Pedro Bravo Elizondo


Chile en el 1900: aspectos de la cultura popular

Pedro Bravo Elizondo

Pedro Bravo Elizondo, investigador y ensayista, es profesor en la State University, Wichita, Kansas, Estados Unidos.

El presente trabajo es un extracto de su libro inédito Teatro obrero y cultura proletaria en Chile (1900-1930. Norte Grande).

En 1910, Luis Emilio Recabarren redacta "El balance del siglo: Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana" tema que desarrolla en la conferencia que ofrece en el pueblo de Rengo, zona central de Chile. La idea fundamental de su discurso: el pueblo chileno en cien años de independencia no ha logrado obtener nada para mejorar su situación económica y social. La burguesía sí. Distingue Recabarren dos segmentos en el pueblo: el propiamente tal y la clase media conformada por empleados, pequeños industriales y algunos profesionales. Citando el trabajo de Recabarren, señala Hernán Godoy:

Una parte del pueblo, formada por obreros, los más aptos, por empleados, pequeños industriales salidos de la clase obrera y algunos profesionales, pero todos considerados dentro de la clase media, ha podido realizar algún progreso. Han constituido organismos nuevos; sociedades de socorro, de ahorro, de resistencia a la explotación, de educación, de recreo y un partido popular llamado Partido Demócrata. Esta manifestación de la acción es el único progreso ostensible de la moral y de la inteligencia social del proletariado, pero es a la vez la acusación perenne a la maldad e indolencia común, (En Estructura Social de Chile, Santiago: Editorial Universitaria, 1971, pp. 299-306.)

Tal clase media, se distanciaría de sus orígenes, como lo sostiene Federico Gil, en 1969.

El país todavía está caracterizado por una asociación estrecha entre las clases superiores y media que funciona en detrimento de las masas inferiores. Muchos piensan que el abismo que separa a estos dos elementos de la población es la causa principal del estancamiento económico, y encierra las semillas de una revolución social violenta. (El sistema político de Chile, Santiago: Editorial Andrés Bello, p. 46).

Continúa Recabarren en su discurso:

Para atenuar el hambre de su miseria en las horas crueles de la enfermedad, el proletariado fundó sus asociaciones de socorro. Para atenuar el hambre de su miseria en las horas triste de la lucha por la vida y para detener un poco la feroz explotación capitalista, el proletariado funda sus sociedades y federaciones de Resistencia, sus mancomúnales. Para ahuyentar las nubes de la amargura creó sus sociedades de recreo. Para impulsar su progreso moral, su capacidad intelectual, su educación, funda publicaciones, imprime folletos, crea escuelas, realiza conferencias educativas.

Cómo reacciona la sociedad chilena ante tal actitud de los obreros. Rafael Sotomayor, Ministro del Interior durante el régimen de Pedro Montt, declara a raíz de la masacre de Santa María de Iquique:

Si no queremos que haya en el país clases privilegiadas, no convirtamos tampoco en privilegiada a la clase obrera, pues con eso no hacemos otra cosa que dar a unos todo lo ancho del embudo con notable perjuicio para los demás.

Tal percepción de la realidad, de parte del representante máximo del gobierno, indica a las claras el tipo de aristocratismo vigente en Chile y la imposibilidad de entendimiento entre las capas sociales chilenas. Sotomayor va aún más lejos en su interpretación de la realidad social.

Pero la organización que se han dado entre nosotros los obreros da que pensar. Por todas partes hay sociedades de resistencia, que, como su nombre lo indica, no persiguen el mutuo socorro de los asociados, sino la resistencia a todo lo que significa tranquilidad y orden. (Boletín de las Sesiones Extraordinarias. Cámara de Diputados, 1907, pp. 658-742).

En 1898 los obreros de la maestranza de ferrocarriles habían formado la primera Sociedad en Resistencia, de inspiración anarquista. El mecánico Magno Espinoza, Luis Olea y Alejandro Escobar son sus promotores.

¿Cuándo aparecen las sociedades mutualistas o de socorros mutuos? Según Aristodemo Escobar, Desarrollo del Movimiento obrero en Chile (1), en 1853 los elementos del gremio de tipógrafos, fundan en Santiago la sociedad mutualista "Sociedad Tipográfica". En 1855, Valparaíso sigue el ejemplo y en 1858 en el mismo puerto se organiza la "Sociedad de Artesanos" para luego en 1862 formarse en la capital la "Unión de Artesanos" y días después una entidad similar en La Serena. Ya en 1900 existían más de doscientos organizaciones de tal naturaleza.

En 1902 obreros santiaguinos fundan el "Ateneo Obrero", cuya inauguración se efectúa en el salón de teatro del Conservatorio Nacional de Música. Víctor Soto Román -obrero que después recorre la pampa salitrera propagando sus ideas- dicta la conferencia histórica "El Problema Social" y declama sus poemas el joven poeta Carlos Pezoa Veliz. Estudiantes universitarios se aproximan al incipiente movimiento obrero, entre ellos Lautaro Ponce de la Escuela de Medicina, quien con Alejandro Escobar Carvallo, Pedro Silva y otros fundan el "Grupo Libertario", llamado después "La Revuelta".

En 1905, Luis Cuadri, italiano procedente de Argentina da origen a la "Unión de Resistencia de Carpinteros", basada en el sindicalismo revolucionario, que persigue ideas de renovación en el movimiento, procurando más la libertad en el trabajo que el aumento del bienestar material. En 1906 en Santiago se crea la "Federación de Obreros de Imprenta" y en 1911 la "Federación de Oficios Varios".

Dirigentes y miembros de estos movimientos sindicales fueron perseguidos por la justicia y las autoridades de turno, pagando con cárcel y apaleos sus actividades en pro del mejoramiento de la clase obrera. El sentir de la masa está expresado, en este respecto, por Recabarren en el citado discurso:

Yo he llegado a convencerme de que la organización judicial sólo existe para conservar y cuidar los privilegios de los capitalistas. ¡Ojalá para felicidad social, estuviere equivocado! La organización judicial es el dique más seguro que la burguesía opone a los que aspiran a las transformaciones del actual orden social.

Cuánta razón darían los hechos históricos a sus palabras. Los obreros pertenecientes a las Mancomúnales no eran aceptados en algunas oficinas salitreras y de nada valían sus protestas ante subdelegados y representantes de la justicia; a pesar de que existía la ley de 1872 sobre libertad de expresión, la prensa popular y obrera fue empastelada, destruida como lo observaron Lafertte, Recabarren y otros en su tiempo.

La palabra escrita convence a los dirigentes y líderes obreros que la batalla ha de darse en tal terreno. El papel de la prensa en Chile, es el tema editorial de El Trabajo de Iquique (sábado 18 de abril de 1903).

La Cuestión Obrera y la Prensa Chilena

En todos los países civilizados, la prensa es uno de los factores más importantes del progreso y de la cultura. Ella es el portavoz de la civilización, y a su impulso brotan las ideas, se dilucidan las cuestiones más arduas tanto en materias políticas, como científicas y sociales, y en conjunto, viene a ser como un faro que va iluminando al mundo para mostrarle el camino de la verdad.

Pero en este complicado organismo de la prensa, como en todas las cosas humanas, hay imperfecciones y defectos que es necesario hacer desaparecer, y que si subsisten, es porque todavía no se ha llegado a un grado de perfeccionamiento y de cultura en que el público exija el absoluto destierro de la calumnia o que la verdad se imponga por si misma.

La prensa, por el valor intrínseco que tiene y por el rol que le toca desempeñar en la sociedad, debía usarse únicamente como propagandista de las ideas que sustenta, como anunciadora de los acontecimientos que acaecen en el mundo, como heraldo de las ciencias, de las artes y de las industrias; pero jamás la prensa debe esgrimir armas innobles y bastardas, propias sólo de los cobardes, jamás la calumnia o la mentira debe albergarse en sus columnas, porque esto significaría desnaturalizar los fines a que está llamada y en su deslealtad llevaría envuelta su propia condenación y el desprestigio público.

Y salen a los puntos de nuestra pluma estos conceptos al ver lo que sucede con la prensa local burguesa y con los grandes periódicos que se editan en el Sur de la República.

Es muy sensible que diarios como El Mercurio, El Ferrocarril y El Chileno, que se precian de serios, admitan en sus columnas noticias completamente inexactas de todo lo que ocurre en el Norte, y con los ojos vendados, sigan las mismas aguas cenagosas y corrompidas de otros diarios, que habiendo perdido ya toda la noción de vergüenza, están vendidos con anticipación al oro de los salitreros y miran con desprecio y altanería inconcebibles los intereses del pueblo que son los de su propia patria.

No queremos hacer hincapié ni tomar como base el injusto proceder de la prensa local para con los obreros; pero si nos apena que en las rejiones del Sur de Chile, donde hay un campo más vasto de ilustración, donde el espíritu de justicia está más desarrollado, donde se aspira un ambiente más en armonía con la verdad recta y pura, la prensa esté sujestionada, y si es posible, engañada miserablemente por sus propios corresponsales. El Mercurio, El Ferrocarril y El Chileno, juzgaron gravísima la paralización de las Fundiciones de Valparaíso y abogaron por la defensa de los obreros y en sendos editoriales impelieron al Gobierno a que tomara medidas prontas y eficaces. Toda esta campaña estaba dentro de los límites de la justicia y nosotros los obreros no podemos menos que agradecerla; pero al mismo tiempo les hacemos saber que la cuestión obrera en las provincias de Tarapacá y Antofagasta es aún más digna de una campaña activa y ardiente, por cuanto aquí es donde más se necesita la acción eficaz del Gobierno y el estricto cumplimiento de la justicia y de las leyes que nos rijen.

La prensa de Santiago ignora hasta qué punto es explotado aquí el obrero chileno, y hasta dónde llegan los abusos y las iniquidades que con él se cometen.

El campo de acción de la prensa es muy vasto. Aquí hay problemas interesantísimos que estudiar y resolver, tanto en la parte administrativa como industrial, social y comercial.

La prensa obrera competía en aquel tiempo con periódicos capitalinos tales como La Libertad Electoral (Partido Liberal); El Ferrocarril (Partido Radical); El Porvenir (Arzobispado y Partido Conservador); El Mercurio de Agustín Edwards Mac-Clure, además de otros como La Mañana, La Tarde, La Ley, El Estandarte Católico y El Diario Oficial. En Valparaíso, El Mercurio. La Unión, El Heraldo y El Fígaro. Una estudiosa norteamericana, Gertrude Yeager de Tulane University, ha estudiado la cultura chilena en el siglo XIX. Al analizar "La Prensa Chismosa", dice que "de todos los periódicos en el siglo XIX en Chile, aparentemente sólo El Mercurio y El Ferrocarril estaban libres de chismoseos". (En Studies in Latin American Popular Culture, vol. 1,1982, página 110.) El resto podía considerarse como "prensa amarilla y chismosa". Destaca la misma autora en el campo político-chismoso la Revista Católica y su sucesor El Estandarte Católico.

La estrecha relación entre periodismo y política, nos obliga a tratar brevemente la estructura política del país, la cual era regida por seis partidos: Nacional, Conservador, Liberal, Radical, Liberal Democrático o Balmacedista, y Demócrata. La influencia de la Iglesia fue obvia y evidente en el Partido Conservador. Clerical desde su formación, protegió los intereses de la clase alta, defendió los eclesiásticos y trató de limitar el poder presidencial. En la época que estudiamos, la iglesia se jugó enteramente por el Partido Conservador y éste la utilizó a su arbitrio en las campañas electorales. Recordemos que las haciendas en Chile tenían sus capillas donde predicaban sacerdotes provenientes de las parroquias circunvecinas. El control ejercido sobre la población campesina estaba asegurado. Ya en los comienzos de los años 20 -comenta Brian H. Smith.

(...) El Arzobispo Crescente Errázuriz de Santiago estaba preocupado por el problema de la intervención clerical en la política y la manipulación de la Iglesia por el Partido Conservador. En 1922 escribió una fuerte carta pastoral prohibiendo estrictamente a los sacerdotes participar en las demostraciones políticas, reuniones y banquetes y actuar como agentes o representantes de partidos. (The Church and Politics in Chile. Princeton University Press, 1982, página 73.)

En la pampa salitrera, el cuadro era diferente. La Iglesia era fuerte en los puertos y allí combatía a "los contrarios" como los denominaba Monseñor José María Caro, Obispo de Tarapacá desde 1912 a 1926. El encuentro entre socialistas y sacerdotes dio origen a polémicas en plena Plaza Prat o Condell de Iquique sobre la existencia de Dios, el socialismo y otros tópicos. Hubo emulación por parte de la Iglesia de las labores desarrolladas por socialistas, como la Cooperativa del Pan y los primeros atisbos de nacionalización de las salitreras. Destacó en este sentido, Fernando Vives Solar, S. J. Dice Monseñor Caro: "Fue el primero que la lanzó (nacionalización del salitre) entre nosotros, en favor de los obreros (...). Según su proyecto, por medio de Cooperativas Obreras se lograría juntar el capital suficiente para comprar y para instalar una Oficina Salitrera o varias". (En Monseñor José María Caro. Apóstol de Tarapacá por P. Juan Vanherk Morís. Santiago, Editorial del Pacífico, 1963, páginas 349-350.)

La preocupación cultural y social de la iglesia en la pampa salitrera fue diametralmente opuesta a la observada en los campos del centro y sur de Chile. Diríamos que no tenían adversarios tan eficientes como los socialistas y anarquistas de Iquique. El enfrentamiento y la realidad salitrera hizo que la iglesia abordase temas sociales contingentes y los combatiese en el acto. Véase su programa de "La Semana Social" celebrada en Iquique desde el 29 de enero al 6 de febrero de 1916:

- "El Origen del Malestar Obrero".

- "La Existencia de Dios".

- "El Socialismo".

- "La Ciudad Ideal .de los Socialistas".

- "La Ciudad Real del Porvenir".

- "La Verdadera Solución de la Cuestión Social".

- "Cooperativas (I y II Partes)".

Monseñor Caro consiguió que de cada oficina asistieran tres delegados obreros. José María Caro quiso "convertir las Pulperías de las Oficinas en Cooperativas de Consumo (...) con el fin de aplacar el descontento que surgía cada día (...)" (Obra citada, p. 294). Obvio resulta añadir que tal propósito nunca fructificó.

Monseñor Caro vio la necesidad de contar con una publicación "que defienda la religión católica en esta provincia". Así nace La Luz, una hoja semanal, editada ininterrumpidamente desde noviembre 3 de 1912 hasta "varios años después" del traslado de Monseñor Caro. Regresemos, después de este paréntesis, a la labor de la prensa obrera del período.

El periodismo proletario se encauzó por cuatro fuentes: las demócratas, socialistas, anarquistas y comunistas. La prensa anarquista, según Mario Bahamonde,

irrumpió a comienzos de este siglo y se incorporó a las pampas salitreras a través de los veleros europeos y de los ácratas capitalinos. Su lenguaje violento reventó como un dinamitazo y sus ideas lapidarías encendieron el descontento. Se trataba de ser libre, rebelde y valiente. Fue el periodismo que más impresionó a los asustados salitreros, que creyeron ingenuamente en su fraseología plagada de efectismo. (...) Por más de veinte años estos periódicos y sus hombres sostuvieron la batalla obrera de oficina en oficina y de pueblo en pueblo. A la larga, su resultado fue bien claro: la lucha por la lucha, la agitación por el descontento. Naturalmente, su primera publicación apareció en la pampa, en la Estación Dolores, en 1904, y se llamó El Obrero Libre, órgano del centro libertario "Luz y Libertad", dirigido por Juan Alberto Mancilla, que al segundo número cambió de nombre la publicación por un titulo más anarco: La Agitación. (Pampinos y Salitreros. Santiago, Editorial Quimantú, 1973, página 78.)

Los adelantados anarquistas en Dolores son Julio E. Valiente, Luis Guerra Sarmiento y Francisco J. Pezoa. A ellos se agregó otro obrero pampino, Luis Ponce. Debo advertir que ya en 1898, el periodista tacneño Mario Centore había fundado en la Oficina Huara el periódico La Voz de Abajo que fue suprimido por las autoridades. El periodismo político obrero se centra en los puertos de Iquique, Tocopilla, Antofagasta y Taltal.

En Santiago, ya en 1893 había aparecido El Oprimido. Escobar y Carballo había publicado La Tromba en 1898 y en 1903 funda La Campaña. En 1901 aparecen en la capital El Siglo XX y El Progreso Social. En Valparaíso se funda en 1901 la revista socialista La Antorcha en la que escriben Eduardo de la Barra, Carlos Newman y Carlos Porter. En 1898 Juan Bautista Bustos fundó La Ilustración Tipográfica y en 1890 El Pueblo, revista y diario dedicada al mejoramiento social de los trabajadores. Magno Espinoza instiga la publicación en el puerto de El Panadero (2).

Para el lector actual los nombres de muchos obreros y dirigentes han perdido su significado histórico. Osvaldo López, periodista obrero, funda El Trabajo en Iquique, órgano de la Combinación Mancomunal Obrera. Años más tarde recopila en el Diccionario Biográfico Obrero de Chile, cuyo primer número edita en 1910, las vidas de los principales dirigentes proletarios de la época. Su lectura nos entrega un cuadro vivido del esfuerzo de hombres y mujeres, no sólo en el plano social y económico, sino cultural. En la imagen del mundo de la aristocracia y clase media criollas, el obrero es un zafio, inculto e ignorante. La prensa obrera es el primer mentís a tal aserto y las publicaciones derivadas de tal prensa verifican nuestra opinión. Ya hemos mencionado algunas revistas en Santiago y Valparaíso. En Coquimbo se imprime El Cantor del Pueblo (abril y diciembre de 1908) idea del periódico El Trabajo para allegar dinero y "adquirir una prensa de mayor formato". Su material fue exclusivamente poético. Colaboraron en su primer número Alejandro Escobar Carvallo, Eduardo Genioso, Francisco Pezoa, Luis Olea y otros.

Eduardo Gentoso exaltaba el valor de la prensa obrera en uno de sus poemas,

Qué viva la prensa que nunca se humilla,

que vivan los pueblos que saben luchar,

que sea la prensa cortante cuchillo

y sepa con honra imponer libertad.

Escobar Carvallo advertía en su poema "¡Maldición!":

Mientras el pueblo se prepara unido

a dar el golpe que lo vuelva libre,

sea el sufragio su mejor escudo,

la pluma el arma que en su mano vibre!

Virginia Céspedes, luchadora de comienzos de siglo ya había escrito en 1899:

¡Compañeras del Mundo, es la hora

de luchar por la bella Igualdad,

manteniendo la luz de la aurora,

que ilumina el problema social!

Un poeta popular, cuyo seudónimo "Loco Cuerdo", oculta al trabajador nortino, publica en El Pueblo Obrero de Iquique (18 de febrero de 1908) la siguiente:

Cueca Nortina

I

Si quieres emanciparte

pueblo valiente

debes primero unirte

para ser fuerte si,

quien lo creyera

que con la unión

todo se consiguiera.

II

Si sufres desengaños

por tantos años

confiando en promesas

que no se cumplen sí,

que no se cumplen, sí

y es verdadero

que el rico no hará nada por el obrero.

III

Se lamenta el pueblo

y sus gemidos

son por los gobiernos

desatendidos, si

es gran desdicha

vender nuestro derecho

por plata y chicha.

El cohecho, forma cuasi legal en aquel tiempo de obtener un asiento en las Cámaras, fue combatido por los dirigentes sindicales (3). A tal sistema se refiere el poeta en las líneas finales de su cueca.

El ser capaces de combatir los abusos, el mejoramiento de la auto-estimación -logrado con la prensa obrera- la labor de las mancomúnales, todo ello había hecho del trabajador pampino, un ser diferente, un nuevo hombre. Añádase a lo anterior, la prédica periódica de aquellos que anhelan un mejor futuro para las masas. Recuerda un viejo pampino, Julián Cobo (Yo vi nacer y morir los pueblos salitreros. Santiago, Quimantú, 1971):

Aparece por las pampas, el escritor obrero (Víctor) Soto Román, autor de La mentira cristiana; ahora casi nadie lo recuerda. Predica que el peor mal del hombre es la "cobardía" y aconseja mirar de frente a los patrones y las autoridades, con altivez, sin bajar los ojos.

"Todos somos de la misma naturaleza y todos perecemos." Verdades que el pueblo necesitaba acuñar en el cerebro. (...) "Yo sé que todos estos gringos -en su tierra- son maltratados y despreciados en la misma forma en que ellos los tratan a ustedes." Y agregaba: "No son seres superiores, no son de razas superiores, no son sabios ni inteligentes, ¿por qué los miran con respeto? No les digo que los insulten ni los golpeen, pero les aconsejo sean valientes, viriles frente a ellos. No son más que ustedes. Entiéndanlo y ténganlo siempre presente" (pp. 41-42).

Víctor Soto Román tenía más razón de lo que él mismo pudo suponer. El más destacado empresario de la época del salitre, John Thomas North, inglés de clase media, logró amasar su fortuna a base a sus certeros movimientos mercantiles y mejores relaciones económicas. Sin embargo, aún en vida, y después de su muerte, fue "maltratado y despreciado" por sus mismos connacionales, para utilizar los términos de Soto Román. La aristocracia inglesa no perdonaba los orígenes plebeyos o de "middle class", aunque le reportasen ganancias y dividendos leoninos en la Era del Salitre.

La formación autodidacta de tantos intelectuales obreros, desconocida para los estudiosos de hoy, puede ser resumida con datos sobre Francisco Pezoa, componente del grupo anarquista que conformaban Magno Espinoza, Luis Olea, Alejandro Escobar, Eduardo Genioso y otros. Pezoa nació en 1885. Desde muy joven tomó parte activa en el movimiento social. Traducía del francés, inglés e italiano. Estudió sociología y los movimientos obreros de Europa y América Latina. Su preparación le permitía disertar en los Ateneos y Centros Obreros sobre cuestiones sociales, anarquismo, socialismo, sindicalismo y las teorías neo-Malthusianas. Colaboró en periódicos como El Rebelde, La Protesta, El Productor, Luz y Vida. El Trabajo, El Despertar de los Trabajadores, etc. Sus composiciones poéticas fueron adaptadas a la música de canciones populares de la época. Sus mejores poemas son "El Ladrón", "Anarkos", "De vuelta del mitin", "Canto de Venganza", más conocido como "Canto a la Pampa", escrito a raíz de los sucesos de Santa María de Iquique en 1907.

Obreros de este calibre, en compañía con buenos autores e intelectuales, dieron vida a centros culturales en los que se buscaba compensar las deficiencias educativas causadas por el sistema social y económico vigentes. Así por caso, Víctor Domingo Silva, poeta, novelista y dramaturgo, redactor de El Mercurio de Valparaíso, en 1909 funda con Horacio Olivos Carrasco, Zoilo Escobar y otros la "Universidad Popular" cuyo fin fundamental era servir al pueblo. Ya hemos mencionado antes el Ateneo Obrero de Santiago4 y el mismo Ateneo de Santiago, fundado el 1º de mayo de 1899 por cuyas tribunas también se hizo presente la cuestión social. Este último estaba compuesto por personalidades de la época, pero "el alma y músculo de este prestigioso cenáculo artístico, ha sido exclusivamente su laborioso secretario, el laureado poeta Samuel A. Lillo", comentaban los autores de Selva Lírica, Julio Molina Núñez y Juan Agustín Araya (Santiago: Imprenta Universo, 1917, pp. 478-479).

En repetidas ocasiones hemos mencionado las mancomúnales obreras, sin referirnos específicamente a ellas. Como lo declaran los obreros, esta institución se preocupa de los asociados, "porque no tenemos gobierno que vele por nuestra seguridad individual". Su reglamento apareció en El Trabajo de Iquique, el miércoles 4 de octubre de 1905. Tras las palabras de su programa se traslucen las ideas ya manifestadas por el sindicalismo europeo. Es necesario oponer al Capital, el frente unido de las fuerzas trabajadoras; no sólo la condición económica es importante, sino lo social que envuelve el desarrollo intelectual del obrero. Parte fundamental del Programa pone en claro en el acápite C del artículo 2a la igualdad social que buscan ante la ley: la unión los "hará fuertes en sus derechos y respetados en el orden jurídico y social". La iniquidad de los tratamientos característicos no sólo de la época, por parte del sistema jurídico, social y económico queda al descubierto en esta simple fraseología obrera.

Comprenden muy bien los organizadores de la Mancomunal que sin las herramientas necesarias, la institución carecería de fuerza y empuje. El establecimiento de una imprenta, como "órgano de publicidad" es fundamental para defender sus derechos. La instrucción del obrero no queda al acaso, su ilustración e instrucción son elementos básicos en tal cruzada. El artículo 4 muestra la determinación de la unión obrera en el plano nacional e internacional. No es de extrañar la reacción del Capital ante tal adversario que irrumpía de la nada. La primera mancomunal fue fundada por el lanchero Abdón Díaz en Iquique, el 21 de enero de 1900, con la colaboración de Maximiliano A. Várela. El 1" de mayo de 1902 se funda la Mancomunal de Tocopilla. Recabarren, presidente de la Combinación Mancomuna! de Obreros de Tocopilla en 1905, dirige un largo memorándum a los trabajadores para insistir en la unión y afiliación a las organizaciones obreras. Los años transcurridos nos han hecho idealizar el período que estudiamos: el trabajador, el obrero acudió de inmediato al llamado del líder. Olvidamos que años y años de sometimiento lo hicieron vivir "en constante desunión y abandono (de) si mismo". Recabarren titula su llamado "Seguro sobre la vida", y aparece en El Trabajo del mismo Tocopilla, el domingo 9 de abril de 1905. Cito parte de él, pues ocupa toda la página.

El trabajador ha sido siempre esclavo si hoy se le da el nombre de libre es sólo como una irrisión i un sarcasmo.

Los gobernantes siempre han sido tiranos con los pueblos i si algunas veces hacen promesas, es sólo para engañarlos i hacer vivir a los pueblos de esperanzas.

Los capitalistas han sido siempre esplotadores i sólo piensan en obtener del operario el mayor producto posible en dinero.

Las iglesias, asociadas de gobernantes i capitalistas procuran consolar de sus dolores a los pueblos, con mil fantásticos engaños i promesas para después de la muerte, a fin de conseguir arraigar la mansedumbre i la resignación entre los operarios, para que asi puedan ser más fácilmente esplotados i tiranizados.

Vemos, pues, que el trabajador vive entregado por completo a su suerte. Ni gobierno, ni patrón, ni fraile, alivian su situación, al contrario, esas tres instituciones viven rumbosamente con el fruto del trabajo del obrero.

Vemos a las ciudades ostentar grandes riquezas i adelantos, obra todo del brazo i del esfuerzo del pobre pueblo que en cambio de producir tanta riqueza, vive condenado a una miseria eterna.

Pero de esta situación tiene la culpa el mismo trabajador, porque vive en constante desunión i se abandona a si mismo.

(...) Pero, ya es tiempo trabajadores de abandonar ese carácter indiferente que os mantiene esclavos del capital.

Ya es tiempo trabajador de abandonar ese carácter timido i flojo que os mantiene esclavos del patrón.

Ya es tiempo trabajador de unirnos estrechamente para buscar nuestro mejoramiento i el de nuestras familias i de nuestros hijos.

¿Qué costará unirnos?

-Solamente un poco de buena voluntad i un poco de más amor por nosotros mismos.

(...) Si todos los pobres trabajadores nos unimos i hacemos propósito de vivir unidos siempre, tiene que llegar un día en que seremos menos pobres que hoi i mejor tratados.

Nada cuesta unirse. Será suficiente incorporarse a la gran Combinación Mancomunal de Obreros. (...) Será suficiente esta pequeña acción de hacerse socio, para que la unión empiece a ser una realidad.

Trabajadores: La Gran Combinación Mancomunal de Obreros está hoi organizada en Tarapacá, Tocopilla, Antofagasta, Taltal, Chañaral, Copiapó, Coquimbo, Tongoi, Valparaíso, Viña del mar, Quillota, Santiago, Coronel, Lota, Lebu i Valdivia; total: dieziseis secciones que forman este gran ejército, invencible hoi día, i que ningún abuso será capaz de desorganizar.

Cuentan estas secciones con once periódicos a su servicio para su propaganda.

(...) En Tocopilla i Toco hai siete mil trabajadores i hoi día apenas si hai 300 socios en la Mancomunal. ¿Por qué ocurre esto? ¿Es posible que los obreros abandonen una Sociedad que es la llamada a hacer respetar el derecho del pobre en todo terreno?

(...) Obreros, proletarios: Acudir, pues, os lo repetimos, a ser socios de esta gran sociedad. Es la única sociedad en Chile que busca el bienestar de los trabajadores por todos los medios imajinables.

El salón de la Sociedad Mancomunal está situado en la Plaza Condell, calle Sucre, 126, esquina con Aníbal Pinto; la secretaria está abierta al pueblo trabajador desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche. Podéis, pues, concurrir a cualquiera hora i en cualquier dia a pedir vuestra incorporación.

No lo olvidéis.

La Sociedad Combinación Mancomunal de Obreros, es una verdadera Sociedad de Seguros sobre la Vida del trabajador.

Firman la presente nota a los trabajadores, Luis E. Recabarren S., presidente y Carlos Morales G., secretario. Podrá el lector formarse un cuadro del Chile de comienzos de siglo, a través de la descripción que hace el dirigente obrero de los estamentos que conforman la sociedad. Sólo así podrá comprender los planteamientos que luego Recabarren desarrollará en su producción literaria, en especial en su obra dramática. Temas predominantes en sus escritos son la familia, el respeto a si mismo y a los suyos, alejamiento de la taberna y prostíbulos, solidaridad con los hermanos en desgracia, lectura y más lectura para combatir la ignorancia y la superstición. Ante la masacre de San Gregorio, en la pampa salitrera, el 4 de febrero de 1921, Recabarren escribe el poema "Los últimos mártires" en Pampa Unión, Antofagasta. Sus últimas estrofas son un llamado a los hermanos de los caídos por "la brutal metralla".

El ejemplo dado por los obreros nortinos, se extendió a lo largo de Chile, hasta alcanzar el extremo austral. Comentaba orgullosamente El Trabajo de Iquique en su edición de noviembre 8 de 1905,

Asi como el telégrafo acorta las distancias y los ferrocarriles conducen los productos de un punto a otro del país, asi la Mancomunal de Obreros, nacida en el estremo Norte de Chile, en la tierra salobre de Tarapacá, ha trasmontado las montañas que nos separan del estremo Sur de Chile, y se echan ya las bases en el puerto de Punta Arenas, como lo demuestra la siguiente carta:

Punta Arenas, octubre 4 de 1905.

Señor Presidente de la Mancomunal de Obreros Iquique.

Muy señor mío:

El que suscribe, humilde hijo del trabajo que desea con vehemencia mejorar por cuanto medio esté a su alcance, la situación precaria y angustiosa porque atravesamos los obreros residentes en este apartado rincón de nuestro querido Chile. Hace ocho meses que llegué de Antofagasta, después de haber sido socio fundador de la Mancomunal de Obreros de Taltal.

Luego que llegué a esta ciudad me impuse como un deber de iniciar un movimiento de opinión entre los compañeros de por acá, con el objeto de echar las bases de la Mancomunal, para lo cual escribí a Taltal solicitando dos ejemplares de los Estatutos de dicha institución, pero nunca obtuve contestación.

Por este motivo me dirijo a Ud. y a la digna institución que Ud. preside, se digne remitirme unos dos ejemplares de los Estatutos por los cuales se rije esa institución y al mismo tiempo, algunos periódicos aunque sean viejos para hacerles comprender a mis compañeros la altura a que se encuentra el esforzado trabajador de las desiertas pampas de Tarapacá.

Por este motivo quedaría eternamente agradecido si accediera a mi molesta petición para que en un día que no lo creo lejano, repercutiera el grito unisono de todos los proletarios puntarenenses y decir con todo el entusiasmo de nuestros corazones: "nos hemos emancipado al calor vivificador de la emblema que guía a nuestros hermanos de Tarapacá".

Sin más que esto, le deseo felicidad a Ud. y a la digna institución que preside.

Soy de Ud. atento y S. S.

Manuel J. Pino G.

Los estatutos y viejos periódicos eran las únicas armas que solicitaba Manuel Pino. Sabía de sobra que ello era suficiente. El ejemplo de los pampinos permitiría la liberación de sus hermanos.

Aquí valga tal vez la pena una pequeña digresión, que explica la admiración de Manuel Pino por la Mancomunal. Lafertte tuvo el tino de redactar sus memorias y merced a ellas conocemos un periodo histórico, visto desde la perspectiva obrera. Por él conocemos algunas actividades de Recabarren, que de otra manera habrían sido ignoradas. En sus memorias, páginas 107-108, recuerda la creación en Iquique de la Cooperativa del Pan -duró seis meses, por problemas externos e internos- y la misma fundación del periódico El Despertar merced al cooperativismo, por el cual Recabarren "tenía predilección". Esto ocurre durante el período iquiqueño de Recabarren, 1911-1914.

Abdón Díaz y Maximiliano Várela, en 1905 ya han dado forma a la "Cooperativa de Consumos de la Combinación Mancomunal de Obreros de Tarapacá, Iquique".

El establecimiento de mancomúnales, periódicos obreros, cooperativas, todas tenían un objetivo común: estimular al obrero, sacarlo de su inercia, organizarlo. Sobrada razón tenía Child (4) cuando aseguraba en 1890, "años deben pasar antes de que la masa de ciudadanos puedan ser despertados a un sentido del deber y de sus derechos". Ese fue el propósito de la prensa obrera.


Notas:

1. El título completo es Compendio de la Legislación Social y Desarrollo... Fue publicado en Santiago, Talleres San Vicente en 1940.

2. Para un estudio de la prensa obrera chilena, recomendamos el magnifico estudio de nuestro colega, Osvaldo Arias Escobedo, La Prensa Obrera en Chile: 1900-1930. Universidad de Chile-Chillán, 1970. Los franceses también se han interesado por el tema. Existe una Memoria de Maestría en la Universidad de Toulouse le Mirail (1977), de France Bezy, "La presse ouvriere au Chili de 1904 a 1927".

3. Recabarren decía en una entrevista que la FOCH "ha resuelto que todos nosotros, incluso las mujeres, salgan en el día de la elección armados de palos, e impongan a los partidos, a los candidatos y a sus agentes que no deben comprar la conciencia del ciudadano". (El ABC, Antofagasta, noviembre 29, 1920, página 3.)

4. Theodore Child, The Spanish Américas Republics. New York: Harper and Brothers, 1891.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03