«Revolt on the Pampas»:

«Revolt on the Pampas»:
El salitre y Chile en la década de los treinta

Pedro Bravo Elizondo

Pedro Bravo Elizondo es profesor en la State University de Wichita (Kansas), en Estados Unidos.
Es autor de Los «enganchados» en la era del salitre. Cultura y teatro obreros en Chile (1900-1930) y
numerosos trabajos más sobre la historia del Norte Grande chileno.

Araucaria de Chile. Nº 47-48, Madrid 1990.

El título en inglés de la novela Revuelta en la Pampa (1), se debe a que he utilizado la versión en tal idioma, que data de 1937. El autor es Theodor Plivier (1892-1955), novelista alemán quien laboró en la zona de Antofagasta, especialmente en Caleta Coloso, a comienzos de siglo. Su novela no ha sido traducida al español y por lo tanto permanece inédita para quienes se interesan en el período histórico conocido como Era del Salitre. La relación novela-proceso social es tan evidente y clara en Revolt on the Pampas, que nos sentimos tentados a catalogarla en la línea de la «novela sociológica».

El libro de 407 páginas, se desglosa en tres grandes acápites: Libro Uno que consta de 7 capítulos y narra el viaje del velero Cap(e) Finisterre desde Hamburgo a Iquique; Libro Dos tiene 10 capítulos que cubren el desembarco de los protagonistas hasta el momento en que Achazo desafía el poder del Prefecto y prepara la insurrección de los obreros; y Libro Tres, también con 10 capítulos. Es en parte un flash-back de las historias acontecidas en el Libro Dos.

La fábula funciona mediante la historia narrada en tercera persona del joven alemán Klaus, de catorce años, quien abandona su hogar en Berlín y se dirige a Hamburgo. En los muelles, están anclados los barcos de las más diversas nacionalidades. Rondando el puerto encuentra el «Philadelphia Bar», en donde le llama la atención la figura de uno de los clientes, con hechura física de piel roja. Este conversa con un compañero sobre una gran huelga, con enorme número de muertos. «Antonio, Iquique, Tarapacá» son nombres que Klaus retiene. Luego nos imponemos que Achazo es el nombre de quien lleva la conversación. «Los mataron por montones, dijo. Y ellos empujaron a los otros al desierto donde murieron de sed. Nuestros trabajadores salitreros no están organizados. Ese es el problema mayor. Y fueron tomados completamente por sorpresa» (pág. 12). La referencia a las huelgas y masacres obreras en la zona salitrera, no son gratuitas. Esta relación podría referirse a la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, 1907.

Martín, del velero Cap Finisterre le ayudará a embarcarse de «pavo» para que Achazo, descendiente de araucano sabremos después (2), vuelva a Chile. Klaus y Achazo comparten su escondite en las sentinas del buque. Achazo cuenta al joven su vida. Este ignora lo que es un araucano. Achazo resume la historia del pueblo mapuche desde el período de los incas hasta el dominio chileno del territorio. Aprendió alemán trabajando en los buques mercantes. Ahora se dirige a Atahualpa, provincia imaginaria con la cual Plivier se refiere al Norte Salitrero. Las explicaciones de la navegación a vela, el uso del Canal de Panamá por los barcos a vapor hacia la Costa Oeste o West Coast, los vientos alisios, la corriente del golfo, todo ello es educación práctica que Achazo proporciona a Klaus. No hay indoctrinación política; ella la adquirirá el muchacho directamente al llegar a Atahualpa.

Este es un lugar, según Achazo, en que «todo es desierto. Pero la arena está llena de salitre o nitrato, el cual es muy valioso. Parece sal, y se usa en la industria y también como fertilizante, pero principalmente para fabricar pólvora. Y porque muchos países quieren este salitre y hacer dinero con él, el lugar -todo el lugar es como un polvorín- ha explotado un par de veces, y algún día explotará y todo se irá al diablo» (pág. 32).

Achazo es el prototipo del héroe: fuerte, arrogante, seguro de sí mismo, un ser dinámico. Plivier ha modelado su narración en base a lo que se denomina «Bildungsroman» o novela de aprendizaje. Es decir, en ella se describen las experiencias positivas o negativas por las que pasa un personaje joven, quien trata de alcanzar un cierto nivel intelectual o educacional. El lector podrá colegir que Achazo y el Norte salitrero serán los grandes educadores de Klaus. Los protagonistas de la novela, cumplen el rito asignado en el mito del héroe: separación, iniciación y regreso. El araucano abandona Chile. Su formación político-teórica la adquirirá en los muelles de Hamburgo. Klaus se iniciará en las calles de Atahualpa y luego compartirá con Achazo las responsabilidades de la lucha.

Al arribar el buque a Atahualpa, el piloto de bahía hace un comentario al capitán, sobre la situación económica, «¡El mercado mundial está despedazado! Es este mundo de depresión, tú sabes, la crisis. El salitre sintético compitiendo con nuestro nitrato. ¡Tenemos millones de pesos de salitre en las canchas y no hay mercado para él! (3) El precio del cobre se ha ido abajo, pero nadie compra» (pág. 99). Con estas expresiones tenemos indicios del tiempo novelesco. El capitán ha estado ausente por cuatro años. El piloto añade, «Bueno en ese tiempo, parecía que habíamos vuelto a la normalidad. Ibáñez había llegado al poder. A costa de algunas escaramuzas, es verdad. Pero eliminó los partidos políticos, los sindicatos y así por el estilo. (...) La gente empezó a ganar dinero otra vez. Pero no duró mucho, los planes del dictador para proveer de trabajo a las masas, y su Plan de Seis Años, fracasó».

Luego el piloto menciona a la poderosa COSACH (4) (Compañía de Salitres de Chile), «Ella llevó al país a la ruina. Es el nuevo monopolio yanqui del salitre, que se ha tragado todo. No hay más competencia hoy en día. Los americanos dan las órdenes y los ingleses o alemanes tienen que agachar la cabeza y aguantar» (pág. 100). Sigue comentando el piloto, «Todos votamos por él, hace cinco años ahora. El dictador obtuvo el 90 por 100 de los votos (5). Y luego nos vendió a los americanos (...) Cuando Ibáñez tuvo que renunciar, hace cerca de un mes, nadie, ni un alma estuvo de su parte. Su propia gente lo echó» (Históricamente el hecho ocurre el 26 de julio de 1931).

Se deduce que el Cap Finisterre llega a Chile en agosto de ese año. El viaje ha demorado ciento doce días desde Hamburgo. A lo largo de la novela, Plivier conecta el fascismo imperante en su patria, con los acontecimientos que se desarrollan en Chile donde el malestar social puede arrastrar al país a una situación análoga. Klaus se ve separado de Achazo. Abandona el barco y se dirige al puerto, que a nuestro entender es Iquique, por las referencias del narrador omnisciente. «La hermosa casa grande, cerca del muelle, hecha de acero y vidrio, tenía en grandes letras la palabra (...) COSACH. Estos eran los americanos entonces, quienes habían venido aquí a buscar salitre y otras riquezas, como Achazo había dicho» (pág. 135). El joven camina por los barrios donde encuentra otros marinos. Son rodeados por la policía y encarcelados. Al día siguiente comprende el porqué de tal acción. Aparece el capitán del barco quien paga diez chelines por cada marinero de su barco. Cada tarde la policía arresta a algunos borrachos y sobrios.

Klaus se convierte paulatinamente en parte de la cárcel: limpia las pesebreras, lustra las botas de los policías y duerme en el calabozo. Pasan dos meses. El prefecto regresa de una misión, en que obtuvo una medalla. Ordena que a Klaus «se le permitan salidas regulares como a cualquier hombre de tropa» (pág. 151). Klaus empieza a dominar el español y pasa sus tardes enteras vagando por Atahualpa. En el muelle principal conoce a muchos cesantes de las salitreras. Por un amigo, el muchacho se impone cómo Saavedra obtuvo su medalla. Hubo un amotinamiento de la marinería en Coquimbo, para derrocar el Gobierno. Don Arturo Saavedra estuvo a cargo de la tropa que sofocó el motín (pág. 153). (6)

El narrador describe un terremoto en el lugar y recuerda que durante los últimos veinticinco años Atahualpa ha sido destruida tres veces. Una por la fuerza del terremoto mismo, otra por incendios y la tercera por terremoto, maremoto e incendio. En la historia de Iquique estos tres hechos corresponden respectivamente a 1868, 1875 y 1877.

El fascismo, del cual Achazo advirtió a Klaus, se hace presente en la actitud de Saavedra y en uno de sus subordinados, el teniente Berends, quien le da cuenta de lo sucedido en Copiapó, en lo que se conoce como la Pascua trágica (asalto al cuartel del regimiento «Esmeralda»). «Once ayer en Copiapó. Esa vez en Berlín pusimos 28 de ellos contra la muralla. Eran marinos, con bandas rojas en sus gorras. Los rojos son un montón de bandidos, lo mismo ocurrió en Copiapó como en Berlín. ¡Exactamente lo mismo! concordó el prefecto. Pero todavía no los tenemos bajo control, aunque lo haremos pronto. Mientras tanto, algunos de nosotros, y los mejores de nosotros también, estamos aquí en Chile, o en Bolivia o en Manchuria» (págs. 167-168).

Klaus se impone que el Sindicato Rojo va a tener una conferencia en un lugar secreto, para decidir el futuro del movimiento y preparar la insurrección en Atahualpa. El prefecto en una conversación con Klaus, le participa de lo que acontece en la capital. «El caballero en Santiago ha caído de su silla. Hace doce días. Ya no es presidente. ¿Sabías eso Gringuito? Pero nos ha dejado un montón de trabajo por hacer. Pero esta vez se hará una buena limpieza, al fin, de una vez por todas. Dávila es el hombre. El tiene la artillería, los aviones y la caballería. Esa es la clase de escoba con la cual vamos a barrer toda esta basura» (págs. 230-31). Luego refiere lo que ocurre en la Universidad en Santiago. Han formado un Soviet. Hace repetir la palabra a Klaus, advirtiéndole «puedes decirla ahora y mañana también. Pero pasado mañana, si alguien la dice, será fusilado. Sí, vamos a tener un Soviet aquí, según dicen ellos, sea lo que fuere lo que eso significa» (pág. 231). Agrega, «Quieren un gobierno soviético, ¡sin tener armas ni municiones! Bueno, ¡esos caballeros van a despertar de tal manera! Los traidores de la Universidad y los rotos».

El Libro Tres es un racconto o flashback de lo sucedido a Achazo cuando debió abandonar el barco. Está en la búsqueda de Antonio Paredes, líder obrero de la región. Vive con los pescadores, quienes le informan de la situación del país, lo cual coincide con lo dicho por el piloto al capitán del Cap Finisterre. En los comienzos del gobierno de Ibáñez, nuevas minas fueron abiertas, nuevos caminos construidos. El desempleo decreció. Los salarios subieron. Una nueva prosperidad surgía. ¿La causa del «milagro»? El dictador había asegurado un gran préstamo norteamericano. En retorno había embargado a los financistas las minas propiedad del Estado, los ferrocarriles, y los monopolios de la energía eléctrica. «Y expandió tanto los privilegios de las compañías americanas en el país que eran ellos quienes en verdad llegaron a gobernar el país» (pág. 286). Al terminar el boom económico, los norteamericanos introdujeron la aceleración drástica y la racionalización en las fábricas bajo su control y dejaron a cargo del Estado los desempleados resultantes de la operación.

Durante su autoexilio de cinco años Achazo tiene ocasión de estudiar el desarrollo de Chile, y dedicarse a la lectura de Kropotkin primero y luego Marx y Engels. Y más tarde Lenin con sus escritos sobre la explotación de los países coloniales. De esta manera, Achazo, el pescador araucano que había ingresado a la Armada cuando era un niño, comenzó a autoeducarse y a darse cuenta «del papel fatal que el fascismo desempeñaba en Chile». Su preparación política le entrega los conocimientos teóricos necesarios para convertirse en líder del movimiento. Comenta a sus compañeros, entre los cuales hay un traidor, «Ibáñez, quien tuvo el poder, Montero lo tiene ahora y Dávila que será el próximo, son todos ellos fascistas. Hablan favorablemente del socialismo porque hoy día nadie puede negar esta verdad. Pero persiguen a los líderes socialistas y destruyen y prohíben los libros socialistas. Y este es el punto básico: ellos no quieren tener el socialismo a través del poder de los trabajadores y campesinos. Ibáñez obtuvo la ayuda de los banqueros norteamericanos, Montero está tratando de conseguir capital británico y europeo. Y Dávila sostiene que las salitreras y la tierra debieran ser nacionalizadas como en Rusia, pero a la vez dice que el capitalismo y los capitalistas no deben ser molestados» (pág. 291). Achazo ha madurado un plan para organizar los trabajadores, antes que Dávila tome el poder.

Achazo resume, «Hay grupos del Sindicato Rojo, hay los Comités de Cesantes esparcidos aquí y allá, y aún un Partido Comunista, aunque pequeño. (...) Pero no están organizados, surgen de la desesperación y el sufrimiento. Lo que necesitamos es un sistema seguro de comunicación» (pág. 294). Organiza una ruta marítima, conectada entre los pescadores, a lo largo de la costa. Recuerda que la costa de Chile se extiende por más de 2.000 millas. Con este sistema llevarán noticias, cartas, literatura, mediante mensajeros, organizadores y refugiados, si es necesario. En cuarenta días la entidad está en marcha.

Las noticias de los alzamientos en la capital, y las rebeliones de los campesinos en el Sur, contra Montero, sirven para sacar a los trabajadores de la apatía en la que habían quedado sumidos durante los cuatro años de la dictadura. Empiezan las huelgas, manifestaciones, reuniones, para demandar el derecho de sindicalización y libre expresión para los trabajadores del salitre. Ya organizados, el cuartel de los revolucionarios se instala en Caleta Vieja. Allí llega un grupo de marineros en uniforme. Once de ellos son refugiados. Ellos cuentan lo sucedido a Achazo. «Primero fue sólo un asunto por nuestros sueldos. Por tres meses no recibimos un centavo. Toda la flota estaba descontenta y todos se unieron, 1.300 hombres. Entonces nos organizamos. Formamos los Consejos de Marineros y Fogoneros. Luego empezó en el Ejército y la Fuerza Aérea, y ellos formaron Consejos de Soldados. Pero cometimos un error. Demandamos cosas, pero sólo referentes al sueldo, comida y permisos, no políticas. Y el Gobierno nos tramitó, prometiendo esto y aquello, hasta que controlaron el Ejército y la Fuerza Aérea otra vez. Eso les fue fácil, porque se organizaron mientras dilataban las conversaciones. La Fuerza Aérea destrozó nuestro movimiento, justo cuando nuestros Consejos estaban redactando algunas demandas políticas» (pág. 318). El narrador continúa, «El gobierno de Montero ganó. Pero desde la caída de Ibáñez, éste había sido el primer golpe dirigido contra el fascismo chileno» (pág. 319). La organización formada por Achazo es llamada «La Mutual». Reúne el Sindicato Rojo, la Unión Anarquista y el Partido Comunista.

En Santiago, en el intertanto, Grove está negociando con los sindicalistas, anarquistas y los Comités de Cesantes de Santiago y Valparaíso, quienes lo apoyan. Transige con el general Dávila. Achazo sabe que la influencia de éste proviene de su actitud socialista, su compromiso con los trabajadores. «Si no las cumple, será echado por ellos. Grove y Dávila son sólo una transición hacia el Soviet. Y debemos prepararnos ahora para ello», sostiene uno de los dirigentes de La Mutual (pág. 350).

El 4 de junio de 1932 Dávila y Grove toman el poder (7). Al día siguiente la Escuela de Aviación y otras fuerzas militares se levantaron contra Montero. El poder estaba en manos de Dávila, quien había inspirado la primera revuelta del ejército, pero fue compartido por Grove, quien trajo consigo las masas de trabajadores y grupos de clase media a las calles de Santiago. Ellos ofrecieron su ayuda a los militares rebeldes e hicieron decisiva la victoria. Esa noche los trabajadores contaron cientos de muertos. «Y todo lo que ello significó fue colocar en el poder una nueva dictadura, la coalición de gobierno de Dávila y Grove. Pero pronto los trabajadores se alzaron pidiendo la abolición de cualquier forma de fascismo, armas para los trabajadores y formación de soviets para ellos y los campesinos. Se apoderaron de los almacenes de provisiones, depósitos de petróleo y propiedades de la Iglesia. Forzaron a Grove a ordenar la confiscación del dinero extranjero en los bancos y casas de cambio. El Banco Central fue declarado Banco Nacional y dos de sus directores que preparaban la transferencia del oro a USA fueron arrestados. A los estudiantes universitarios se les dio el derecho de autonomía. Bajo la presión de la prensa inglesa, norteamericana, francesa y alemana, Dávila renunció al gobierno dentro de unos días, bajo el pretexto de que Grove había ido más allá de los límites de un socialismo moderado. Los Sindicatos Rojos hicieron un llamado para un congreso de los soviets. La primera sesión se efectuó en el gran hall de la Universidad que estaba en manos de los estudiantes rebeldes.»

Achazo y otro líder. Macho, llegan a tiempo para la tercera sesión. El narrador se hace cargo de la descripción, «Elías Lafertte, pelo cano, un viejo revolucionario y secretario de los sindicatos revolucionarios, había abierto el congreso. Ahora apelaba a los diversos representantes (129 organizaciones antifascistas están presentes) y proponía un programa para los soviets: la lucha contra la reacción feudal, clerical e imperialista contra el gobierno de Marmaduque Grove;

el retorno de las tierras a los indios y el establecimiento de una república autónoma araucana en el Sur; confiscación de las propiedades de la Iglesia y de los fondos en Bancos extranjeros; el rechazo a las deudas externas, el inmediato desarmamiento de las tropas reaccionarias y organizaciones anticlase obrera. Armas para el proletariado, reconocimiento de la URSS. Con voz ronca, poderosa que había enardecido a miles en tantas manifestaciones y que había sido silenciada en la cárcel, continuó leyendo el programa» (págs. 364-365).

Achazo se da cuenta de que la llamada República Socialista no podía ser más que un experimento, una aventura heroica con una conclusión sangrienta. Pero estaba dispuesto a rescatar a sus compañeros presos por Saavedra en Atahualpa y preservar el selecto grupo de organizadores y militantes para la lucha decisiva que estaba aún por verse. «Esto lo había consultado con Lafertte y Macho.»

Achazo regresa al Norte. Logra realizar su acción y somete a juicio sumario al prefecto por crímenes cometidos contra los pampinos. La última acusación corresponde a 1925 en que 1.000 hombres fueron llevados a alta mar en un crucero de la Armada. Un miembro del Consejo de Guerra vino a bordo y ordenó que se pusieran cadenas a esos hombres y fueran arrojados al mar. «Ese hombre fue Arturo Saavedra. Y yo soy uno de los marinos que ayudó a encadenarlos» finaliza Achazo (pág. 387). Saavedra es ejecutado.

Achazo recibe un telegrama de Santiago, el cual lee a sus asociados, «En julio 17 a las 10:45 p.m. empezó un bombardeo en Valparaíso bajo las órdenes del alto comando naval. Secciones de las fuerzas navales y militares bajo el comando del general Marino y el almirante Jouard, después de una breve lucha callejera, aseguraron el control de la maquinaria gubernativa e instalaron una junta militar, incluyendo a los dos militares ya nombrados. Esta junta inmediatamente entregó el poder a un gobierno provisional, encabezado por el general Dávila» (págs. 391-392). Otro telegrama añade, «El movimiento fue encabezado por el Almirante Jouard, jefe de la Armada chilena, de acuerdo con el general Ibáñez y el presidente Montero. Grove, Matte y otros ministros fueron puestos bajo arresto, debido a la evidencia de ciertos documentos descubiertos en sus archivos» (pág. 392). (8)

Klaus participa en los sucesos de Atahualpa. El joven quiere ayudar en la lucha, pero Achazo lo convence de que ésta debe darse en todas partes. Su regreso a Alemania es un imperativo. A la pregunta de Achazo, si entiende ahora lo que es el fascismo, Klaus responde, «Por supuesto que entiendo. Era sólo un niño cuando el Cap Finisterre, Achazo. Todo lo que te pregunté sobre los araucanos y otras cosas. Fue estúpido. Pero entonces no sabía». Achazo replica: «El fascismo está creciendo en Alemania, tú lo sabes. Por eso quiero regresar y trabajar en el movimiento. Como tú lo haces aquí» duplica Klaus (pág. 403). Se ha completado el aprendizaje del héroe.

Rumbo a su país, vía Estrecho de Magallanes, Klaus se impone por telegrama recibido en el barco, que Dávila ha sido derribado por oficiales del ejército quienes sostienen en un manifiesto que corresponde al pueblo decidir su propio destino (pág. 407).

Revuelta en la Pampa es una novela que en Chile podría adscribirse a la Generación del 38, por su tema, asunto y tratamiento narrativo. Su realismo, verificable en cada información sostenida por el narrador omnisciente o los personajes, corresponde a los cánones de la novela del período. Plivier esboza un cuadro de la época en el Chile de los años treinta, en base a datos, recolecciones y memorias que hoy parecen inverosímiles, como lo serán en el futuro los sucesos acaecidos en los últimos quince años. De allí el valor de rescatar la Historia implícita en la novela que comentamos.


Notas:

1. La novela fue traducida del alemán por Charles Ashleigh y sus editores son Michael Joseph Ltd., London, 1937. Todas las citas corresponden a mi traducción. Plivier fue miembro de la Liga Berlinesa de Escritores Proletarios Revolucionarios y ferviente enemigo del nazismo. Abandonó Alemania en 1933 y se radicó en la Unión Soviética, la cual dejó al término de la guerra. Según sus críticos, escribió la mejor novela sobre la Segunda Guerra Mundial, Stalingrado (1948). En español sólo existe El Ultimo Rincón del Mundo, publicada en inglés en 1951. En ella narra las aventuras de un marinero alemán en puertos chilenos del salitre.

2. Plivier realiza un verdadero acierto en la composición del protagonista Achazo, un araucano, como síntesis de la raza chilena y prototipo del héroe. Tal modelo en una novela de alto contenido social no tiene antecedentes en la narrativa chilena del periodo. En la historia de Chile, para citar un ejemplo, existe el precedente del grumete Juan Bravo, heroico marino de la Covadonga, quien a los cuarenta y un años se distingue por su serenidad y arrojo en la gesta del 21 de mayo de 1879. Sus padres eran araucanos. Su verdadero apellido, Villacura y su familia provenía del Golfo de Arauco

3. La crisis, que alcanzó a Chile y otros países latinos en los años treinta, «se agravó en nuestro país en 1931, con la consiguiente desvalorización de productos y cierre de mercados. Grandes cantidades de salitre aguardaban en los almacenes europeos o en canchas chilenas, mientras una alarmante cesantía comenzaba en los centros industriales del país». Francisco Frías Valenzuela, Manual de Historia de Chile. Decimosexta edición. Santiago. Nascimento 1978. 441. Carlos Ibáñez del Campo gobierna desde 1927 a 1931.

4. El Gobierno organizó la Compañía de Salitre de Chile el 20 de marzo de 1931, un monopolio que controló cerca del 95 por 100 de toda la producción chilena del salitre. Incluidas en el grupo de compañías estaban dos de las grandes empresas controladas por Guggenheim, la Anglo Chilean Consolidated y la Lautaro. La COSACH fue incapaz de controlar o influir en el mercado internacional del salitre. Cuando se supo que la COSACH había tomado a su cargo 25.000.000 de dólares de las obligaciones financieras de Guggenheim y que ésta había arreglado el monopolio no para el beneficio de Chile, sino para salvar sus propios intereses, la reacción popular no se hizo esperar. En su segundo periodo presidencial Arturo Alessandri disolvió el monopolio por decreto de 2 de enero de 1933. Así surgió la Corporación Chilena de Salitre y Yodo.

5. Triunfó sin competidor, con el 98 por 100 de los votantes (222.000) que constituían el 82 por 100 de los electores inscritos (230.000). Frías Valenzuela, página 438.

6. «Durante la presidencia de Manuel Trueco, las dificultades financieras conducen al Ministro Blanquier a rebajar los sueldos de los empleados públicos un 50 por 100. Esto origina "la sublevación de la Escuadra" que invernaba en Coquimbo. La Escuadra se rinde en septiembre de 1931» (Frías, pág. 443).

7. El año 1932, comenta Frías Valenzuela, «fue fecundo en trastornos: hubo cuatro cuartelazos y siete gobiernos sucesivos. Con la asonada militar del 4 de junio comenzó la llamada "República Socialista" de los doce días. El 17 de junio, Dávila apoyado Por algunos cuerpos de la guarnición de Santiago, se adueñó de La Moneda, sin derramamiento de sangre, según era uso y costumbre en esas asonadas militares» (pág. 444). El manifiesto de los revolucionarios del 4 de junio decía en uno de sus párrafos, «Contra las pretensiones del capitalismo extranjero (el nuevo régimen) mantendrá imperativamente el deber de afirmar el control de nuestras fuentes de riqueza, entregadas sistemáticamente, hasta ahora, a las empresas contrarias a los intereses colectivos, elaborando así nuestra verdadera independencia económica».

8. Según Frías, a quien seguimos, «Grove, Matte y otros de los miembros del gobierno anterior fueron acusados de comunistas y relegados a la Isla de Pascua». El periodo se conoce como los cien días de Dávila (pág. 444).


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03