Muerte y resurrección del teatro chileno

CUARTA PARTE

HERENCIA PERDURABLE: RECUENTO Y PERSPECTIVAS

«Realizaremos lucha política para arrebatar a la burguesía el poder político dominante.»

Recabarren

1. LAS COLUMNAS BÁSICAS

La obra y la influencia del pensamiento de Luis Emilio Recabarren constituyen una herencia, que el conjunto del movimiento popular chileno reconoce trascendental:

La Federación Obrera de Chile, FOCH, fundada en 1909 y orientada hacia posiciones clasistas en 1919; la Confederación de Trabajadores de Chile, CTCH, fundada en 1936; la Central Única de Trabajadores de Chile, CUTCH, (1) marcan fases ascendentes de cristalización de ciertas características fundamentales del sindicalismo chileno.

La politización sindical y vinculación con el proyecto socialista de los partidos obreros.

La ampliación de la base sindical con la incorporación de obreros, campesinos y empleados, independientemente de su ideología política o religiosa, incluida la mujer.

El desarrollo de una efectiva democracia sindical, fundamento de una dirección respetada y respetable. (2)

La lucha por centralizar el movimiento sindical e impedir la proliferación de centrales separadas, cuando no hostiles, ha calado hondo en la conciencia de los trabajadores chilenos, concientes de que su unidad orgánica representa una herramienta de valor estratégico en la lucha contra la explotación capitalista y para su liberación definitiva.

En el plano político, la contribución de Recabarren fue igualmente decisiva: del Partido Obrero Socialista, fundado en 1912, surgió en 1921 el Partido Comunista de Chile. (3) En 1933, núcleos de la pequeña burguesía intelectual, militares nacionalistas y cuadros provenientes del Partido Obrero Socialista, (4) dieron vida a un nuevo partido vinculado a la clase obrera, el Partido Socialista de Chile. (5)

La convivencia de ambos partidos en el seno de la clase obrera no fue fácil. Las discrepancias ideológicas, tácticas y estratégicas se tradujeron en tensiones y disputas hegemónicas que más de alguna vez derivaron en crisis que afectaron al movimiento obrero en su conjunto, e incluso, en violentos enfrentamientos. Pero las raíces obreras de ambos partidos planteaban en la vida cada día, acciones comunes en la defensa del pan, del trabajo, las libertades públicas, etc.

En 1936, se logró concertar una alianza socialista-comunista-radical, para enfrentar en Chile a la ola fascista que se cernía sobre el mundo. El Frente Popular ganó las elecciones presidenciales de 1938 con Pedro Aguirre Cerda. El período, pese a los avances registrados en la acción del Estado como agente de la industrialización y en la democratización de la vida nacional resultó frustrante para la clase obrera y sus partidos. (6) En esa experiencia, las discrepancias de socialistas y comunistas se hicieron más profundas, a tal punto, que rompieron la unidad sindical fraccionando en dos a la Confederación de Trabajadores de Chile, CTCH, en 1946.

En 1956, socialistas y comunistas dieron vida al Frente de Acción Popular, FRAP, en el que militaron también otros grupos y personalidades de izquierda. Ambos partidos comprendieron que eran dos brazos de un mismo cuerpo y que sin su unidad estratégica no sería posible realizar ningún proyecto revolucionario. Desde entonces, esa unidad se ha fortalecido notablemente, y hoy resulta ejemplar en el contexto de la situación de la izquierda en el mundo.

El triunfo de Salvador Allende en 1970 y los mil días del Gobierno Popular, expresó el más alto nivel de la lucha obrera en Chile con un Programa que representó las más auténticas aspiraciones de liberación nacional y social del pueblo chileno.

2. REACCIÓN FASCISTA Y MOVIMIENTO OBRERO

El golpe fascista de 1973, significó por eso la más seria derrota sufrida por los trabajadores chilenos en su larga historia de lucha. El proyecto revolucionario fue transitoriamente paralizado. Las causas del fracaso están siendo estudiadas por los partidos revolucionarios. Junto a la reorganización de sus estructuras orgánicas y a la articulación de la lucha clandestina. Esa autocrítica arrojará sin duda, mucha luz sobre el futuro. Habrá que desterrar deformaciones y vicios inveterados en el movimiento obrero chileno, que tanto contribuyeron a la derrota de 1973, al facilitar los planes contrarrevolucionarios del imperialismo: el sectarismo, que genera aislamientos y recelo al interior del movimiento obrero y de éste, en sus relaciones con otras clases y capas populares; el dogmatismo, que reduce al marxismo-leninismo a un recetario de fórmulas congeladas y confunde lo abstracto con lo concreto; el reformismo, que siembra falsas ilusiones sobre las posibilidades de avanzar sin lucha hacia el socialismo olvidando que jamás una clase dominante abdica de sus privilegios; el infantilismo revolucionario, que se embriaga de fraseología y actúa bajo los impulsos del voluntarismo sin tener en cuenta la correlación de fuerzas en lucha de clases.

En ese marco histórico la lucha continua: la Resistencia estudia y medita sobre un proyecto político válido y viable, que permita a los trabajadores retomar el camino hacia el socialismo (7) y llama a fortalecer la unidad con todos los que estén decididos a luchar contra el fascismo en torno a la clase obrera como polo aglutinante del pueblo, practicando el arte de sumar fuerzas para aislar al enemigo principal. (8)

La Unidad, ha subrayado Clodomiro Almeyda, debe elevarse ahora en esta crítica circunstancia, a un nuevo superior nivel político, ideológico y orgánico, que debe superar con mucho el grado a que alcanzó durante el gobierno de la Unidad Popular, donde todavía era feble e inconsistente para proponerse derivar en la conformación de una verdadera y homogénea fuerza dirigente de la revolución chilena, con una sola estrategia y una sola conducción. He ahí el requisito imprescindible, la condición necesaria para derribar a la junta fascista, lo que unido a un menor espontaneismo anárquico y a una mayor disciplina conciente y orgánica, a menos improvisación empírica y mayor reflexión teórica, asegura que podemos proseguir con éxito en su hora, nuestra interrumpida tarea de transformación revolucionaria de la sociedad chilena. (9)

3. UN MONUMENTO VIVO

En el centro de este drama histórico, Salvador Allende se alzó como el gran heredero de las mejores tradiciones del movimiento obrero chileno. En la cumbre del heroísmo, cayó por su patria y por los trabajadores con la bandera de Chile en sus manos. Con su gesto destruyó moralmente al fascismo y también al verbalismo revolucionario. Ese fue el golpe moral de Allende que demolió falsas imágenes y sometió las palabras a la prueba concluyeme de los hechos.

El golpe moral de Allende se repitió como eco sucesivo en la Isla Dawson, Estadio Nacional, Estadio Chile, Isla Quinquina, Tejas Verdes, Chacabuco, y tantos otros campos de concentración donde los fascistas no pudieron, con todo el horror que brotaba de su odio enfermizo a los trabajadores, vencer la firme voluntad de los revolucionarios. En estas trincheras donde la muerte puso a prueba todas las convicciones el movimiento obrero chileno se alzó enérgico y vigoroso: (10)

«Amo la vida pero no temo a la muerte, si fuera necesario caer por mi causa», dijo Luis Corvalán, en Dawson, cuando tuvo la primera oportunidad de hablar al mundo. (11) Con firmeza y valentía denunció el clima de presión física y sicológica a que estaban sometidos los prisioneros del fascismo en la Isla Dawson. La fortaleza de Corvalán llegó a todos los campos de concentración como una ola moral y reiteró ante el mundo la voluntad irrevocable de los revolucionarios chilenos de enfrentar todos los riesgos en defensa de su causa.

En las minas de carbón, heroicos combatientes enfrentaron el paredón entonando himnos revolucionarios.

En la Fuerza Aérea, un grupo de oficiales condenados a muerte y a cadena perpetua, alzaron sus puños como respuesta a la sentencia.

La moral de los revolucionarios cautivos ha sido indestructible.

En la clandestinidad, las fuerzas populares se reorganizan y luchan; Esa roca que hoy resiste plena de heroísmo, endurecida con la sangre gloriosa de nuestro pueblo, esos brazos que levantan en las sombras de la noche sus banderas rotas, pero no vencidas; esos puños numerosos que golpean como martillos sin pausa contra el fascismo; esa honesta reflexión sobre los errores del pasado; esa irrevocable decisión de separar del camino a los vacilantes y a los vocingleros, esa confianza absoluta en que volveremos «más temprano que tarde» a transitar por las alamedas de la libertad, es sin duda, el mejor homenaje que los revolucionarios chilenos rinden hoy al maestro Luis Emilio Recabarren. La conciencia, organización y unidad combatiente, es el gran monumento que se erige en cada rincón de Chile y en todos los puntos cardinales del exilio, a su insigne memoria de padre inmortal de nuestro movimiento obrero.


Notas:

1. Véase Barría, Jorge, Historia de la CUTCH, prensa Latinoamericana, Santiago, 1972.

2. En mayo de 1972, la CUTCH eligió sus autoridades máximas en votación directa y universal. La izquierda obtuvo en conjunto el 72,3% de los votos y los sectores de oposición al Gobierno Popular el 27,7%. Las tres principales fuerzas fueron: comunistas, 31,8%; socialistas, 27,1% y democracia cristiana, 27,0%; ratificando, en consulta directa, la conducción marxista-leninista del sindicalismo chileno

3. Sobre el Partido Comunista de Chile: Ramírez Necochea, Hernán: Origen y formación del Partido Comunista de Chile, Austral, Santiago, 1965. González Díaz, Galo: La lucha por la formación del Partido Comunista de Chile. Santiago, 1958; Lafferte, Elías: Vida de un comunista. Austral, Santiago, 1971; Corvalán, Luis: Ricardo Fonseca, combatiente ejemplar. Austral, Santiago, 1971; Varas José Miguel: Chacón, Austral, Santiago, 1968.

4. Llegaron posteriormente al PS: Ramón Sepúlveda Leal, Benjamín Rojas, Onofre González, Manuel Hidalgo y Manuel Leiva, dirigentes nacionales del POS

5. Sobre el PSCH, V. Jobet, Julio César: El Partido Socialista de Chile, 2 tomos, PLA, Santiago, 1971; Corbalán, Salomón: El Partido Socialista, Imp. Atenas, Santiago, 1957; Casanueva, Fernando y Manuel Fernández: El Partido Socialista y la lucha de clases en Chile, Quimantú, Santiago, 1973; Witker, Alejandro: Los socialistas chilenos. Breve historia del PSCH, México, 1975. (Inédito). Witker Alejandro: «Eugenio González, maestro y militante del Socialismo chileno.» (en preparación).

6. Para el período, Zemelman, Hugo: El movimiento popular chileno y el sistema de alianzas en la década de 1930, inédito; Faleto, Enzo, Eduardo Ruiz y Hugo Zemelman: Génesis del proceso político actual, Quimantú, Santiago, 1972; Corvalán, Luis: Ricardo Ponseca, combatiente ejemplar, ed. cit.

7. Altamirano, Carlos: «Reflexiones críticas sobre el proceso revolucionario chileno», Rev. Cuestiones actuales del socialismo, Belgrado, agosto, 1974; Castell, Manuel, La lucha de clases en Chile, Siglo XXI, Buenos Aires, 1971. Castillo, René: «Chile: enseñanzas y perspectivas de la revolución»: Paz y Socialismo, Praga, 1974; Debray, Régis: La crítica de las armas, Siglo XXI, México, 1975; Garcés, Joan: Allende y la experiencia chilena, Ariel-Seix Barral, Barcelona, 1976; Gazmuri, Jaime: «Aprender de las lecciones del pasado para construir el futuro», Nueva Democracia, Santiago, 1974; Martner, Gonzalo: Chile: los mil días de una economía sitiada, Fac. de Economía, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1976; Rodríguez, Aniceto: «Ineludible unidad para la Resistencia Chilena», Caracas, julio-1976 (roneo); Zemelman, Hugo: El proceso chileno de transformación y los problemas de dirección política (1970-1973), Cuadernos del CES, nș 7, El Colegio de México, México, 1974.

8. Sobre las perspectivas de la lucha del pueblo chileno contra el fascismo, véase: Unidad Popular: Los planteamientos de la Unidad Popular frente a la situación actual de Chile, Berlín, 17 de julio, 1975, Universidad Obrera Lombardo Toledano, México, 1975. Unidad Popular: «Por la unidad antifascista hacia la derrota de la Junta», Declaración, Berlín, septiembre 1976, Cuadernos de Casa de Chile, Nș 3, México, 1976.

9. Discurso inaugural. Tercera Reunión de la Comisión Investigadora Internacional de los Crímenes de la Junta Militar de Chile, México, febrero, 1975.

10. Sobre el fascismo chileno: El paso de los gansos. Puelche, Nueva York, 1975; Rojas Rodrigo: Jamás de rodillas. Acusación de un prisionero de la Junta Fascista de Chile, Ed. Agencia de Prensa Novosti, Moscú, 1974; Witker, Alejandro: Prisión en Chile, Fondo de Cultura Económica, México, 1975; «El compañero Tohá», Esbozo biográfico, testimonios y documentos. Casa de Chile, México, 1977. Timossi. Jorge: Grandes alamedas. El combate del Presidente Allende, Ed. de Ciencias Sociales, ICL, La Habana, 1974.

11. Declaraciones al periodista brasileño Antonio Alberto Prado de la revista brasileña Visao, publicada el 21 de febrero de 1974. V. Labarca, Eduardo: Vida y lucha de Luis Corvalán, Ed. de Cultura Popular, México, 1976.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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