Muerte y resurrección del teatro chileno

SEGUNDA PARTE

LA FUNDACIÓN HEROICA: EL CAMINO AL SOCIALISMO

«¿Dónde está mi patria y dónde mi libertad? ¿La habré tenido allá en mi infancia cuando en vez de ir a la escuela hube de entrar al taller a vender al capitalismo insaciable mis escasas fuerzas de niño? ¿La tendré hoy cuando todo el producto de mi trabajo lo absorbe el capital sin que yo disfrute un átomo de mi producción?»

Recabarren

1. PARTIDA DEL PROFETA

En el seno de esta sociedad habrían de realizarse los trabajos y los días de Recabarren. Nació en una instancia caracterizada por la vigorosa penetración imperialista que frustró definitivamente el proyecto de desarrollo nacional independiente. (1)

Luis Emilio Recabarren Serrano, realizó sus estudios primarios en la Escuela Santo Tomás de Aquino, en Valparaíso, colegio de los padres Salesianos, donde aprendió el oficio de tipógrafo para ganarse el pan de cada día. Tenía apenas quince años cuando se produjo el alzamiento reaccionario contra Balmaceda. Luis Emilio tomó las armas sin comprender las razones del conflicto. Pronto sintió una revelación: la causa del Presidente era la causa de Chile. En las filas del ejército opositor, se confabuló con otros soldados y editó un modesto periódico en favor de Balmaceda. Los «facciosos» fueron descubiertos y fusilados. Luis Emilio se salvó por su minoría de edad. Dramático despertar a la lucha política. (2)

Hijo del pueblo, sometido a la explotación oligárquica e imperialista, el joven Luis Emilio Recabarren habría de interrogarse sobre las raíces de su situación y de la de sus hermanos de clase. El estudio, la reflexión y la lucha irán desbrozando el camino hacia su maduración revolucionaria. Y en esa lucha, no estarán ajenas las vicisitudes del hombre y su universo íntimo. (3)

En 1894, se incorporó a las filas del Partido Democrático de Chile en el que pronto destacó en su prensa, en sus luchas por reivindicaciones sociales y en sus tareas políticas.

En 1899 salió a la circulación un semanario del partido llamado La Democracia dirigido por Florentino Vivaceta y en cuya redacción figuró Recabarren, junto a Isaías González como secretario. El periódico se publicó entre 1899 y 1901 y alcanzó a editar 64 números. En 1900, Recabarren asumió la dirección del periódico imprimiéndole de inmediato un pensamiento más avanzado. (4) Desde sus columnas llamó a la unidad para «aplastar para siempre a nuestros eternos opresores y al grito de regeneración social hacer efectiva la igualdad ante la ley, proclamando el comunismo y la fraternidad universal». (5)

En 1903, los demócratas lograron un resonante éxito electoral: eligieron diputados en Valparaíso, Santiago, Concepción. En Valparaíso, además del diputado Ángel Guarrello (obtuvieron el control de la municipalidad. Para los reaccionarios, esta victoria resultó inaceptable. Acusaron a Recabarren de realizar fraude electoral y lograron llevarlo por tres meses a la cárcel, hasta que fue absuelto por la justicia.

Ese mismo año Recabarren presidió la Comisión Organizadora del Congreso Social Obrero, convocado por entidades mutualistas, que se reunió en Valparaíso. En este torneo, Recabarren fue invitado por Gregorio Trincado, fundador de la Mancomunal de Tocopilla, para asumir la dirección de un periódico de esa organización obrera. El 18 de octubre, estaba circulando el semanario El Trabajo. El periódico definía así su misión: «propagar la moral y unión del elemento obrero a fin de mejorar su condición social y económica». Y agregaba: «mi patria es el universo y hacer el bien mi religión». Editó 66 números hasta su desaparición en 1905. (6)

Las batallas ideológicas y reivindicativas que libró el periódico le costaron el odio de las autoridades y de los sectores patronales de la región. El director y sus colaboradores fueron arrestados ilegalmente con la complicidad de la justicia y el gobierno. El periodista obrero permaneció ocho meses encarcelado. (7)

En prisión llevó un Diario en el que escribió:

Soy de los que estiman que para despertar al trabajador del letargo tradicional es necesario una gran agitación que haga estremecer a los pueblos aún cuando algunos nos veamos expuestos a ser víctimas escogidas de las ferocidades burguesas. Con este espíritu encarné en El trabajo, todo el fuego posible y puse en el lenguaje una viveza natural que ya parecía ver desarrollarse un movimiento revolucionario capaz de trastornar todo el país. (8)

En 1906, Recabarren fue postulado por el Partido Democrático de Chile, candidato a diputado por Antofagasta. Obtuvo un triunfo inobjetable, pero su cargo le fue arrebatado mediante una despreciable maquinación política. La incorporación de los parlamentarios electos a la Cámara, exigía que estos juraran por Dios cumplir adecuadamente su mandato. El juramento de Recabarren dio lugar a un violento incidente que algunos han señalado como la causa que le impidió convertirse en diputado.

Al ser requerido para jurar, Recabarren dejó constancia de que era improcedente esta exigencia para un hombre que no creía en Dios ni en los evangelios y cumplió con el juramento impuesto por el reglamento de la Cámara. (9) Luego de un acalorado debate, la Cámara aprobó el juramento de los diputados obreros por 44 votos contra 32 y 9 abstenciones.

Pero la conjura contra el obrero que rompía la homogeneidad social de la Cámara no se detuvo. En esa época la propia Cámara era la encargada de sancionar la legalidad de la elección de sus miembros. En este trámite, a pesar de que Recabarren, tenía 48 votos sobre su adversario más próximo, mediante el subterfugio de repugnante politiquería, fue despojado de su sillón parlamentario.

La decisión oligárquica fue tomada con inaudito cinismo. Un diputado reaccionario se atrevió a decir:

En vista de todo lo cual yo declaro que si no hubiera estricta justicia para expulsar al señor Recabarren de la Cámara, ello sería necesario hacerlo por razones de alta moralidad social, y por otras que están vinculadas a la felicidad y engrandecimiento del pueblo, pues, no es tolerable que en la Cámara vengan a representarse las ideas de disolución social que sostiene el señor Recabarren. (10)

Al consumarse la maniobra, Recabarren expresó: «No me duele retirarme de este recinto; al fin y al cabo no soy el ofendido. Es el pueblo que ha elegido el que tendrá que convencerse de que aquí, pasando sobre la Constitución y las leyes, se ha violado su voluntad claramente manifestada.» (11)

Ese mismo año se realizaron elecciones presidenciales en las que como siempre se disputaron el gobierno facciones oligárquicas sin contradicciones sustanciales. Postularon Pedro Montt y Fernando Lazcano. El Partido Democrático de Chile se alió a esta última candidatura. Recabarren se negó a respaldar a un terrateniente del cual nada podían esperar los trabajadores y rompió la disciplina partidaria. Con un pequeño grupo de partidarios de su posición, fundó el Partido Demócrata Doctrinario. La nueva agrupación se declaró « demócrata-socialista ».

Recabarren no concebía la lucha política sin un medio de comunicación de masas y pronto dio vida a un periódico, La Reforma, presentado como «diario demócrata de la mañana». Desde sus columnas fustigó duramente a Malaquías Concha por su inconsecuente apoyo a Lazcano y sostuvo la necesidad de postular la candidatura obrera de Zenón Torreblanca, dirigente mutualista organizador del Primer Congreso Obrero de Sociedades Mutualistas, realizado en Santiago en 1901. (12)

La Reforma, circuló entre 1906 y 1908 y editó 629 números de cuatro páginas. La apertura internacional de Recabarren como periodista obrero lo llevó a seguir desde sus modestas páginas el curso de los acontecimientos revolucionarios rusos de 1905. (13) En el número 37, Recabarren dejó la dirección del periódico. En octubre los Tribunales de Justicia dictaron sentencia en el proceso contra la Mancomunal de Tocopilla: 541 días de cárcel. Frente a un fallo tan aberrante, optó por cruzar los Andes y radicarse en Argentina. Sin embargo, desde allá no perdió contacto con su diario y se las ingenió para enviar, regularmente, noticias y comentarios sobre el movimiento obrero argentino. (14)

En su traslado a la Argentina, contó con una compañía singular: Julio César Muñoz, de oficio zapatero, que llevaba una misión extraordinaria: trabajar para que Recabarren pudiera dedicarse por tiempo completo a la actividad política.

Mientras Recabarren se encontraba en Argentina, ocurrió en el movimiento obrero chileno uno de los acontecimientos más dramáticos de su historia: la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, ocurrida el 21 de diciembre de 1907.

Como se ha descrito, la situación social y económica de los trabajadores del salitre eran deprimentes. Bajo la presión de una realidad insostenible, los trabajadores de numerosas oficinas paralizaron sus faenas en apoyo a justas reivindicaciones. El conflicto se prolongaba sin asomo de solución. Los trabajadores decidieron bajar hasta el puerto de Iquique, capital de la región salitrera, para ejercer presión sobre las autoridades. Se concentraron unas 30 000 personas entre trabajadores y familiares.

La dirección del movimiento mantuvo largas e infructuosas negociaciones con empresarios y autoridades públicas sin conseguir otra respuesta que la orden de regresar a los centros laborales sin condiciones.

Iquique hervía de tensión, virtualmente ocupada por los trabajadores. El conflicto fue «solucionado» con frío cálculo y bárbara decisión. Las fuerzas armadas recibieron órdenes de hacer fuego contra la multitud sin contemplación alguna.

Las cifras de la matanza nunca han sido precisadas y varían notablemente. Sin embargo, se estima entre dos a tres mil el número de víctimas del fuego ordenado por el «glorioso» general Silva Renard.

Este rudo golpe debilitó notoriamente al movimiento obrero, que entró en un período de serio reflujo. (15)

Entretanto, en Argentina, Recabarren se había incorporado a las filas del Partido Socialista, (16) fundado en 1893, por el doctor Juan B. Justo (1865-1928), (17) en el que trabajó intensamente: colaboró en la prensa socialista, en las luchas sindicales y en los actos de masas. El 1º de mayo de 1907, habló junto a Alfredo Palacios en un acto que llevó al país hermano el saludo y la solidaridad de clase de los trabajadores chilenos.

En marzo de 1907, se realizó un Congreso de Unificación de las Organizaciones Obreras en el que participaron delegados de la Federación Obrero Regional Argentina (FORA) y de la Unión General de Trabajadores (UGT). En el torneo, se produjo un intenso debate entre las corrientes anarquistas y socialistas. Entre los delegados, estaba Luis Emilio Recabarren, en representación de la Unión Gráfica, quien libró una intensa confrontación ideológica con la tendencia anarquista en defensa de la posición socialista. Su intervención «dada su importancia y claridad» se reproduce íntegramente en la Historia del Socialismo Argentino de Jacinto Oddone. (18)

Con energía fustigó el sectarismo y el extremismo de la tendencia anarquista:

Yo sostengo, dijo, que si con vuestra intransigencia de declarar la organización comunista anárquica, nos alejáis a nosotros, los socialistas, que constituimos un factor, pequeño o grande, pero útil y necesario en el movimiento obrero, con mayor razón alejaréis a ese inmenso número de desgraciados obreros que todavía viven en la más grande ignorancia, que se niegan a organizarse por debilidad y degeneración, que por esa misma ignorancia huyen del socialismo, al que califican de antipatriótico, antirreligioso, antisocial, etc., y se horrorizan del anarquismo porque gasta en la difusión de sus ideas una violencia insípida, sin objeto, que los ahuyentara, engendrando en ellos el horror y el pánico [...] Todos esos obreros que con una táctica más hábil y con mayor perseverancia, usada por todos nosotros: todos esos obreros que constituyen más del 50% de nuestra clase, no vienen a la organización, no por culpa nuestra, sino vuestra, sino por vuestras intransigencias sectarias, que revelan quizás no querer la rehabilitación del proletariado [...]

En marzo de 1908, salió rumbo a Europa. El viejo continente gravitaba sobre el mundo por el peso de su poder económico, científico y tecnológico. En la cumbre de este poderío se sitúan Inglaterra, Francia y Alemania. Sus puertos concentran las principales corrientes del comercio internacional y desde sus centros de decisión económica se controlan las principales inversiones ultramarinas.

El movimiento obrero europeo estaba bajo la influencia de la II Internacional, fundada en París, en 1889. Las figuras más relevantes de la socialdemocracia europea eran: Augusto Bebel (1840-1913), de Alemania; Víctor Adler (1852-1918). de Austria; Emile Valdeverde (1866-1940), de Bélgica; Ramsay MacDonald (1866-1937), de Inglaterra; Jean Jaurés (1859-1914), de Francia; Pablo Iglesias (1850-1925), de España; Jorge Plejanov (1871-1918), de Rusia y otros. En su interior, las aguas ideológicas eran agitadas por candentes problemas: métodos de lucha, colonialismo, guerra, etc., tendencias de «izquierda» y «derecha» se disputaban la influencia en todas las esferas.

En España, tuvo ocasión de conocer a Pablo Iglesias a través de Largo Caballero. La recepción fue excelente. El visitante fue invitado a dar una conferencia sobre el movimiento obrero chileno en la Casa del Pueblo de Madrid.

Iglesias impresionó notablemente al visitante chileno, obrero tipógrafo y autodidacta como él. (19) Uno de sus biógrafos dice que Iglesias era «director de un periódico sin lectores y presidente de un partido sin partidarios, en un país sin ciudadanos». (20) Sin embargo, su intensa actividad habría de cambiar esa realidad y generar un vigoroso movimiento capaz de desafiar el orden tradicional. En 1873, fundó el semanario El Socialista, en 1886 asumió la presidencia de la Asociación del Arte de Imprimir, en 1880, la Secretaría General del Partido Socialista, (21) en 1891, concurrió a la fundación de la II Internacional, en la que tuvo una larga y notable ejecutoria; en 1908, inauguró la Casa del Pueblo, centro de fecunda difusión del pensamiento socialista...

Contactó en Francia con Jean Jaurés (1859-1914 ), (22) una de las personalidades más brillantes del socialismo europeo. Poseía una vasta cultura con relevante dominio en los campos de la filosofía y la historia. Como periodista revolucionario, creó una verdadera escuela de educación política de masas (23) en Bélgica con el dirigente socialista Emile Valdeverde, gran teórico, educador y orador, uno de los líderes más descollantes de la II Internacional.

Regresó enriquecido con estas experiencias, que sin duda fortalecieron su convicción de que la lucha por el socialismo era inseparable de la lucha por la ilustración obrera.

A fines de 1908 estaba de regreso en Chile. Pensó que podría eludir, de hecho, la sentencia pendiente. Sin embargo, al finalizar una conferencia en la Sociedad de Artesanos de Santiago, fue apresado y remitido a la cárcel de los Andes. La reclusión duró alrededor de 18 meses, pero el cautivo no interrumpió allí su oficio de revolucionario: estudió y escribió con la pasión de siempre. De estas jornadas silenciosas, salieron sus escritos Ricos y pobres en un siglo de vida republicana; La huelga de Iquique y Mi juramento.

Apenas cruzó la reja hacia la libertad, regresó a su oficio revolucionario. Durante tres meses recorrió el centro y sur del país en sus tareas habituales; organizar, educar y propagar. En una reunión de tapiceros se produjeron incidentes y otra vez fue detenido; por fortuna, ahora por breve tiempo.

En 1911, Recabarren se instaló en Iquique. Allí habría de cumplir una de las etapas más fecundas de su titánica actividad social: Fundó un nuevo periódico: El Grito, de tendencia democrático-socialista. Al año siguiente un interdiario, El Despertar de los Trabajadores, órgano de la Sociedad Obrero Cooperativa Tipográfica, empresa donada, posteriormente, por sus sucios, al Partido Obrero Socialista, (24) la más alta expresión del periodismo obrero hasta esa fecha. Tuvo una vida larga y fecunda; circuló entre 1912 y 1927 y editó 3 384 números de 4 páginas. (25) La vida de El Despertar de los Trabajadores, ligada a la lucha cotidiana del pueblo, concitó el odio de los reaccionarios que no podían tolerar, que impunemente, los oprimidos pudiesen disponer de una tribuna periodística de esa calidad.

Elías Lafferte, recuerda en sus memorias que, el 19 de enero de 1919, durante una huelga de los trabajadores marítimos de Iquique y mientras algunos obreros se encontraban en el diario entregando noticias sobre el movimiento, la imprenta sufrió un brutal asalto por parte de un comando militar:

Nos amarraron los brazos a la espalda, a Cruz, a los marítimos y a mí, y después de pegarnos y patearnos, entraron al taller y oímos cómo empezaban a romper las máquinas, a destruirlo todo, a empastelar los tipos mientras disparaban al aire, quizá para amedrentarnos, quizá como expresión de su euforia «patriótica». Logré deslizarme hasta un corredor, por donde salí a un portón vecino a la puerta de la imprenta. (26)

Afortunadamente, los asaltantes sólo produjeron destrozos en el taller de obras, las máquinas impresoras quedaron a salvo, seguramente por deficiencias «técnicas» de los ejecutores. Sin embargo, al percatarse de esa situación, los malhechores volvieron a la carga en altas horas de la noche.

No obstante, la voz de El Despertar de los Trabajadores, volvió a su oficio de informador, organizador y guía de la lucha:

Otra vez había que empezar de nuevo. Recabarren nos había enseñado que si el enemigo mil veces nos destruía, nosotros mil veces teníamos que levantarnos para seguir adelante. «Nuestra clase, nos decía, es la más fuerte. Sólo necesita unirse, organizarse, engrandecerse. Después la burguesía pasará a segundo término y la clase obrera a dirigir el país y el mundo.»

Promovimos una gran campaña económica destinada a levantar nuestra casa, la casa del Partido desde las ruinas que nos habían dejado. Todo el mundo contribuyó generosamente: los marítimos, los empleados de comercio, los panaderos, sindicalmente muy pagados de sí mismos, que se hacían llamar el «gremio-rey», y sobre todo, los pampinos, los bravos hombres del salitre.

Peso a peso, centavo a centavo, se fue reuniendo la cantidad que necesitábamos, primero para pagar el embargo y luego para buscar una casa, reparar las máquinas dañadas, reemplazar las herramientas destruidas, comprar tipos, cancelar deudas. (27)

2. LA CLASE OBRERA EN EL CENTENARIO

En la batalla ideológica, Recabarren estuvo atento para aprovechar coyunturas adecuadas y enfrentar a la ideología dominante. En 1910, cuando la oligarquía se preparaba para celebrar con gran boato su siglo de vida republicana, expresó por primera vez, una visión obrera de la historia de Chile, sometiendo el orden social a una crítica profunda. (28)

La atmósfera política del país se caracterizaba por el imperio de un parlamentarismo desenfrenado en el cual campeaban los turbios manejos de la plutocracia triunfante en la contrarrevolución que derribó al presidente Balmaceda. La oportunidad era propicia para poner en la discusión pública los grandes problemas nacionales y en especial, la situación de los trabajadores.

El 5 de septiembre de 1910, en la localidad de Rengo, al sur de Santiago, dictó una conferencia que más tarde se publicó con el título de «Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana»:

Hoy todo el mundo habla de grandezas y de progreso, señaló, y les pondera y les ensalza considerando todo esto como propiedad común disfrutable por todos. Yo quiero también hablar de esos progresos y de esas grandezas, pero me permitiréis, que los coloque en el sitio que corresponde y que saque a luz todas las miserias que están olvidadas u ocultas o que por ser ya demasiado comunes no nos preocupamos de ellas. (29)

Entre esas miserias olvidadas, examinó la situación de las clases populares, sumidas en la postración material y cultural, separadas por un profundo abismo del confort de las minorías privilegiadas.

La última clase de la sociedad que constituye probablemente más de un tercio de la población del país, es decir, más ce un millón de personas que no ha adquirido ningún progreso evidente, en mi concepto digno de llamarse progreso. Se me dirá que el número de analfabetos es, en proporción, mucho menor que el de antes, pero con esta afirmación no se prueba nada que ponga en evidencia un progreso. Para esta última clase de la sociedad el saber leer y escribir, no es sino un medio de comunicación, que no le ha producido ningún bienestar social. Es escasísimo ejercicio que de estos conocimientos hace esta parte del pueblo, le coloca en tal condición que casi es igual si nada supiese. En las ciudades y en los campos el saber escribir o simplemente firmar, ha sido para los hombres un nuevo medio de corrupción, pues, la clase gobernante les ha degradado cívicamente enseñándoles a vender su conciencia, su voluntad, su soberanía.

El pueblo en su ingenua ignorancia aprecia en mucho saber escribir para vender su conciencia. ¿Es esto un progreso? Haber aprendido a leer y a escribir pésimamente, como pasa con la generalidad del pueblo que vive en el extremo opuesto de la comodidad, no significa en verdad, el más leve átomo de progreso.

En la cima de este orden social, cuyo signo dominante era la desigualdad social, operaba una justicia, cuya independencia y rectitud era pura mitología. El pueblo, brutalmente maltratado, estaba convencido que para él no existía justicia y que el servicio estatal que con ese nombre se prestaba era un instrumento de opresión en manos de las clases dominantes.

Yo he llegado a convencerme, afirmaba con seguridad, que la organización judicial sólo existe para conservar y cuidar los privilegios de los capitalistas. ¡Ojalá, para felicidad social, estuviere equivocado! La organización judicial es el dique más seguro que la burguesía opone a los que aspiran a las transformaciones del actual orden social. (30)

Luego se detuvo en otro grave problema social: la vivienda:

El conventillo y los suburbios son la escuela primaria obligada del vicio y del crimen. Los niños se deleitan en su iniciación viciosa empujados por el delictuoso ejemplo de sus padres cargados de vicios y de defectos. El conventillo y los suburbios son la antesala del prostíbulo y la taberna. (31)

Más adelante fustigó con energía las prácticas de los comerciantes dominados por un desenfrenado espíritu de lucro:

La acción de los comerciantes, en general, es la acción de la inmoralidad. El progreso rápido del comercio, que es lo que busca el comerciante, está basado en la acción de la inmoralidad; en el engaño, en el fraude, en la falsificación, en el robo, en la explotación más desenfrenada del pobrerío que es la clientela más numerosa del comerciante inescrupuloso de los barrios pobres. (32)

Frente a esta cruda realidad, recuerda que no fueron las clases populares las fuerzas protagónicas de la Independencia de 1810, sino la burguesía criolla movilizada por sus intereses particularistas:

¡Celebrar la emancipación política del pueblo! Yo considero un sarcasmo esta expresión. Es quizás una burla irónica. Es algo así como cuando nuestros burguesitos exclaman: ¡El soberano pueblo...! cuando ven a hombres que visten andrajos, poncho y chupalla. Que se celebre la emancipación política de la clase capitalista, que disfruta de las riquezas nacionales, todo esto está muy puesto en razón.

Nosotros, que desde hace tiempo ya estamos convencidos que nada tenemos que ver con esta fecha que se llama el aniversario de la independencia nacional, creemos necesario indicar al pueblo el verdadero significado de esta fecha, que en nuestro concepto sólo tienen razón de conmemorarla los burgueses, porque ellos, sublevados en 1810 contra la corona de España, conquistaron esta patria para gozarla ellos y para aprovecharse de todas las ventajas que la independencia les proporcionaba; pero el pueblo, la clase trabajadora, que siempre ha vivido en la miseria, nada pero absolutamente nada gana ni ha ganado con la independencia de este suelo de la dominación española. (33)

Para el pueblo, la ruptura del orden colonial no significó un salto cualitativo en su mundo de privaciones y miserias:

Yo mismo en torno mío... miro en torno de la gente de mi clase... miro el pasado a través de mis 34 años y no encuentro en toda mi vida una circunstancia que me convenza que he tenido patria y que he tenido libertad... ¿Dónde está mi patria y dónde mi libertad? ¿La habré tenido allá en mi infancia cuando en vez de ir a la escuela hube de entrar al taller a vender al capitalista insaciable mis escasas fuerzas de niño? ¿La tendré hoy cuando todo el producto de mi trabajo lo absorbe el capital sin que yo disfrute un átomo de mi producción? Yo estimo que la patria es el hogar satisfecho y completo y la libertad sólo existe cuando existe este hogar. La enorme muchedumbre que puebla campos y ciudades, ¿tiene acaso hogar? ¡No tiene hogar! ¡No tiene hogar...! ¡Y el que no tiene hogar no tiene libertad!

Fundado en esa realidad pudo afirmar:

La fecha gloriosa de la emancipación del pueblo no ha sonado aún. Las clases populares viven todavía esclavas, encadenadas en el orden económico, con la cadena del salario, que es su miseria; en el orden político, con la cadena del cohecho, del fraude y la intervención, que anula toda acción, toda expresión popular y en el orden social, con la cadena de su ignorancia y de sus vicios, que le anulan para ser consideradas útiles a la sociedad en que vivimos. (34)

Su conclusión fue clara y categórica:

Hay progresos evidentes en el siglo transcurrido, ello no puede negarse. Pero esos progresos corresponden a la acción de toda la colectividad y en mayor proporción si se quiere a la clase proletaria que es el único agente de producción, de creación, de ejecución de las ideas y de los pensamientos. (35)

Sin embargo, esta crítica despiadada a la patriotería oficial no significaba que Recabarren fuese ajeno al amor auténtico al terruño y a sus nobles tradiciones. Por el contrario, sus preocupaciones por la suerte de su pueblo estaban «animadas por un patriotismo concreto afincado en la identificación con el país real, con ese país que ignora el fariseísmo del patriotismo oligárquico». (36)

En 1914, dictó en Iquique una conferencia para responder a las conocidas acusaciones reaccionarias; «...los socialistas no aman la patria, ultrajan la bandera, son extraños al alma nacional.» Con palabras categóricas expresó:

El cargo más injusto y falto de verdad el gritarnos que no amamos la patria. Nadie como los socialistas prueban con los hechos de todos los días su amor a la patria basado en el progreso y engrandecimiento de sus hijos. Y probaremos cómo trabajamos por ese progreso. El Partido Socialista en su local efectúa todos los sábados veladas-conferencias en las que realiza la educación gradual, lenta pero segura de los sentimientos que hoy alientan los pueblos. Esta obra educativa que eleva el nivel intelectual de la masa popular, con los hechos con los que se prueba amar la patria. Esta labor de educación sólo la hace el Partido Socialista. Cuando el Partido Socialista con tanta insistencia combate el alcoholismo, que es la llaga terrible que envenena los pueblos, hace labor patriótica; prueba que ama la patria porque quiere conservar sanos sus hijos y a su raza. Cuando el Partido Socialista combate los garitos y el juego es porque quiere alejar del vicio, que consume el pan de los pobres, a tantos obreros que redimidos darían labor útil a su patria. Cuando el socialismo combate la prostitución, la más infame de las llagas sociales que mantiene nuestra actual sociedad, hace obra de alto patriotismo, porque quiere librar a la patria y la familia, que es su base, de esa degradación en la que caen nuestras mujeres, llamadas a ser las madres de la humanidad. Esa labor la llamamos nosotros patriótica y trabajando por la desaparición de los vicios es como nosotros damos la mejor prueba de nuestro verdadero amor patrio quizás silencioso, pero más real y efectivo que los que gritan mucho de patriotismo. (37)

A continuación, ligó el tema del patriotismo con la guerra.

La posición socialista, contraria a la guerra, fue sintetizada así:

¿Hay algo más horrible que la guerra? Querer la guerra, ¿a eso llamáis patriotismo?, ¿a eso llamáis amar la patria?

Si a eso llamáis patriotismo, os confieso, yo no soy patriota.

A nosotros se nos llama antipatriotas porque somos enemigos de la guerra. Lo vamos a probar.

La guerra destruye montones de oro en armamentos que se destrozan y pierden, y balas y pólvora; en trenes, en equipos. La guerra consume muchos millones que el pueblo con sus miserias paga. La guerra destroza a los hombres, matándolos, mutilándolos. Con esto priva a muchos hogares del pan diario y los sume en la miseria y aun los coloca en el camino de todos los vicios o crímenes. Si a esto llamáis patriotismo, os repito: yo no soy patriota. ¡Porque amamos la patria, no queremos la guerra! (38)

Sobre los ultrajes a la bandera nacional sostuvo con energía:

No luchamos, ni nos hemos preocupado jamás contra la bandera nacional.

Quisiéramos ver todas las banderas del mundo, formando hermoso conjunto abrazadas con la internacional, símbolo grandioso de la paz. Opinamos simplemente que, algún día abrazará a los hombres de la tierra una sola bandera.

¿No encontráis hermoso el pensamiento? (39)

Finalizó su conferencia, explicando pedagógicamente, que así como no hay oposición entre amar a la madre, a la esposa, y a los hijos, tampoco hay oposición entre amar a la patria y a la humanidad:

Es nuestro culto:

La madre, la esposa, la hija... La humanidad, la patria, la familia... Qué hermoso es saber amar a la humanidad, a la patria, a la familia.

Amar así, eso es socialismo.

Amar a la patria amando la patria de los otros hombres es amar a la humanidad. Eso es el patriotismo socialista. Amando las patrias ajenas, sí así podemos hablar, conquistaremos el amor de los patriotas de los otros países para nuestra patria.

Odiar a la patria ajena es provocar el odio para nuestra patria.

Yo no quiero que nadie odie mí patria, por eso amo las patrias de todos.

¡Así, amamos la patria. (40)

Recabarren expuso así brillantemente las concepciones del patriotismo obrero bien diferentes del fraude patriótico de la burguesía, destinado a manipular la conciencia nacional para ocultar su dominación de clase.

Como se sabe, la burguesía ha transformado los símbolos nacionales en opio del pueblo: himno, bandera y escudo, han sido biombos alucinantes destinados a ocultar los profundos contrastes sociales y la traición de la burguesía a los auténticos intereses, nacionales. En cambio, el patriotismo obrero expresa la vinculación real de la clase obrera con sus raíces nacionales; traduce la conciencia de que es la clase obrera la única fuerza social capaz de acaudillar a las grandes mayorías para liberar las potencialidades de la nación y ejercer en plenitud la soberanía económica, política y cultural. Y ese patriotismo no es antagónico del patriotismo de ningún pueblo; por el contrario, es solidario con la humanidad entera cuyas relaciones siempre envenenan los mezquinos intereses de los negocios privados.

3. DEL PARTIDO OBRERO SOCIALISTA AL PARTIDO COMUNISTA

El pensamiento político de Recabarren fue evolucionando progresivamente desde sus concepciones democráticas y reformistas hacia el socialismo revolucionario. En ese proceso ideológico se observa al influencia de la literatura socialista, sus contactos con el movimiento obrero internacional y su participación activa en la lucha de clases.

Sus contradicciones con la vieja tienda democrática resultaron insalvables. La vida exigía definiciones que siempre eludía la dirigencia demócrata, irresistiblemente atraída por las componendas de la politiquería burguesa.

Sobre la decisión de irrumpir con una nueva expresión política, que reflejara los intereses de los trabajadores, tanto en su lucha por los problemas cotidianos como por un proyecto histórico propio, Elías Lafferte recuerda:

Cuando estimó (Recabarren) que había una conciencia formada y bien definida a este respecto, conferenció con sus colaboradores más cercanos, entre los que me encontraba yo, y se decidió a dar vida al partido. Reunidas en el local del diario unas veinte personas, el 6 de julio de 1912, fundamos el Partido Obrero Socialista POS. Entre los fundadores nos contamos Luis Emilio Recabarren, su medio hermano, Néstor Recabarren Vial; Julio Arredondo, empleado de una firma embarcadora de salitre; Enrique Salas, profesional gasfiter; un carretero de apellido García; José del Carmen Aliaga; Teresa Flores; Ruperto Gil, carpintero mueblista, cuyo hijo, un niño aún, trabajaba como tipógrafo en El Despertar; Nicolás Aguirre Bretón, y yo. Secretario del Partido fue elegido Néstor Recabarren. No nombramos para este cargo a nuestro líder indiscutido, para dejarle mayor libertad de movimientos en las tareas de organización, que debían extenderse a todo el país. (41)

Los primeros pasos del POS no fueron la partida veloz de una organización vigorosa y definitiva en sus planteamientos ideológicos. Partió ante todo como una voluntad de ser, como una búsqueda que superara los trillados caminos de la política tradicional. Prosigue Lafferte:

Por las tardes, después que llegaba el tren de la pampa, empezaban a caer al local, obreros, agentes viajeros, jóvenes, empleados. Allí se leían los diarios de Santiago y no pocos periódicos del extranjero, de Argentina, de Uruguay, y se vendían también los folletos de Recabarren. Desde Francia llegaba periódicamente L'Humanité, órgano del entonces Partido Socialista francés, que dirigía Jean Jaurés; desde España llegaba El Socialista, que hizo muy familiares entre nosotros los nombres de Pablo Iglesias, Francisco Largo Caballero y otros líderes del socialismo peninsular. El Socialista era el diario favorito de todos nosotros. Los compañeros se lo arrebataban porque en realidad, aparte de Recabarren y de Aguirre Bretón, nadie era capaz de leer francés u otros idiomas. Las relaciones que Recabarren había trabado en Europa, principalmente en Bélgica, con dirigentes de la Segunda Internacional, representaban una fuente de materiales que se iban acumulando en el local: periódicos, folletos, libros. También venía material de Buenos Aires y Montevideo, principalmente periódicos de los anarquistas, que habían constituido importantes núcleos políticos en esas capitales. Así leyendo, oyendo a Recabarren, que sabía condensar admirablemente las teorías de los filósofos y sociólogos, íbamos adquiriendo una cultura política y penetrando en las bases del socialismo. En este proceso, uno de los factores más importantes fue la publicación de un folleto de Recabarren titulado ¿Qué es el Socialismo?, que aclaró en muchas mentes obreras la cuestión de la propiedad privada y la propiedad socialista. (42)

En cuanto al nivel ideológico de los fundadores del POS, Lafferte, recuerda:

Pero nuestra ideología, en aquella época, era muy incipiente. Creo que ninguno de nosotros -salvo Recabarren- había leído a Marx o a Engels. Los libros de estos pensadores eran escasísimos. Indudablemente el hombre más capacitado de todos los que formábamos en el movimiento era Recabarren, pero entre Recabarren y nosotros había una enorme distancia en cuanto a preparación, madurez política y formación ideológica. No éramos propiamente marxistas. El marxismo llegó al POS andando en tiempo, a través de los estudios, de los libros que vinieron de Europa, de las relaciones internacionales, de los viajes de los compañeros y de la cooperación de la Internacional Comunista. Pero teníamos en nuestro interior, me refiero a los militantes: socialistas, la materia prima para forjar luchadores: la capacidad de lucha, la resistencia a la injusticia, el espíritu de organización, el sentimiento de la unidad, el orgullo proletario, y sobre todo, el sentido de clase. (43)

El POS adoptó esa denominación para perfilar una identidad diferente a los partidos socialistas europeos de filiación socialdemócrata, cuya política reformista no satisfacía los anhelos revolucionarios de sus forjadores. Su fundación fue recibida jubilosamente en los principales centros laborales del país. El 3 de julio, se constituyó el POS en Punta Arenas, integrándose de inmediato al Partido de Recabarren. Pronto surgieron núcleos en otras partes del territorio nacional. (44)

El POS representó la concreción de un proyecto que se había frustrado en más de una oportunidad. En efecto, en las postrimerías del siglo XIX se había intentado crear un partido de orientación socialista capaz de representar una alternativa nueva ante el reformismo, la conciliación y el oportunismo del Partido Demócrata.

El nuevo Partido necesitó mejorar y multiplicar su prensa: El Despertar de los Trabajadores, se convirtió en diario. Surgió un semanario, El Bonete, destinado a la propaganda anticlerical.

Como un medio de ampliar la base social de la actividad del nuevo Partido, Recabarren fundó la Sociedad de Defensa del Trabajo de Oficios Varios: creó una Cooperativa para la fabricación de pan, para aliviar en parte las penurias alimenticias de los trabajadores. Arrendó un espléndido y amplio local, en cuyas dependencias instaló un cine. Siguiendo el ejemplo de los socialistas españoles, abrió una Casa del Pueblo, en la que se realizó una intensa labor cultural y política. (45)

Entre las figuras intelectuales que se vincularon a esta actividad obrera, estuvo Víctor Domingo Silva, quien dictó conferencias y contribuyó a dar a conocer las dramáticas condiciones de vida imperantes en la pampa en excelentes reportajes periodísticos para los diarios El Tarapacá y La Provincia.

Su imaginación creadora no se detenía: planeó editar una revista socialista, de aparición mensual, destinada al arte, la ciencia y literatura, la que incluiría ilustraciones. El proyecto no prosperó, no obstante, resulta asombrosa su visión de la importancia que tiene para el movimiento obrero la lucha ideológica en el terreno cultural. (46)

En 1915, fue postulado candidato a diputado por Antofagasta. Su candidatura sucumbió bajo las presiones gubernamentales y patronales, el cohecho y el fraude organizado de los partidos de la burguesía.

El 1º y 2 de mayo de 1915, el POS realizó su Primer Congreso Nacional en Viña del Mar presidido por Recabarren. Concurrieron delegados de 16 secciones creadas en diversos puntos del territorio nacional. El Partido resolvió participar en la vida política del país con absoluta independencia de clase. Reconoció la necesidad del desarrollo del movimiento sindical separado orgánicamente del Partido, pero concertando una adecuada coordinación. El Congreso designó Secretario General al zapatero porteño Ramón Sepúlveda Leal (1886P-1970); Recabarren quedó como integrante del Comité Ejecutivo Nacional. Las necesidades del Partido lo trasladaron a Valparaíso donde dirigió el semanario El Socialista, órgano central partidario. Editó 127 números entre el 31 de julio de ese año y el 1º de mayo de 1918. (47)

Pero el oficio de revolucionario de Recabarren requería movilidad: inició un recorrido hacía el sur, dictando conferencias, animando la actividad artística y cultural, estimulando la prensa, todo en función de la organización sindical y política de los trabajadores. La gira terminó en Punta Arenas. Desde allí, pasó otra vez a Argentina.

A fines de ese año, asumió el Gobierno, Hipólito Irigoyen (1916-1922 y 1928-1930). caudillo radical que realizó. una política de signo nacionalista y popular favoreciendo la legislación social. (48) En Buenos Aires, retomó sus contactos con el Partido Socialista y volvió a participar en sus tareas de difusión como periodista, charlista, etc. (49) En el socialismo argentino se venía desarrollando una intensa discusión ideológica. Los ecos de la crisis del socialismo europeo agudizaron las contradicciones al producirse la Revolución Rusa de 1917.

Los días 5 y 6 de enero de 1918, la corriente de inspiración leninista realizó en Buenos Aires el Congreso Constituyente del Partido Socialista Internacional. (50) Se incorporó activamente a este proceso. El mismo fenómeno ocurrió en Uruguay. La tendencia internacionalista ganó a partir de 1917, el control del Partido Socialista (51) y logró en septiembre de 1920, retirar al partido de la Segunda Internacional; allí también participó en la lucha ideológica en favor de las posiciones revolucionarias.

En 1918, regresó a Chile, se radicó en Antofagasta. De inmediato reasumió sus tareas en todos los frentes de la lucha obrera. Ese año, el POS realizó, el 30 de agosto, su Segundo Congreso Nacional en Antofagasta. La Revolución de Octubre estuvo presente en sus deliberaciones y contribuyó a elevar el nivel de sus debates.

El año 1920 fue un año cargado de tensiones políticas y sociales. Alessandri encabezó una ala reformista de la burguesía y se esforzó por arrastrar a los trabajadores hacia su postulación populista.

En junio de ese año, el POS convocó a una Convención Extraordinaria, en Antofagasta, con el objeto de fijar su posición frente a la elección presidencial. El torneo proclamó la postulación de Recabarren, no obstante encontrarse encarcelado. Un periódico obrero explicó así el significado de esta candidatura: «No pretendemos con esto triunfar, los obreros vencerán con otras armas más eficaces. Sólo queremos evitar que el pueblo acepte silenciosamente los acuerdos y mandatos de la oligarquía.» (52)

Esa candidatura sólo recogió un puñado de votos en los centros de mayor concentración obrera; pero el hecho se registra como un signo de la madurez ideológica alcanzada por el Partido. Por primera vez en la política chilena un obrero fue postulado para la Presidencia de la República.

A lo largo de 1921, el Partido prosiguió su debate ideológico iniciado en el Tercer Congreso y se abocó el examen de las «21 Condiciones» establecidas por la Tercera Internacional para afiliarse a sus filas. (53)

El 25 de diciembre de 1920, se inauguró en Valparaíso el Tercer Congreso Nacional del POS. El Congreso acordó: «1) Autorizar al Comité Ejecutivo Nacional para iniciar el trámite de ingreso del Partido a la Tercera Internacional.» Se adoptó esta resolución a base de las siguientes consideraciones:

Que la organización capitalista de producción y su régimen de Gobierno es la causa única y determinante de todas las desgracias y miserias que sufre la humanidad, sometida por ello a la más vil explotación y esclavitud; y que la organización capitalista de la producción y su régimen de gobierno, aunque se reforme o perfeccione, siempre dejará subsistente una organización basada exclusivamente en el dominio (de la clase capitalista) y el sometimiento de la humanidad; y por lo tanto, no cabe otra resolución que reemplazar la organización capitalista por el régimen comunista, cuya implantación corresponde al Partido Socialista y a la clase proletaria organizada. Consecuente con esta declaración. El Partido Obrero Socialista de Chile declara: Que la revolución Rusa y el régimen de los Soviets que ha reemplazado el Estado capitalista en Rusia, le merece todas sus simpatías, y por lo tanto, resuelve adherir a la Tercera Internacional de Moscú... Queda autorizado el Comité Ejecutivo Nacional para comunicarse con la Oficina de la Tercera Internacional de Moscú, y gestionar nuestro ingreso, una vez que las secciones hayan dado la respuesta al voto general... 2) Acentuar el carácter revolucionario del Partido y velar por su fortalecimiento ideológico.

En relación con esto, se formuló una declaración de principios en que se dejó establecido que la finalidad del Partido es la abolición del régimen capitalista en todas sus manifestaciones, razón por la cual procuraría la aplicación y el perfeccionamiento «de la organización revolucionaria de la clase trabajadora, para capacitarla a que administre por sí misma iodo el sistema industrial y comercial» [...]

Además, se señaló que la táctica del Partido:

debe estar sujeta a las circunstancias y necesidades del pueblo trabajador en el actual momento de transición histórica y que su acción en cuanto a la lucha de clases, debe ser cada día más definida, decidida y constantemente revolucionaria; por tanto, no debe admitirse en sus filas aquellos socialistas de la antigua escuela democrática, que concretan toda su táctica de acción en una transformación evolutiva que sólo sirve para desviar a las masas obreras del recto camino de su liberación, perpetuando el régimen oprobioso e inhumano de explotación capitalista. Por esto, debe ser deber de preferente atención de todas las secciones del Partido, revisar y purificar sus fijas, en forma que en cada componente se cristalicen nuestras aspiraciones comunistas y del estricto cumplimiento de nuestro programa, expulsando sin contemplaciones de nuestras filas a quienes manifiestan dudas sobre la eficacia de nuestra acción... 3) Como una conclusión de los acuerdos anteriores, se resolvió «que el nombre de nuestro Partido será simplemente Partido Comunista, el que se adoptará inmediatamente después que las secciones hayan tomado conocimiento, pronunciándose sobre esta resolución.» (54)

En las elecciones parlamentarias de ese año, el POS logró elegir a dos diputados: Luis Emilio Recabarren y Luis Víctor Cruz, figura de dilatada trayectoria en la lucha obrera. Por primera vez llegaron al Parlamento, tradicionalmente dominado por terratenientes, banqueros, mineros, abogados de los grandes negocios, dos auténticos hijos de la clase obrera.

En enero de 1922, se celebró en Rancagua el Cuarto Congreso Nacional del POS, reconocido como el Primer Congreso del Partido Comunista de Chile. El evento resolvió declarar que:

El Partido Comunista de Chile, reunido en Congreso en la ciudad de Rancagua el 1º de enero de 1922, después de ratificar su adhesión a la Tercera Internacional con sede en Moscú y considerando:

Que la sociedad capitalista, por lo mismo que se divide en clases, cimenta su estructura jurídica, política y económica sobre la explotación del hombre por el hombre; Que en este proceso se ha llegado al grado máximo de desarrollo, razón por la cual la lucha de clases se hace más intensa;

Que en virtud de este hecho comprobado en todo el mundo sujeto a la dominación del capitalismo, las clases son cada vez más irreconciliables; Que los componentes de esas clases no sólo se manifiestan en defensa de sus intereses aisladamente, sino que, por el contrario, tienden a agruparse con directivas propias, constituyendo organismos especiales con funciones definidas;

Que para que la clase trabajadora pueda encaminarse ventajosamente a la consecución de sus ideales, que propague la supresión de la explotación del hombre, instaurando en su defecto una sociedad comunista, es indispensable organizar sus fuerzas, capacitándose para la implantación de una dictadura en el período de transición;

Que para conseguir ese resultado se requiere la constitución de un organismo revolucionario de vanguardia, con propósitos claros y directivas precisas, que no puede ser otro que el Partido Comunista...

Por tanto, resuelve: 1. Constituirse en Sección Chilena de la Internacional Comunista, aceptando sus tesis y luchando por el triunfo de su causa, que es la causa de la clase proletaria... 2. Llamar al proletariado de todo el país, que forma el nervio de las distintas regiones: carboníferas, salitrera, minera, agrícola, industrial, etc., para que en completo acuerdo con los fines anteriormente explicados se incorpore a sus filas; y 3. Desenvolverse paralelamente, con perfecta inteligencia con la organización sindical revolucionaria, a fin de constituir un lazo indestructible en la lucha final contra el capitalismo. (55)

No obstante esta decisión del Partido, hubo de transcurrir todavía un tiempo antes de ser reconocido como «la sección chilena de la Tercera Internacional», rango que logró en 1928.

En materia orgánica, el nuevo Partido conservó la vieja estructura del POS. En 1925, se adopto su actual organización celular en función de los principios leninistas del centralismo democrático. (56) El proceso de transformación leninista del Partido no fue fácil y su historia registra instantes críticos que pusieron en tensión toda su arquitectura, sin embargo, la lucha ideológica permitió derrotar las tendencias negativas y desarrollarse con paso firme, con creciente arraigo en la clase obrera y la intelectualidad progresista.

Al nacer el Partido Comunista, explica Hernán Ramírez Necochea, estaba provisto de una línea política marxista-leninista; por eso es que, a pesar de los esfuerzos por evitarlo, prosperaron desviaciones tanto de izquierda -infantilismo revolucionario- como de derecha -oportunismo contra-revolucionario. Justamente uno de los rasgos de la historia del Partido en la primera etapa de su existencia está representado por el incesante y dramático afán de lograr establecer una línea política auténticamente comunista, esto es, una línea revolucionaria fundamentada en los principios del marxismo y en las enseñanzas de Lenin, que tuviera como gran objetivo la instauración del socialismo, pero que se desarrollara tomando en consideración las características que presentaba el país y la necesidad de ir promoviendo -sin quedarse en ellos- los cambios requeridos para producir, en un determinado momento, el vuelco revolucionario que habría de dar por resultado la conquista del Poder por la clase obrera y la abolición del capitalismo. (57)

El Partido fue «haciendo camino al andar», acumulando experiencias de sus aciertos y errores, hasta calar hondo en la clase obrera y ganar un lugar prestigioso en el movimiento obrero internacional. (58)

4. LA BATALLA POR LA FOCH

La idea de crear en Chile una central obrera de ancha base social, se planteó por primera vez hacia 1892. Ese año, el gobierno propició una ley contra los paros laborales. La iniciativa reaccionaria movilizó a los trabajadores. En Valparaíso surgió una Federación de Uniones de Protección del Trabajo de Sudamérica, llamada abreviadamente, Federación Obrera. Con el auspicio de este organismo, los trabajadores expresaron en variadas formas su rechazo a la ley anti-paros.

El gran artífice de este audaz proyecto fue Carlos Jorquera, uno de los grandes forjadores del sindicalismo chileno. Las Uniones de Protección del Trabajo, que ayudó a fundar, constituyen otro embrión del futuro sindicalismo. En 1892 había fundado la Gran Unión Marítima de Valparaíso, «sección chilena de la Liga Marítima Internacional». (59) Su tentativa de crear una agrupación sindical nacional, con vinculaciones internacionales, define nítidamente la calidad de su pensamiento. Gracias a su actividad, se formaron filiales en el puerto de Iquique, en el norte chileno y en el Callao, en el Perú. En Valparaíso, contribuyó a la creación de la Liga de Tipógrafos, que pronto tuvo filiales en varios puntos del país y que también logró establecer relaciones internacionales. (60)

Esta intensa actividad de promoción sindical tuvo influencias positivas en el resto del territorio nacional. En 1894, surgió en Santiago una Confederación Obrera de Sociedades Unidas, con la concurrencia de 19 sociedades mutualistas. La entidad convocó para 1896 a un Congreso destinado a establecer una Confederación Obrera de Santiago, con la afiliación de organizaciones mutualistas y otras defensoras del trabajo, con la sola exclusión de las de signo político o religioso. La tentativa fracasó. En 1896, se estableció la Confederación Obrera de Chile, con una dirección provisional que no logró vitalizar la institución. En 1900 se intentó otra vez, sin éxito, realizar un Congreso Obrero Nacional.

Entre los factores que conspiraron para que estos proyectos no caminaran, estuvo la inmadurez del movimiento obrero en general, las disputas entre sus incipientes tendencias, incluidos los «apolíticos» y sin duda también, el ambiente represivo de la época.

El 18 de septiembre de 1909, se fundó sobre la base de la organización gremial ferroviaria, la Gran Federación Obrera de Chile, FOCH. La iniciativa provino de un abogado conservador. Pablo Marín Pinuer, que había logrado la devolución de un descuento de un 10% que el gobierno había ordenado hacer a las remuneraciones de los ferroviarios «para paliar el déficit fiscal».

El origen de la entidad pone de relieve su carácter de agrupación obrera surgida del paternalismo social de personeros conservadores que le imprimieron un sello mutualista y conciliador en los conflictos laborales. Propiciaba armonizar los intereses en pugna. Su primer presidente fue el conservador Emilio Cambié, de 1909 a 1914.

Sin embargo, la FOCH demandó reivindicaciones de indudable significación social: salario mínimo y jornada de 8 horas. Además, se convirtió en un polo aglutinante de una clase obrera que crecía en número y maduraba en su conciencia de clase. (61)

Un papel importante en el desarrollo de la FOCH fue desempeñado por su prensa. Al año siguiente de la fundación, inició la edición de un periódico trimensual bajo la dirección de Pablo Marín Pinuer. La Gran Federación Obrera de Chile, que editó 1 22.5 números entre el 20 de octubre de 1910 y el 22 de agosto de 1924. (62) Desde su número 54 se llamó La Federación Obrera. (63)

De acuerdo con la orientación general de la FOCH, su vocero limitaba su acción a fomentar la vida social de los obreros, el espíritu de ahorro, la asociación para fines mutualistas, los hábitos de honestidad y moralidad, su repudio al alcoholismo, etc. En el plano reivindicativo y político, preconizaba un reformismo social paternalista dentro de los marcos del orden establecido.

La FOCH convocó a convenciones nacionales para discutir su plataforma de lucha y perfeccionar sus estructuras orgánicas.

A fines de 1911 y comienzos de 1912, se verificó la Primera Convención Nacional en Santiago. El evento contó con una nutrida representación de provincias al adherir a sus filas las Mancomunales Obreras. Este ingreso habría de resultar decisivo para su evolución ideológica.

En 1919, la Federación Obrera de Chile, FOCH, realizó su Tercer Congreso en Concepción. Se reunió bajo la presidencia de Recabarren, quien libró una memorable batalla ideológica destinada a abandonar, definitivamente el sindicalismo economicista y adoptar una militancia resuelta en un sindicalismo comprometido con un proyecto político: la revolución socialista. Con el apoyo de los delegados del salitre y carbón, vanguardia obrera del país, sus tesis revolucionarias se impusieron sobre los planteamientos mutualistas sustentadas por Pablo Marín Pinuer.

En la nueva Declaración de Principios (64), la FOCH, estableció sus propósitos con absoluta claridad:

La Federación Obrera de Chile se ha fundado para realizar los siguientes propósitos: Defender la vida, la salud y los intereses morales y materiales de toda clase trabajadora de ambos sexos. Defender a los trabajadores de ambos sexos de la explotación patronal y comercial, de los abusos de jefes y autoridades y de toda forma de explotación y de opresión. Proteger a sus afiliados en todos los actos que establezcan sus estatutos. Fomentar el progreso de la instrucción y cultura de la clase trabajadora por medio de conferencias, escuelas, bibliotecas, prensa y toda actividad cultural, y conquistar la libertad efectiva, económica y moral, política y social de la clase trabajadora (obreros y empleados de ambos sexos), aboliendo el régimen capitalista, con su inaceptable sistema de organización industrial y comercial, que reduce a la esclavitud a la mayoría de la población. Abolido el sistema capitalista, será reemplazado por la Federación Obrera, que se hará cargo de la administración de la producción industrial y de sus consecuencias. Estas aspiraciones serán sustentadas en realidad cuando la Federación Obrera de Chile por intermedio de todas sus secciones tenga la potencia suficiente para realizarlas. Para librar a los trabajadores y empleados de ambos sexos de la explotación y opresión en que viven esclavizados, a medida que el poder de la Federación lo permita, se luchará: Por el mejoramiento de los salarios, de manera que correspondan a las necesidades de la vida de constante progreso, hasta producir la transformación del régimen del asalariado por un mejoramiento superior, que concluya con la esclavitud del salario. Por la reducción de las horas de trabajo, como un medio de disminuir la desocupación y la fatiga, para darse tiempo a la vida societaria. Por la reglamentación de las condiciones de trabajo, hasta desaparecer todo vestigio de despotismo y de esclavitud. Por el abaratamiento de la vida, ya sea por medio de agitaciones, influyendo en la legislación de los impuestos o creando o protegiendo instituciones cooperativas que tengan por objeto abaratar la vida. Por desterrar en forma definitiva todos los vicios de la clase trabajadora, y el del alcohol y el de los juegos de azar. Por el mejoramiento de las habitaciones y su abaratamiento por los medios que la fuerza creciente de esta Federación le sea permitida. Esta Federación será la escuela donde se moldee el mejor pensamiento que oriente al proletariado de ambos sexos a la perfección de su organización social e industrial, hasta obtener su integral emancipación. Todo este programa de perfección social podrá cumplirse si la clase proletaria de ambos sexos (obreros y empleados) se apresura a construir la fuerza capaz de realizar este programa, acudiendo a incorporarse previamente a la Federación Obrera de Chile, en cualquiera de sus secciones sindicatos o federaciones que forman parte de esta organización, que es la escuela práctica que enseña y dignifica, el más amplio concepto de la verdad y justicia social. Por lo tanto la Federación Obrera de Chile, levanta su bandera, inspirada en estas dos profundas sanciones internacionales: «La unión hace la fuera» y «La emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de los trabajos mismos.» (65)

En 1920, la FOCH concibió y trató de materializar un objetivo trascendental: la formación de un Partido único de clase. Incluso, se acordó realizar en Rancagua, en diciembre de 1921, un Congreso de la central obrera al cual se invitó a concurrir a los Partidos Obreros Socialistas y Democráticos de Chile, para echar allí las bases del Partido del Trabajo. Los demócratas, reunidos a pocos días del Congreso en Santiago, prefirieron, por escaso margen de votos, proseguir en el juego de la política tradicional frustrando así el nacimiento de un gran partido de los trabajadores, acontecimiento que habría acelerado notablemente el desarrollo del movimiento obrero chileno.

En 1921, la FOCH celebró en Rancagua su Cuarto Congreso Nacional. El proceso de avance ideológico había madurado a tal punto, que resolvió por 106 votos contra 12 y 19 abstenciones, afiliarse a la Internacional Sindical Roja. La FOCH contaba con unos 80 000 asociados pertenecientes a 102 organizaciones laborales.

En 1922, decretó un paro nacional en apoyo de los mineros del carbón y contó con el apoyo de los trabajadores ferroviarios.

En 1923, en su Quinta Convención realizada en Chillan, estudió la realidad económica y social del campo chileno y convirtió el problema agrario en una bandera de lucha permanente del movimiento obrero. (66)

Hacia 1924, la FOCH se vio arrastrada por la vorágine de los acontecimientos políticos de la época y afectada también por ciertos errores de conducción que la llevaron a una identificación excesiva con su principal fuente de inspiración ideológica, el Partido Comunista, hecho que mereció incluso, críticas de la Oficina Internacional del Comintern. (67) En esas circunstancias, su influencia en el movimiento obrero decayó. En 1925, en su Sexta Convención realizada en Santiago, incorporó a sus preocupaciones la explotación de las riquezas básicas del país por capitalistas extranjeros. Así: la clase obrera tomó en sus manos la defensa de la soberanía económica de Chile. Los restos de la FOCH, concurrieron en 1936 a la segunda tentativa de integrar a los trabajadores chilenos en una central unitaria: la Confederación de Trabajadores de Chile, CTCH. (68)

5. LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Revolución Socialista de Octubre de 1918, que derrumbó al Imperio de los Zares, sobre cuyas ruinas se instaló el primer Gobierno de Obreros y Campesinos de la historia, fueron acontecimientos que provocaron en Chile un impacto extraordinario.

La guerra fue la notificación dramática de que las estructuras del capitalismo comenzaban a ceder ante las contradicciones surgidas entre las grandes potencias por el reparto del mundo, agudizadas por la vigorosa presencia del gran protagonista de la historia contemporánea: el proletariado.

El advenimiento del poder soviético fue el anuncio categórico de que la humanidad había entrado en una nueva época: el socialismo salía de la utopía para ingresar en la historia. Los núcleos obreros más avanzados y la pequeña burguesía radicalizada, saludaron alborozados la buena nueva: (69)

Es indiscutible, escribía el líder democrático, Juan Pradenas Muñoz, que el triunfo de Lenin sobre Kerensky es el triunfo del pueblo contra la burguesía, es la victoria del proletariado y la derrota de los tentadores de la propiedad y de la producción. El primer acto de Lenin, es ordenar la expropiación de la tierra y su reparto entre los campesinos.

Recabarren, que ya en Argentina se había definido sin vacilaciones junto a los trabajadores soviéticos en su inédita acción revolucionaria, de regreso en Chile, se transformó en un entusiasta propagandista de la Revolución. Frente a la campaña de calumnias y difamaciones que organizó la reacción internacional contra el país de Lenin, alzó la voz de la clase obrera que no se dejó engañar, segura de que con la mentira se trataba de ocultar la llegada de su hora definitiva. Recabarren, desnudó esa campaña destinada a desprestigiar «lo que mañana el mundo llamaría sublime». Luego agregaba:

Lleva apenas poco más de un mes el régimen maximalista, y podemos decir que ha avanzado más de un siglo en tan poco tiempo [...] El sueño, la utopía de esos locos llamados socialistas, pasa a ser hoy no sólo una realidad, sino que la fuente de todo progreso y felicidad humana; esto era lo más temido por la clase capitalista de Rusia y de todas partes [...] Rusia obrera ha derrumbado con un poderoso empuje su clase capitalista. Las tierras con todos sus anexos serán del Estado para trabajarlas en beneficio de la comunidad. Las industrias, las máquinas, los ferrocarriles, todo, todo será propiedad de la comunidad. Adiós para siempre la propiedad privada, herencia maldita del pasado [...] La soberanía verdadera del pueblo por medio del Soviet reemplaza todos los gobiernos. (70)

En las filas del Partido Democrático, los acontecimientos del octubre soviético provocaron tal conmoción que hubo sectores como el Centro de Propaganda Democrática de Santiago, que se plantearon la necesidad de luchar por la transformación socialista de la sociedad. En los periódicos demócratas, el tema de la Revolución Rusa, se abordó con simpatía y dio su aporte al esclarecimiento de sus actos en un medio inundado de groseras y mal intencionadas deformaciones.

En 1921, en la Convención Nacional del Partido, los elementos más radicalizados, lucharon sin éxito para darle al Partido un vuelco hacia el socialismo, sin embargo, los intereses políticos vinculados a contubernios con fuerzas políticas tradicionales, práctica incurable en la organización, el predominio de la ideología pequeñoburguesa, resultaron vallas infranqueables. No obstante, la confrontación ideológica tuvo un saldo positivo: numerosos elementos sanos, ansiosos de abrazar la causa del socialismo, siguieron las huellas de Recabarren y se incorporaron al Partido Comunista.

La política de paz del Estado soviético fue comprendida y valorada como una verdadera contribución a los intereses estratégicos de la clase obrera, siempre enemiga de las guerras:

La paz, subrayó Recabarren, significará el triunfo de la Revolución Rusa, es decir, la abolición del régimen burgués capitalista. La paz significará para Rusia, bajo el régimen maximalista, aprovechar la primera y más certera oportunidad para la abolición del sistema capitalista y el comienzo del régimen socialista. La paz impuesta por Rusia será la paz impuesta por la clase trabajadora libre de todo el mundo, y esto es lo que ningún gobierno capitalista quiere aceptar... Si la paz se impone ahora, será el programa de la revolución, que es el programa de la clase obrera de todos los países.

Termina Recabarren su admiración por el régimen revolucionario con estas palabras:

Rusia maximalista es hoy la antorcha del mundo. Salud a esa Rusia. Rusia revolucionaria, librando al mundo de la guerra, es el más poderoso baluarte de la verdadera democracia, de la democracia del pueblo honrado y trabajador. El triunfo del maximalismo en Rusia ha de ser la base inconmovible para el derrumbe del régimen capitalista, con imperialismo y militarismo en todo el mundo. (71)

Al calor de esa emoción revolucionaria, el movimiento obrero chileno experimentó un fuerte estremecimiento orgánico e ideológico. Las concepciones anarquistas y el reformismo, que gozaban de cierta audiencia obrera e intelectual fueron contrastadas con la ideología marxista-leninista que emergía mostrando un camino eficaz para transformar al mundo.

Un periódico obrero recogía esta voluntad revolucionaria: «El mundo entero marcha hoy a redimirse y no habremos de ser en Chile los últimos esclavos.» (72)

En noviembre de 1922, Recabarren, viajó a la Unión Soviética como delegado al Cuarto Congreso de la Internacional Comunista y al Segundo Congreso de la Internacional de los Sindicatos Rojos. (73) A su regreso, de inicio, condensó sus experiencias en un escrito titulado «Rusia Obrera y Campesina», publicado en marzo de 1823. El testimonio que Recabarren entregó a los trabajadores chilenos sobre el experimento soviético, que todo el mundo seguía con esperanza o pavor, según su posición de clase, constituye un texto clásico en la historia del Movimiento Obrero Internacional.

Se me podrá observar, escribió, que cuarenta y tres días no son suficientes para reconocer e informarse de todo lo que es necesario en un país que ha cambiado tan fundamentalmente su régimen social, político y económico. Pero yo responderé a eso que yo no fui a Rusia a buscar detalles, que para este objetivo no los necesito, fui solamente a constatar lo más fundamental, con lo cual se construirá el porvenir. Fui a ver si la clase trabajadora tenía en sus manos efectivamente el poder político, con el cual garantice la conservación en sus manos el poder económico. Fui a ver si la clase trabajadora tenía en sus manos la dirección del poder económico, con el cual irá construyendo su bienestar. Fui a ver si la clase trabajadora había abolido ya definitivamente todo el estado de explotación capitalista y de tiranía. Fui a ver si la expropiación de los explotadores estaba ya completamente consumada en Rusia. Fui a ver si habría posibilidad de restauración del sistema capitalista. No fui a buscar de menudencias y detalles. Para recoger lo fundamental me alcanzó el tiempo. Y pude ver con alegría que los trabajadores de Rusia tenían efectivamente en sus manos toda la fuerza del poder político y económico, y que parece imposible que haya en el mundo una fuerza capaz de despojar al proletariado de Rusia de aquel poder ya conquistado. Pude constatar además que la expropiación de los explotadores es completa, de tal manera que jamás volverá a Rusia un régimen de explotación y tiranía, como el que todavía soportamos en Chile. (74)

Observador penetrante supo leer la nueva realidad, no en los signos superficiales, sino en los cimientos del nuevo orden social, señaló:

Un extranjero desprovisto de pasiones e indiferente al nuevo orden de cosas establecido en Rusia, después de haber leído todo lo que la prensa ha publicado, podría reflexionar seriamente: ¿Dónde está el comunismo? ¿En qué consiste? ¿Qué es lo que ha destruido y creado el bolchevismo? Eso no se ve en las calles ni en el aspecto de las gentes. Eso hay que verlo en el funcionamiento del nuevo mecanismo del estado ruso. En su sistema de Gobierno y de legislación; en el sistema de la producción industrial, en el desarrollo del comercio, en la creación de los nuevos órganos sociales, y más que todo, en el alma, o mejor dicho, en el nuevo modo de sentir, de pensar y de razonar del pueblo ruso. ¿Puede haber un alma nueva? ¿Pueden renovarse los sentí mientes espirituales? ¿La renovación del espíritu influirá en los actos materiales? No es necesario venir a Rusia para responder afirmativamente. Ello es la obra de los tiempos. El alma, el espíritu o la inteligencia, que se manifiesta en el momento actual en el pueblo de Chile, no tiene ningún punto de contacto con lo que era en los años 1800 y 1700, por ejemplo: Es un hecho evidente que los tiempos son el riego y el abono maravilloso que fundan y desarrollan los nuevos pensamientos de todas las épocas. El campesino que por primera vez ve trillar a máquina, revoluciona bruscamente, totalmente sus pensamientos y podría decir que hasta renueva desde los cimientos, su alma, su espíritu, si así puede decirse. El ciudadano que habiendo vivido un régimen monárquico absoluto, pasa a vivir una república democrática, tiene que experimentar una completa revolución moral en su modo de ser. Rusia era una monarquía constitucional en apariencia, absoluta en la realidad. Un buen día amanece convertida en república de trabajadores, campesinos y soldados. La novedad va marchando como el eco de un sonido, de montaña en montaña, de aldea en aldea, de hogar en hogar, de ser en ser. Marchan los acontecimientos y consolidan el nuevo modo de desarrollar la vida. El alma y el espíritu amoldados a los viejos moldes, inquietos por renovarse, en la agitación de un siglo, se liberan a nuevas modalidades desconocidas hasta ese momento. Se empieza a vivir otra vida de costumbres diferentes. Quien iba antes al trabajo a dar una ración diaria de energía a cambio de una mala ración de pan, sin otra esperanza y sin derecho a contratar las condiciones del cambio de su esfuerzo, hoy va lo mismo que ayer, en cuanto va a trabajar, pero tiene el derecho no sólo a contratar las condiciones del cambio de su esfuerzo por la ración de pan y vida, sino que también a participar, en la acción creadora que perfecciona y desarrolla la fuente productiva, que le alimenta su existencia y que habrá de ser mañana la garantía permanente del pan de todos los tiempos del presente y del porvenir. Ahora el obrero no marcha al taller con su espíritu mudo, silencioso, inactivo. Ahora no lo anima sólo el propósito de cambiar su fuerza por una escasa ración de pan. Hay un alma nueva en cada productor. Sabe que de su esfuerzo unido al de sus demás hermanos depende el perfeccionamiento de su existencia y de las condiciones de la vida que produzcan, progresiva felicidad. Va al trabajo con un laboratorio en su cerebro. (75)

¡Qué lección más luminosa sobre la toma de posición desde una perspectiva de clase frente al significado histórico de la Revolución Rusa! (76)

Recabarren no se confundió, como suele ocurrir con tantos doctores «izquierdistas», cuyas elucubraciones académicas, los llevan a evaluar los avances reales del socialismo, no con los patrones del socialismo científico, sino con los sueños del socialismo utópico. Su ideologismo exacerbado, trasunto de su cultura burguesa, sustituye lo concreto por lo abstracto, Olvidan, que el socialismo es un proyecto histórico a realizar por seres humanos, con grandezas y debilidades que resulta dé una invención colectiva, y que se construye como se puede en un marco de condiciones objetivas.

El tiempo ha desvanecido, cuantas profecías se hicieron acerca del rumbo final del proceso revolucionario soviético: La historia ha demostrado la prodigiosa vitalidad de un sistema que se ha construido con un cerco de hostilidad sin precedentes y que ha sido capaz de rectificar errores y desviaciones, con asombrosa energía. La obra leninista cambió el curso de la historia, está ahí con sus formidables realizaciones y con sus complejos problemas, como un desafío permanente a la autocrítica y a la imaginación creadora, pictórica de enseñanzas para el estudio serio y responsable del movimiento obrero internacional. Siempre, lo fundamental será no perderse en los «detalles» que no deciden, desde una perspectiva de clase, un proceso histórico. Recabarren permaneció fiel a la causa de los trabajadores soviéticos y continuó, hasta el fin de sus días, explicando los problemas de la construcción del socialismo, difundiendo sus realizaciones y combatiendo la incesante mixtificación orquestada pot los reaccionarios enfurecidos y atemorizados ante la evidencia que efectivamente, un fantasma recorría el mundo, el fantasma del socialismo. Al conocerse en Chile la muerte de Lenin, en 1924, le rindió en la Cámara de Diputados un vibrante homenaje y propuso que la Cámara enviara un telegrama de condolencia al Gobierno soviético. (77)

Esa valoración de la URSS, como conquista histórica del movimiento obrero internacional, fue una enseñanza que nunca olvidó la clase obrera chilena. Por eso, en sus filas pueden haber discrepancias o reservas sobre aspectos puntuales de la política soviética, pero jamás se aceptará el anti-sovietismo como expresión legítima del movimiento obrero. Es necesario subrayar, que la solidaridad estratégica con el campo socialista, no implica dependencia sobre la conducción revolucionaria. Hoy se reconoce y acepta los caminos independientes hacia el socialismo para todos los partidos obreros de signo marxista-leninista.

6. CRISIS Y EBULLICIÓN SOCIAL

La Primera Guerra Mundial (1914-1918), produjo en Chile un fuerte impacto: nuestra dependencia del mercado internacional cobró dramática significación al desplomarse los precios del principal producto de exportación, el salitre, como consecuencia de la oferta en el mercado internacional del nitrato sintético.

Los ingresos fiscales sufrieron una disminución considerable obligando al establecimiento de nuevas cargas tributarias, el cese de faenas mineras incrementó la desocupación y una ola de alzas de precios de los artículos de consumo popular tornó dramática la situación de los hogares proletarios.

Frente a la crisis, Recabarren alzó su voz de denuncia y orientación:

A la guerra debe seguir la revolución sin contemplación ni timideces. El proletariado debe tomar a su cargo la dirección de los destinos de los pueblos. La burguesía capitalista ha fracasado, ha probado su absoluta incapacidad y los pueblos no debemos continuar gobernados bajo el imperio de los brutos. Tan inmenso debemos considerar el crimen presente, que debemos predisponernos a trabajar para que termine la era de la dominación de la burguesía. Los trabajadores todos y sus familias que han soportado el martirio de esta guerra, deben preocuparse de trabajar por fomentar el espíritu de organización hasta constituir un poder inexpugnable capaz de impedir los salvajismos de los reyes y de los emperadores. La llamada civilización y cultura burguesas han fracasado, han naufragado miserablemente. Debe seguir ahora triunfante la cultura, la civilización socialista, que debe imponer el desarme absoluto de las naciones como primera medida para evitar el porvenir de nuevas guerras. Sólo el socialismo puede imponer la paz al mundo y estamos seguros que tras esta guerra los pueblos acompañarán al socialismo en sus ideas de paz y amor. (78)

Se abrió en el país un período de ebullición social sin precedente. En el centro de ese proceso ascendente, estuvieron como expresión consciente y orgánica, la FOCH y el POS, cuya trayectoria ya ha sido reseñada a grandes trazos en páginas anteriores. Sin embargo, debe subrayarse, que no obstante haber sido la Revolución de Octubre un factor que aceleró y orientó la ideologización del movimiento obrero chileno, ese proceso se fundió, indisolublemente en la lucha de clases del país, del cual fueron, en último término, su producto más genuino y relevante.

Una reseña de ese ascenso de la lucha de clases, registra como hechos sobresalientes los siguientes: (79)

En 1914, los anarquistas crearon en Valparaíso una Liga de Arrendatarios. El problema de la vivienda, denunciado por Recabarren en 1925, no hacía sino agravarse con el desplazamiento demográfico del campo a la ciudad.

En 1915, se formó la Federación de Profesores de Instrucción Primaria. (80)

Entre 1911 y 1920, se registró una inusitada ola de huelgas que suman 293. El 70% de estos paros se produjeron entre enero de 1919 y julio de 1920. (81)

En julio de 1917, los trabajadores marítimos declararon un paro nacional en apoyo de demandas económicas y sociales.

En 1918 se produjo la primera huelga de maestros en la historia del país.

En octubre de ese año, inició sus labores una Asamblea Obrera de Alimentación Nacional. Participaron en el evento la Federación Obrera de Chile, los partidos Democrático, Radical y Obrero Socialista y la Federación de Estudiantes de Chile. La Asamblea, se convirtió en un gran polo de atracción y movilización popular. Sus «Mítines del Hambre», se transformaron en focos de intensa agitación obrera en varias ciudades del país, agitación que culminó con una concentración multitudinaria en Santiago a la que concurrieron cerca de 100 000 trabajadores.

En marzo de 1919, la Asamblea convocó a un Congreso Nacional que trabajó bajo la presidencia de Carlos Alberto Martínez. El evento tuvo una amplia resonancia en la opinión pública. Entre sus principales resoluciones, figuraron: salario mínimo, jornada laboral de 8 horas, liberación de cargas impositivas que afectaban al costo de la vida, lucha contra la desocupación y el alcoholismo, demanda de viviendas,. seguridad social; fomento del cooperativismo, etcétera.

Un aspecto trascendental del Congreso, fue el debate suscitado en torno a la cuestión agraria. Se denunció con firmeza que el latifundio era un factor clave para explicar el atraso agrícola y su efecto negativo en el suministro de alimentos y en las pésimas condiciones de vida de los campesinos. (82) La conclusión fue rotunda: los trabajadores deberían luchar por la abolición de los latifundios, la redistribución de la tierra y la organización del campesinado. El Congreso fue clausurado a los compases de La Internacional, hecho que ilustra bien el clima político que dominó esta gran jornada popular.

En Antofagasta, los trabajadores del ferrocarril internacional a Bolivia permanecieron 20 días en huelga exigiendo mejores salarios.

En Chuquicamata, los mineros del cobre realizaron un paro total de faenas.

En Puerto Natales se ordenó una violenta represión obrera que dejó un saldo de numerosos muertos y heridos.

En Santiago y Antofagasta se acordaron paros generales. que contaron con apoyo masivo de los trabajadores.

En marzo de 1920, se declaró en la región del carbón la llamada «huelga grande», que se prolongó por 83 días. Los motivos del paro eran principalmente dos: incremento de salarios y reducción de la jornada laboral. Sobre el ambiente reinante entre los trabajadores del carbón, disponemos. de un ilustrativo texto de procedencia empresarial:

Durante todo el año 1920 y el siguiente, continuaron produciéndose dificultades. Constantemente los obreros se negaban a trabajar en determinados días, ya con motivo de asuntos en que ellos se consideraban afectados o con motivo de asuntos ajenos al Establecimiento. No trabajaban para manifestar su adhesión a movimientos de operarios y otras empresas y localidades para celebrar acontecimientos o aniversarios relativos a la revolución social, o para asistir a manifestaciones públicas derivadas de la ardiente lucha política que entonces se desarrollaba con motivo de la designación del nuevo Presidente de la República. Grandes grupos de obreros recorrían las calles de Lota Bajo y hacían tumultuosos desfiles. Se reunían frente al local de la Federación Obrera, y allí escuchaban diariamente discursos que enardecían sus ánimos. Los «comicios» de la Federación Obrera llegaron a ser el espanto de Lota, porque de ellos salían después hombres y mujeres que, por donde iban, daban claras muestras de los feroces odios sociales que allí se les inculcaba. Los obreros se dividieron en dos bandos o partidos: los «rojos», que preconizaban la guerra a muerte entre el capital y el trabajó, y los «amarillos», que encontraban más fácil el mejoramiento de la situación del pueblo en un ambiente de armonía entre el capital y el trabajo. La Federación Obrera mantenía una guardia roja para vigilar y castigar a los que no cumplían sus órdenes, y continuamente esto daba origen a trágicos sucesos. La región carbonífera, adquirió así, fama de peligrosa. Los numerosos visitantes, que desde antiguo, venían a Lota, atraídos por las bellezas de sus panoramas, o por conocer el Parque, o pasar una temporada en las playas de los alrededores se abstuvieron de llegar a una localidad tan agitada. (83)

Este año, los anarquistas dieron vida a la IWW, filial de la Industrial Worker World. Esta tendencia repudiaba la lucha política y propiciaba la acción directa contra el capitalismo y el Estado. Se caracterizaba además por un violento anticlericalismo. Entre sus líderes figuraban Juan Gandulfo. Augusto Pinto, Benjamín Piña, Alberto Bañolet y otros.

El Gobierno acentuó la represión, solicitó y obtuvo del Congreso facultades extraordinarias y se dictó una Ley de Residencia que permitía expulsar del país a extranjeros acusados de intervenir en la agitación social.

La efervescencia estudiantil iba en ascenso; en junio se reunió la Primera Convención Estudiantil Chilena, que acordó propiciar la sustitución del principio de competencia por el de cooperación, la socialización de los medios de producción y el reparto equitativo de los frutos del trabajo.

El 21 de julio de 1920, la tensión social se puso al rojo, al producirse el asalto al local de la Federación de Estudiantes de Chile, FECH. (84)

El 25 de junio, culminó la agitada campaña presidencial en la que disputaron el poder: Luis Barros Borgoño, de Unión Nacional, y Arturo Alessandri Palma, de la Alianza Liberal, venciendo este último, con el entusiasta apoyo de los sectores medios en ascenso. (85) Gobernó de 1920 a 1925. La tentativa de oponer a esas opciones una postulación Independiente de la clase obrera no prosperó. En Antofagasta se proclamó la candidatura presidencial de Luis Emilio Recabarren, sin lograr una adecuada respuesta popular.

Alessandri, uno de los políticos más astutos y audaces de la burguesía, captó bien la temperatura social reinante y postuló un programa de inédito contenido social. El político liberal, al que se ha llamado «padre de la legislación social chilena», supo captar la significación política de la insurgencia obrera y popular y se dispuso darle cauces institucionales. No obstante su sensibilidad histórica para propiciar reformas sociales, no vacilará un instante ordenar feroces represiones obreras a la menor señal que su sagrado orden burgués pudiera ser desbordado. (86)

El 20 de julio el gobierno extremó la represión contra el movimiento obrero y dio curso al llamado «proceso de los subversivos». Durante meses, centenares de líderes sindicales fueron detenidos y procesados. Recabarren fue relegado tres meses a Lautaro provincia de Cautín.

El 27 de julio de 1920, las fuerzas represivas atacaron en Punta Arenas, a los trabajadores reunidos en el local de la FOCH. El recinto fue incendiado y la policía disparó sobre los trabajadores que huían de las llamas. La FOCH paralizó las faenas durante tres días como protesta contra tan bárbaro crimen que costó la vida a varios centenares de obreros.

El 7 de febrero de 1921, se produjo otra violenta represión en la región del salitre; la masacre de San Gregorio, oficina salitrera ubicada en Antofagasta. La represión dejó un saldo de más de 500 muertos y numerosos heridos.

En marzo, Recabarren logró alcanzar un sillón parlamentario por la región minera de Antofagasta, expresión notable de la decisión de los trabajadores de enfrentar la represión. (87) A esta respuesta obrera se sumaba la lucha decidida de maestros agrupados en la Asociación General de Profesores de Chile creada en 1922, que además de sus demandas económicas, formulaba serias críticas al sistema educacional y proponía reformas para modernizar y democratizar la enseñanza.

Entre el 10 y 12 de octubre, se reunió una Convención Provincial Campesina de Santiago, patrocinada por la FOCH. El torneo debe haber contribuido a cierta agitación campesina que se expresó en la presentación de más de 20 pliegos con exigencias reivindicativas. (88)

El gobierno de Alessandri fue un período de fuertes tensiones entre las facciones conservadora y modernizante de la burguesía. Los conservadores, atrincherados en el Parlamento se obstinaron en paralizar la acción del Presidente. En este propósito, estaba también el ejército que inició una febril actividad conspirativa. El 5 de septiembre de 1924, los militares se alzaron contra el Presidente. En una maniobra desesperada, Alessandri designó Ministro del Interior al jefe militar Luis Altamirano. El nuevo gobierno impuso al Parlamento un aumento de las rentas a los militares y la aprobación de un conjunto de leyes sociales que estaban bloqueadas por la oposición. (89)

El Presidente se ausentó del país bajo presión militar, Se disolvió el Parlamento, se declaró el estado de sitio y se postergó la aplicación de las leyes sociales. El gobierno militar se rodeó de los sectores conservadores derrotados en 1920.

Surgió un Comité Obrero Nacional, del que formaba parte la FOCH, estudiantes y sectores políticos favorables a Alessandri, que exigieron su regreso y el dictado de una nueva constitución política que permitiera superar la grave crisis institucional. En esta ofensiva contra los militares reaccionarios, se concertaron acciones con grupos de oficiales jóvenes que aparecían dirigidos por Carlos Ibáñez y Marmaduque Grove. El 25 de enero, Ibáñez dio un nuevo golpe dirigido a restablecer a Alessandri en su cargo y a dictar una nueva constitución política que adoptara la institucionalidad a las nuevas realidades del país.

Alessandri regresó y quedó bajo la presión de su ministro del Interior, Carlos Ibáñez. El movimiento obrero trató de influir sobre los acontecimientos convocando a una Asamblea Constituyente de Asalariados, que no encontró eco en las esferas oficiales.

El 4 de julio de 1925, los obreros salitreros de las oficinas de La Coruña, Pontevedra y Barrenecha, decretaron un paro. La represión fue brutal: quedaron en la arena cientos de muertos y heridos. El jefe militar que condujo las tropas recibió calurosas felicitaciones de parte del presidente Alessandri. (90) El movimiento obrero fue golpeado duramente; ilegalizado y perseguido. Sin embargo, la siembra de Recabarren no pudo ser destruida, sino apenas paralizada en su proceso ascendente. Los años venideros registrarían notables saltos orgánicos e ideológicos que abrirían, definitivamente a los trabajadores un camino de creciente influencia en el desarrollo político del país.

En el trasfondo de esta crisis política y ebullición social, en el país se operaba un cambio estructural significativo: el relevo del imperialismo británico por el imperialismo yanqui.

La carrera impetuosa del imperialismo norteamericano hacia la cumbre del poderío mundial encontró la oportunidad histórica de cristalizarse con la Primera Guerra Mundial, de la que resultó a la postre su gran vencedor. (91) Para la expansión del imperialismo norteamericano, América Latina figuró, desde los tiempos de Monroe, en 1823, como un objetivo estratégico. En el cumplimiento de esta política, jugaron un papel destacado la diplomacia del dólar y la infantería de marina, elementos decisivos para la penetración económica. Chile no pudo escapar a ese designio histórico. (92)

La penetración norteamericana en la economía chilena se tornó decisiva en la riqueza que sustituyó al salitre como principal actividad productiva, el cobre. (93)

En los grandes centros mineros de Chuquicamata, El Teniente y El Salvador se abrió un nuevo capítulo de la explotación de la clase obrera chilena que Recabarren alcanzó a conocer. En su incansable peregrinar, llegó hasta Chuquicamata. «Ese centro minero, escribía a un camarada en 1919, es un terrible feudo de los yanquis democráticos.» (94)

Efectivamente, las minas de cobre fueron convertidas, por la incontenible sed de lucro de los capitalistas norteamericanos en nuevos infiernos de explotación, abusos, prepotencia e incluso racismo. (95) El ciclo cuprero dejó testimonios abrumadores como la obra de Ricardo Latcham, aparecida en 1926 en la que el celebrado escritor chileno difundió sus vivencias recogidas en directas observaciones en el mineral de Chuquicamata . (96)

Latcham, destruyó todos los mitos sobre el carácter benefactor del capital norteamericano. Demostró con antecedentes irrefutables, las inhumanas condiciones de trabajo y el imperio absoluto de la voluntad, gerencia sobre las leyes y el decoro de un país independiente. Dejó en evidencia el racismo y la prepotencia del trato dado a los trabajadores, a quienes se les enrostraban todos los vicios y defectos.

Cuando más, subrayaba, si se les reconoce alguna cualidad, «no pasa de esto: es un buen trabajador, sumiso y sobre todo, que es barato». (97)

El libro de Latcham, cuyo título constituía de por sí una denuncia, mereció como otras obras semejantes, la conspiración del silencio organizado por los poderosos intereses comprometidos en un fabuloso negocio que evaporaba todo el pudor nacional de gobernantes atrapados en el juego neo-colonial. (98)

Hacia 1900, las inversiones norteamericanas en Chile,, alcanzaban a unos 5 000 000 de dólares; en 1914, habían subido a 200000000 de dólares; en 1930, a 729 000 000 de dólares. Esa cifra representaba el 5% de las inversiones norteamericanas en el exterior y el 14% de las realizadas en América Latina. Estas inversiones. se radicaron de preferencia en los minerales, cobre, salitre y hierro. Señala Hernán Ramírez Necochea: «El gran consorcio Dupont, empieza a actuar en la industria-salitrera, teniendo por base la oficina Delaware de Taltal; la firma Guggenheim, tomó el control de la importante fundición Playa Blanca de Antofagasta, que trabajaba minerales de cobre y plata; en Caldera, tenía, algunos establecimientos la American Smelting and Refining Co.; en Chañaral operaba la Cooper Corporation of Chile; en Ovalle, La Central Chile Copper Co. explotaba el rico yacimiento de Panulcillo, y en Potrerillos, tenía intereses la Potrerillo Mining Co. En 1913, The Bethlehem Chile Iron Mines, Co., subsidiaria de The Bethlehem Steel Corporation adquirió -mediante contrato de arrendamiento a una compañía francesa- el mineral de hierro de El Tofo. En 1909 se estableció en el país la United States Steel Company, subsidiaria de The United States Steel Corp., para dedicarse a la industria mecánica. Entre 1910 y 1911, Albert C. Burrange de Boston, adquirió las minas de cobre de Chuquicamata, constituyéndose la Chile Exploration Co., que en 1913, después de una serie de transferencias, quedó en calidad de subsidiaria de la Chile Copper Co., de Delaware, cuyo capital ascendía en 1913 a 110.000.000 de dólares; en esta empresa, el grupo Guggenheim tuvo importante participación. El año 1904, William Braden, organizó en Maine la Braden Copper Co., en sociedad con el grupo Guggenheim y concertado con la American Smelting and Refining Co.; esta empresa, constituida para explotar el mineral de El Teniente, se instaló legalmente en Chile el año 1905, con un capital de 2500000 dólares; en 1908, su capital ascendía a unos 5.000.000 de dólares y en 1914, a unos 25.000.000; en 1918, la Kennecott Copper Cor., compró la empresa en 57.000.000 de dólares. El año 1913, William Braden adquirió los yacimientos de la Potrerillo Mining Co., en 200000 dólares, y con ella organizó poco después la Andes Copper Mining, que llegó a ser subsidiaria de la Anaconda Copper Co. El capital de la Andes era en 1916 de 50.000.000 de dólares.» (99)

Otro aspecto clave de la crisis provenía de la obsoleta , estructura agraria, responsable de una producción progresivamente deficitaria y del imperio de una virtual servidumbre del campesinado.

En el campo, la hacienda tradicional permanecía incólume. Las sensacionales revelaciones que había hecho algunos años antes Tancredo Pinochet Le Brun, al reportar, fungiendo como campesino, en la hacienda del presidente Juan Luis Sanfuente (1915-1920), demostraban que la servidumbre rural se conservaba en plenitud. Los ojos y oídos de don Tancredo quedaron atónitos cuando estuvo en el fondo de ese cepo terrible que era la hacienda tradicional. Escribió el testimonio más impresionante de la miseria, el abuso y la humillación en que vivían los «ciudadanos» rurales de nuestra democracia oligárquica. El sensacional reportaje sobre los «Inquilinos en la Hacienda de su Excelencia», fue publicado en una sene de artículos en el diario La Opinión, luego reunidos en un libro que pertenece a los grandes tesoros de la bibliografía social de Chile y que ha dejado una luminosa lección para los periodistas y sociólogos.

El movimiento obrero visualizó enteramente los obstáculos que había que remover para liberar las fuerzas productivas y poner en energía y potencialidades del pueblo chileno: la independencia imperialista y el latifundismo. Las consignas de nacionalización de las riquezas básicas y la reforma agraria se fueron perfilando hasta figurar años más tarde como banderas de la lucha obrera.

Sin embargo, pese al anillo de opresión imperialista y a la secular estructura agraria, las necesidades creadas por la Guerra Mundial estimularon cierto desarrollo industrial. De 2 406 establecimientos instalados en 1915, que ocupaban 54 551 obreros, se elevó la cifra a 3 196 establecimientos en 1923, que ocupaban 82 118 obreros. El proceso siguió esa tendencia ampliando notablemente el contingente proletario en la masa laboral y acentuando su presencia en la vida social y política del país.

7. LA MUERTE INVEROSÍMIL

El 19 de diciembre de 1924, una noticia increíble recorrió el territorio chileno: Luis Emilio Recabarren había muerto. Su vida se apagaba cuando su desarrollo ideológico, madurez política y arraigo en las masas populares lo habían perfilado como el más grande y querido de los líderes obreros del país. Tenía 48 años de edad.

En los centros laborales la noticia pareció increíble. Nadie quería aceptar que habían cesado los trabajos y los días del gran artífice de la conciencia y la organización obrera. En las salitreras, un duelo colectivo enmudeció los labios y paralizó todo: el rudo proletariado dejó sus herramientas, invadió los locales sindicales sobrecogido de auténtico dolor y apretó sus puños para golpearlos contra lo inexplicable. ¿Qué había pasado? Para los trabajadores, que sabían cómo los oligarcas odiaban a su líder, la respuesta era categórica: lo habían asesinado.

Recabarren murió en su casa. Su compañera, Teresa Flores, estaba realizando en la cocina sus tareas cotidianas cuando sintió disparos en otras dependencias. Corrió de inmediato en esa dirección y se encontró con un dramático cuadro: Luis Emilio Recabarren estaba muerto; una mancha de sangre enrojecía sus canas y su huella llegaba hasta el suelo. ¿Se había suicidado? ¿Por qué? ¿Su firme voluntad se había quebrado bajo las angustias de su avanzada ceguera o por efecto de las incomprensiones políticas? Efectivamente, en esa época, el Partido Comunista vivía tiempos difíciles. El Tercer Congreso del Partido, realizado en septiembre de ese año, había generado una Dirección en la que predominaban elementos inmaduros frente a los cuales Recabarren no oculto sus reservas:

He agitado a las masas obreras de Chile durante más de veinticinco años, excitando a la juventud a organizarse, a estudiar y a luchar por el derrumbe del oprobioso régimen capitalista, pero jamás he aceptado que la dirección central de un organismo obrero sea puesta en manos de afiliados nuevos que carecen totalmente de experiencia, de conciencia y de seriedad. Y la mayoría de los elegidos carecen de antecedentes y de experiencia en nuestro partido y no pueden exhibirnos pruebas de su devoción a las ideas comunistas y al sacrificio que ellas exigen, y añadía: este incidente que me he visto obligado a provocar tiene por objeto defender los intereses del presente y porvenir del Partido Comunista, amenazado por la vanidad y petulancia de afiliados novicios que ignoran el verdadero objetivo de nuestro partido. (100)

El ambiente partidario estaba enrarecido. La pasión de algunos no se detuvo ante su venerable figura y luminosa trayectoria. Pero el tiempo se encargó de dejar las cosas en su lugar: mientras las vidas mínimas de aquellos sólo dejaron la huella de sus mezquindades; la imagen noble y señera de Recabarren se agiganta sin cesar.

¡Cuánta razón tenía Recabarren para alzar su voz de alerta contra la promoción apresurada de militantes novatos a las instancias superiores de la dirección partidaria! La experiencia histórica ha demostrado que el ascenso al rango de dirigente no debe producirse sin antes haberse cumplido con una trayectoria de militancia en la que se temple y someta a prueba el futuro dirigente. Sólo así se cierran las puertas a los aventureros, a los infiltrados y a los oportunistas que nunca faltan en las organizaciones revolucionarias. (101)

También otros factores adversos deben haber contribuido a su trágica decisión: el país caía bajo las botas militares sin una adecuada respuesta popular; por el contrario la F0CH sentía debilitarse sus filas bajo los embates de la represión; su propia candidatura para un nuevo período parlamentario había fracasado.

En torno a su cuerpo sin vida, los trabajadores realizaron una impresionante demostración de dolor:

La concurrencia, recuerda Lafferte, fue en realidad inmensa. Creo que jamás había visto tanta gente junta como la que concurrió a los funerales de Recabarren; como Sepúlveda Leal y yo por nuestra calidad de organizadores teníamos que estar en todas partes, hubo momentos en que debimos abrirnos pasos a golpes. Pasó el cortejo entre una doble fila de obreros que tomados de la mano formaban dos cadenas increíblemente largas, pues llegaban desde la Alameda esquina de Bascuñán Guerrero hasta el propio Cementerio General. Cuadras y cuadras de trabajadores seguían el ataúd por las calles de Santiago, en una de las demostraciones populares más impresionantes que me ha tocado presenciar. [...] En la plazuela del Cementerio, comenzaron los discursos. No era cosa de que hablara primero un orador y luego otro, porque no se habría terminado en todo el día. Simultáneamente, desde las pequeñas tribunas, hablaron diez o más oradores. Algunos, a falta de tribunas, se subían a los barrotes de las ventanas de las casas y desde ahí despedían los restos de Recabarren. Hubo un instante en que conté hasta 1.5 personas hablando simultáneamente a la muchedumbre. (102)

Esa multitud dio a Recabarren una entrada solemne en la historia de Chile. Ese tránsito iluminó como un relámpago su prodigiosa obra revolucionaria, que más tarde Neruda modeló con el fuego de su poesía al llamarlo con razón, «hijo de Chile ... padre de Chile»:

Recabarren, hijo de Chile,
padre de Chile, padre nuestro,
en tu construcción, en tu línea
fraguada en tierras y tormentos
nace la fuerza de los días
venideros y vencedores.

Tú eres la patria, pampa y pueblo,
arena, arcilla, escuela, casa,
resurrección, puño, ofensiva,
orden, desfile, ataque, trigo,
lucha, grandeza, resistencia.

Recabarren, bajo tu mirada
juramos limpiar las heridas
mutilaciones de la patria.

Juramos que la libertad
levantará su flor desnuda
sobre la arena deshonrada.

Juramos continuar tu camino
hasta la victoria del pueblo. (103)


Notas:

1. Pinto, Aníbal: Chile, un caso de desarrollo frustrado. Universitaria, Santiago, 1950.

2. Ocampo, Salvador: «Recuerdos de Recabarren». Conferencia. Casa de Chile. México. Diciembre. 1975.

3. En 1895, casó con Guadalupe del Canto, prima; matrimonio que fracasó por la incomprensión de la esposa a su compromiso político. Hubo dos hijos: Luis Hermenegildo (1896) y Armando (1897), murió al año. Posteriormente, vivió junto a Teresa Flores, obrera del norte, que lo acompañó por el resto de su vida, compartiendo decididamente su actividad revolucionaria: formó parte del Comité Ejecutivo fundador del Partido Obrero Socialista en 1912 y de la dirección nacional de la Federación Obrera de Chile en 1919.

4. Utilizó como pseudónimos. Lucas, E. Barneris y Raúl Caneberis

5. Arias: ob. cit. pág. 22.

6. Arias: ob. cit. pág. 94

7. Sobre este incidente, Recabarren publicó en 1905, un folleto titulado Proceso oficial contra la Sociedad mancomunal de Tocopilla.

8. Jobet, Julio César: «El Pensamiento Político de Recabarren», en ob. cit. págs. 17-18.

9. El 1º de mayo de 1904, ingresó al Parlamento argentino, el primer diputado socialista doctor Alfredo L. Palacios (1880-1965). Era de rigor prestar juramento «por Dios y los Santos Evangelios». Palacios, fundamentado en la libertad de conciencia, no aceptó prestar este juramento provocando un acalorado debate, al término del cual se le permitió jurar «por la patria» y «por su honor», cumplir sus obligaciones legislativas. A partir de esa fecha, se admitió para la incorporación parlamentaria la opción de dos juramentos, el religioso y el civil.

10. Recabarren, Luis Emilio: «Mi juramento», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, comp. 2 vol., Austral, 1971, pág. 286.

11. Ibid.

12. Al fracasar su propuesta dio su apoyo a Montt, como un mal menor.

13. Arias: ob. cit. págs. 27-28.

14. Colaboró también con Adelante, periódico demócrata de Talcahuano.

15. Sobre la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, véase: Teitelboim, Volodia: Hijo del salitre, ICL, La Habana, 1972. La obra recoge el relato de Elías Lafferte (1896-1961) discípulo de Recabarren, sobreviviente de esos acontecimientos; Barría, Jorge: Los movimientos sociales de principios del siglo XX (1900-1910). Tesis de grado, Instituto Pedagógico, Universidad de Chile, Santiago, 1953; Recabarren Rojas F.: Historia del proletariado de Tarapacá y Antofagasta 1884-1913. Tesis de grado, Instituto Pedagógico, Universidad de Chile, Santiago, 1954.

16. Sobre el socialismo argentino: Oddone, Jacinto: Historia del socialismo argentino, 2 t.. Talleres Gráficos «La Vanguardia», Buenos Aires, 1934.

17. Juan B, Justo, médico de vasta cultura, realizó la primera traducción al español de El Capital de Marx, sin embargo, su pensamiento no fue propiamente socialista marxista. Escritos principales: «Teoría y práctica de la historia», «Internacionalismo y Patria», «Realización del socialismo». La Vanguardia editó sus obras completas en 1931. Sobre Justo: Ghioldi, Américo: Juan B. Justo. Sus ideas históricas, sus ideas socialistas, sus ideas filosóficas. La Vanguardia, Buenos Aires, 1930; Cuneo, Dardo: Juan B. Justo y las luchas sociales en Argentina, Alpe, Buenos Aires, 1956.

18. Obra en dos volúmenes editada por Talleres Gráficos «La Vanguardia», Buenos Aires, 1934.

19. Recabarren proyectó una visita de Pablo Iglesias a Chile; formó un comité de auspicios para financiar el viaje y programó una gira que debía comenzar en Punta Arenas, seguir a Santiago y Valparaíso, para finalizar en Antofagasta e Iquique.

20. Morato, Juan José: Pablo Iglesias, educador de muchedumbres, Ariel, Barcelona, 1968, pág. 82.

21. Fundado en 1879. V. Gómez Llorente, Luis: Aproximación a la historia del socialismo español (hasta 1921), Cuadernos para el diálogo, Madrid, 1972.

22. Asesinado el 31 de agosto de 1914 por su oposición a la guerra imperialista.

23. «Dirigió L'Humanité tratando de hacer de cada número no sólo un medio de dar las noticias del día, sino también de transmitir un gran mensaje de emancipación social y cultural. Su primera página era asombrosamente buena, conteniendo especialmente en sus artículos editoriales, brillantemente concebidos, mucho más que un mensaje políticamente estrecho. Bajo ese control, L'Humanité llegó a ser una gran fuerza educadora, que influyó sobre todo en maestros y en socialistas militantes, pero escrito con tanta sencillez que le permitía llegar a un círculo muy amplio de lectores con un atractivo que podrían comprender y aceptar.» Colé, G.D.H.: Historia del pensamiento socialista. La Segunda Internacional. 1889-1914 Tomo III, Fondo de Cultura Económica, México, 1959, pág. 351.

24. Directores de El Despertar de los Trabajadores: 1912-1914, Luis Emilio Recabarren: 1914, Víctor Ortiz; 1915. Recabarren; 1916, Mariano Rivas; 1916-1917, Pedro J Sandoval; 1917, Mariano Rivas; 1918, Víctor Cruz. V. Mondaca, Alberto: Historia del movimiento obrero en Chile. Con reseñas políticas, económicas y sociales, pág. 171. (Inédito).

25. Arias: ob. cit. pág. 165.

26. Lafferte Elías: Vida de un Comunista, Austral, Santiago, 1971, pág. 138.

27. Ob. cit. págs. 141-142.

28. El presidente Pedro Montt, falleció pocos días después de la conmemoración histórica, el 16 de agosto, en Bremen, Alemania, donde se encontraba tratando su salud gravemente quebrantada. Correspondió presidir las fiestas del Centenario al ministro de mayor antigüedad, Emiliano Figueroa Larraín. Había sucedido al vicepresidente Elías Fernández Albano, fallecido durante su gestión. El mismo año fue elegido presidente Ramón Barros Luco. (1910-1915).

29. «Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, Austral, Santiago, 1971, pág. 166.

30. Ob. cit. pág. 170.

31. Ob. cit. págs. 174-175.

32. Ob. cit. pág. 176.

33. Ob. cit. págs, 181-182.

34. Ob. cit. págs. 180-181-186.

35. Ob. Cit. pág. 199.

36. Obras de crítica social aparecidas en esa época: Venegas, Alejandro (Doctor Julio Valdés Cange): Sinceridad Chile íntimo 1910; Imprenta Universitaria, Santiago, 1910; Encina, Francisco A. Nuestra Inferioridad Económica, Santiago, 1912; Pinochet, Le Brun, La Conquista de Chile en el Siglo XX. La Ilustración, Santiago, 1909.

37. «Patria y Patriotismo», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren, ed. cit. págs. 209-210-211.

38. Ob. cit. pág. 211.

39. Ob. cit. pág. 215.

40. Ob. cit. págs. 117- 118.

41. Ob. cit. pág. 83. El grupo estaba formado por militantes del Partido Democrático de Chile. En reunión celebrada el 21 de mayo de ese año, ya habían decidido abandonar ese Partido y propiciar la fundación de uno nuevo.

42. Lafferte: ob. cit. págs. 85-86.

43. Ob. cit. pág. 96

44. Sobre estructura del POS, véase la parte tercera de este libro: «Las tareas esenciales: organizar, educar, propagar».

45. Pablo Iglesias inauguró la Casa del Pueblo en Madrid, el 28 de noviembre de 1908.

46. Es notable que nuestro líder obrero concibiera por esos años un proyecto semejante al que realizaría José Carlos Mariátegui (1894-1930) con Amauta. Entre 1926 y 1930, Amauta salió 32 veces y sus páginas fueron la más alta tribuna de la intelectualidad avanzada de América Latina.

47. Arias: ob. cit. pág. 98.

48. Sin embargo, en enero de 1919 el Gobierno reprimió violentamente una manifestación obrera. Saldo: muertos y heridos. V. Godio, Hugo: La semana trágica de enero de 1919, Garnica, Buenos Aires, 1972.

49. En Argentina editó algunos escritos importantes como «Proyección de la Acción Sindical: 1917»; «La Materia Eterna e Inteligente», 1917; «Lo que puede hacer la municipalidad en manos del pueblo inteligente», 1917.

50. En abril de 1919, se realizó el Segundo Congreso del Partido Socialista Internacional, que aprobó su incorporación a la III Internacional, V. Partido Comunista: Esbozo de Historia del Partido Comunista de la Argentina, Anteo, Buenos Aires, 1947.

51. En 1896 existía el Centro Obrero Socialista núcleo inicial del Partido Socialista, transformado en Centro Carlos Marx. El Congreso Constituyente se realizó en 1912. V. Gómez, Eugenio: Historia del Partido Comunista del Uruguay, Élite, Montevideo, 1951.

52. La Comuna, Viña del Mar, 26 de febrero de 1920. Cit. por Ramírez Necochea, Hernán: Origen y formación del Partido Comunista de Chile, Austral, Santiago, 1965, pág. 22.

53. Síntesis de las «21 Condiciones»: 1) La propaganda y la agitación cotidiana debe tener carácter comunista. 2) Depuración de los cargos de responsabilidad en el movimiento obrero, en el que los reformistas, deben ser reemplazados por comunistas. 3) La acción legal debe combinarse por todas partes con la acción ilegal. 4) Propaganda de las ideas comunistas en el ejército. 5) Propaganda y agitación en el campo por los obreros comunistas. 6) Denunciar a la vez el social-patriotismo y el social-pacifismo. 7) Ruptura con los reformistas «acérrimos» como Turati, Kautsky, Hilferding, Hiliquit, Longuet, Mac Donald, Modigliant y otros. 8) Apoyo a los movimientos de emancipación de las colonias. 9) Formación de núcleos comunistas subordinados al conjunto del partido en los sindicatos. 10) Combatir a la Internacional sindical «amarilla» de Amsterdam. 11) Depurar la fracción parlamentaria. 12) Establecer la organización de los PC sobre la base de una «centralización democrática» mediante una «disciplina férrea rayana en la disciplina militar» 13) Depuraciones periódicas de elementos pequeño-burgueses en los PC legales. 14) Apoyo incondicional a las Repúblicas soviéticas en su lucha contra la contrarrevolución. 15) Establecer un nuevo programa comunista adaptado a las condiciones especiales del país. 16) Reconocer el carácter obligatorio de las decisiones de la IC, «partido mundial único». 17) Denominar los partidos «PC» en vez de «PS». 18) Publicar en todos los órganos de prensa comunista los documentos importantes que emanen del C.E. de la I.C. 19) Convocar un Congreso dentro de los cuatro meses después del II Congreso de la IC para debatir las condiciones de admisión. 20) Elegir el nuevo CC teniendo en cuenta que las dos terceras partes de sus miembros deben haber sido anteriormente comunistas. 21) Excluir del Partido a cuantos rechacen las condiciones de adhesión. Kriegel, Anni: Las internacionales obreras, Martínez Roca, Barcelona, 1968, págs. 88-89.

54. Ramírez Necochea, Hernán, «El movimiento obrero chileno desde 1917 a 1922», Rev. Principios Nº. 65, Santiago, enero, 1965, págs. 30-31.

55. Ramírez Necochea: cb. cit. págs. 31-32.

56. El Congreso de 1927 acordó la «bolchevización» del Partido.

57. Origen y formación del Partido Comunista de Chile, ed. cit. pág. 256.

58. Después de Recabarren, el Partido reconoce entre sus grandes forjadores a; Elías Lafferte, Carlos Contreras Labarca, Ricardo Fonseca, Galo González y Luis Corvalán, actual Secretario General, que guardó prisión desde pocos días después del golpe fascista, y fue liberado a fines de 1976, gracias a la solidaridad internacional.

59. En un periódico de la Unión Marítima, se escribía: «No olvidéis las palabras del gran socialista Karl Marx: la gente de trabajo en todas partes del mundo debe ser hermana. Ellas deben hacer causa común con los demás. Ellas tienen un mundo que ganar y sólo las cadenas de la esclavitud que perder». El Pueblo, 31 -VIII-1892.

60. Además, contribuyó a la formación de la Unión de Albañiles, Estucadores, Canteros y Marmolistas, la Unión de Pintores, Doradores, Empapeladores y Barnizadores; la Unión de Zapateros y de la Unión de Sombrereros.

61. 1908: 29 huelgas, 11 en Santiago, 3 en Antofagasta, 3 en Concepción, 3 en Lota y Coronel y 9 en diversos otros puntos del país. Jobet, Julio César, Recabarren y los orígenes del movimiento obrero y el socialismo en Chile, ed. cit.

62. A partir de esa fecha fue reemplazado por el periódico justicia, vocero de la FOCH, y del PC.

63. Arias: ob. cit. pág. 162.

64. Jobet, Julio César: Recabarren y los orígenes del movimiento obrero y el socialismo chileno, Prensa Latinoamericana, Santiago, 1973, págs. 171-172-173.

65. La FOCH adoptó la bandera roja como emblema de la organización.

66. En la Junta Ejecutiva fue elegida Teresa Flores, compañera de Recabarren. Por primera vez una mujer ocupó un cargo sindical de nivel nacional.

67. Angell, Alan: Partidos políticos y movimiento obrero en Chile, Era, México, 1974, pág. 46. Ese año, el periódico de la FOCH, federación Obrera, fue sustituido por Justicia, como órgano de la FOCH y el PC.

68. El último Secretario General de la FOCH fue Salvador Ocampo de 1931 a 1936. En 1946, la CTCH sufrió una honda crisis: se dividió en dos fracciones, una bajo influencia socialista y otra bajo influencia comunista. En 1953, se reagruparon obreros y empleados y campesinos en la actual Central Unica de Trabajadores de Chile, CUT.

69. Otros acontecimientos externos que ejercerán influencia en el proceso político chileno serán los ecos de la Revolución Mexicana iniciada en 1910 y consagrada en la Constitución de 1917 y el Movimiento de Reforma Universitaria de Córdoba, Argentina, de 1918.

70. Adelante, Talcahuano, 5 y 7 de febrero de 1918,; cit. por Ramírez Necochea, Hernán: Historia del movimiento obrero de Chile, ed. cit. pág 27.

71. Adelante, Talcahuano, 15 de mayo de 1919, cit. por Ramírez Necochea, Hernán: ob. cit. pág. 27.

72. Adelante, Talcahuano, 28 de marzo de 1919, cit. por Ramírez Necochea, Hernán: ob. cit. pág. 28.

73. Permaneció en la URSS 43 días, del 22 de noviembre al 23 de enero.

74. «Rusia Obrera y Campesina», en El Pensamiento de Luis Emilio Recabarren; ed. cit. T. 2º, págs. 134-135.

75. Ob. cit. págs. 139-140-141.

76. En el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro, subrayó con palabras rotundas, que los cubanos han aprendido a valorar, en su carne y en sus huesos, el verdadero papel que la URSS desempeña en el proceso revolucionario de nuestro tiempo: «Sin la ayuda decidida, firme y generosa del pueblo soviético, nuestra país no habría podido sobrevivir al enfrentamiento con el imperialismo [...] En la solidaridad brindada a Cuba, país situado a miles de millas de distancia de la URSS, se cumplieron los sueños internacionalistas de Marx, Engels y Lenin y la Revolución inmortal de Octubre se proyectó con invencible fuerza en el destino de este continente.»

77. El cable fue el siguiente: «Cámara de diputados de Chile acordó representar su sincera manifestación de pesar por fallecimiento de Nicolás Lenin. Luis Salas Romo, Presidente; Alejandro Errázuriz, Secretario.» El texto fue aprobado por 24 votos contra 7. Mondaca: ob. cit. págs. 231-232.

78. El Despertar de los Trabajadores, Iquique, 30 de agosto de 1914; Cit. por: Ramírez Necochea, Hernán, «El Movimiento Obrero Chileno desde 1917 a 1922», revista Principios, Nº 65, Santiago, Enero, 1960.

79. V. Barría, Jorge: Chile siglo XX, Ensayo histórico social, Prensa Latinoamericana, Santiago, 1973.

80. En 1922 se fusionó con la Liga del Magisterio Primario de Chile, dando origen a la Asociación General de Profesores de Chile; entidad que tuvo una destacada actividad en defensa de la educación pública y de la dignificación profesional del magisterio, de la Asociación salió el destacado luchador social César Godoy Urrutia. La ley de Instrucción Primaria Obligatoria, obtenida en 1920, constituyó una de sus grandes banderas de lucha.

81. Ramírez Necochea, Hernán: ob. cit. pág. 39.

82. V. Mac Bride, Jorge, «Chile, su tierra y su gente»; Pinochet, Tancredo, «Inquilinos en la hacienda de su Excelencia», en Antología de la Tierra, ICIRA, Santiago, 1970

83. Astorquiza, Octavio: Lota. Antecedentes históricos, con una monografía de la Compañía Carbonífera e Industrial de Lota, Imp. y Lit. Universo, Valparaíso, 1942, págs. 85-86.

84. Entre los detenidos, estuvo el poeta anarquista Domingo Gómez Rojas, quien terminó sus días, maltratado y enfermo en la casa de orates de Santiago el 29 de septiembre de ese año

85. El país tenía poco más de 3000000 de habitantes

86. V. Donoso, Ricardo: «Alessandri, agitador y demoledor», Cincuenta años de Historia de Chile, 2 v. Fondo de Cultura Económica, México, 1956. El caudillo reformista había mostrado su preocupación por la «cuestión social» al escribir su tesis de grado para alcanzar el título de abogado. «Habitaciones obreras», incluida en Anales de la Universidad de Chile, T. LXXXII, Santiago, 1892, 1893.

87. Inició su gestión parlamentaria pronunciando un vibrante discurso en d que pasó revista a la trayectoria del movimiento obrero chileno. El texto fue publicado bajo el título «Los albores de la Revolución Social en Chile». La palabra de Recabarren consternaba a los reaccionarios. Llegó a proponer una censura previa a sus intervenciones calificadas por algunos diputados como «subversivas»

88. En 1923, el Partido Comunista, elaboró el primer programa para la lucha social de los campesinos chilenos.

89. Principales leyes sociales conquistadas hasta entonces por los trabajadores: 1906, Ley sobre habitaciones obreras; 1907, Ley sobre descanso municipal; 1915, Ley de sillas en establecimientos comerciales; 1916, Ley sobre accidentes del trabajo; 1917, Ley sobre salas cunas en las fábricas; 1918, Ley de retiro y previsión social de los trabajadores ferroviarios. Las nuevas leyes aprobadas en 1924 fueron: Contrato de trabajo, (jornada laboral de 8 horas, negociación colectiva, normas sobre trabajo femenino e infantil); Accidentes del trabajo; Tribunales de Conciliación y Arbitraje; Organización Sindical; Cooperativas, Caja de Empleados Particulares.

90. V. Ocampo, Salvador: «Las compañías y el gobierno tiñen de sangre la pampa». El Siglo. Santiago, 2 de junio 1968.

91. V. Crouset, Maurice: «La época contemporánea. En busca de una nueva civilización.» Historia general de las civilizaciones, tomo VII, Destino, Barcelona, 1961; Tullen, Claude: El imperio americano, Grijalbo, México, 1969.

92. V. Ramírez Necochea, Hernán: Historia del imperialismo en Chile, Austral, Santiago, 1960.

93. V. Latcham, Ricardo: Chuquicamata Estado Yankee, Nascimiento. Santiago, 1926; Gutiérrez, Eulogio: Chuquicamata, tierras rojas, Nascimiento, Santiago, 1926; Figueroa, Marcial, Chuquicamata, la tumba del chileno, Renovación, Santiago, 1934; Duran Bernales, Alberto, El estado libre de El Teniente y la vida obrera de las minas, Imp. Universitaria, Santiago, 1919; Fuenzalida Grandón, Alejandro: El trabajo y la vida en el mineral de El Teniente, Imp. y Litografía Barcelona, Santiago, 1919; Hiriart, Luis: Braden, Historia de una mina, Andes, Santiago, 1964; Puga Vega, Mariano: El cobre chileno, Ed. Andrés Bello, Santiago 1965; Vera, Mario: Hacia una política definitiva para nuestras riquezas básicas, Prensa Latinoamericana, Santiago, 1968; Novoa, Eduardo: La batalla del cobre, Quimantú, Santiago, 1972; Zapata, Francisco: Los mineros de Chuquicamata, Cuadernos del CES, Nº 13: El Colegio de México, 1975. Novelas: Castro, Baltazar: Sewell, 1946; Drago, Gonzalo: Cobre, 1941.

94. Carta a Carlos Alberto Martínez, 30 de agosto de 1919, Cit. por Jobet, Julio César: El pensamiento político de Recabarren, Quimantú, Santiago, 1971, pág. 44.

95. La explotación de El Teniente comenzó en 1905, por la Braden Copper Co., filial de la Kennecott Co.; Chuquicamata, en 1913. la Chile Exploration Co., filial de Anaconda Mining Co.; Potrerillo, en 1920 por la Andes Cooper Mining Co., también filial de Anaconda.

96. Chuquicamata Estado Yankee. (Visión de la montaña roja.) Ed. cit.

97. Latcham: ob. cit., pág. 47.

98. El negocio del cobre resultó colosal para estas empresas imperialistas. Expertos de la Unidad Popular calcularon que, a la fecha. de la nacionalización de los grandes yacimientos cupreros por el gobierno de Salvador Allende, en 1971, las ganancias totales sobrepasaron los 10.000.000 de dólares, en medio siglo de explotación, cifra semejante al valor de todo el capital nacional acumulado desde la conquista española. V. Vera, Mario: Hacia una política definitiva para nuestras riquezas básicas, Prensa Latinoamericana, Santiago, 1968.

99. Ramírez Necochea, Hernán: Historia del Imperialismo en Chile. ed. cit. págs. 216-217.

100. Cit. por Jobet, Julio César: El pensamiento político de Recabarren, ed. cit. pág. 54.

101. En la Unidad Popular, a cuyas filas llegó un aluvión de adherentes, luego del triunfo de Salvador Allende, se han registrado no pocos hechos bochornosos protagonizados por «afiliados novicios». Algunos, que hasta el 4 de septiembre disfrutaron de una vida regalada, bien sentados y tranquilos en sus cubículos de tecnócratas, tuvieron pronto la «visión de Damasco» y se tornaron febrilmente «revolucionarios». A corto tiempo, se sintieron llamados por la historia a sustituir liderazgos que calificaron de «tradicionales» y se dispusieron a ofrecer sus manos limpias del polvo que siempre deja la lucha de clases concreta, para conducir la Revolución. Y claro, su ofrecimiento no deja de ser cautivante: la Revolución no se hace al estilo leninista, ladrillo a ladrillo, con «ardiente paciencia», sino de una vez, a puro golpe de voluntad, con la magia de las palabras sonoras nutridas de utopismo y anarquismo. Obviamente, el aluvión trajo a la izquierda también mucha gente sana, de cuya compañía nos sentimos satisfechos y honrados. Son los nuevos camaradas que han llegado con humildad dispuestos a asimilar la ideología y los métodos del movimiento obrero; conscientes que la historia no comienza ni terminará con ellos; decididos a convertir su promesa revolucionaria en hechos revolucionarios; convencidos que los liderazgos surgen de la vida, como reconocimiento de una trayectoria y no como botín de grupos o caudillos.

102. Lafferte, Elías: «Vida de un comunista», ed. cit, págs. 168-169,

103. Neruda, Pablo: Canto General, Losada, Buenos Aires, 1970.


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