Sergio Bitar


EL CAMPO CULTURAL Y LA LUCHA DEMOCRÁTICA EN CHILE

Por Sergio Bitar

La nota que sigue corresponde a una intervención del autor en la Universidad Central de Venezuela en un acto sobre cultura chilena y democracia.

La práctica política tradicional privilegió en Chile la acción en las esferas institucional y partidaria y puso énfasis en las reivindicaciones laborales y en la critica económica a la injusticia del sistema vigente. Poca relevancia tuvo en la lucha ideológica la crítica a los valores de la cultura dominante y a sus órganos de propagación: los medios de comunicación, la educación de sus fuerzas armadas, la concepción subyacente en los órganos de justicia.

La creciente complejidad de las sociedades contemporáneas ha revelado la importancia crucial de la configuración de una cultura alternativa, de una distinta visión de la sociedad, de nuevos valores y convicciones políticas y morales compartidos por grandes mayorías, para efectuar una transformación profunda de los sistemas sociales.

Chile hoy es un ejemplo nítido de cómo la creación cultural de su pueblo es una forma de lucha fundamental para la recuperación democrática.

Desde esta perspectiva, no puede extrañar el intenso ataque desatado por las minorías dominantes para aplastar las expresiones culturales que el pueblo chileno desarrolló en largos años de lucha, al amparo de las libertades que él mismo fue conquistando.

Los hechos son claros:

  • Control absoluto de los medios de comunicación y eliminación de casi todos los órganos no comprometidos íntegramente con la Junta Militar.
  • Expulsión de profesores y alumnos de universidades y liceos.
  • Supresión de las carreras y centros de investigación universitarios en ciencias sociales.
  • Prohibición de obras de teatro, pinturas y otras expresiones de creación artística.
  • Interdicción a la música folklórica, que era percibida como expresión popular, incluso ciertos instrumentos musicales identificados con ella.
  • Eliminación de todo titulo literario o científico que expresara una visión democrática y progresista. Están frescas aún las imágenes de quema de libros.
  • Las cifras entregadas en Chile en 1977 y publicadas en la Revista Mensaje mostraban que mientras en 1965 se habían editado 1.497 nuevos títulos en Chile, en 1975 sólo se habían editado 618, y que mientras en 1969 se habían importado US$ 12.000 en libros y revistas, esta cifra había descendido a US$ 3.400 en 1976.
  • El ingreso a las universidades se ha restringido. Mientras en 1973 se ofrecieron 47.214 plazas, en 1978 esta cifra cayó a 33.200. El carácter de la enseñanza también se alteró, asignándole un estilo meramente tecnocrático, erradicando la visión critica y cercando la creatividad.
  • El éxodo de profesionales y artistas ha sido cuantioso.

El intento de recuperar la hegemonía ideológica

Cuál es la explicación profunda de este combate contra la cultura chilena?

Las minorías dominantes entendieron muy bien que la gran fortaleza de los sectores progresistas del país era la difusión y propagación de los valores de un nuevo proyecto social y político, encabezado por los partidos y organizaciones del movimiento popular.

Tanto las reformas impulsadas por la DC como las transformaciones materializadas por la UP fueron en su medida posibles por el grado de consenso alcanzado entre amplios sectores de la población, que aceptaban y promovían el cambio social. Y estos valores eran fruto de un proceso prolongado de avance popular. No la simple convicción espontánea de una vanguardia.

Neruda mismo, escribiendo en sus últimos días de vida, decía en sus memorias:

"Los reaccionarios saben que el peligro de cambios en una sociedad no reside en las rebeliones individuales, sino en la organización de las masas y en una extensiva conciencia de clase".

Para la Junta Militar, era necesario erradicar esa conciencia de clase y esos valores que ya permeaban toda la sociedad. Los mecanismos de propagación de esa cultura nueva fueron quebrados: partidos políticos, organizaciones populares, educación, arte, libros y medios de comunicación. Y esto solo podía hacerse por la fuerza.

Este desarrollo de la ideología de la Junta Militar no puede ser subestimado. Aunque elitista, injustos y represivos, sus concepciones tienen coherencia y son repetidas con inusitada energía.

  • El concepto de democracia lo asimilan al desorden y al caos y le contraponen el autoritarismo.
  • Los valores de justicia social los reemplazan por la eficiencia, concepto de apariencia apolítica.
  • A la organización y solidaridad de los trabajadores le anteponen la noción de "libertad en el mercado de trabajo".
  • La historia nacional es interpretada como la obra de una élite iluminada y no como la obra del pueblo.
  • A los jóvenes pretenden inculcarle los valores del consumismo, del exitismo individual, el apego al dinero.
  • La desigualdad se hace aparecer como consecuencia de factores genéticos: hay hombres capaces que surgen y seres inferiores que permanecen en la miseria.

Dos piezas fundamentales configuran su ideología: La seguridad nacional y la economía de mercado libre. La primera ha sido enfrentada principalmente por la Iglesia quien ha denunciado en ello una concepción totalitaria, donde la sociedad es vista como un regimiento comandado por un grupo iluminado. Ningún valor ético fundamental es contemplado ni respetado.

La economía de libre mercado se ensambla con la seguridad nacional y, amparándose en un Estado todopoderoso, impone una elevada explotación a la gran mayoría de los chilenos. Su apariencia cientificista se reitera incansablemente. Sus criterios de eficiencia y sus objetivos de contener la inflación y de constituir en Chile un paraíso para la inversión extranjera se anteponen a los valores de justicia social y a los objetivos de dar empleo, satisfacer las necesidades básicas de crear una economía autónoma.

Así por ejemplo, la imagen de recuperación económica proyectada por la Junta Militar esconde el hecho de que el producto per cápita en 1978 es inferior al de 1970 y la distribución de este menguado producto es aún más desigual. Mientras los otros países de América Latina en 9 años han crecido en 50% o más, Chile se ha quedado estancado. El exitismo por la balanza de pagos oculta el mayor endeudamiento de la historia que ya alcanza a 7.000 millones de dólares.

La propagación de su visión excluyente de la sociedad chilena solo puede lograrse si se arrincona y aplasta la visión democrática de la mayoría. Para evitar la crítica de algunos intelectuales provenientes de sus grupos sociales de apoyo también intenta cooptar a esos intelectuales. La absorción de economistas, profesionales y técnicos por parte del aparato financiero, con rentas elevadísimas, es un mecanismo para efectuar esa cooptación.

Debemos suponer que la gran burguesía proseguirá sus intentos por propagar su ideología entre otros grupos de apoyo y para crear una institucionalidad basada en esa ideología.

Esta conclusión realza la importancia crucial de la lucha cultural, moral e ideológica para configurar una alternativa que aglutine el consenso nacional y que abra el camino a la democratización política y a la socialización y participación directa del pueblo.

Las acciones del pueblo y su alternativa

Pero los valores, hábitos y cultura populares trascienden en el tiempo y se están expresando cada vez con mayor vigor. La producción folklórica poco a poco emerge, las peñas, la literatura, el teatro, son portadores de mensajes significativos, las críticas fundamentales surgen también de los sindicatos y de las organizaciones populares, la resistencia obrera y estudiantil afloran a diario. El último 1 de Mayo fue una muestra de conciencia y coraje. Las mujeres, familiares de los desaparecidos, siguen infatigables en su búsqueda. En las universidades, la última elección revela que existe un estado de conciencia profundo que es capaz de resquebrajar la superficie de pasividad y es una muestra de que la ideología dominante no ha adormecido a los jóvenes.

Los chilenos en el exilio mantienen vivos su trabajo solidario y continúan creando para un Chile democrático. Nunca antes el país había poseído un número tan elevado de profesionales, artistas y principalmente estudiantes formándose en las mejores universidades del mundo preparándose para el futuro de un Chile más justo. Su retomo es una necesidad esencial.

Las acciones y los valores culturales del pueblo se multiplicarán y propagarán, pero ellos deben ir articulándose progresivamente en una visión alternativa de Chile: en un nuevo proyecto de sociedad. La lucha diaria para ganar cada centímetro de libertad es el motor principal, pero ellos deben alimentar una dinámica central cuyo sentido es una transformación más profunda de la sociedad chilena.

Cuando un pueblo comparte valores comunes y un proyecto unitario su fuerza se hace incontenible y es capaz de fundar una convivencia democrática estable basada en el consenso y la legitimidad.

En Chile, este proyecto nacional debe cumplir ciertos requisitos básicos:

- En primer lugar debe ser amplio, abarcando todos los aspectos de la vida de cada grupo social y en cada tipo de actividad manual o intelectual y no referirse a una visión simplificada de la lucha política.

- Debe ser una visión universal, que no solo exprese los intereses de una clase fundamental sino el de todos grupos constituyentes de la alianza estratégica.

- Debe destacar su carácter nacional y latinoamericano. Los valores de un nuevo proyecto político están ya en la conciencia de cada chileno:

  • democracia y libertad
  • pluralismo
  • justicia social

Hay dos pilares que sostienen nuestra acción y que servirán para configurar el nuevo camino:

- A la doctrina Seguridad Nacional contraponemos una concepción fundada en el respeto integral a los Derechos Humanos, como base de nuestra nueva institucionalidad, y como garante real de nuestra integridad territorial y desarrollo económico y social.

- A la Libre Explotación del Pueblo por el mercado y los monopolios nacionales y extranjeros contraponemos una economía orientada a satisfacer las necesidades esenciales: empleo, alimentación, salud, educación. Estos son hilos conductores de una nueva estrategia democrática y socialista.

Pero, estas ideas fuerza no solo deben ser la expresión intelectual de una vanguardia, sino deben nacer de la vida diaria del pueblo.

En efecto, solo si un gran contingente social las hace suyas, se acumularán las fuerzas necesarias para renovar las superestructuras políticas y superar las divisiones que hoy nos duelen y así pasar a la construcción de un nuevo Chile, combatiendo con unidad eficacia y originalidad.

La lucha que hoy libra el pueblo de Nicaragua es iluminadora para nosotros y para todos los pueblos latinoamericanos. Su fortaleza surge de su unidad y compromiso vital por la libertad y la justicia. Tres generaciones de nicaragüenses generosos han hecho culminar un proceso de liberación que hoy sorprende al mundo. Por muchos años se luchó hasta que finalmente se masifícó una conciencia social nacional y latinoamericana que hoy es imbatible.

La unidad política y social expresada por la población nicaragüense y el coraje, generosidad y claridad política del heroico Frente Sandinista son una referencia obligada para los movimientos populares de América Latina. Las batallas que libra el pueblo nicaragüense son batallas del pueblo latinoamericano. Toda nuestra solidaridad y apoyo. Su triunfo en nuestro triunfo. Su ejemplo nos dará más bríos para proseguir nuestra tarea que más temprano que tarde culminaremos con éxito.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03