La despedida

La despedida

Guillermo Araya
Literatura Chilena, creación y crítica. N 16 Junio 1981

I

Una barrera indica passengers only, ahí se queda la hija con su marido, los niños, la amiga de la hija, un niño que está con ellos porque sus padres están de vacaciones, con los carritos, con las maletas, los abuelos se ponen serios, todos callan, faltan muchos minutos, hay mucho tiempo aún, pórtense bien niños, escriban, nosotros no olvidaremos los encargos, el silencio vuelve otra vez haciendo más inútil todas esas frases todas las frases que no se dicen también, sólo tiene sentido partir cuanto antes, irse puesto que hay que irse, pero una inmensidad de minutos falta todavía, podría haber cine en el aeropuerto, o payasos que dijeran cosas graciosas, accidentes inesperados, locos que aparecieran desnudos o con sombreros pintorescos, pero siempre son tan formales, tan custodiados y rutinarios, o nosotros los pasajeros deberíamos tener el coraje de llorar y gritar, de decir a gritos que no queremos separarnos, tomarnos firmemente de los que quedan, aterrarnos manos con manos y no partir, quedarnos, cerrar las puertas del aeropuerto, cortar los cables telefónicos, romper los enormes avisadores con todas las hondas de todos los niños que vienen al aeropuerto; yo deberla decirle hija mía yo te coseré esa manga descosida de tu blusa, es claro que con tus hijos y tu marido no tienes tiempo de hacerlo, y está bien que no tengas tiempo, haz el amor todo lo que puedas, acuéstate con él y no te levantes mientras él sea capaz, enardécelo, haz todo lo que sepas, lee libros en que explican todo, sórbelo, nunca cierres las piernas, yo te cuidaría los niños mientras oyera crujir el catre, que cruja la suma de todas las veinticuatro horas que tengas deseo, para eso estamos las viejas, para hacer posible que las jóvenes hagan el amor mientras puedan, siempre, y me quedaré contigo para preparar la comida y para ocuparme de los niños, mientras tú chillas en la cama y te retuerces, hazlo ahora y hazlo siempre, aprende y edúcalo, hay que revestirse de la seriedad de abuela, de la seriedad de madre, por qué no aprovecho de decirte esto ahora que me voy, podría, llamarte a un rincón y explicarte esto, pero no puede ser, ya tal vez no te veré nunca más y la única cosa importante que podría decirte no te la diré, pasarán muchos años hasta que tú la sepas, pasarán tantos años que serás como yo cuando lo sepas y ya de nada servirá y entonces tú tampoco te atreverás a decírsela a tu hija, estos minutos de inmensidad valdrían su angustia si yo fuera capaz; qué sentido tiene que le hable, nunca un hombre entiende a una mujer aunque sea su hija, no hay manera de entenderlas, es su presencia física la que me hace falta, podría decirle que viéndola las aguas se renuevan, no siento mi vejez, su vida pasa por la mía dándole aliento y manteniéndola al día, mejor sería simplemente decirle que la quiero mucho y que no acepto esta separación, nunca le he dicho que la quiero mucho, ahora menos que nunca, ya tiene su marido, sus hijos, ya tiene su vida en este país lejano, hay que tolerar la existencia de lodos ésos, marido, hijos, amigos de los hijos, toda una cohorte que no tiene sentido para mi', yo quiero a mi hija y quiero que ella esté conmigo, yo puedo quedarme, pero es imposible, cada vez me pertenece menos, es sólo un miembro de un grupo exigente, todos la estrujan, es de todos, la poseen como una cosa, el único que no tiene nada de ella soy yo, sólo el hueco de su ausencia, de qué serviría decirle esto, sufriría, sufrirían todos, por último ella los prefiere a ellos, es su alimento diario, el hueso que todos roen; algún aeroplano podría aterrizar en malas condiciones e incendiarse, entonces sonarían las sirenas, se verían grandes llamaradas, la gente comenzaría a conversar entre sí con animación, de los altavoces podrían salir mariposas blancas y amarillas, una mujer celosa debería insultar de viva voz a su marido y éste besar a su amante en su presencia y en presencia de todo el mundo, estas mujeres hermosas, perfectas, deberían desnudarse rápidamente y bailar sonrientes y acogedoras, mucha gente podría entrar de pronto y ofrecer vasos de vino a todo el mundo; afuera llueve, la lluvia se nota apenas, son gotas silenciosas, vienen de la oscuridad, caen en silencio, no hay horizonte visible, sólo es la noche, los aviones atraviesan la humedad, chorrean sus alas y el agua los transforma en peces perdidos en el espacio, pero llegan al aeropuerto y despegan puntualmente, nada puede hacerse para abolir el viaje, son implacables y puntuales, perdidos y certeros; no diré nada, la abuela no entiende de esas cosas, la abuela mandará mermelada a su yerno y chaquetas tejidas a sus nietos, no olvidará las recetas de cocina ni los recados para los amigos, toda abuela debe ser abuela o no sirve para nada, una abuela desahuciada no la quiere nadie, hay que ser una abuela abuelísima, separarse con algunas lagrimitas oportunas, aconsejar y acariciar a los nietos, sacar un chocolate de última hora de la cartera y sorprender al más pequeño, esperar que esta acumulación interminable de silencio pase; podría tener ingenio para distraer a mi hija, le contaría anécdotas graciosas y la haría reír, aunque sea ahora su atención estaría clavada en mí, vería alborotados sus senos por la risa, vería brillar sus dientes, sus ojos se humedecerían llenos de vida, aún podría conquistarla, aunque fuera sólo por estos instantes, esta vez, hace falta sólo que abra la boca y empiece a decirle que cuando el caballo entró en la boca del gato yo todavía no lo había desensillado, pero todos vendrían a su alrededor, también habría que contar para ellos, está con ellos, es de ellos para siempre, es inútil; los abuelos hacen pesar sus maletas, las azafatas actúan con su seriedad y eficacia de siempre, recogen los pasajes, sonríen, pórtense bien niños, escriban, nosotros no olvidaremos los encargos.

II

Al centro están las maletas, los paquetes, las bolsas, todos concentran su atención en ellos, no dicen nada, nadie ordenó que se formara el semicírculo, las maletas lo formaron, nadie sabe qué preside la rueda, que' preside el silencio, tienen la vista clavada en el equipaje, están serios, alguno sonríe sin darse cuenta, ahí deberán permanecer una eternidad sumada a otra eternidad , quién pudiera abrir la boca y decir algo oportuno y divertido, quién fuera capaz de abrir la boca de modo tal que levantaran los rostros y se animaran, y luego otro diría algo gracioso, después todos conversarían y estarían animados, habría que aprovechar de decir las cosas que no se dicen nunca, las cosas importantes, cuándo entonces decir las cosas importantes, que todos nos queremos, los que se van recordarán a los que no viajan, habrá uno entre nosotros con perfecciones manifiestas, bondadoso, inteligente, digámosle lodo eso, si se extraña, insistimos con cordialidad y simplemente, hagámosle sentirse bien, tan bien como merece, mientras las maletas están aquí habrá tiempo, el semicírculo en torno a ellos puede ser destruido pronto, desaparecerá irremediablemente, aprovechémoslo, uno debe empezar y todos seguiremos, esa maleta atiborrada está ahí con trajes y zapatos, con la vida aprisionada de los viajeros, ella preocupa a todos, dejémosla, nosotros levantaremos los ojos, nuestras bocas se abrirán; el aeropuerto silencia el paso de la gente, las voces no se oyen, los carritos dejan sentir apenas el roce de sus ruedas, los perros siguen ordenadamente a sus amos, los empleados se despliegan sin ruido, una voz metálica dice algo incomprensible de trecho en trecho, la luz es suficiente, es la luz que hace falta, no tiene ningún matiz, no hay zonas mas oscuras ni oirás más iluminadas; el equipaje pasa a la romana, cada bulto recibe su etiqueta, los pasajes son timbrados, el semicírculo ha desaparecido, ahora es un grupo irregular, unos tienen las manos en los bolsillos, otras se arreglan el peinado, otro consulta el reloj, pero todavía es posible, bastaría que uno pusiera la mano sobre el hombro del otro, bastaría tomarle la barbilla a una de ellas y mirarla a los ojos, todos concentrarían su atención, bastaría que uno de nosotros estornudara, es tan ridículo el deseo que se manifiesta en esos casos que otro haría una broma, y esto bastaría, otro de nosotros hablaría, no tiene que decir cosas importantes, algo trivial, una frase tonta, la repetición de una recomendación, el recuerdo de un encargo, esta inmensidad nos devora, nadie se atreve a decir nada, yo debería hablar, simplemente abrir la boca y hablar, pero qué diría, si fumara ofrecerla cigarrillos, nadie parece pensar aquí en fumar, yo podría pedir un cigarrillo, pero nadie debe tener, o si alguien tiene me lo dará sin decir nada, debería hacer algo, abrazar a alguien, pero eso no tiene sentido, eso habría que hacerlo al final, este silencio es anterior al final y no puedo llegar al momento de abrazar hasta que éste no pase, alguien debería preguntarme algo, yo podría preguntar algo, preguntar qué, no tiene sentido preguntar la hora con todos esos enormes relojes que penden por todas partes, podría pedir precisión sobre la hora, pero lodos esos relojes marchan con el mismo compás, es mejor que abra la boca sin pensar y diga martes, pero no hay que ser escandaloso, habría que elegir otra palabra, otra frase, por ejemplo qué vestido más hermoso, veamos cuál de los vestidos es hermoso, verdaderamente no lo son, otro debe hablar, yo no tengo nada que decir, lo que podría decir no puede ser dicho, menos ahora, habría que decirlo pero no puedo hacerlo; pasajeros que llegan, los esperan, viajeros que parten, los acompañan, la lluvia ha mojado las calles, las gotas aparecen nítidas junto a la luz de los faroles, la voz mecánica insiste en sus mensajes incomprensibles, los pasaportes han sido timbrados, los pasajeros parten irremisiblemente, todavía sería posible decir algunas frases, aún hay tiempo de desear buen viaje, de encargar saludos, de decir que el viaje durará veinte y tres horas, aún el grupo conserva cierta cohesión, hay que pasar un pequeño maletín a los viajeros, todavía alguien podría estornudar o gritar manes, o decir chucha, alguna dirá chao querido, alguno dirá adiós belleza, alguien se tropezará y otro le hará una broma, alguno de nosotros llorará y otro le dirá palabras de consuelo, los viajeros agradecerán la compañía, ofrecerán sus buenos oficios allá en el país lejano, el grupo puede aún trenzarse en una ronda que cante y dance unos instantes, todavía el maletín está entre las manos del grupo, podría ser retenido por uno de nosotros y los demás constreñirlo a la entrega, el grupo perturba el paso y uno de nosotros deberá dar explicaciones a los pasajeros molestos, vendrá un policía a quien deberemos responder; hay un ruido sordo por cada pasaporte que es timbrado, hay policías que atisban tras unos cristales, grupos silenciosos se aproximan; ahora hay que abrazar a los viajeros, ahora cada uno de nosotros dirá algo y los viajeros dirán algo y todos diremos algo, todos deberán hablar ahora, es seguro que lo harán, los últimos momentos estarán llenos de voces y de sonrisas, alguno reirá, alguna de ellas derramará lágrimas silenciosas, todos deberemos abrazarnos, yo los abrazaré, nadie puede dudar que yo los abrazaré muy fuerte y les diré frases rápidas y efectivas, frases que sonarán muy bien y los otros dirán también muchas frases, todos hablaremos y yo hablaré, diré la hora exacta que está en todos los relojes, les haré observar como todos los relojes giran a compás, no cabe duda que sabrán la hora exacta antes de partir, yo se las diré, les preguntaré si fuman, entonces les ofreceré un cigarrillo, pero yo no tengo cigarrillos, los viajeros tampoco fuman, algo les diré, todos les diremos algo, la despedida se llenará de voces, será como una ronda de voces repentinas, será como una corona de voces como flores, serán muchas voces y muchos cantos simultáneos, todos nosotros diremos algo, algo profundo y verdadero, algo que brotará del fondo de nuestra alma, de la médula misma, yo diré martes, martes.


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