Muerte y resurrección del teatro chileno

TERCERA PARTE

TAREAS ESENCIALES
Organizar, Educar y Propagar

«Mientras más rápidamente avancemos la cultura y la educación, junto a la organización de los trabajadores, más cerca, mucho más cerca, estaremos del porvenir, y por lo tanto del Socialismo.»

Recabarren

1. LOS ESCRITOS: RESCATE Y VALORACIÓN

Los escritos de Recabarren consisten en folletos, artículos periodísticos, discursos, conferencias y panfletos: El rescate completo no ha sido realizado aún. (1) La suerte de la prensa obrera, principal fuente de los escritos de Recabarren, ha sufrido todas las vicisitudes de su carácter esporádico, marginal y a menudo ilegal. Una cantidad inapreciable de este material se ha perdido definitivamente y otro permanece en viejas ediciones a la espera de su salvación. Se sabe que Recabarren escribió en las columnas del periódico socialista argentino La Vanguardia, artículos que no han sido totalmente recopilados. Existen folletos que hasta la fecha no han sido ubicados, como El Manual del Propagandista, tal vez su último trabajo.

Estos escritos contribuyeron al desarrollo del movimiento obrero chileno en tres aspectos fundamentales: organización, educación y propaganda. «Mientras más rápidamente avancemos la cultura y la educación junto con la organización de los trabajadores, escribía, más cerca, mucho más cerca estaremos del porvenir y por lo tanto del socialismo.» (2)

Su lectura denota el avance intelectual logrado por esta laborioso autodidacta que cumplía misión de maestro de sus hermanos de clase convencido de que «saber es poder». Concibió la lucha por el socialismo como una empresa inseparable a la organización de la clase como un «intelectual colectivo», destinado a ser el cerebro conductor de las masas lucia su plena liberación. Es necesario subrayar, que no concibió al Partido como una academia que «ilustrara» des le fuera de la lucha de clases. Por el contrario, comprendió bien que a la clase obrera no se la «concientiza» sino combinando el estudio con la lucha misma. Estaba muy claro que la educación política no podía ser obra de doctores en ciencias sociales que conocen la lucha de clases sólo en los textos clásicos o manuales y la «viven» en la Universidad.

La lectura atenta de sus escritos revela que el autodidacta asimiló importantes técnicas de la investigación social: recurrió a archivos oficiales, a las actas parlamentarias, a la información de prensa, etc. Comprendió el valor del análisis cuantitativo para estudiar la situación social de los trabajadores y los negocios de la burguesía. (3)

En la mejor tradición del movimiento obrero internacional, fue un polemista activo, serio y apasionado. No permitía que impunemente los voceros de la burguesía propagaran su ideología reaccionaria, (4) incluso, sabía valerse de las propias afirmaciones de autores burgueses para sostener sus tesis en la polémica política. (5)

Los problemas de la mujer y del niño proletario figuraron siempre en sus preocupaciones. La explotación inhumana, que la sed incontenible de lucro del capitalismo realizaba en mujeres y niños debía interesar a la lucha sindical y política. En su labor de educación política, empleaba siempre, con pedagógica insistencia, la expresión ambos sexos. (6)

Su interés intelectual, cubría todos los ámbitos de la sociedad nacional e internacional. Estudiaba y asimilaba las experiencias de las luchas obreras en otros países. Estaba atento a los avances de la ciencia y de la tecnología en la industria y en el conocimiento de la naturaleza. Se preocupaba de las corrientes literarias y artísticas, sobre todo aquellas que reflejaban la vida del trabajo y la lucha social. Resulta admirable comprobar la amplitud y hondura de la temática que abarcan sus escritos, si se tiene en cuenta su falta de estudios regulares más allá de la enseñanza básica y su prodigiosa actividad sindical y política. Una exégesis rigurosa de sus textos podrá descubrir resabios de utopismo, elementos positivistas y otras debilidades ideológicas, sin embargo, lo notable radica en el rico filón de pensamiento en avance hacia la concepción del mundo y de la sociedad del socialismo científico.

«Sin organización, nada se consigue» (7), afirmaba en su incansable prédica a los trabajadores. Y agregaba: «Es necesario convencer a los trabajadores de que son un gran poder, como no hay otro, pero la fuerza de su poder sólo reside en la organización». (8) Para organizarse, no había que esperar que existiesen condiciones óptimas; la tarea debía abordarse a partir de una base mínima, pero decidida a multiplicarse como fruto de un trabajo sostenido con pasión revolucionaria: «No sigamos la rutina de no hacer nada porque somos pocos -recalcaba-, hagamos que en todas partes haya un pequeño grupo que reúna a todos los asalariados de ambos sexos y con la perseverancia veremos que en poco tiempo llegarán a ser unidades de la organización más poderosa del mundo. (9) Esa organización debería comprender tres niveles: sindical, cooperativa y política.

La organización de la clase obrera debería darse también a nivel mundial. Saludó con radiante optimismo, la creación de la III Internacional, llamada a influir activamente en la sociedad contemporánea. «En la Internacional, escribía están reunidas todas las nacionalidades del mundo. La inteligencia obrera y socialista de todos los países se reúne y se refunde en la acción de la Internacional». (10)

2. EL SINDICATO, ARMA Y ESCUELA

Para Recabarren, el sindicato era «el primer eslabón de la organización», que agrupa a los trabajadores por su oficio. Esta organización debería desarrollarse a nivel regional, nacional e internacional; así lo demostraba la evolución del movimiento obrero internacional. La organización gremial, tenía para los trabajadores, ventajas muy concretas:

Aumento o mejora del salario.

Disminución o acortamiento de la jornada de trabajo.

Salud, dignidad, valor.

Educación, fuerza, inteligencia, voluntad.

Capacidad para transformar la sociedad, es decir, para hacer desaparecer la clase patronal explotadora y opresora. (11)

La organización sindical para ser efectiva debería poseer una fuerza material y moral capaz de defender las condiciones de vida de los trabajadores y el poder de los sindicatos se revelaba por los siguientes factores:

Por su correcta administración, vista y fiscalizada por todos los componentes;

por su numerosa concurrencia a todos los actos realizados constantemente;

por sus producciones intelectuales, manifestadas en conferencias, periódicos y folletos;

por el movimiento de su biblioteca;

por su moral dominante;

por las mejores relaciones que tenga con sindicatos de la misma industria en los pueblos vecinos y lejanos y por sus relaciones con los sindicatos de las otras industrias.

Un sindicato en estas condiciones tiene las probabilidades del éxito a su favor. (12)

Cuando esta clase de sindicato empeñe una reclamación, si es parcial, el patrón afectado, informado del estado del sindicato, verá frente a él, por pequeño que sea el número de obreros que reclama, verá, decimos, a todo un poder organizado capaz para la huelga, para el boicot y para la perfecta solidaridad; si el acto toma el aspecto de una huelga general, la influencia será siempre poderosa. Esto en cuanto al efecto para la clase patronal; y la clase obrera, a su vez, evidentemente convencida de su capacidad moral y material, sabe que va a una lucha sostenida por una fuerza irresistible. Eso es lo que queremos. Ahora veamos: ¿Qué efecto producirá a la clase patronal la fuerza de un sindicato que, sobre ocho mil obreros, apenas cuenta con mil quinientos cotizantes, y de éstos, apenas el diez por ciento forma la asistencia ordinaria de las reuniones y toda su marcha no es tan atrayente?; y ¿qué efecto producirá para los mismos componentes de este sindicato? Cada uno de los afiliados no reconocerá que tenga una fuerza valiosa y esta verdad influye en su moral.

Repetimos: solamente la capacidad intelectual, la cultura, la moral, son condiciones «generadoras» de fuerzas reales, progresivas, capaces de existir mientras existan los medios que las generan. (13)

Pensaba que el sindicato debería ser un adelanto de la vida colectiva del futuro:

¿No debemos hacer que el sindicato desde hoy sea siquiera el comienzo de lo que ha de ser cada nuevo día hacia el porvenir? ¿No podemos aspirar a que el sindicato inicie los «modismos» de la vida futura? y para ello, ¿qué hay que hacer? Hacer que todo «sindicato» sea: una escuela cada vez más perfecta y completa, cuya capacidad colectiva, haciendo ambiente, ayude a cada individuo (hombre o mujer, niño, joven o anciano) a mejorar sus condiciones intelectuales, morales y su capacidad productiva con el menor esfuerzo que sea también una universidad popular democrática que proyecte todos los medios y conocimientos necesarios e indispensables para el desarrollo ilimitado de los conocimientos y que sea un centro de cultura siempre en marcha a la perfección. (14)

Para Recabarren la lucha sindical debía traspasar las expectativas economicistas de los trabajadores. Era un decidido partidario de politizar la vida sindical. «No hablar de política, decía, no tocar este tema, calificarlo de inmundo y no abordar su examen es un proceder poco juicioso y que nos perjudica.» (15)

Criticaba duramente aquellos sindicatos que limitaban su acción al terreno económico dejando a los obreros bajo la influencia política de los partidos burgueses.

¿Puede callarse la boca, pregunta, cuando ingresa al seno del sindicato un obrero que a la vez viene a luchar para defenderse de la explotación capitalista y se declara antipolítico o permanece afiliado o da su voto o su opinión favorable a los partidos amparadores de la explotación capitalista? Es el caso que hemos dicho: cuando un obrero a la vez, quiere contribuir al progreso del sindicato y sostiene al partido político de sus supuestas ideas políticas, o sostiene su abstención es lo mismo que si dedicase 10 horas para ayudar a construir o dejar mantenerse la fuerza política de la clase capitalista, que por sus hechos, por sus costumbres es una fuerza absorbedora, que se opone al desarrollo de la fuerza obrera y trata de anularla. Y este error o este anacronismo no es posible mirarlo con indiferencia y callarlo a pretexto de tolerancia o respeto por las ideas de cada cual. Desde que le existencia de la acción «política» determina el encarecimiento y condiciones de la vida y la restricción de iniciativas, actividades y libertades, no puede ser, por hoy, la política un asunto que no interese a la clase obrera y proletaria organizada. Desde que toda la vida económica, así el salario, el costo de la vida económica, impuestos, resultan establecidos por las fuerzas políticas, al sabor de la clase patronal, no puede ser la cuestión política un asunto indiferente para el sindicato. (16)

En la lucha sindical, la huelga, afirmaba, ha surgido como un medio de lucha contra la explotación capitalista de singular importancia:

Los trabajadores tienen a su disposición un arma formidable de un poder casi siempre invencible y esa arma es la huelga, es decir, la paralización colectiva del trabajo. Pero la huelga no puede hacerla el trabajador con seguridades de éxito sino cuando es organizada. Por eso después de la organización gremial de los trabajadores, es cuando se puede emplear la huelga como instrumento favorable a los intereses del trabajador. Es verdad que la huelga, aunque sea pacífica, es en sí misma un acto de presión o de violencia, pero, es necesario reconocer que no hay otro medio que resulte eficaz a los intereses de los trabajadores. La clase capitalista, en 90 casos sobre 100 ha demostrado no tener conciencia ni corazón y a las peticiones razonables de los trabajadores les ha contestado negativamente. Hasta el momento presente la huelga ha desempeñado el papel salvador de los trabajadores y gracias a la huelga los trabajadores disfrutan de algunas ventajas. A medida que los trabajadores van perfeccionando su organización, la huelga va resultando más perfecta y más eficaz y se va empleando para la conquista de mejores libertades. Con la huelga el trabajador ha conseguido mejor salario; menos horas de trabajo; descanso de un día por semana; abolición de trabajos nocturnos que pueden hacerse en el día; reglamentación nacional de las condiciones de trabajo; modificación del carácter de los jefes o capataces; perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo para evitar desgracias; indemnizaciones en los accidentes; con la huelga se ha conseguido, en algunas partes, hasta el abaratamiento de los arriendos de habitaciones. La huelga ha sido un medio de mejoramiento de los trabajadores siempre que se haya sabido emplearla. (17)

3. LA COOPERATIVA, APOYO COTIDIANO

Para Recabarren, las cooperativas constituían un eficaz instrumento en la lucha obrera contra la carestía y los abusos del comercio capitalista. Pensaba que el movimiento obrero debería impulsar la creación de cooperativas de consumo y de producción. Proponía producir el pan «completamente independiente de la clase capitalista», para cuyo efecto, la cooperativa debería «ser dueña del suelo, que coseche trigo y que tenga molinos y panaderías». (18) Propiciaba la instalación de cooperativas capaces de suministrar telas y ropas a los obreros, de buena calidad y bajo costo; productos agropecuarios, etc.

Es evidente que sobrevaloraba las posibilidades liberadoras del cooperativismo en el seno de una sociedad capitalista: «la cooperativa será el arma más formidable de la gran revolución que el socialismo opera para la felicidad humana». (19) Otorgaba una posibilidad exagerada al cooperativismo para salir del pozo de la explotación capitalista, no obstante, esas experiencias organizativas cumplieron en su tiempo con su papel en el despertar de la conciencia obrera en torno a su realidad.

4. EL PARTIDO Y EL PODER POLÍTICO

No escapaba a Recabarren la inseparable vinculación de la esfera de la economía con la esfera de las decisiones políticas.

Cuando vemos que de los poderes políticos, decía, la clase capitalista hace un poder de opresión para el pueblo y de beneficio para ella, comprendemos la necesidad de que nosotros recurramos a usar los poderes políticos para hacerlos servir nuestra doctrina y para eso es preciso conquistarlos. Tal como el progreso de la maquinaria ha producido un malestar para los trabajadores y éstos en vez de pensar en destruirla trabajan por conquistarla para someterla a su servicio dentro de la doctrina socialista, así también los poderes políticos en vez de repudiarlos debemos conquistarlos, porque por ahora no podemos destruirlos. (20)

El pensamiento político de Recabarren fue evolucionando hacia el socialismo científico. Sus lecturas, sus contactos con el movimiento obrero internacional, sus reflexiones sobre la lucha concreta en la que participaba incansablemente, fueron ensanchando su horizonte político y perfilando un programa, concepciones sobre organización y métodos de lucha, en evolución segura hacia el socialismo marxista.

Para lograr ese objetivo histórico, los trabajadores necesitaban contar con una organización, con una estructura, ideología y métodos de trabajo. Ese instrumento era un partido de clase. La creación de un partido político por y para la clase obrera correspondía a una necesidad objetiva de la lucha de clases. La liberación de la clase obrera requería traspasar el estrecho marco del economicismo para lanzar a la lucha por arrebatar a la burguesía el poder político, palanca de las decisiones económicas. Para cumplir esa tarea fundó el POS en 1912 y lo transformó en el PC en 1921.

El Partido Obrero Socialista, estableció su Declaración de Principios:

Socialismo es una doctrina por la cual se aspira a transformar la constitución de la sociedad actual, por otra más justa e igualitaria.

Consideramos que esta sociedad es injusta desde el momento que está dividida en dos clases; una capitalista que posee las tierras, las minas, las fábricas, las máquinas, las herramientas de labor, la moneda y en fin, posee todos los medios de producción; otra, la clase trabajadora, que no posee otra cosa, más que su fuerza muscular y cerebral, la cual se ve obligada a poner al servicio de la clase capitalista para asegurar su vida, mediante el pago de una cantidad, denominada salario.

Que este salario no corresponde al producto total del trabajo corporal o mental que el obrero realiza, sino que es una ínfima parte de este producto y que este obedece únicamente a la necesidad de dotar de alimento al hombre y cuya cantidad está sujeta a alteraciones según las necesidades de la industria o la afluencia de productores.

Considerando, además, que esta supremacía no proviene de ningún efecto natural, sino del acaparamiento violento llevado a cabo por la clase capitalista.

Considerando, también, que el ambiente de vida actual, es defectuoso, corrompido, mísero y lleno de ignorancia para aquellos que no forman parte de la clase privilegiada.

Que los privilegios de la burguesía están garantizados por el poder político, el que tiene en sus manos y con el cual dispone de las fuerzas opresoras; ejércitos, policías, justicia, legislatura, etc.

Por otra parte:

Considerando que la necesidad, la razón y la justicia exigen que la desigualdad y el antagonismo entre una y otra clase desaparezcan, reformando o destruyendo el estado social que los produce.

El Partido Obrero Socialista expone que el fin de sus aspiraciones es la emancipación total de la Humanidad, aboliendo las diferencias de clases y convirtiendo a todos en una sola clase de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes, y la implantación de un régimen en que la producción sea un factor común y común también el goce de los productos. Esto es, la transformación de la propiedad individual en propiedad colectiva o común.

Exponemos, también, que para realizar estos fines transformaremos en lo posible el medio ambiente social salvándole de ignorancia, vicios y prejuicios.

Realizaremos lucha política, para arrebatar a la burguesía el poder político dominante en el actual estado de cosas; realizaremos obra de saneamiento político, llevando a las diputaciones representantes de nuestra clase que impongan nuestro programa; invadiremos las municipalidades para hacer obra de higienización en las poblaciones, abolir los impuestos a los artículos de primera necesidad para la vida y haciendo que los servicios de utilidad pública general estén en manos de las mismas municipalidades y no sirvan como objeto de lucro de particulares.

Crearemos, fábricas y almacenes cooperativos de orden general, para evitar la carestía que los comerciantes particulares tratan de imponer.

Organizaremos a los trabajadores de todos los gremios y oficios en federaciones de defensa con cajas de fondos dedicadas esencialmente al sostén de las luchas entre el capital y el trabajo.

Todos estos actos se realizarán ciñéndose al siguiente programa mínimo, que serviría para que, dando mayor facilidad a los explotados para instruirse, regenerarse, dándoles mayor libertad, más comodidad, mejor alimento, más salud, en fin, vida más humana, transforme su medio de vida y se capacite para lograr el fin de nuestras aspiraciones. (21)

En el «Programa Mínimo de Mejoramiento Social», se establecieron medidas de orden político y económico entre las que figuraban:

Creación de una moneda cupón oro y de valor estable. Abolición de los impuestos que encarecen la vida de los pueblos. Abolición de los impuestos y patentes que gravan la industria y las profesiones útiles. Impuestos directos y progresivos a la renta y a las propiedades de inmuebles y terrenos. Impuestos a los legados o donaciones.

Creación de una Cámara del Trabajo en la que estén representados los trabajadores, con oficinas en toda la República, que estudien las necesidades de la industria y de los productores y se encarguen de resolver los conflictos suscitados entre el capital y el trabajo. Reglamentación y fiscalización del trabajo, por obreros nombrados por los distintos gremios. Fijación de la jornada máxima del trabajo y el salario mínimo.

Responsabilidades de los patrones, garantizados por el Estado, en los accidentes del trabajo, Pensión a los ancianos o inválidos.

Supresión de todo trabajo a trato o pieza.

Supresión del trabajo de la mujer durante la noche o en los meses de embarazo y del niño analfabeto.

Fundación de barrios obreros con medios de transportes cómodos y económicos.

Creación de casa de maternidad para los niños que tengan que dejarse en abandono por las madres ya durante las horas de trabajo, o por desgracia.

Pago de salarios en moneda nacional y abolición del sistema de fichas o vales.

Supresión total de las pulperías de orden obligatorio. Fiscalización de los objetos de consumo y de las pesas y medidas.

Medición y examen del caliche por técnicos nombrados de acuerdo con los trabajadores salitreros. Seguridad en la ejecución de las faenas, adoptando sistemas especiales para evitar los accidentes del trabajo.

Urbanización de los campamentos.

Higienización de las casas de los trabajadores adoptando mejoras materiales, elevando sus techos, pavimentando sus pisos y ventilando convenientemente las piezas.

Higienización de los pueblos de la pampa.

La instrucción será laica obligatoria y gratuita para todos los niños hasta los 14 años.

Aplicación preferente de los recursos del Estado a la enseñanza primaria.

Suministro de alimento gratuito a los niños durante el día, como asimismo, de ropas, libros y útiles escolares.

Fomento de escuelas nocturnas y de profesionales. Creación de colonias escolares.

Exposiciones frecuentes de labores, productos agrícolas, industriales y de arte.

Y por fin:

El Partido Obrero Socialista realizará todas aquellas medidas de orden político o económico que la necesidad y la experiencia aconsejen, mejorando siempre la condición moral y material del proletariado, elevando su intelectualidad, su nivel moral, corrigiendo sus vicios y aboliendo las fuentes que se lo proporcionan, organizando especialmente en sociedades de oficio a todos, para que sean capaces de influir en la evolución del medio ambiente que ha de transformar el actual orden de cosas, en sociedad de beneficio común. (22)

El Partido se estructuró en base a seccionales, de un número de siete militantes. La Dirección de la seccional quedó a cargo de un Comité Administrativo, formado por dos secretarios, un tesorero, un bibliotecario y un vocal. (23) Estos organismos de base dependían de un Consejo Federal establecido por regiones. Sobre esta estructura estaba el Consejo Nacional. Congresos Regionales y Nacionales periódicos, permitían la expresión democrática de la militancia.

Es interesante destacar que, pese al retraso ideológico que aún observaba el Partido, se asignó a los Consejos «La dirección general de la educación en la idea socialista y velar por la uniformidad de la propaganda». (Art. 17.) (24) Merecen una mención especial las disposiciones concernientes a la educación, a la prensa y a la propaganda:

Art. 25: El partido mantendrá su prensa propia para realizar su misión de educar y de propagar la doctrina. Art. 26; El rumbo del diario o periódico será dirigido por el Consejo Federal. Todos los afiliados al partido tienen la obligación de ser suscriptores del periódico, pagando estas suscripciones a la caja de la agrupación a que pertenezcan la cual se entenderá con la administración de la imprenta. Art. 27: El partido realizará cuantas conferencias sean posibles y no escatimará los medios de propaganda. (25)

Los objetivos revolucionarios del partido se fueron clarificando progresivamente. En 1923, en un texto destinado a la propaganda sobre la lucha socialista, precisó:

¿Qué es lo que queremos?

Queremos vivir bien, eso es todo. La organización industrial capitalista no nos permite poder vivir bien, porque nos obliga a soportar un régimen de esclavitud, de explotación y de opresión.

Al mantener el régimen del salario, nos mantiene esclavizados a ese régimen.

Nosotros sabemos que los pobres somos la mayoría del mundo, la mayoría de cada pueblo y sabemos que tenemos derecho a disponer, a ordenar, a organizar el mundo en cada pueblo, como sea nuestro deseo para vivir mejor la vida.

Entonces eso es lo que queremos, organizar la vida industrial, a nuestro gusto, quieran o no quieran los capitalistas y gobernantes, para darnos el bienestar que queremos y que necesitamos.

Pedir aumentos de salarios y conseguirlos no es obtener el bienestar y la tranquilidad que deseamos, porque sucesivos encarecimientos de la vida vuelven a colocarnos en la misma necesidad, pues el aumento de salarios, la disminución de horas de trabajo y la incontenible ambición, siempre creciente, de los industriales, que encarecen la vida continuamente, hará ilusorias e inútiles todas las conquistas que realicemos en este terreno y tiempo perdido el empleado en esas luchas, puesto que siempre volvemos a quedar con la misma necesidad.

Hace siglos que los pueblos vienen luchando contra el hambre, contra el bajo salario, contra la creciente carestía de la vida, contra la explotación.

Es tiempo ya de poner término a esta situación.

Para el mal de la miseria y su correspondiente esclavitud o para la «estrechez económica» como dicen ciertas clases, no hay sino Un solo y único remedio, que consiste en lo siguiente: Abolir toda propiedad particular o privada, de la misma manera que una ley anula otra ley, y declarar «propiedad nacional» todo lo que hay dentro del territorio nacional: tierras, fábricas, talleres, comercios, minas, salitre, industrias, medios de transportación, habitaciones, etcétera.

Entendemos por ley, la voluntad que se manifieste por el Congreso legislador, como la voluntad que se resuelva hacer efectiva por la mayoría del pueblo organizado cuyo poder y soberanía es superior al Congreso puesto que el Congreso no existiría si el pueblo no lo eligiere.

Si las Cámaras no quieren hacer esta ley que el pueblo necesita y reclama, porque las Cámaras están compuestas de burguesía que vive de la explotación, es entonces el pueblo organizado el que hará nueva ley y obligará a todos a observarla, imponiendo su observancia por medio de la dictadura proletaria establecida por la organización.

De la misma manera que con una huelga se impone una ley a una industria, una huelga general obligará a todos los industriales a someterse a lo que quieren los trabajadores organizados.

Cuando una ley declare propiedad nacional todo cuanto existe, esa misma ley, confiará la administración de todo cuanto exista, a cada municipalidad de la república, y como cada municipalidad es elegida por el pueblo en elección que en el futuro cada vez será más libre, más inteligente, más perfecta y justa, resultará que será el pueblo mismo quien administre la agricultura, las minas, el salitre, las industrias, el comercio, el transporte, etcétera.

Si hay tierras y propiedades «nacionales», correos, telégrafos, ferrocarriles, minerales, costas, aguas, etcétera... ¿porqué no puede ser todo propiedad nacional o fiscal? (26)

Frente a los obstáculos que habría que remover en la construcción del nuevo orden socialista, confiaba plenamente en que ese gobierno centralizado, con amplio poder de decisión, efectivamente del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, tenía todas las posibilidades de salir airoso: «Inteligencia no faltará, porque nunca le faltó a la Humanidad para coronar sus empresas. La diferencia de administración de un "Estado socialista" a un "Estado burgués" es fundamental y totalmente diferente. Necesita otro cerebro». (27)

Recabarren comprendía perfectamente, que un partido revolucionario, necesitaba definir y afinar una táctica y unos medios de lucha:

La táctica, escribe, se desarrollará en cada país, según su ambiente atávico, y según las modalidades de cada pueblo y las conveniencias locales. Los medios, generalmente, son iguales en todos los países, pero se destacan dos medios predilectos; la organización de los trabajadores y su educación en la doctrina. [...] Toda esta acción la realiza actualmente el socialismo usando para ello los medios legales que cada nación franquea, esto cuando las naciones tienen organización constitucional. En los países despóticos como Rusia, los socialistas se han visto forzados a una obra violenta para poder conquistar libertades democráticas que franqueen el progreso de las ideas. (28)

En un áspero debate parlamentario, defendió el derecho de los trabajadores a sobrepasar la legalidad cuando los obstáculos reaccionarios cerraran el paso a la lucha por el socialismo.

Yo deseo dejar establecido que nosotros creemos tener también del derecho a conquistar el poder político, a hacer lo mismo que vosotros hacéis. ¿Nadie nos niega ese derecho? ¿Qué es el fraude? ¿Qué es el cohecho? ¿Qué es la falsificación, vicios dominantes en el régimen burgués? Y si vemos que el fraude y el dolo se ponen en práctica para atentar contra nuestra ascensión al poder político. ¿Qué nos tocará hacer? ¿Cruzarnos de brazos? Al contrario: ante estos delitos, ante estas iniquidades, nosotros habremos de luchar con firmeza hasta conquistar todos nuestros derechos, primero por medio de la legalidad; pero cuando veamos que se nos cierra el camino de la legalidad, iremos si es preciso, y no lo dudéis a la revolución. Y nadie puede negarnos, en esta Cámara, el derecho de hacer la revolución. ¡Si vosotros mismos la habéis hecho! Si para emancipar a este país de España se hizo la revolución; si para cambiar el régimen de este país el año 91 también habéis hecho la revolución. ¿Y si no aceptarais esta doctrina querría decir que el derecho de hacer la revolución es sólo para una parte de los ciudadanos?... Yo he dicho y predicado siempre que nuestra revolución, tiene que ser la revolución de los brazos cruzados, del paro general, para obligar a las clases poderosas a ser morales en sus costumbres, a ser justos, en todos los aspectos de la vida social, con los hombres que trabajan, con los que van ascendiendo en cultura, con los que quieren ser más útiles, con los que quieren ser más íntegramente ciudadanos. Yo siempre he predicado doctrinas contrarias a la revolución sangrienta. (29)

De acuerdo con la concepción marxista, Recabarren no era un propagandista de la violencia, por el contrario, buscaba honestamente evitarla. (30) Pero, si se cerraban los caminos para la lucha política, estaba dispuesto a hacer triunfar la Revolución por la fuerza de las masas organizadas.

En ese mismo debate parlamentario, Recabarren citó las palabras de un obrero que condensaban claramente la concepción de su táctica:

La revolución seguirá impertérrita su marcha, tranquila si la libertad la ampara, violenta y terrible si se la pretende detener en su camino. Sembrad odios y recogeréis venganzas. Está escrito que el siglo XX ha de presenciar una de las más profundas transformaciones sociales y vuestros esfuerzos serán impotentes para evitarlo. La superchería, la tiranía y la explotación tienen su fin. (31)

Pese a la claridad de sus planteamientos, la prensa y los políticos de la burguesía, calificaban a la actividad sindical y política de los trabajadores como una «agitación artificial» sin fundamentos en la estructura de la sociedad. Recabarren rechazó con energía la acusación reaccionaria que los dirigentes obreros eran difusores de «ideas extranjeras» entre los trabajadores.

En la Cámara de Diputados al refutar tan miserables aseveraciones, recordó que él y los otros diputados obreros que habían logrado llegar al Parlamento, Cruz y Praderas, eran como él, auténticos chilenos, hijos del trabajo y distinguidos por sus compañeros para representarlos en la lucha por sus derechos sociales y aspiraciones políticas. Enrostró a los parlamentarios oligarcas que, deberían, como chilenos, sentir orgullo ante el desarrollo de la conciencia obrera, producto de sus propias experiencias y evolución intelectual. Seguramente, sostuvo, la influencia de elementos extranjeros en vuestras actividades, debe ser infinitamente mayor que en el sector laboral. En efecto, los graves censores de la «influencia extranjera» en el movimiento obrero eran abogados o socios de negocios extranjeros que invadían la minería, la banca, el comercio y las altas esferas de las decisiones políticas.

La «agitación social», subrayaba, es el producto de la toma de conciencia del obrero de su condición de explotado:

Nosotros hemos visto la miseria de los trabajadores, y la opresión brutal a que son sometidos, y esto es lo que ha desarrollado su capacidad y los ha hecho decir: ¿Esta es la vida? ¿Para esto vivimos? ¿Para vivir esclavos eternamente? La sociedad capitalista nos echa a nosotros la culpa del desarrollo de estas ideas, y la verdad es todo lo contrario. Sois vosotros mismos, es el régimen capitalista el que ha desarrollado el pensamiento revolucionario de los trabajadores. (32)

Finalmente en su célebre «Proyecto de Constitución de la República de Chile», defendió sin ambages la dictadura del proletariado:

Actualmente vivimos bajo una permanente y rigurosa dictadura burguesa que nos obliga a vivir desnudos, hambrientos y esclavizados. La dictadura del proletariado significa obligar a la burguesía a someterse a la voluntad del pueblo que no admite ser ni explotado ni oprimido. Asegurada una organización de modo que no puede volver a imperar el régimen de explotación, la dictadura del proletariado cesará por sí sola. Tenemos el derecho natural de hacer respetar por la fuerza de nuestra organización nuestro derecho a vivir libre de toda clase de esclavitud. Nadie tiene derecho a esclavizarnos. (33)

En la actividad del Partido, otorgaba gran importancia a la lucha parlamentaria. Como Lenin, rechazaba la idea de dejar esa arena exclusivamente a los políticos de la burguesía. Consideraba que el Parlamento era una buena tribuna de denuncia, fiscalización y politización de las masas.

Pensaba que la lucha en los parlamentos y municipios burgueses se debería librar concertada con una propaganda general por el socialismo, con la actividad de sindicatos y cooperativas, con la prensa, las conferencias y el teatro. Al respecto afirmaba:

Uniendo la acción de la mayoría socialista en un Congreso con la acción gremial, cooperativa y educativa, su poder revolucionario será incontenible y no será obra de muchos años la realización completa de una vida socialista [...] Cuando llegue el momento en que aparezcan mayorías socialistas en algunos Congresos, la opinión pública de esos países ya estará altamente preparada por la propaganda que el socialismo haya realizado con los gremios, con las cooperativas, con la prensa, con las conferencias y con el teatro mismo, aparte de todo el camino de propaganda que se haya recorrido con las minorías socialistas en Congresos y municipios. (34)

Cuando planteaba la conveniencia de participar en el parlamento burgués, en ningún instante idealizaba las posibilidades que esa tribuna ofrecía a la lucha obrera; no, en perfecta concordancia con los planteamientos de Lenin, veía en la política parlamentaria, una oportunidad propicia de hacer agitación de consignar que politizaran a la clase obrera. (35) En el seno del parlamento no hizo concesiones en la lucha ideológica.

Su posición clasista en su desempeño parlamentario no puede merecer reparo alguno. En una ocasión, dijo en la propia cara a los legisladores de la oligarquía:

Siempre he hablado con más respeto frente al pueblo, frente a la muchedumbre, porque esa majestad es la que representa al pueblo. No hay poder más grande fuera de ella, y por eso le debe todo respeto y consideración; mientras que aquí nos encontramos reunidos, hoy por hoy, representantes de la banca, de la agricultura, de las industrias, y sólo unos poquitos representantes al electorado de la República; sólo el 20% representa al pueblo elector, el resto no lo representa, seamos francos en reconocerlo y tratemos de corregirlo en adelante. Se dice que la culpa la tiene el pueblo, que está atrasado, que es ignorante; pero entonces démosle la mano, levantémoslo, hagámoslo que se eduque y que comprenda sus deberes, y entonces se podrá decir que aquí están los representantes del pueblo; pero mientras esto no se haga yo hablaré con más respeto en el tabladillo que en la Cámara. (36)

Su conducta parlamentaria estuvo marcada por un signo irreductible de clase. Sus penetrantes denuncias de la podredumbre del orden oligárquico y su orgullosa actitud frente a la menor provocación reaccionaria, producían desasosiego» en los tribunos que no contenían su odio de clase frente al intruso metido en sus asuntos. La indignación llegó a tal punto, que un diputado reaccionario se atrevió a sugerir que sus intervenciones deberían someterse a censura previa para frenar su obra desquiciadora y antipatriótica.

Su firmeza ideológica y su convicción política sobre el sentido propagandístico que tenía su participación en el Parlamento lo convirtieron en protagonista de serios enfrentamientos, que reflejan nítidamente sus perfiles revolucionarios:

En una ocasión, relata Hernán Ramírez Necochea, se discutía en la Cámara de Diputados un proyecto de ley por el que se aumentaban sus pensiones a los veteranos del 79; Recabarren apoyó la iniciativa pero propuso que ella se financiara con un gravamen a las empresas salitreras, en atención a que ellas se habían beneficiado directamente con la Guerra del Pacífico. Esta proposición provocó airadas, ruidosas e impertinentes réplicas desde los bancos reaccionarios; se acusó a Recabarren de antipatriota, de internacionalista, etcétera. El parlamentario comunista, con toda serenidad, respondió a sus adversarios y demostró que el internacionalismo proletario no está reñido en modo alguno con el verdadero patriotismo; recalcó que el internacionalismo reflejaba los más puros anhelos de fraternidad universal y los intereses de todos los pueblos. Ilustrando sus ideas, explicó que las nobles aspiraciones de los comunistas se encontraban perfectamente expresadas en las estrofas de La Internacional, el himno de todos los trabajadores del mundo. Bastó que Recabarren hiciera esta última referencia, para que un diputado, intentando mofarse, gritara: «No conozco La Internacional; ¿por qué no la canta S. S.?» Con su aparente tranquilidad de siempre y con la fervorosa convicción que lo animaba, Recabarren se puso de pie y, en medio del más absoluto silencio de todos los parlamentarios, cantó La Internacional a la Cámara de Diputados. (37)

El Partido surgía de las profundidades de la sociedad chilena, de la explotación de los trabajadores y de su toma de conciencia frente a esa realidad. Por lo tanto el Partido no era producto de la «agitación artificial», como decía la oligarquía. Pero además, ese Partido reconocía otra cantera de luces y experiencias de inapreciable valor para la lucha revolucionaria: el movimiento obrero internacional. El carácter internacional del movimiento obrero fue comprendido por Recabarren en toda su dimensión estratégica y forma parte inseparable de su pensamiento sobre el Partido y el poder político.

5. LA ILUSTRACIÓN OBRERA

Recabarren otorgaba una extraordinaria importancia a la lucha obrera en el terreno de la cultura. Tenía muy claro, que las transformaciones en la economía y el poder político requerían una ofensiva paralela en el campo de la conciencia. La actividad política era concebida como una verdadera cruzada ideológica destinada a ilustrar y a orientar:

Los socialistas, destacaba, actúan en todos los círculos de la sociedad y en cada uno de ellos van dejando la semilla ya sea con el ejemplo de sus actos, ya sea con su propaganda desde la tribuna pública o parlamentaria, por la prensa, o la conversación. Toda persona que contemple un momento el radio de acción que abarca la propaganda socialista, se convencerá que no hay ya un rincón de la sociedad burguesa donde no penetre por lo menos un débil rayo de luz de la doctrina socialista. (38)

Y agregaba:

El socialismo verdadero será siempre descubierto por sus modales exquisitamente cultos. Muchos de los que hablan de socialismo poseídos aún de distintas clases de vicios, no son sino aspirantes socialistas. La cultura de los socialistas, en las sociedades que actúen será, por sí sola, un medio de propaganda de la doctrina. (39)

Así como el sindicato, dirigido por los socialistas debía aparecer a los ojos de los trabajadores como un virtual adelanto de la sociedad del futuro; con mayor razón, el Partido debía perfilar esa imagen con su práctica revolucionaria. La calidad de los cuadros partidarios, su nivel político, cultural y moral debería ser un factor de irresistible atractivo para las masas populares. Por estas razones, Recabarren exigía al conjunto y a cada militante, estudiar sin descanso, pero además, imponía una severa vigilancia sobre la vida privada de los compañeros. La deshonestidad, la holgazanería, el alcoholismo y otras taras sociales fueron declaradas incompatibles con la militancia socialista. En rigor, Recabarren consideraba que la vida pública y privada de los socialistas constituían, de hecho, formas de propaganda partidaria. «Si lo que pensamos es bueno, decía, debemos llevarlo a la práctica. Hablamos de la solidaridad para el futuro y sería mucho mejor practicarla desde el presente.» (40)

La propaganda constituyó para él una preocupación permanente; concebida como factor estratégico de la lucha revolucionaria, debería ser rigurosamente estudiada en sus contenidos y métodos.

Entre los medios propagandísticos más adecuados para la lucha obrera señalaba:

El manifiesto, el periódico, el folleto, la biblioteca, la conferencia, la discusión, etcétera, deben ser medios de actividad permanente. Pues la potencia revolucionaria que debe poseer cada individuo, para llegar al fin propuesto de la socialización de los instrumentos de producción y de cambio con la abolición del régimen del salario, esa potencia revolucionaria debe formarse en cada individuo como consecuencia de su interés, de su acción examinadora y constructiva de su mentalidad, de la asimilación de ideales de perfección a su individualidad [...] Dadas las condiciones en que vive el proletariado, tan abandonado, tan distraído en lo que le daña, sin capacidad para escoger con inteligencia los medios de su bienestar, no queda otro recurso que el desarrollo de las actividades en el sindicato, por pequeño que sea el principio de su organización. Muchas veces decimos que la masa trabajadora está embrutecida, degenerada, y por ello incapacitada para comprender el alcance de nuestra propaganda, y «convencidos» de que eso es exacto, dejamos pasar el tiempo. ¿No convendría creer mejor que el defecto está en nosotros, que no sabemos explicar, que no sabemos indicar a esa masa el porqué de la necesidad de mejorarnos y de organizamos y el modo cómo necesitamos proceder para penetrar en el cerebro de la masa, para inyectarle la sugestión necesaria, para interesarla en su mejoramiento? (41)

De ahí la necesidad de afinar los métodos para motivar a los trabajadores y crear en ellos la necesidad de saber, estudiar, pensar sobre su realidad:

Como el ambiente de la época no es del todo propicio. para que la clase obrera se resigne a lo rígido de la enseñanza y del progreso de su cultura y de su saber, se hace «preciso» preocuparnos, al combatir la ignorancia y llevar a la mente obrera conocimientos científicos y filosóficos útiles, mezclar esta enseñanza lo más continuamente con actos recreativos y alegres que amenicen la severidad de las ciencias y la austeridad de la filosofía. La enseñanza científica y filosófica, mezclada unas veces con bailes y fiestas teatrales, con representaciones cómicas o dramáticas, pero instructivas también, y otras veces con paseos campestres, y siempre reunidas todas las familias, atraerá mayor número de concurrentes y sus resultados serán mucho más benéficos y más rápidos sus frutos. (42)

Como educador de raigambre obrera, sabía que la politización de los trabajadores no puede lograrse proyectando hacia ellos el estilo «académico» de la intelectualidad pequeñoburguesa. Sabía que la teoría socialista debe ligarse al movimiento obrero en el nivel de conciencia y organización en que éste se encuentra y no propagarse con la clásica pedantería de ciertos intelectuales que «bajan» al pueblo a lucir sus plumas como un pavo real y transforman las sencillas, verdaderas, del socialismo científico en oscura metafísica envuelta en palabrería tan sofisticada como vana. Debe subrayarse que esa sencillez postulada por Recabarren y todos los auténticos educadores de la clase obrera nada tiene en común con la vulgaridad ni la frivolidad intelectual.

Como se ha visto en los Reglamentos del POS, existía en cada organismo de base, un bibliotecario con rango de dirigente. La lectura era una tarea política insoslayable para el militante revolucionario: «La lectura, escribía, es uno de los mejores medios de emancipación de las clases trabajadoras. Por eso aconsejamos que lean y que lean mucho.» (43)

La lectura, pensaba, que debería llegar a convertirse en el pan espiritual del obrero, que debía multiplicarse como en el relato bíblico:

Después que usted haya leído este folleto y haya considerado bueno o aceptable, ¿Cuál debe ser su deber? Conservar siempre presentes sus doctrinas y modos de obrar; recomendar su lectura a todos los asalariados de ambos sexos invitándoles a comprarlo; y conversar siempre sobre lo que debemos hacer para obrar conforme a estas doctrinas. Si en general, salvo detalles, usted estima útil la lectura de este folleto, ¿no cree que debiera ser leído por Todos los asalariados de ambos sexos? Y para ello, ¿cree usted que la presente edición será suficiente? Pues bien, si estimamos que un folleto de esta naturaleza representa un buen alimento intelectual, Todos debemos empeñarnos en que una nueva edición pueda satisfacer las necesidades de las clases asalariadas, y si sentamos esta necesidad es preciso franquear los medios para que se realice. Sabemos que en general la mayoría de los asalariados no saben buscar su mejoramiento pues por eso nuestro deber es invitarles a unirse a nosotros para obtener ese mejoramiento, y hacerles leer este folleto, ¿no significará una clara invitación? Si usted estima que este folleto deber ser leído por el mayor número de personas, ¿sería mucho sacrificio que usted comprara algunos ejemplares para obsequiarlos o revenderlos con el objeto de hacer nuevos adherentes. (44)

En la historia del movimiento obrero, la prensa ha representado siempre un factor clave en su desarrollo orgánico e ideológico. Antes que Lenin precisara las características básicas del periodismo obrero como organizador, propagandista y agitador (45), la prensa obrera en América Latina ya cumplía, de una y u otra forma ese papel y fue inseparable de todo proyecto de organización sindical o política. (46)

La prensa obrera debió luchar no solamente contra las limitaciones de orden técnico y económico, dificultades propias de sus perfiles sociales; también debió defenderse heroicamente de la represión. Los asaltos, destrucciones de imprenta, procesos y amenazas, fueron el pan cotidiano de estos increíbles pioneros de la prensa obrera chilena. Entre estos periodistas, sin duda el más destacado fue Luis Emilio Recabarren. (47)

La prensa, decía, es un arma de educación [...] La prensa es un arma poderosa y los socialistas tienen un gran cariño por la prensa y gastan gran actividad para su progreso. Desde las columnas de la prensa el socialismo hace notar gráficamente los absurdos y los defectos monstruosos que existen todavía en el día de hoy amparados por la sociedad burguesa y adoptados como costumbres sociales. La prensa socialista es actualmente una gran fuerza en todo el mundo, pero de un poder muy superior en algunos países del norte de Europa.

Es un medio más de lucha, de acción, de crítica, de propaganda, de discusión. La prensa socialista surge poderosamente cada día más esplendorosa, revelándose en sus columnas la capacidad proletaria y la fuerza intelectual socialista. (48)

Subrayaba la trascendencia histórica de que los obreros tuvieran su propia prensa, sin la cual las ideas socialistas jamás habrían encontrado editores en el seno de la burguesía:

Mientras la imprenta no estuvo en manos de los obreros, no éramos nadie; vivíamos en la oscuridad, ignorados; no podíamos desarrollar nuestro pensamiento. Pero la creación de la imprenta revela que ha habido un genio en el pensamiento de los trabajadores. Cuando ellos han dicho: «Tengamos imprenta, y entonces perfeccionaremos nuestras inteligencias», entonces las cosas han empezado a cambiar. Yo recuerdo siempre con emoción la vez que llegó a Valparaíso un grupo de obreros de Tocopilla, y me dijeron: «Compañero, traemos dos mil pesos para comprar una imprenta. La Federación Obrera de Tocopilla (que en aquel entonces se llamaba la Mancomunal), ha logrado reunir este dinero para comprar una imprenta. Venimos a que usted nos acompañe a comprar una imprenta». «¿Y qué van a hacer ustedes con ella?», les pregunté. Me contestaron: «Un periódico.» «¿Y quien se los va a escribir?». «No tenemos quien nos lo escriba; pero confiamos en que usted nos buscará un tipógrafo para que lo escriba.» Y concluyeron por decirme: «Esperamos que usted mismo se vaya a Tocopilla y nos atienda el periódico.» Yo encuentro de una sublimidad majestuosa el pensamiento de estos obreros -peones, playeros, estibadores, cargadores, lancheros- que soñaban con tener una imprenta para desarrollar sus facultades mentales, viéndose huérfanos en esta sociedad, que no los ayudaba a instruirse, a ilustrarse. ¡Ellos mismos, por sí solos, por sus propios esfuerzos juntaron dinero para comprar una imprenta y publicar un periódico! Y así ha seguido esa cadena de acontecimientos en la República, hasta el momento actual, en que nos sentimos orgullosos de la prensa que poseemos los trabajadores de Chile, de la cantidad de imprentas de que disponemos, de norte a sur de la República, para defender nuestros principios, para levantar nuestra intelectualidad, para no merecer esos apostrofes que vosotros nos lanzáis, cuando nos decís que somos incapaces, que somos incultos, que somos ignorantes, y que cuando hayamos progresado lo bastante, cuando nos hayamos instruido e ilustrado, entonces discutiréis con nosotros. Pero señor presidente, los mismos que nos atacan, los mismos que nos tildan de incultos e ignorantes, nos han hecho charquicán, muchas veces, nuestras imprentas. En Iquique nos molieron nuestra imprenta los soldados del Carampangue, al mando del mayor Parada, que después fue a Punta Arenas a quemar la imprenta de la Federación Obrera de aquella ciudad. Y así en muchos otros casos, se ha procedido con nosotros. ¿Y qué sacaron con molernos las imprentas? Pocos meses después se rehicieron esas imprentas, volvieron a iniciar sus publicaciones y a continuar su labor cultural y de civilización. Esto es lo que hace el pueblo de Chile, lo que hace la clase genuinamente trabajadora. (49)

Las conferencias sobre variados temas políticos y de cultura general gozaron de mucho aprecio en la tarea educadora de Recabarren. Sus conferencias eran esperadas con verdadera ansiedad en los centros laborales, ya fuesen dictadas en locales legales o en medio de la soledad de la pampa, oculto de los ojos y oídos de las empresas y autoridades. La conferencia, decía,

Es el medio popular de más vasta educación socialista. En el presente se realiza con una profusión asombrosa y se considera que la acción de la conferencia, ayudada por la prensa, produce muy rápidas transformaciones en el modo de pensar de los seres humanos. Tan importante es este medio de propaganda que Alemania ha fundado una escuela con sección exclusiva para la preparación de sus conferencistas y periodistas. Esta acción está en vías de imitarse por varias otras naciones. Además en varias naciones se han editado libros especiales para que sirvan de guía a los conferencistas en la construcción de sus conferencias. (50)

Para Recabarren, el arte era un poderoso instrumento de ilustración popular y promovió con entusiasmo diversas manifestaciones artísticas entre los trabajadores. Al respecto subrayó: «Consideramos al teatro como una necesidad educativa y de crítica de los defectos.» (51)

Fiel a su costumbre de traducir sus palabras en hechos y como respuestas a la ausencia de textos adecuados a sus fines pedagógicos, asumió él mismo la tarea de producir obras de teatro y poesía. Escribió pequeñas obras que llevaron a la escena auténticos actores obreros sin otras armas que la intuición y el entusiasmo. Entre estos dramas figuran Desdicha obrera y Redimida, en esta última fue actor Elías Lafferte. (52) Con el mismo propósito cultiva la poesía, cuyos textos se ofrecían en la prensa obrera como «voces del corazón y del cerebro».

El arte, en sus manos era un instrumento pedagógico destinado a despertar la pasividad secular de los explotados y movilizarlos a la lucha; sacarlos de la condición de objetos de la historia para convertirlos en protagonistas concientes de la historia.

El maestro no buscaba sólo crear en la conciencia obrera solamente el deleite intelectual, ni la simple curiosidad por comprender el mundo, quería cambiar la actitud del obrero frente a su circunstancia, movilizarlo y organizarlo para la lucha por la transformación del orden existente.

6. EL MAESTRO Y EL CAMARADA

Los contemporáneos de Recabarren y las huellas dejadas por su obra, han perfilado del fundador del movimiento obrero chileno la imagen de un notable pedagogo social y de un hombre de admirables condiciones humanas.

Hijo de una familia modesta, nacido en el seno de una sociedad oligárquica, debió ganarse el pan desde muy niño y desarrollar su vida lejos de las aulas universitarias. Sin embargo, supo hacer del libro y del conocimiento directo de la vida del trabajo una verdadera universidad que lo graduó con la más alta distinción de su tiempo: fue la conciencia y la acción de un pueblo hasta entonces olvidado en las academias y en los poderes públicos. Honor histórico para la clase obrera chilena, que haya sido un hijo suyo, hecho así mismo en la fragua del trabajo y la lucha social, uno de los más lúcidos intelectuales de su tiempo. Efectivamente, mientras muchos doctores universitarios se engolosinaban en exquisiteces metafísicas, este obrero estudió la realidad concreta de su patria y asumió el compromiso de luchar por transformar esa realidad de atraso e injusticia. Amaba a su pueblo con una pasión bien diferente al patriotismo de oropel de las clases dirigentes y tenía una confianza ilimitada en la posibilidad de cambiar el orden social. Tenía una profunda fe en el hombre, en sus potencialidades transformadoras de la sociedad y de su ascendente proceso de humanización a través del trabajo y la ilustración: «Si las cosas todas progresan y se transforman por la voluntad e inteligencia del hombre, es justo creer que el hombre mismo se perfeccionará por la acción de los hombres que luchan por la perfección de la humanidad toda». (53)

Sus cualidades humanas han sido ponderadas con absoluta justicia. Pocas veces la lucha social chilena y tal vez universal, ha generado un hombre tan honesto, sincero y abnegado. Se entregó de tiempo completo a la causa de sus hermanos de clase sin buscar otra compensación que la alegría de sentirse constructor del porvenir. Ajeno a toda vanidad y ambición, no aspiró a ningún otro liderazgo que a la autoridad que fluía natural de la propia vida. «Don Reca», como lo llamaban, no era el «jefe» en el sentido burocrático, era el hermano mayor, el consejero, el amigo, cuya sabiduría, consecuencia y bondad, se imponía espontáneamente.

Recabarren, escribe José Santos González Vera, era bajo, muy cabezón, con el rostro alargado y los párpados superiores algo caídos. Su mirar era firme y penetrante. A ratos asomaba en él la picardía. Tenía un vago aire de pastor protestante... Recabarren no se daba otro agrado que hablar, escribir, organizar y pasarse el día y noche en la imprenta. Además no bebía, no jugaba ni fumaba. Su pasión era la tipografía y para consagrarle más horas tenía su habitación anexa a la imprenta. (54)

Maestro y camarada, no sólo enseñó a la clase obrera a organizarse, a luchar, a descubrir vetas inéditas en una existencia que parecía eternamente amarga y gris; le enseñó además que el socialismo es la más alta expresión de un humanismo superior, fue una prueba inobjetable que un hombre nuevo es posible.

Entre los retratos que han dejado de Recabarren quienes lo conocieron, crecieron y se formaron bajo su influencia bienhechora, conocemos uno que nos parece digno de reproducirse, pertenece a Salvador Ocampo, líder surgido de las entrañas de la clase obrera y que aún permanece en el combate revolucionario. (55)

Recabarren, recuerda, tenía particularidades ejemplares de las que muchos de nosotros carecemos. Su paciencia era ilimitada. Escuchaba más del tiempo necesario a todo compañero que deseara exponerle sus problemas, algunos de ellos insolubles, infantes e ingenuos; pero siempre él encontraba una palabra de consuelo, una indicación, un consejo que le enseñara a luchar y a tratar de buscar unidos a sus compañeros el logro de soluciones. No se impacientaba. Lo que nos preocupaba era saber cómo se ingeniaba para ejecutar y dirigir tantas cosas a la vez. Nos maravillaba su capacidad y resistencia inagotable de trabajo. Empezaba temprano y trabajaba hasta altas horas de la noche. Escribía, leía, contestaba cartas, corregía sus artículos y los de otros; cuando faltaba un cajista, paraba letras ante el chivalete, ayudaba a arreglar la prensa y a imprimir folletos o el diario; asistía a reuniones y conferencias, viajaba, escribía obras teatrales. Las ponía a veces en escena, dirigía su representación, estimulaba los coros. No he conocido líder obrero de tan múltiple actividad.

Uno de los rasgos más impresionantes de su personalidad, estaba en la ejemplar honestidad con que siempre administró los bienes de los trabajadores.

Salvador Ocampo, que siendo un niño se unió a la lucha de Recabarren, al evocar aquellos años cuando conoció al maestro, escribe:

Cuando un grupo de muchachos nos decidimos en Antofagasta a entrar al Partido Obrero Socialista, visitamos a don Reca para manifestarle nuestros deseos, agregándole que estábamos impresionados por la propaganda que contra su honestidad y rectitud desarrollaba la prensa capitalista. (Se afirmaba que vivía en palacetes, que tenía haciendas en el sur, que vivía rodeado de mujeres, que se robaba los fondos de los sindicatos, que recibía oro de Moscú y servía a los intereses del Gobierno peruano.) Recabarren contestó que encontraba natural la calumniosa actitud de esos periódicos; pero que nosotros estábamos en libertad de indagar sobre todo aquello que creyéramos conveniente. «Compañero Recabarren -replicamos- ¿podríamos revisar los libros de la imprenta, saber los fondos que usted recibe y verifica sus inversiones?» Temíamos una reacción violenta y una despectiva y justa negativa. ¿Quiénes éramos y con qué títulos nos arrogábamos esa facultad? Tranquilamente nos contestó: «Allí están los libros de la imprenta. Ustedes entienden de contabilidad, llévenselos y revísenlos. Los libros del Partido también están a vuestra disposición. Véanlos. En los de la FOCH no intervengo. Ellos están en el local sindical pero pediré a los camaradas que se los muestren y ustedes los revisen. Y agregó un poco irónico: Me gustaría que si los encuentran mal, los arreglen y si encuentran fraudes los publiquen primero y me lo digan después». Quedamos sorprendidos cuando nos pasó los libros. A pesar de todo partimos con ellos. Cierto, estaban mal llevados. Las entradas y salidas. Los comprobantes y recibos estaban todos. Había corrección, pero el desorden era enorme, el que los llevaba ignoraba las reglas de contabilidad. Resolvimos comprar nuevos libros, los abrimos y pusimos en orden las cuentas de la imprenta del Partido y de la FOCH. En los libros de Recabarren, aunque mal llevados, estaba la historia completa de los teatros, locales e imprentas que levantó en el norte. Allí estaban escritos los esfuerzos de un hombre que encauzaba las ansias de educación y liberación de todo un pueblo que no escatimaba sus centavos para colaborar en las obras que emprendía Recabarren. Allí había millones de pesos puestos en sus manos por la confianza de los trabajadores. La burguesía aún no sabe las fuerzas morales incorruptibles que albergan auténticos dirigentes del pueblo. No lo sabrán nunca. Tenía gran poder de atracción entre los niños. ¡Cómo lo querían y como él a su vez retribuía ese cariño! En los grandes mítines de las ciudades, de las aldeas o de la pampa, siempre podía vérsele rodeado de jóvenes y a los niños subidos sobre sus hombros o recibiendo una caricia de sus manos. Era cordial, cariñoso, expansivo y bromista, pese al malestar que le producía una enorme hernia. Irónico con los petulantes, seco con los malintencionados. Cuando algún camarada cometía un error por falta de cuidado o atención en el trabajo y deseaba herirlo, empleaba como reproche, su máximo insulto: «Guanaco». Incisivo y mordaz con sus adversarios, muy pocos eran capaces de resistir su cáustica polémica. (56)


Notas:

1. Véase anexo bibliográfico.

2. «El Socialismo. ¿Qué es y cómo se realizará?», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, ed. cit.

3. «Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana» en Jobet, Julio César: ob. cit.

4. El 1º de mayo de 1910, Francisco Valdés Vergara, dictó una conferencia en el Centro Conservador de Santiago, en la que expresó su preocupación por la agitación obrera, responsable de los sucesos de la Escuela Santa María de Iquique, fustigó las doctrinas propiciadoras de la igualdad como utopías irrealizables y bregó por el mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Recabarren respondió a esos planteamientos con un folleto titulado: «La huelga de Iquique en diciembre de 1907». «La teoría de la igualdad». En Obras Selectas, ed. cit.

5. Así ocurrió con sus comentarios a la obra de Julio Zegers, «Estudios económicos», incluidos en «Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana».

6. El 8 de junio de 1916, en el local de la Federación obrera de Chile en Punta Arenas, dio una conferencia sobre el tema «La mujer y su educación»

7. «El Socialismo», ed. cit. pág. 47.

8. «El Socialismo», ed. cit. pág. 52.

9. Proyecciones de la acción sindical, ed. cit. págs. 126-127.

10. «El Socialismo», ed. cit. pág. 68.

11. «Lo que da el gremialismo», Obras Selectas de Luis Emilio Recabarren, Quimantú, Santiago, 1971. pág. 113.

12. Recabarren planteó la necesidad de unir en una central sindical a obreros, campesinos y empleados. En 1924, al organizarse la Unión de Empleados de Chile, planteó la necesidad que ese gremio se uniera a la FOCH, proposición que no prosperó. La CUT inició en 1953, la unificación de obreros, empleados y campesinos.

13. «Proyecciones de la acción sindical», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, ed. cit. págs. 16-17-18.

14. «Proyecciones de la acción sindical», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, ed. cit. págs. 12-13.

15. Ob. cit. págs. 36-37.

16. Ibid.

17. El Socialismo, ed. cit. págs. 54-55.

18. «El Socialismo», ed. cit. pág. 57.

19. «El Socialismo», ed. cit. pág. 59

20. «El Socialismo», ed. cit. pág. 60.

21. «Programa y Reglamento del Partido Obrero Socialista»; Recabarren, Luis Emilio: «El Socialismo, ¿Qué es y cómo se realizará?», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, Tomo I, ed. cit. págs 86-88.

22. «El Socialismo», ed. cit. págs. 89-90-91.

23. Llama la atención que el nuevo Partido estableciera, con el rango de dirigente en sus organismos de base a un bibliotecario, otorgando así una especial relevancia a la lectura en el trabajo partidario. Este cargo existía también en los Consejos Federales y en el Consejo Nacional.

24. «El Socialismo», ed. cit. pág. 93.

25. «El Socialismo», ed. cit. pág. 94.

26. «¿Qué queremos federados y socialistas?» en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, Austral, Santiago, 1971, págs. 135-139.

27. «¿Qué queremos federados y socialistas?», ed. cit. pág. 157.

28. «El Socialismo», ed. cit. págs. 49-50.

29. «Los albores de la revolución social en Chile», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, ed. cit. págs. 109-110.

30. «No son los revolucionarios los inventores de la violencia. Fue la sociedad de clases a lo largo de la historia la que creó, desarrolló e impuso un sistema siempre mediante la represión y la violencia. Los inventores de la violencia fueron en todas las épocas reaccionarios.»-V. Fidel Castro: Discurso en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, el 2 de diciembre de 1971, en Cuba-Chile, Ediciones Políticas, Comité Central, Partido Comunista de Cuba, La Habana, 1972, pág. 475.

31. El Trabajo, órgano de la Mancomunal Obrera de Tocopilla, 1903 En una polémica sostenida con Alejandro Escobar Carballo, cuando todavía era demócrata, ya visualizaba la necesidad de luchar con una láctica flexible: «Soy libre de llevar las armas que a mí me plazca para hacer la Revolución y libre a la vez de deshacerme de las que vaya estimando inútiles o gastadas o inofensivas, a mi debido tiempo»; cit. por Jobet, Julio César: El pensamiento político de Recabarren, Obras Selectas, Quimantú, Santiago, 1971, pág. 19.

32. «Los albores de la Revolución Social en Chile», ed. cit. págs. 130-131.

33. Cit. por Recabarren en «Los albores de la Revolución Social en Chile», ed. cit. pág. 112.

34. Ob. cit. págs. 67-68. Sobre el trabajo de los socialistas en los municipios, escribió un texto especial: «Lo que puede hacer la Municipalidad en manos del pueblo inteligente.»

35. «¿Debemos participar en los parlamentos burgueses?», en Lenin V. I.: El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, (1920), Obras Escogidas, Tomo VI, Cartago, Buenos Aires, 1974.

36. «La alborada de la Revolución Social en Chile», en El pensamiento de Luis Emilio Recabarren, ed. cit. pág. 125.

37. «Origen y formación del Partido Comunista de Chile», ed. cit. gs. 197-198.

38. «El Socialismo», ed. cit.

39. «El Socialismo», ed. cit. pág. 72.

40. «Proyecciones de la acción sindical», ed. cit. pág. 129.

41. «Proyecciones de la acción sindical», ed. cit. pág. 130.

42. «Proyecciones de la acción sindical», ed. cit. págs. 13-14.

43. «La huelga de Iquique y la teoría de la igualdad», Obras Selectas, ed. cit. pág. 60.

44. «Proyecciones de la acción sindical», ob. cit. págs. 127-128.

45. Lenin, V. I., La información de clase, Siglo XXI, Buenos Aires, 1973.

46. V. Arias, Osvaldo: La prensa obrera en Chile, (1900-1930). Universidad de Chile, Chillán 1970; Tibol, Raquel: Julio Antonio Mella en El Machete, Fondo de Cultura Popular, México, 1968; Cuneo, Dardo: El primer periodismo obrero y socialista en Argentina, Buenos Aires, 1945; Portuondo, José A.: «La Aurora» y los comienzos de la prensa y de la organización obrera en Cuba, Imp. Nacional, La Habana, 1961; León, Emiliano: La prensa obrera y el movimiento sindical, Fondo de Cultura Popular, México, 1975; Bartra, Armando: Regeneración, 1900-1918. La corriente más radical de la Revolución de 1910 a través de su periódico de combate, Hadise, México, 1972.

47. Otros periodistas obreros chilenos: Alejandro Escobar Carballo, Luis Olea, Magno Espinoza, Luis A. Treviño, Manuel J. Montenegro, Luis Heredia y Alfonso Petaut.

48. «Proyecciones de la acción sindical», ed. cit. págs. 71-72.

49. «Los albores de la revolución social en Chile», ed, cit. págs, 127-128-129.

50. «El Socialismo», ed. cit. pág. 71.

51. Citado por, Jobet, Julio César: El pensamiento político de Recabarren, ed. cit. pág. 42.

52. «Estábamos poniendo en escena una obra de Recabarren llamada Redimida, que contaba la historia de una pobre mujer sola y abandonada, a la cual la revolución ganaba para una vida digna y de lucha. Ilya representaba el papel de Libertad, que en la última escena termina uniéndose al protagonista masculino, que estaba a mi cargo. Esa noche, un sábado, yo le había dicho a Recabarren que la escena final de su obra no iba a ser sólo teatral, sino real, pues esa era la forma que Ilya y yo habíamos elegido para unirnos». Vida de un comunista, ed. cit. pág. 114.

53. «El Socialismo», ed. cit. pág. 72

54. Cit. por Jobet, Julio César: Recabarren y los orígenes del movimiento obrero y el socialismo chileno, ed. cit. pág. 100.

55. Antiguo luchador del movimiento obrero chileno: militó en el P.O.S. y en la F.O.CH.; Subsecretario General de la CTCH; Dirigente y parlamentario del PC; actualmente asilado en México.

56. «De la vida heroica de Recabarren», El Siglo, Santiago de Chile, 21 de diciembre de 1958.


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