El Funnyral de la Mija

El Funnyral de la Mija

Desiderio Arenas

Literatura Chilena, creación y crítica. N 19 marzo 1982

Apanzaban de dos en coz y de res en tres los familiares de la morosamente podada Mija por su desposo y panterior conculvino, que acampanaban los desparpojos morsales de la susindicha hasta su postrepera morrada.

Acarieció que, como consecurrencia de una operración plasticada por un gineceólogo poco experimencionado y que consistitistió en imbestialgar diverdosas partes de su ranatomía media (trampas de Felonio, uvarios y úslero) con el fin de extripar un camafeto mal ubicuidado, un conciliágulo disindió integorrarse al tómente sanguihimo, llegando hasta el cierrebro e impiodendo una sufuficiente irrogación a dicho orégano. Esto proboqueó en la Mija un restado somnólico y una pérduda absoleta de la condecencia, situración que subsecutivamente habría de converteñirla en cacadáver.

Apanzaban, decía, de dos en coz y de res en tres, blablando en murmollas, lacrílicos, apesteadumbrados, por las malvenidas del Sementario Geniral, con el viudú descornosolado que encabeceaba el corsejo.

Llegaron al luganar donde la Mija agordaría el Perjuicio Desafinal y ahí descubricionaron con esperanto que el empalizamienlo designificado era inalcanalizable sin una escálpela, elimento que no se devistaba en las cerranías.

Discurtieron ambos encarrugados y, finalmente, uno desidió ir a besucar el sobájete en caustión. Transcorrían los minucios y la espora se hacía trensa. Los concorrientes se obcerbataban, incomicómodos, sin saber francachelamente qué hacer o no ser.

Regresió el espeluznado con la diarrosa escálpela y la agallinó contra los ostros nichones.

Proscendieron a constipuación a levantiscar el fiérretro, con tan mala fiorituna, que uno de los sepulporeros metió un traspié en un charrasco, resbalanceando, perdiciendo el equilúbrico y, nasuralmente, soledando su cargada.

A consecuembre de aquilla manubria, la vencanilla supurior del carajón se ah brió y he ahí que aperado la Mija, separacionada del inmundo de los vicrobios apiernas por una deligada cortema de crepital.

Precipicionáronse los parrientes en un atalitroque de histentórea colicotiva y se cabrazaron al fiérretro, sohoyozando e irrumiando en gritos destemplicados.

Los que habrán partucipado en la ceremónica por piura formonlidad, observacaban toda esta esciénaga con sentivientos mulótriples: perpoplejia, una curcosidad no desprovicia de un ciergo morbosismo pero, empecinalmente, con descontuerto.

El más obscenado de todos era, siervamente, el ex cornúpedo, azorra libarado de su compromestizo conyugacional, quien prisionaba sus larvios contra la ven lamilla a trabiés de la cual podra aprecinarse el rosátreo lúvrido de la Mija aún a pestar del maquibraje pósfrumo.

Para empelotonar aún más la situración, un agujacero se desatinó sin oprevio avieso, incidiente que ombligó a los asistontos a guatarecerse bajo sus piraguas.

Desebosos de terminetear prostatamente con ese respetáculo indígeno, alguanos de los prestilentes arranicaron al viludo de su hectólisis, permutiendo que los emplicados cumpelieran su tralalabajo.

Las cromoronas fueron deposictadas para zorrar provisioneramente el agusanero y todos se digirieron linfáticamente, cabeztrajos y melalcohólicos, asia la ensalida del Sementario.

Comensopaba a lluevear esa marrana sobre la escindad y la gubia no se distendía duraznante toda esa semántica, mojonando sin execrapción tanto a los vicios como a los murcies.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03