa onda musical llamada "nuevo folklore". Era la consagración de los huasos de tarjeta postal, de las cuecas en inglés, de los jovencitos del barrio alto disfrazados de peones con albas camisas y ojotas plásticas. Los verdaderos cantantes y creadores populares seguían olvidados, sin escenarios, huérfanos de estímulo, víctimas de la indiferencia y la pobreza. Entonces Largo Farías creó el programa "Chile ríe y canta", que recogió a los artistas auténticos de la canción popular, los puso en contacto con auditorios inmensos, con el país entero. Así, Violeta Parra y Margot Loyola, Víctor Jara, Rolando Alarcón, Héctor Pavez, Gabriela Pizarro, Ángel e Isabel Parra, Charo Cofre, Patricio Manns, Silvia Urbina, los conjuntos Quilapayún e Intillimani se convirtieron en figuras tan populares como las "vedettes" fabricadas por los "disck-jockeys" y la industria del disco. El programa de Largo Farías se transformó en una verdadera cruzada por la canción chilena, abierta al pueblo verdadero, a su realidad y a sus luchas, Fue una caravana en permanente recorrido por Chile, un festival en perpetua renovación que ofrecía oportunidades a los nuevos valores, a los músicos, bailarines y cantores de Chile.

Largo Farías fue empresario, mesonero, animador apostólico de ese despertar. Muchos de sus descubrimientos se trasformaron a poco andar en figuras internacionales que le disputaron el mercado a lo más conspicuos conjuntos y cantantes de moda.

La nueva canción chilena, que no ha agotado sus fuentes a pesar de los esfuerzos de la dictadura por cortar todos sus brotes, es en la actualidad una realidad cultural que suscita el mayor interés de la gente corriente y de los entendidos en cualquier lugar del mundo. Sus proyecciones no sólo han servido para que otras naciones de América Latina rescaten sus esencias, sino también para ayudar a su proceso democrático y de liberación. En su desarrollo, estímulo, y difusión, Rene Largo Farías es una pieza importante.

Sin duda estos antecedentes son más de los que se necesita para caer en desgracia en la dictadura de Pinochet y ser objeto del asedio de sus brutales aparatos policiales. Largo Farías ha pagado todos sus desvelos por las canciones y sus creadores con diez años de exilio y tres meses de confinamiento en una isla del extremo sur. Pero ha regresado a lo suyo. Por segunda vez. Y seguirá haciendo cantar a Chile, como siempre.

L. A. M.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03