Digo que norte sur corre la tierra

DIGO QUE NORTE SUR CORRE LA TIERRA

Sergio Arrau

Profesor de diversas disciplinas teatrales y dramaturgo prolífico, autor de 'Manuel viene
galopando por las alamedas'. 'Los móviles', 'Lisístrata González', 'Infierno para dos' y
muchas obras más. Ha ganado dos veces el Premio Andrés Bello, concedido anualmente
en Caracas, Venezuela. Vive en Lima, Perú.

Araucaria de Chile. Nº 30, Madrid 1985.

Primera parte: La larga agonía de un Conquistador (Fragmento)

Digo que norte sur corre la tierra,
y baña la del oeste la marina:
a la banda de este va una sierra
que el mismo rumbo mil leguas camina;
en medio es donde el punto de la guerra
por uso y ejercicio más se afina:
Venus y Amón aquí no alcanzan parte,
sólo domina el iracundo Marte.

La Araucana. Canto I

Para diez actores (Ocho hombres y dos mujeres)

Escenografía funcional: rampas, desniveles, practicables, telones para proyecciones, etc. El escenario debe constituirse en instrumento plástico de actuación que permita múltiples transformaciones a la vida del público y a ser efectuadas, muchas de ellas, por los mismos actores.

Solamente dos de los actores, los que representan a Pedro de Valdivia y a Lautaro, tienen caracterización completa y acabada, puesto que no representan otros personajes. En cambio los demás que juegan varios roles, marcarán sus distintos personajes con simples cambios de aditamentos característicos. También cada actor, en determinados momentos, se representa a sí mismo.

En algunos sectores del escenario se apilan, como al desgaire, utilería y vestuario que utilizarán los actores al cambiar de personaje y situación, en lo posible a la vista del público y como se ha dicho, con simples aditamentos.

Al empezar la función entran los actores, menos Pedro de Valdivia y Lautaro, vestidos con ropa "de trabajo". Alguno comenta un suceso reciente, otro una anécdota, otro tararea una canción de moda, otro saluda a algún conocido que esté en el teatro y hasta puede ir a hablar con él. Entran casi al mismo tiempo, pero no ordenados, tal como si se hubiese indicado que dentro de poco hay que comenzar a actuar. Sin apuro, pero alegres -se desea cumplir una buena jornada- los actores 1º, 2º y 3º se colocan casco y coraza españoles de la conquista. Son ayudados por las actrices. El actor 4º se pone prendas indígenas españolizadas. Los actores 5º y 6º por su parte, despejan el área escénica dejándola lista para la representación.

Se escucha una trompeta, que produce entre los actores el efecto del tercer timbre. Se retiran hacia los costados y miran expectantes hacia el foro. Al mismo tiempo se crea ambientación lumínica.

(Ingresa Pedro de Valdivia, hombre de 56 años, vestido a la usanza de los conquistadores españoles del siglo XVI, con coraza y celada. Cansado, se sienta en un pequeño practicable, tronco o piedra.)

VALDIVIA: (Mirando hacia un lateral). ¡Desensillad los caballos! ¡Proveedlos! ¡Ah, y que la gente también coma y descanse! ¡Agustinillo! (Se incorpora a la acción el actor 4º, representando a Agustinillo).

AGUSTINILLO: ¿Amo...?

VALDIVIA: Ayudadme con la celada.

AGUSTINILLO: Sí, mi amo. ¿Te quito también la coraza?

VALDIVIA: No.

AGUSTINILLO: Pero así no podrás descansar bien, amito.

VALDIVIA: Esto no es descanso, sólo un breve respiro. En cualquier momento continuaremos la marcha, (Se integran a la acción los actores lº y 2º, como los capitanes Altamirano y Lope Ruiz).

ALTAMIRANO: Mi parecer, don Pedro, y con el mayor respeto... es el que deberíamos continuar hacia Tucapel sin demora.

VALDIVIA: La hueste necesita recuperar fuerzas. La jornada ha sido extremada. Aquí esperaremos a Bobadilla y a los soldados que partieron de exploración.

ALTAMIRANO: Ya deberían estar de regreso. Por eso opino...

LOPE RUIZ: Algo les ha sucedido, excelencia. Quizá un encuentro con los naturales...

VALDIVIA: Imposible, la orden fue precisa: observar los alrededores del fuerte y nada más. Bobadilla es hábil y cauto. Volverá.

AGUSTINILLO: ¿Te preparo un ulpo, amo? (Valdivia afirma. Ingresa a la acción el actor 3º, como el capitán Juan Castillo).

CASTILLO: Por todos lados grita el silencio. Demasiada tranquilidad a fe mía.

LOPE RUIZ: Comenzó a llover, nuevamente.

VALDIVIA: ¿Preocupado, Juan?

CASTILLO: ¡Cómo no estarlo, señor! Hay algo en el ambiente que... ¡Voto a...! Y somos tan pocos.

VALDIVIA: Con 7 soldados salí del Cuzco hace trece años.

CASTILLO: Pero no os encontrabais, como ahora, don Pedro, en el corazón de Arauco. Y con los rumores de alzamiento de estos malditos indios, que Dios confunda.

VALDIVIA: (Mirando a Agustinillo). ¡Callaos, capitán!

CASTILLO: Agustinillo es de otra cepa, señor. Yo me refiero a esos araucanos. Ojalá fuesen como nuestros yanaconas, que así no habría problemas. ¡Pero esos condenados...!

VALDIVIA: ¿Qué sacáis con maldecir, Juan?

CASTILLO: Al menos se quita un algo la inquietud del cuerpo.

LOPE RUIZ: ¡Lluvia y más lluvia...! Pudre el espíritu. Lo torna temeroso e inquieto. ¡Qué país infame! Cómo se echan de menos otros lares, ¿eh, Altamirano?

ALTAMIRANO: ¿La Ciudad de los Reyes, por ejemplo?

LOPE RUIZ: Y hasta Santiago del Nuevo Extremo, si me apuráis un poco. (Se oye piafar de caballos).

VALDIVIA: ¿Qué pasa a los caballos?

AGUSTINILLO: Están inquietos, mi amo. Alborotados.

ALTAMIRANO: (Mirando a Castillo). ¿También ellos?

CASTILLO: Algo presienten, sin duda.

ALTAMIRANO: ¿Al igual que vos?

CASTILLO: Hablado con menor tono si os place, capitán.

VALDIVIA: ¡Señores! Mal momento para rencillas. Las bestias están inquietas por falta de un buen palafrenero. ¡Si estuviese aquí Alonso...! Averiguad, Agustinillo, si han sido bien aseadas y sustentadas.

AGUSTINILLO: Alonso no hace falta, mi amo.

VALDIVIA: ¡Y cómo no! Su sola presencia basta para aquietarlas.

AGUSTINILLO: Pero ese mal indio te abandonó amito. ¡Alonso! La torcedura de mi nariz se debe a haberlo llamado Alonso y no Lautaro, como él quería.

VALDIVIA: Orgulloso y bravo como pocos, el mozo.

AGUSTINILLO: Te odiaba amo. A pesar de tu preferencia hacia él.¡Mapuche tenía que ser!

VALDIVIA: La nariz torcida te hace gracia, Agustinillo.

AGUSTINILLO: A mí no. ¡Y si lo llegara a encontrar de nuevo...!

VALDIVIA: Cuidado entonces de que no te la enderece de otro golpe. Anda, ve y cumple mi orden. (Se retira el actor 4º y se quita sus aditamentos de Agustinillo.)

LOPE RUIZ: Sabiendo que el fuerte de Tucapel ha sido destruido, don Pedro, ¿qué urgencia hay en llegar a él?

VALDIVIA: Si ha sido destruido, pues... ¡a reconstruirlo, caramba! ¿No lo creéis así? ¿Imagináis que este país es cosa fácil? Pues ya veréis que no. Y cuanto cae debe ponerse nuevamente en pie. ¡Más firme que antes!

LOPE RUIZ: De todas maneras, señor, esta urgencia...

VALDIVIA: Mañana es navidad, ¿es preciso recordarlo? ¿Olvidáis la cita?

ALTAMIRANO: ¡Qué cabeza tenéis, Lope Ruiz! Tanto acostarse con indias sorbe el seso.

LOPE RUIZ: ¡Os haré tragar esas palabras! (Saca su espada.)

VALDIVIA: ¡Qué es esto, señores! ¿Creéis hallaros en una taberna?

LOPE RUIZ: Perdonad, señor, pero...

VALDIVIA: (A Altamirano.) En cuanto a vos, capitán, guardad lengua y arrestos para mejor ocasión. Cuando haga falta.

ALTAMIRANO: Disculpad, excelencia.

VALDIVIA: La situación es difícil. Y no os extrañe el que yo también esté muy preocupado. Esto entre nos, pues nuestros hombres no merecen flaco ánimo de sus capitanes. Los cincuenta soldados y los dos mil indios y auxiliares que nos acompañan, merecen por cierto nuestra preocupación.

CASTILLO: Más la hueste que viene del fuerte de Purén.

VALDIVIA: La reunión con ellos es lo que me impide ordenar de inmediato el regreso a Concepción. No pueden quedar abandonados a su suerte.

ALTAMIRANO: ¿Eh...? ¿Regresar...? Sin duda he escuchado mal a causa de la lluvia.

VALDIVIA: ¿Por ventura considerarías una retirada estratégica como huida, capitán?

ALTAMIRANO: Excelencia... os responderé con franqueza, si me lo permitís. Pues si, ante los salvajes lo consideraría huida. No importando cuál fuese su número y armamento. A orgullo tengo el ser español y pertenecer al mejor ejército del mundo.

VALDIVIA: No sé si tomar vuestras palabras con agrado o con fastidio. Pero es sin duda la temeridad de vuestros cortos años la que os hace proferir bravatas tan pueriles.

CASTILLO: Y al hecho cierto de que aún no se ha enfrentado a estos salvajes.

ALTAMIRANO: He luchado contra cientos de indios, Castillo. Y por eso afirmo que...

VALDIVIA: Somos los mejores, qué duda cabe. Pero mal hace quien demerita al adversario, y más tratándose de los araucanos. Juan los conoce bien, pues está desde antiguo. En cambio vosotros venís llegando del Perú.

ALTAMIRANO: Los indígenas son iguales en todas partes, señor. Basta mostrar firmeza para que huyan. Es suficiente un grito fuerte, para que agachen la cerviz. Un gesto decidido los espanta. Por ello no concibo tanta preocupación.

VALDIVIA: Yo soy quien resuelve cuanto se debe hacer. ¿Entendido? En mi se ha delegado la responsabilidad. ¡Y basta ya! Ocasión tendréis pronto de aquilatar a estos indígenas. Tal vez entonces sepáis que no bastan voces fuertes ni gestos prepotentes. Enviad de inmediato un yanacona a averiguar sobre Bobadilla.

ALTAMIRANO: Si. excelencia. (Se retira y se despoja de coraza y casco.)

VALDIVIA: Vos, Lope, disponed avanzadas. Evitaremos cualquier sorpresa. (Lope Ruiz saluda y sale. despojándose también de sus aditamentos.) Estos capitanes imberbes suponen hallarse en cómoda excursión. Sólo vos y yo, Juan, sabemos qué terreno pisamos. Id a descansar. Pero siempre... Ya bien lo sabéis...

CASTILLO: Con un ojo abierto y las armas prestas. Antes daré una vuelta por el campamento. Descansad vos, don Pedro, que buena falta os hace. (Sale y también se quita los accesorios hispanos.)

VALDIVIA: ¡Descansar...! Y gozar algo del magro fruto de tantos trabajos. ¡Qué más quisiese...! A los 56 años, hasta el hombre más ruin lo precisa y merece. En cambio... ¡Todo un gobernador!... Sin tranquilidad ni solaz. ¡Todo un gobernador del reino de Chile. Metido en estas selvas frías, con esta lluvia incesante... Navidad. Y otra vez sin calor de hogar. Ni alegría, ni cena, ni villancicos, ni presentes... Digo mal, puede haber un presente... la muerte. Mas, ¡vive Dios que no ha de llegar aún! hasta no dar cabal término a mi misión: conquistar este territorio para la Corona y para mi honra y fama. Y si no... pues que llegue. Malvenida y todo... ¡la muerte menos temida da más vida! (Permanece pensativo mientras ingresan al centro de la acción las actrices y los actores.)

ACTOR 5º: ¡La muerte menos temida da más vida!

ACTOR 6º: Buena frase, pero... ¿qué quiere decir?

ACTRIZ lª: Es un lema.

ACTOR 6º: ¿Un qué...?

ACTOR 3º: Lema, ignorante. O divisa, que es lo mismo, de la familia de Valdivia. Este caballero procede de Extremadura, en España.

ACTOR 4º: Y ¡ole! (Se escucha música española típica "para Turistas".)

ACTOR 5º: Extremadura es uno de los lugares más pobres de la península.

ACTRIZ la: Pero tal vez por eso salieron de allí hombres tan esforzados como Cortés, Pizarro, Valdivia... Conquistadores audaces...

ACTOR 2º: ¡Y ole!

ACTRIZ 1ª: ...hacia América recién descubierta.

ACTOR 1º: Y de toda España arribó una caterva de aventureros, ganapanes, gentilhombres, ladrones, santos, asesinos.

ACTRIZ 2ª: ¡De un cuanto hay!

ACTOR 5º: Revueltos en una inmensa bola de gatos. (Maúllan.)

ACTOR 3º: La mayoría de ellos venían empujados por...

ACTOR 4º: ¡No, todos!

ACTOS 3º: ¿Todos, qué?

ACTOR 4º: Eso que ibas a decir.

ACTOR 3º: ¿Y qué iba a decir?

ACTOR 4º: Que eran empujados por... ¿Por quién, oye?

ACTOR 3º: ¡Por la ambición!

ACTOR 4º: Eso iba a decir yo.

ACTRIZ 2ª: Ambición del oro.

ACTOR 2º: ¿Del loro?

TODOS: ¡Oro! ¡Oro! ¡Oro! (Se desplazan por el escenario y por la sala. Si es preciso incluyen en su investigación los dientes de algunos espectadores.)

ACTOR 6º: ¿Encontraron algo?

ACTOR 5º: Poquísimo.

ACTOR 1º: Está muy escaso.

ACTOR 2º: Debe ser la crisis.

ACTRIZ lª: Pero no todos venían acicateados por mezquina ambición.

ACTOR 3º: ¿Sino qué...?

ACTRIZ lª: A algunos los conducía un ideal.

ACTOR 3º: ¿Cuál?

ACTRIZ lª: Dejar memoria y fama de si.

ACTOR 3º: Tan mezquina ambición como cualquier otra. ¡Yo, yo, yo! Que hablen de mí. Que escriban mi nombre en letras gordas. Que me levanten una estatua...

ACTRIZ lª: Pero no es lo mismo, hombre, porque...

ACTOR 4º: ¡Basta! (Se dirige al público.) ¡Señoras y señores! (Redoble de tambor.) ¡Con ustedes... Pedro de Valdivia! (Valdivia, que había permanecido sumido en sus pensamientos, se levanta y sin mirar a los actores, sale de escena.)

ACTRIZ 2ª: Espérese, don Pedro, no se vaya. Mire que lo estamos presentando.

ACTOR 5º: Y se va, no más.

ACTRIZ lª: ¡Qué desaire!

ACTOR 4º: ¡Con ustedes...!

ACTOR 2º: No hagas más el ridículo. Se fue.

ACTOR 5º: No se preocupen, que para todo hay solución. (Rápidamente se pega una barbilla y se envuelve en una capa española.)

ACTRIZ lª: Menos para la muerte.

ACTRIZ 2ª: ¡Oh cuánta profundidad!

ACTOR 5º: (En actitud heroica.) ¡Listo!

ACTOR 6º: Mejor que el original.

ACTOR 4º: ¡Señoras y señores, con ustedes... Pedro de Valdivia! (El actor 5º se inclina, saludando, a su vez es saludo en forma circense por los demás actores.)

ACTRIZ la: Estamos a comienzos del siglo XVI.

ACTOR 2º: ¡Bah! Creí que era más tarde.

ACTOR 4º: Y eso que la función partió atrasada.

ACTRIZ la: España pretende ser la primera potencia mundial. Ya que en su poderoso imperio no se pone el sol.

ACTOR 4º: ¡Con lo agradables que son las noches!

ACTOR 2º: Sobre todo cuando se está en buena compañía. (El actor 3º levanta un sol de cartón y lo para en el escenario.)

ACTOR 3º: Nos gobierna, con singular sabiduría, su sacrarreal majestad el amado emperador Carlos V.

ACTOR 1º: (Que se ha puesto una inmensa corona.) ¡Danke shón!

ACTRIZ 2ª: ¿Qué dijo?

ACTRIZ la: Dijo: gracias.

ACTRIZ 2ª: No, fue otra cosa.

ACTRIZ lª: Te digo que dijo gracias, en alemán. No habla castellano.

ACTRIZ 2ª: ¿En serio? ¿Y cómo es rey de España, entonces?

ACTRIZ lª: Así se dan las cosas. Es rey de España, pero no español. Y no me pidas explicaciones. Los reyes se permiten ciertas licencias poéticas.

ACTOR 3º: Políticas.

ACTRIZ lª: Carlos V es en realidad Carlos I de España, pero le decimos quinto, bueno... porque...

ACTOR 1º: Danke shón.

ACTOR 4º: Pedro de Valdivia, ansioso de aventuras heroicas, como todo joven, se enrola en los invencibles tercios hispánicos. Lucha en Flandes. Más tarde enfrenta a tudescos, italianos, franceses... como una fiera. (El actor 5º acciona consecuentemente.)

ACTOR 3º: Interviene en la batalla de Pavía, donde cae prisionero el rey Francisco I de Francia. (El actor 6º actúa como rey francés. La actriz 2ª le aplica un palo en el cuello obligándolo a arrodillarse.)

ACTOR 6º: Mais... ¿quesqu'il passe? ¡C'est afreux! Je suis le roi!

ACTRIZ 2ª: ¿Y a mi, qué?

ACTOR 6º: ¡Canaille! ¡Salaud!

ACTRIZ 2ª: ¿Qué decís?

ACTOR 6º: ¡Rien, rien! Je vous en prie...

ACTRIZ 2ª: Vamos, follón. Gritad a todo pulmón: ¡viva Carlos V!

ACTOR 6º: ¡Mais...!

ACTRIZ 2ª: Gritad, si no queréis que mi filosa adarga atraviese vuestro pálido colodrillo.

ACTOR 6º: ¡Vive Charles cinquiéme!

ACTOR 1º: Danke shón. (Lo ayuda a levantarse, sacudiéndolo cariñosamente.)

ACTOR 3º: Ya no cabe duda: España es la primera potencia.

ACTOR 4º: ¡Y ole!

ACTRIZ 2ª: A su casa en Extremadura retorna el joven soldado veterano, cubierto de gloria y de polvo. (La actriz 1ª, salerosa, cruza ante el actor 5º, haciéndose brillar los ojos.)

ACTOR 3º: Allí conoce a una jovencita llamada Marina Ortiz de Gaete.

ACTOR 2º: Y prosiguiendo con sus temerarios actos de valor, se casa con ella.

ACTOR 4º: ¡Qué bárbaro!

ACTRIZ 2ª: Y vivieron felices...

ACTOR 6º: ¿Para siempre...? (Sacan el sol, disponen algunos elementos para la escena que sigue y se retiran a observar la actuación del actor 5º, como Pedro de Valdivia, para lo cual ha completado en algo su atuendo, y de la actriz 1ª . como Marina. El, sentado en un sillón frailero, ahoga un bostezo. Ella borda desganadamente.)

MARINA: ¿De nuevo bostezando, Pedro? (También ella lo hace.) Contagiáis a cualquiera.

PEDRO: (Bostezando otra vez.) Y vos me contagiaste a mi.

MARINA: ¿No os placería algo de mayor provecho, en lugar de llevároslo sentado, leyendo? PEDRO: ¿De mayor provecho? ¿Cómo qué?

MARINA: Tantas cosas. Por ejemplo, la huerta está abandonada

PEDRO: ¿A semejante peladero llamáis huerta? Piedras y tierra reseca.

MARINA: Si os empeñarais se transformaría en...

PEDRO: Sabéis que no estoy hecho para el trabajo de la tierra.

MARINA: Si mucho me apuráis, diría que estáis hecho para nada que valga la pena.

PEDRO: ¡Mujer...!

MARINA: Nuestro vecino, sin ir más lejos, ha conseguido...

PEDRO: ¡Donosa majadería! Un zafio que no ve más allá de sus narices. Y las tiene chatas como plato.

MARINA: Más con su buen vivir semejan aguileñas. Nosotros en cambio... ¿Por ventura os imagináis que basta con vuestra miserable pensión de "héroe"? Apenas si da para una mala olla podrida de cuando en vez. Y si no fuese por mis padres...

PEDRO: ¡Marina, no sigáis! Diez años ha que soporto regaños y sarcasmos.

MARINA: Inútiles, a lo que veo. ¡Cuánto desearía que hicieseis un buen labriego...!

PEDRO: Eso no está en mi. Soy un hijodalgo que...

MARINA: ¡Qué no tiene dónde caerse muerto!

PEDRO: ¡A palabras necias...! Y no es que menosprecie el trabajo agrícola. No. Es que necesito, siento, avisero... algo diferente.

MARINA: ¿Apoltronado en vuestro dichoso sillón?

PEDRO: Atisbo hechos famosos que... ¿Qué decís?

MARINA: Nada, hombre. Seguid fantaseando a destajo.

PEDRO: Las miras del hombre de pro no se detienen en mujeriles preocupaciones.

MARINA: Siempre que no haya dinerillos de por medio, ¿eh? ¡Cuánto me reprocho el haberos hecho caso! ¡Tonta, más que tonta! ¡Deslumbrada por el brillo de vuestra coraza...! ¡De vuestros pérfidos bigotes! ¡Con tan buenos pretendientes que rechacé!

PEDRO: Hicisteis mal casamiento. ¿A eso queréis llegar?

MARINA: Si al menos me hubieseis dado un hijo...

PEDRO: Es reproche que yo debería haceros.

MARINA: Dios no lo ha querido.

PEDRO: Entonces, callad. Y conformaos. (Se pasea inquieto.)

MARINA: Me ponéis nerviosa. Oso enjaulado parecéis.

PEDRO: Un pueblo sin futuro... Estos tristes campos... ¡La sangre me hierve... Me empuja hacia grandes aventuras...!

MARINA: (Riendo sarcásticamente.) ¿Pensáis contar por milésima vez vuestras divertidas hazañas en Flandes o en...

PEDRO: ¡Marina, que la paciencia se me agota...!

MARINA: A mí también la sangre me hierve... de ira. Me tenéis hastiada. ¡ Vos y vuestros ancestros! Inventados sin duda, como todo, con órdenes de Santiago, caballeros de Calatrava... .'Qué va! Una sarta de mentecatos sin blanca en el bolsillo. ¡Pero con tales ínfulas...! (El actor 6a, en el rol de Andrés, se incorpora a la acción.)

ANDRÉS: ¡Ah, de la casa!

PEDRO: ¿Quién...? (Abre imaginaria puerta.)

ANDRÉS: ¡Capitán don Pedro...!

PEDRO: ¡Andrés! ¿Vos...?

ANDRÉS: El mismo, mi amigo.

PEDRO: Viejo compañero de armas... (Se abrazan.) Pasad, os lo ruego.

ANDRÉS: Señora... (Marina se inclina secamente.)

PEDRO: ¡Cuan grata sorpresa! Marina, poneos con un buen vinillo. Del mejor.

MARINA: ¿Estáis de burlas? Ni del mejor ni del peor.

PEDRO: ¡Mujer...!

ANDRÉS: Estoy sólo de paso. Y no quisiera incomodaros.

PEDRO: A un amigo se lo recibe en mi casa como a un rey.

MARINA: No os alteréis... ¡señor! Disculpadme un momento. Tened paciencia. Iré presto a casa de mis padres y traeré un buen vinillo. Dispensadme. (Sale.)

ANDRÉS: Tal parece que he venido en mal momento, amigo.

PEDRO: De ninguna manera, Andrés. Vos sabéis... En ocasiones suelen presentarse discusiones hogareñas... En fin, vos sabéis...

ANDRÉS: ¿Olvidáis que soy soltero?

PEDRO: ¿Aún...? Pues ya es hora de sentar cabeza, hombre. La tranquilidad que goza el hombre casado es algo impagable.

ANDRÉS: Ya lo veo. Por ahora eso no va conmigo. Quizá cuando regrese podré pensar en negocio tal.

PEDRO: ¿A dónde os dirigís, si puede saberse?

ANDRÉS: Al nuevo mundo.

PEDRO: ¿A América...?

ANDRÉS: Esa es tierra para hombres como nosotros, curtidos en cien batallas. Me enganché en una expedición que sale de Cádiz. Acá no hay futuro, ¿no os parece? Se enmohece uno. A menos de ser cortesano, fraile o comerciante, uno muere de necesidad.

PEDRO: ¡América...!

ANDRÉS: En cinco años volveré rico, os lo aseguro. ¡Como un señor' Dicen que allá el oro es más numeroso que las piedras.

PEDRO: ¡Eso es!

ANDRÉS: Sin duda exageran... ¿Qué os sucede?

PEDRO: ¡Allá está!

ANDRÉS: ¿Quién?

PEDRO: ¡Mi destino! Lo sé. Acabo de vislumbrarlo como una llamarada.

ANDRÉS: ¿Queréis vos...?

PEDRO: No lo pensaré dos veces. Vinisteis caído del cielo. Andrés.

De un golpetazo me abristeis el futuro.

ANDRÉS: Pero aquí tenéis...

PEDRO: Y no es oro lo que ansío. Por más que en este momento no cuente con un mal vinillo para agasajaros... ¡Partiré! ¡Por mi honra, por España, Dios y el Rey!

ANDRÉS: (Al público.) Y se embarcó hacia Venezuela, dejando Extremadura y su sequedad. ACTRIZ 2ª: Y a doña Marina, cuyo carácter se había mimetizado con la tierra.

ANDRÉS: Pero no huía ¡No!

PEDRO: ¡Iba! (Entra el actor 3º, en su rol de Capitán Castillo.)

CASTILLO: ¡Noticias de Bobadilla, excelencia! (Mira extrañado a los dos actores.) ¿Don Pedro...? PEDRO: ¿Yo...?

CASTILLO: (Enojado.) ¡El gobernador!

PEDRO: ¡Ah!

ANDRÉS: (Indicando hacia un lateral.) No grite, que allí viene. (En efecto, ingresa el "verdadero" Pedro de Valdivia, acompañado de los actores 1º, 2º y 4º, en sus roles de Altamirano, Lope Ruiz y Agustinillo. Los actores 2º y 6º salen. Cambio de iluminación, a la que llamaremos "Tucapel". Sonido de lluvia.)

VALDIVIA: ¿Qué decís, capitán?

CASTILLO: Regresó el yanacona enviado a reconocer la patrulla de exploración.

VALDIVIA: ¿Y bien...?

CASTILLO: Malas nuevas, señor. Bobadilla y los tres soldados fueron asesinados.

ALTAMIRANO: ¡Malditos salvajes! La pagarán caro.

LOPE RUIZ: ¡Pronto sabrán quiénes somos nosotros!

CASTILLO: Lo saben ya.

AGUSTINILLO: (Arrojándose a los pies de Valdivia.) ¡Amo, regresemos! No sigas... ¡Acuérdate de Andalién! Cuando casi te matan los mapuches.

ALTAMIRANO: ¡Yo te haré regresar al infierno, indio!

VALDIVIA: ¡Teneos, capitán! Quién sabe si por boca de Agustinillo la Providencia nos advierte...

ALTAMIRANO: Ella sólo protege a los valientes. Excelencia, permitidme adelantar con unos cuantos hombres y daré cumplido escarmiento al enemigo.

LOPE RUIZ: Soy de igual parecer, señor. Y sin más vacilaciones, deberíamos...

VALDIVIA: ¿Vacilación? ¿Qué decís...? Tentado estoy de castigar esa vehemencia, rayana en la insubordinación. Sabed que yo no vacilo. Y que me suelo arrojar entre muy grandes huestes, sin importar su mucha fuerza ni la poca gente de mi parte.

LOPE RUIZ: Lo sabemos, señor. Y fortuna es por cierto para nosotros teneros por jefe.

VALDIVIA: Pues ya que vuesas mercedes son de igual parecer, no hay para qué dilatarlo un punto. Ayudadme con la celada, Agustinillo.

ALTAMIRANO: ¿Partimos de inmediato, excelencia?

VALDIVIA: ¿Qué duda cabe? Antes de que amanezca.

AGUSTINILLO: ¡Mi amo...!

VALDIVIA: Pues aunque estoy viejo... ¡Soy Valdivia! Alistad a la gente. (Salen Altamirano y Lope Ruiz). Veo que no estáis conforme, Juan.

CASTILLO: Sin duda que la vehemencia arrastra, don Pedro. Y ciega a la prudencia.

VALDIVIA: Soy el jefe. Y como tal, obligado a no quedar atrás. Una vez más desafiaremos al destino, capitán. (Se retiran e ingresan las actrices y los actores 5º y 6º, arracimados bajo la lluvia.)

ACTOR 6º: ¡Que les vaya bien...! (Cambio de ambientación. Los adores se enderezan con satisfacción.)

ACTOR 5º: ¡América, tierra de promisión! (Rápidamente se proyectan grandes diapositivas que muestran antiguos mapas de América, como los de Sebastián Münster, Juan de la Cosa, lansenium, Bleu y Juan Martínez.)

ACTRIZ lª: Pocos años ha que ha sido descubierta.

ACTRIZ 2ª: Y allí va Pedro de Valdivia en marcha hacia Tucapel. (Se proyecta un antiguo mapa de Chile, como el de Andrés Baléalo.)

ACTOR 6º: Que es uno de los tres fuertes enclavados en pleno territorio mapuche. (Proyección del sector de Chile comprendido entre los ríos Bio-Bio y Toltén.)

ACTRIZ 2ª: Allí... en ese territorio frío, húmedo, misterioso...

ACTOR 5º: ¡La Araucaria! (Los cuatro se reúnen en haz compacto, tenso, fijos los ojos en el público.)

TODOS: "Araucanía, ramo de robles torrenciales.

ACTRIZ lª: Oh patria despiadada, amada oscura, solitaria en tu reino lluvioso

ACTOR 5º: eras sólo gargantas minerales, manos de frío, puños acostumbrados a cortar peñascos,

ACTOR 6º: eras, Patria, la paz de la dureza
y tus hombres eran rumor,
áspera aparición, viento bravío".

("Canto General" -Neruda).

(Los actores se desplazan por el escenario.)

ACTRIZ 1ª: Y mucho antes que Valdivia, llegó hasta ti y extendió sus brazos de oro...

ACTOR 5º: ¡El imperio del sol! (Se escucha aire incaico y se proyecta diapositiva adecuada.)

ACTOR 6º: Pero apenas consiguió tocar tu frontera. (Aire mapuche.)

ACTRIZ 2ª: Alejándose como de piedra caliente.

ACTRIZ lª: Y poco antes que Valdivia holló tu suelo, con su traje de hierro, el Adelantado don Diego de Almagro. (Aire español de la Conquista y proyección correspondiente.)

ACTOR 5º: Otro imperio, más poderoso, venía a avasallarte.

ACTOR 6º: Pero Almagro hubo de retroceder ante tu resistencia.

(Aire mapuche)

ACTRIZ 2ª: ¡Hasta que llegó Valdivia!

ACTOR 5º: ¡Y sólo entonces...!

TODOS: ¡España entró hasta el Sur del Mundo! (Vuelven a reunirse en apretado haz. Ingresan a escena Valdivia y sus hombres.)

ACTOR 5º: "Agobiados exploraron la nieve los altos españoles.

ACTOR 6º: El Bio-Bio, grave río,
le dijo a España:

TODOS: 'Detente',

ACTRIZ 2ª: el bosque de maitenes cuyos hilos

verdes cuelgan como temblor de lluvia dijo a España:

TODOS: 'No sigas'.

ACTRIZ 2ª:El alerce
titán de las fronteras silenciosas,
dijo en un trueno su palabra."

("Canto General").

(Los cuatro actores se retiran silenciosamente, ambientación "Tucapel".)

VALDIVIA: ¡Navidad, amigos míos! Ha nacido Cristo con el nuevo día. (Se persigna. También lo hacen sus acompañantes.) Y he aquí... Tucapel. (Mira desolado a su alrededor, al igual que los demás.)

CASTILLO: ¿Es... cuanto queda del fuerte...?

VALDIVIA: ¿Hay alguna señal de nuestros compañeros?

LOPE RUIZ: Ninguna, señor.

VALDIVIA: No pueden faltar a la cita.

ALTAMIRANO: Tampoco se ve mapuches por ningún lado. ¡Y con las ganas que tengo de encontrarme con ellos...!

AGUSTINILLO: Pero están. Sé que están. (Pausa.)

VALDIVIA: ¿Escucháis algo? (Pausa.)

LOPE RUIZ: Nada más que la lluvia. (Pausa.)

CASTILLO: Me pareció ver algo entre aquellos árboles.

ALTAMIRANO: Algún animalejo. Esos miserables escaparon al vernos.

AGUSTINILLO: ¡Allí, mi amo!

VALDIVIA: ¿Dónde?

LOPE RUIZ: Nada hay.

ALTAMIRANO: El miedo te hace ver fantasmas, indio. (Se escucha el toque de una corneta.)

LOPE RUIZ: ¡Eh...! ¿Oís?

ALTAMIRANO: Corneta española.

VALDIVIA: ¡Gracias a Dios, son los nuestros que llegan! (Se oye lejanamente el chivateo mapuche que va creciendo en intensidad.)

CASTILLO: ¡Santo cielo!

LOPE RUIZ: ¿Qué es esto?

VALDIVIA: Indios.

AGUSTINILLO: ¡Los mapuches, mi amo! ¡Miles de mapuches!

ALTAMIRANO: Salen del bosque. ¡Ah, llegó al fin el momento esperado!

LOPE RUIZ: Suben también por la quebrada.

CASTILLO: Y bajan de los cerros.

AGUSTINILLO: ¡Están en todas partes!

VALDIVIA: En mal lugar estamos (A Altamirano.) Capitán, conducid la caballería a la planicie. ¡Alistadla para atacar!

ALTAMIRANO: (Gozoso.) Si, excelencia. (Sale.)

VALDIVIA: (A Lope Ruiz.) Desplegad a los yanaconas en línea defensiva, allí, en la lomilla.

LOPE RUIZ: Bien, señor. (Sale.)

AGUSTINILLO: ¡Vienen de todos lados! (Se escucha un toque de corneta. El chivateo se acalla.)

VALDIVIA: Se detuvieron. La evolución de la caballería los ha asustado.

CASTILLO: No parece. Mirad, se disponen en escuadrones separados. Unos tras otros.

VALDIVIA: (Admirado.) Singular caso éste. Los mapuches no acostumbran formación alguna. Atacan siempre en desorden. (Nuevo toque de corneta y el chivateo se agudiza.)

CASTILLO: Obedecen al toque de corneta,

VALDIVIA: Pero... es imposible... ¿Cómo pueden mostrar tal disciplina? ¿Qué capitán los conduce?

CASTILLO: Sin más trámites, don Pedro, lo más sensato sería retroceder por donde llegamos. Esto no me gusta.

VALDIVIA: A mi, tampoco. Pero ya no es posible. Mirad. Nos cortaron la retirada con grandes troncos. Los caballos no podrán pasar.

CASTILLO: ¿Quién demonios los conduce de esta suerte?

VALDIVIA: Pues aunque se tratase del propio Satanás, con la protección de Santiago Apóstol daremos buena cuenta de ellos. ¡Preparaos! (Salen Castillo y Agustinillo.) Señor mío Jesucristo. Ayudadnos en vuestra natividad. Acompañadnos en esta hora. Proteged a vuestros servidores, portavoces de la verdad. No permitáis aún que comparezca ante vos a dar cuenta de mis actos, sin antes afianzar la conquista. Señor. Para mayor gloria vuestra. (Ingresan Altamirano y Agustinillo.)

ALTAMIRANO: Todo está dispuesto, excelencia. La caballería tomó colocación.

VALDIVIA: Encabezadla. (Sale Altamirano.)

AGUSTINILLO: Mi amo, ¡sé quien dirige a los mapuches!

VALDIVIA: ¿Eh...? ¿Y quién, si se puede saber?

AGUSTINILLO: ¡Lautaro!

VALDIVIA: ¿Alonso?

AGUSTINILLO: Tú mismo le regalaste esa corneta con la que conduce a los mapuches.

VALDIVIA: ¡Qué tontería! Alonso nunca tomaría los armas contra mí.

AGUSTINILLO: Equivocado estás, amo. (Se oye un toque de corneta.) Esa corneta se la diste tú.

VALDIVIA: Todas suenan igual. Esa pueden haberla robado.

AGUSTINILLO: ¡Es Lautaro, te digo!

VALDIVIA: El resentimiento y la envidia te ciegan, Agustinillo. (Ingresa Castillo.)

CASTILLO: ¡Atacan, señor!

VALDIVIA: (A Agustinillo.) Coge un arma y defiende tu vida. (Sale presuroso junto con Castillo.)

AGUSTINILLO: ¡Podría jurar que es él! (Sale e ingresan actores y actrices, desapareciendo la ambientación "Tucapel".)

ACTOR 6º: (Malhumorado.) ¡Lautaro! ¿Quién es ese bicho?

ACTOR 5º: No lo conozco.

ACTRIZ 2ª: Yo no tengo idea.

ACTRIZ 1ª: No lo conocen, porque su historia recién comienza.

ACTOR 6º: ¿Cuándo?

ACTRIZ 1ª: Ahora, en Tucapel.

ACTOR 5º: ¿Nació aquí?

ACTRIZ 1ª: Para la historia, sí.

ACTOR 1º: Pero cuenta ya con dieciocho años.

ACTRIZ 2ª: ¿Nada más? Un muchacho, apenas.

ACTOR 4º: ¿Qué tal si lo presentamos al público?

ACTOR 2º: Te gusta hacer el ridículo. ¡Qué va a querer salir...!

ACTOR 3º: Además no tiene tiempo. Debe apurarse, porque su historia es muy corta. (Entretanto el actor 6º, se viste como Ercilla.)

ACTRIZ la: Siempre con la obsesión del tiempo. :Atenazados por el reloj. Todo el mundo aprisa, ansiando realizar grandes cosas. O pequeñas, que sean. Algo siquiera. Todos intentando ganarse la posibilidad de "ser".

ACTRIZ 2ª: ¿De dónde salió esta filósofa?

ACTOR 4º: No entiendo cómo es posible que un mocoso esté al mando de los temibles araucanos.

ACTOR 2º: Es que se la puede.

ACTOR 1º: Lo han nombrado toqui. O sea: jefe militar.

ACTOR 5º: La pura verdad que resulta increíble. ¿Cómo le pueden obedecer esos... ¿Cómo es que son...? (Ingresa Alonso de Ercilla y recita.)

ERCILLA: "Son de gesto robustos, desbardados, bien formados los cuerpos y crecidos, espaldas grandes, pechos levantados, recios miembros, de nervios bien fornidos, ágiles, desenvuelgos, alentados, animosos, valientes, atrevidos, duros en el trabajo, y sufridores de fríos mortales, hambres y calores." ("La araucana".)

ACTRIZ 2ª: ¿Y este caballero tan engolillado?

ACTOR 2º: Que habla en verso sin mayor esfuerzo.

ACTOR 3º: ¿No reconocen a don Alonso de Ercilla?

ACTOR 4º: ¿Y qué está haciendo aquí?

ACTOR 1º: Recoge datos para su poema, supongo. (El mismo Ercilla saca un letrero en que se lee: "Batalla de Tucapel. Navidad de 1553". O bien este letrero bajo del telar y permanece durante la escena siguiente.)

ACTRIZ la: ¡Qué espanto! ¡Estamos en plena batalla de Tucapel!

ACTOR 1º: Mejor se van las mujeres, que esto se pone feo. (Brusca ambientación "Tucapel". Rápidamente los actores 1º, 2º, 3º y 4º se colocan sus vestiduras de compañeros de Valdivia.)

VOCES GRABADAS Y AMPLIFICADAS: ¡Santiago y a ellos! (Chivateo araucano. Entran Valdivia. Altamirano; Lope Ruiz, Castillo y Agustinillo, en actitud bélica, se proyectan grandes diapositivas que muestran a briosos y barrocos guerreros españoles, como los que aparecen en la obra de Alonso de Ovalle "Histórica relación del Reino de Chile", alternados con grabados de indígenas, en un montaje que dé la sensación de lucha encarnizada: una espada, una lanza de colihue, un arcabuz, una macana, patas de caballo, pies desnudos. Sucesión de detalles: ojo, boca, mano, hocico, casco, etc., a gran velocidad. El todo acompañado de música española y mapuche entremezclada. Esta proposición escénica puede sustituirse por un filme de no más de 20 segundos, en base a grabados de la época, insistiéndose en el rápido detalle. Entretando los actores permanecen inmóviles, en actividad "congelada". Cae muerto Lope Ruiz. Terminada la proyección de diapositivas o del filme, avanza hacia un primer plano Valdivia y sus compañeros, a excepción de Lope Ruiz que permanece caído.)

VALDIVIA: ¡No nos dan respiro...!

ALTAMIRANO: (A Castillo.) Estoy por daros la razón, cuando asegurabais que eran de otro temple.

CASTILLO: Lamento que os convencieran los hechos.

VALDIVIA: ¿Lope Ruiz...?

CASTILLO: Cayó, señor.

ALTAMIRANO: ¡Lo vengaremos!

CASTILLO: Vienen inagotablemente, como olas.

ALTAMIRANO: Daba por seguro que los destrozábamos en su primer ataque.

CASTILLO: Sucedió así, pero ya visteis... fueron reemplazados por otros... Y luego por otros y otros... (Se escucha el toque de corneta.)

ALTAMIRANO: ¡Una vez más...! (El y Castillo salen, sacando a Lope Ruiz.)

VOZ FUERTE, PERO LEJANA: ¡Huye, Valdivia, huye...!

VALDIVIA: ¿Qué? ¿Quién?

AGUSTINILLO: ¡Es Lautaro, mi amo! ¡Te lo dije! (Sale.)

VOZ: ¡Huye, Valdivia, o te haré pagar los azotes que ha recibido mi pueblo!

VALDIVIA: ¡Lautaro! ¿Rebelándose contra mi? ¿Contra su dueño? ¡Ingrato y pérfido traidor! ¿Después de todo lo que he hecho por ti? ¿Después que te civilicé...? Que te convertí en hombre... ¿Así me pagas?

VOZ: ¡Huye, Valdivia! ¡Acuérdate de Andalién...!

VALDIVIA: ¿Andalién? Ahí te recogí, descastado. Mala ocurrencia la mía. ¡Debí hacerte matar en aquel mismo momento...! (Brusco cambio de ambientación. Lugar y tiempo diferentes. Sol muy fuerte. Valdivia se yergue triunfador.) ¡Victoria! (Ingresan el actor 5º como Pedro Villagra y el actor 2ª como Marcos Veas.)

VILLAGRA: ¡Huyen como liebres, por los cerros!

VALDIVIA: ¡Bravo, Pedro Villagra! (Lo abraza.)

VILLAGRA: El valle está cubierto de carroñas.

VALDIVIA: ¿Y prisioneros...?

VILLAGRA: Más de cuatrocientos.

MARCOS: Estuvimos a punto de perderos, don Pedro.

VALDIVIA: Aún no ha llegado mi hora. Marcos.

VILLAGRA: Les dimos su merecido a los mentados mapuches.

VALDIVIA: Gracias a la Santísima Virgen que apareció en el momento más crítico. ¡Fue un milagro!

VILLAGRA: Si que lo fue, capitán. Al ver la aparición los indios pusieron pies en polvorosa.

VALDIVIA: ¡Qué si no...! Mal la habríamos visto, aquí, en Andalién.

MARCOS: Providencia fue el meteorito. Verdaderamente...

VILLAGRA: (Airado.) ¿Qué queréis significar. Marcos Veas? Por ventura dudáis de...?

VALDIVIA: (A Villagra.) Ordenad que se castigue a los prisioneros.

VILLAGRA: En seguida, capitán. (Mira a Marcos con intención de discutir.)

VALDIVIA: Proceded. (Se retira Pedro Villagra.) Conque meteorito, ¿eh. Marcos? Que no os oiga la Santa Inquisición.

MARCOS: Aún no llega, felizmente, por estos lares.

VALDIVIA: ¡Ya llegará! Y aunque no la haya no permitiré herejes ni ateos en mi hueste. Marcos Veas.

MARCOS: Dios me libre de caer en esos males, don Pedro. Tengo quizá la imprudencia de intentar comprender los hechos. Al fin y al cabo es facultad que Dios nos ha otorgado. Y me atrevo a hablar porque en vos se aúna el raro caso del hombre reflexivo y del hombre de acción, generalmente contrapuestos.

VALDIVIA: ¿Adulaciones...?

MARCOS: Mal favor os haría, señor. No están en mí usos de cortesano. Pero entrando en cuestiones terrenales, permitidme expresar una inquietud respecto a los prisioneros.

VALDIVIA: Decid.

MARCOS: El escarmiento es medida poco acertada. Perdonad mi atrevimiento, pero pienso que a la violencia se opone la violencia. Y, consecuentemente, un acrecentamiento del odio.

VALDIVIA: ¿Odio? Respeto, dirá vuesa merced.

MARCOS: Respeto, no. Simulación de respeto, señor, obligada por el miedo.

VALDIVIA: Pues por voluntad o por miedo será preciso que obedezcan. Si no existe en ellos la voluntad de acatamiento, no cabe más que doblegarlos a la fuerza. Entenderán, de una vez para siempre, que si alguien osa levantar un puño, ese puño será cortado sin contemplaciones. ¿Duro? Lo sé, pero así debe ser. Y no es cosa fácil. Soy humano... Mas cuando se trata de defender intereses superiores, puedo llegar a ser también el más inhumano.

MARCOS: Aunque supongáis que soy el menos indicado, afirmaría que no es el camino más cristiano.

VALDIVIA: Posiblemente, pero sí el más rápido. No se puede perder tiempo. A golpes entrará en esas cabezas lo inútil que es oponerse a nuestro poder. Si nos dejásemos arrastrar por escrúpulos, el sol se ocultaría rápidamente en nuestro Imperio.

MARCOS: Temo que por ese camino, a la corta o a la larga también se ocultará.

VALDIVIA: (Yendo hacia un lateral.) ¡Soltad al anciano! (Ingresa el actor 3º en el rol de Curiñancu.) Que no vaya al suplicio con los demás.

MARCOS: Sabia medida, capitán. Es un cacique mapuche.

VALDIVIA: Cacique, ¿eh? ¿Cómo te llamas?

CURIÑANCU: Curiñancu.

MARCOS: Significa águila negra.

VALDIVIA: Conservarás las alas, águila negra. Pero abre bien los ojos. Tu pueblo recibe hoy una dura lección. Quiera el cielo que no Ja olviden, pues no quisiese en verdad tener que repetirla.

CURIÑANCU: Huinca. La sangre mapuche te tifie las manos. No saldrás más que con tu piel. (Entra Lautaro. Permanece a un costado de la escena, rostro impasible, mirando fijamente a Valdivia.) Y mi pueblo aprende rápido, huinca.

VALDIVIA: Pese a tan insolentes palabras, te perdonaré la vida. (A Marcos.) Ya veis que soy magnánimo.

CURIÑANCU: No necesito tu perdón, extranjero.

VALDIVIA: (Fijándose en Lautaro.) ¿Y ese mocetón?

CURIÑANCU: Mi hijo Lautaro.

VALDIVIA: (A Marcos.) ¿Por qué no está con los demás prisioneros?

MARCOS: Es apenas un muchacho, don Pedro.

VALDIVIA: (A Curiñancu.) Dices que no necesitas mi perdón, viejo. ¿Dirías lo mismo de tu hijo?

CURIÑANCU: Lautaro me acompaña, huinca. El no es guerrero.

VALDIVIA: Pero esperas que lo sea, sin duda.

CURIÑANCU: Lautaro aprende tu lección, huinca.

VALDIVIA: Parece inteligente el mozo. Y para que aprenda aún mejor, lo llevaré conmigo.

CURIÑANCU: ¿Llevártelo?

VALDIVIA: Civilizado, os servirá de ejemplo. Hasta de guía tal vez en el futuro. Os lo enviaré de vuelta cuando sea necesario.

CURIÑANCU: No, huinca. El sabrá regresar cuando sea necesario. (Entra Pedro Vinagra.)

VILLAGRA: Cumplida la orden, capitán. A todos los prisioneros se les cortó la nariz y la mano derecha.

VALDIVIA: Ahora dejadlos libres. Y que vuelvan mutilados a su tierra. Serán símbolo vivo de lo que significa oponerse a la autoridad del Imperio. Tú también vete, viejo. El muchacho quedará conmigo.

CURIÑANCU: ¿Para convertirlo en civilizado, huinca? (Se dirige a Lautaro.) Anda, pues, hijo. Y saca provecho de las demás lecciones. Quiera el gran Pillán que mis ojos te vuelvan a ver. (Sale.)

VILLAGRA: ¿Pensáis llevaros al indio, capitán?

VALDIVIA: Inicio una experiencia de culturización. Hay que pensar en el futuro.

MARCOS: Laudable iniciativa, señor. Pero me temo que este niño haya madurado aprisa hoy.

VILLAGRA: No me gusta este salvaje, capitán. Tiene una mirada insolente. Permitidme que...

VALDIVIA: Pronto esa mirada se tornará dulce y apacible, cuando vea que lo que queremos es su propio bien. (Se dirige a Lautaro.) Si, tu bien y el de tu pueblo, muchacho. Ahora vamos, señores. Vamos a dar gracias a la Santísima Virgen... (Mira intencionado a Marcos.) ...¡por su milagro! Y porque no perdamos su protección. (Salen Valdivia, Villagra y Veas. Lautaro permanece inmóvil. Ercilla, que ha estado observando la escena anterior, recita.)

ERCILLA:

"Así el ingrato pueblo castellano
en mal y estimación iba creciendo,
y siguiendo el soberbio intento vano,
tras su fortuna próspera corriendo;
pero el padre del cielo soberano
atajó este camino, permitiendo
que aquél a quien él mismo puso el yugo,
fuese el cuchillo y áspero verdugo;"

("La Araucana".)


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03