La poesía de Raúl Barrientos

LA POESIA DE RAUL BARRIENTOS

Humberto Díaz Casanueva

Raúl Barrientos. Histórica relación del reino de la noche. Editorial Oasis (Los Libros del Fakir), México, 1982.

Araucaria de Chile. N 21, 1983.

Este joven poeta chileno, portavoz del sur de su país, y del hombre de la mina y del mar, no se siente atraído por el espejismo del remanso, sino por un destino común que lo incita a crear una poesía llena de vértigo y pasión. Incorpórase a la más radiante línea de la poesía chilena y latinoamericana, con impaciencia y henchimiento: brinda un aporte originalísimo por su intensidad dramática y el duro y decantado bagaje de sus recursos expresivos. ("Un negro con las rodillas en la tierra/remueve las espinas del ladrillo".) Cristaliza la poesía con la seguridad de quien ha sometido su vocación poética al ejercicio tenaz de la búsqueda de aquello que acumula el hombre para ser digno de su destino histórico. Adéntrase, con tamaña pericia, en el meollo del idioma, en sus raíces más ásperas, valorizando a Quevedo y al habla popular del Chile austral, con sus arcaísmos y barbarismos y fraseo de acendrada sutileza, hasta que el poeta forja su propio, riguroso y fértil intra lenguaje poético.

Por necesidad de filiación más que de identidad, se le podría entroncar, lejanamente, con Pablo de Rokha y Vallejo. De ambos tiene sustancia terrestre, solidaridad pura, y el sabor de las palabras tácitas o decididamente penetrantes, a trueque de subvertir lo poco que queda en poesía de la "oración" gramatical. ("Arenas del santo desierto / las golondrinas en fuga / al sur los pelitos pelos".) Barrientos integra una pléyade de rastreadores del oro de la lengua, en diversos países latinoamericanos que por dispares vías de expresividad, están ahondando el castellano, recuperando lo primigenio, dándole giros, cambios cualitativos y, sobre todo, vigorizándolo. Así la poesía cumple una de sus funciones fundamentales: transfigurar la lengua, despertar sus gérmenes dormidos, potenciar las palabras para que ellas irradien y para que revelen lo que se encuentra más allá de ellas mismas.

Barrientos ha alcanzado un "espectro" verbal, de suma desnudez, con énfasis concretos y esenciales, al margen de ampulosidades, juegos metafóricos o esqueletización. La palabra rotunda crea su campo magnético, y es algo más que un medio de expresión o comunicación. Con una construcción agresiva y una cadencia explosionada, sus sustantivos, por ejemplo (que predominan más que los adjetivos y verbos), parece que no se grabaran, sino que se esculpieran. Atiéndase bien: no es virtuosismo lingüístico; es el impacto emocional, la intuición herida, es la reacción ante el escarnecimiento contra la persona humana. Es "la fuerza de la ira". Si el verbo resulta crispado y descoyuntado, ello se debe a que así se encuentra el hombre. Aquí rotundamente nos apartamos del "new criticism" o del estructuralismo ortodoxo que parten del poema "autónomo", desligado de toda referencia a lo psicológico, social y cultural, y que culminan, en la interpretación textual, con el predominio de los significantes sobre un sentido sin mayor trascendencia.

El primer poema del libro termina: "Hasta la chorreadura roja de muertos / anocheciendo / chorreadura roja de muertos". Ha de advertirse el juego de las "ch" con las "rr", la terminación en "dura" y la alucinante reiteración de! verso. Podría señalarse cierta tendencia en la poesía chilena, desde Pezoa Veliz, por acoger vocablos toscos, rudos, "prosaicos", rugosos en reacción contra lo exquisito del modernismo.

Si en cada poema de Barrientos se hace manifiesta la evocación de la "tierra sureña", él siente la necesidad de poner de relieve la dimensión histórica de su pueblo. No se apoya en mitos, ya que en Chile sólo restan fragmentos, ni en leyendas; tampoco apela a historiadores que aplican criterios racionalistas en la clasificación de los acontecimientos, sino a aquellos narradores y cronistas de la época colonial que escrutan sucesos de la vida cotidiana y dan testimonio del martirologio de los indios. El título del libro y los diversos epígrafes prueban el respeto y la admiración que siente Barrientos por quienes han descrito -en un estilo tan veraz e iluminado- torturas y masacres. Evidentemente, tales crónicas no permanecen estáticas como preciosos documentos del pasado; se dinamizan y, por virtud del poeta, son aplicables a la época actual: psicológica y socialmente, indios y negros, arrastrando una vida lacerante, se han extendido por miles de millones en todo el mundo, no sólo las etnias históricamente indicadas, sino otras, víctimas del hambre y la explotación. El poeta se convierte en el vigía del "tiempo menesteroso" que vivimos. Por ello escribe con dolor, espanto y cólera; con "el vértigo arrollado en el vientre" y "los tambores atávicos de la madera". Libro más agonista que agónico, sin resignación ni mansedumbre, ni acatamiento. El poeta tiene el espíritu abierto hacia "la trasmutación angélica del pie que ausculta la tierra".

Algo de tragedia antigua hay en su creación y algunos poemas -por la rotundez de los personajes y la escenificación- recuerdan el "teatro de la crueldad". (El fue director del Teatro de la Universidad de Concepción.) Soy un convencido de que la prédica de Artaud puede dar lugar a un enriquecimiento, todavía insospechable, en el proceso, siempre dinámico, de la poesía moderna. Por ejemplo. Barrientos, no produce un poema gratuito, flor del aire, sino un poema obsesional, una catarsis, una conjunción de fuerzas manando de la sangre y de la muerte, una visión opaca y aterradora. Valéry dice: "El poema es el desarrollo de una exclamación". En este caso, la exclamación es un grito ancestral, un grito que contiene, comprimido, el más profundo silencio. ("Late el silencio / del polvo movedizo / que ordena la marcha famélica".)

Conforme a su don de síntesis simbolizadora, el poeta crea: a) un verso de tipo expresionista, por la violencia, a veces brutal, de los trazos con que presenta una realidad desgarrada, y por la representación, marcadamente visual, de la situación que significa: b) un verso quebrado, disonante, abrupto, con secuencias breves, tenaces, ritmos dislocados; c) un verso visionario, apocalíptico, que recuerda a ciertas pinturas medioevales o a fragmentos de film, con planos interpenetrados, distorsiones, simultaneismo, colores simbólicos, y enfoques profundamente emocionales.

El "Dies Irae", uno de los poemas más extensos y mejor elaborados del presente libro, se desarrolla con palabras iniciales que se despliegan a manera de sentencias, y que definen versos, aparentemente independientes, pero todos ligados dentro de un clima común, del sentimiento primordial que inspira al libro. Me atrevo a decir que esta "ira" es positiva porque proviene del furor divino mítico y porque es el estallido volcánico de aquella conmoción que expresa la justa rebelión humana. Sustancialmente, el poema está escrito sobre la base de oposiciones violentas entre factores benéficos y generosos y factores destructivos y demoníacos. Por ejemplo: "Una paloma destrozada en el fondo de una guitarra", "un ruido de jabón hirviente por las calles", "un apaleo de olas sobre la arena". Nos recuerda lo bíblico, lo misal, o algún poema de Bretón. En todo el libro encontramos el eco de una extraña "oralidad". Considero que este poema, para su plena captación, exige la lectura oral.

Raúl Barrientos se impone con su presencia súbita, su fuerza innovadora, su recio lirismo, su fe en un humanismo renovado. Nuevamente aquel lejano sur nos envía un mensaje poético exaltante y pleno de significación humana.

Merece toda nuestra adhesión y simpatía, el profesor Luis Mario Schneider, quien ha afrontado una empresa dificultosa, pero amplia en posibilidades, al inaugurar una colección de poesía en que da especial cabida a los jóvenes. El dibujo de Mario Toral es una magnífica muestra de la colaboración que ha establecido entre pintura y poesía, cuando ésta le proporciona aquel crepitar de fuego, inherente a su gran obra.

Estado y sociedad en América Latina

Augusto Pérez Lindo

En la masa de informaciones que entregan diariamente las agencias de prensa, América Latina aparece casi siempre ligada a la violencia política. Uno siente la tentación de pensar que se trata de un cliché político o de una deformación permanente de la realidad. Pero los hechos están a la vista: entre 1970 y 1980 hubo en América Latina más de ciento veinte mil asesinatos políticos, doce Estados entre veintidós viven actualmente bajo la dictadura, más de cuatro millones de personas han sido obligadas a exiliarse y más de cien mil han pasado por la prisión, en razón de sus convicciones políticas e ideológicas.

Cuál es la significación de este proceso? Aislando cada caso, estudiando los acontecimientos día tras día, recurriendo a denuncias ideológicas, se corre el riesgo de perder la perspectiva histórica y sociológica. La Revista del Instituto de Sociología de la Universidad Libre de Bruselas ha querido afrontar el análisis del estado autoritario latinoamericano dentro de una perspectiva que respete la complejidad del problema (1). Los estudios reunidos muestran cómo los intelectuales de diferentes disciplinas, horizontes de pensamiento y sociedades, están preocupados por la militarización de las sociedades latinoamericanas o por el fenómeno de la recurrencia de la dictadura en esta región del mundo. Es una preocupación fecunda, porque ella es una toma de conciencia fundada sobre el conocimiento de las estructuras sociales e históricas.

Sería un error mirar estos estudios con la perspectiva pesimista que nos sugiere la persistencia del autoritarismo. La función histórica del conocimiento consiste en develar los enigmas, preparar a los hombres para que miren cara a cara sus propias tragedias o sus dilemas. El conocimiento científico permite hacer transparentes las estructuras y los mecanismos que fundamentan la "fatalidad". Yo creo que es importante subrayarlo: este estudio no constituye una constatación pesimista, sino un desafío intelectual frente a la irracionalidad que hunde a las sociedades latinoamericanas en la autodestrucción.

Hay tres factores que se combinan para engendrar la desintegración actual de las sociedades latinoamericanas: la intervención extranjera (sobre todo, de los Estados Unidos, pero también de Europa Occidental), los modelos de exclusión social que marginalizan a la mayor parte de la población (modelos llamados frecuentemente "oligárquicos") y las dictaduras políticas (militaristas o autocráticas).

La intervención imperialista juega ciertamente un papel capital y su persistencia puede juzgarse, por ejemplo, por el apoyo de los Estados Unidos a la junta militar de El Salvador. La acción de las sociedades multinacionales ha formado, también, la estructura de ciertos modelos dictatoriales. Pero en la medida en que los dilemas de una sociedad son determinados por la estructura de las clases sociales, se puede señalar la formidable concentración de poder económico alrededor de minorías oligárquicas como un factor decisivo en la desarticulación de las relaciones sociales de que habla Alain Touraine en su libro Las sociedades dependientes. (2)

La aparición de la dictadura no sería sino la consecuencia inevitable de la desintegración social provocada por el efecto combinado de la dependencia externa y del modelo oligárquico. Una explicación más economicista pondría el acento en el modo de producción capitalista impuesto, mientras que una explicación más política releva la quiebra de las instituciones implantadas en el continente sin tener en cuenta las realidades sociales existentes.

A nosotros nos parece importante observar el origen mismo de la colonización capitalista en América Latina para comprender tanto la aparición del estado autoritario como la "desarticulación de las relaciones sociales".

La colonización de América Latina comenzó por una toma de posesión de todo el territorio en nombre del Rey y del Estado españoles. Esto tuvo consecuencias profundas. En primer lugar, porque este hecho desalentó la aparición de propietarios y de productores independientes (como en las trece colonias de la América del Norte). En seguida, porque la distribución del territorio se hizo en función de servicios rendidos a la Corona. Los propietarios (militares o favoritos del Rey) se vieron atribuir vastas extensiones de terreno, que ellos prefirieron valorizar para dedicarlas más a la especulación que a la explotación directa. Si miramos el choque Estado autoritario-militares-oligarquía en la Argentina o El Salvador actuales, veremos que los mecanismos han evolucionado, pero no la esencia de la estructura de dominación. El estado autoritario nació en América Latina con un modelo de colonización capitalista fundado en la especulación (la inflación recurrente e histórica del continente es uno de los reflejos de esta situación).

Hay que señalar otro aspecto importante en el origen de la colonización que consiste en la imposición de un modelo de intolerancia ideológica. El integrismo católico era tal vez tan virulento como el sectarismo de ciertos grupos protestantes de las colonias de la América del Norte. Pero en América del Norte los grupos religiosos exilados de Europa tuvieron que aprender a coexistir en el pluralismo. Eso no impidió la aparición de relaciones fundadas en la violencia, pero fueron los grupos sociales propiamente tales los que crearon las reglas del juego a fin de hacer respetar los derechos individuales y colectivos. Hay en ello elementos que faltan en la experiencia latinoamericana: pluralismo y autonomía de la sociedad.

Ahogada por un estado autoritario y militarizado, la sociedad latinoamericana se ha desarrollado en la intolerancia y en la marginalidad. Es por ello que la gestión de aquellos que predican otro tipo de reforzamiento del estado o algún otro modelo autoritario de sociedad parece a la vez desconcertante e inscrita en la inercia de la historia. La construcción de sociedades democráticas en América Latina es sin duda la tarea más importante que la región deberá afrontar en los años que vivimos. Para conseguirlo es necesario, en primer lugar, mirar la historia con lucidez y, sobre todo, reconocer los mecanismos sociales que nos colocan ante un falso dilema: anarquía o dictadura.

Notas:

1. Etat el societe en Amérique latine (Sous la direction de Marcos Alvarez García et Antonio José Martins). "Revue de l'Institut de Sociologie", N 1-2, 1981, 501 pages. Editions de l'Université de Bruxelles.

2. Gembloux, Duculot. 1976.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03