Andrés Bello

ANDRÉS BELLO

Guillermo Araya

Literatura Chilena, creación y crítica. N 20 Junio 1982

Nota: Estos textos corresponden al homenaje de la radio de Holanda - transmisiones en castellano - con motivo del bicentenario de Bello. De allí algunas repeticiones, ya que no fueron transmitidos en un solo día sino en diferentes fechas.

1.- Sentido de un homenaje
2.- Vida de Andrés Bello
3.- La obra de Andrés Bello
4.- La poesía de Andrés Bello
5.- La educación y la ciencia para Andrés Bello

SENTIDO DE UN HOMENAJE

Junto con dar la bienvenida a tan ilustres profesores que nos visitan para tomar parte junto con nosotros en el coloquio en torno a la obra de Andrés Bello, me permito formular brevemente el sentido de este homenaje.

En Chile, los niños aprenden muy pronto a respetar la figura de Bello. Los ciudadanos que habitan Santiago y los estudiantes que visitan las aulas de la Universidad de Chile, miran con deferencia su estatua que se encuentra al frente de la sede oficial de dicha corporación situada en la avenida más amplia y céntrica de la ciudad. Es una bella estatua esculpida en mármol de Carrara por el escultor Nicanor Plaza, creador de la escultura chilena, y uno de los mayores artistas nacionales. Plaza terminó su obra en 1874 y la estatua fue inaugurada en septiembre de 1881, un par de meses antes de cumplirse el centenario del nacimiento de Bello. Resalta en ella la poderosa frente del modelo. Se encuentra sentado en una poltrona. Sostiene en la mano izquierda un rollo de papel que hiere apenas la región del corazón. En la mano derecha sostiene una pluma. Su cabeza está levemente inclinada en actitud de meditar. La Universidad de Chile es designada muy frecuentemente "casa de Bello" debido, en parte, a esta estatua.

¿Qué sentido tiene que se organicen coloquios científicos para estudiar la obra intelectual y poética de este americano que un ilustre bisnieto suyo llamó "el bisabuelo de piedra"? ¿Qué explica que dos naciones americanas, primero Chile en 1881 y luego Venezuela en torno al centenario de su nacimiento en 1965, hayan publicado sendas ediciones nacionales de sus obras completas?

A mi juicio hay cuatro razones que legitiman esto. La primera es histórica. Bello pertenece rigurosamente a la generación de los libertadores de América. Es coetáneo de 0'Higgins, San Martín y Bolívar. Fue maestro de este último, que en carta fechada en Quito el 27 de abril de 1829 se expresaba así de él: "Yo conozco la superioridad de este caraqueño contemporáneo mío. Fue mi maestro cuando teníamos la misma edad y yo lo amaba con respeto".

Como intelectual y como poeta, Bello se situará en el centro de la lucha por la independencia de América y será uno de los más grandes, tal vez el mayor de todos, de nuestros "libertadores intelectuales", como escribió de él Pedro Henríquez Ureña.

En tal sentido, Bello es un padre de la patria americana en el orden espiritual e intelectual. En América, llamamos padre de la patria al que nos ha legado independencia y soberanía.

La segunda es socio-cultural. A comienzos del siglo XIX, América conquista su independencia política. Deben organizarse los nuevos estados. Deben enfrentarse y resolverse los problemas administrativos, sociales, jurídicos, técnicos y científicos. ¿Con qué se cuenta? Con un legado indígena admirable pero insuficiente por si sólo para organizar estados modernos. Con una herencia cultural española que no responde a la necesidad de los tiempos. A fines del siglo XV comienza a fraguarse la desconexión de la cultura española con la del resto de Europa. Llegado el siglo XVIII han transcurrido dos siglos de enclaustramiento. Mientras tanto en Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y Holanda se han ido echando las bases de la cultura y civilización modernas. En el siglo XVIII se intenta una renovación en España. Pero ésta es tardía, superficial e ineficaz. ¿Qué deben hacer las naciones americanas recién lograda su independencia política? ¿Aceptar como una fatalidad los límites de la tradición española? ¿Refugiarse en el legado indígena en una huida romántica hacia un pasado ya irrecuperable? ¿Aceptar sin juicio ni crítica la técnica, la ciencia y la cultura europeas? Bello encuentra la solución exacta: hay que coger la metodología y el espíritu científico europeos para investigar y conocer la realidad americana. Hay que estudiar y apropiarse los grandes modelos de la literatura universal para usarlos como formas de un contenido americano.

La actitud de Bello fue válida entonces y lo sigue siendo aún. El hombre de América debe estar abierto al avance del mundo, pero debe tomar sólo aquello que sirve a su propia circunstancia.

La tercera se debe a la vigencia de sus ideas. Hay que saber muy claramente que el pensamiento de Bello perdura como válido en dimensiones globales y en aspectos de detalle. En derecho, el Código Civil redactado por Bello conserva su plena actualidad funcional en varias repúblicas americanas y su tratado de derecho internacional sigue ofreciendo doctrinas aún utilizadas; en lingüística, el estudio sincrónico de las lenguas se ha impuesto con fuerza avasalladora a partir del estructuralismo después del historicismo exclusivista anterior; en filología, Menéndez Pidal no pudo sino aceptar lecturas y puntos de vista de Bello en su monumental edición critica del Poema del Cid; en literatura el uso de técnicas europeas en beneficio de lo americano es algo que ha permitido el florecimiento de tendencias literarias de la importancia del modernismo, el vanguardismo y de la última gran promoción de narradores hispanoamericanos.

La cuarta proviene de la pertinencia de sus directivas educacionales y científicas. Respecto de la enseñanza elemental, Bello definió de mano maestra su finalidad, contenido y medios en un extenso artículo publicado en El Araucano entre el 5 y el 12 de agosto de 1836. Con una concepción muy actual de la educación, Bello funda la enseñanza elemental en la necesidad del desarrollo económico y material de la sociedad. Para su clara mente se imponía el axioma de que saber es poder. Una nación no podía aspirar al progreso si la mayoría de la población permanecía sumida en la ignorancia: "¿Qué haremos -escribe - con tener creadores, jurisconsultos y estadistas, si la masa del pueblo vive sumergida en la noche de la ignorancia, y ni puede cooperar en la parte que le toca en la marcha de los negocios, ni a la riqueza, ni ganar aquel bienestar a que es acreedora la gran mayoría de un estado? No fijar la vista en los medios más a propósito para educarla, sería no interesarse en la prosperidad nacional". Los gobiernos son responsables de la educación de las masas: "Nunca puede ser excesivo el desvelo de los gobiernos en asunto de tanta trascendencia", anota textualmente. Respecto del contenido de la enseñanza elemental tuvo también un pensamiento audaz e innovador. Además de la enseñanza tradicional en la época de las primeras letras y de la aritmética elemental, propone que se impartan clases sobre los principios de cosmografía, geografía, historia e incluso sobre los fundamentos de organización jurídica y política del estado a fin de que la escuela prepare futuros ciudadanos conscientes de sus derechos y de sus deberes. A los niños deberían distribuirse manuales sobre estas diversas materias gratuitamente. En cuanto a los medios para poner en práctica tal sistema educacional proponía la creación de escuelas normales de preceptores.

En vísperas de la fiesta nacional, el 17 de septiembre de 1843, se lleva acabo la instalación solemne de la Universidad de Chile. El general Manuel Bulnes, presidente constitucional de la República y patrono de la Universidad, asiste al acto acompañado de sus ministros. Hay distinguidos invitados en el hemiciclo junto con el claustro pleno recién establecido. La ley que dio existencia a la Universidad es del 9 de noviembre de 1842. El proyecto había sido elaborado por Bello un año antes. El 28 de julio de 1843 Bello había sido designado miembro de la facultad de filosofía y humanidades y rector fundador de la corporación. La Universidad debía satisfacer necesidades muy amplias: dirigir y fomentar la instrucción primaria, media y superior y promover el cultivo de las letras y las ciencias. Estaba constituida por cinco facultades. A la cabeza de todas figuraba la facultad de filosofía y humanidades. Frente a ese hemiciclo atento y respetuoso en que estaban presentes todos los poderes del estado, el rector fundador leyó su magistral discurso fundacional. En lo esencial, Bello proponía a la Universidad un plan de trabajos que consistía en la aplicación de la ciencia europea a las peculiaridades de la naturaleza y de la sociedad chilena.

Las orientaciones científicas impartidas por el rector fueron decisivas para promover la investigación en Chile. Era urgente estudiar las particularidades nacionales. Había que investigar la geología, la mineralogía, la flora, la fauna, los problemas de higiene y de salud, la historia y la legislación nacionales. Los investigadores del nuevo mundo debían utilizar la ciencia y la metodología europeas pero no transformarse en meros repetidores mecánicos: "¿Estaremos condenados todavía - se preguntaba el rector - a repetir servilmente las lecciones de la ciencia europea, sin atrevernos a discutirlas, a ilustrarlas con aplicaciones locales, a darles una estampa de nacionalidad? Si así lo hiciésemos, seríamos infieles al espíritu de esa misma ciencia europea, y la tributaríamos un culto supersticioso, que ella misma condena". La misma búsqueda de un americanismo culto, civilizado, deslindad con conocimiento y criterio de la tradición europea, propiciaba el maestro para la creación literaria expresándose así: "Porque o es falso que la literatura es el reflejo de la vida de un pueblo, o es preciso admitir que cada pueblo de los que no están sumidos en la barbarie es llamado a reflejarse en una literatura propia y a estampar en ella sus formas".

Las orientaciones que Bello propuso para el desarrollo educacional y científico de Chile eran válidas para toda nuestra América. En sus mejores momentos ellas han sido seguidas en los países del nuevo mundo.

Así como la Universidad es llamada en Chile "la casa de Bello", la facultad de filosofía y letras se conoce familiarmente en ese país con el nombre de "Macul". Macul se llamaba el cacique dueño de esas tierras en los tiempos de la Conquista. En ellas se asiló la más antigua facultad universitaria, aquélla a la cual perteneció el rector fundador. El actual poder político establecido ilegítima e ilegalmente en Chile, está llevando acabo una destrucción sistemática de las universidades chilenas. Las facultades han desaparecido y sólo perduran en el seno universitario doce carreras profesionales. Las bellas artes, las ciencias sociales, la filosofía y las letras han sido eliminadas de la Universidad. La facultad de filosofía y letras ha desaparecido. El año pasado un grupo de cinco estudiantes colocó en el pedestal de la estatua del rector fundador un sobrio y humilde lienzo que decía: "En los 199 años de tu nacimiento Macul te saluda". Casi de inmediato surgió la policía con gran despliegue de fuerzas. Los estudiantes fueron aprisionados. Algunos que ya habían logrado subir a un bus de la locomoción colectiva fueron descendidos a la fuerza. Después de algunos días de encarcelamiento e interrogatorio los estudiantes fueron expulsados de la Universidad y relegados por tres meses a lugares alejados e inhóspitos de la República. La doctrina de la seguridad nacional y el nacionalismo propalado en todos los tonos por los usurpadores del poder político en Chile son incompatibles con los valores que Bello simboliza. Esta incompatibilidad es, ordinalmente, la quinta razón que tienen los intelectuales de América y de Europa para conmemorar con rigor intelectual y emoción la obra de uno de sus más ilustres antepasados y maestros.

VIDA DE ANDRÉS BELLO

Andrés Bello y López nació en Caracas el 29 de noviembre de 1781 y murió en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865. ¿Qué explica que en las Universidades de América y Europa se realicen coloquios y simposios científicos en torno a la obra de un hombre nacido hace 200 años y desaparecido hace 126 años? Hay, por lo menos, tres razones principales para ello:

La primera es histórica: Bello pertenece rigurosamente a la generación de los libertadores de América. Es coetáneo de 0'Higgins, San Martín y Bolívar. Fue maestro de éste último, que en carta fechada en Quito el 27 de abril de 1829, se expresa así de él: "Yo conozco la superioridad de este caraqueño contemporáneo mío. Fue mi maestro, cuando teníamos la misma edad, y yo lo amaba con respeto".

Como intelectual, Bello va a situarse en el centro de la nueva coyuntura histórica y será uno de los más grandes, tal vez el mayor de todos, de nuestros "libertadores espirituales" como decía de él Pedro Henríquez Ureña. En este sentido, es un padre de la patria de América en los dominios espiritual e intelectual. En América, llamamos padre de la patria al que nos ha legado independencia y soberanía.

La segunda es socio-cultural. A comienzos del siglo XIX, América adquiere su independencia política. Deben construirse los estados. Deben resolverse los problemas técnicos, científicos, económicos y administrativos. ¿Con qué se cuenta? Con una herencia cultural española que no responde a la necesidad de los tiempos. A fines del siglo XV comienza a fraguarse la desconexión de la cultura española con la del resto de Europa. A fines del siglo XVII han pasado dos siglos de enclaustramiento. Mientras tanto, en Francia, Holanda, Inglaterra, Italia se han ido echando las bases de la cultura y la técnica modernas. En el s. XVIII se intenta una renovación en España. Pero es tardía, superficial e ineficaz. ¿Qué deben hacer los países hispanoamericanos recién lograda su independencia política? ¿Conformarse con la tradición española?

¿Rehundirse en la herencia indígena? ¿Aceptar a fardo cerrado la técnica, la ciencia y la cultura europeas? Bello encuentra la solución exacta: tomar la metodología y la ciencia europeas para investigar y conocer la realidad americana. Esta actitud de Bello fue válida entonces y lo sigue siendo ahora. El hombre americano debe estar abierto al avance del mundo pero debe coger sólo aquello que sirve a su propia circunstancia.

La tercera se debe a la vigencia de sus ideas. Hay que saber muy claramente que el pensamiento de Bello sigue vivo en dimensiones globales y en aspectos de detalle. En derecho, por ejemplo, el Código Civil sigue vigente no sólo en Chile sino que ha sido adoptado por varias otras repúblicas americanas; en derecho internacional se utiliza aún frecuentemente el principio de la cláusula de nación más favorecida o principio Bello; en lingüística, el estudio sincrónico de los idiomas se ha impuesto con fuerza avasalladora después del historicismo exclusivista anterior; en educación, las funciones de crear la ciencia nacional que Bello fijara en 1843 a la U. de Chile siguen siendo actuales; en literatura el uso de técnicas europeas en beneficio de lo americano es algo que ha permitido el florecimiento de escritores tan importantes como Borges, Carpentier, Cortázar, Vallejo, Neruda, García Márquez, etc.

La vida de A. Bello transcurrió en tres centros geográficos principales: Caracas, Londres y Santiago de Chile.

En Caracas, hijo de un padre abogado de modesto pasar, pertenece a una familia bien considerada por los mantuanos, la aristocracia criolla de la época. Obtiene su grado de bachiller en artes en 1800. Domina perfectamente los conocimientos escolásticos de la época, se hace experto latinista y aprende el francés y el inglés. Trata a Humboldt cuando éste pasa por Venezuela en 1799. Muerto su padre en 1800, debe abandonar sus estudios de leyes y medicina para hacerse cargo de la familia. Ingresa a la administración colonial como segundo secretario de la Gobernación de Venezuela el 6 de nov. de 1802. Según se cuenta, habría tenido amores con María Teresa Sucre, hermana mayor del Mariscal.

El 10 de junio de 1810 parte a Londres con Bolívar y López Méndez. Van como comisionados de la Junta Conservadora de Caracas para solicitar del gobierno de Inglaterra protección respecto de una posible invasión francesa. Bello, como el resto de. los comisionados pensaba permanecer en Londres sólo algunos meses. En la realidad su misión en Londres se transformó en una estancia de 19 años. Tuvo diversos trabajos: Secretario de la Legación de Venezuela, de Colombia, de Chile; profesor de latín, griego y español; descifrador de los manuscritos de Bentham (trabajo que le consiguiera James Mill, el padre del filósofo Stuart Mill); se hará miembro de la "Sociedad de Caballeros Racionales" (masonería de la época); será editor de dos revistas de contenido americanista (Biblioteca Americana), 1823 y Repertorio americano, 1826-7); conocerá la estrechez y hasta la angustia económica en varias oportunidades y se casará, sucesivamente, con dos damas inglesas (Mary Ann Boyland en 1815, muerta en 1821, y Antonia Dunn, 1824). En su formación intelectual tendrá decisiva significación su asiduidad al British Museum. Ahí estudiará temas de literatura, filología, lingüística, historia, medicina y derecho. Tomará innumerables notas y llegará a ser, sin duda, el americano más sabio y culto de su tiempo.

En 1829 parte para Chile. Su primer puesto es el de Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda. Luego lo será del Ministerio de RR.EE. Será senador de la República desde 1837 hasta 1864 y rector fundador de la Universidad de Chile desde 1843 hasta su muerte. En Chile tiene lugar la prodigiosa cosecha de lo incubado en Londres. Una a una se van publicando sus obras de gramática, métrica, historia literaria, derecho y otros dominios. En El Araucano, fundado en 1830, irán apareciendo sólidos y amenos artículos sobre teatro, relaciones internacionales, historia, crítica literaria y educación.

Se transforma allí en Santiago en jefe intelectual del país y en maestro de América. Su obra prodigiosa continúa hasta los momentos de su agonía. Durante ella veía versos de la Iliada y de la Eneida en las paredes de su casa y se esforzaba por leerlos en alta voz. En la tumba que años después de su muerte (23 de oct. de 1898) se alzara en el cementerio general de Santiago, aún hoy van los estudiantes a inscribir sus mensajes para pedir ayuda al sabio maestro en época de exámenes.

LA OBRA DE ANDRÉS BELLO

La labor intelectual de Bello puede dividirse en cinco sectores fundamentales: a) Divulgación literaria y científica, b) Política, c) Educación, d) Derecho y e) Letras. Señalaremos a continuación los rasgos principales de cada uno de estos sectores.

a) La obra de divulgación de Bello fue extensa y abarca las tres etapas de su vida. Para este fin fundó revistas, dos célebres en Londres (Biblioteca Americana y Repertorio Americano); en Caracas había intentado crear una que se habría llamado El Lucero y en Santiago, bajo sus impulsos, comenzaron a publicarse en 1846 los Anales de la Universidad de Chile. En Santiago, desde 1830, comenzó a desarrollar una intensa labor de periodista. Publicaba en El Araucano fundamentales artículos sobre ciencia y literatura. Su obra de traducción es abundante y continuada. Tradujo obras de estudio, obras literarias, poesías, artículos y manuales. Cuando no hubo otra solución, él mismo redactó manuales de enseñanza media, como por ejemplo uno de cosmografía en 1848.

b) Bello nunca abrazó la política partidista. En este terreno su labor fue la de redactor de los mensajes presidenciales al parlamento, de redactor de las memorias del Senado y de las memorias del ministerio de RR.EE.

c) Desde su juventud en Caracas Bello impartió clases privadas. Lo mismo haría en Londres y en Chile. En este país, gran parte de los intelectuales del siglo XIX fueron sus discípulos. Como rector de la Universidad de Chile, amplió su magisterio a toda la nación y fijó las políticas educativas fundamentales del país.

d) En el terreno del derecho, sus preocupaciones se orientaron hacia el derecho romano, el internacional y el civil. Primero con el nombre de Principios del derecho de gentes, 1832, luego con el de Principios de derecho internacional, publicó una obra que lo hace ocupar el primer lugar en estas materias dentro de América. Este libro ha sido traducido al francés y al alemán y fue plagiado por el autor peruano (Pando), destacado político de ese país. El Código Civil de Chile fue promulgado el 14 de diciembre de 1855. Bello había comenzado a trabajaren él en 1834. Hay numerosas partes de este cuerpo legal que redactó hasta 5 veces sucesivas. El Senado de Chile aprobó el texto presentado por Bello sin votación. Esta obra es una magnífica síntesis de la metodología y de la técnica del código napoleónico completada con la tradición histórica ya existente en el país antes de la instalación de la República.

e) En el dominio de las letras. Bello produjo obras de filosofía, historia, latín, crítica literaria, historia de la literatura, lingüística, gramática, filología, métrica y poesía. La Filosofía del entendimiento, su obra filosófica principal, ocupa un lugar excepcional dentro de la historia de la filosofía escrita en español y un lugar no ínfimo, según José Gaos, en la historia universal de la filosofía. En ella sintetiza el pensamiento kantiano con el de Berkeley, aportando análisis y puntos de vista personales. El resumen de la historia de Venezuela lo había publicado ya en 1810. Su preocupación por la historia recobrará nuevos bríos a partir de 1844, cuando Lastarria lea en el seno de la Univ. de Chile su famosa memoria (Investigaciones sobre la influencia social de la Conquista y del sistema colonial de los españoles en Chile). Bello sostendrá la necesidad de la investigación histórica positiva antes de ocuparse de la filosofía de la historia. Sus puntos de vista se impondrán y la escuela histórica chilena seguirá sus enseñanzas. A su calidad de latinista se debe la Gramática de la lengua latina, 1838, que él publicó bajo el nombre de su hijo, recientemente muerto entonces, Francisco Bello. En cuanto crítico literario, se ocupó de problemas particulares de interpretación de obras singulares y de puntos de estética general. En este dominio mostró una comprensión amplia del romanticismo y combatió las rígidas concepciones neoclásicas de fas tres unidades dramáticas. En varias oportunidades se ocupó de la historia de la literatura. Ejemplo de esta preocupación es su magnífico Compendio de la historia de la literatura, 1850, en el que estudia las literaturas orientales, griega, y latina (en parte). Esta obra fue publicada como manual escolar y no tiene pretensiones. Pero en ella hay magníficos análisis de obras fundamentales de la tradición literaria (Ramayana, Mahabharata, la Biblia, la Ilíada, etc.). Sus preocupaciones lingüísticas lo llevaron a estudiar la lengua medieval española y algunas etimologías. Según Amado Alonso, maestro español de gran autoridad; Bello ha sido el gramático más grande del mundo. En 1847 publicó su Gramática de la lengua castellana dedicado al uso de los americanos. En una bibliografía que recoge datos hasta 1972, se pueden sumar 39 compendios editados comando como base esa "Gramática" y sesenta y tres ediciones de la "Gramática misma hechas en Santiago, Valparaíso, Buenos Aires, Bogotá, Caracas, New York, Madrid y París. En ella, Bello analiza con su método completamente actual el sistema de la lengua española en todos sus aspectos. A su calidad de eximio filólogo se debe si Poema del Cid, 1881, que aún conserva actualidad en algunos aspectos. Sus conocimientos de la métrica griega y latina le sirvieron para publicar sus Principios de ortología y métrica de la lengua castellana, 1835. Como poeta, publicó a lo largo de toda su vida composiciones de contenido americano o patriótico y tradujo obras poéticas del italiano, inglés, francés, latín y alemán. Considerable es su traducción del Orlando enamorado de Boiardo y de algunos poemas de V. Hugo. La última edición de las Obras Completas de Bello, la nacional de Caracas, va ya en 24 tomos de aproximadamente 700 a 800 pp. c/uno en volúmenes de 14,5 X 21 cm.

LA POESÍA DE ANDRÉS BELLO

Andrés Bello escribió poesía durante toda su vida. De la documentación que poseemos se puede deducir que sus primeros poemas los redactó en 1800 y los últimos en 1861. Sin embargo nunca publicó, en vida, un solo libro de poesías originales. En Londres, no se sabe en qué fecha precisa, comenzó a traducir al español el Orlando inamorato de Boiardo en la refundición hecha por Berni. De los 65 cantos de ese poema, sólo tradujo los primeros quince. La masa total de versos resultantes de tal trabajo de traducción supera los 20.000. De su poema original, El Proscrito, escribió sólo cinco cantos que suman 2.144 versos. El Orlando y El Proscrito quedaron inconclusos. Bello terminó efectivamente un solo poema de extensión mayor: La agricultura de la zona tórrida, obra de 373 versos publicada en Londres en 1826. Tres años antes, en 1823, había publicado la Alocución a la poesía que hace un total de 834 versos. Pero este es un poema fragmentario, presentado en calidad de tal por el poeta mismo. Cuando Bello publicó este poema ofrecía para más tarde una extensa composición que se llamaría "América". En ella cantaría latamente la tierra americana y las hazañas de sus libertadores. Tres años más tarde, cuando publique La agricultura, informará que ha renunciado a ese proyecto. En relación con los antecedentes anteriores se plantean de inmediato dos preguntas: ¿Por qué el poeta Bello tuvo una producción tan fragmentaria e inconclusa? ¿Qué ocurrió con el poema "América"? Bello amó profundamente la poesía. Necesitaba expresarse poéticamente. Tenía méritos de poeta y conocía perfectamente el oficio. Sin embargo no se realizó plenamente como poeta. Dotado de una concepción severa de la obligación moral, dotado de un fuerte impulso intelectual y de gran apetito de conocimientos, prefirió dedicar lo principal de su esfuerzo a escribir obras que eran necesarias a la organización social y política de las nuevas naciones americanas. Había que proteger la unidad del idioma para que no se desintegrara en múltiples dialectos, escribe una "Gramática"; habrá que organizar la vida colectiva jurídicamente, escribe el Código Civil, No hay textos de estudio para la enseñanza media ni para la Universidad, escribe manuales y compendios. Su deber de ciudadano, de patriota y de intelectual de su tiempo lo impulsó a actividades altruistas. Su amada poesía era para él una gozosa y delicada actividad personal. Ella podía esperar y ser sacrificada. No el compromiso con la patria americana.

¿Por qué ni siquiera terminó su poema "América"? Hay razones técnicas y de formación literaria que lo impidieron. Pero hay otras más fáciles de exponer brevemente. Bello fue coetáneo de los libertadores. Fue amigo de algunos de ellos. Con otros tuvo dificultades. ¿Podía mitificar a estos seres tan próximos? He ahí "na dificultad que encontró Bello y que encuentra siempre cualquier escritor.

¿Cómo transformar en producto literario la inmensidad de la cordillera y esos ríos tan anchos y caudalosos que parecen mares interiores? Hubo que esperar mucho tiempo para que esto fuera posible en nuestra literatura. Sólo en 1950 cuando Neruda publica en México el Canto general se habrá realizado, por lo menos en cierta medida, el proyecto concebido por Bello en su destierro de Londres y que no pudo llevar a cabo. Hubiera sido un hecho de una importancia enorme que el más grande de los libertadores intelectuales de América, Andrés Bello, hubiera poetizado las hazañas de nuestros libertadores políticos máximos, Bolívar y San Martín. No ocurrió así.

No ocurrió así de un modo pleno. Sí de un modo parcial. En la Alocución, Bello canta a algunos de nuestros héroes. A Bolívar lo compara con el samán, árbol nacional de Venezuela, de amplio y tupido follaje:

"pues como aquel samán que siglos cuenta, de las vecinas gentes venerado, que vio en torno a su basa corpulenta el bosque muchas veces renovado, y vasto espacio cubre con la hojosa copa

de mil inviernos victoriosa; así tu gloria al cielo se sublima, Libertador del pueblo colombiano; digna de que la lleven dulce rima y culta historia al tiempo más lejano".

En La agricultura de la zona tórrida, su mejor poema, describe los trabajos agrícolas, exalta la vida del campo y propugna una vida sana y sabia. En 45 versos presenta y describe la cornucopia americana. En ella encontramos quince elementos: la caña de azúcar, el cacao, las cochinillas que producen el carmín, el añil, el pulque, el tabaco, el café, la palma, la pina, la yuca, la papa, el algodón, la parcha, el maíz y el banano. Por los "Borradores" de sus poesías, sabemos que estos 45 versos los redactó más de 9 veces sucesivas hasta llegar a resultados que lo satisficieran. Y en efecto, en algunos casos llegó a formulaciones insuperables así, por ejemplo, el café es llamado "el arbusto sabeo" (nombre tomado de la mitológica región de Saba); el cacao, "tú en urnas de coral cuajas la almendra / que en la espumante jícara rebosa"; "...la procera palma / su vario feudo cría"; la parcha irrumpe en el poema con su grata sombra, sus colores y su plenitud vegetal: "Tendida para ti la fresca parcha/ en enramadas de verdor lozano/ cuelga de sus sarmientos trepadores/ nectareos globos y franjadas flores" y el maíz acusa su presencia aguerrida de cereal fundamental para la alimentación y la cultura indígena: "y para ti el maíz, jefe altanero / de la espigada tribu, hincha su grano".

En la cornucopia americana se mezclan el tabaco con el algodón, el ananá con el café, la papa con la caña de azúcar. Esta armonización de lo autóctono con lo extranjero, de lo americano y lo no americano, simboliza bien el perfil de la poesía de Bello y de toda su labor intelectual y artística: unir lo valioso de fuera con lo valioso americano. La síntesis de ambos elemento producirá nuestra cultura, la cultura americana. ¿Por qué gustar del cacao y no de Virgilio? ¿Por qué no conjugar en nuestra tierra americana la rica casuística tradicional ordenada en las Partidas por el rey sabio con la diafanidad lógica del Código inspirado por Napoleón? El mejor futuro de América se ordenará a una síntesis inteligente de lo autóctono y de lo aprendido fuera.

LA EDUCACIÓN Y LA CIENCIA PARA ANDRÉS BELLO

Andrés Bello cultivó en privado y públicamente la docencia y la investigación científica. En lo más profundo de su personalidad había una apetencia insaciable de claridad sobre las cosas (ciencia) y una poderosa vocación de instruir a los individuos y a los pueblos (educación). Aquí como en otros dominios, su labor fue inmensa. Nos limitaremos en lo que sigue a bosquejar tres direcciones principales de su pensamiento y acción en el ámbito de la pedagogía y la investigación: su preocupación por la enseñanza primaria o elemental, su labor universitaria y sus orientaciones para el trabajo científico.

Entre el 5 y el 12 de agosto de 1836, publicó Bello un largo artículo en El Araucano. En él definió de mano maestra el fundamento, el contenido y los medios de la enseñanza primaria. Con una visión muy actual y realista, bebida en el pragmatismo de los filósofos ingleses que había conocido y estudiado en Londres, Bello encuentra el fundamento de la enseñanza elemental en las necesidades del desarrollo económico y material de la sociedad. Para su mente clara era evidente que saber es poder. Un pueblo no podía aspirar al bienestar económico y a la solución de sus problemas prácticos más urgentes si la mayoría de su población permanecía sumida en la ignorancia. "¿Qué haremos con tener oradores, jurisconsultos y estadistas, si la masa del pueblo vive sumergida en la noche de la ignorancia; y ni puede cooperar en la parte que le toca a la marcha de los negocios, ni a la riqueza, ni ganar aquel bienestar a que es acreedora la gran mayoría de un estado? No fijar la vista en los medios más a propósito para educarla, sería no interesarse en la prosperidad nacional". El interés nacional exige la educación de la masa de sus ciudadanos. Esto impone obligaciones a los gobiernos: "Nunca puede ser excesivo-el desvelo de los gobiernos en un asunto de tanta trascendencia". El contenido de la enseñanza lo definía incluyendo fo indiscutible para la época: la lectura, la escritura, el catecismo, la gramática castellana y la religión. Pero agregaba además, con fuerza innovadora, la necesidad de instruir a los niños en los principios de la astronomía, de la geografía, de la historia e incluso de los fundamentos de la organización política del estado a fin de que la escuela preparara al futuro ciudadano respecto de sus derechos y deberes. Debían distribuirse gratuitamente a los niños textos sobre las diversas materias. Para cumplir la labor docente, Bello proponía la creación de escuelas normales de preceptores.

A la llegada de Bello a Chile en 1829 existía aún la Universidad de San Felipe. Por sus docentes, finalidades y orígenes, ésta se había convertido en una institución arcaica. En 1841, Manuel Montt, ministro entonces de instrucción pública, solicitó a Bello un proyecto para fundar una corporación de estudios superiores. A los pocos meses presentó Bello su proyecto. Este fue examinado por una comisión que se limitó, prácticamente, a su aprobación. El 19 de noviembre de 1842, el proyecto de Bello se transformó en ley de la República y se creó asila Universidad de Chile. La corporación quedaba constituida por cinco facultades cnca6e¿adas por la facultad de filosofía y humanidades. Cada facultad era dotada de 30 miembros elegidos entre los hombres más sabios y cultos que existían en el país a la sazón en las diversas disciplinas. La Universidad debía satisfacer amplísimas funciones: dirigir y fomentar en todos sus detalles la instrucción primaria, media y superior y promover el cultivo de las ciencias y de las letras.

El 28 de julio de 1843, Andrés Bello fue designado miembro de la facultad de filosofía y humanidades y rector de la Universidad, El rector duraría cinco años en sus funciones. Bello fue reelegido hasta su muerte obteniendo sólo en contra su propio voto cada vez que hubo elecciones. El 17 de septiembre de 1843, vísperas de la fiesta nacional de Chile, se llevó a cabo la instalación de la Universidad. El presidente de Chile, el general Manuel Bulnes, patrono de la Universidad, acompañado de todos sus ministros, los miembros académicos de las diversas facultades y otro público selecto escucharon con respeto y admiración el magistral discurso del rector fundador. El rector proponía a la corporación recién instalada un plan de trabajos que en lo esencial consistía, como dice su admirable biógrafo M. L. Amunátegui, "...en la aplicación de la ciencia europea a las peculiaridades de la naturaleza y de la sociedad chilena". Al año siguiente presentaba ya Lastarria su famosa memoria histórica que, en cierta medida, serviría para decantar los criterios que darían origen a la brillante escuela histórica chilena del siglo XIX. Fue el propio rector quien definió la doctrina exacta en una polémica que vio la luz en su cátedra pública habitual, El Araucano. En 1846 se fundaron por inspiración de Bello los Anales de la Universidad de Chile que pese a algunos retrasos seguirían publicándose hasta el año 1973. No hay otro ejemplo en América de una universidad creada en el período de independencia de este continente que haya tenido un rector fundador más ilustre y más sabio que la Universidad de Chile. Las directivas científicas de Bello fueron claras y decisivas para promover la investigación en Chile. Para el rector era urgente que se estudiaran las particularidades nacionales en todos los ámbitos abiertos al conocimiento. Había que estudiar la historia nacional, la flora y la fauna, la legislación, los problemas de higiene y de salud. Los investigadores chilenos (hispanoamericanos en general) debían usar la ciencia y la metodología europeas pero no e transformarse en meros repetidores de lo aprendido fuera.

"¿Estamos condenados todavía a repetir servilmente las lecciones de la ciencia europea, sin atrevernos a discutirlas, a ilustrarlas con aplicaciones locales, a darles una estampa de nacionalidad?

Si así lo hiciésemos, seríamos infieles al espíritu de esa misma ciencia europea, y la tributaríamos en culto supersticioso que ella misma condena". La misma búsqueda de un nacionalismo culto, civilizado, deslindado con conocimiento y criterio de la tradición europea, propiciaba el maestro para la creación literaria expresándose así: "...porque o es falso que la literatura es el reflejo de la vida de un pueblo, o es preciso admitir que cada pueblo de los que no están sumidos en la barbarie es llamado a reflejarse en una literatura propia y a estampar en ella sus formas". Las orientaciones que Bello propuso para el desarrollo educacional y científico de Chile eran válidas para toda nuestra América. En sus mejores momentos en los países del Nuevo Mundo ellas han sido seguidas. No sin quiebres y retrocesos. Retrocesos que a veces sumen en la mayor perplejidad. En Chile donde la Universidad es llamada sin ningún riesgo de no ser comprendido lo casa de Bello, todas las humanidades, la filosofía, las ciencias sociales, y las bellas artes acaban de ser excluidas de la Universidad. La más ilustre de todas sus facultades, a la cual perteneció su rector fundador, la facultad de filosofía y humanidades, acaba de ser borrada del mapa universitario chileno. El estudio de las letras remonta al origen medieval de la Universidad. La actual inteligencia que gobierna en Chile ha creído que se puede prescindir de ellas. Cuando antiguos estudiantes de esa facultad han rendido un mudo homenaje al maestro izando un lienzo junto a su estatua, que está situada al frente de la casa central universitaria, han sido aprisionados y relegados. El lienzo de los estudiantes decía simplemente así:

"Andrés Bello en el bicentenario de tu nacimiento los estudiantes de letras te saludan". Para los detentadores del poder en el Chile actual, el legado cultural de Bello se ha tornado peligroso. La seguridad nacional y el nacionalismo provinciano que promueven no son compatibles con la herencia espiritual, moral y científica del sabio más ilustre que ha nacido en América.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03