Destierro y Autodestierro en la Literatura Hispanoamericana

DESTIERRO Y AUTODESTIERRO EN LA LITERATURA HISPANOAMERICANA

Guillermo Araya

Literatura Chilena, creación y crítica. N 17 septiembre 1981
Trabajo del Panel de Ensayo Congreso de Literatura Chilena en el Exilio,
Jornadas Culturales Chilenas, California State University at Los Angeles, Febrero de 1980.

La literatura en lengua española se inaugura con el cantar de un desterrado. Rodrigo debe abandonar el minúsculo pueblo de Vivar, rodeado del seco mar húrgales, porque Alfonso VI lo expulsa de sus reinos. Destierros individuales y colectivos, iniciados en el siglo XI, se repetirán periódicamente en el ámbito de la Península. Pasando por la expulsión de los judíos (1492), los moriscos (1609), los afrancesados (1823), culminará con la guerra civil (1936-1939), desencadenada por los militares protectores y salvadores de la libertad y la democracia.

Las Indias Occidentales ingresaron a la historia europea rodeadas de una atmósfera de maravilla. El diario de Colón, las cartas de relación (Cortés, Valdivia), las crónicas iniciales, el homenaje emocionado del mestizo a su tierra materna (Garcilaso el Inca), la estupenda sonoridad y vigor literario de la epopeya (La Araucana) (1), afirmarán y extenderán la magia del Nuevo Mundo en una Europa asombrada y perpleja. La esclavitud y la matanza del indio se mezclará inextricablemente a la maravilla caballeresca, formando "la otra cara de la moneda pagada por la incontenible ansia de oro del conquistador español.

Desde los primeros momentos el orden colonial va a conocer guerras civiles, disputas mortales de los conquistadores entre sí, guerras breves o prolongadas con los indígenas, hasta llegar a los primeros levantamientos manejados por la burguesía criolla, pero a través de los tumultos populares, del siglo XVIII (2). En el último tercio del S. VXIII se produce la expulsión masiva de los jesuitas, de España y de Hispanoamérica. Realizada la independencia de nuestra América, las naciones anarquizadas del siglo XIX sufrirán continuos destierros de sus politices e intelectuales. Con menor frecuencia seguirá ocurriendo esto durante el siglo XX, pero hacia 1970 se produce un recrudecimiento que supera todos los limites. La culminación de esta constante histórica se da en Chile, país en el cual las fuerzas armadas declaran la guerra torcida (3) y brutalmente al pueblo que las sustenta, legitima y origina.

Desde la Colonia hasta ahora, el hombre hispanoamericano ha abandonado su patria por destierro o autodestierro. Es muy fácil definir la primera situación. Cada vez que una autoridad legítima o ilegitima ha tenido el poder para hacerlo y lo ha considerado necesario, ha expulsado de su patria a individuos singulares o a grupos mas o menos numerosos; la segunda, el autodestierro, es más compleja porque ofrece una gama más amplia de casos. El trabajador chilote en la Patagonia argentina y el bracero mejicano en los EE.UU, han decidido libremente abandonar su patria. Si lo quisieran podrían haber permanecido en sus tierras respectivas. Pero para ellos esta libertad es meramente teórica. Lo mismo que para los trabajadores huéspedes en Europa (entre ellos los numerosos españoles y portugueses), la elección no existe. Salvo que se tenga por libre elección el hecho de expatriarse para comer o morirse de hambre. Caso muy diferente al de ellos representan hombres como Ovalle o Neruda (antes de 1948) cuando salidos al extranjero voluntariamente, sienten de pronto la nostalgia y el ansia de su tierra, O el voluntario vagabundaje por el mundo de Gabriela y el empeño de Huidobro por vivir en Francia para disputar las orientaciones de la poesía de vanguardia a los surrealistas acuartelados en París.

En las páginas que siguen pasaré revista, someramente, a algunos escritores hispanoamericanos de una clase y de otra a lo largo de los siglos y épocas diversas, poniendo el acento, por razones obvias, en los de nacionalidad chilena.

Siglo XVIII

Iniciándose el siglo XVII , en 1601, nace en Santiago Alonso de Ovalle. Sacerdote jesuita, en 1641 su orden lo envía a Roma para gestionar asuntos de interés para ella. Indignado por la ignorancia que en Europa existía sobre su patria, decidió escribir un libro para darla a conocer a los displicentes europeos. Así surgió la Histórica Relación del Reino de Chile, publicada en Roma en 1646. Desde su aparecimiento hasta hoy, este libro ha gozado de una alta estimación por las extraordinarias dotes de escritor de Ovalle. Su pericia descriptiva corre a parejas con su profunda competencia idiomática. El Diccionario de Autoridades de la Academia Española lo cita en mil cuatro oportunidades diferentes para sancionar usos de la lengua tenidos por ejemplares (4). A la distancia, su recuerdo emocionado le lleva diestra y ligera la mano a entonar una alabanza de Chile. Todos los historiadores de la literatura y los antologadores glosan o reproducen su estupenda descripción de la Cordillera, alta cumbre de cuya altura se ve llover a los pies y transforma el arcoiris en una tarima (escóbelo, dice el) sobre la cual se yergue el contemplador bañado de luz, de cielo azul y de un aire tan puro y fino que embriaga.

Menos embriaga el vino de murtilla de acuerdo con la entusiasta descripción de él que hace Antonio de Herrera suscrita por Ovalle: "De ellas (las murtillas) se hace vino, que es mejor que todos los brebajes... Este vino es claro, sutil, caliente y agradable al gusto, provechoso al estomago, consume los humos de la cabeza y su calor calienta las orejas sin subir mas arriba, y el estómago, echando el frío fuera; ayuda a la gana de comer y no la quita jamás, no da pesadumbre a la cabeza ni al estomago...su color es dorado y muy claro y tan suave como el vino de Ciudad Real " (op. cit., p, 78). En el mejor de los casos, la comparación con lo europeo o con Europa es de similitud como en este caso. Lo más frecuente es que Chile esté muchos codos sobre lo observable en Europa como ocurre con algunas de sus frutas, que en Chile

"...no se compra, sino que con facilidad dejan entrar en las huertas y a comer la que quieren. Sólo la que llaman frutilla, y en Italia frauli, se vende, porque aunque es propia de la tierra..., hace tanta ventaja a las demás, que los que la cultivan hacen mucho dinero de ella, son muy diferentes de las que he visto aquí en Roma así en el sabor como en el olor y en (el tamaño), porque crecen tan grandes como peras, y aunque de ordinario son rojas, las hay también, en la Concepción, blancas y amarillas " (op. cit., p. 24, yo subrayo).

La naturaleza es dulce en Chile y sus manifestaciones estentóreas y peligrosas no tienen curso en sus dominios:

"La otra buena calidad de esta tierra es estar libre de rayos, porque jamás cae ni uno, algunos truenos se oyen alguna vez pero estos muy de lejos en la Cordillera " (p.17). Pero Chile no sólo es más dulce y ameno que Europa sino que no admite tampoco comparación posible con las otras tierras americanas. Sirva como prueba la falta de futuro que la chinche tiene en nuestra patria:

"No es de despreciar otra particularísima gracia y ventaja de esta tierra, y es que no cría ni consiente chinches; no vi una jamás, y es esto mas de maravillar, habiendo tantas de la otra banda de la Cordillera, donde esta la provincia de Cuyo, de donde las que tal vez pasan entre la ropa y cajas de los pasajeros, al punto que reconocen el aire de Chile se mueren. Fue admirable la experiencia que de esto hizo un curioso, o mal intencionado, que pasando de (Cuyo a Chile) (5) trajo estos animalejos en parte bien acomodada donde se pudiesen conservar, y fue cosa maravillosa que apenas llegaron al valle de Aconcagua..., cuando se murieron todas, sin quedar una viva" (p. 17, yo subrayo).

Este admirable apologista de Chile no logró ver de nuevo la patria. De regreso de Europa, murió en Lima en 1651 víctima de una fiebre maligna (6).

Siglo XVIII. Los jesuitas en el destierro.

En términos de hoy diríamos que ia compañía de Jesús fue vista por las monarquías portuguesa, francesa y española como una compañía multinacional que amenazaba la economía, la independencia y la eficacia administrativa del estado. Los jesuitas fueron expulsados de Portugal en 1759, de Francia en 1764, en 1767 de España y sus dominios, y la acción conjugada de estas dos últimas potencias obtiene la disolución de la orden en 1773 luego de una sostenida presión ejercida sobre el Papa Clemente XIV. Voltaire describe satíricamente en Candido el estado dentro del estado que los jesuitas hablan creado en Paraguay. No en todas partes lograron un dominio tan grande, pero la compañía era muy fuerte política, económica e internacionalmente. Su extenso y notable sistema de enseñanza, el más eficaz y activo de la época, permitíale ejercer una influencia continuada sobre la capa social dirigente y administrativa, incluso sobre la nobleza. En el siglo XVIII la Compañía había alcanzado un enorme poder económico basado en el comercio, la agricultura y la industria. En su seno convivían sacerdotes españoles, criollos, alemanes, polacos y de otras nacionalidades haciendo de ella una organización con peso e influencia supranacionales.

Los jesuitas hispanoamericanos se vieron en término de algunas horas embarcados rumbo a Italia. La gran mayoría no llevó consigo sino las vestimentas que los cubrían en el momento de su aprehensión. Por un camino u otro, todos recibieron asilo en los estados vaticanos. Su residencia obligada en Italia explica que casi toda la obra producida por los jesuitas de lengua española apareciera publicada en italiano. Los bienes de la Compañía sitos en América fueron realizados y los caudales recogidos ingresaron a las arcas de la monarquía española. En este sentido el ataque a la empresa multinacional no fue de beneficio para los pueblos hispanoamericanos sino para la metrópoli. Con todo Carlos III asignó una pensión de $100 anuales a los sacerdotes y de $90 a los legos, conducta que no han imitado los dictadores sucesivos de nuestra América. Los jesuitas desterrados fueron víctima de una profunda y creciente nostalgia. Todos se sentían erradicados de su tierra americana, añoraban el clima y el paisaje patrio, se dolían de la privación de las comidas y bebidas de su tierra. En ellos se desarrolló intensa y profundamente un patriotismo americano que les sirvió como sostén principal para mantener su propia identidad.

La reacción masiva de ellos fue ejemplar. Para hacer frente al dolor siempre presente del destierro, se lanzaron encarnizadamente al trabajo intelectual. Estudiaron, investigaron y escribieron. Para muchos, el medio de rescatar el país lejano consistió en escribir sobre su nación de origen; otros se evadieron en la especulación teológica o en las pacientes investigaciones de la historia natural y de la historia civil como se decía entonces. Tal vez hasta hoy, la de estos jesuitas es la creación intelectual masiva más valiosa y abundante de un grupo de desterrados hispanoamericanos. Francisco Javier Clavijero (1731-1787) publicó en 1780, en Cesena, su Storia Antica del Messico. José Joaquín de Mora publicó la traducción española en 1826, pero desde 1945 contamos con el texto español original (7). Esta extensa obra que narra el período indígena de la región mexicana hasta el asentamiento definitivo de Cortés en el imperio azteca, es un prodigio de información, buen juicio, rigor científico, valentía intelectual, saber y amor a la patria. Como ocurre frecuentemente con los buenos escritores del siglo XVIII su prosa es completamente actual y su mentalidad es ya la del investigador de hoy. Con una vasta información, Clavijero avanza meticulosamente, grada a grada, por la compleja historia del México antiguo. Hombre del siglo XVIII, ilustrado y enciclopédico, critica, desmiente y a veces ridiculiza las afirmaciones de los sabios europeos que sin haber estado en América la cargan de defectos o de vicios, en sus hombres y en su naturaleza. La Condamine, Pauw y Buffon son sometidos a detenida y maciza crítica. La obra de Clavijero gozó de un éxito casi inmediato. En 1787 aparece la traducción inglesa de su libro y entre 1789-1790 la alemana. Refrenado por su espíritu científico y por sus afinadas dotes críticas, el desterrado tiñe de pronto con su amor nostálgico las realidades de la tierra materna perdida para siempre. Tratando el tema del indígena mexicano en un tono de objetividad y de certero observador, exclama de pronto:

"Jamás han hecho menos honor a su razón los europeos que cuando dudaron de la racionalidad de los americanos" (op. cit., p. 45).

Sin modificar en lo más leve su actitud objetiva, el buen fraile ha escrito un poco antes:

"Jamás se percibe de la boca de un mexicano aquel mal aliento que produce en otros la corrupción de los humores o la indigestión de los alimentos. " (Yo subrayo).

Próxima la invasión de Cortés, Moctezuma y su gente observaron la aparición de un cometa. El rey quiso de inmediato conocer una interpretación certera sobre este acontecimiento. Luego de consultar inútilmente a sus astrólogos, Moctezuma somete el caso a consideración del rey de Acolhuacán, amigo suyo. El rey de Acolhuacán le dice que el cometa anuncia futuras desgracias por la venida de nuevas gentes a ese reino. Moctezuma no acepta esta interpretación y ambos reyes deciden que un juego de pelota sirva para transar el desacuerdo. Clavijero opina acto seguido a su narración que ambos reyes se mostraron necios y supersticiosos al buscar tal expediente decisorio. Pero de inmediato observa que esto era "menos perjudicial que la de los antiguos europeos que libraban a la barbarie del duelo y a la incertidumbre de las armas, la verdad, la inocencia y el honor " (op. cit., p, 138). Lo mismo que Ovalle, Clavijero recuerda a los europeos conductas propias del viejo continente para que no se refieran con menosprecio a las americanas. Esta es la misma actitud que adopta cuando desmiente a Pauw y a La Condamine sobre la inexistencia en náhuatl de palabras abstractas, filosóficas. Les recuerda que Cicerón tuvo serias dificultades para traducir los términos de la filosofía griega no obstante que el latín se encontraba entonces en su cumbre: "¿Cuantas veces se vio (Cicerón) precisado a crear nuevas voces equivalentes en algún modo a las griegas, porque no las encontraba entre las voces usadas por los romanos? " (op. cit., p. 546). Según Clavijero, el náhuatl, como las demás lenguas indígenas americanas, tenía las mismas virtualidades comunicativas y las mismas dificultades que las lenguas europeas más evolucionadas. La crítica de todos los tiempos acuerda a Juan Ignacio Molina (1740-1829) uno de los más altos pedestales por su sabiduría, su ciencia y su cultura. No es un azar que el año de su muerte coincida con el de la llegada a Chile de A. Bello. Ambas figuras se ofrecen emparejadas al espíritu por su heroica devoción al conocimiento y a la tierra americana. El Saggio sulla storia naturale del Chili, Bolonia, 1782 y el Saggio sulla storia civile del Chile, 1787, fueron apreciados de inmediato como obras científicas de gran trascendencia y traducidos muy prontamente, al alemán en 1786 y 1791, al español en 1788 y 1795, al francés en 1789, al inglés, en Estados Unidos en 1808 y en Inglaterra en 1809.

No corresponde aquí introducirse en esta obra admirable. El recuerdo de este sabio sólo se justifica por su carácter de ejemplar: así fue como un chileno del siglo XVIII desterrado en Europa engrandeció a su tierra. Y también he invocado su nombre por una anécdota que nos transmitió Vicuña Mackenna. Cuenta este otro gran chileno que en 1856 alcanzó a conocer a Cumila Zinni, la mujer que lo cuidara y que recibiera del abate Molina la pequeña casa que sus discípulos de habían obsequiado, como agradecimiento póstumo de su parte hacia ella. La buena mujer refirió a Vicuña los últimos días del abate. Entre sus recuerdos señala que delirando bajo los efectos de la fiebre el abate no cesaba de pedir agua fresca de la Cordillera de Chile.

Manuel Lacunza (1731-1801) manifestó muy pronto su inclinación por la ciencia y la especulación. Todavía en Chile mostró gran interés por la astronomía y las matemáticas. Muy poco después de su radicación en Imola, se retiró a los arrabales de la ciudad y vivió como un anacoreta entregado al estudio y a la meditación. De su absorbente trabajo nació La venida del mesías en gloria y majestad. En el cuidadoso trabajo de fino ebanista teológico, escriturario y reflexivo, Lacunza encontró una evasión ideal para su suerte de desterrado. La nueva venida de Cristo y su reinado de un milenio en la paz y armonía de todos los hombres que hubieran existido le parecía un premio más que sobrado a este santiaguino de salud frágil pero de enorme fuerza espiritual. Sabemos por sus cartas, sin embargo, que el regreso a Chile significaba para él algo tal vez más apetecido que el milenio que se prometía con su saber teológico. En una carta aparentemente humorística escribió en 1788:

"Actualmente me siento tan robusto que me hallo capaz de hacer un viaje a Chile por el cabo de Hornos. Y, pues nadie me lo impide ni me cuesta nada quiero hacerlo con toda mi comodidad, En cinco meses de viaje felicísimo llego a Valparaíso, y habiéndome hartado de pejerreyes y jaivas, de erizos y de locos, doy un galope a Santiago: hallo vivo a mi venerable abuela, le beso la mano, la abrazo, lloro con ella, abrazo a todos los míos entre los cuales veo muchos y muchas que no conocía, busco entre tanta muchedumbre a mi madre y no la veo, busco a Soloscasas, a Varela, a mi compadre don Nicolás, a Azúa, a Pedrito y a mi ahijada Pilar, y no los hallo. Entro en la cocina y registro toda la casa, buscando a los criados y criadas antiguos y no hallo sino a la Paula y a la Mercedes. Preguntóle a ésta dónde está su señora y a la Paula donde está su amo don Manuel Díaz, y dónde está mi mulato Pancho: y no me responden sino con lagrimas, y yo los acompaño llorando a gritos sin poder ya contenerme más.

No obstante, por no perderlo todo, me vuelvo a lo cuadra que hallo llena de gente, procuro divertirme y alegrarme con todos; les cuento mil cosas de por acá, téngalos embobados con mis cuentos; cuando no hallo mas que contar, miento a mi gusto; entre tanto, les como sus pollos, su charquicán y sus cajitas de dulces, también los bizcochuelos y ollitas de Clara y de Rosita. Y habiéndome llenado bien mi barriga para otros veinte años, me vuelvo a mi destierro por el mismo camino y con la misma facilidad " (8).

Lacunza fue encontrado muerto en su arrabal de Imola ahogado en el río Santerno una mañana de verano. Nunca pudo paladear de nuevo los pejerreyes, las jaivas, los erizos, los locos ni el charquicán. En 1794 acuñó este aforismo: "Sólo saben lo que es Chile los que lo han perdido."

El guatemalteco Rafael Landívar (1731 -1793) eligió el latín para exaltar su tierra. En su Rusticatio Mexicana, publicada en Módena 1781 y aumentada en Bolonia,1782, se inscribe derechamente en la tradición de las Geórgicas de Virgilio, pero a pesar del latín la obra está traspasada de lo americano autóctono: el guajolote, el zopilote, el cenzontle. Su obra anticipa en gran parte las silvas americanas de Bello.

Siglo XIX

Bello había partido a Londres ¡unto con Bolívar en 1810. La comisión de patriotas se proponía conseguir el apoyo de un imperialismo, el inglés, para liberarse de otro, el español -- situación que ha seguido repitiéndose a través de los tiempo. Bolívar regresa a Caracas para alcanzar la gloria. Otros emisarios van y vienen a Europa, pero Bello sigue enredado entre las brumas de Albión. Su tierra materna, el trópico, lleno de luces, aromas y colores, se transforma en un nostálgico recuerdo de días mejores. Bello vive como puede sin perder su dignidad. Vorazmente va ingiriendo los conocimientos almacenados en el British Museum. Llena innumerables cuartillas con su difícil y menuda letra. Funda revistas, la Biblioteca Americana y el Repertorio Americano, escritas casi íntegramente por él. Concibe ambiciosos proyectos científicos y docentes para su tierra americana. Pero la estrechez económica y el frío de Londres no se borran por eso. Siguen pesando día tras día y hermoseando aún más en su recuerdo la tierra venezolana.

Decide cantar al Nuevo Mundo en un colosal poema épico-descriptivo que intitula América. Su perfeccionismo y sus múltiples tareas impiden la culminación de este propósito. Publica fragmentos en 1823 y en 1826, fragmentos a los cuales la crítica ha llamado después Silvas Americanas. Dada su formación neoclásica y su severa y sostenida reserva, su nostalgia de desterrado se vierte en una poesía objetiva de exaltación americanista. Las frutas, la vegetación, el clima y los consejos geórgicos para el manejo agrícola de las tierras vírgenes desfilan en su poesía. El canto de la naturaleza patria desde Londres opera en él como una recuperación de su terruño. En la Alocución a la poesía (1823) el objetivismo descriptivo y naturalístico sufre una breve interrupción de 20 versos (169-188). Tímidamente el poeta manifiesta su deseo de ser transportado mágicamente junto con la poesía a las riberas del Cauca y del Aragua, de gozar de los dulces aires temperados del trópico y de recoger con sus ojos la luz de la Cruz del Sur y de las luciérnagas. Expresado esto, el poeta vuelve abruptamente a su postura objetiva e impersonal. La publicación de sus poesías inéditas y de sus borradores han permitido descubrir que estos 20 versos se sumaban a 74 mas en el poema original y que el poema es una maravillosa elegía en la que un desterrado americano se queja con depurada nostalgia y elevada hondura filosófica de su suerte (9). No me detendré latamente en este hermoso poema porque ya lo he hecho en otra parte (10). Sólo recordaré alguno de sus rasgos fundamentales.

El recuerdo del paisaje se completa en el poema con las sonoridades del "yaraví doliente" y con amenidades que traen al recuerdo las églogas de Garcilaso y las odas de Fray Luis. Pero, además, el poeta comienza a evocar a sus amigos que han tenido suertes muy variadas; unos están desterrados realizando trabajos indignos, otros están encarcelados y una cantidad no despreciable yace bajo "losa funesta." Por último, el poeta imagina el destino más halagüeño posible. Después de tantos años de destierro finge su regreso a la tierra patria. Este regreso imaginario le sirve para expresar la tragedia existencial, en cuanto temporal, del hombre:

Visitaré la cumbre, el verde soto,
El claro río, y la cañada amena:
Mas a vosotros ¡ah! mirar no espero
No con alborozada enhorabuena
Saludarme os oiré; no al cariñoso
Regocijado seno he de estrecharos,
Diré a los ecos: los amigos caros,
La amada, el confidente, el compañero,
¿Do están, a do son idos?
Idos dirán los ecos condolidos,
Y en mi Patria ¡ay de mí! seré extranjero!

Bello recuperó la tierra americana después de 19 años de destierro en Londres. No obstante su labor y su éxito prodigiosos en Chile, se siguió considerando desterrado toda su vida. Así lo prueban otros poemas suyos y sus cartas privadas (11). Bello representa muy bien la reacción del desterrado de formación y gustos neoclásicos. Su actitud es severa, decantada y se objetiva en un profundo mensaje filosófico. El destierro romántico está bien ilustrado por la pléyade de escritores argentinos víctimas del rosismo. Estentóreos, polémicos, lacrimógenos, sentimentales, truculentos y de una adhesión pasional y agresiva al liberalismo libertario de la época. Mármol, Sarmiento, Gutiérrez, Alberdi, se extienden por Chile, Uruguay y Brasil como lava hirviendo que hace fermentar los espíritus y la insurgencia contra todo tipo de poder autoritario. Recortado su destierro al ámbito americano, no cuajará en literatura de acentuada nostalgia. Tal vez más que ahora, nuestra América era entonces la patria grande de todos los americanos. Ello permitió a los escritores argentinos desterrados plegarse con facilidad a la vida de los países que los acogieron y participar plenamente en sus luchas y alegrías. Como todo buen realista, A. Blest Gana dio cabida en sus novelas a gustos y conductas románticos. Personajes como Rafael San Luis de Martín Rivas y Abelardo Manríquez de El ideal de un calavera tienen un sino romántico que va desde la notable palidez del rostro hasta su sacrificio pasional e inútil por ideales libertarios y amorosos inextricablemente unidos. De las diez y siete novelas que escribió Blest Gana, seis son de calidad: La aritmética en el amor, Martín Rivas, El ideal de un calavera, Durante la Reconquista, Los trasplantados y El loco Estero. Las dos últimas surgen directamente de su condición de desterrado voluntario, pero ambas son de temple, mensaje y visión de mundo diametralmente opuestos. Cuando se publica El loco Estero en 1909, el escritor tiene 79 años. Pone como subtítulo a su obra Recuerdos de niñez. Indicio que ayuda a comprender cuál fue su propósito: revivir por última vez intensamente los años infantiles de su primera década de existencia. Novela lúdica, suerte de Tom Sawyer chileno, traspasada de luz, gracia y picardía. Su espacio es el Santiago con viejas casonas de adobes, acequias a tajo abierto y con un cielo enfiestado por un techo primaveral de volantines (cometas).

Radicalmente distinto es el espacio y el clima en Los trasplantados. Aquí estamos en el París sórdido de las cocottes, cínico de la nobleza tronada que busca vender a buen precio su abolengo, arribista, infantil y desarraigado de los rastaquouères, que imitan como simios los gustos y las modas parisinos y que han renegado escandalosamente sus respectivas patrias ultramarinas. Como en prácticamente toda la novelística de Blest Gana, aparecen las esferas sociales de la burguesía rica y de la pequeña burguesía menesterosa (12). Una y otra están vistas en un proceso de caída paulatina y fatal. La familia Canalejas se hunde con las frivolidades de la madre, doña Quiteria, de las hijas, Milagritos y Dolorcitas, con la corrupción del hijo, Juan Gregorio, sumido en la bohemia y el alcoholismo creciente, y del padre que ve aproximarse una bancarrota sin reaccionar y que emplea su tiempo en reuniones sexuales clandestinas con menores de edad. Mercedes, la abuela Regis y Patricio, personajes nobles de la novela, son vencidos. Mercedes se suicida, la abuela se somete y Patricio carece del coraje suficiente para modificar el destino de estos dos personajes y el suyo propio. Sagraves, el rastá de la pequeña burguesía, se suicida junto con su amante francesa y su hija, aplastado por el dolor y la miseria. El narrador emplea la técnica minuciosa e implacable del naturalismo. Es la única novela de Blest Gana en la que su realismo costumbrista está desplazado por las técnicas y la visión del mundo de la escuela de Médan. El mensaje de la novela es nítido y lapidario: los desarraigados de su propia patria van de cabeza al fracaso y a la corrupción. Blest Gana había abandonado Chile en 1866. En 1870 se radicó en París y ya no volvió a Chile. Fue un desterrado voluntario o quizás forzado por su familia que se había hecho parisina. ¿Refleja su novela Los trasplantados el destino que él vio cumplirse en muchos miembros de la burguesía hispanoamericana de desarraigados de sus tierras de origen? ¿Refleja también la suerte de su propia familia? La primera pregunta tiene una respuesta afirmativa más allá de toda duda. La segunda no puede responderse porque los biógrafos de Blest Gana guardan escrupuloso silencio sobre sus descendientes (13).

No es abarcable en pocas líneas la poderosa voluntad de autodestierro que representa el modernismo en la literatura hispanoamericana. Ya los llamados precursores de este movimiento buscaban por diversos derroteros la evasión de su medio, excepto Martí que estuvo buscando siempre el camino de retorno a su isla y que no lo encontró sino en el momento de su muerte.

Rubén Darío presenta una síntesis esencial de los encuentros y las fugas del modernismo. Ciñéndose a la perspectiva con la cual estamos analizando aquí nuestra literatura, podríamos afirmar que Rubén se siente desterrado no cuando está fuera de su Nicaragua natal sino cuando está espiritualmente o físicamente fuera de Francia. Es sabido que Rubén amó también a España y la tradición hispánica y americana. Pero cordialmente, en lo más íntimo de sí mismo, su patria libremente escogida fue Francia. Esta elección del corazón la estableció reiteradamente en Prosas Profanas. En las Palabras preliminares afirmó: "mi esposa es de mi tierra; mi querida, de París." Su apertura hacia el mundo era Francia. Prefería la captación de los valores universales a través del tamiz francés antes que percibirlos directamente:

Amo más que la Grecia de los griegos
la Grecia de la Francia, porque en Francia,
al eco de las Risas y los juegos,
su más dulce licor Venus escancia.

(Divagación, de Prosas Profanas)

Y desde luego, sin empacho ninguno, proclama la supremacía de Francia sobre Grecia:

Verlaine es más que Sócrates (Ibid)

El amor refinado e intenso de Rubén por el arte -el poeta es el verdadero héroe de la poesía modernista- y su viva concupiscencia de la "Venus de carne y hueso," creían encontrar en París el templo en que Minerva y Afrodita se asociaban a la perfección:

En París reinan el Amor y el Genio (Ibid) (14)

Siglo XX

Vicente Huidobro fue también un gran apasionado de París y de Francia, En sus años de mayor impulso y creatividad escribió tanto en francés como en español. Por noticias que dejó de sí mismo, sobre todo en su producción en prosa, sabemos que el amor tuvo para él una gran importancia. Sin embargo, su devoción francófila se manifiesta en su poesía especialmente. Ve en París el centro de la cultura y la inteligencia humanas. En su poesía, Francia tiene sobre todo los atributos de Minerva y desaparecen la conductora espiritual y cultural de todos los pueblos:

La tierra se pierde entre los astros cuando le impiden guiar su marcha. (15)

La existencia de Francia es también indispensable al hombre por su gracia, por su belleza:

Oh necesaria a la tierra como la primavera (16).

El poeta ve en Francia a su madre. Sus relaciones con ella se han echo tan profundas y entrañables que la canta como un hijo incestuoso, con amor arrebatado:

Oh bien amado Oh grito de sangre
Te siento palpitar en mi garganta
Paloma herida en sus montañas
Oh princesa sorprendida en la emboscada

("El hijo canta a la madre dolorosa").

Lo más valioso de su ser proviene de esta madre sabia y bella:

Yo te digo al oído las palabras de mi alma
Porque ella te debe su mitad más profunda. (Ibid)

El casi permanente autodestierro de Huidobro en Europa, y especialmente en Francia, se explica por la libre elección de una cultura y un país que para él era mas interesante que el propio. Rodeado de su paisaje y de su atmósfera, se sentía existir plenamente. La francesa era para él la vida verdadera, auténtica, y no la vida derivativa que hubiera llevado en Chile. Sería absurdo querer mal a Huidobro por esta valoración que parece ser en él muy sincera. Lo importante para la historia de la literatura es comprobar que con esto, o a pesar de esto, escribió una maravillosa poesía. Sin dificultad mayor se puede calificar de cosmopolita la obra poética de Huidobro. Esta calificación no borra el hecho de que el cosmopolitismo es, precisamente, una característica notable y continuada de la literatura -y de la cultura- hispanoamericana. Y precisamente este carácter es el que hay que explicar y comprender. Su preferencia por Paris tiene un significado muy diferente al de un simple capricho de niño mimado. Antes de él hubo ilustres autodesterrados en Francia y después de él ha seguido habiéndolos. Alguna vez habrá que plantear a fondo el sentido de todo esto. ¿Por qué Francia (o París) ha atraído a los hispanoamericanos desde comienzos del siglo XIX hasta hoy como una Circe irresistible? Huidobro da una respuesta, Rubén otra. Tal vez haya que buscar más profunda y extensamente e intentar llegar a un conocimiento suficiente del cosmopolitismo cultural hispanoamericano y por qué esta apertura hacia el exterior ha tomado para algunos dominios, la literatura y el arte especialmente una orientación marcadamente francesa.

La poesía de Neruda debe mucho al autodestierro y al destierro.

Desde el comienzo hasta el final de su producción, el proceso ausencia-presencia de Chile juega un gran papel en esa obra. Entre sus libros póstumos, Elegía tiene su centro geográfico absoluto en Moscu. Es el centro espacial desde el cual el poeta escribe, pero además es el centro del universo, la cosmopolis que orienta los procesos históricos y sociales del mundo de hoy. También, desgraciadamente, la capital en la cual algunas actividades artísticas importantes (la pintura, la escultura) han sido gravemente amputadas. En sus Memorias, Neruda ha descrito con intensidad alucinante lo que significó para su experiencia de hombre y de poeta la soledad planetaria de su estancia en Oriente. Como magnifica respuesta a esa soledad desamparada surgieron las Residencias. El poeta eligió libremente irse a esas lejanías y soledades y ellas marcaron a fuego su vida y su poesía.

Gran parte del Canto general se escribió bajo la persecución de González Videla. En este caso el poeta era cazado y obligado a huir y exiliarse. Esta circunstancia quedó señalada para siempre en el cuerpo extenso de ese poema.

El continuo estar fuera acentuó cada vez con más fuerza la adhesión del poeta a la tierra chilena, incansablemente cantó al bosque mapuche, al gran océano, a las arenas de Isla Negra para sorprender el secreto de su tierra materna. La intensidad de su canto a Chile encuentra su origen en una proporción importante en la nostalgia e idealización que el destierro y el viajar continuo fueron depositando en su espíritu.

Cortázar representa una postura literaria diferente a la de Huidobro y Neruda. No reconoce en Francia su única madre como el primero ni usa el exterior como vía de recuperación de la tierra materna como el segunda. Rayuela ilustra bien su centaurismo literario. El mundo para Cortázar se divide en dos hemisferios principales: Del lado de allá (Paris, Francia), del lado de acá (Buenos Aires, Argentina). Toda su producción literaria ha sido escrita en la lengua española propia del porteño argentino. Gran parte de ella se reparte entre los dos hemisferios señalados, el parisino y el bonaerense.

Rasgo notable de esta literatura del autodestierro es la necesidad de nutrirse simultáneamente de París y del habla familiar porteña. Sólo un nivel de gran madurez de nuestra literatura y la maestría absoluta de Cortázar de los diversos niveles del idioma español y de sus registros expresivos podían resultar en una literatura como la suya. No busca la elegante y depurada corrección del español culto de Darío, no publica en francés para imponerse en Europa como Huidobro, usa el habla de su país sin ningún complejo y así la universaliza y universaliza al mismo tiempo la literatura hispanoamericana. Se produce así un doble movimiento sintético, por una parte argentiniza (americaniza) París y por otra galifica (hace francés, parisiense) lo argentino (americano). La literatura de Cortázar parece cerrar un ciclo. Por fin París pasa a ser tanto hispanoameiicano como europeo y lo hispanoamericano se hace también universal a través de Francia sin perder su sello original.

Ahora

Después de los golpes militares de Uruguay, Chile y Argentina, un exilio masivo ha golpeado a nuestra América. Los escritores, intelectuales y artistas se han dispersado por países de diversos continentes. Tal vez nunca en la historia de Hispanoamérica había sido el exilio tan numeroso. Personas que nunca habían escrito lo hacen ahora por centenares. Quieren desesperadamente contar lo que vieron o sufrieron. Quieren manifestar sus sentimientos y sus angustias. En el extranjero, se fundan revistas de amplia difusión. Aparecen publicaciones esporádicas y locales. Novelas, cuentos, dramas, poemarios y ensayos se editan en los países más diversos y en numerosas lenguas europeas y en algunas no europeas (17).

A los escritores propiamente tales se ha sumado así una falange nutrida de personas impulsadas a escribir por su situación de desterrado y de víctima de los regímenes dictatoriales. La literatura de testimonio ha cobrado así un gran vigor. Varios son los estudios que existen ya de esta literatura testimonial y otros se preparan (18). Algunas obras literarias de mérito se han publicado, pero creemos que la intensidad de la catástrofe dará origen a expresiones literarias de un rango estético y de un valor más permanente. El enfriamiento emotivo de la tragedia en los afectados producirá la lucidez necesaria para el trabajo literario de alta calidad.

El siglo XX no ha querido transcurrir sin hacer, en su último tercio, su aporte a la secular tragedia hispanoamericana colectiva del destierro.


Notas:

1. Mi colega y amigo, L. Iñigo - Madrigal, me observa que Alonso de Ercilla fue ef primer escritor de nuestra América desterrado; en efecto, luego de salvar difícilmente la vida a causa del excesivo celo punitivo de don García, "el mozo capitán acelerado." éste lo desterró de Chile para castigar su belicosidad contra don Juan de Pineda. V. José Toribio Medina, Vida de Ercilla. (México: FCE, 1948) pp.77 y ss.

2. V. Joseph Pérez. Los movimientos precursores de la emancipación en Hispanoamérica, (Madrid: Alhambra,1977).

3. En la cárcel de Valdivia, el abogado Pinto Viel -que no sé cómo habría hecho ingresar a ella el código militar- me mostraba los artículos correspondientes de ese cuerpo legal de acuerdo a los cuales, según los militares golpistas, estábamos encarcelados, y me hacia observar que esos militares tampoco respetaban dichas disposiciones. Primero cometieron la monstruosidad inaudita e inédita de declarar la guerra al pueblo de Chile; segundo, torcían y desfiguraban esa situación promovida por ellos al no respetar la legislación según ellos aplicable a dichas circunstancias. Es claro que la muerte del abogado Pinto Viel en prisión no se debió sólo a su indignación jurídica.

4. Alonso de Ovalle, Histórica Relación del Reino de Chile Santiago: Edit. Universitaria, 1969) p. XIV.

5. El texto trae los términos invertidos, pero por el sentido se puede deducir que es errata de imprenta o lapsus calami del propio Ovalle.

6. Precisiones sobre la composición, la evolución del texto de la edición príncipe, la versión italiana y otros aspectos filológicos y lingüísticos, pueden consultarse en Mario Fereccio, "Presupuestos para una edición critica de la 'Histórica Relación del Reina de Chile ', de Alonso de Ovalle."Revista Chilena de Literatura, Nº. 2-3 (Santiago, primavera de 1970) pp. 7-41.

7. Historia antigua de México (México: Colección de Escritores Mexicanos) .Citaré por la edición de la Edit. Porrúa, México, 6a. edición, 1979.

8. Las cartas de Lacunza fueron publicadas por Juan Luis Espejo en la Revista Chilena de Historia y Geografía, IX, pp. 212 y ss.

9. Andrés Bello. Borradores de Poesía. (Caracas: 1962) II, 00. CC., pp. 80-82. versos 967-1060.

10. V. mi estudio "Destierro y Poesía, Bello y Neruda" en Hommage des Hispanistes Francais u Noel Salomón. ( Barcelona: Edit. Laia 1979 pp.73-90.

11. Ibid.

12. La tercera capa social que juega un rol decisivo en la novelística de este autor, el medio pelo, no aparece aquí.

13. En mi estudio de la obra de Alberto Blest Gana, que aparecerá publicado próximamente, trato con mayor detención diversos puntos en torno a la producción de este autor, de la coyuntura histórico-literaria en que surgió, de sus características, alcance y valor.

14. Ya el maestro P. H. Ureña definió en una frase lo que vengo tratando de expresar y tomó el mismo poema citado por mi como paradigma de todo esto: "Prosas profanas es una orgía de lujo que procede de todos los puntos cardinales (véase como ejemplo el poema Divagación), con Versalles como meridiano." P. H. Ureña. Las corrientes literarias en la América Hispánica. (México: FCE, 1945) p. 175.

15. Vicente Huidobro. Obras Completas. (Santiago; Edit Andrés Bello. 1976) Últimos poemas. "El hijo canta a la madre dolorosa," 1. p 586.

16. "La noche momentánea," también de Últimos poemas, op.cit.p.585.

17. Sé de una antología de la joven poesía chilena que será publicada . . en japonés!

18. V. Jaime Concha Testimonios de la lucha antifascista. (Casa de las Américas, enero-febrero, 1979) pp. 95-105. Antonio Skármeta. Narrativa chilena después del golpe. Idid, pp. 83-94.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03