Muerte y resurrección del teatro chileno

PRIMERA PARTE

CHILE SIGLO XIX: IMPERIALISMO Y FRUSTRACIÓN NACIONAL

«El mundo ha sido en su carrera, hasta el presente una cadena de transformaciones. El socialismo será una transformación inevitable. Lo que hoy hacemos los socialistas es guiar a esa transformación para que no se desvíe del espíritu de amor y justicia que debe serle inseparable.»

Recabarren

1. LA OLIGARQUÍA Y EL IMPERIALISMO

Luis Emilio Recabarren Serrano, nació en Valparaíso, el 6 de julio de 1876. (1) Ese año terminaba el mandato presidencial de don Federico Errázuris Zañartu, (1871-1876). Su administración, apoyada inicialmente por liberales y conservadores, había cambiado su rostro tradicional por un matiz modernizante: los radicales sustituyeron a los conservadores dando origen a la Alianza Liberal. El conflicto político, si bien dejaba incólume las estructuras de dominación oligárquica, desataba un temporal en la superestructura ideológica: tensiones por la laicización del Estado, control del omnímodo poder presidencial y la libertad electoral.

Por la sucesión presidencial lucharon el liberal Aníbal Pinto, con apoyo del gobierno, y Benjamín Vicuña Mackenna, conocido escritor y hombre público, proclamado por la Convención de los Pueblos, en una primera tentativa para sustraer una elección presidencial de los cerrados círculos oligárquicos. La presión oficial hizo desistir a Vicuña Mackenna. Pinto (1876-1881) fue elegido sin opositor.

La economía del país era manejada por una trenza oligárquica formada por tres grupos estrechamente vinculados: los terratenientes del valle central, los mineros del norte y los grandes comerciantes ligados al comercio exterior de Santiago y Valparaíso. (2) Su significado histórico es explicado por Julio César Jobet del modo siguiente:

En el siglo XIX, en Chile, asistimos a la formación de una vasta burguesía intermediaria, limitada casi exclusivamente a la esfera de la circulación y al papel de agente comercial del capital foráneo. La burguesía minera es sólo exportadora de materia prima; la burguesía comercial es únicamente representante del capital extranjero. La burguesía intermediaria y el capital bancario, usuario, se ensamblaron con los intereses de la oligarquía terrateniente y ambas se aliaron y se entrelazaron con el capital extranjero. No se formó una burguesía a la europea, con intereses opuestos a los de la clase terrateniente, cuya misión fuera la de enfrentarse a la aristocracia tradicional. Por tal motivo no hubo un desarrollo industrial poderoso, amplio, impulsado por una burguesía activa, audaz, antiaristocrática y antimperialista. Todos los nuevos sectores poseedores estaban comprometidos con la economía primario-exportadora. No hubo entonces, conflicto entre una clase «feudal», terrateniente, y la clase «capitalista» burguesa. Hubo solidaridad básica de la clase propietaria de los medios de producción ligada al capitalismo-imperialismo inglés, fundamentalmente. (3)

De manera que no hubo contradicciones fundamentales entre una supuesta burguesía capitalista y una clase feudal terrateniente, sino contradicciones secundarias que no alteraron la estructura del orden oligárquico. El capitalismo chileno se basaba en la producción de materias primas agrícolas y mineras para el mercado internacional, y conformaba una fisonomía «atrasada» propia de su desarrollo desigual y combinado. Su proceso histórico está traspasado por el signo de la dependencia de polos de dominación externa que sellaron el destino nacional republicano.

El período denominado tradicionalmente «liberal», puede ser reconocido con más propiedad como el período del «ascenso y declinación de la burguesía minera», (4) fracción de la clase hegemónica que desempeñó un papel relevante, sobre todo, después de la Guerra del Pacífico (1879-1881), que hizo estallar los intereses salitreros en pugna.

Entre 1861 y 1891, el país experimentó un notorio crecimiento económico fundado primordialmente en la explotación del salitre y el cobre. Desde 1866, la actividad salitrera en Antofagasta era intensa gracias a la iniciativa de inversionistas chilenos y peruanos. (5) Los chilenos detentaban el 18% del capital invertido en la región, los peruanos el 54% y los ingleses sólo el 15%. Sin embargo, en 1882, el capital británico se había apoderado del 34% de las acciones, en 1890 del 70%. (6) En 1876, las exportaciones de cobre chileno representaban el 62% de las colocaciones en el mercado mundial. La riqueza del mineral de plata de Caracoles había activado numerosos negocios. El trigo disfrutaba también de una buena posición en las exportaciones. La producción en general recibía un fuerte impulso gracias a la instalación de una red ferroviaria de 952 kilómetros.

La ocupación del actual espacio geográfico del país avanzó considerablemente. Como resultado de la Guerra del Pacífico, se anexaron las ricas provincias mineras del norte, Tarapacá (Perú) y Antofagasta (Bolivia). Se afianzó la dominación de vastos territorios pertenecientes a los indios mapuches y se colonizaron las provincias de Llanquihue y Magallanes en el extremo austral. Esta ocupación se tradujo en hechos económicos trascendentes: las provincias capturadas por las armas triunfantes pasaron a generar más de la mitad de los ingresos fiscales por concepto de impuestos a las exportaciones; en las tierras mapuches se amplió el cultivo triguero y en Magallanes surgió una pujante ganadería ovejuna.

Las nuevas realidades de la economía se reflejaron en la declinación de la hegemonía terrateniente en el control del poder y una presencia activa de nuevos actores vinculados a la minería y al gran comercio. Esas pugnas estarán en la raíz de los conflictos políticos, además, los efectos de trastornos económicos que vinieron a perturbar el auge: el broseo de los minerales de plata, la baja de los precios del cobre en el mercado mundial a dos tercios de su cotización, la declinación de los precios de las exportaciones agropecuarias, el crecimiento de la deuda externa y su oneroso servicio.

El presidente Pinto se enfrentó a una situación muy seria. Acosado por las dificultades, en 1878, estableció la inconvertibilidad de los billetes de banco y autorizó emisiones del papel moneda, decisión responsable de una inflación que adquirió pronto una velocidad galopante. (7)

Por otra parte, la burguesía mostró su absoluta incapacidad para hacer del extraordinario excedente económico que disfrutó por largo tiempo, un instrumento de desarrollo económico. Lejos de reinvertir y ampliar sus actividades productivas, hizo época en los salones europeos dilapidando a manos llenas sumas fabulosas de dinero.

Hacia 1880, el carácter nacional del auge económico, comenzó a experimentar un vuelo bajo la presión creciente del imperialismo británico entronizado en el salitre. El artífice de este proceso habría de ser un aventurero británico sediento de riqueza y carente de toda reserva moral: John Thomas North.

La carrera de John Thomas North, que iba a convertirse en «Rey del salitre», merece ser contada. Hijo de un pequeño comerciante de Leeds, titular con un diploma de mecánico, llegó a Valparaíso en 1866, según su propia confesión, con diez libras en el bolsillo... Primero, crea una empresa encargada de proveer de agua a Iquique y otras ciudades de la zona norte. Después, cuando estalla la guerra, toma dinero prestado y se asocia con Harvey (agente industrial sin escrúpulos que será nombrado inspector general de los salitres por el Gobierno chileno) para comprar tal cantidad de bonos, que con muy poco gasto, se encuentra situado a la cabeza de los más importantes yacimientos del país. De vuelta a Londres, funda la Liverpool Nitrate Company. No sólo la demanda de salitre no deja de aumentar por parte de las regiones agrícolas de Europa, sino que además North sabe utilizar las especulaciones bursátiles para promover en la City la «fiebre del salitre»; en 1887 y 1888, los dividendos pagados alcanzan el 40% del capital invertido y North que mientras tanto ha conseguido el monopolio para la distribución de agua en la zona norte de Chile, que ha construido ferrocarriles y ha comprado minas de carbón y bancos, hace y deshace en la Bolsa de Londres. Su imperio se extenderá al mundo entero, ya que compra minas de oro en Australia, cadenas de bares en Francia, etc.

Así, Chile no obtiene el beneficio previsto de la incorporación de las ricas provincias a su territorio. En cambio, de 1881 a 1888, los ingleses habían obtenido 61 081 000 libras sólo con la explotación de salitre. (8)

Contra esta realidad reaccionó con energía el presidente José Manuel Balmaceda (1866-1891).

Es verdad, decía en 1889, que no debemos cerrar la puerta a la libre concurrencia y producción de salitre de Tarapacá, pero tampoco debemos consentir que aquella vasta y rica región sea convertida en una simple factoría extranjera. No podrá desconocerse el hecho muy grave y muy real de que la singularidad de la industria, la manera como se ha producido la constitución de la propiedad salitrera, la absorción del pequeño capital por el capital extranjero y hasta la índole de las razas que se disputarán el imperio de aquella vastísima y fecunda explotación, imponen una legislación especial basada en la naturaleza de las cosas y en las necesidades especiales de nuestra existencia económica e industrial. (9)

Pero la política nacionalista de Balmaceda se estrelló contra el muro infranqueable de los intereses plutocráticos: el capital imperialista, aliado a una burguesía incapaz de realizar el proyecto nacional, corrompió políticos y militares y desató la guerra civil para imponer sus designios.

La soberbia plutocracia recuperó el dominio del poder público para su exclusivo beneficio y desbarató los afanes nacionalistas y visionarios del presidente Balmaceda. El país quedó prisionero en las manos insaciables de una oligarquía segura de sí misma: «Los dueños de Chile somos nosotros, decía en 1892, el banquero Eduardo Matte y agregaba: los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio.» (10)

2. LA SITUACIÓN DE LOS TRABAJADORES

Sin embargo, esa masa despreciable era la fuerza generadora de todas las grandes fortunas de una oligarquía, en cuyas haciendas y minas, laboraba con infinitos riesgos por miserables salarios.

En 1875, el padre del presidente Balmaceda, publicó un Manual del Hacendado, texto que pretendía orientar la administración agrícola. Su autor había acumulado una vasta experiencia como propietario de 18 latifundios, donde había practicado la regla de oro de los terratenientes criollos: explotar más al hombre que a la tierra. El mayordomo, según estipula el Manual, debe entregar las herramientas y aperos «antes que salga el sol» y agrega: «Los peones se ocuparán desde el amanecer hasta que salga el sol en dar de comer y de beber a los animales con que se va a trabajar.» Luego de una media hora de pausa para almorzar, dice: las faenas «no se vuelven a suspender hasta que el sol se haya entrado enteramente». (11)

Inquilinos y peones fueron los esclavos que construyeron las pirámides del poder económico y político de un poderoso elenco de familias herederas de los encomenderos o beneficiarías, de aquel inaudito despojo de tierras en la Frontera, que los textos históricos tradicionales, denominan pulcramente como «la pacificación de la Araucanía». La hacienda era fuente de riqueza y poder. Las cosechas de una siembra barata acrecentaban las fortunas y el cohecho legitimaba «democráticamente» las decisiones tomadas por la Sociedad Nacional de Agricultura y los llamados partidos históricos. El universo de la hacienda era ignorado en el mundo exterior. Si bien había un «Estado en forma», la ley de la hacienda era la palabra del Señor. Jueces y policías entendían que su misión era aplicar las leyes a los infelices campesinos y tolerar cualquier exceso patronal. (12)

En un informe publicado por la Universidad de Chile, en 1861, se describe así la situación laboral en la minería del carbón:

Los barreteros y carreros entran al trabajo a las cinco de la mañana en verano y a las seis en invierno; salen a las cinco y seis de la tarde. En el interior de las minas comen y almuerzan. A horas determinadas acuden sus camaradas (así llaman ellos a sus mujeres) a la boca del pique con cestos que contienen los alimentos. Se colocan estos en las jaulas ordenadamente, y un hombre baja con ellos... (13)

Otro observador, agregaba:

Y allí con el aire rarificado, con la hediondez y la amenaza de los gases que a veces se inflaman, con luces artificiales sujetas a cada sombrero o gorrilla; allí viven, trabajan, pasan sus días y sus años, desde la niñez hasta la vejez, seres que pudieran ser racionales, seres que se parecen al que esto escribe y a los que esto han de leer, hombres, en fin, que si no lo son es porque la sociedad no lo permite. ¡Gran Dios...! (14)

En la minería de la plata, el cuadro era igualmente deplorable: A la vista de un hombre medio desnudo que aparece en su bocamina, cargando a la espalda ocho, diez, o doce arrobas de piedras, después de subir con tan enorme peso por aquella larga sucesión de galerías, de piques y de frontones; al oír el alarido penoso que lanza cuando llega a respirar el aire puro, nos figuramos que el minero pertenece a una raza más maldita que la del hombre, nos parece que es un habitante que sale de otro mundo menos feliz que el nuestro, y que el suspiro tan profundo que arroja al hallarse entre nosotros es una reconvención amarga dirigida al cielo por haberlo excluido de la especie humana. El espacio que media entre la bocamina y la cancha donde deposita el minero los metales lo baña con el sudor copioso que brota por todos sus poros; cada uno de sus acompasados pasos va acompañado de un violento quejido [...] cuerpo encorvado, su marcha difícil, su respiración apresurada, todo, en fin, demuestra lo mucho que sufre. Pero apenas tira al suelo la carga, bebe con ansia un vaso de agua y desaparece de nuevo, entonando un verso obsceno, por el laberinto embovedado de aquellos lugares de tinieblas. (15)

La vida obrera en la explotación del salitre, ha dejado impresionantes testimonios históricos y literarios.

Como es notorio, escribe Domingo Amunátegui Solar, el clima de las provincias de Tarapacá y Antofagasta es en extremo desigual; así como el termómetro baja en la noche de cero grado en la mitad del día, marca un calor excesivo. Las habitaciones de calamina en los campamentos de la pampa eran las menos adecuadas para contrarrestar el hielo nocturno. Pero estos padecimientos resultaban pequeños con el riesgo a que se exponían los trabajadores en los cachuchos hirviendo, donde se disolvía el caliche por medio del vapor. Otro cargo formidable dirigieron a menudo los obreros contra los administradores, y éste consistió en los precios excesivos que aquellos debían pagar en las pulperías, por los géneros y artículos de consumo. A la vista de este cuadro, puede afirmarse que no era más miserable la condición de los indígenas, durante la época colonial en los lavaderos de oro. (16)

Por su parte, Alejandro Venegas, denunciaba:

Donde se ve más palpable la iniquidad de los magnates salitreros es en el desprecio que hay allí por la vida del trabajador. Hace muchos años que se está sintiendo un continuo clamoreo porque en las oficinas no se toman ni las más elementales medidas de previsión para evitar los accidentes del trabajo... Los cachuchos, particularmente han sido la causa de las más vivas protestas por el sinnúmero de víctimas que han causado; estas protestas justísimas han sido acalladas a cañonazos, y todavía puede ver quien quiera, como yo lo he visto, a los trabajadores corriendo y empujando una vagoneta llena de caliche, por un camino de sesenta centímetros de ancho, que va sobre los fondos que hierven a 115º de calor: un paso mal dado, un pedazo de caliche que caiga y haga trepidar la vagoneta, un riel que se afloje, serán causa de que el obrero caiga y reciba la muerte más espantosa. ¿Por qué no se cubren esos fondos con una tapa, como ya se ha pedido hasta el cansancio? Por economía, en algunas partes y en otras por una indolencia criminal, pues he visto las rejas de madera destinadas a cubrirlos y no se usan, porque para ello, se requiere tiempo, y el tiempo es oro entre los ingleses y debe economizarse aunque para conseguirlo, se pierdan anualmente las vidas de algunas docenas de rotos. (17)

Uno de los mecanismos más descarados de explotación estaba representado por el sistema de pagos en fichas con las cuales sólo podían adquirir bienes en las «pulperías» que las compañías habían instalado en las oficinas salitreras y cuyos precios solían exceder hasta más de un 100% de los vigentes en el comercio ordinario. (18)

La explotación capitalista no distinguía, con su insaciable sed de lucro, entre hombres, mujeres y niños; todo era igualmente aprovechado sin ningún reparo como fuerza de trabajo generador de riqueza, sometida a la voluntad omnímoda del empresario y sus administradores. En los centros productivos mineros como en las haciendas, también había una voz y una ley, la del amo, quien fijaba el salario, la jornada y la disciplina laboral. El castigo físico estaba consagrado entre sus facultades discrecionales:

Tal proceder, denunciaba un periódico en 1856, es bárbaro, inhumano, salvaje; sin embargo, se practica con descaro y puede decirse que se tolera por el subdelegado. No ha muchos días tuvimos un ejemplo de ello en la pena de garrote dada por las propias manos de un administrador a un infeliz barretero sobre quien pesaba tan sólo sospecha del delito de robo. Este hecho puede con justicia ser llamado conato de homicidio... (19)

La explotación inicua a que eran sometidos los trabajadores se traducía en condiciones de vida que en verdad resultaban ser condiciones de muerte. En torno a los centros productivos y en las periferias urbanas el hacinamiento era abrumador; el hambre y la desnutrición se reflejaba en los rostros famélicos de una masa físicamente esmirriada; el estado sanitario era deprimente. Esta realidad era responsable de una mortalidad infantil del 60% antes de los 7 años de edad y de una longevidad media de unos 25 años de edad. Por eso, Venegas, no exageraba cuando decía:

Tal vez en ningún país de la Tierra hay tanta diferencia entre la clase alta y la de los proletarios como en Chile, ni en ninguna parte el despotismo de los magnates y el despojo de los débiles reviste los caracteres que aquí. Estas afirmaciones deben ser para vos y para todos aquellos que han nacido en la opulencia, un poco difíciles de aceptar, porque vivís en un mundo en que nada de esto se ve, y naturalmente no habéis salido a buscar aquello cuya existencia ignoráis. Y esto no sólo os pasa a vos y a los magnates, pues todas las personas decentes, cual más cual menos, padecemos la misma ceguera; y la causa está en que las víctimas no se quejan. Pero es necesario abrir los ojos para remediar males que de un momento a otro pueden producir una catástrofe. Si vos pudierais dejar por unos días los palacios y descender a los conventillos de las ciudades, a los ranchos de los inquilinos, a las viviendas de los mineros a los campamentos de las salitreras, vuestro corazón se enternecería y vuestro rostro se enrojecería al ver la vida inhumana que llevan las tres cuartas partes de vuestros conciudadanos.

Sin bajar hasta el simple jornalero, tenéis por todas partes artesanos relativamente cultos, explotados de una manera inicua: carpinteros, herreros, albañiles, operarios de fábricas a quienes se les exige un trabajo de 10, 12 y más horas diarias y se les paga un salario que no les alcanza para satisfacer sus necesidades y las de su familia; para qué hablar de los que se imposibilitan, aun cuando sea en el trabajo mismo. (20)

3. LOS ALBORES DE LA LUCHA SOCIAL

Contra ese orden oligárquico y la insoportable situación social de los trabajadores, se venían levantando voces críticas y articulando organizaciones. En 1850, Santiago Arcos (1822-1874) y Francisco Bilbao (1823-1865), crearon la Sociedad de la Igualdad, (21) de efímera existencia, pero que marcó la ruptura del monopolio político de los partidos tradicionales. Los igualitarios demandaron reformas democráticas que fueron inaceptables para los gobernantes de la época. El gobierno de Manuel Montt (1851-1861), ordenó su disolución, el local fue asaltado y sus líderes encarcelados, relegados o desterrados.

La Sociedad de la Igualdad reflejó la toma de conciencia de sus líderes acerca de la situación social imperante bajo la virtual dictadura de la oligarquía. Arcos escribió a Bilbao, desde la cárcel en 1852, una célebre carta desnudando la realidad que motivaba su rebeldía.

En todas partes hay pobres y ricos, pero no en todas partes hay pobres como en Chile... El pobre no es ciudadano. Si recibe del subdelegado una calificación para votar -es para que se la entregue a algún rico, a algún patrón que votará por él [...] La clase pobre en Chile, degradada sin duda por la miseria, mantenida en el respeto y en la ignorancia, trabajada sin pudor por los capellanes de los ricos, es más inteligente que lo que se quiere suponer [...] De los ricos es y ha sido desde la independencia el Gobierno. Los pobres han sido soldados, milicianos nacionales, han votado como su patrón se los ha mandado, han labrado la tierra, han hecho acequias, han laboreado minas, han acarreado, han cultivado el país, han permanecido ganando real y medio, los han azotado, acepado cuando se han desmandado, pero en la República no han contado para nada, han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron a las tropas del rey [...] ¿Qué hacer? Diré de una vez cuál es mi pensamiento, pensamiento que me traerá el odio de todos los propietarios, pensamiento por el cual seré perseguido y calumniado, pensamiento que no oculto porque en él está la salvación del país y porque su realización será la base de la prosperidad de Chile [...] Es necesario quitar sus tierras a los ricos y distribuirlas entre los pobres... Es necesario quitar sus ganados a los ricos para distribuirlos entre los pobres [...] Es necesario quitar sus aperos de labranza a los ricos para distribuirlos entre los pobres [...] Es necesario distribuir el país en suertes de labranza y pastoreo. (22)

Las necesidades urbanas y mineras estimularon el crecimiento del artesanado, los que hacia 1875 sumaban más de 50 000 entre sastres, sombrereros, talabarteros, herreros, panaderos, etc. La situación social de los artesanos planteó una problemática específica a la que dieron respuesta a través del mutualismo.

En 1853, surgieron las primeras Sociedades Mutualistas, destinadas a promover la solidaridad entre los artesanos frente a la creciente deshumanización capitalista. (23) El principal impulsor de este movimiento fue Fermín Vivaceta Rupio (1829-1890), mueblista, que se elevó, gracias a sus estudios nocturnos, al rango de un verdadero arquitecto sin título. (24)

Se sucedieron numerosos paros de artesanos, motivados por diversas demandas laborales, huelgas que obviamente tenían un significado social más limitado que los paros obreros. (25) Pese a las características de las organizaciones y luchas artesanales, estas cumplieron en su tiempo un papel significativo en el despertar de los trabajadores: en torno a ellas se agruparon, comenzaron a discutir sus problemas, hicieron las primeras armas de su evolución social y política.

Las primeras manifestaciones del despertar de los trabajadores chilenos a la lucha social se registra en 1834, en Chañarcillo, (26) cuando una rebelión obrera fue brutalmente reprimida por el ejército. Pese a la violencia descargada contra los mineros, el descontento por su situación social volvió a expresarse en fechas posteriores. (27)

Un clima semejante se vivió en años próximos en la región carbonífera de Lota y Coronel, (28) donde las autoridades públicas debieron establecer un reglamento destinado a terminar con «un mal que interrumpía las labores y que ponía en conflictos a la autoridad local, débil por sí sola para sobreponerse a los graves desórdenes de los trabajadores. Heridas y aun asesinatos, insurrección de los trabajadores en contra de los dueños de minas, eran hechos que se repetían con escándalo y que reclamaban un remedio eficaz... «En este mismo documento se agrega que el reglamento de policía dictado conduce a... evitar la paralización de las labores y a concluir con la anarquía que remaba entre los mineros...» (29) Los mineros del carbón tuvieron también una activa participación en la Guerra Civil de 1859. (30)

Hacia fines del siglo pasado, la clase obrera propiamente tal alcanzaba a unos 150 000 obreros, en una población de unos 3 000 000 de habitantes. El 65% vivía en el campo y el 35% en las ciudades. El grueso de ese proletariado se concentraba en los centros mineros del salitre, cobre, plata, etc. en el norte, y de carbón en la región de Concepción. Otros núcleos proletarios importantes eran los ocupados en las obras de expansión ferroviaria, en las faenas portuarias, en los incipientes establecimientos fabriles de Santiago y Valparaíso y en la explotación ganadera de Magallanes.

Entre 1884 y 1890, el país conoció una creciente agitación obrera que anunciaba el despertar de su conciencia y los primeros atisbos de sus organizaciones de clase. (31)

En 1888, los democráticos convocaron a una manifestación callejera en protesta por las alzas de las tarifas del transporte urbano, mitin que movilizó a varios miles de trabajadores. Una nueva manifestación de este género desembocó en violentos incidentes que dejaron la ciudad virtualmente en manos de los protestatarios, hasta que el ejército intervino y reprimió sin contemplaciones esta primera expresión callejera y masiva de la lucha popular. La Sucesión de paros del año 90, representó la entrada definitiva de la clase obrera con rango de protagonista en la lucha social. En este contexto, habrían de surgir las primeras formaciones políticas destinadas a expresar y encauzar el descontento social.

El 20 de noviembre de 1887, se fundó el Partido Democrático de Chile, (32) que pronto arraigó en sectores de la pequeña burguesía artesanal y núcleos obreros insatisfechos en el Partido Radical. (33)

Los demócratas, bajo el liderazgo de Malaquías Concha (34) demandaron una educación laica, gratuita y universal; propiciaron la igualdad jurídica de hombre y mujer y defendieron los derechos sociales de los trabajadores del campo y la ciudad. Su presencia, en esta etapa del proceso político chileno fue destacada y positiva pese a su reformismo y a la política conciliadora de su dirigencia. En sus filas se formaron los primeros líderes obreros de tendencia socialista y su prensa fue la tribuna inicial de los explotados para hablar al país de sus necesidades y aspiraciones.

Pronto fueron surgiendo otras expresiones políticas: pequeños núcleos de tendencia socialista y anarquista. (35) En 1891, elementos provenientes del Partido Democrático de Chile formaron un Partido Proteccionista, llamado a defender los intereses de los trabajadores. El proyecto no duró ni tres años. Algunos de sus militantes regresaron a su antigua tienda, otros buscaron aleros socialistas o anarquistas. Los restos del núcleo inicial insistieron en 1899 fundando el Partido Proteccionista Obrero, sobre bases ideológicas y programáticas semejantes con pobres resultados.

En 1896, nació del interior del Partido Democrático de Chile y con el concurso de trabajadores sin partido, el Centro Social Obrero de Santiago, de marcada tendencia socialista. El Centro se dio un reglamento y programa y emergió como un verdadero partido político decidido a postular sus propios candidatos en las elecciones de los poderes públicos. Su vocero El Grito del Pueblo, (36) se planteó abiertamente su carácter socialista y publicó artículos con el seudónimo de «Karl Marx».

Ese mismo año, se formó también en Santiago la Agrupación Fraternal Obrera, de signo socialista. Uno de sus principales dirigentes Luis L. Olea, era un socialista marxista. Entre el Centro Social Obrero y la Agrupación Fraternal Obrera se produjo una convergencia de propósitos y tareas que condujo a su fusión en octubre de 1897, de la cual nació la Unión Socialista. (37) En el Programa se expresa que la organización fundada «tiene por objeto implantar el socialismo en Chile». No obstante, ese Programa tenía un carácter provisional, puesto que «cuando se inaugure como Partido, habrá de aceptar el programa universal».

De esto se deducen, explica Hernán Ramírez Necochea, dos hechos igualmente valiosos: por un lado, se expresaba la decisión de llegar a constituir un Partido Socialista sólido y consistente; en segundo término, se deseaba que tal Partido fuera la rama chilena del movimiento socialista internacional, para lo cual se debería aceptar... el programa universal del socialismo. (38)

La Unión Socialista publicó El Proletario, editado con un epígrafe esclarecedor: «La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos», y La Tromba, «semanario de sociología, ciencias, arte, filosofía, socialismo, variedades y actualidades»... (39) Llamó a los trabajadores a conmemorar, por primera vez, el Primero de Mayo (1898). Reunidos algunos centenares de asistentes a un mitin realizado en una plaza de Santiago. (40)

La reacción no ocultó su preocupación por la actividad de un grupo cuyo radicalismo ideológico marcaba un salto notorio sobre otras agrupaciones políticas obreras del pasado. El 17 de octubre de ese año, la sede de la Unión Socialista fue asaltada por la policía por orden del Gobierno. Pese a la violencia el grupo no abandonó su trabajo. El 8 de diciembre acordó constituir formalmente el Partido Socialista de Chile, bajo la presidencia de un joven obrero José Gregorio Olivares Toledo (1870-1900). (41)

El flamante Partido Socialista de Chile, tuvo una vida efímera: la inexperiencia de su militancia y dirigencia, en su inmensa mayoría jóvenes inmaduros y su confusión ideológica, en la que no faltaron las influencias anarquistas, hicieron naufragar el proyecto a poco andar el año 1898. (42)

En 1898, otra escisión del viejo tronco democrático originó un nuevo partido: el Partido Obrero Socialista Francisco Bilbao, que dos años más tarde se denominó Partido Socialista. Entre sus líderes figuraron: Alejandro Bustamante, Ricardo Guerrero, Avelino Gonzáles y otros. El partido se basaba en el socialismo científico y logró cierto desarrollo en Santiago y varios puntos del territorio nacional. En 1902 convocó con escaso éxito a un Congreso a todas las organizaciones obreras del país. Creó varios órganos de prensa: El Genio, La Nación, El Trabajo, El Socialista, que tuvo mayor significación: logró editar 28 números entre el 15 de septiembre de 1901 y el 4 de noviembre de 1902. (43) Se esforzó por establecer relaciones con agrupaciones socialistas América Latina, e incluso, planeó sin éxito realizar en 1901 un Congreso Internacional de Trabajadores. Hacia 1902, el Partido se desintegró como consecuencia de las pugnas internas entre sectores reformistas y revolucionarios. Muchos de sus militantes terminaron regresando al Partido Democrático de Chile.

En 1899, grupos sobrevivientes del Partido Proteccionista, trataron de levantar un Partido Proteccionista Obrero sin mayores resultados.

En provincia surgieron tres núcleos con aspiraciones a convertirse en organizaciones políticas: en Punta Arenas, bajo la influencia de inmigrantes europeos, se formó en 1897 una Unión Obrera, que en 1898 se denominó Partido Socialista de Punta Arenas. (44) Su pensamiento era socialista revolucionario. En Valparaíso, apareció en 1901 un Partido Demócrata-Socialista, fundado por militantes democráticos en tránsito al socialismo científico. Su periódico Germinal dio a «conocer valiosos trabajos de orientación marxista». (45) En 1903, la Combinación Mancomunal de Obreros creada en Iquique en 1900, se transformó en el Partido Obrero Mancomunal, que elaboró un programa de reivindicaciones inmediatas y decidió levantar candidaturas obreras en las elecciones municipales y parlamentarias, editó un periódico El Obrero Mancomunal. (46) Estos partidos regionales no prosperaron y terminaron más tarde integrados a las formaciones de carácter nacional del próximo futuro.

Como queda de manifiesto en la reseña del proceso de politización de la clase obrera, estuvo presente en él la influencia de las ideas del socialismo utópico, del anarquismo y finalmente, del socialismo marxista. (47)

En la prensa se advierte la preocupación creciente por los problemas ideológicos y las luchas vinculadas al movimiento obrero internacional. Por otra parte, los nombres de obreros europeos inmigrantes figuran en diversas manifestaciones del despertar político de los trabajadores chilenos. (48)

Esa influencia exterior llegó también a través de viajeros chilenos como Carlos Jorquera, personaje cuya vida y obra revolucionaria no ha sido estudiada como la amerita su trayectoria de organizador y orientador de su clase y que jugó un papel muy importante en la introducción del interés por las ideas de Marx en Chile, a quien citaba a menudo en sus escritos. (49)

Las vinculaciones del movimiento obrero chileno con las organizaciones internacionales no han sido suficientemente bien esclarecidas. Existen indicios de que la Primera Internacional, fundada en 1864, mantuvo contacto con pequeños núcleos marxistas de Santiago y Valparaíso . (50)

En el plano de las reivindicaciones sociales, la lucha de clases fue generando nuevas formas de organización que superaron el corto alcance del mutualismo. Las principales demandas de los trabajadores podrían resumirse en las siguientes: rechazo a la ficha-salario y exigencia del pago en dinero; rechazo a las pulperías (51) y libertad para abastecerse en el comercio ordinario; derecho de asociación y de reunión; defensa del salario, y gestión por su incremento y el cese de descuentos ilegales; protección contra accidentes del trabajo; jornada laboral de ocho horas.

El despertar de la conciencia crítica se expresó en la formación de numerosas asociaciones interesadas en la promoción social y cultural de los trabajadores, animadas por artesanos y obreros imbuidos de un confuso reformismo social. (52)

La Iglesia Católica se preocupó de la «cuestión social» y en 1878 dio vida a la Asociación Católica de Obreros destinada a impedir la propagación de las ideas socialistas entre los trabajadores. (53)

Al calor de esas luchas surgieron y se desarrollaron las Sociedades en Resistencia y las Combinaciones Mancomunales. (54)

Las Sociedades en Resistencia, nacieron como producto de la represión que se descargó contra los primeros grupos socialistas, como por ejemplo, la Unión Socialista. Se formaron por sitios de trabajo y reivindicaron aumentos de salarios y jornada de ocho horas. Representaron un avance cualitativo en relación con el mutualismo, y constituyeron un embrión del futuro sindicalismo chileno. Entre sus dirigentes más destacados figuran Carlos Jorquera, y Alejandro Escobar Carballo, gran periodista revolucionario cuyo aporte al desarrollo del movimiento obrero chileno tampoco ha merecido una adecuada atención por parte de los historiadores. (55)

En 1897, se creó la primera Sociedad en Resistencia formada por los trabajadores ferroviarios de la maestranza de Santiago, dirigida por Manuel Caviede.

En 1888, surgió en Lota la Unión de Obreros en Resistencia del Carbón. En 1899, se organizaron con el mismo carácter los panificadores en Valparaíso. En 1901, se fundó en Valparaíso la Sociedad de Tripulantes de Vapor y apareció en Santiago la Federación de Obreros de Imprenta. En 1905, se estableció en Santiago la Unión en Resistencia de Carpinteros. (56)

Las Combinaciones Mancomunales, surgieron en defensa del trabajo, como respuesta laboral a la unificación patronal. (57) El significado de estas organizaciones ha sido subrayado por Jobet: "Organización sindical típicamente chilena... en estas mancomúnales reside gran parte de la base y origen de la agrupación clasista del proletariado nacional." (58)

Sobre la estructura de las mancomúnales, Jorge Barría explica:

Los requisitos para ingresar son: pertenecer a la clase obrera, tener a lo menos 16 años, cumplir los acuerdos, asistir a reuniones, contribuir con el 5% de su renta mensual para ahorro y pagar una cuota mensual de 20 centavos. La estructura orgánica de la mancomunal es el gremio, a saber, lancheros, estibadores, jornaleros, artesanos y mineros. El gremio se subdivide en grupos. Todos estos gremios se reúnen en un congreso que elige a los dirigentes, los que deben ser «trabajadores en servicio». Los combinados se deben el tratamiento de «señor en las sesiones, y en los edificios sindicales se iza en las grandes ocasiones la bandera blanca con un cuadro azul enmarcado en rojo que lleva una estrella de cinco puntas flanqueadas por dos ramas de laurel. La conciencia clasista de la mancomunal se expresa en sus estatutos al declarar: «el que contraviniere el estatuto de la organización incurrirá en el infame delito de traición a la Combinación, será expulsado y se publicará su nombre en los periódicos. Un consejo de disciplina de tres miembros del gremio a que pertenece lo juzgará». : En suma, la combinación mancomunal reúne las características de una sociedad de socorros mutuos que cumple eficientemente esas tareas, con las finalidades de una organización sindical que defiende los intereses comunes de sus afiliados. En este aspecto su actuación es pasiva, ya que la enorme mayoría de las huelgas del período : - masivas y agresivas- son espontáneas, y en ellas la participación de la mancomunal se expresa en la elaboración del pliego de peticiones y en la orientación de los hechos posteriores al estallido del conflicto social. (59)

En 1900, el 21 de enero, se organizó en Iquique la Mancomunal Obrera de Chile, la primera en su género del país, (60) dirigida por el lanchero Abdón Díaz y logró agrupar a más de 5 000 trabajadores. Su vocero oficial El Trabajo, editó 530 números entre el 1º de julio de 1901 y el 26 de agosto de 1908. (61) En sus columnas no se advierte influencia marxista, pero transcribe artículos de los socialistas argentinos Dickman, Repetto y otros.

En 1902, el 1º de mayo, se creó la Combinación Mancomunal de Obreros de Tocopilla, dirigida por el lanchero, Gregorio Trincado. El vocero de esta mancomunal también se llamó El Trabajo, dirigido por Luis Emilio Recabarren. Editó 66 números, entre el 18 de octubre de 1903 y el 3 de septiembre de 1905. Su influencia en el pensamiento de esta organización fue notoria elevando sus preocupaciones a nivel internacional: el periódico saludó alborozado el triunfo de la Revolución Rusa en 1905:

La Combinación Mancomunal de Tocopilla declara: que la revolución obrera de Rusia es el resultado ineludible del despotismo autoritario y burgués que, en todas partes del mundo pesa como montaña de granito sobre los hombros del pueblo trabajador. Que la honrosa actitud del pueblo ruso merece el aplauso unánime del mundo civilizado, porque su situación individual se había limitado al rango de las bestias y siente ahora nostalgia por la libertad y la justicia... que nuestro anhelo de libertad nos lleva a hacer votos por que los compañeros de Rusia coloquen la efigie de la libertad sobre las ruinas de la soberbia de la autocracia rusa y de su ignorante y risible monarca. (62)

En 1904, del 15 al 18 de mayo, se realizó una Convención Nacional Mancomunal en Santiago, con el objeto de ocuparse de los estudios realizados por una Comisión Consultiva del Norte designada para conocer la situación de los trabajadores del salitre. (63) Tomaron parte representantes de 15 organizaciones con más de 20 000 afiliados. (64) El torneo acordó respaldar las demandas de los trabajadores del salitre, impulsar la organización laboral, fomentar la prensa obrera, convocar a una Convención Industrial trianual, postular la creación de una Cámara del Trabajo que aglutine al movimiento obrero organizado, demandar leyes protectoras del trabajo y de la actividad de las mancomúnales.

La agitación obrera y el desarrollo de sus organizaciones gremiales y políticas pusieron sobre la mesa de la discusión pública la llamada «cuestión social». La miseria ha sido tan antigua como el hombre mismo, sin embargo, cuando su realidad se traduce en conciencia social, se convierte en un factor explosivo.

El tránsito de la clase en sí a clase para sí, se reflejó también en ciertos observadores del proceso social, que comenzaron a escribir sobre un tema inédito: las necesidades y anhelos de los trabajadores chilenos; la responsabilidad de las minorías privilegiadas en la miseria del pueblo; la conspiración del atraso social para el progreso general del país. Esa inquietud intelectual también tocó a los círculos católicos. Aparecieron llamados de alarma por la prédica del socialismo considerado como un remedio nefasto para los males sociales y se planteó la necesidad de introducir reformas para «aliviar los males que afectan al elemento obrero». (65)


Nota edición digital:
Se han agrupado las notas por capítulos, en el original cada sección del capítulo reinicia la numeración.

Notas:

1. Sus padres: José Agustín Recabarren y Juana Rosa Serrano. Tuvo cinco hermanas y un hermano. Familia de modestos comerciantes.

2. V. Veliz, Claudio: «La mesa de tres patas» en Desarrollo Económico Nº 1-2, Buenos Aires, abril-septiembre, 1963.

3. Jobet, Julio César: «El pensamiento político de Luis Emilio Recabarren, en Obras Selectas de Luis Emilio Recabarren, Quimantú, 1971, pág. 11.

4. V. Vitale, Luis: Interpretación marxista de la historia de Chile. «Ascenso y declinación de la burguesía minera. De Pérez a Balmaceda , (1861-1891)», t. IV. Frankfurt, 1975.

5. Sobre los problemas del salitre, véase, Bermúdez Oscar: Historia del salitre desde sus orígenes hasta la guerra del Pacifico, Universitaria, Santiago, 1963. Pinochet Le-Brun, Tancredo: El infierno del Dante o la pampa salitrera, Santiago, 1918. Hernández, Roberto: El salitre, Imp. Fisher Hermanos, Santiago, 1930. Ramírez Necochea, Hernán: Balmaceda y la Contrarrevolución de 1891, Universitaria, Santiago, 1969; Historia del imperialismo en Chile, Austral, Santiago, 1960. Reyes, Enrique: El desarrollo de la conciencia proletaria en Chile. El ciclo salitrero. Orbe, Santiago, 1973. Figueroa, Marcial: Tras el espejismo de la pampa, Talleres Gráficos de Chile Film, Santiago.1931; Cobo, Julián: Yo vi nacer y morir pueblos salitreros, Quimantú, Santiago, 1971. Segall, Marcelo: Desarrollo del capitalismo en Chile, Pacífico, 1953. Novelas: Teitelboim Volodia: Hijo del salitre, ICL, La Habana, 1972; González, Zenteno, Luis: Caliche, Prensa Latinoamericana, Santiago, 1954; Sabella, Andrés: Norte Grande, Santiago, 1944.

6. La explotación se hacía en territorios de jurisdicción peruana y boliviana.

7. Detrás de esta política estaban los intereses oligárquicos cuyas deudas disminuían de hecho con la des valorización monetaria. V. Pinto, Aníbal: Chile, un caso de desarrollo frustrado. Editorial Universitaria, Santiago, 1955.

8. Labrousse, Alain: El experimento chileno, Grijalbo, Barcelona 1973, págs. 36-37.

9. Ramírez Necochea, Hernán: Balmaceda y la contrarrevolución de 1891, Universitaria, Santiago, 1969 pág. 95. V. Historia del Imperialismo en Chile. Austral, Santiago, 1960; Jobet, Julio César: Ensayo critico del desarrollo económico-social de Chile, Universitaria, Santiago, 1955; Pinto, Aníbal: Chile un ceso de desarrollo frustrado, Universitaria, Santiago, 1962.

10. El Pueblo, 19-III-1892, cit. por Ramírez Necochea, Hernán: Balmaceda y la contrarrevolución de 1891, ed. cit. pág. 220.

11. Incluido en: ICIRA, Antología de la tierra. Santiago, 1970.

12. Barros, Lauro: Ensayo sobre la condición de las clases rurales en Chile, Imprenta Agrícola, Santiago, 1875.

13. García, Leónidas: «Estado actual de las minas de carbón fósil de Lota y Lotilla en la provincia de Concepción.» Anales de la Universidad de Chile, Tomo XIX, II semestre, 1861, cit. por Ramírez Necochea, Hernán, Historia del movimiento obrero en Chile, «Antecedentes, Siglo XIX», Austral, Santiago, 1956, pág. 102.

14. Angulo, José P., «Una excursión a Lota», publicado en El Lota, el 9 de septiembre de 1876, cit. por Ramírez Necochea, Hernán: Historia del movimiento obrero en Chile, ed. cit. págs. 103-104.

15. Vallejos, José Joaquín: «Mineral de Chañarcillo»; en Obras, págs. 66-67, cit. por Ramírez Necochea, Hernán: Historia del movimiento obrero en Chile, ed. cit. págs. 105-106.

16. Cit. por Ramírez Necochea Hernán: Historia del movimiento obrero en Chile, ed. cit. pág. 275.

17. Venegas, Alejandro: Sinceridad, Chile intimo, 1910, Imprenta Universitaria, Santiago, 1910, págs. 253-234. La obra se editó con el seudónimo de Julio Valdés Cange

18. V. Segall, Marcelo: «Biografía social de la ficha salario», en revista Mapocho, Tomo II, Nº 2 Biblioteca Nacional, Santiago, 1964.

19. El Copiapino, 26-1-1856, cit. por Ramírez Necochea, Hernán: Historia del movimiento obrero en Chile, ed. cit. pág. 116.

20. Venegas, Alejandro: ob. cit. págs. 219-220.

21. V. Jobet, Julio César: Santiago Arcos Arlegui y la Sociedad de la Igualdad. Un socialista, utópico chileno. Imp. Cultura, Santiago, 1942; Sanhueza, Gabriel, Santiago Arcos. Comunista, millonario y calavera, Del Pacífico, Santiago, 1956; Donoso, Armando: El pensamiento vivo de Francisco Bilbao. Nacimiento, Santiago, 1940; Ugarte Figueroa, Elías: Francisco Bilbao, agitador y blasfemo, Universitaria, Santiago, 1965.

22. Sanhueza: ob. cit. págs. 206-207-210 y 227.

23. 1853: Sociedad tipográfica de Socorros Mutuos, Santiago, 1855, «Sociedad Unión de Tipógrafos», Valparaíso, 1858, «Sociedad de Artesanos», Valparaíso 1862, Sociedad de Artesanos «La Unión», Santiago, 1883, «Sociedad Fermín Vivaceta de Carpinteros y Ebanistas», Santiago, 1887; «Sociedad de Empleados de Comercio», Santiago; 1894, «Sociedad Igualdad y Trabajo»; 1901, Primer Congreso Obrero de Sociedades Mutualistas, dirigido por Zenón Torrealba, reúne 169 sociedades y 10,000 socios y apoya postulados del Partido Democrático de Chile, Parrao, Oscar: Historia de la Mutualidad en Chile, Santiago, 1923.

24. V. Blanco, Arturo: Vida y obra del arquitecto Fermín Vivaceta, Santiago, 1924. Vivaceta, Fermín: Unión y Fraternidad de los Trabajadores por las Asociaciones Cooperativas, Valparaíso, 1877.

25. Peluqueros en Iquique, 1885, y Santiago, 1888; cocheros de Santiago, 1889, panaderos. Talca, Valparaíso y la Serena, 1888, etc.

26. Rico yacimiento de plata descubierto en 1832 por Juan Godoy; su explotación originó cuantiosas fortunas privadas: Gallo, Matta, Ossa, Cousiño, Edwards, Subercaseaux, Goyenechea.

27. V. Sayago, Carlos María, Historia de Copiapó, Ed. Francisco de Aguirre, Buenos Aires, 1973; Hernández, Roberto; Juan Godoy o el descubrimiento de Chañarcillo, Valparaíso, 1932.

28. La explotación del carbón de piedra comenzó en la región de Concepción; Lirquén, 1943; Coronel, 1848 y Lota, 1852, por iniciativa de Tomás Smith, Jorge Rojas y Matías Cousiño, respectivamente. La actividad minera ha proseguido hasta nuestros días. Los socavones han penetrado varios kilómetros bajo el mar sometiendo a los trabajadores a condiciones de trabajo extremadamente rudas. V. Figueroa, Pedro: Historia de la fundación de la industria del carbón de piedra en Chile, Imp. del Comercio, Santiago, 1897; Astorquiza, Octavio: Lota. Antecedentes históricos de una monografía de la Compañía Carbonífera e Industrial de Lota. Imp. y Litografía Universo. Valparaíso, 1942; Molina Urra, Silvestre: Condiciones económico-sociales de los mineros en la zona carbonífera. Tesis Escuela de Derecho. Universidad de Concepción, 1948. Videla Vial Guillermo: El carbón y el desarrollo de la economía chilena. Tesis licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales. Universidad de Chile, Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1960. Novelas: Lillo, Baldomero: Sub-terra, Nascimiento Santiago, 1973; Muñoz, Diego: Carbón, Santiago, 1953.

29. Memoria del Intendente de Concepción al Ministerio del Interior, publicada en El Mensajero de la Agricultura, Tomo II, 1857, cit. por Ramírez Necochea, Hernán: Historia del Movimiento obrero en Chile, ed. cit. pág- 132-133

30. V. Vitale, Luis: Interpretación marxista de la historia de Chile, t. 1º, Prensa Latinoamericana, Santiago págs. 280-282.

31. Huelgas y motines: 1884: Salitre, oficina de Sierra Gorda y Mejillones, Antofagasta; 1885: Lancheros, Pisagua; 1886: Fleteros, Iquique; 1889: Ferroviarios, Caldera, Copiapó, Laraquete, Talca, Constitución, Los Andes, Huasco, Concepción; Salitre, oficina Paruso y oficina Sierra Gorda, Iquique; Jornaleros, Pisagua; Portuarios, Playa Blanca, Antofagasta; Construcción canalización río Mapocho, Santiago; 1887: Carbón, Lota y Coronel; Lancheros, Iquique; Jornaleros, Pisagua; Palanqueros, Iquique; Jornaleros, Iquique; 1888: Salitre, oficina Santa Rosa de Huara, Iquique; Fleteros, Arica; Cobre, Rodeito, Copiapó; Plata, Guayacan, Copiapó; Suplementeros, Iquique; Ferroviarios, Santiago; Panificadores, Santiago y varias provincias; Tipógrafos, Santiago, Valparaíso; Lancheros, Valparaíso; Carretoneros, Iquique; Abasteros, Santiago, 1890: Salitre, huelga general; Ferroviarios, Antofagasta; Carbón, Lota y Coronel; Portuarios, Compañía Sudamericana de Vapores, Valparaíso; Incidentes Callejeros, Santiago.

32. V. De Petris Guiesen, Héctor: Historia del Partido Democrático. Posición dentro de la evolución política nacional, Imp. de la Dirección General de Prisiones, Santiago, 1942.

33. V. Palma, Luis: Historia del Partido Radical, Andrés Bello, Santiago, 1967.

34. Escritos principales: El Programa de la Democracia, Santiago, 1894; La lucha económica, Imp. Cervantes, Santiago, 1910.

35. También hubo expresiones de socialismo utópico: Ramón Picarte Muñoz trató de crear un falansterio en Chillán entre los años 1866 y 1868; Víctor José Arellano Machuca, autor de «Catolicismo y Socialismo», Valparaíso, 1893.

36. Solamente editó 5 números entre el 22 de noviembre y el 20 de diciembre de 1896. V. Arias, Osvaldo: ob. cit. pág. 86.

37. Elementos de tendencia anarquista del Centro Social Obrero no aceptaron la unidad y conservaron su agrupación sin mayor éxito

38. Ramírez Necochea, Hernán: Historia del movimiento obrero en Chile, ed. cit. pág. 230.

39. El Proletario: 3 números publicados entre el 20 de septiembre y el 17 de octubre de 1897. Entre sus redactores figuraban Alejandro Escobar Carballo y Magno Espinoza. La Tromba, 2 números. Arias, Osvaldo: ed. cit. pág. 87-89.

40. El 29 de abril de 1893, el líder democrático Luis Peña y Lara publicó en El Obrero de la Serena, el primer manifiesto que se conoce saludando el Día Internacional de los Trabajadores. V. Ramírez Necochea, Hernán: Historia del movimiento obrero en Chile, ed. cit. págs. 218-219.

41. El Partido creó un nuevo órgano de expresión, El Martillo, un semanario que apenas alcanzó a salir una vez a la circulación.

42. Alcanzó a tomar contactos con socialistas argentinos

43. Arias Osvaldo: ob. cit. pág. 93.

44. Periódico: El Obrero, 13 números, entre 26 de diciembre de 1897 y 29 de marzo de 1898. Arias, Osvaldo: ed. cit. pág. 88-89.

45. Ramírez Necochea, Hernán: Historia del movimiento obrero en Chile, ed. cit. pág. 246

46. Sólo editó 3 números. V. Arias, Osvaldo: ob. cit. pág. 119.

47. Al promediar el siglo, una nueva literatura reflejaba el advenimiento de la «Cuestión social»; 1844, se editó en Concepción, El libro del pueblo, de Lamennais F., en 1849, en Valparaíso, El Socialismo. Derecho al trabajo, Louis Blanc; 1858, en Santiago, «El cristianismo político o reflexiones sobre el hombre y las sociedades» de Martín Palma, redactor de El Mercurio y hombre de convicciones democráticas; en 1870, sin que exista precisión en la fecha, Zenón Martínez y Toro, un maestro de escuela de Copiapó, escribió República y Socialismo, en dos volúmenes, que no obstante que permaneció inédita, reflejó la atmósfera mental de la época.

48. Ramírez Necochea registra los siguientes nombres: E. Boergel, E. Haeberle, Avelino Samorsati, Mario Centore, Calé, Rohweder, Stenwall, Haschel, Rogolini, Berruti, Mangia, Schultz, etcétera. Historia del Movimiento Obrero en Chile, ed. cit. pág 105.

49. V. Ramírez Necochea, Hernán: ob. cit. págs. 261-264.

50. V. Segall, Marcelo: «La Commune y los ex-communard en un siglo de América Latina», Boletín de la Universidad de Chile, Nº 109-110, Santiago, abril, mayo, 1971.

51. Tiendas de raya.

52. Sociedad Unión Republicana del Pueblo, Santiago, 1864; Sociedad Escuela Republicana, Santiago, 1868; Sociedad Republicana «Francisco Bilbao», Valparaíso, 1873; Club Obrero, Santiago, 1873.

53. V. Silva Vargas, Fernando: «Notas sobre el pensamiento católico a fines del siglo XIX», revista Historia, Nº 4, Instituto de Historia, Universidad Católica de Chile, Santiago, 1965.

54. V. Ramírez Necochea, Hernán: Historia del movimiento obrero en Chile, ed. cit.; Vítale, Luis, Interpretación marxista de la historia de Chile, Tomo IV, ed. cit.; Barría, Jorge, El movimiento obrero en Chile, ed. cit.; Ortiz, C. M. y Lujbetic, P. I., Estudio sobre el origen y desarrollo del proletariado en Chile durante el siglo XIX. Tesis, Instituto Pedagógico, U. de Chile, Santiago, 1954.

55. V. Jobet, Julio César: «Alejandro Escobar Carballo»., .Rev. Arauco, Santiago, enero, 1967.

56. El 1º de mayo de 1901, salió un periódico, El Siglo XX, como «órgano de las Sociedades en Resistencia», destinado a promover ese tipo de organizaciones entre los trabajadores. No volvió a editarse.

57. Los empresarios del salitre habían formado la Combinación Salitrera para defender sus intereses.

58. Jobet, Julio César, «Movimiento social obrero», en. Desarrollo de Chile en la primera mitad del siglo XX, Universidad de Chile, Santiago, 1951, pág. 58.

59. Barría, Jorge: El Movimiento Obrero en Chile, Universidad Técnica del Estado, Santiago, 1971, págs. 26-27.

60. Sucedió a la Sociedad Pampina, de carácter mutualista.

61. Arias: ob. cit. págs. 92-93.

62. El Trabajo, Tocopilla, 21 de febrero de 1904.

63. Véase documentos sobre la Comisión Consultiva del Norte en: Reyes, Enrique: Desarrollo de la conciencia proletaria en Chile. El ciclo salitrero. Orbe, Santiago, 1972.

64. Asistieron delegados de: Iquique, Antofagasta, Chañaral, Taltal, Pisagua, Caleta Junin, (Tocopilla no pudo asistir por encontrarse sus dirigentes afectados por un proceso); la Confederación General de Trabajadores de Chile, que agrupaba varios sindicatos de Valparaíso; la Federación de Trabajadores de Lota y Coronel, La Mancomunal de Lebu y los marítimos de Coronel

65. Surgió una copiosa producción de ensayos, reportajes periodísticos, incluso tesis de grados universitarios, entre los cuales se puede mencionar los siguientes: La Cuestión Social, Augusto Orrego Luco, 1884; El Programa de la Democracia, Malaquías Concha, 1887; Los Pobres, Valentín Letelier, 1896; Cuestiones Obreras, Juan Enrique Concha, 1899; El Catecismo Socialista, Alejandro Bustamante, 1900; La Cuestión Social, Víctor Soto Román, 1900; El Derecho de los Pobres, Arturo Contreras, 1904; El Problema Social en Chile, Alejandro Escobar Carvallo, 1907; La Cuestión Social en Chile, Armando Quezada Acharan, 1908; Obreros y Patrones: conflicto entre el capital y el trabajo en Chile. Su única solución, Juan Rafael Allende, 1909. Sobre la literatura social del período, véase: Jobet, Julio César: «Apuntes relacionados con los orígenes de la "cuestión social" en Chile» en Temas históricos chilenos, Quimantú, Santiago, 1973; Godoy Urzua, Hernán, «El ensayo social», «Notas sobre la literatura sociológica en Chile», Anales de la Universidad de Chile, Nº 120, Santiago, 1960; Iñíguez, Pedro Felipe, «Notas sobre el desarrollo del pensamiento social en Chile, (1901-1906)», Jurídica de Chile, Santiago, 1968.


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