La historieta en la década 1973-1983

La historieta en la década 1973-1983

Manuel Alcides Jofre

I. Introducción

Al observar el origen histórico de las historietas en Chile, hay que verlas progresar, aumentar gradualmente dentro de las revistas infantiles posteriores a 1930, hasta verlas instaurarse como un género y un medio autónomo hacia 1940. La primera aparición de las tiras cómicas nacionales y extranjeras en revistas que contenían cuentos autoconclusivos o señalización folletinesca dedicadas a un público infantil señala una de las vertientes históricas de la historieta. Esta vertiente se refiere a los aparatos culturales dedicados a los consumidores niños.

Otra vertiente histórica de la historieta está ligada empero a una audiencia adulta. Al parecer, en Chile estas dos tradiciones no se han encontrado ni han fertilizado, salvo en raros momentos, la historia de la industria cultural chilena. Los guionistas y dibujantes que han hecho caricaturas y revistas de historietas para adultos han tenido una difusión y un público diferentes a los de la historieta para niños.

Las historietas en Chile comienzan a aparecer en diarios en la década del treinta. El lector de un diario es un adulto de un centro urbano, en principio. Estas tiras cómicas son una sucesión de dos o más viñetas, nacionales o extranjeras. El medio de producción y consumo significante aquí es el diario, un medio de comunicación de masas definido generalmente como informativo en su esencia pero que, sin embargo, incluye secciones de otro carácter: de entretención (como son los puzzles, los pasatiempos, los "sabía usted que...", los "increíbles pero cierto", etc.). La historieta, la tira cómica, encuentra aquí su lugar.

La historieta en Chile también está ligada a las revistas para adultos de sátira política. Aquí ya no es tanto la tira cómica lo que aparece, sino la viñeta, un solo cuadro o situación donde se satiriza una cierta circunstancia de dimensión más o menos generalizada dentro de la sociedad chilena. Es ésta una parte importante de la vertiente histórica adulta de la historieta chilena.

También en ciertos momentos la historieta en Chile sale del circuito propiamente infantil cuando se acomoda en un medio diferente al de la revista, como es el caso del libro, y el circuito ya no concluye en un quiosco, sino en una librería, en un tipo de público diverso. Es ésta una audiencia diferente para las historietas (1).

Las historietas también han surgido en revistas, pero como historietas de corte informativo y humorístico para público adulto. Esta forma de comunicación de masas, que en Chile ha sido incluso de creación colectiva, con afanes desmitificadores, y referida a las problemáticas vigentes contemporáneamente en la sociedad chilena, también ha contribuido de algún modo a la historieta chilena.

Hay una manera curiosa en que la historieta en Chile trasciende el público infantil, y es en las revistas llamadas corrientemente picarescas, de pornografía suave, que se han publicado en el país. Es éste un público adulto que recibe viñetas o tiras cómicas nacionales y extranjeras, y es, por cierto, diferente al público del diario y del libro, ya que suele ser esencialmente masculino.

Como otros muchos aspectos de la comunicaciones de masas en Chile, estas formas comunicativas no han sido estudiadas y, por tanto, no se conoce aún su importancia en términos de formación de dibujantes y caricaturistas nacionales, como tampoco de la naturaleza de sus mensajes ideológicos.

Hay pues un número de formas de comunicación masiva donde la historieta viene a alojarse, ya sea en su forma incipiente de viñeta, en su estructura más desarrollada de tira cómica o en su madurez como medio en los episodios impresos en revistas. En Chile el origen y desarrollo de la historieta está ligado a las revistas para niños, a los diarios de circulación masiva, a las revistas de sátira política, al libro, a la revista picaresca, a la revista de información dibujada y humorística. Pero todas estas formas no son del todo independientes en su desarrollo en Chile, ya que son siempre parte de la industria editorial chilena, en cada momento. Esta industria editorial chilena, parte esencial de las políticas culturales que se han realizado en la práctica explícita o no de los bloques sociales que han impuesto su hegemonía en Chile, y parte también de sus aparatos político-culturales, tampoco ha sido estudiada y es escasa la información sobre ella. Sin embargo, lo que es claro es que la influencia extranjera que llega a Chile se ve fusionada, concretada, en una industria cultural editorial nacional, la cual es uno de los contextos indispensables para componer la historia de la historieta en Chile.

Todo este complejo proceso acontece dentro de muy definidos, aunque poco estudiados, contextos culturales-ideológicos, sociopolíticos y económicos, los cuales también es necesario tener en cuenta, no sólo como marcos históricos generales, sino como circunstancias concretas que permitieron o coartaron el desarrollo de la historieta u otras formas de comunicación social. En el caso de la historieta, es posible distinguir aquí cuatro grandes fases del desarrollo de la historieta en Chile:

1. Desde fines del siglo XIX: 1895 hasta fines de la década del cuarenta -1937, más precisamente-, lo que se podría denominar la prehistoria de la historieta.

2. Desde 1937 en adelante: su gradual desarrollo, fortalecimiento y expansión.

3. Desde 1971 a 1973: momento de madurez, creación, solidificación y experimentación, así como también de autoconciencia.

4. Y, finalmente, desde 1973 a 1983: Fase de declinación de la producción nacional y expansión de las historietas extranjeras, donde también la historieta aparece ligada a estrategias globales ideológico-culturales y político-económicas.

La consideración central está puesta aquí siempre en las historietas que circulan y son consumidas en Chile. Se pueden distinguir tres categorías de revistas desde este punto de vista. Hay, primero, las historietas hechas en Chile, creadas, escritas, dibujadas, editadas, impresas, producidas en Chile. Luego, las historietas que se distribuyen en Chile, que circulan y son leídas en Chile, y que incluso son editadas e impresas en Chile, pero donde todo el trabajo creativo y productivo de ella es realizado fuera de Chile.

Estas historietas llegan al país a veces en planchas ya traducidas o por traducir, y aquí se realiza sólo la publicación. Un tercer grupo de historietas está constituido por aquellas que son creadas en un país, escritas y dibujadas en Estados Unidos, por ejemplo, y luego traducidas allí o en otro país (usualmente en México). Estas revistas son impresas, publicadas y hechas en otro país, y sólo distribuidas y consumidas en Chile. El grado de autonomía de cada una de estas historietas se va haciendo cada vez más tenue, de grupo en grupo. Las nacionales, hechas completamente en Chile, no poseen un esquema autóctono o una aproximación original automáticamente; al contrario, revelan un esquema ideológico similar a las otras categorías, en sus aspectos formales, técnicos o de contenido. El grado de dependencia o intervención cultural se revela de una manera específica cuando se examinan las revistas creadas en Estados Unidos (u otro país) y sólo publicadas en Chile. Lo central aquí es la conexión entre la empresa chilena, la editorial nacional que se utiliza y la empresa transnacional que usualmente vende las matrices. La dependencia o intervención cultural se vuelve más compleja cuando las revistas ya listas son importadas a Chile, listas para acceder al público. En este caso, entre Chile y Estados Unidos aparece un mediador, un tercer país, donde la empresa transnacional ha realizado el trabajo de publicación, de acuerdo con alguna compañía editorial con distribución internacional. Las dos primeras categorías pueden ser documentalmente estudiadas porque los archivos de la Biblioteca Nacional de Chile, en Santiago, contienen ejemplares de la mayor parte de las revistas publicadas en Chile desde 1965 en adelante. La tercera categoría -las revistas publicadas fuera de Chile, en Argentina o México, u otro país- es más difícil de precisar en su historia pasada porque no hay registros o ejemplares más allá de los últimos diez años. En este último caso la observación y estudio se hace básicamente con las revistas de historietas publicadas fuera de Chile que en este momento, 1983, están disponibles en el mercado.

II. Evolución de la historieta hasta 1973

La industria cultural editorial es parte de todos los vaivenes que constituyen la historia de Chile. Como otras ramas de la actividad comercial, la industria editorial en Chile se desarrolla bajo la influencia de la inmigración europea en los centros urbanos.

Desde 1895 en adelante existen iniciativas que culminaron en revistas para el público infantil. Todas ellas representan el intento modernizador de la sociedad chilena, la apertura a un comercio cultural-ideológico de masas incipiente. Las imprentas mismas son parte de la tecnología extranjera que arriba y que, por otro lado, también intenta responder a las presiones culturales de los nuevos grupos.

Como punto inicial en la historia de las historietas en Chile puede mencionarse La revista cómica, periódico semanal ilustrado, de cuatro páginas, y que contiene dos páginas de viñetas de humor, dibujadas por Luis F. Rojas, propietario y fundador de la publicación en Santiago, en 1895. En 1908, ZigZag publica El Peneca, que, en más de cincuenta años de publicación, distribuye más de 2.700 números. El género historieta no aparece bruscamente en las revistas chilenas. Se insinúa, avanza, se detiene, se desarrolla con mayor o menor fuerza y perfil. Las historietas se van afinando gradualmente en sus detalles formales; el dibujo se va haciendo más complejo; la estructura folletinesca seriada va dando paso a los episodios autoconclusivos; la lectura, es decir, las palabras del narrador y de los personajes ya no se ubican exclusivamente debajo de cada cuadro (a la manera de un libro ilustrado), sino que hace su aparición el globito para el habla de los personajes, mientras que el narrador reduce su participación. En general, todas las revistas infantiles publicadas tienen una vida muy corta. Las revistas se van desarrollando de acuerdo al ritmo de la industrialización en Chile, porque están referidas a las técnicas gráficas y de impresión. Hacia fines de la década del treinta se advierte claramente la llegada del material extranjero, como la producción de Walt Disney, por ejemplo. La auténtica necesidad cultural de los chilenos es suplida con historietas provenientes de otros universos culturales. La historieta extranjera es un producto industrializado que se recibe del polo emisor desarrollado. Desde este momento las transnacionales de la cultura empiezan a ejercer su determinante influencia en el mercado masivo chileno a nivel de las revistas de historietas e infantiles.

La revista de historietas tiene pues su origen propiamente tal a fines de la década del treinta, cuando en Chile se estructura el estado de compromiso, el avance de las capas medias llega hasta el Estado y se organiza la industria nacional dentro de un plan económico, el de la sustitución de importaciones. Las revistas Campeón, Álbum Mickey y Pulgarcito, ya típicas revistas de historietas, son publicadas en 1937. Se accede así, definitivamente, a una estructura significativa y se adquiere independencia como género.

La industria cultural editorial chilena continúa su crecimiento constante. Se abre más y más al comercio de comunicaciones de masas. La forma historieta y la tira cómica proliferan en diarios, revistas picarescas y en publicaciones para niños. Una explosión de publicaciones de revistas de historietas acontece en dos períodos. El primero, en el año 1949, cuando se inicia la publicación de Okey, Simbad y Aladino, y mientras llega a su apogeo la publicación de El Peneca y Pulgarcito. El segundo período, 1965-1969, muestra cómo las editoriales Lord Cochrane y Zig Zag logran estructurar una política de publicaciones de revistas de historietas como nunca antes se había visto en Chile. Estas dos editoriales publican 53 nuevas revistas. Naturalmente, hay una mayoría de extranjeras y pocas nacionales.

Una visión sintética del período 1938-1970, en lo que a historietas se refiere, evidencia la presencia del producto cultural extranjero. Pero, al mismo tiempo, se perciben los semilleros nacionales, las vertientes donde se insinúa la posibilidad de una historieta nacional de calidad (revistas picarescas, revistas de historietas informativas o para adultos, revistas para niños, revistas hechas por grupos de trabajo en las propias editoriales).

Las historietas que circulan en Chile hasta 1970 tocaban muchas temáticas, excepto lo latinoamericano, lo chileno, lo histórico, lo nacional. El ritmo de desarrollo del proceso de surgimiento de la historieta en Chile es gradual y está llevado por las sucesivas oleadas de llegada de material estadounidense al país, que abarca no sólo el ritmo de avance, sino también las modalidades del contenido, las estructuraciones de la forma. Estas revistas de historietas son parte del aparataje cultural, de las instituciones de la hegemonía, del consenso, del bloque dominante a nivel ideológico-cultural.

El período 1970-1973 es intenso para la industria editora nacional. Las libertades de expresión, opinión y de prensa se profundizan. Una parte significativa de la industria editorial es estatizada. La compra de Zig Zag y su transformación en Quimantú contribuye a fortalecer la infraestructura de impresión del bloque popular y redunda en una satisfacción de las necesidades culturales de la mayoría ciudadana. El examen de la producción de Quimantú, en lo que a historietas se refiere, evidencia que éste es un momento privilegiado en el proceso de desarrollo de la historieta en Chile. Allí se la estudió sistemática y rigurosamente, se trajo a la autoconciencia de los creadores mismos (guionistas, dibujantes, letristas, coloristas, editores) los resultados de estos estudios sobre la forma, el contenido, el mensaje, la función y la ideología de la revista de historietas. Se renovó profusamente el género, se cuestionaron algunas de sus características, se repensó la problemática de la comunicación a través de este medio y, sobre todo, se inició una experimentación práctica, se crearon revistas, series, episodios, personajes, visiones de mundo, planificada y reflexivamente. Se obtuvo que los lectores mismos crearan episodios, se recibió de ellos opiniones, aportes, encuestas. Mientras esto acontecía, se consolidaba también en Chile la producción, circulación y consumo de los productos de Walt Disney.

En Quimantú se hizo práctica una determinada política cultural, que, pese a todo, no llegó a formularse en sus detalles. Las historietas de Quimantú (se publicaban 15 de ellas) fueron un lugar privilegiado más donde no sólo se innovó, sino que se discutió teóricamente la función del medio. Sin embargo, este proceso de cambios fue violentamente suprimido.

III. El contexto cultural

Entre 1950 y 1973 la historieta en Chile se consolida. Aparecen las primeras empresas independientes y se constituye una audiencia. Esos diferentes intentos de la industria nacional de relacionarse con las historietas (creándolas, imprimiéndolas, traduciéndolas, copiándolas, importándolas) están insertos dentro de políticas culturales globales que, a su vez, constituyen y permiten la estructuración de un determinado bloque de poder dominante. Los intentos independientes, la creación de un departamento de historietistas chilenos en Zig Zag, la conciencia y los cambios traídos al género en Quimantú, todo esto es frustrado cuando llega al poder en Chile un bloque que desestima y no utiliza en su método de mantenerse en el control a los productos de masas (por lo menos en un primer momento).

Se ha perdido en Chile entre 1973 y 1983 todo lo que el proceso de creación de historietas había aportado con su historia: la presentación de un buen producto nacional. Se ha perdido por completo el propósito educativo, participativo de la audiencia, que es ahora considerada nada más que un consumidor pasivo y no una conciencia crítica. Se han reducido, y casi han desaparecido, las revistas chilenas creadas por chilenos. No es extraño, la industria nacional en todas sus áreas también sufre este proceso. Las revistas importadas invaden y conquistan el mercado, centro de definición de identidad social y regulador de la economía. Los productos de Walt Disney, canalizados hacia Chile por Pincel, y casi la totalidad de los syndicates estadounidenses, canalizados hacia Chile por Editorial Novaro, en México, provocaron una evidente lejanía entre emisor y receptor y entre mensaje y contexto (la situación global concreta).

Estar dentro de la esfera de influencia de Estados Unidos significa para Chile recibir su cultura de masas, la cual, supuestamente, debería constituir una experiencia auténtica para los chilenos. Las historietas que hoy circulan en Chile son parte de la cultura dominante. Es ésta una comunicación donde todos sus aspectos la evidencian como parte de los aparatos hegemónicos de una cierta visión de mundo, de un cierto bloque militar, social, económico, político. Las revistas que circulan en Chile entre 1974 y 1976 son escasas. Las iniciativas de toda índole no tienen resultado. El mercado define excluyendo, eliminando, de la misma manera como lo hace el aparato de seguridad estatal. Entre 1974 y 1976 la historieta complementa la coerción, pero no son los medios de comunicación, la ideología, los ejes en torno a los cuales se genera el poder establecido estatalmente. Posteriormente, entre 1978 y 1980, en el período en que el país aumenta sus reservas y la economía parece repuntar (para inmediatamente precipitarse), hay más iniciativas de publicación. La superestructura, los medios de comunicación de masas, en particular, son utilizados por el bloque de poder para comunicar sus estrategias y valores a otros sectores sociales, o para mantener la unidad de los propios. Esta función empieza a adquirir en Chile gradualmente una importancia cada vez mayor, desde 1977 en adelante, en consonancia con los cambios generales que tiene el régimen militar. El tránsito de la represión masiva a la represión selectiva implica que ha avanzado más el esquema neoliberal, que en un cierto grado la historieta, los medios de comunicación, la lucha por la hegemonía, en concreto, han reemplazado a la coerción. La persuasión social se hace cada vez más indispensable, y dentro de este nuevo cuadro político la historieta asume su rol socializador, domesticador, conformándose como parte de la cultura dominante y oficial. Se deja atrás la política de la guerra psicológica (donde lo esencial era la propaganda, el rumor), que disminuye, pero no desaparece por completo, y se empieza a dar un nuevo valor a la cultura, a la comunicación social. Sin embargo, ninguna de estas dos concepciones básicas puestas en práctica por el estado militar tienen que ver con la identidad nacional, pues van contra ella (2).

Durante todo este período se mantiene en Chile una cultura por los cambios, muchas veces subterráneamente. Hay la imposición de una visión única sobre las cosas, y esta concepción vertical, monologante, permite la generación de una cultura nacional escindida. Desde 1976 en adelante hay un movimiento cultural público, crítico, disidente, cuestionante; una cultura alternativa a la oficial, que llega en momentos a un cierto grado de coordinación orgánica. Este movimiento acompaña la disminución inicial del arte y de la cultura populares y cultos. La reorganización total de la sociedad chilena tiene como corolario en la esfera de la cultura una nueva rearticulación entre los niveles culturales: de masas, popular y culto. Los transformados procesos artísticos también se relacionan de manera diferente con los medios de comunicación social disponibles. Disminuyen los agentes, los escenarios, los productos ideológico-culturales.

En una situación de emergencia, de excepción, el bloque dominante deja de lado la doctrina liberal de la información y su teoría de la opinión pública. El nuevo estado autoritario está reaccionando contra la lógica que permite el desarrollo de la cultura de masas y la conformación de los medios de comunicación como instrumentos de formación de consenso. Los medios de comunicación hasta 1973 en Chile, y sobre todo su proceso de desarrollo, tenían como función, se debían a la necesidad de cooptar sectores sociales para que apoyaran y se reintegraran al bloque de poder. Esta es una de las funciones primordiales de la industria del conocimiento, de la información. El bloque dominante que se hace cargo del Estado desde 1973 en adelante ve a las clases subalternas tanto como un consumidor potencial como un enemigo constante. El receptor para este nuevo sistema comunicativo totalitario que no admite oposición es un adversario. Esta es la situación inicial del período.

El estado autoritario, desde 1973 a 1977, se presenta basado en la concepción de la seguridad nacional. El estado de emergencia utiliza un modo de comunicación básico, la propaganda, la cual se entrega mediante las técnicas de guerra psicológica. Esta situación en Chile significó una rearticulación de las funciones ideológicas tanto dentro como fuera del seno del Estado. Con el establecimiento del modelo económico, el receptor, enemigo potencial, viene a transformarse en consumidor ideal. A la disminución de la coerción, desde 1977 en adelante, le corresponde un aumento gradual de la cultura de masas, a la gestión de los medios de comunicación y, por otro lado, a la constitución de una cultura alternativa que cuestiona la lógica autoritaria. El control estatal del espacio público se hace menor. Sin embargo, pese a que permiten los medios de comunicación de masas, pesan sobre ellos restricciones que van desde lo económico a lo psicológico, pasando por lo ideológico.

En Chile, lo que se le ha quitado en estos años al Estado en su función social se ha pretendido equilibrar con poder unipersonal, centralizante y excluyeme. El rechazo a la experiencia de las historietas en Quimantú, el cierre del departamento de historietas de la editorial Gabriela Mistral y, finalmente, la quiebra y venta de esta empresa evidencian el desmantelamiento del estado heredado por el estado instaurado coercitivamente. Frente a esta crisis, lo único que emerge como una regularidad es la presencia constante de la historieta extranjera en Chile, constituyéndose cultural y económicamente en un proceso mucho más complejo, donde usualmente se reúnen varios aspectos de la sociedad de masas. Junto a la revista de historietas con un personaje característico está sistemáticamente ahora un programa de televisión, un serie de posters, usualmente álbumes de figuras para pegar, discos y cintas musicales, películas, útiles escolares, ropa de niños y niñas, objetos de recreación, etc.; es decir, todo un mercado que carga a la audiencia de una cierta tensión y luego le ofrece la solución a esa tensión, concretada en un producto marcado con una característica cultural y que usualmente llega al país a través de las transnacionales.

IV. La historieta en la década reciente

Dos monopolios se disputan hoy día en Chile el mercado de las revistas de historietas, es decir, el consumidor infantil. Los productos del mundo de Walt Disney y los canalizados a través de la editorial Novaro, en México. Todos ellos provenientes de Estados Unidos. La producción nacional es insignificante comparada con estas dos compañías transnacionales. La prueba la da el somero examen de un quiosco cualquiera elegido al azar.

a) Las revistas impresas en el país

La primera situación a considerar aquí es lo acontecido con la editorial Quimantú, que pasa a denominarse Gabriela Mistral desde fines de 1973. En el departamento de historietas se había desarrollado un proceso de creación con respecto al medio, el cual se detiene bruscamente. Se suspenden la mayor parte de las revistas que estaban siendo publicadas. Una revista como El Manque convierte al abrupto afuerino en un héroe de capa y sombrero; "Conu", una historieta sobre las fuerzas armadas, se transforma en ciencia ficción. Continúa la imagen positiva de las fuerzas armadas entregada por las revistas de Quimantú en el período 1971-1973, pero ahora se trata de otro contexto y, por tanto, la lectura de estos episodios es diferente. Hay elementos de indoctrinación política en algunos episodios, que intentan un apoyo al régimen. También hay una caída en lo aventurero, en lo sentimental, en lo sobrenatural. El Manque, un personaje proletario, campesino, se transforma en el arriero justiciero, el elegido de la ciudad perdida, en un proceso de creciente mitologización. Se continúa publicando Mizomba y Jungla, donde los héroes recuperan sus rangos, y Far West.

Al cerrar el departamento de historietas -preludio del cierre total, más tarde, del conjunto de la editorial Gabriela Mistral, en 1982-, se adopta entre 1978 y 1980 en esta empresa una actitud similar a la de Lord Cochrane durante el período 1965-1968. La editorial Gabriela Mistral establecerá un contrato con el grupo Doce Limitada y con la Marvel Comics para publicar cuatro revistas de historietas. Sin embargo, el producto que la Marvel vende ahora es el héroe de la recuperación ideológica, una especie de superhéroe problemático que siempre posee algún tipo de debilidad, y que corresponde a la producción de los sesenta y setenta en Estados Unidos. Se trata de El hombre increíble, Hulk, Conan, hon Man y Spiderman, La serie sobre Hulk, que concierta con el programa de televisión respectivo, es una revista quincenal publicada entre 1978 y 1980. La Marvel Comics Group, con la filial Cadenee Industries Corporation, se ha unido al grupo nacional Doce Limitada, haciendo posible la edición de estas cuatro revistas. Hulk es un monstruo que no es malo, sino que, basado en viejos esquemas duales, también posee una cara normal. Todos los ultrapoderosos de esta serie poseen una debilidad. Los antihéroes son mutantes, monstruos del espacio, hombres con manos de hidra, hombres-animales, etc. Conan es un bárbaro mujeriego y bebedor sin fineza ni inteligencia que sólo rinde culto a lo físico. Iron Man, por su parte, es un sabio electrónico que quedó convertido en hombre y en máquina, teniendo en cada aspecto un punto más débil. Spiderman, finalmente, no quiere siquiera ser superhéroe, tiene conflictos de personalidad y algunas neurosis y apenas puede entenderse con su novia, también asediada por otro personaje.

La editorial Gabriela Mistral sacó también inmediatamente después del golpe militar, en septiembre de 1973, una revista llamada Ganso, para vivir a mandíbula batiente. Se publicaba mensualmente y tuvo corta vida. Dibujaban en ella Pepo, Fantasio, Alberto Vivanco, Hervi, Palomo, Themo Lobos, Gin, Carso, Vicar, Luis Cerna, Nato y Pepe Huinca. Allí aparecieron tiras que ya eran conocidas desde períodos anteriores, como "Cuchepo", de Luis Cerna; "Dolchevito", de Themo Lobos; "Chepetey", de Luis Cerna, y "Ganso" y "Alaraco", de Alberto Vivanco. Para reemplazar a Cabro Chico aparece en 1974 una revista para los niños: La Pandilla, quincenal, 48 páginas, cuentos y entretenciones y colaboraciones del equipo de historietas.

Gabriela Mistral trabajará también simplemente como impresora -tal como antes lo había hecho la editorial Quimantú- por cuenta de algunas empresas que hacen conexiones con transnacionales. Así se publican Heidi, Marco y, en algunos periodos, Condorito.

Pero, sin duda, la empresa que más desarrollará en Chile la publicación de revistas de historietas es la empresa Pincel (que inicialmente se llamaba Pinsel). En 1974 aparece publicando El Doctor Monis, Garra de acero, Los Picapiedras, Don Gato, Condorito, Tesoros de Walt Disney, Tribilín, Tío Rico, Disneylandia, El Zorro, El oso Yogui, Trinchera y Aventuras en la selva. Cada una de ellas es una revista diferente de 32 páginas cada una. Algunas de estas revistas aparecían ya en años anteriores, refundidas, en algunos casos, como Don Gato y su amigo el oso Yogui, que se publicaba en 1971 y 1972. Pincel había editado antes, en 1972, material de origen británico en las revistas Adán y Eva y Detectives privados.

Un caso interesante es el de Heidi ("Dibujos y diálogos basados en la serie de TV"). Se imprime en Gabriela Mistral y es una coedición de Pincel y Carrousel Limitada, en acuerdo con Video Media Corporation of America, Romagosa International Merchandising, Zuiy Enterprises y World Editors Inc. Quincenal, aparecen 24 números. Ella reproduce la versión mostrada en el programa de televisión del mismo nombre y en la película. Paralelamente aparece Aventuras de Heidi, 43 números, desde septiembre de 1977, la cual no sigue el argumento de la película ni de la televisión; muestra otras aventuras de la protagonista.

Un proyecto similar es publicado por Gabriela Mistral en conjunción con Taurus Films, All Media Licensing B.R.B., Merchandising International S.L. y World Editors Inc., estos últimos los mismos de Heidi. Se trata de Marco, "Historia completa basada en la serie de TV". Mientras que esta revista es quincenal y publica 20 números, Las emocionantes aventuras de Marco es semanal y publica 25 números, entre 1979 y 1980.

El complejo cultural infantil se complica ahora porque un mismo producto es canalizado a través de diferentes medios, hasta llegar al consumidor infantil. Primero aparece el programa de televisión, donde se publicita la revista, la película o un álbum de figuras; luego vienen otros objetos para consumo infantil con la figura del héroe en cuestión (posters, dulces, ropa, útiles escolares, la música misma de la serie, a veces). Un fenómeno cultural como éste requiere de un aparato productivo desarrollado y una planificación muy cuidadosa para desatar el impacto de la serie de televisión (que le reporta ganancias, porque la estación de televisión en Chile ha comprado los derechos para exhibir su producto) y que se expande a ganancias más altas mediante el recurso de vender los mismos cuadros del producto televisivo a consumidores particulares, que ahora deben desembolsar su propio dinero para así adquirir la revista u otro producto. Este producto cultural puede ser así elaborado en Alemania, Estados Unidos o Japón, y luego es lanzado, primero, en los países desarrollados industriales y, posteriormente, en los países del Tercer Mundo, donde los gastos para la compañía productora se reducen a la traducción y el doblaje.

De las 13 revistas que Pincel publicaba en 1974, se advierte claramente que sólo dos de ellas son completamente producidas en Chile (Doctor Monis y Condorito). Las 11 revistas restantes no pueden ser en realidad consideradas revistas chilenas, porque no son creadas ni producidas en Chile, sino únicamente impresas. Pincel ha establecido contratos comerciales con las producciones de Walt Disney, con la compañía Hanna Barbera (que canaliza Los Picapiedras, El oso Yogui y Scooby Do) y con la Marvel Comics, y todas estas revistas que se imprimen en Gabriela Mistral funcionan en consonancia "con los programas de televisión respectivos, que actúan como incitantes avisos de publicidad para las revistas mismas. La compañía que está a cargo de toda esta gestión es Doce Limitada, con sede en Santiago, y que controla la circulación en Chile de los productos de los consorcios transnacionales Hanna Barbera y Marvel Comics Group.

Pincel publica también Erase una vez el hombre ("Teve Festival"), en 1981, una serie de 26 números en total que intenta presentar educativamente la historia del hombre sobre el planeta. La revista, de 32 páginas, es impresa con las imágenes mismas del programa de televisión y contiene cinco a ocho cuadros por página, con grandes espacios blancos intercónicos, lo cual hace resaltar la imagen del cuadro como la de una pantalla televisiva. Esta revista utiliza, como las otras conjunciones de programas televisivos con revistas de historietas, modernas tecnologías de reproducción. El producto final en este caso es un fascículo de venta periódica y regular, que mantiene una continuidad de un personaje que aparece en todas las épocas históricas. Esta revista, impresa en Gabriela Mistral, es una producción francesa llamada // était une fois... l'homme, y se divulga en Chile gracias a la gestión de Gelm, S. A., en acuerdo con Crustel, S. A.

Pincel es la empresa que tiene a su cargo en Chile la difusión de los productos de la transnacional norteamericana Walt Disney. En los años cincuenta esta producción se imprimía fuera del país, pero a comienzos de la década del setenta Pincel estructura y solidifica su labor, imprimiendo las revistas de Disney, ora en Argentina, ora en Chile.

Las revistas de Disney tienen una numeración diferente, según que hayan aparecido en uno u otro de los tres períodos que pueden distinguirse en el país. El primero comienza en 1971, cuando Pincel aparece con cuatro publicaciones de la serie: Disneylandia, la más frecuente, Tío Rico, Fantasía y Tribilín. Esto coincide con el período del gobierno de Allende, años en los cuales Pincel se organiza como empresa y empieza a divulgar masivamente estos productos. Entre 1972 y 1975, aparte de las mencionadas, se publican también Colección de Tesoros de Walt Disney y Variedades. En los años siguientes, 1974 a 1983, Pincel edita un total de 14 revistas diferentes, todas pertenecientes al mundo de Disney. De ellas, siete ya no se publican: Dumbo, Superdonald, Don Donald, Super Tío Rico, Super Tribilín, El Zorro y El abismo negro. De las siete que circulan todavía, la de mayor difusión es Disneylandia, que se publicaba semanalmente entre 1973 y 1981, y pasó luego a ser quincenal, como todas las de la serie. Se imprimía en los talleres de la editorial Gabriela Mistral -igual que sus congéneres-, pero desde 1982 la hace la editorial Lord Cochrane. Viene en seguida Tío Rico, que se publica desde 1972, aunque en la década del setenta tuvo periodos de discontinuidad. Las otras son: Tribilín (data de 1971 y, como todas las otras, ha sido uniformada en su numeración y su periodicidad desde comienzos de 1982), Pluto (comienza a publicarse en 1978), Pato Donald (aparece en 1974), Historietas Disney (es la más nueva, data de 1982) y Mickey, que se llamaba antes Mickey Show. Además de las revistas, en el período se han publicado también varios libros de la producción Disney. El más famoso es el Manual de los cortapalos, el libro mágico de los sobrinos del Pato Donald, en dos volúmenes; los otros son también "Manuales": de la abuela Pata, del oso Yogui y de Fastomas.

La situación de otras revistas es la siguiente:

Mampato, fundada por la editorial Lord Cochrane en 1968, fue publicada por ella hasta 1976. Con posterioridad ha seguido, sin embargo, apareciendo, con el mismo formato y las mismas secciones. "Mampato" sigue siendo una serie de cuatro páginas, unas veces anónima y otras firmada por Themo Lobos y Oskar. Las series duran pocos episodios y se tiende a aumentar el número de episodios auto-conclusivos. También empieza a aparecer más material extranjero, de la escuela franco-belga. Del total de 54 páginas, 12 a 15 contienen historietas. Hay episodios firmados por Máximo Carvajal y Mario Igor, dibujantes chilenos.

Barrabases también aparece todavía, y su director y editor sigue siendo Guido Vallejos. Es ahora una revista quincenal, de 32 páginas a color.

Otra revista que mantiene su continuidad es Condorito, aunque en esta década sus editores han ido cambiando. En 1974 aparece publicada por las editoriales Carrousel y Gabriela Mistral; en el 78 los editores son Pincel y Gabriela Mistral; en el 80 sigue siendo Pincel, pero asociada ahora a Lord Cochrane, y en el 1983, en fin, Pincel se mantiene todavía, esta vez en compañía de la editorial Antartica. La revista cumplió en 1983 treinta y cinco años de vida, y sigue publicándose mensualmente. Condorito -el personaje- aparece como un símbolo de chilenidad: eterno e indestructible, es un antihéroe que vive en un mundo no continuo construido por historias breves que son una aventura, un chiste. Cada episodio está compuesto de 6 a 30 cuadros, en los cuales se muestra un nuevo espacio y tiempo, retrocediendo en la historia, saltando de un medio social, físico, a otro, cambiando en cada caso simplemente de uniforme. Condorito es vendedor, oficinista, arbitro, fotógrafo, pordiosero, soldado, cesante, gerente, profesor, médico, campesino, náufrago, enfermero, "hippie", cura, futbolista, loco, presidiario, etc. El resorte esencial es siempre en cada página un chiste lingüístico, un juego de palabras, una equivocación, un doble sentido verbal, un desconocimiento.

A pesar de los muchos años de publicación y de ser la serie de historietas más conocida de Chile, y por la cual el país es conocido en el resto de Latinoamérica, la revista no ha sido hasta ahora objeto de ningún análisis. No se ha hecho de ella una lectura analítica de su contenido, de su ideología.

El año 1982 es particularmente importante para Condorito, porque aparece Condorito De Luxe, y también otra edición para la exportación, Condorito-Edición Argentina, ambos editados mensualmente por la editorial Tucumán, en Argentina. Finalmente, también en 1982, se publican los diez volúmenes de la Selección de Oro de la revista Condorito, donde la producción de las dos décadas anteriores es seleccionada temáticamente e impresa en un formato más grande del usual. Estos números traen a Condorito en la historia, en el Far West, en la selva, en automóvil, en el Mundialazo, en uniforme, en el hampa, como doctor o como superestrella. Esta edición aparece patrocinada por Pincel, Pepo, Editora Carrousel, Editorial Tucumán, S. A., Edicol, S. C. A. y World Editors Inc., y es distribuida en Argentina, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela y Chile.

En el período aparecen también otras revistas. En 1977 se publican El chavo del ocho y El Chapulín Colorado, ambas quincenales, de procedencia mexicana y vinculadas al circuito televisivo. Hacia la misma fecha, las editoriales Andina y América publican Tamakun, una revista con guiones de Armando Couto en que se sigue un poco el modelo de Sandokán.

Finalmente, en 1982 y 1983 se divulga en Chile La Abeja Maya. De esta publicación aparecen 38 números y es realizada por la empresa alemana Apollo Films Wien para la televisión. Junto a las revistas de historietas y al programa de dibujos animados, hay un álbum de figuritas, rompecabezas con los diferentes personajes, cuadernos para colorear, figuritas de plástico, posters, un tipo de colonia para niños, máscaras de los protagonistas, libros de actividades, etc. La coproducción germano-japonesa, en verdad, usa la Abeja Maya como un logo para una serie de productos y subproductos para el mercado infantil. En Chile esta revista es distribuida por Pincel y la Distribuidora Latinoamericana de Publicaciones e impresa por la Editorial Antartica. Cada aventura autoconclusiva, en esta revista de 28 páginas, es un episodio más formativo de la Abeja Maya, que se propone como serie la socialización y homogeneización del lector infantil.

Los derechos de esta serie pertenecen a Agentur Fuer Urheberne-benrechte GMBH Merchandising Muencheng Kg. Betastr. 1,8043 Unterfoehring. La producción está basada en dos libros de Waldemar Bonsels: Die Abentuer der Biene Maja y Das Himmerlsuolk.

Todos los diarios (los que están autorizados de publicación) han reducido notablemente sus historietas, tanto en las entregas diarias como en las dominicales. Este movimiento se percibe más claramente en los años de la década del ochenta. El Mercurio, por ejemplo, hacia 1978 incluye solamente un par de viñetas de Lukas y una de "Pelusa", en los días de semana. El domingo aparece el suplemento dominical Pocas Pecas, el cual incluye "Asterix" (considerada como para adultos y como "historieta inteligente", distribuida aquí por el Field News- paper Syndicate), el Ratón Mickey, el Pato Donald, "Pepita" (King Features Syndicate) y "Los Picapiedras" (Press Service Inc.). El día domingo, también la tira de Artemio, por Pepe Huinca, y una titulada "Bronco", por Rog Alien. Ya en 1982 este suplemento dominical de El Mercurio ha desaparecido por completo. Las cinco series publicadas a unes de los setenta, a media página, de tamaño tabloide cada uno, a todo color y autoconclusivas, ya no aparecen más. La Nación, que reaparece como diario de gobierno a fines de 1981, no contiene historietas ni durante la semana ni los domingos. Sólo trae una viñeta de Lugoze. Finalmente, La Tercera -que ha crecido como empresa en todo este período, superando a El Mercurio y alcanzando la más alta circulación nacional- ha intentado mantener un suplemento de historietas, de cuatro páginas, tamaño tabloide. Hacia 1978 la primera página estaba reservada a Pepe Antartico, mientras que la segunda era cubierta con "El Fantasma" (King Features Syndicate), la tercera contenía a "Daniel el travieso" (Editors Press Service Inc.) y la última contenía dos series más, también del King Features Syndicate: "Mandrake el mago" y "Brick Bradford". En la semana sigue apareciendo "La broma en vida", de Percy, y en una de las páginas finales de la edición, seis tiras: "Pepe Antartico", "Superman", "Mandrake", "Brick Bradford", "El Fantasma" y "Olafo". Esta última situación continúa de manera similar durante 1982-1983: se repiten las mismas tiras de casi seis años atrás. El suplemento dominical ha cambiado levemente. La primera página, que parece reservada a una historieta nacional, trae ahora a "Ramón", por Vicar, a color y autoconclusiva, usualmente de seis a ocho cuadros. La segunda página contiene "Daniel el travieso", también autoconclusiva, y pertenece al Editors Press Service. La tercera página está ocupada por "Olaf el vikingo", de Dik Browne y la King Features Syndicate, y la cuarta y final está reservada a "Popeye", autoconclusiva, a todo color, como todas las otras, y también del King Features Syndicate. Podría decirse que la audiencia que La Tercera ha diseñado para sí, y el proyecto de desarrollo global que tiene le hace indispensable contener historietas en su corpus, que aseguran de otra manera su contacto con la masa nacional de sectores intermedios y subalternos.

En síntesis, si se observa lo acontecido con la historia impresa en Chile, se verá que en estos diez años sólo hay 11 historietas en circulación creadas por chilenos, de las cuales sólo una, Condorito, continúa publicándose. Desaparecieron tempranamente las seis revistas nacionales publicadas por Gabriela Mistral: Manque, Mizomba, Jungla, Far West, Ganso, La Pandilla; las iniciativas independientes, tales como El Doctor Mortis, Jappening, Barrabases y, en parte, Mampato, también terminaron. Condorito sigue siendo la única revista de historietas que permanece. Frente a esto, hay 17 revistas aparecidas en este período que comunican exclusivamente productos de Walt Disney y que sólo son impresas y publicadas en Chile. Siete de estas revistas siguen en plena circulación. Hay en seguida 22 revistas más que se han publicado en esta última década (1973-1983), que también son sólo impresas y publicadas en Chile y que, por tanto, no pueden considerarse como nacionales. Ellas son Hulk, Conan, IronMan, Spiderman, dos de Heidi, dos de Marco, Garra de Acero, Los Picapiedras, Don Gato, El Oso Yogui, Trinchera, Aventuras en la Selva, Adán y Eva, Grandes Novelas, Erase una vez el hombre, Scooby Do, El Chavo del Ocho, El Chapulín Colorado, Tamakún y La Abeja Maya. De estas 22 revistas producidas en Chile con material extranjero, siete siguen siendo publicadas a comienzos de 1983. Es decir, en un quiosco abastecido regularmente, hoy se encontraría por lo menos una revista nacional, siete de Walt Disney y siete de estos proyectos independientes de publicación con material extranjero.

Sólo resta ahora otro bloque de revistas de historietas distribuidas en Chile. Se trata de las revistas extranjeras provenientes de la editorial Novaro, de la Ciudad de México, en México, y que esencialmente tienen su origen en Estados Unidos.

b) Las revistas importadas

Revistas extranjeras han llegado en todas las épocas a Chile, pero las de historietas empiezan a ingresar sistemáticamente al país a comienzos del cincuenta. Las bibliotecas, archivos y registros nacionales sólo toman en cuenta lo que se publica en Chile y no lo que circula y se consume; por tanto, no hay información disponible sobre revistas ingresadas al país. Curiosamente, pese a la cercanía con Argentina, la industria editorial de historietas y publicaciones infantiles de esa nación ha hecho llegar poco sus productos a Chile, cuyo mercado, en cambio, está fuertemente penetrado por las revistas producidas en México. En algunos momentos se han distribuido en Chile materiales argentinos, tales como Billiken, Patoruzito, Scorpio, Mafalda, Pif Paf, Rico Tipo, Sargent Kirko y Sandokán.

Desde comienzos de los años cincuenta comienzan a llegar a Chile las revistas SEA, donde se canaliza una gran parte del material de historietas de Estados Unidos, aunque también de Europa, preferente- mente de Alemania. Los grandes syndicates que controlan los derechos de publicación de las historietas -Walt Disney, Western Publishing, King Features, DC Comics, United Features, Marvel Comics, etc.- pasan necesariamente por SEA, empresa mexicana que traduce e imprime revistas que luego distribuye por toda América Latina. Esta editorial SEA de los cincuenta se transformó después en Editorial Novaro, en lo que podría llamarse una institución clave de los aparatos hegemónico-ideológicos norteamericanos, utilizados para extender en América Latina la adhesión a Estados Unidos. Editorial Novaro parte de un aparato transnacional de poder que controla la industria cultural y que contribuye a la dependencia y al no desarrollo nacional en este terreno. Se trata de la cultura de masas de Estados Unidos distribuida internacional y mundialmente a otras diferentes situaciones histórico-sociales. Novaro distribuye sus productos en 19 países: Argentina, Hélice, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay, Venezuela y, por supuesto, México. Cubre parte de América del Norte, al distribuir-retornar, en verdad- estas revistas en las comunidades de chícanos, cubanos y portorriqueños de los Estados Unidos. Este es un ejemplo de colonización interna dirigido a comunidades étnicas y nacionales minoritarias. Novaro cubre toda América Central (incluso un país tan pequeño como Hélice) y virtualmente la totalidad de Sudamérica. Sólo España -que es hoy el país de nuestra lengua que tiene la industria editorial más desarrollada y floreciente- escapa a su influencia. Los syndicates norteamericanos tienen entre ellos conflictos de intereses por el mercado interior de los Estados Unidos, pero todos ellos aparecen coaligados a través de Novaro en el esfuerzo por penetrar en la parte hispanoparlante del continente americano. En Canadá, naturalmente, la tarea es fácil, porque no hay necesidad de traducir ni de reimprimir.

Editorial Novaro edita, traduce, canaliza, escoge, elimina, difunde, elabora un producto cultural cuyas características, objetivos y funciones sería necesario analizar. Está a disposición de 300 millones de personas en 19 países, sin contar su circulación en los Estados Unidos. No se conoce, en verdad, el alcance total de este fenómeno de transferencia cultural, valórica, conductual. Por lo general, sólo se percibe parte del proceso cuando se examina aisladamente -sí es que ocurre- en algún país. Pero no hay estudios de conjunto, ni tampoco hay información disponible de cómo este fenómeno de distribución y consumo cultural se ha desarrollado en otros países dependientes y subdesarrollados del Tercer Mundo, en Asia o África.

Recientemente han empezado a llegar a Chile historietas publicadas en España por Editorial Bruguera, que ha establecido contratos directos con los syndicates estadounidenses. Pero Novaro tiene la ventaja de una organización montada hace ya bastante tiempo y firmemente implantada en el mercado latinoamericano. Hay que hacer notar, por otra parte, que no sólo traduce e imprime, sino que ha formado un departamento de historietistas propio donde se han creado varias historietas. Publica de preferencia revistas semanales y quincenales, aunque suele tener como política empezar con una nueva serie en forma mensual para irla convirtiendo paulatinamente en quincenal y luego semanal, a medida que va logrando introducirla en el mercado internacional.

La distribución de Novaro en Chile ha tenido algunas dificultades y muestra, además, métodos característicos muy peculiares. Entre ellos, se cuenta una suerte de "dumping", según el cual dos revistas son corcheteadas juntas y vendidas por el supuesto precio de una. Las revistas corresponden a series diferentes. Viene un Superman y un Pájaro Loco, por ejemplo. Sólo que únicamente una de las revistas ha sido publicada en 1982, mientras que la otra es de 1975 o de" 1978, por ejemplo. Se trata de mercadería no vendida ni en Chile ni en los otros países que ahora es ofrecida a precio muy bajo. El principal problema de Novaro en Chile es que la recepción de las revistas es irregular: a veces el mercado está poco abastecido; otras veces se advierte la ola de nuevas revistas porque llegó un envío. Esto produce extraños fenómenos en la fecha de publicación de las revistas. Por ejemplo, las revistas fechadas en octubre de 1982 fueron vendidas en Santiago en agosto de 1982. Con esta manera de distribuir y comercializar, donde se dan dos revistas por el precio de lo que vale una de Walt Disney, Novaro ha logrado colocar en el mercado su producción atrasada, sus remanentes.

Por otro lado, este fenómeno casi no afecta la percepción psicológica del lector en el mercado. Cada episodio es independiente, y los que ahora se divulgan fueron originalmente creados y producidos en Estados Unidos décadas atrás. Novaro no ha distribuido siempre lo mismo tampoco. Durante los años sesenta y los setenta distribuyó Gene Autry y Chiquilladas en TV: Nuper y Blaper, ambas de la Western Publishing Co., las cuales ya no se distribuyen en Chile. Lo mismo acontece con Red Ryder, de la Red Ryder Enterprises; con Aventura, Epopeyas del Oeste, de Selecciones Ilustradas, de España, y con la colección Patronos y Santuarios, creada y producida por la editorial Novaro misma.

Novaro publica básicamente dos colecciones de revistas de historietas. La serie Avestruz, del tamaño usual de las historietas (25,5 por 16,5 cm.), y una más chica, la serie Águila (19,5 por 14 cm.). El precio de la chica suele ser un 20 por ciento más barata que el tamaño regular, pero contiene igual 32 páginas. Lo que hay es menos cuadros y menos papel, en verdad. Muchas veces, cuando Novaro ofrece dos revistas por el precio de una, son dos chicas, o una grande y una chica, usualmente de años atrás.

Durante 1982 y 1983 la editorial Novaro ha hecho circular en Chile 39 revistas de historietas diferentes. De ellas, el grupo más numeroso -14 publicaciones- corresponde a contratos de Novaro con el syndicate norteamericano Western Publishing Company. El detalle es el siguiente: La pequeña Lulú; Tobi; el Pájaro Loco; Roy Rogers; El Llanero Solitario; Turok, el guerrero de piedra; El conejo de la suerte; Tom y Jerry; Porky y sus amigos; El Super Ratón; El Correcaminos; La Pantera Rosa y el inspector; Dimensión desconocida, y Los pequeños monstruos. La más famosa de ellas es probablemente la primera, que fue creada en Estados Unidos en 1935. Como en muchos otros casos, el material que ofrece tiene una antigüedad que va, a veces, más allá de los veinte años. Así, las historietas de La pequeña Lulú ofrecidas en Chile en 1982 fueron dibujadas y publicadas originalmente entre los años 1957 y 1961. Conforme a una situación bastante generalizada, una buena parte de los personajes de estas revistas han sido" antes (o después) popularizados por el cine y la televisión: El Pájaro Loco, Roy Rogers, Bugs Bunny, Super Ratón, Correcaminos y, desde luego, Tom y Jerry.

Otras 11 revistas corresponden a contratos suscritos con D.C. Comics Inc. Son las siguientes: Susy. Secretos del corazón (quizá la única dirigida específicamente a un público femenino: niñas entre ocho y dieciséis años); Morgan, el guerrero audaz; Sal y Pimienta; La Zorra y el Cuervo; Marvila, la mujer maravilla; Batman; Campeones de la Justicia; Flash; Supermán; Supermán y Afarvila y Los hombres de metal. En este grupo domina notoriamente una "especialidad", la de los "super-héroes", de los cuales el más difundido es Supermán, que fue creado en 1938. En Campeones de la Justicia aparecen todos reunidos: Supermán, Batman, Marvila, Flash, más otros como Flecha Verde, Aquamán, el Hombre de Goma, el Capitán América, etc.

King Features Syndicate es la productora de otras cinco revistas de Novaro: Beto el recluta, Popeye el Marino, El Gato Félix, Lorenzo y Pepita y Lalo y Lola. Algunos de estos personajes están entre los más antiguos de la historia de la historieta. Popeye, por ejemplo, data de 1929, y el Gato Félix apareció por primera vez en una tira cómica en 1927, aunque era ya personaje del cine, en "cartoons", desde 1917. Muy antiguos son también Lorenzo y Pepita -datan de 1930-, que tiene, además, la fama de ser la historieta más divulgada del mundo; con ellos se ha hecho una treintena de películas, una serie de televisión y hasta una novela. Las revistas de estos personajes que circulan en Chile en 1982 correspondían a series del año 1954 y, excepcionalmente, no eran impresas en México, sino en Colombia. Beto el recluta, por su parte, es una historieta que publican actualmente alrededor de 1.400 diarios de todo el mundo.

Tres revistas se publican por acuerdo con Harvey Features Syndicate: Riqui Ricon, el pobre niño rico; Gasparín, el fantasma amistoso, y Flamita, el diablillo travieso.

De Archie Comics Publ. son sólo dos revistas: Archi y El pequeño Archi. Una más, Periquito, se publica por contrato con United Features Syndicate, y, finalmente, la última de procedencia norteamericana, producida por Edgar Rice Burrough, Inc., es la muy conocida serie de Tarzán de los Monos, que fue inicialmente, como se sabe, personaje de novela. En 1929 apareció en tiras dibujadas y desde 1936 se publica como revista estable de historietas. Tarzán ha sido llevado al cine a "cenas de veces.

Por último, Novaro edita dos revistas por acuerdo con productoras alemanas: Fixy Foxi y Sport-Billy, y una que puede considerarse como mexicana, Fantomas, producida por la propia Novaro, aunque el personaje es original mexicano.

En resumen: 39 revistas, de las cuales 37 son norteamericanas. La mayor parte son semanales, unas pocas quincenales. Pero este dato es importante sólo para los efectos de su circulación en México. En Chile no tiene utilidad, porque las entregas a los quioscos no son regulares, en virtud de los retardos que sufren los envíos desde México, y porque, al parecer, no todas las agencias distribuyen el material de modo regular en la capital y en el resto del país.

Señalemos que las publicaciones de la Editorial Novare han sido aprobadas por la Secretaría de Educación Pública de México. Dijimos al principio que esta empresa inició su trabajo a principios de los años cincuenta. Esto quiere decir que algunas de sus revistas tienen más de treinta años de publicación ininterrumpida. Es el caso de La Zorra y el Cuervo, Porky, El conejo de la suerte, El Llanero Solitario, La Pequeña Lulú y Tarzán, que vienen publicándose desde hace treinta y tres años. Super Ratón, Tom y Jerry, Roy Rogers, El Pájaro Loco, El Gato Félix y Supermán tienen treinta años. Beto el recluta tiene sólo veintiocho años, y únicamente veintidós Marvila y otras.

No es fácil evaluar los resultados de más de tres décadas de labor ininterrumpida a nivel de penetración cultural en todo un continente. Es evidente que se trata de un fenómeno que merece una mayor y más detenida investigación.

Lo que se aprecia, sin mucho esfuerzo, es la magnitud de la presencia norteamericana en la producción nacional de revistas de historietas: 37 de las 39 que distribuye Novaro, más las siete de Walt Disney editadas por Pincel. Frente a ellas, la única revista propiamente chilena de historietas que puede hallarse en los quioscos es Condorito (lo que refuerza, por otra parte, nuestra idea de que cada día es más necesaria una lectura en profundidad de esta serie).

Tal como ocurre con el cine, en el caso de la historieta la producción nacional desaparece. Las condiciones que permite su reproducción estuvieron dadas especialmente en el lapso 1977-1980, cuando la aparente prosperidad económica se manifestaba. De modo discontinuo, las historietas llegan y se producen en Chile. Durante los períodos más represivos, la historieta ha mantenido su presencia. En los momentos de liberalización, la historieta continúa. Lo cierto es que en Chile las condiciones siempre han estado dadas para que surjan los fenómenos de la cultura de masas. El esquema de apertura lenta y gradual que se aprecia en estos años posibilita también el surgimiento en Chile de una cultura alternativa, disidente, contestataria, antioficial, cuestionante, problemática. La sociedad política permite que se desarrolle la contracultura y su propia cultura en un mismo movimiento. En este momento, las estrategias globales se enfrentan en todos los terrenos y la historieta participa en la lucha por la hegemonía.

Las historietas siguen siendo parte de un conflicto que otra vez parece ponerse en el centro de la sociedad chilena: la cuestión del poder. No parece haber fin en el país a los tiempos de crisis. Y como la lucha por la hegemonía es todavía aquí un proceso permanente, no resuelto, la historieta extranjera participa en él, y también la escasísima producción nacional, enfrentándose en una contienda que las trasciende y cuyo fin aún no se avizora. En ese conflicto, las historietas son elementos singularmente importantes.


Notas:

1. En Santiago puede citarse el ejemplo de los álbumes de Mafalda, Asterix, Tintín y Lucky Luke, que se hallan en librerías y no en quioscos.

2. Una apreciación similar tiene Armand Mattelart en Comunicación v nueva hegemonía. Lima, 1981.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03