Muerte y resurrección del teatro chileno

«Es necesario convencer a los trabajadores que son un gran poder, como no hay otro, pero que la fuerza de su poder sólo reside en la organización.»

Recabarren

INTRODUCCIÓN

La vida del trabajo y las luchas obreras han estado ausentes en la historiografía tradicional de Chile. Nuestra historia se ha concebido como una apología de las clases dominantes y no como estudio sobre el devenir de la sociedad chilena en su conjunto:

Hasta ahora, escribía Domingo Amunátegui Solar,

sólo se ha escrito la historia política, propiamente tal, de nuestro país; la historia de los gobiernos, de las instituciones, de los hombres notables, de las principales familias (oligarquías), pero no se ha escrito la historia de las clases populares, de los modestos labriegos, de los artesanos, de los empleados domésticos, de los obreros, en otros términos, de los que no tienen apellidos, de aquellos que llevan una vida oscura en la choza campesina, en el conventillo de la ciudad.

Esto es tanto más de extrañar, cuanto que los individuos anónimos, no sólo en nuestra nacionalidad, sino en todas las nacionalidades, constituyen la mayoría de los habitantes; y, por su obra, callada y continua, en absoluto, contribuyen más que las personas ilustres a la grandeza o decadencia de un pueblo [...] En toda nación, grande o pequeña, los hijos del pueblo imprimen carácter a la comarca en que habitan. Su labor, individual o colectiva, carece de relieve; pero, sin disputa, ejercen una influencia enorme, aunque invisible. (1)

Lo cierto es que la consideración histórica del movimiento obrero y en general, de las clases populares, depende del grado de desarrollo político de una sociedad, del nivel de la lucha de clases, que otorga presencia a los trabajadores en términos de conciencia, organización y voluntad de lucha.

Con sobrada razón, el historiador británico Carr, ha sostenido que: «No hay indicador más importante del carácter de una sociedad que el tipo de historia que escribe o deja de escribir.» (2)

Ha sido el caso de la Unión Soviética. Kula explica:

La conquista del poder de un Estado inmenso por la clase obrera, la asombrosa actividad y madurez política de ésta, no podían dejar de despertar el interés por su pasado -tan breve desde el punto de vista histórico- que había culminado en el triunfo de la Revolución [...] El acontecimiento más señalado e interesante fue la iniciativa de Máximo Gorki. En efecto, en 1931, éste proyectó emprender con el esfuerzo colectivo de los historiadores y los obreros la elaboración de una historia de las diferentes fábricas y empresas industriales. Esta hermosa iniciativa, rebosante de sentido histórico, la asumieron un nutrido grupo de científicos, interesándose por ella los veteranos obreros que durante casi toda su existencia habían trabajado en sus establecimientos. (3)

La Revolución Cubana ha creado también las condiciones para un redescubrimiento del pasado nacional, en el cual, la vida del trabajo y las luchas obreras ganaron la categoría de «hechos históricos». (4)

El interés de las revoluciones socialistas triunfantes acerca de los estudios históricos proviene de una razón fundamental: la transformación conciente de la realidad requiere el conocimiento histórico que permite descubrir y dominar las leyes que rigen el devenir social. Ese conocimiento necesario para acelerar el proceso revolucionario sólo es posible cuando han desaparecido los intereses privados que impiden en toda sociedad clasista poner en descubierto privilegios de minorías oligárquicas y su condición de explotadoras del trabajo de las masas.

En Cuba, ahora se puede investigar en fuentes que antes vedó el imperialismo y que contenían información fundamental para explicar el vasallaje nacional frente al capital norteamericano. (5)

El avance del movimiento obrero internacional ha generado una nutrida producción bibliográfica que no cesa de incrementarse. En muchos países se han creado centros especializados en historia del movimiento obrero y publican libros, folletos, boletines y revistas. (6) La entrada objetiva de la clase obrera en la historia contemporánea explica así su interés creciente por la ciencia histórica.

El rescate de esta historia viva y fecunda no ha sido tarea fácil. Los pioneros de la historia social en América Latina, han realizado sus investigaciones con muy precarios recursos y afrontan serias dificultades para trabajar en los archivos oficiales y empresariales. No es fácil indagar sobre aspectos tan espinosos del orden vigente como aquellos que se refieren a la vida industrial, las persecuciones y represiones al movimiento obrero, dentro del marco de la virtual dictadura oligárquica y la dominación imperialista.

En varios de nuestros países, la intervención militar en las organizaciones sindicales, la guerra declarada contra los movimientos revolucionarios y su secuela de asaltos a locales de partidos y sindicatos, la destrucción de imprentas, la depuración de todo material «subversivo» en bibliotecas públicas y privadas, incluida la quema de libros, folletos, periódicos, documentos, etc., ha significado un irreparable daño para las fuentes fundamentales de la investigación sobre la historia obrera.

El movimiento obrero chileno de larga trayectoria y gravitación en la sociedad global, ha librado una significativa lucha ideológica en el terreno de la ciencia histórica. Entre los forjadores más destacados de la historiografía marxista chilena deben mencionarse: Hernán Ramírez Necochea, Julio César Jobet, Marcelo Segall, Jorge Barría y Luis Vitale. (7)

El golpe fascista, ha tenido un efecto paralizante en la lucha desmistificadora de la historia nacional, como consecuencia de la grave regresión social que ha traído al país. El fascismo ha oficializado la más grosera falsificación de la historia bajo el pretexto de descontaminarla de la «nefasta política».

Las bibliotecas han sido «expurgadas» de todas las obras con algún aroma proletario o socialista. (8) Los centros de investigación en ciencias sociales han sido disueltos o reducidos a simples oficinas burocráticas a cargo de elementos incondicionales del poder militar.

Los más destacados historiadores y otros científicos sociales, han ido a parar a campos de concentración o han tenido que salir hacia el exilio. Es de imaginar la situación de quienes, por excepción conservan sus cargos bajo el imperio de la prohibición absoluta de «hacer política» en el concepto militar del quehacer académico.

En espera de que los «historiadores oficiales» elaboren la versión fascista de la historia de Chile, las autoridades educacionales han ordenado que la enseñanza de la historia cubra solamente hasta 1891, para así dejar en la penumbra el despertar del movimiento obrero y su lucha por la democratización del orden oligárquico, contra el imperialismo y por el progreso social. (9)

Frente a esta dramática realidad, no es posible cruzarse de brazos. Por el contrario, habremos de seguir, en la clandestinidad o en el exilio, la lucha por rescatar la verdadera historia de Chile, hoy mistificada todavía más que ayer por las negras fuerzas del fascismo, instaladas transitoriamente en el poder.

El 6 de julio de 1976, se cumplieron cien años del nacimiento del fundador del movimiento obrero chileno, Luis Emilio Recabarren, cuya lucha pionera se registra también en los albores del movimiento revolucionario argentino y uruguayo.

Desde una perspectiva latinoamericana, Luis Emilio Recabarren, (1876-1924), José Carlos Mariátegui (1894-1930) y Julio Antonio Mella (1903-1929), se distinguen como los más notables forjadores del movimiento obrero inspirado en el socialismo científico.

Recabarren, representa la raíz obrera más auténtica, la obra más colosal de organización, educación y propaganda y la creación de una verdadera escuela de la lucha de masas.

Mariátegui, la lucidez penetrante en el desarrollo creador de la teoría revolucionaria en el marco de nuestra realidad continental: «No queremos, ciertamente, decía, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva...». (10)

Mella, la visión genial del significado histórico del pensamiento de José Martí (1853-1895), y del entronque del socialismo en el frustrado proyecto nacional. En esa concepción, la Revolución Cubana descubrió una inagotable cantera de energías y motivaciones revolucionarias. (11)

Hace mucho tiempo, escribía, que llevo en el pensamiento un libro sobre José Martí, libro que anhelaría poner en letras de imprenta... Es imprescindible que una voz de la nueva generación, libre de prejuicios y compenetrada con la clase revolucionaria de hoy, escriba ese libro. Es necesario dar un alto, y, si no quieren obedecer, un bofetón, a tanto canalla, tanto mercachifle, tanto patriota, tanto adulón, tanto hipócrita... que escribe o habla sobre José Martí [...] Martí -su obra- necesita un crítico serio, desvinculado de los intereses de la burguesía cubana, ya retardataria, que diga el valor de su obra revolucionaria considerándola en el momento histórico en que actuó. Mas hay que decirlo, no con el fetichismo de quien gusta adorar el pasado estérilmente, sino de quien sabe apreciar los hechos históricos y su importancia para el porvenir, es decir, para hoy [...] Él, orgánicamente revolucionario, fue el intérprete de una necesidad social de transformación en un momento dado. Hoy, igualmente revolucionario, habría sido quizás el intérprete de la necesidad social del momento. ¿Cuál es esta necesidad social? Preguntas tontas no se contestan, a menos de hacernos tontos. Martí comprendió cuando dijo a uno de sus camaradas de lucha -Baliño- que era entonces socialista y que murió magníficamente en el Partido Comunista. ¿La Revolución? La revolución no es la que vamos a iniciar en las maniguas sino la que vamos a desarrollar en la República. (12)

Recabarren, Mariátegui y Mella, representan un salto cualitativo en la gestación y desarrollo del movimiento obrero latinoamericano. Superan las tendencias reformistas del socialismo rioplatense y se ligan decididamente a la corriente revolucionaria del movimiento obrero internacional. Sus vidas ejemplares y sus aportes fecundos, constituyen fuentes de inapreciable significación política y moral para el proceso de la Revolución Latinoamericana.

La madurez alcanzada por el movimiento obrero latinoamericano explica la creciente valoración de sus grandes forjadores, que durante décadas permanecieron apenas conocidos por las nuevas generaciones. La Revolución Cubana, al reconocer sus raíces, revivió la vida y el pensamiento de Mella y le dio proyección internacional. El proceso revolucionario peruano, al propiciar una afirmación nacional fundada en la transformación del orden oligárquico, descubrió también que Mariátegui era el más grande constructor del pensamiento liberador del Perú. (13) Ha merecido la reivindicación oficial del Gobierno nacionalista, pero sobre todo, su vida y sus escritos han pasado a ser elementos pedagógicos insustituibles en la lucha actual de los trabajadores peruanos.

El ascenso de la Unidad Popular al poder en Chile, legitimó la ignorada historia obrera y Recabarren pasó a ser algo más que un nombre mitológico para alcanzar en la conciencia colectiva un mejor conocimiento y valoración. Se editaron muchos de sus escritos y los acontecimientos más relevantes de su lucha obrera ganaron un mayor interés entre los investigadores y artistas.

Al cumplirse el centenario de su nacimiento y al conmemorarse la fecha, en las condiciones de heroica resistencia popular frente a la dictadura fascista, resulta propicia la oportunidad para exaltar los grandes valores del proceso revolucionario chileno y bajo su motivación, estimular la recopilación de material histórico disperso, promover el estudio y la difusión sobre nuestro pasado nacional en función de nuestras tareas actuales y del proyecto socialista.

Este libro ha sido elaborado sin otras pretensiones que la difusión de una gloriosa tradición obrera que merece conocerse fuera de Chile. No obstante, el libro aspira también a servir como un llamado a la conciencia de los emigrados chilenos: no olvidar sus raíces y resistir la tentación pequeñoburguesa de sentirse actores principales de un proceso que no puede tener otra conducción y fuente de inspiración que la lucha que se libra en el interior de Chile, dirigida por la clase obrera y sus organizaciones. Efectivamente, el exilio siempre fue terreno propicio para el delirio de la pequeña-burguesía, deseosa de «quemar etapas» para hacer caminar la historia a golpes de voluntad.

Es bueno recordar que la fuerza y potencialidad del movimiento obrero chileno no es el resultado de ningún ideologismo abstracto, sino producto de la, lucha que durante decenas de años desarrollaron los viejos partidos de la clase obrera, cuyo liderazgo no podrán sustituir proyectos surgidos de la desesperación ni menos de caudillos sin raíces en la historia de nuestras luchas sociales.

Recabarren es un producto de nuestra historia, pero también un constructor que supo darle expresión orgánica y conciencia a una clase para la cual había llegado su tiempo: la clase obrera. Expresión de una clase a la cual pertenece el destino nacional, Recabarren se alza como uno de los más ilustres hijos de Chile, junto a 0'Higgins, Balmaceda y Allende, y con ese rango vive en la memoria y la inspiración de nuestra lucha.


Notas:

1. Amunátegui Solar Domingo: Historia social de Chile. «Prólogo». Nascimiento, Santiago, 1932.

2. Carr, Edward Hallet: ¿Qué es la historia?, Seix Barral, Barcelona, 1973, pág. 57.

3. Kula, Witold: Problemas y métodos de la historia económica. Península, Barcelona, págs. 37-38. Investigaciones de Gorki sobre el tema: «Historia de las fábricas y de las empresas industriales» (1931) y «Sobre el trabajo v sobre la historia de las fábricas v empresas». (1932).

4. La nueva historiografía cubana ha producido obras de calidad excepcional: Moreno Fraginals, Manuel: El Ingenio. El complejo económico-social cubano del azúcar, 2 tomos; Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, La Habana, 1964; además obras testimonios del mundo laboral: Dechamps Pedro y Juan Pérez de la Riva, Contribución a la historia de la gente sin historia, Ed. Ciencias Sociales, ICL, La Habana, 1974.

5. V. Kuczynski, Jurgen: «Investigando los archivos de los monopolios norteamericanos en Cuba», en Cuba Socialista, Nº 53, La Habana, 1966.

6. Algunos centros de estudios históricos del movimiento obrero: Instituto del Movimiento Obrero Internacional de la Academia de Ciencias de la URSS; Sociedad Internacional de Historia Laboral, de Inglaterra; Sociedad Australiana para el Estudio de la Historia Laboral; Instituto Internacional de Historia Social, Amsterdam Holanda; Fundación Friedrich Ebert, República Federal de Alemania; Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba; Centro de Estudios Históricos del Movimiento Obrero Mexicano, México; y otros.

7. Otros cientistas sociales importantes son: Hugo Zemelman, Francisco Zapata, Osvaldo Arias y Manuel Barrera.

8. Pinochet ordenó eliminar de las bibliotecas la prensa del período de Allende (1970-1973) y destruir todo impreso que tenga alguna vinculación con términos proscritos como «socialismo», «comunismo», «compañero», etc. En los primeros días del Golpe, declaró en Concepción que el término «obrero», estaba abolido, «porque divide a los chilenos».

9. En los colegios, los carabineros se encargan de arrancar las páginas de los textos escolares del período posterior a 1891, de acuerdo con instrucciones del Ministerio de Educación. Particularmente, el nombre de Luis Emilio Recabarren, excita el odio zoológico que el fascismo tiene por la clase obrera. En el número 32 del periódico clandestino Unidad Antifascista, editado por la Dirección Interior del Partido Comunista de Chile, se informa que en un liceo de Santiago, una patrulla de carabineros expulsó al profesor y arrestó a seis alumnos, al observar que trabajaban con el Manual de Historia de Chile, sin que se hubiesen arrancado la página en la que figuraba un retrato del líder obrero y una reseña de su obra política. Por otra parte, los militares ordenaron quitar el nombre de Recabarren a sindicatos, barrios y calles de poblaciones obreras; clubes, deportivos, etcétera. Los oficiales de Pinochet estuvieron a punto de destruir el fabuloso mural que Siqueiros pintó en la Escuela de Chillán, porque en él figuraba Recabarren. El bárbaro atentado se evitó por temor a la reacción del Gobierno mexicano.

10. «Presentación» de Amauta, cit. por Moretic, Yerko: José Carlos Mariátegui, su vida e ideario. Su concepción del realismo. Universidad Técnica del Estado, Santiago, 1970, pág. 110. V. además: Carrión, Benjamín: José Carlos Mariátegui. El precursor, el anticipador, el suscitador, México, 1976; Del Prado, Jorge, «Mariátegui y su obra». Nuevo Horizonte, Lima, 1946; Melis, Antonio: «Mariátegui, primer marxista de América», Rev. Casa de las Américas, Nº. 48, La Habana, mayo-junio, 1968.

11. V. Castro, Fidel: «En la velada conmemorativa de los cien años de lucha». Discurso en La Demajagua, Manzanillo, Oriente, el 10 de octubre de 1968, en revista Islas, Nº 4, Universidad Central de las Villas, octubre-diciembre, 1968.

12. «Glosando los pensamientos de José Martí», en: Varios Autores: Pensamiento revolucionario cubano, Ed. de Ciencias Sociales, ICL, La Habana, 1971, págs. 331-333. V. Pascual, Sarah, «Julio Antonio Mella. Síntesis de su obra». Instituto Julio Antonio Mella, Universidad de La Habana, 1971; Tibol, Raquel, Julio Antonio Mella en «El Machete». «Antología parcial de un luchador y su momento histórico», Fondo de Cultura Popular, México, 1968. Mella, Julio Antonio, Documentos y artículos. Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista de Cuba. Ed. de Ciencias Sociales, ICL, La Habana, 1975.

13. V. Mariátegui, José Carlos: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Amauta, Lima, Perú, 1959.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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