Mariluán: la novela olvidada

MARILUÁN: LA NOVELA OLVIDADA DEL CICLO NACIONAL DE ALBERTO BLEST GANA

John S. Ballard

Literatura Chilena, creación y crítica. N 18 diciembre 1981

Con la intención de elaborar una visión más abarcadura de la sociedad chilena decimonónica, Blest Gana publica en 1862 una novela corta de veintiún capítulos, Mariluán: crónica contemporánea. (1) A nuestro juicio esta obra no sólo complementa las dos novelas anteriores mediante el desarrollo, según las normas del gran realismo decimonónico, de espacios físicos y humanos netamente nacionales, sino que, además, es una continuación de la tradición literaria establecida por La Araucana de Ercilla. Mariluán trata una cuestión de gran vigencia para la sociedad chilena a través del siglo: la relación entre la raza araucana y la civilización chilena. Por lo mismo, parece curioso que esta novela haya sido desdeñada u olvidada por la crítica literaria. Mariluán no ha sido objeto nunca de un análisis que destaque su verdadera importancia y lo peor es que la exigua evaluación critica existente es, por decir lo menos, distorsionadora.

Tradicionalmente se ha dicho que Mariluán no forma parte del ciclo blestganiano de novelas socio-históricas. Según los críticos, es una novela secundaria, porque vuelve sobre los procedimientos técnicos que caracterizan la primera época literaria del autor. Esta evaluación que sostuvo primeramente Raúl Silva Castro y que ha sido reiterada después por otros hasta el cansancio, no se apoya en un estudio intrínseco y exhaustivo de la obra. Aunque Mariluán es una novela relativamente corta, si se la compara con Martín Rivas y con La aritmética en el amor, de todos modos logra establecer, tal como aquellas, un mundo cuyas bases económicas, sociales y políticas están a la vista. Más aún, nuestra opinión es que Mariluán logra integrar dichos elementos de una manera todavía más eficaz que las otras dos novelas mencionadas,

Para nosotros, las situaciones típicas que se desarrollan en el curso de la narración, combinadas con una tipología que nace de la época histórica concreta, son precisamente lo que da valor a la obra. Además, el conflicto entre el protagonista y el mundo mayor, así como la identificación ideológica del narrador con el protagonista, y hasta culminar en el fracaso de este último, muestran que Blest Gana es fiel a la doctrina realista, la que, no obstante el exotismo del asunto, se mantiene dentro de la esfera de la praxis balzaciana. Sin embargo, Raúl Silva Castro interpreta la novela de una manera diferente. Según él:

"El autor no estudió suficientemente el personaje, no meditó bastante la intriga, cedió al deseo de acumular efectos trágicos y sangrientos para producir en el lector impresiones de horror, hasta el punto de que no se divisa la razón de muchas de estas peripecias que nada tienen que ver con el desembarazado curso de la fábula.

Es verdad que muchas de las intentonas semejantes a la de Mariluán que acometieron los araucanos en su lucha contra el invasor, no son más cuerdas que ésta. Pero la verosimilitud del arte exige algo más que la verdad de la vida." (2)

Contra la tesis de Silva Castro, el propósito de nuestro análisis es establecer el realismo fundamental de Mariluán. Tomando en cuenta la critica existente, haremos las comparaciones necesarias con las dos novelas anteriores con el fin de fijar el crecimiento orgánico del ciclo. También comprobaremos asila singularidad esencial del mundo de Mariluán.

II. LA HISTORIA DEL PROTAGONISTA.

En 1833, a los veinticuatro años, Fermín Mariluán, hijo de caciques araucanos, educado en Santiago y oficial del ejército chileno, se encuentra en Los Angeles, población sureña próxima al territorio araucano. Inspirado en sus lecturas de Ercilla, concibe un plan de regeneración para los indios que consiste en unirlos para luchar contra las fuerzas del gobierno chileno. Mediante esta guerra, espera conseguir mejores condiciones sociales para los suyos y, además, civilizarlos. Al mismo tiempo, aspira a unirse en matrimonio con Rosa Tudela, hija de una de las familias más encopetadas de la población. Tal deseo se toma de las objeciones de Mariano, hermano de Rosa y jefe de la familia, Por otra parte, Damián Ramillo, hermano de la señora de Tudela, doña Andrea, y socio de Mariano en negocios fraudulentos con los araucanos, pretende ser amigo del protagonista e hipócritamente se finge partidario de sus dos proyectos.

Para evitar un duelo entre Mariano y el protagonista, y a consecuencia de las intrigas de Ramillo, Mariluán es encarcelado en el cuartel militar. Pasan quince días y Mariluán deserta para reunirse con los caciques araucanos que han sido llamados a una conferencia para la noche de luna llena. Sin sospechar la infamia del supuesto amigo, Mariluán le confía sus planes de deserción y fuga. Este lo denuncia al jefe de la frontera y cuando Mariluán se reúne con los caciques, los militares lanzan un ataque.

Pero los indios logran escapar. Días después, Mariluán manda a Antonio Caleu, su asistente, y a Peuquilén, el más temible de los guerreros araucanos, disfrazados de vendedores ambulantes de hierbas medicinales, a Los Angeles a observar las maniobras de los militares y a llevarle una carta a Rosa. Peuquilén se enamora entonces de Rosa. Los espías vuelven luego al campamento araucano con una carta de la muchacha, en la que ésta cuenta los proyectos de salida de la familia con rumbo a Concepción. El protagonista decide volver a Los Angeles para raptar a su amada. Logra su propósito, pero no sin que Peuquilén mate a un inocente y trate de llevarse a Rosa. Después, en un gran combate, Mariluán toma prisionero al alférez Juan Valero, amigo íntimo suyo pero no de los indios. El alférez y Rosa, que temen por la seguridad de ésta si Mariluán muere durante el combate lo convencen para que devuelva a Rosa al seno de su familia. Esto significa que Mariluán tiene que entregarse finalmente a las autoridades chilenas.

Despojados de su jefe, los indios se desaniman y hacen un arreglo de paz con el Gobierno. Dicho arreglo los deja en condiciones aún más penosas que las precedentes. Pero Mariluán logra escaparse con la ayuda de Peuquilén. Este, que tiene celos del protagonista y que también quiere obtener los quinientos pesos que han sido ofrecidos por Mariano y las autoridades a cambio de la cabeza de Mariluán, lo mata y lo decapita. Rosa, al ver la cabeza ensangrentada sobre un largo palo que Peuquilén lleva al cuartel militar, enloquece. Al finalizar la narración, parece que la muchacha no sobrevivirá. Peuquilén mismo es muerto por el hermano de Mariluán, prisionero del Gobierno a raíz del tratado de paz. Mariluán es sepultado en el panteón de Los Angeles.

III. EL PROTAGONISTA Y SUS PROYECTOS.

La caracterización del protagonista se explica mediante su transformación cultural, desde el estado de "barbarie" al de "civilización". Nace en el territorio araucano en 1810, el año de la primera Independencia chilena. A los quince años, cuando el Gobierno empieza a establecer relaciones de amistad con varias de las tribus araucanas, su padre, cacique y descendiente de caciques, decide poner al hijo en contacto con la civilización chilena de aquellos años:

"Su padre, Francisco Mariluán, era uno de los más formidables enemigos de los chilenos fronterizos por los años de 1820 a 1825. Hacia esta época el jefe de la frontera logró llamarle a parlamento y ajustar con él un amistoso convenio de alianza que aseguró al cacique el grado de sargento mayor del ejército y un sueldo mensual como gobernador del buthalmapu de los llanos. En prenda de fidelidad, dio Mariluán en rehenes a su hijo Fermín, que fue educado en el Liceo de Chile y destinado después al servicio militar...." (3)

El resultado es que Mariluán se convierte en un mestizo cultural, formado tanto en las armas como en las letras. Maneja el sable con gran maestría, con la pistola es capaz de "tirar a treinta pasos a una peseta y convertirla en dedal" y toca la guitarra con suma destreza. Sus dotes morales son igualmente impecables: noble corazón, incapaz de doblez, ama a sus semejantes y tiene un alma de grandes sentimientos, además de buen sentido, franqueza y resolución. No es así extraño que encuentre en Rosa mujer "civilizada" que posee virtudes parecidas a las suyas, una persona digna de su amor.

Irónicamente, Mariluán aprende a leer y escribir entre los civilizados y es su lectura de la epopeya de Ercilla la que lo estimula a dedicar su vida a la continuación de la "gigantesca resistencia de sus antepasados". Sin embargo, la empresa guerrera que trata de llevar a cabo difiere de las empresas respectivas de Lautaro y Caupolicán, en tanto tiene como base ideológica el deseo de liquidar lo salvaje y lo primitivo en los indígenas, para dar paso a la civilización; a una transformación de la cultura nativa. Poco antes de su fuga y su muerte a manos de Peuquilén explica al alférez Valero y a otro amigo:

"-Uds. no me han comprendido ni me comprenden- prosiguió-. ¿Creen acaso que poniéndome a la cabeza de los araucanos he tenido la loca pretensión de conquistar a Chile? Uds. conocen mi corazón; ¿se figuran que encendí la guerra por ver matarse a hermanos con hermanos?

Y, sin embargo, la explicación de mi conducta es muy sencilla. Soy araucano, y no puedo mirar indiferente lo que sufren los araucanos: poner fin a esos sufrimientos, colocando a los indios en situación de hacerse oír del Gobierno, he aquí mi ambición. Mas no podrán obtener la reparación y la justicia que merecen si no se presentan fuertes y terribles. Con el fuerte se trata y al débil se le oprime. Yo he querido salvarlos de esa opresión y que se les mire como a hermanos y no como a un pueblo enemigo del cual se pueden sacar esclavos, despojándolos de sus tierras.

A este fin he consagrado mi vida y por esa idea me moriré; la creo noble, la creo santa. ¿No hemos peleado ya bastante por el triunfo de tal o cual mandatario? ¡Pues bien, yo quiero pelear por la felicidad de los que son mis hermanos! (XIX, págs. 232.233).

Como sabemos, sus planes fracasan. Con sus intereses divididos, entre la lucha en favor de los suyos y su amor por Rosa, cada intentona que hace en un sentido lo debilita en el otro. Más trágico aún es que el protagonista no se da cuenta de su contradicción. Aunque en varias instancias trata de renunciar al amor de Rosa ante las expectativas de la lucha, no lo hace y ella se constituye en el mayor obstáculo que encuentra para la plena realización de la empresa guerrera. Es éste, claramente, un conflicto entre lo público y lo privado. Con la muerte del inocente, cuando se efectúa el rapto de Rosa, las autoridades, asuzadas por Mariano y Damián, mandan una tropa expedicionaria a que escarmiente a los indios; las actividades personales del protagonista no hacen, así, más que empeorar la situación social del sector araucano. La empresa guerrera se realiza justamente contra el sector opuesto, ese en el cual Mariluán desea entrar a través de su matrimonio con Rosa. Son ellos los que han despojado de sus tierras a los indios. Demasiado tarde se da cuenta Mariluán de que los dos proyectos no son compatibles.

Además, los años que vive entre los civilizados lo "amansan". Ha perdido los instintos y las habilidades que son necesarias para lograr una interacción entre los dos sectores. De un lado, cuando toma de asistente a Antonio Caleu, lo pone a prueba hasta estar seguro de su lealtad, pero jamás se le ocurre cuestionar la amistad de Damián. Cuando Caleu, recién vuelto a Los Angeles después de llamar a una conferencia de los caciques araucanos con el protagonista, e informado por aquéllos de las actividades de Ramillo, trata de denunciarlo, Mariluán le dice que pierda cuidado. Otra noche, cuando Mariluán acude a la huerta de los Tudela para hablar a Rosa de sus proyectos, no ve a un hombre que Damián ha puesto allí para que vigile sus pasos. Damián, informado de lo que ocurre por el mismo espía, va a la huerta y llama con fuertes golpes que atraen la atención de Mariano. Es en esta ocasión cuando se proyecta el duelo entre Mariluán y el hermano de Rosa.

También, al reencontrarse con los suyos, el protagonista encuentra obstáculos que ponen en peligro sus propósitos civilizadores. Después de su deserción, trata de inculcar en los araucanos la disciplina militar que ha aprendido al formar parte de las filas del Gobierno, Pero ante este propósito se levantan dos problemas: los araucanos están acostumbrados a luchar conforme a lo que hoy llamaríamos una guerra de guerrillas, lucha de ataques por sorpresa y de escaramuzas breves. Se niegan a la lucha prolongada y a campo abierto tal como las que sostienen los militares del ejército chileno. Además, los araucanos carecen de armas de fuego, cañones, rifles, armas cortas. En cambio, usan lanzas y cuchillos. Como si esto fuera poco, Mariluán tiene menos de una semana para hacer los preparativos de guerra. En vista de ello, se ve obligado a emplear a unos cincuenta desertores de Los Angeles para formar su infantería. El principal de sus objetivos durante la gran batalla de la novela será apoderarse de los cañones, esto es, de las armas por excelencia de los militares. El fracaso de sus enseñanzas bélicas se pone de manifiesto concretamente cuando los araucanos obtienen finalmente los cañones y empiezan a acarrearlos:

"A pesar de la ventaja alcanzada por Mariluán, la pérdida era infinitamente más numerosa de su parte, circunstancia que se explica por las armas de sus enemigos. El campo se hallaba cubierto de cadáveres de indios, y muchos jinetes empezaban a flaquear al ver de nuevo embestirles la tropa que con sus cargas creían haber derrotado. No acostumbrados los indios, sino a las sorpresas y combates momentáneos, no esperaron las órdenes de Mariluán, y en vez de arremeter nuevamente sobre el enemigo, volvieron brida y corrieron hacia el bosque en que al principio se ocultaba la infantería" (XIV, pág. 199)

Por otro lado, Mariluán intenta, en los cinco días que pasa entre los indios, morigerar sus costumbres domésticas. Hace que varios artesanos chilenos, gente que busca fortuna o que huye de las autoridades, le construyan una casita en el campamento indígena. También pretende darles ejemplo de sobriedad. Esto porque "sabía por experiencia propia que el ejemplo destruye los hábitos más arraigados, y esperaba que modificando los hábitos domésticos de los indígenas, les prepararía poco a poco a entrar en la vía de la regeneración que ambicionaba abrirles" (IX, pág. 162). Pero las costumbres no cambian de la noche a la mañana, ni menos con el ejemplo de una sola persona. Bien sabemos que la aculturación no es un proceso simple; una cultura es un sistema de actitudes, de creencias, de evaluaciones, de condiciones, y de modos de comportamiento; el sistema no cambia y se reintegra de golpe, ni en una generación ni dos. (4) Los araucanos respetan así a Mariluán por su coraje, su astucia y su experiencia militar, pero no parecen entender cuanto el protagonista ha ideado para ellos. Por ejemplo, cuando Mariluán lleva a Rosa al campamento araucano, los indios la respetan porque él les ha ordenado que así lo hagan, pero no entienden que se pueda sentir semejante respeto por un enemigo. Rosa se da cuenta de esta actitud y se lo dice al protagonista. A ello, Mariluán, que se queja de la esclavitud de la que han sido víctimas los araucanos, le responde diciendo que "los pobres indios que me llaman su jefe la servirán a Ud. con la sumisión de los esclavos" (XII, pág. 188). Peor aún, después de la batalla en que toma prisionero a Valero, y cuando decide devolver a Rosa al seno de su familia, lo hace porque siente que no puede asegurar que los indios, tales como son, ignorantes de los códigos de moralidad y honor propios de la civilización, respeten a la niña si él está ausente o si muere.

De aquí que, además de la incompatibilidad intrínseca entre los dos proyectos del protagonista, cada uno de ellos encuentra obstáculos dentro de los sectores humanos en los cuales piensa llevarlos a cabo. Aunque ideológicamente asume lo mejor que la civilización chilena de aquel entonces podía ofrecer, siendo indio no puede derribar las barreras sociales que son el producto de siglos de conflicto entre los araucanos y aquéllos que desean mantener el status de opresión y explotación. Identificado con ideales civilizadores, Mariluán pierde la confianza de los indios, Por eso no cuenta a los caciques nada más que sus planes guerreros; su plan regenerador no se menciona, sino que se pone en marcha (o así lo cree él) mediante el ejemplo. Para los indios, Mariluán es un extraño; no lo admiran por sus buenas cualidades, las que ha adquirido entre los civilizados (los enemigos), sino por su calidad de guerrero. Eso es lo que comprenden y desean para sí.

El conflicto de Mariluán es, al fin de cuentas, el conflicto típico de la gran novela realista, el choque entre la poesía y la verdad. Sus ilusiones chocan con y se deshacen ante la dureza de lo real. Sus dos amores, el amor para con Rosa y el amor para con los araucanos, devienen así amores imposibles dadas las condiciones de una sociedad en la que las diferencias de todo orden, sociales, culturales, económicas, impiden cualquier síntesis.

IV. MARILUÁN Y LOS PROTAGONISTAS ANTERIORES DE BLEST GANA.

Tal como Fortunato Esperanzano, en La aritmética en el amor, y Martín Rivas, en la novela del mismo nombre, Fermín Mariluán quiere casarse con la niña rica y de buena familia. Aquéllos, aunque pobres, provienen del mismo sector social que la amada. Pero Mariluán se enfrenta con obstáculos sociales más grandes todavía. El protagonista pertenece a una de las familias más pudientes de los indígenas de la Alta Frontera, pero esto, en ningún sentido, significa ser de una "buena familia", en la acepción propia de la época. Las distinciones sociales y culturales separan irremediablemente a los araucanos de la "buena sociedad"; si el indio logra asimilarse, es necesariamente dentro de las capas más bajas de la sociedad, las más marginadas y explotadas. Las diferencias y semejanzas entre Fortunato y Martín son válidas también para enfrentar Fortunato a Mariluán, pero sólo si ponemos provisionalmente de lado la cuestión de la raza. Tal como en el caso de Martín, las dotes morales de Mariluán son extraordinarias. Mariluán tiene algo de héroe sentimental, a la manera de Martín, pero es un héroe a nuestro modo de ver más dinámico. Como Martín, no es un cazadotes: el amor por sí mismo motiva sus acciones con respecto a la amada. Pero, mientras el amor puro y desinteresado de Martín se premia al final, el de Mariluán tiene un destino funesto: Rosa se convierte así en una femme fatale romántica.

La única "síntesis" que Mariluán logra sobreviene cuando sus restos son sepultados en el panteón de Los Angeles.

V. EL MUNDO NARRADO.

En el correr de tres siglos de constante conflicto entre españoles y araucanos, aquéllos van reduciendo el área y la población indígena chilena cada vez más. Como explica Darcy Ribeiro, la independencia chilena, lejos de detener este progreso del despojo y de la muerte, fomenta nuevos métodos de expoliación:

"With Chile's independence the situation at first altered only for the worse. In the name of liberty, equality, and fraternity a great deal of libertarian legislation was promulgated, aimed at destroying the bases of tribal life founded on communal ownership of land. Nominally the Araucanian was made equal to all other Chileans, but in fact he was liquidated with the fundamental status of autonomous survival. In this way competition began between Indian and latifundium owner, The latter, with communal lands adjoininghis own and thus forming his most flexible boundary, naturally had on his side all those who wanted to become proprietors of latifundia. It was the epoch of false parchases, of "free" sucessions an cessions of tribal territories whereby the Araucanians were deprived of nearly all their former lands and the despoiled Indians were relegated to the most wretched stratum of rural population". (5)

Esta lucha entre dos comunidades por el dominio del espacio físico constituye la materia prima de la narración. En 1833 el río Bio-Bio marcaba la línea fronteriza entre el territorio araucano y las posesiones de los hacendados chilenos. Este es pues el punto de referencia que sirve para establecer las coordinadas espaciales de la novela y sobre la base de un contraste típicamente romántico: la civilización y el progreso hacia el norte, y la barbarie y la regresión, hacia el sur. En la provincia chilena, Los Angeles, la población fronteriza que Blest Gana escoge como el centro de las actividades de los latifundistas chilenos, queda a dos horas de marcha del Bío-Bío. La presentación de este pueblo se reduce en la novela a un mínimo: las calles, dos casas de la "gente mas encopetada" y el cuartel militar. No hay ningún empeño de parte del narrador por describir detalladamente estos espacios, simplemente le sirven de escenarios para el desarrollo de la acción inmediata. En cuanto a los latifundios, ellos están del todo ausentes.

El territorio araucano se presenta de una manera similar; no hay descripciones pormenorizadas. El espacio está aquí dividido en distritos tribales, los buthalmapus, que nominalmente pertenecen a los caciques que los gobiernan, pero que, en realidad, son tierras comunales. Todo lo cual significa que la pérdida de esa tiera por parte de los caciques es una pérdida de la tierra (y de la subsistencia) que afecta al conjunlo de la comunidad. De aquí el deseo de recuperar los terrenos de la ribera norte del río. Dentro de los buthalmapus los indios viven en campamentos más o menos permanentes, en chozas. La naturaleza de esta región inculta, las hierbas, los bosques y los arroyos, adquieren dimensiones poéticas cuando Mariluán, después de años de ausencia, se interna de nuevo en ei territorio de sus padres y recuerda su niñez. La misma técnica narrativa se emplea cuando Mariluán, a la luz de la hoguera del campamento, lee una carta de Rosa y oye los sonidos de la naturaleza. Sin embargo, esta poetización está íntimamente ligada a los proyectos del protagonista y su empleo hace resaltar lo trágico de los acontecimientos del primer plano narrativo. No es, por lo tanto, un vehículo para el regodeo exotista.

El espacio humano de la novela responde a un esquema narrativo que divide y clasifica sectores y tipos según su grado de civilización y su valor social. Mariluán encarna las esperanzas de la legislación civilizadora de la Capital; los hacendados provincianos mantienen sus feudos y continúan la conquista de los araucanos. Del otro lado, los araucanos son por lo general primitivos y salvajes. Su situación es la de una nación dentro de otra. Hay así dos sociedades. Los indios viven más o menos aislados en su territorio, manteniendo allí una identidad cultural propia. Los provincianos fronterizos los excluyen completamente de sus actividades sociales, pero tampoco los araucanos desean tener que ver con ellos. Políticamente, los mapuches carecen de voz: no pueden votar porque no saben leer y, porque, según el Gobierno, sólo los caciques son propietarios. No obstante, están sujetos a la legalidad chilena y por lo tanto obligados a una cierta interacción con los civilizados. Es obvio que un sistema así favorece a los latifundistas, a los patriarcas de la clase alta de la frontera y, además, muchas veces, a oficiales de las milicias civiles, como ocurre en los casos de Damián y Mariano.

Así, en la presentación de los provincianismos fronterizos, los latifundistas angelinos dominan la tipología de la novela porque lo que le interesa principalmente al narrador no es la interacción dentro de un mismo sector social sino la interacción entre los dueños chilenos de la tierra y los araucanos. Entre los latifundistas se destaca Damián Ramillo, el tío de Rosa, personaje carente de toda virtud. Es el tipo de hombre positivo, que Blest Gana ya había mostrado en sus dos novelas anteriores, similar a don Modesto Mantoverde en La aritmética en el amor, o a don Fidel Elías, en Martín Rivas. Aparece ahora representando y encarnando las peculiaridades específicas de otra época histórica y de otro espacio nacional:

"Pertenecía Damián a una clase de traficantes muy numerosa y antigua en la frontera de Arauco. Los bienes de fortuna que su padre le había legado, y que él trataba de aumentar, provenían de convenios fraudulentos hechos con los indios. Damián Ramillo había heredado de su padre los bienes y el espíritu de expoliación, por medio del cual soñaba con inmensas ganancias que en poco tiempo le harían gran capitalista. De aquí su amistad con Mariluán, a quien con razón suponía algún prestigio entre los araucanos, de cuyas tribus llegaron comisionados a Los Angeles a felicitar al hijo de uno de sus caciques más importantes. Damián Ramillo pertenecía a la escuela muy numerosa en todas partes, de hombres positivos que encaminan todas sus acciones al único fin que consideran serio en la existencia: el de ganar plata. En consecuencia, pensaba que la intercesión de Mariluán podría valerle algunas de esas compras de ganado, en las que los chilenos entregan a los indios, como moneda corriente, mil fruslerías que compran a bajo precio y les transmiten como de gran valor" (III, pág. 107).

Por cierto, los proyectos de Damián son incompatibles con los de Mariluán. Su especialidad es la manipulación de los seres humanos para sus fines de lucro. Da informes oportunos al jefe de las fuerzas militares del Gobierno cuando ello conviene a la ejecución de sus planes, engaña al protagonista y, aunque es el único tío de Mariano, a su sobrino lo valora sólo en calidad de socio comercial.

Mariano es digno socio de Damián. Rechaza al protagonista porque es indio y, más aún, porque la unión de éste con Rosa desbarataría los planes que tiene para enriquecerse a expensas de los araucanos. Además, tiene un matrimonio proyectado entre su hermana y un rico comerciante de Talcahuano; tal matrimonio fortalecería sus empresas comerciales ya iniciadas. Para él, Mariluán es un obstáculo. Paga así a Peuquilén para que lo mate.

Rosa, el contrapunto femenino, aunque pasa por sobre los limites sociales cuando en un arrebato amoroso se fuga con el protagonista, encuentra que sus ideales se estrellan contra la realidad del campamento araucano. Sólo logra tolerar esa realidad un día y medio, para exigir luego que Mariluán se comporte como "caballero" y que la devuelva al seno de su familia. Mariluán, que en efecto es un caballero, reconoce que, aunque la ama desesperadamente, Rosa es un obstáculo para la ejecución de la empresa guerrera. Después de entregarla a las autoridades, el protagonista encuentra la muerte. Así todo contacto entre los araucanos y los provincianos desemboca en un paso más hacia la aniquilación de los primeros. Para llevar a cabo sus actividades los latifundistas cuentan con la colaboración del Ejército de la Frontera, el que, complementado con las milicias civiles que cada población de la frontera organiza, se encarga de defender y extender la civilización chilena. Estas autoridades, al mantener la seguridad y la tranquilidad de la región, reducen cada vez más la población araucana mientras que los latifundistas se apoderan de sus terrenos. Los frecuentes ataques de los araucanos contra las haciendas de la frontera, llamados "malones", encuentran su correspondencia en las correrras del ejército por el territorio araucano. Además, las autoridades chilenas ocupan jóvenes araucanos, reclutas involuntarios que incorporan dentro de las filas más bajas del ejército. Ideológicamente las autoridades tanto civiles como militares comparten la perspectiva de los latifundistas; los araucanos son una gente feroz, una horda devastadora, que roba y que mata. Son salvajes irredentos; si tienen virtudes, sus virtudes son las del bárbaro. Como se ve, para los de la ribera norte del Bio-Bio el conflicto con los araucanos es el de la civilización y la barbarie y en términos que constituyen una reductio ad absurdum de la prédica sarmientina. El indio no es más que un obstáculo en la vía del progreso nacional y, como tal, se justifica convertirle en víctima. Al manipular a las autoridades, Damián y Mariano encarnan esta ideología y muestran el modo cómo ella encuentra eco en los poderes constituidos. Como explica el jefe de la frontera, al emprender una empresa expedicionaria para escarmentar a los araucanos, instigado por Mariano y por Damián, lo hace puesto que "Mariano ha prestado buenos servicios y por eso merece todo el apoyo que el Gobierno le puede prestar". De los militares, sólo un personaje se constituye en tipo.

Este es el amigo de Mariluán, el alférez Juan Valero. Caracterizado nominalmente, sus acciones no menos que su nombre sugieren el militar chileno ideal: alegre en las diversiones, fiel en la amistad, valiente en la guerra y cuerdo en el consejo. No obstante su origen capitalino, reconoce el coraje del protagonista y lo considera su igual. Con todo, en cuanto a la cuestión de civilizar a los araucanos, sus opiniones son las mismas de aquellos a quienes califica de huasos de mal gusto, los provincianos. He aquí una conversación que sostiene con Mariluán y en la que sus sentimientos se ponen de relieve:

"-Mejor sería" dijo el alférez encendiendo un cigarro que enseñases a hablar a los pájaros: estos indios no se civilizarán jamás.

-¿Y yo? -preguntó Mariluán con orgullo.

-Eh, una golondrina no hace verano- replicó Juan.

-En fin -dijo Mariluán-, yo tengo fe en el porvenir.

-Te lo deseo muy próspero- repuso el alférez-; pero yo en tu lugar estaría siempre prevenido: apenas estos indios crean que tú no trabajas únicamente por sus intereses, te pasan su lanza al través del pecho, y por la espalda, ¡qué es lo peor! " (IV, pág. 203).

El narrador se identifica con el protagonista: su visión humanitaria choca ideológicamente con la de la sociedad fronteriza, en cuanto a las relaciones con los indios, porque para las gentes de la Frontera, siendo éstos enemigos, no tienen posibilidad alguna de reclamar ante la justicia chilena por los atropellos y los depredaciones que se les hace padecer. El narrador entiende que el mundo araucano está condenado ante el avance de la civilización. En estas condiciones, arguye a favor de la adaptación civilizadora contra el exterminio de la raza. Observa en los indios virtudes que le indican que se trata de gente "susceptible de gran perfeccionamiento moral", aunque haya también en ellos características negativas. Las virtudes que subraya son; la energía indómita, el amor al suelo patrio, el orgullo de las razas perseguidas, el amor a la libertad y los nobles instintos, si bien éstos se ven "desfigurados por el codicioso espíritu de rapiña de que siempre han sido víctimas". Contraponiéndolas a las virtudes, señala ciertas notas negativas: el fatalismo propio de las razas primitivas, el desprecio y la desconfianza hacia la gente fronteriza, el recogimiento meditabundo, el espíritu suspicaz y la superstición. No es pues la suya una visión sentimental.

Como la mayor parte de las cualidades provienen de la visión del mundo que es propia del sector, o son cualidades que han sido engendradas en la guerra con "los españoles", el narrador ve la posibilidad de civilizar a los indios. Imagina para ello un programa de civilización integrador y pacífico. Cuando los araucanos hayan empezado a civilizarse, se fomentará la amistad con los chilenos y ésta hará posible la desaparición de las características negativas.

En rigor, el narrador concibe la cultura araucana como una supervivencia anacrónica en el camino del progreso humano en general y del progreso nacional en particular y no como un modo de ver absolutamente distinto. De aquí la posibilidad y la necesidad de la civilización:

"...los indios, como generalmente también la parte menos civilizada de nuestra población, tienen desarrollado el instinto de rapiña en grado superlativo. Un robo no es para los araucanos más que un acto de astucia o de audacia que de ninguna manera afrenta al que lo comete ni le turba la conciencia. Acaso hayan germinado estas ideas en esa raza indómita por la guerra de rapiña y de despojo que los civilizados les han hecho desde la conquista; acaso ese desprecio a las leyes de la propiedad sea hijo también de su ignorancia y de su costumbre de mirar todo acto contra los de la frontera como un ardid guerrero permitido en la constante hostilidad que los divide de nosotros; sea como quiera, nada arguye esta propensión en contra de la posibilidad de morigerar los hábitos de los araucanos por medio de una bien calculada propaganda civilizadora. Sólo apuntamos estas ligerísimas excepciones para evitar que por la tendencia de Peuquilén se deduzcan consecuencias en contra de la elevación de miras que Mariluán manifestaba al consagrarse a la regeneración de su raza." (XII, pág. 184-185).

Premisas de tal regeneración son el derecho de los indios a conservar sus terrenos y la forja de un país más unido y más fuerte. Todo ello puede ser consecuencia, a los ojos del narrador, de la entrada del indígena en la sociedad nacional. De este modo, la historia futura puede ser soñada por él como el resultado de una interacción entre el mérito moral de las dos culturas. El progreso nacional se hará desde abajo hacia arriba, desde el pasado hacia el presente, desde el norte hacia el sur. Desafortunadamente los acontecimientos del primer plano muestran que las realidades históricas de la época obligan a que la expansión nacional se lleve a cabo en un sentido muy opuesto al que él preconiza.

La tipología que se desarrolla en el sector araucano responde estrechamenle a la ideología civilizadora del narrador. Según ella, el araucano no es un "salvaje noble", pero puede llegar a ser noble si se civiliza. Así, los tres araucanos que se constituyen en tipos se presentan y adquieren valor según su grado de civilización: Mariluán es "un indio pulido por la civilización"; Antonio Caleu, el asistente de Mariluán y su intermediario entre los civilizados y los araucanos, es semisalvaje o semicivilizado; Peuquilén (en la concepción narrativa los araucanos no llevan dos nombres sino hasta que empiezan a civilizarse) es el guerrero araucano en bruto.

Por otra parte, la historia de Caleu es típica de la época: víctima de las internaciones del ejército al territorio araucano, es arrebatado cuando niño de los brazos de la madre y destinado al servicio militar. Aunque pertenece a la misma tribu que el protagonista, no se educa en Santiago y no aprecia la civilización. En la época en que Mariluán lo conoce ha tratado de desertar para volver junto a la familia. No tiene éxito y recibe en cambio "el bárbaro castigo de cincuenta palos". Mariluán, al tomarlo de asistente, le promete que le dará la oportunidad de desertar si le es fiel. Como Antonio habla las dos lenguas y es menos civilizado que el protagonista, sirve de espía entre los civilizados y de emisario entre Mariluán y los caciques araucanos. Mariluán, como mestizo cultural, da por sentado que él comprende a los angelinos porque tiene cierta hermandad con ellos, porque disfruta de la amistad de Damián y porque goza de gran popularidad entre las familias más encopetadas; por eso no hace caso de la denuncia de Ramillo por Caleu. Caleu es menos civilizado que los provincianos fronterizos, y el protagonista acepta que conoce mejor que él a los araucanos. Así, cuando Caleu escoge a Peuquilén, el extremo menos civilizado y más salvaje de los indios, para acompañarlo en capacidad de espía a los Angeles, Mariluán no cuestiona su elección. En consecuencia, Caleu acelera la tragedia del protagonista al ponerlo en contacto con el asesino. Peuquilén encarna las virtudes de valor y de crueldad que los araucanos aprecian:

"Peuquilén era un mocetón de veintiocho a treinta años, bajo y corpulento, en cuyos ojos brillaba un fuego sombrío. Entre aquellos valientes, Peuquilén se había hecho notar por su temeraria osadía: los rasgos de crueldad que le hacían notable en la guerra, lejos de desacreditarle a los ojos de los indios, le revestían de cierto prestigio, que aumenta entre los salvajes el valimiento en razón de los abusos que de la fuerza bruta es capaz de cometer un hombre. Peuquilén formaba parte de todas las avanzadas y preparaba sorpresas, que constituyen el fondo de la táctica araucana, con una pericia y sagacidad indisputables". (IX, pág. 164).

Al desarrollar la novela a este personaje, las escenas más trágicas y sangrientas (aquéllas por las cuales Silva Castro desacredita la obra) destacan su oposición fundamental con el protagonista; en el triángulo amoroso entre Mariluán, Rosa y Peuquilén, éste representa el amor tempestuoso y salvaje contra el amor "platónico" y civilizado de aquél. En el desenlace de la novela, estos dos extremos mueren por mano araucana y, desaparecidos ellos, los caciques se desaniman y vuelven a las rivalidades de tribu, que en parte existen porque algunas de esas tribus son tribus "amigas" del Gobierno chileno. Así, en el mundo de Mariluán, todo contacto entre las dos sociedades da una ventaja cada vez mayor a los "civilizados". Como hemos visto, el narrador presenta con verosimilitud las coordenadas históricas de la época. A diferencia de los latifundistas de la Frontera, él mismo prefiere un programa civilizador que evite la aniquilación progresiva del sector indígena, Es claro, en su identificación con el protagonista y con sus propósitos, que compadece a los araucanos y su situación social, pero por otro lado también es claro que censura sus actividades salvajes. Digamos de paso que esta actitud narrativa se parece bastante a la que se desarrolló en los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XIX:

"Americans who were setting out lo make a new society could find a place in it for the Indian only if he would hecome what they were-settled, steady, civilized. Yet somehow he would not be anything but what he was-roaming, unreliable, savage. So they decided that they were destined to try and civilize him and, in trying, to destroy him, because he could not and he would not be civilized. He was to be pitied for this, and also to be censured. Pity and censure were the price Americans would have to pay for destroying the Indian. Pity and censure would be in the long run, the price of progress of civilization over savagism". (6)

El mensaje es bastante claro: la cultura araucana ha de desaparecer porque los latifundistas, apoyados por las autoridades, llevan la mano de arriba. Aún los araucanos que han sido objeto de una educación "civilizada" (como el protagonista) no pueden ayudar a que a su gente se la trate con justicia, ni siquiera a que sobreviva el contacto con la civilización. Como se ve, si bien no es ésta una actitud de revindicación social, como la que inicia Clorinda Matto de Turner, con Aves sin nido, tampoco hay aquí el sentimentalismo exótico y romántico de las novelas "indianistas". Mariluán es una novela que se destaca estructural e ideológicamente por su realismo, realismo que está en la buena -si no, en la mejor- tradición balzaciana.

VI. LA DISTANCIA TEMPORAL.

Para nosotros, la distancia temporal entre autor/narrador y mundo narrado confiere mayor relieve a la narración. La época inmediata de la narración novelesca es 1833 y la fecha de publicación de la obra, 1862. Las cuestiones relativas al porvenir de los araucanos, así como a sus relaciones con la civilización chilena, habían recuperado vigencia en la época en que Mariluán sale a la luz pública. Luis Vitale señala que en 1859 hubo un levantamiento general de araucanos, encabezados por un Juan Maníl, que duró más o menos un año y que se debió a los múltiples abusos que cometían los compradores de tierras. En 1860, se produjeron ataques araucanos contra Nacimiento y contra Los Angeles, que engendraron todavía más odio y más temor hacia los indios; los periódicos oficialistas de la época exigieron que el Gobierno mandase una expedición punitiva que los destruyera:

"La necesidad no sólo de hacer un escarmiento sobre la raza araucana, sino la de reducirla a la impotencia de hacernos mal alguno, es en el día tan reconocida, que casi no hay quien no pida esta medida, como el único remedio para curar al país de millones de males. Se comprende muy bien que son unos huéspedes odiosos y perjudiciales para Chile. Todo el mundo sabe que el territorio de la araucanía es un focus donde van a refugiarse todos los criminales que se escapan de las cárceles. Las mil familias que hoy están en la miseria, los robos sin número cometidos por el salvaje, crímenes de todo género perpetrados a la luz del día y sin que nadie pudiera evitarlos, están clamando por las medidas extremas, pues los medios conciliadores nada han hecho en esa raza estúpida, mengua y aprobio de la Nación Chilena. Si queremos quitar a la anarquía uno de sus apoyos, sepamos deshacernos de la influencia araucana". (7)

Estos son los hechos históricos que rodean la publicación de la novela y los que sin duda se patentizan en la narración inmediata, que demuestra claramente la marginación progresiva de los indios. La muerte del protagonista y, de manera cíclica, los convenios entre las autoridades chilenas y los caciques indígenas, son pruebas de esa marginación. Como vimos en la historia personal del protagonista, en 1825, a raíz de un amistoso convenio de alianza, Mariluán es entregado al Gobierno. En el tratado de paz de 1833, que señala el fracaso del protagonista en su tentativa por conseguir condiciones más favorables para los araucanos, el hijo de cada cacique participante en la empresa guerrera previa es llevado en calidad de rehén. En esa ocasión, el Gobierno logra también mejores condiciones para ejercer su control de las comunidades indígenas. Requiere el convenio que los araucanos no sólo paguen las deudas de la guerra, sino que, además, permitan la colocación en las diversas tribus sublevadas de "capitanes de amigos con renta del estado". Una década después, tal convenio es seguido por un nuevo tratado de paz y que destaca mejor aún el deterioro de las relaciones entre los salvajes y la nación chilena.

Víctor M. Valenzuela interpreta este tratado de paz así:

"At the end of the novel, Mariluán's wishes are partially fulfilled after a peace treaty has been signed by the Chilean government and the representatives of the Araucanian tribes....

Thus the road is now open toward the unity of the Chilean nation, the unity hoped for by Mariluán" (8).

Pensamos que esta interpretación es completamente errónea; el tratado de paz dista mucho de los propósitos del protagonista y en ningún sentido promueve la unidad nacional:

"El fin a que aspiro llegar es el siguiente: que el Gobierno de Chile reglamente la internación de sus subditos en el territorio de nuestros padres; que las autoridades nos presten su amparo, comprometiéndonos nosotros a respetarlas; que nuestros hermanos sean devueltos a sus hogares, y que se nombre tribunales que oigan los reclamos que tenéis que hacer contra los que os han despojado de vuestras tierras".(VIII, pág. 154).

VII. LAS TÉCNICAS NARRATIVAS.

Mariluán logra cumplir con los requisitos intrínsecos del folletín, al mismo tiempo que desarrolla un mundo dinámico y complejo. Las peripecias que Silva Castro critica desfavorablemente son engendradas por el ritmo imprescindible en una novela de entregas relativamente corta, pero ya hemos visto como tales peripecias no dejan de ser situaciones típicas que nacen de la época histórica concreta. La realidad esencial del mundo, según creemos haberlo demostrado, se establece sobre bases económicas políticas, sociales y culturales. En el desarrollo de los acontecimientos del primer plano narrativo, es notable la ausencia de situaciones cómicas, ridículas y grotescas, rasgo característico de las dos novelas anteriores. Esto se corresponde estrechamente con el manejo del tiempo. Los acontecimientos inmediatos tienen lugar en veintiún días, quince de los cuales el protagonista los pasa encarcelado. A causa de esta distribución temporal la novela adopta la estructura de suceso causa-acontccimiento y no admite escenas que no reflejen lo fundamental de la relación entre las dos culturas.

El narrador, aunque personal, prescinde de digresiones, salvo en la poetización del motivo del primer amor, motivo que forma parte de la relación entre el protagonista y la amada en todas las novelas del ciclo. En ésta, la tercera, podríamos decir que el protagonista tiene dos primeros amores: la raza araucana y Rosa. Los rasgos del motivo amoroso propios del espacio y de la época, hacen posible una gran integración de lo privado y de lo público.

A diferencia de las dos novelas anteriores, ésta hace uso de la narración enmarcada y retrospectiva. El empleo de diversos marcos pone énfasis en el carácter sobresaliente del protagonista, atrayendo el testimonio de individuos que lo conocieron. Así, el marco del comienzo contiene las memorias de uno de los amigos de Mariluán, que era condiscípulo suyo en el Liceo de Chile, y de muchos soldados que recuerdan haberlo visto distinguirse por su arrojo en la batalla de Lircay, la última batalla de la guerra civil de 1829 y que los conservadores ganaron. Este marco del comienzo no sólo establece que el protagonista ya es memoria (pasado) al empezar la narración, sino que también tiene la función de establecer la historia personal de Mariluán,en el contexto de la historia nacional. Una carta enviada a Santiago del alférez Valero concluye la obra. Esta carta es, en el fondo, el marco que cierra la novela. Tal carta revela los pormenores de la reacción de Rosa frente a la muerte del protagonista, la subsiguiente muerte de Peuquilén y el entierro de Mariluán.

VIII. JUICIO SUMARIO.

Mariluán responde a las coordenadas que puntean la relación esencial entre dos sociedades nacionales, a las que la novela muestra en su transición hacia el futuro. La tipología en sí no es profunda ni compleja, pero ello se debe a que la perspectiva narrativa se interesa más en destacar las actitudes especificas del mundo que en desarrollar los tipos mismos. Así, los tipos, por lo general, no adquieren dimensiones personales, sino tan sólo las relacionadas estrechamente con el conflicto entre los dos sectores. El protagonista, que es el tipo más complejo de la novela, sigue muy de cerca la concepción del gran realismo, que insiste en poner de relieve el conflicto entre el individuo y el mundo mayor. Hay que reconocer que, a diferencia de lo que ocurre en las dos novelas anteriores, el narrador no conoce aquí de primera mano los espacios que presenta. No obstante, es discreto y su presencia no domina la narración hasta el punto de desfigurar el mundo. Lo trágico de la novela nace del conflicto entre la actitud civilizadora del narrador (y del protagonista) y la civilización fronteriza. Esto se patentiza en la narración inmediata y constituye lo esencial de una crítica social que no justifica moralmente el comportamiento de los habitantes de la frontera, aún cuando reconoce el salvajismo de los araucanos. La actitud narrativa es, en definitiva, liberal.

En comparación con las dos novelas anteriores, Mariluán sufre las consecuencias de un ritmo que hace que los acontecimientos dominen los espacios y que éstos carezcan de descripciones detalladas. Para nosotros, sin embargo, Mariluán tiene más importancia dentro del ciclo blestganiano de novelas socio-críticas que La aritmética en el amor porque el mundo que presenta es único y porque logra una mayor integración de las realidades esenciales que lo constituyen. El mundo de La aritmético en el amor es estrecho y no responde a una cuestión de tanta vigencia y vitalidad para la sociedad nacional. Además, el mundo de la primera novela es más o menos el mismo que el de Martín Rivas, en el sentido de que los obstáculos que Fortunato encuentra en si conflicto con el mundo mayor son básicamente los mismos con que se topa Martín, y tal conflicto se desarrolla más eficazmente en la segunda novela. Lo sobresaliente de Mariluán es que Blest Gana escoge un problema de tanta importancia, desenvolviéndolo de una manera que destaca su propia ideología sin comprometer su realidad esencial.


Notas:

1. Mariluán es la cuarta novela que Blest Gana publica en forma de folletín en La Voz de Chile en el transcurso de 1862. Las cuatro novelas de este año son: La venganza: tradición limeña, que aparece en los números del 15, 16 y 17 de marzo; Martín Rivas: novela de costumbres político sociales, que aparece entre los números 47 y 109, desde 7 de mayo al 18 de julio; Un drama en el campo, que sale en los números 181, 182 y 183 de octubre; y, Mariluán: crónica contemporánea, que aparece entre los números 18? y 207, desde el 20 de octubre al 13 de noviembre. Este mismo año la biblioteca del periódico publica en edición independiente Un drama en el campo, La venganza y Mariluán, De estas tres, Mariluán es la única que a nuestro modo de ver establece la narración sobre bases sólidas y muestran el desarrollo nacional de una manera eficaz.

2. Raúl Silva Castro, Alberto Blest Gana (J830-1920): estudio biográfico y crítico (Santiago de Chile: Imprenta Universitaria 1941), pág. 413.

3. Alberto Blest Gana, Un drama en el campo. La venganza. Mariluán. (Santiago de Chile: Zig-Zag, 1949), pág. 99. La subsiguientes referencias a esta novela aparecerán dentro ( texto con el número del capítulo y con el de la página.

4. Roy Harvey Pearce, Savagism and Civilization: A Study of the Indian and the American Mind. 2ª. ed. (Baltimore: The Johns Hopkins Press, 1971), pág. 66.

5. Darcy Ribeiro, The Americas and Civilization. Trad. Linton Lomas Barrett and Marie McDonald Barren (New York: Dutton, 1972), págs. 333-34.

6. Pearce, pág. 153.

7. Luis Vitale, Interpretación marxista de la historia de Chile. La independencia política, la rebelión de las provincias y decenios de la burguesía comercial y terrateniente. (Santiago de Chile; Prensa Latinoamericana, 1971) Tomo III, págs. 284-85.

8. Víctor M. Valenzuela. Chilean Society as seen through th Novelistic World of Alberto Blest Gana (Santiago de Chile, Arancibia Hnos., 1971), pág. 64.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03